domingo, 8 de marzo de 2015

Mundo quinqui: el espejo empañado de la Transición





"A España no la va a reconocer ni la madre que la parió", Alfonso Guerra dixit.


Lo quinqui, el estilo de vida quinqui, el cine quinqui, la estética quinqui, etc, es algo que más o menos todos ubicamos en un arco de tiempo no muy dilatado, desde los inicios de la Transición (o transi, para los amigos) hasta mediados de los ochenta, no más, apenas una década muy movida y vivida al límite que no por casualidad presenció un vuelco sociológico único en la historia de España. Pienso que ambas cosas están relacionadas, como signos de un tiempo nuevo. 

El cine quinqui -que arrancaría con la célebre "Perros callejeros" (1977, José Antonio de la Loma)-, como tal, no tiene casi valor artístico alguno. Sus valores son otros. No deja de ser sintomático que el cine español más comercial, muy acartonado y como conservado en formol, chapado a la antigua, que se había hecho durante el franquismo pasó a sintonizar rápidamente con el cine popular de otros países apenas dos años después. Eso sí, más en espíritu que en las formas, aunque comenzó a incluir en ellas sus dosis de violencia gráfica, de sexo y de feísmo estético. El cine quinqui estaba por debajo, obviamente, del thriller useño y del polar francés, pero por lo menos también se atrevía a lanzar miras críticas y desprejuiciadas a la realidad, ésa que no se veía en los vehículos fílmicos al servicio de Manolo Escobar o Martínez Soria. También conectaba con el cine povero italiano, aunque en ocasiones la crítica social no tenía tanto que ver: los italianos que hacían cine de denuncia bebían del eurocomunismo, mientras que muchos cultivadores de los nuevos géneros españoles (al quinqui hay que sumar el "S" y el de terror a la europea) habían hecho carrera durante el franquismo, con lo que más que argumentar manifestaban su extrañeza y quizás cierto malsano voyeurismo ante las nuevas lacras sociales que con Franco estaban atadas y bien atadas. 

También sintonizaba con el momento presente que retrataba, prácticamente en tiempo real. No era raro que pandilleros de la época interviniesen en aquellas películas, en ocasiones desempeñando el rol protagonista. El Torete, el Vaquilla, el Fitipaldi y otros conformaron una especie de "star system" de extrarradio para los cinéfagos de la época, entre los que la fascinación gafapastil hacia lo cutre y lo delincuencial ya hacía estragos por entonces. O que otros pandilleros tomasen buena nota de lo que veían en las pelis para aplicarlo en sus golpes de la vida real. E igualmente sintonizaba, como acabamos de decir, con cierta intelectualidad que encontraba excitante todo aquello, con algo de anárquico y revulsivo para con "la moral pequeñoburguesa", diana habitual del progresismo de la época (el actual ha variado un poco, haciendo de esa moral un referente). Cineastas de prestigio como Carlos Saura, Manuel Gutiérrez Aragón y Montxo Armendáriz se aproximaron también al fenómeno. 


Lo más parecido a un photo-call que era posible en aquella época. El Torete (Ángel Fernández Franco, segundo por la izquierda; su hermano pequeño es el primero por la derecha) posando en la promo de la primera de la saga "perros callejeros". Ángel sucumbiría al sida catorce años después.


En general era un cine muy mal hecho. Tramas endebles, interpretaciones flojísimas, montajes chapuceros, fotografía desvaída .... Además se sonorizaban en estudio, a menudo con actores profesionales adultos cuyas voces daban mucho el cante. Pero tenía tirón popular. El cineasta más especializado en el subgénero fue sin duda Eloy de la Iglesia, y la que podríamos decir que película por excelencia sería "Navajeros" (1980), que glosaba las andanzas del Jaro, el quinqui por excelencia de aquellos años, muerto a tiros por un vecino apenas un año antes. Con trece años, aquel gitanillo toledano tenía su propia leyenda, que le hacía jefazo de una banda de más de treinta delincuentes dedicados sobre todo al robo a mano armada a transeúntes, gasolineras, sucursales .... y dados a una intensa vida sexual. La realidad parece haber sido algo más modesta (el Jaro era un raterillo más, y no tenían tanto desfogue horizontal como se comentaba porque en realidad casi ni les dio tiempo) pero ya se sabe, print the legend. Según parece, el Jaro sabía que iba a durar poco, por lo que antes de morir buscó afanosamente dejar al menos un hijo en el mundo. Murió a los dieciséis. Un compañero de correrías, el Villa, cayó en un tiroteo con quince.

La película tuvo mucho éxito, y añadió a aquel fugaz estrellato a un muchacho de Vallecas, José Luis Manzano, bien parecido e hijo de familia numerosa (ocho hermanos) y que al parecer apenas sabía leer y escribir por entonces. Con posterioridad José Luis (de quien se ha comentado que mantuvo una relación de varios años con Eloy, algo que no tiene mayor importancia, para después casarse con una chica y sucumbir a una sobredosis en 1992) intervino en varios films de considerable éxito, a las órdenes de Eloy, cuya incorrección política los haría imposibles hoy en día. Otros compañeros de reparto, como El Pirri o Antonio Flores, también se quedaron en la flor de la juventud, una juventud que se "quemaba" rápidamente. Deprisa, deprisa, como la peli de Saura. Ahora no lo podemos entender, porque estamos acostumbrados a un cine plastificado, pasteurizado, descafeinado y romo. Pero en tiempos de Suárez se estrenaban en las pantallas españolas verdaderas atrocidades sin rastro alguno de corrección política. También se estrenaba mucha comedia subnormal, que solía llevar oleadas de gente a las butacas (las cifras de espectadores por peli de entonces son muy chocantes, con "jaimitadas" mucho más vistas que blockbusters hollywoodienses). Había de todo. No hay que echar en falta la calidad, por lo general bochornosa, de aquellas pelis ni las inmoralidades en que a veces incurrían (en los setenta se puso de moda mostrar maltrato animal en pantalla, por ejemplo), pero sí su libertad e inmediatez. Y de esa libertad e inmediatez el cine quinqui estaba hasta arriba.

La palabra "quinqui" deriva de la quincalla o enseres de metal tosco, de cuyo comercio vivían los mercheros. Curiosamente, en inglés existe el término kinky, que se dice igual que el castellano y que más o menos ha venido significando algo así. Proveniente del islandés antiguo, se refería a algo avieso u ondulado, para luego aludir a un comportamiento retorcido y bajo, sobre todo en el aspecto sexual, y finalmente significando algo parecido a "estilo de vida alternativo". Y eso último han sido los quinquis. Nomadismo, comercio de bienes de escaso valor, vida al día, espíritu de clan, posterior asentamiento en los márgenes de las urbes y marginalidad. Y droga. Todo terminaría derivando en las damas blancas. La génesis de los grupos marginales en España tiene sus raíces en varios pueblos, clanes o etnias, como se prefiera decir. Tomando las aguas bien arriba, señalemos los más importantes:

-Los gitanos (o zíngaros, romaníes o pueblo Rom como se les viene llamando últimamente; el término "gitano" proviene del error de creerles procedentes de Egipto) son un conglomerado de clanes originarios del Punjab indostaní. Un estudio de ADN mitocondrial, desarrollado por genetistas españoles pocos años atrás y publicado en Plos One, dejó zanjado este punto. A caballo de los siglos V y VI esos clanes comenzaron a migrar. Si bien generalmente se considera que las migraciones gitanas hacia la esfera europea por la ruta persa-armenia hasta Grecia y los Balcanes sucedió allá por el siglo X, el estudio deja abierta la posibilidad de que hubiera podido ocurrir antes. Personalmente pienso que pudo haber sido posible tempranamente, ya en el siglo V, porque había un "hueco" geopolítico: el corredor del Amu-Daria, atravesado ya por los hunos, estaba expedito ante la imposibilidad de la civilización irania de impermeabilizar su territorio, cansada de guerras eternas con los romanos. Pero como es obvio no pasa de conjetura por mi parte.

Los gitanos ya están en Iberia en el siglo XV, haciendo su vida aparte respecto del pueblo anfitrión. La sociedad cristiana reacciona exigiendo en varias ocasiones, como en 1469 y 1499, que los gitanos deben asentarse en una población, vestir como los demás habitantes y procurarse un medio de vida fijo, a menudo mediante plazos perentorios. Esas medidas no tuvieron demasiado éxito, como podemos imaginar. La Corona procuró que no entrasen gitanos en el Nuevo Mundo (contrastando con la política que observaban Portugal e Inglaterra de hacer embarcar a los suyos hacia territorio americano), de modo que quedaron concentrados en la metrópoli. En tiempos de Fernando VI el marqués de Ensenada propuso un plan para deshacerse de esa minoría, separando drásticamente a varones de mujeres y niños asentándolos lejos de sí en distantes puntos de la península. Se organizó una Gran Redada en abril de 1749, de éxito variable y según parece ante la relativa indiferencia del resto de la población, con las debidas excepciones. Esa separación supondría, según Ensenada, la desaparición incruenta de al menos toda una generación. El caso es que eran otros tiempos, y esos programas de limpieza étnica antes de los avances del siglo XX, el gran siglo de la contabilidad de personas, solían tener muchos agujeros. Abundaron las sueltas de gitanos, hasta que en 1763 Carlos III decide indultarlos. La marginalidad de la minoría gitana permanece hoy día (I), y las distintas administraciones públicas han querido solucionar de buena fe esta situación, haciendo generalmente hincapié en la integración (II).

 -Los mercheros son una minoría nómada de etnogénesis misteriosa, que comparten con los gitanos cierta forma de vivir pero no son de su origen étnico, y de cuya existencia la mayoría de los españoles se enteró a raíz de las andanzas de El Lute (III). A ellos sí se les llama tradicionalmente "quinquis", por haberse especializado en el comercio de quincalla al por menor. Se extendieron tradicionalmente por una franja que va de tierras extremeñas a gallegas y leonesas, viviendo aparte de los demás y rehusando por lo general la exogamia. Otro aspecto en común con los gitanos (con los que no se identificaban, pero tampoco con los payos: eran una especie de comunidad aparte cuya manera de aludir a gitanos -"calorros"- y payos -"julais" o "ghichos"- acabó haciendo fortuna) es que terminaron asentándose, a mediados del siglo pasado, en las inmediaciones de los grandes núcleos de población en poblados chabolistas. También como ellos tienen un fuerte sentimiento de clan y unos intensos vínculos familiares. No son raros entre ellos el cabello "rubienco" y los ojos claros, así como clanes de cutis pecoso, según el libro Ni una palabra más de Remedios García Grande, de origen merchero (IV).

Es posible que los mercheros derivasen de una lenta sedimentación de grupos "malditos" o extraviados de Iberia, no sólo por motivos étnicos sino quizá también religiosos (según Remedios, el catolicismo nunca prendió entre ellos, que apenas tenían religión más allá del culto a la familia, supersticiones y vagas creencias en la supervivencia post-mórtem). Se han barajado algunas hipótesis como mínimo curiosas, incluida la de que provienen de vikingos supervivientes o de caldereros centroeuropeos, pasando por la más popular que dice que derivan de moriscos retornados, o huidos, a partir de la expulsión decretada por Felipe III. A esa masa poblacional de vida incierta se podrían haber sumado con el tiempo campesinos arruinados, prófugos, "razas malditas" iberas (agotes, hurdanos, vaqueiros de alzada) y gentes desclasadas en general.

-Es así. Todo país tiene sus desclasados sociales. Pío Baroja, en su extraordinaria novela La busca (1904), describe cómo era el escalón social más bajo de Madrid, las gentes que vivían en y de los basureros donde acababan los desperdicios de la actividad urbana. Lo presenta como un revoltijo de gentes venidas de todas partes, incluidos antiguos esclavos negros que conservaban tatuajes faciales a modo de "marca de ganado". La actividad productiva de nuestra era industrial va expulsando mano de obra que si no se recicla en el llamado sector servicios termina a menudo en actividades de pura subsistencia, generando poco a poco una casta aparte que va adquiriendo protagonismo según crece en número.

Ese desgarro social se intensificó según iba discurriendo el siglo XX. El historiador Ricardo de la Cierva apuntaba que era posible que buena parte de la población quinqui proviniese de las olas de refugiados que generó la Guerra Civil. Españoles que tenían su vida, por culpa de nuestra tragedia nacional, se vieron obligados a convertirse en nómadas o chabolistas y llevar una vida de subsistencia.

-Y last but not least hay que destacar la inmigración interior del rural, que cambió completamente el panorama de España en apenas unas pocas décadas. Vació el campo, generó cinturones de hormigón en las ciudades y contribuyó a un giro copernicano de cosmovisión y de mentalidad. Veremos cómo fue.


Fotograma historiado del arranque de "Surcos" (1951, J. A. Nieves Conde), sobre el trasvase de poblaciones campesinas a un Madrid en reconstrucción.

HORMIGUEROS DE POSTGUERRA

El ejemplo de Madrid es inmejorable. La capital no podía quedarse en "ciudad de un millón de cadáveres" como decía Dámaso Alonso. Ya desde los años cuarenta arranca el proyecto de crear un Gran Madrid, con miras a reconstruir plenamente la capital (sacudida por las borrascas guerracivilistas, como "rompeolas de las dos Españas"), darle empaque de urbe europea desarrollada y absorber las crecientes oleadas de campesinos que dejaban las tierras, las suyas y las ajenas, para probar fortuna en el cogollo neurálgico de la nación. Varios institutos públicos (el Instituto Nacional de Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, entre otros) se ponen manos a la obra, dando un importante empujón a la obra pública residencial.   Desde 1950 la capital comienza a englobar cual ameba municipios vecinos: Vallecas, Hortaleza, Vicálvaro, los Carabancheles, etc etc. Poco a poco la especulación privada se va abriendo paso entre las iniciativas públicas. Según el nivel de renta de las familias las viviendas variaban, dirigiéndose las que se llamaban bonificables, algo mejores, a gentes con más recursos, lo que permitió la entrada de promotores inmobiliarios y la percepción de subvenciones al ladrillo. Ya a finales de los 50 el sector privado hacía sentir su peso. El precio del suelo amenazaba con dispararse. Las diferencias de calidad en las casas ya eran considerables, con ventaja para los barrios del norte de la creciente urbe. Por otra parte, la necesidad de mano de obra fungible crecía y crecía, atraída también por la industria de la construcción.

Las opciones barajables eran varias: obra privada de calidad estándar (accesible para muy pocos de los recién llegados), viviendas de protección pública (las famosas "casas baratas"), edificios habitables sujetos a institutos públicos (como la Renfe o la Guardia Civil) o la aparición de chabolas, con la serie de problemas que eso podría conllevar.

Para evitar el chabolismo, se intentaron dos tipos de poblado. El poblado dirigido estaba destinado a evitar que los braceros que llegaban del rural se chabolizasen. El Estado adquiría el terreno y después delegaba la construcción en institutos sociales o en la nueva casta del ladrillo. Luego estaba el poblado de absorción, que serviría para realojar a las gentes que ya habían generados sus poblados chabolistas en el cinturón industrial de la ciudad, cerca de los polígonos que hacían su agosto con su mano de obra brata. Aquellas favelas ibéricas (V) contaban con nulos servicios y nula previsión sanitaria y urbanística (VI).

Los años sesenta vieron la explosión definitiva de la especulación urbanística. Sólo un dato: el barrio con mayor densidad poblacional de toda Europa era madrileño, el barrio del Pilar. Aquella explosión de ladrillo generó unas cuantas fortunas personales, mucho bullicio, una gran impresión de crecimiento similar al que se estaba produciendo en la Europa Occidental y que al menos sociológicamente nos acercaba un poco a ella, cambios de mentalidad y aperturismo. Es el paisaje del cine popular que echa el programa "Cine de Barrio", con el Seat 600, las suecas, el nuevo rico con purazo y chaqueta cruzada, el obrero llevando la tartera al andamio, el boom demográfico, las vacaciones en zonas costeras megalómanamente enladrilladas  que poco antes eran humildes pueblecitos de pescadores, etc etc. Ese desarrollismo, con todo, no eliminó el problema del chabolismo, pues en las postrimerías del franquismo los poblados chabolistas aún subsistían en número muy elevado. En Madrid frisarían las cincuenta mil chabolas, una cifra muy seria. El propósito de las distintas administraciones desde entonces ha sido el realojo en barrios y viviendas mejores, entre otros motivos para abrir la gran arteria de la M-30, cuyas obras comenzaron en 1973 y que supusieron un nuevo vuelco poblacional dentro de un Madrid hipertrofiado, que había triplicado su población desde el fin de la guerra y estaba rodeado por un gran circuito de ciudades-dormitorio.

Hay que intentar entender la mentalidad de aquellas gentes que se habían desarraigado de las tierras cultivadas durante generaciones por sus ancestros y de los paisajes que habían contemplado desde siempre. Todo ese capital humano abandonó un sector, el primario, por el industrial, de acuerdo con el proceso vivido por el mundo occidental en función de la creación de Estados-providencia, la generación de dinero sin respaldo y la implementación de millones de "esclavos energéticos" gracias al consumo de petróleo barato. Ese proceso consiste en que la mano de obra expulsada de un sector se dirige hacia otro organizado gracias a esos tres factores antedichos. Así ocurrirá una generación después, cuando Europa se desindustrialice en favor de las maquilas de países lejanos y el exceso de obreros se reconvierta al sector servicios. Durante la postguerra aún estaba España un escalón por detrás de todo eso. Aún era España un país agrario. Y aquellas gentes estaban acostumbradas a tener su casa, la casa de sus padres y abuelos, la casa familiar en el pueblo, mejor o peor, más amplia o más modesta, pero suya. De ahí la mentalidad de los emigrantes interiores: lo importante era tener, ante todo, la escritura de la casa. En mi opinión la cultura que tenemos en España de la casa en propiedad, opuesta a la cultura de alquiler de otros países y del propio Madrid prebélico, proviene en buena medida de ese proceso más bien caótico de trasvase poblacional.


Mientras en Usa estaban pisando la Luna, en España se extendían los descampados lunares como si fuesen caries gigantes o glaciares de plástico.

Un film del arriba citado Eloy de la Iglesia, "La semana del asesino" (1971), a la que pertenece el fotograma de arriba, deja entrever en su crónica de la España negra el panorama social en el que se rodó y que refleja de manera dolorosa (VII). Un hombre de mediana edad que curra en una fábrica de sopas de sobre mata a un taxista por una discusión, y a partir de ahí se dispara su paranoia cargándose a todo aquel que cree que le ha descubierto. La chabola-caserón en medio de la nada que el asesino heredó de su madre es un personaje más de la película. Sólo le falta hablar. En un registro más amable, ¿quién no recuerda los grafismos de Francisco Ibáñez, con aquella 13 Rue del Percebe, aquellos suelos adoquinados, aquellas casas llenas de desconchones en las paredes y telarañas en los rincones?

Eso es algo que el cine mayoritario de la época no contaba. Más bien al contrario, los vehículos filmados para estrellas populares como Manolo Escobar o Paco Martínez Soria incidían en el desarrollismo, en "lo bonita que se estaba poniendo España", en cierto europeísmo difuso más social que político, en las familias numerosas sonrientes,  en el solazo de Torremolinos y en conflictos personales desideologizados. Lo que son las cosas, todavía hoy ese cine es programado por la televisión pública mientras que el otro cine, el minoritario, sigue olvidado. Y cuando hablamos de ausencia de ideología, lo es de la una y de la otra, acorde con lo esperable en tiempos de auge del Opus Dei en los resortes del poder.


UN PANORAMA HUMANO EN CRISIS

El humano lleva viviendo en ciudades muy poco tiempo, en comparación con el que se ha pasado haciendo vida nómada o en modestos asentamientos. La experiencia urbana sería, en términos evolutivos y antropológicos, un fenómeno reciente. El humano ha impuesto entre la naturaleza y él una barrera de hormigón que le separa de la realidad y le imbuye de otra "realidad" nueva para su linaje. Decía Churchill que primero el hombre modela las ciudades, pero éstas modelan después al hombre para que encaje en ellas. El urbanita vive una vida extremadamente artificiosa, muy distinta de la que vivieron sus antepasados, una vida caracterizada por la imposición de ciclos novedosos de tiempo. Las estaciones, las lunaciones y los mismos ritmos circadianos se borran. El hombre y la mujer dejan de establecer el diálogo con plantas y animales característico del jardín del Edén, viéndose obligados a entablar diálogos con una cantidad desacostumbrada de otros humanos. El humano pasa de ver unos pocos rostros al día a ver miles. Y comienza a realizar comportamientos "de bestia enjaulada", como diría Félix Rodríguez de la Fuente (VIII).

Uno de los introductores de la nutrición macrobiótica en España, Manuel Villaplana, en su Alimentación psicotrónica (1979), señalaba que en las modernas ciudades todo es antinatural y lesivo para la salud humana. Villaplana ya hablaba por entonces del exceso de iones positivos en el marco urbano, exceso generador de estrés y alteraciones de todo tipo. También indicaba que la relación con la luz está falseada, pues o resulta excesiva al ser reflejada con demasiada fuerza en superficies artificiales o bien resulta insuficiente, quedando las calles en una situación de semi-sombra. Además, la contaminación lumínica genera un segundo día, algo inédito en una especie como la nuestra, habituada al sueño profundo (acompañado de potentes experiencias oníricas, en ocasiones precognitivas) al haberse deshecho hace milenios de sus depredadores atávicos, al menos en Europa (IX). Asimismo hay que destacar la omnipresencia en las ciudades de la línea recta y del ángulo agudo, más raros de ver en la naturaleza y muy matizados cuando aparecen en ella, pero que agreden la psique del humano continuamente  en espacios urbanos.

El humano llegado a los cinturones industriales, a las ciudades-dormitorio, a los poblados chabolistas y a los mastodontes brutalistas de las casas baratas se ha desarraigado de la naturaleza, pero no sólo de ella. También se ha desarraigado de su cultura, de esa savia vital invisible que alimentaba el tronco de su estirpe. La tradición es un gran laboratorio de ensayos y errores que con el paso de los siglos va desechando lo que no funciona, lo contraproducente o lo lisa y llanamente destructivo (y autodestructivo), dejando lo válido y funcional. Si uno se desgaja de esa tradición, se ve a sí mismo partiendo de cero. Y si el marco social es el de otros urbanitas como él, los palos de ciego se multiplican. Al igual que el hombre domesticó a animales salvajes, así las ciudades hacen de las gentes del terruño una especie de nuevo rebaño que necesita pastores. Ésa es una constante que ha conllevado otra, la oportuna aparición de esos pastores en muy variadas formas. La Iglesia católica encontró en las poblaciones desarraigadas una masa humana en la que penetrar, como quien atraviesa un océano, dejando detrás de ella una potente red de interconexiones sociales jerarquizadas cuyo fin último no parece haber sido la propagación del Evangelio (¡al contrario!: se procuraba que no lo leyeran, impidiendo su traducción a lenguas vivas) ni tampoco la eliminación de la pobreza y el hacinamiento, sino el apuntalamiento de su poder temporal. Igualmente, las ideologías pusieron en su objetivo a las masas. Y el sistema actual, basado en Estados-beneficencia desparramados y obesos, ha tomado el testigo en esta carrera. De ahí la importancia de la televisión en nuestro mundo, pues ejerce las funciones de pastor (e incluso de niñera con los más pequeños). Internet apenas ha suavizado la convicción popular de que algo es cierto porque "lo vi en la tele".

Las gentes del Gran Madrid y de sus equivalentes en otros grandes núcleos de nuestra nación vivían como podían. Aunque España se estaba desarrollando a buen ritmo, la situación social de aquellas familias era frágil e inestable. Las dos crisis del petróleo evidenciaron esa fragilidad. En 1970 el crudo árabe aún se pagaba a 1.80 dólares, pero al año siguiente la élite californiana cambió las cosas: Nixon eliminó la última paridad del dólar con el oro y McNamara comenzó una escalada de préstamos al frente del Banco Mundial dirigidos a países en vías de desarrollo (contrariamente a lo que se cree, países como el Chile de Allende no fueron ninguneados sino que se vieron apoyados por generosas líneas de crédito). La "impresora de billetes" estaba lista para un gran salto inflacionario. La crisis del Yom Kippur en 1973 fue la ocasión, o la excusa, para una alza de precios petroleros que sacudió el mundo occidental, destruyendo su tejido productivo y deprimiendo su demanda de recursos naturales, lo que convirtió a la crisis en un fenómeno global. Una segunda crisis en 1979 puso contra las cuerdas a España y con ella a un amplio sector poblacional que había dejado su tierra y se encontraba de repente sin nada, sin trabajo, sin pasado y sin futuro.

El mundo quinqui tal como lo entendemos ahora, el de una pequeña delincuencia autóctona surgida en un breve espacio de tiempo y sin la menor perspectiva de crear un futuro imperio del hampa sino de vivir al día, nació en esa horquilla de tiempo. Todavía estábamos en explosión demográfica y ya no había futuro (el punk-rock decía lo mismo por entonces en Inglaterra), mal panorama. Enjambres de chiquillos se criaban asilvestrados en medio de la nada, en descampados desertizados, minerales, con una serie de moles de hormigón feas y geométricas festoneadas de ropa tendida y bombonas de butano como único horizonte. En casa el padre seguía parado, o mal pagado, y se mecía en el alcohol para aliviar penas. O tenía que recurrir a "dar un palo" y acababa preso. El ambiente familiar no era el mejor. ¿Qué cultura podían transmitir a sus hijos, si ellos ya no tenían mucha? Eran tiempos de "mi marido me pega lo normal", de violencia doméstica. Los jóvenes querían escapar de esa situación, huir hacia delante. Sin referentes culturales, muchos optaron por la delincuencia, el coche (robado) como vehículo vital y la droga.


Anfetas legales hace no tanto tiempo.

DROJA EN EL COLACAO

Sintetizadas a principios de los años 30 del pasado siglo, las anfetaminas y sus derivados hicieron furor. El Japón imperial en guerra se anfetaminizó hasta extremos delirantes, conllevando durante la ocupación useña cuadros generalizados de dependencia o mono. Pero fueron los Usa en tiempos de paz los que más hicieron por extender su uso. En su libro La revolución dietética (1972) el doctor Robert Atkins alertaba de la epidemia de consumo de anfetas en su país, debido a que eran usadas como apoyo en dietas de hambre. La proliferación de comida rápida y la sustitución de las grasas saturadas en la alimentación del pueblo useño por una serie de derivados del maíz (debido a la lipofobia de las gentes de la época pero también a oscuros intereses de la industria agroalimentaria, que actualmente ha conseguido infiltrar maíz en casi cualquier producto industrial) "coincidió" con crecientes casos de obesidad, haciendo de Usa un país de gordos. Las dietas de hambre de la época (consistentes en comer muchas menos calorías de las necesarias) a menudo eran soportables sólo con la ayuda de determinadas anfetaminas que inhibían la sensación de apetito. 

De ahí viene la imagen de arriba. Bustaid, Maxibamato, Minilip o Centramina (las famosas "centras" de los estudiantes) no nos dicen nada ahora pero décadas atrás corrían como la pólvora. El simpático divulgador televisivo Ramón Sánchez Ocaña confesó en su momento que había recurrido una vez a tomar "centras" la víspera de un examen sobre Lope de Vega que no había preparado. Se pasó toda la noche memorizando la materia y fue de "reenganche" al examen, en el que se quedó en blanco. No fue el único. El enorme mercado anfetamínico tuvo un efecto bastante curioso sobre el de la cocaína. Según reseña Escohotado en su Historia general de las drogas (1983), algunos experimentos en consumidores de ambas sustancias mostraban que para esos consumidores las diferencias entre los primeros efectos de la cocaína y los de determinadas pastillas eran prácticamente idénticos. Por tanto, con semejante vendaval de pastillas circulando la cocaína no podría penetrar en ese nicho de mercado, quedándose en consumos residuales en términos cuantitativos, como así fue: era la droga de los señoritos, de la farándula y del cruising homosexual.

A finales del franquismo no había un problema muy notable que digamos en lo tocante a consumo de drogas. Chocantemente, en España eran legales sustancias que en el resto de Occidente ya estaban fuera de la ley. Por ejemplo, muchos europeos venían aquí a por sus anfetas de "apoyo al estudio". Fue en 1973 cuando las cosas empezaron a cambiar. El presidente del gobierno era el almirante santanderino Luis Carrero Blanco. Se modifica el código penal para armonizarlo con los tratados internacionales sobre prohibición de psicotrópicos y se suprimen facilidades para obtener opiáceos legalmente en farmacia. Esas facilidades consistían básicamente en el llamado carnet de extradosis, que ya existía desde tiempos de la II República y que permitía a los morfinómanos que no habían logrado desengancharse conseguir dosis extra-terapéuticas en las boticas. A efectos prácticos era un pequeño coladero. Significativamente, la supresión de esa opción "coincidió" con la aparición de las primeras cantidades significativas de otro opiáceo, la heroína, en el mercado negro. Las prohibiciones tienen esos efectos rebote.

El mercado de la droga se estratificaba. El cáñamo (que a partir de los ochenta se consideraría "droga blanda") provenía en buena medida de Marruecos, y más concretamente de la rifeña Ketama, donde se cultivaba la variedad tradicional ("cáñamo rubio") y una autóctona rojiza (actualmente hay una tercera variedad, de origen indostaní). Los productores tenían la costumbre de machihembrar la cosecha y de agostarla al sol, en vez de secarla en un lugar umbrío, con lo que la calidad del producto era baja. Pudiera decirse que esa limitada capacidad psicotrópica en cierto modo "empujaba" al consumidor a probar sustancias más contundentes. Luego estaba la heroína, creciente tras la desaparición del subterfugio de la extradosis, y la cocaína en cuanto las últimas anfetaminas legales quedaron fuera de combate, empezando los 80. La ley del mercado dicta que si un producto deja un nicho de consumo otro producto lo ocupa rápidamente. Así pasó con la coca, que de minoritaria entonces ha pasado hoy a estar muy difundida.


Fotograma de "Deprisa, deprisa" (1980), la mejor película del subgénero quinqui, que atesora toda la elegancia natural y la musicalidad del mejor Carlos Saura (de hecho ganó el Oso de Oro en Berlín). El actor no-profesional de la derecha, José Antonio Valdelomar, se convirtió en delicuente habitual. Murió en prisión en 1992 por sobredosis de heroína. Su aspecto físico, una llamativa mezcla de rasgos nórdicos y austrálidos más cierta mongolización, hace pensar tal vez en la complicada etnogénesis de algunas minorías de la población española.

Si en la saga "El pico" de Eloy de la Iglesia la heroína era el centro de la trama y convertía a sus adictos en desechos, en chatarra bípeda incapaz de pensar en otra cosa que no fuera su dosis, en "Deprisa, deprisa" de Saura los quinquis consumían tiros de coca, pero de forma más bien esporádica, siendo esa droga un aspecto secundario de sus vidas. Eran unos quinquis distintos, capaces de atracos a bancos y de planificar más o menos cierto futuro a corto-medio plazo. No eran drogatas que robaban, sino ladrones que de vez en cuando hacían fiestas con rayas. Ya entonces la coca, ocupando el lugar dejado por las anfetas, comenzaba a tenerse como droga de éxito, de depredadores, de gente despierta (en cierto modo, los atracadores de la hermosa película de Saura no estarían muy lejos de un broker o de un especulador, incluso a nivel moral). Además la coca es compatible con la juerga nocturna, pues se puede combinar con irse de copas, algo que otras drogas no permiten.

El tráfico de drogas se había convertido, gracias a la prohibición, en un inmenso negocio latente que requería de gente muy avispada (o muy desesperada) para ser vehiculado y canalizado. En ese tráfico se insertaron gentes cuya situación económica y social era mala o se había vuelto mala: es decir, a ese carro se apuntaron marginados tradicionales y marginados sobrevenidos. Los marginados tradicionales fueron clanes de gitanos pero también mercheros (como el padre de Remedios García Grande). Los marginados sobrevenidos fueron gentes con su futuro sociolaboral cortado por el naufragio de la economía española a rebufo de las crisis petroleras, por los despidos masivos debidos a la reconversión industrial y por la ruina de sectores concretos antes pujantes (X). En esos términos el quinquismo era cuestión de menudeo, de pequeños delitos reiterados, pero que ante la pasión con que la prensa más sensacionalista se volcó en las andanzas de aquellos raterillos fue creciendo en el seno de la población una alarma social que hacía imposible un retorno a la situación de paz farmacológica vivida hasta poco tiempo atrás. A eso se le sumó la convergente fascinación que por el mundillo quinqui mostraban sectores ideológicos opuestos. Por una parte, los nostálgicos  del franquismo incidían de manera amarillista y escabrosa, con un tono de falso moralismo, en el fracaso de la incipiente sociedad democrática a la hora de darle a la juventud un futuro y una causa que no fuesen la delincuencia y la drogadicción. Por la otra, el intelectualismo gafapástico se mostraba no menos arrobado ante las aventurillas de aquellos chavales, a los que veían como unos Robin Hood de extrarradio o como unas almas libres aún no contagiadas por la mediocridad grisácea del mundo adulto. Además, veían en ellos a unos nuevos proletarios en quienes enfocar su atención y su discurso ideológico ahora que la Urss parecía haberse convertido en un país burgués más (a partir de los años 90 volvieron a reubicar su atención esta vez hacia la inmigración masiva extraeuropea, buscando en ellos a unos nuevos proletarios, dado que de los quinquis no quedaba nadie a aquellas alturas).

El quinquismo de la época generó también un arte, una música, una estética que con algunas excepciones están bastante envejecidos pero que conservan un cierto romanticismo de grandes sentimientos, de un sentido trágico de las propias vivencias, de la urgencia del aquí y ahora, de superstición, de añoranza de unas raíces casi olvidadas ya, de morder el día hasta el hueso por si fuese el último. También se produjo una fusión muy curiosa entre lo gitano y lo payo, sobre todo a nivel musical. No es un estilo por el que yo sienta inclinación, pero con el paso del tiempo he aprendido a entender el significado vital que subyace en él. Un clan extremeño, los Salazar, consiguieron con su grupo Los Chunguitos un acercamiento entre la rumba gitana típica y la canción ligera radiofónica que les servía para pintar el panorama lumpen y chungo que conocían y que de otra manera no se habría colado en las radiofórmulas. Escucharles es viajar atrás hacia un tiempo y un lugar determinados (XI). Los Amaya en sus inicios combinaban con gracia la rumba y el flamenquito con sones y ritmos caribeños. Veneno fueron un experimento entre los hermanos gitanos Amador y un payo catalán luego muy famoso, Kiko Veneno, que se convirtió en objeto de culto fanático hasta hoy, cuando en realidad se trató de un proyecto muy fugaz. Incluso Camarón se apuntó a ese terreno de nadie estilístico con el seminal y en su momento muy ignorado "La leyenda del tiempo" (1979), en el que colaboraban muchos payos (Ricardo Pachón, Guarberto, Marinelli, el citado Kiko Veneno ....). El mismo Camarón, preocupado por incomodar a los puristas del flamenco, le pidió a Pachón que el siguiente disco fuese más clasicote. Lo cierto es que Camarón no creía mucho en la fusión: en unas declaraciones televisivas afirmaba que el "duende" era algo que sólo tenían los gitanos, no los payos (ignoro si levantó polvareda esa declaración racista).

Toda esa corriente de entendimiento, siquiera a efectos creativos, quedó barrida en los años ochenta. La rumba y el flamenquito se estandarizaron por completo, convirtiéndose en música homogeneizada y pasteurizada, sin escalofrío alguno, y orientada a la temática "romántica" (falsamente romántica, porque el sobado ternurismo de chico-conoce-chica es un cliché sin relación con el verdadero romanticismo que sí latía en aquellos vinilos setenteros). A ese género musical le pasó algo parecido a la salsa, por ejemplo, que de reinvidicativa pasó a "romántica" y con ello a inoperante, falsamente popular. Sí es música popular en el sentido de que a base de radiarla y programarla se nos hace conocida. Pero no es popular porque no nace del humus del pueblo, sino que se prefabrica en un despacho y un estudio. No merece la pena poner ejemplos.

La droga pasó una factura muy abultada a toda una generación. La mortandad arreció especialmente a finales de los ochenta y principios de los noventa, es decir, cuando el quinquismo como tal ya no existía. Ya no era cuestión de una clase social marginal o depauperada, sino un problema estructural de toda la sociedad. Con todo, recuerdo de niño allá por los noventa que conocía a una pandilla de seis gitanillos medio vecinos míos: el jaco se los llevó puestos a todos. El último moriría en el 96. El ayuntamiento le había buscado un trabajo, pero el chaval ya estaba más en el otro mundo que en éste.

Como era de esperar, el balance de la guerra antidroga resultó lamentable: las drogas estaban por doquier (eso sí, muy caras y muy adulteradas), la delincuencia urbana estaba disparada (por ello las ciudades actuales tienen tantísima polución lumínica: para evitar calles oscuras donde pudieran ocultarse actos delictivos) y la población penitenciaria se había cuadruplicado respecto del inicio de la Transición. La heroína, habitualmente inyectada, experimentó una bajada según avanzaban los años noventa. Sin embargo, en la actualidad su consumo está repuntando y arrojando cifras de sobredosis mortales que nada tienen que envidiar a las de la epidemia de jaco en los ochenta.  En Usa, por ejemplo, su consumo se ha disparado en los últimos años. Suele venir de México, está relativamente barata y tiene un grado de pureza inhabitual, hasta un 60% o más (XII). Ha vuelto a cobrarse víctimas célebres, como Peaches Geldof o el extraordinario Philip Seymour Hoffman. Observemos un poco de cerca el tema.

El miedo al Sida disuadió a los adictos noventeros de compartir jeringuillas, con lo que se pasó a fumar plata: en un papel de aluminio basto está la droga gelatinizada, que se hace hervir aplicándole por debajo un mechero y aspirando oralmente los vapores por una cánula. Esa administración aprovecha peor la sustancia y produce un impacto placentero menor, lo que sumado a su precio fue poco a poco quitándole mercado en favor de la coca y de un selecto abanico de pirulas de toda índole, asociadas al mundo de la noche y del baile. El yonqui de otrora empieza a verse menos. En el 2007 me hice amigo de una chavala yonqui (es una larga historia) y por medio de ella supe que en mi ciudad aún quedaban algunos cruzados de la dama blanca. Iban a pillar a un poblado chabolista en las afueras (que ya no existe: han realojado a sus habitantes en un barrio de reciente edificación). Me enseñó las piernas: marcas de mordeduras de ratas. Ella se desenganchó; a los demás no les he vuelto a ver.

El repunte de la heroína tiene que ver, según parece, con su relativo abaratamiento, algo por otra parte comprensible al haber bajado la demanda. Y también influye la crisis económica actual. He leído algunos testimonios de gente que prefiere gastarse una cantidad determinada en esa sustancia un sábado a la noche que salir de copas, lo que les llevaría a unos tiritos de farlopa y a encarecer mucho la salida nocturna. Suena raro, pero parece que está sucediendo. En estos últimos años hay muchas más muertes por sobredosis que en los ochenta, y sería ingenuo pensar que la heroína no asume una parte en esas muertes. ¿Por qué entonces había una alarma social tremenda y hoy eso es totalmente ignorado?

En mi opinión, la posibilidad de un debate sensato acerca del asunto de las drogas fue saboteado por unos y por otros en plena Transición. Para un sector más conservador-derechista, la droga se convirtió en un espantajo para asustar al personal e inducirle al inmovilismo de las ideas. Para otro sector escorado a la izquierda la lectura fue distinta: la droga se convertía en un saboteador social, una forma de desideologizar y neutralizar la fuerza de esa nueva juventud de extrarradio que para muchos formaba parte de un nuevo proletariado que podría cambiar el país. El año pasado salió un vídeo en el que J. C. Monedero explicaba cómo la Eta había empezado a matar camellos para evitar la infiltración de heroína en la juventud vasca por parte de la policía. Con posterioridad Monedero matizó diciendo que él no afirmaba que la policía hubiera hecho realmente eso sino que era lo que la Eta afirmaba. Desde abril de 1980, con una bomba en un local donde se suponía que se traficaba, los etarras comenzaron a perpetrar atentados y asesinatos contra las redes de trapicheo de jaco en tierras vascas. Fieles a una visión conspiranoica de la Historia, los comisarios políticos de la Eta expandieron el bulo de que la heroinización de la juventud vasca tenía como objetivo evitar que se convirtieran en activistas y gudaris (XIII). Eso es obviamente ridículo: ¿a qué se debería entonces la heroinización de la juventud asturiana, manchega o aragonesa? ¿O la de la juventud berlinesa de Cristina F.?

Una vez pasada la Transición, se había plantado en España un problema que antes no teníamos. Asimismo se había producido un giro copernicano considerable, una engañosa sensación de mayor libertad acompañada de una campaña insistente, cara y agotadora por parte de los poderes públicos que suponía coartar las libertades, dar patadas en la puerta, suscitar un creciente gasto público, producir alarma social, llenar las cárceles y demás medidas y efectos considerablemente liberticidas. La "guerra contra la droga" ha servido para monitorizar la sociedad y para que el Estado-beneficencia desparramado y obeso vea como justificado su intervencionismo, lo que implica más gasto público, más presencia de capas profesionales políticas y administrativas, y más ingeniería social. El quinquismo parece una excusa para el pistoletazo de salida de esa guerra.

Eso no quiere decir que la situación social de la Transición responda a un diseño previo. Sí lo hubo, pero fue truncado y el proceso discurrió por otros cauces. Veamos.


Carrero jurando su cargo de presidente del Gobierno. Foto: Keystone.

DISEÑANDO EL FUTURO PASADO

Para cualquier observador mínimamente imparcial resultaba evidente que el franquismo era inviable sin Franco. Una vez concluyese la "capitanía vitalicia" del ferrolano habría concluido su régimen. En los setenta era de los pocos dictadores que quedaban. Dentro del mundo no-comunista estaba su vecino Salazar y poco más. Carrero Blanco, fiel colaborador de Franco, también sabía eso. Manuel Fernández-Monzón, enlace de los servicios secretos españoles con la Cia y testigo de la época, lo reseña así. Carrero detestaba el democratismo liberal al modo occidental, pero sabía que tarde o temprano debería articular una transición a un régimen algo más abierto, continuista en la figura del príncipe Juan Carlos. El mismo Franco en su momento sabía que España recibiría los embates de la "modernidad", del relativismo moral y demás, pero que podría sobrevivir a esos nuevos desafíos porque contaba con clase media, algo que no existía en la España polarizada de 1936. Ante el almirante santoñés se presentaban tres posibilidades para España:

-Ser un mero portaaviones de Usa en la Guerra Fría, la estrategia en el Mediterráneo y el estado de cosas en un "mundo libre" progresivamente más dolarizado. Ni que decir tiene que ésa era la opción defendida por Washington y la Cia (o más bien Bohemian Grove y la RAND de Santa Mónica).

-Ser el patio trasero de Francia, aportándoles abundante mano de obra barata (XIV), sirviéndoles de continuidad geopolítica hasta el Magreb y siendo campo abonado para sus poderosas multinacionales. La casta dirigente francesa, infiltrada por la masonería sobre todo en los gobiernos socialistas, acariciaba esta idea.

-Ser un país no-alineado soberano, industrializado, autosuficiente, con armamento nuclear y en buenas relaciones con el mundo árabe, el iberoamericano y el comunista, en aras de una coexistencia pacífica. España aportaba a esa causa una inmejorable situación geográfica (en palabras de Adolfo Suárez, somos "la bisagra del mundo"), un pueblo trabajador y sufrido, y una gran tradición cultural. La opción de Carrero parecía ser, sin duda, esta última: ser cabeza de ratón mejor que cola de león.

Las líneas maestras de la política de Carrero incidían en esa coexistencia pacífica, a la que el mismo Franco había aludido por primera vez en el discurso navideño de 1969. También existía una gran preocupación en la cúpula del poder español, cúpula católica hasta la médula, por la deriva que desde el Concilio Vaticano II se estaba dando en el catolicismo, incluidos el problema vasco, la legitimación del régimen a nivel internacional y el estallido de la teología de la liberación en Iberoamérica, lo que se sospechaba (y así fue) que alejaría al continente de España. Uno de los objetivos de Carrero, expresado en junio de 1973, era establecer un distanciamiento respecto de un Vaticano al que se consideraba oscilante e indeciso en manos de Pablo VI.

Hay que destacar la creciente colaboración entre España y los países del Este, teóricamente enemigos pero con puntos en común con nosotros. El arranque se dio en 1957 con una armonización del sistema de pagos internacionales entre España y Polonia. A partir de ahí los embajadores español y ruso en París comienzan a relacionarse fluidamente. Uno de los primeros efectos de ese entendimiento fue la llegada de carbón polaco en barcos rusos durante las primeras huelgas mineras de finales de los cincuenta. Poco a poco, aunque no hubiera relaciones diplomáticas oficiales (XV), se llevaban a cabo acuerdos comerciales más o menos discretos, con De Gaulle en la sombra promoviéndolos. Incluso de la Urss, vía el emporio Techsnabexport, llegará a España uranio enriquecido en 1974, un uranio que antes nos había negado Usa (recuérdese que España no quiso ceder sus bases para los puentes aéreos useños durante la Guerra del Yom Kippur, una notable muestra de soberanía que quizá tenía que ver también con la preocupación por una posible guerra de precios del petróleo con el mundo árabe, como así ocurrió). Y hay que tener en cuenta la baza de la "insurgencia".

Veamos. Desde 1956 el régimen de Jrushev había decidido seguir una línea de respeto mutuo entre bloques, algo así como "cada uno buscará su lugar bajo el sol, yo no te discuto tu capitalismo así que no me discutas mi planificación socialista". En el resto del mundo aún no alineado, useños y soviéticos procuraban infiltrarse. Para Moscú, la "insurgencia" o grupos de ideología comunista en los países occidentales debían estar a su total dictado. En su visión estratégica, que el PC de un país fuese muy popular y votado no tenía tanta importancia como que fuese adicto a las consignas soviéticas. Los comunistas revoltosos y autónomos se convertían, entonces, en enemigos comunes tanto del régimen anfitrión como del régimen soviético del que teóricamente emanaban. Así fue como según reseña el espía Cisne los servicios secretos españoles consiguieron de la Urss datos suficientes para  neutralizar hasta a 350 activistas comunistas, casi todos sin fichar, a cambio de información sobre las evoluciones de Usa en España. De entre esa "insurgencia" alumbrada con los cambios sociales desde finales de los años cincuenta muchos grupos muy minoritarios clamaban por el regreso a una línea más revolucionaria, menos posibilista que la de Moscú. Entre ellos estaban el Pce (m-l), germen del futuro Pce (r) y del Grapo, y la Eta.

La Eta era una especie de verso suelto, pues nacida de una escisión del Pnv (algunos de cuyos dirigentes, incluido Aguirre, habían trabajado para la Cia) seguía su camino de radicalización de una manera bastante autónoma, siendo adoctrinada y apoyada por un sector del clero vasco. Según Jon Juaristi en el adoctrinamiento del nacionalismo vasco sesentero intervinieron varios jesuitas, capuchinos y escolapios (XVI). La importantísima V Asamblea (1966-67) de la Eta se produjo en dos fases, primero en una casa parroquial de Gaztelu y después en un edificio jesuita destinado a ejercicios espirituales, en Guetaria. La insurgencia vasca no parecía en absoluto obediente a un designio moscovita sino más bien a las opiniones de un clero sesentero bastante desorientado, a medio camino entre los curas carlistas de un siglo atrás y los curas pro-revolucionarios que en Iberoamérica apoyaban procesos rupturistas e incluso empuñaban personalmente las armas. Para terminar de complicar el asunto, Madariaga soltó en plena V Asamblea que tenían el apoyo de China .... precisamente en pleno invierno de las relaciones entre Moscú y Pekín, que estuvieron a punto de entrar en guerra abierta dos años después. Para la juventud marxista de la época, China se había convertido en el referente, la nueva antorcha de la revolución mundial, en vez de una Urss de la que pensaban que se había vuelto demasiado conservadora y pactista con el bloque pro-useño. La Eta se apuntó a esa idea de una revolución permanente. Incluso llegó a editar un "libro rojo" al estilo maoísta a finales de aquella década.

Así, en un zutik (el órgano periodístico de la Eta por aquel entonces, editado también entre la emigración vasca en Venezuela) de 1964 se indica que la lucha armada no concluiría con el fin del franquismo, sino que habría que continuarla "como si el franquismo aún existiera". Así también, en la IV Asamblea de 1965 se aprobó la idea de implementar la acción-reacción como forma de actividad. La acción-reacción consiste en llevar a cabo un acto subversivo, recibir una respuesta contundente por parte de las autoridades, aprovechar esta respuesta para justificar un nuevo acto subversivo mayor que a su vez generaría una respuesta mayor, generando un crescendo que terminaría por dinamitar una situación política estable abocándola a un río revuelto que ya se sabe que es ganancia de pescadores (XVII). Por tanto, la lectura que se puede extraer es que ni la contestación ideológica antifranquista dentro de España (comunista casi toda, incluidos numerosos militantes que no eran comunistas pero que no tenían otra opción) en general ni la Eta en particular, al aproximarse unos y otros a posturas pro-chinas de confrontación directa, favorecían en absoluto una estabilidad nacional que permitiera a nuestra nación ser un país no-alineado, sin vasallajes y dispuesto a relacionarse de modo pacífico y soberano con los demás.

¿Cuál sería el diseño de Carrero para la transición? Esto es muy opinable, pero tiendo a pensar que imaginó un bipartidismo imperfecto o asimétrico, con un gran partido derechista ocupando el poder y un partido izquierdista también notable, y carente de radicalismos, turnándose cadenciosamente en las instituciones, algo así como una reedición de la Restauración y de aquel baile entre Cánovas y Sagasta.

-Para el gran partido derechista existía la opción del grupo Tácito. Éste había nacido en el 1973 y había recibido con cierta esperanza de cambio la investidura de Carrero. Tácito provenía básicamente de la Asociación de Propagandistas y podía considerarse netamente democristiano.

-Para el gran partido izquierdista, la opción era obviamente el Psoe. Fernández-Monzón ha declarado en sus memorias que Carrero había decidido que sería Felipe González, un joven abogado sevillano hijo de combatiente franquista, el que capitanearía un nuevo Psoe distinto del sector histórico, de manera que a efectos prácticos sería como un nuevo partido que le cerraría el paso al Pce si éste era legalizado en algún momento.

Sin embargo, como sabemos el 20 de diciembre de 1973 Carrero falleció, junto con dos acompañantes, cuando bajo el paso del automóvil Dodge Dart que le movía por Madrid, a la altura de la calle Claudio Coello, el comando Txikia de la Eta detonó una carga explosiva.


Fotograma de "El asesinato de Carrero Blanco" (2011, Miguel Bardem, con producción de TVE, ETB y Boca Boca Producciones), miniserie sólida y bien hecha que deja una puerta abierta a la teoría de la conspiración.

El comando de la Eta colocó las cargas explosivas tras haber estado picando y haciendo toda clase de ruidos a unas decenas de metros del consulado de Usa. Aquel atentado tiene varios cabos sueltos. En primer lugar, recibieron información sobre su objetivo en Madrid (matar a Carrero, sus rutas, sus costumbres ....) en un sobre que le entregó a Argala (uno de los etarras) un misterioso y elegante hombre de negocios en el hotel Mindanao. Un dossier anónimo que le llegó al fiscal instructor Herrero Tejedor hacía ver que habrían estallado al paso del Dodge unas minas antitanque activables sin cable que habrían sido sustraídas del texano Fort Bliss tiempo atrás. Y el espía Cisne afirma directamente que la Cia conocía lo que hacía el comando etarra, que colocó cargas explosivas extra y un segundo circuito de detonación por si fallaba el primero, y se informó acerca de si los servicios secretos españoles se estaban enterando de algo, descubriendo que ellos también lo sabían. Argala murió en 1978 a manos del Batallón Vasco Español, así que nada más pudo aclarar. Herrero Tejedor murió en 1975 en un extraño accidente automovilístico. Y el máximo responsable de la seguridad en España, el ministro de la gobernación Arias Navarro, ocupó el puesto de Carrero como presidente. El plan trazado se abandonó.

¿Qué ocurrió entonces? Puede sintetizarse en una serie de puntos:

-Carlos Arias Navarro, personaje bastante gris que no había atajado el atentado contra su presidente, fue elevado a ese mismo cargo que había quedado vacante.

-El nombramiento de Arias fue sugerido por el entorno, cada vez más poderoso, de Carmen Polo a un Franco ya débil y vacilante.

-Arias formó un gobierno simplemente infumable, lleno de viejas glorias de la camisa azul, inadecuado para el momento histórico que se estaba viviendo e incapaz de sintonizar con las reformas necesarias para asegurar una cierta continuidad y no un salto en el vacío. El pueblo llano bautizó al gobierno "Saldos Arias", como los famosos almacenes.

-Arias se manifestó netamente pro-useño, abandonando la tendencia no-alineada de Carrero. Incluso se postuló para declarar la guerra a Portugal si éste "caía en la pendiente del comunismo" (XVIII).

-La espiral de acción-reacción experimentó un impulso extraordinario desde entonces, abonando la tesis de que interesaba una situación de inestabilidad. Así, surgen varios grupos bastante misteriosos que golpean al ámbito proetarra tanto en España como en Francia. En 1975 surgen unos tales ATE, que realizan junto con otros grupos como Batallón Vasco Español y Triple A, con los que parecen compartir matriz, hasta 120 atentados y sabotajes en un año, con varios muertos y decenas de heridos, sin que se produzca ni una sola detención. Entre sus filas se contarían varios antiguos pied noirs. El Bve siguió matando hasta 1981. Desde entonces el terrorismo de la Eta y su contrapartida el Gal mantuvieron la espiral girando. El Gal empezó su actividad en 1983, quedando probado que recibió apoyo al menos financiero desde el ministerio del interior (en la década siguiente eso le costó la cárcel a un ex-ministro de González, José Barrionuevo). Era evidente que la muerte de Franco no iba a detener esa espiral.

-La guerra contra la droga sentó sus bases, terminando con la relativa excepción española de "paz farmacéutica". Es cierto que el gobierno Carrero se equivocó con sus reformas en ese aspecto, pero no es menos cierto que los gobiernos posteriores no hicieron sino agravar la equivocación (XIX).

.-La opción democristiana de Tácito sólo se consiguió a medias (XX). Tuvo que improvisarse la Ucd, en la que había democristianos pero también liberales, socialdemócratas e incluso falangistas. El propio Suárez provenía del falangismo. Ese partido improvisado, de circunstancias, sufrió una implosión entre 1981 y 1982, quedándose en nada.

-El Psoe, por contra, creció exponencialmente. Eso formaría parte de la idea primera de Carrero, pero sin el contrapeso de un partido de derechas hizo que González y su gente entre las elecciones generales de 1982 y las autonómicas y municipales de 1983 copase la casi totalidad del poder en España, constituyéndose en algo parecido al PRI mexicano, un enorme aparato de poder que introdujo sus tentáculos en cada rincón de España. Nace el felipismo, una suerte de cesarismo a la moda.

Así, mientras el Cds de Suárez era arrinconado, pues nadie le concedía financiación, y la AP de Fraga iba por un camino parecido ("no teníamos un duro", recuerda Verstrynge), el Partido Reformista de Roca (pensado para fraccionar el voto no-socialista, y que no funcionó) recibía generosos apoyos. Y el mismo Psoe fue financiado por una rama del caso Flick alemán. Una familia de industriales enriquecidos durante el nazismo hizo estallar en la RFA un escándalo de sobornos a políticos de todos los partidos con representación, a cambio de ventajas fiscales. Un millón de marcos de la época (negados por González -"ni Flick ni Flock"- pero después admitidos -"era dinero para una buena causa"-) ayudaron a que el Psoe fagocitase todo el espacio de la izquierda española, reduciendo al Pce a una presencia testimonial (cuatro diputados en el 82, por 201 de los socialistas). El muñidor de la rama española del caso Flick admitió ante Carrillo en la comisión de investigación que formaba parte de una estrategia para cerrar el paso a un posible florecimiento del Pce así como de todos los partidos comunistas en los países occidentales. La socialdemocracia era la opción elegida por el sistema para evitarlo.

No sólo la opción comunista clásica quedaba arrinconada. Con anterioridad algunos sucesos habían puesto fuera de combate, desacreditándolas en términos de popularidad, a opciones que podrían considerarse contrarias al sistema que se estaba implementando:

-Así, los sucesos de Montejurra en 1976 entre las dos facciones del carlismo, con varios muertos y heridos. El general Sáenz de Santamaría afirmó que desde el poder se fortaleció la opción sixtista y se procuraron armas a los mercenarios que se vieron envueltos en aquellos sucesos, y que Arias lo sabía.

-Así, el caso Scala de 1978, cuando un confidente policial infiltrado en la CNT dirigió un atentado contra una sala de fiestas barcelonesa, con cuatro muertos. El objetivo a todas luces era dar mala fama al anarcosindicalismo como responsable de acciones de violencia ciega y absurda.

-Así, el caso El Papus en 1977. Una bomba mató al conserje de la publicación, de signo netamente trostkista, una especie de Charlie Hebdo a la española. Según Ernest Milá, conocedor de los entresijos de la ultraderecha, los acusados (la Triple A) eran un amasijo de "sospechosos habituales" entre los que había confidentes de la policía y de la prensa, que habían reivindicado también haber hecho desaparecer a Pertur (cuando la propia familia del etarra apuntó en su momento a la autoría del sector más duro de la Eta, en el que ya militaba Pakito) y que según él la muerte del conserje sigue impune. Siguiendo con Milá, todo ello pertenecería a una estrategia destinada a que el voto ubicado en los confines del espectro político se fuese desplazando al centro. A destacar también que desde aquel luctuoso suceso El Papus suavizó mucho su línea editorial según los lectores.


Imagen: José Ramón Sánchez. Los carteles de Sánchez, sencillos como éste o atiborrados de gente y diríase que inspirados en la grafía naïve de la película "Yellow submarine" (1968, George Dunning), arropaban las paredes de los quinceañeros españoles a finales de los setenta y principios de los ochenta. Sí, los quinceañeros estaban bastante más politizados que los de ahora.


CONCLUSIONES

El resultado de este proceso es de todos conocido. España se acostó con el brazo incorrupto de santa Teresa en la mesilla de noche y se levantó encontrando en su lugar un dildo. Se produjo un giro impresionante que arrancó con Suárez y que en tiempos del primer González ya se había completado, configurando una de las mayores revoluciones sociales y morales de la historia. La improvisación desnortada y aguijoneada por oscuras maniobras de las cloacas llevó a una socialdemocratización casi total de la vida española, un estadio que suele acontecer en la mayoría de las sociedades capitalistas que inician procesos de apertura política pero que nunca fue tan radical como nos pasó a nosotros. De nación soberana hemos pasado a estar entre las garras de useños y franceses, que se disputan la supremacía política de España (vía think-tanks "neoliberales" en un caso y de infiltración masónica en el otro; e incluso da la sensación de que eso también se está acabando, porque el sistema está agotado).

Se ha producido también un hundimiento cultural escalofriante. Ese hundimiento se ha dado en todos los sectores culturales. Ya no hay novelas como las de antes. Tal cual. A principios de los cincuenta, en los tiempos más chungos y pacatos del franquismo, salían joyas como El camino, La colmena o Industrias y andanzas de Alfanhuí. Ahora, por el contrario, todo el mundo saca libros, incluidos la mayoría de los presentadores televisivos, pero ninguno superará la prueba del tiempo, me temo. En música, se pasó en seguida de la fusión musical y de la nova cançó a la llamada "movida", una tontería como un piano pero a la que se prestó una atención descomunal a pesar de que musicalmente era un after-punk de bajo nivel que sólo quería llamar la atención (XXI) y que encontró voceros inspirados (XXII). En cine qué os voy a contar, con el agravante de que tras Pilar Miró nuestro cine, ampliamente subvencionado, se ha vuelto aburridamente académico.

El pueblo español parece haberse confundido o extraviado. Si vemos uno de esos programas con los que Rtve airea su fondo documental, por ejemplo "Ochéntame otra vez", nos daremos cuenta de que gira en torno de la adquisición de una serie de libertades (contra las que no estoy en contra: divorcio, matrimonio civil, campaña "póntelo pónselo", cambio de sexo, etc etc, cosas que ahora vemos como algo normal), algo que nos regocija como espectadores pero que nos hurta otro tipo de libertades que también serían interesantes de obtener y preservar.

¿Merece la pena poder ponerse una cresta roja y tener relaciones con la churri sin casarse, o con veinte churris, si tu país se ha desindustrializado, si su tejido productivo ha sido troceado pieza a pieza? ¿Merece la pena poder tatuarte toda la epidermis y poder soltar todos los improperios del mundo contra la Iglesia y los "fachas" pero no encontrar trabajo y no poder formular la menor crítica contra otros sectores sociales protegidos por la corrección política? ¿Prefieres las libertades banales a las verdaderas libertades?

Al final el mundo quinqui, que acaparó tantas portadas durante un lustro largo, ha resultado ser una muestra microscópica de un proceso de cambio social ciclópeo (XXIII), algo así como la minúscula puntita de un bestial iceberg capaz de hundir el barco más lujoso. Y lo peor de todo es que la orquesta que toca durante nuestro actual naufragio desafina que da gusto. Nuestros padres votaron la Constitución muy ilusionados; casi cuatro décadas después, el capital que España había atesorado parece haberse disipado en el aire, dejando a nuestra sociedad a un paso del agotamiento, por mucho que las manifestaciones sociológicas más deslumbrantes hagan creer lo contrario.

Desde el tardofranquismo hasta hoy hemos pasado de un régimen a otro. Se ha triplicado el número de funcionarios y se ha enmarañado el telar de las administraciones públicas hasta hacerlo impenetrable. En contrapartida, la población ha perdido una gran cantidad de poder adquisitivo. De 1977 a 2007 hemos perdido grosso modo la mitad del poder adquisitivo que teníamos como pueblo. Imaginaos lo que habremos perdido desde el inicio de la crisis. También hemos perdido las cajas de ahorro, aniquiladas en un abrir y cerrar de ojos. Estamos a años-luz de cualquier posible edad de oro cultural. No tenemos ninguna universidad entre las 150 primeras del mundo (eso sí, algunos de sus profesores se han agrupado en un partido político morado que pretende tener soluciones para todo). Los libros de enseñanza primaria y media de hoy enrojecen de vergüenza comparados con los que se manejaban en los sesenta y setenta. Nuestra dependencia energética ha aumentado hasta ser casi total. Nos hemos quedado muy lejos de seguir siendo la octava potencia industrial. Los problemas de separatismo se han acentuado. Los casos de corrupción de hoy, traducidos a pesetas, causarían soponcios generalizados si se los contásemos a la gente de entonces. Y la población reclusa es mucho más abultada que antes.

Ese capital humano, industrial y cultural atesorado con la progresiva reconstrucción de España no significa que yo apoye al franquismo. La RFA en democracia creció más que la España franquista (también la ayudaron más), con un baby-boom incluso mayor. Si España hubiera sido una democracia más o menos razonable en los años cuarenta, habría llegado sustancialmente igual a los setenta en muchas cosas de las esenciales. Lo que quiero decir es que la esperanza que se respiraba entre finales de los setenta y principios de los ochenta fue traicionada. ¿Qué han hecho con nuestro país?

Si la paranoia con el quinquismo fue a fin de cuentas una pequeña estafa, puede que haya quien considere que la Transición como ocurrió fue en sí una estafa de las gordas.





(I) - Es cierto que en virtud de esa marginalidad a estas alturas del siglo XXI los gitanos españoles han mantenido un perfil más o menos "hindú", con variaciones según el territorio nacional, estando por lo general más mezclados con el sustrato celtíbero en Andalucía y el Levante, y más puros en Galicia y posiblemente en el País Vasco. Dentro de la etnia existe cierta variación fenotípica. Así, Enrique Morente podría considerarse caucásico sin más. Recuerdo una celebración de la Iglesia de Filadelfia en que parte de los gitanos allí concurridos podrían pasar por payos perfectamente. No es una cuestión únicamente de "achocolatamiento" de epidermis: véase a Carmen Gaona, de piel bastante clara pero con notables rasgos austrálidos.

(II) - Las voces que han abogado por continuar con la exclusión han sido minoritarias. Desde el ámbito de la antropología, el doctor Misael Bañuelos en su Antropología de los españoles les calificaba de raza "extraña y parásita" y apoyaba esa exclusión. Otro doctor coetáneo suyo, Ricardo Ibarrola, decía en 1941 en la revista Psicotecnia que el pueblo español no tenía problemas de incompatibilidad etnográfica a excepción concretamente de los gitanos.

(III) - Fernando Sánchez-Dragó se lamentaba en una fecha tan tardía como 1978 de la escasísima fuente escrita alrededor de los mercheros, en las páginas del tercer tomo de su extravagante y seminal Gárgoris y Hábidis al hablar de grupos minoritarios y marginados, en contraposición a la abundante noticia que hay de criptojudíos y gitanos, por ejemplo.

Es de imaginar que la poca fama que los mercheros tenían no fuera buena, pues por lo menos en Galicia el término equivalente, "moinante", se emplea a menudo como insulto.

(IV) - La biografía de Remedios pone los pelos de punta, marcada como está por la necesidad y las nulas expectativas de futuro que su comunidad tenía, a las que se unió la huella de un padre terrible, maltratador e incestuoso además de delincuente habitual. Trasladados a Bermeo, él no sólo mantuvo su actividad delictiva sino que además se convirtió en narcotraficante de peso. Tras varios avisos por parte de la Eta de que dejase ese negocio sin que hiciera caso, fue abatido en 1984 por dos pistoleros.

(V) - En la colosal novela de Luis Martín-Santos Tiempo de silencio (1961) son llamados "los soberbios alcázares de la miseria". La crítica ha querido ver en la única novela publicada en vida del autor un brillante ejercicio de estilo sin más, cuando es una de las obras más agudas y demoledoras que han aplicado la lupa a la sociedad de postguerra no sólo de España sino de cualquier país.

(VI) - Según datos de la Comunidad de Madrid, todavía hasta hace unos diez años esas zonas chabolizadas tiempo atrás seguían arrojando datos sanitarios considerablemente peores que el resto de la capital, incluida la tasa de enfermos de sida. Era un problema urbano que se resistía a desaparecer, mucho tiempo después de la muerte de Franco.

(VII) - El film, maltratado y mutilado por la censura, provino del interés del actor Vicente Parra en cambiar de registro interpretativo (está horrible, dicho sea de paso). Con posterioridad, antes de sus pelis-quinqui ochenteras, De la Iglesia rodó una especie de homenaje al cine de Kubrick llamado "Una gota de sangre para morir amando" (que los maliciosos rebautizaron como "La mandarina mecánica") y se metió en varios charcos tratando temas como la homosexualidad y la militancia comunista ("El diputado"), o como la zoofilia ("La bestia", con .... Ana Belén).

(VIII) - Los programas de Félix eran para la gente urbanizada de la época una ventana hacia un mundo que habían perdido, el mundo del rural español, una espita a través de la cual liberar la presión que sobre esa gente ejercía la nueva realidad de las ciudades, lo que hacía que esos programas fueran seguidos casi religiosamente por la audiencia. Es curioso apreciar que el bueno de Félix tenía un perfil marcadamente paleolítico, cromáñido:


(IX) - Entre las dos y las tres de la madrugada, en oscuridad total, se da la situación idónea para que la glándula pineal del adulto, estorbada por la calcificación que acompaña al final de la infancia, segregue su pico de hormona melatonina, lo más similar a un elixir de juventud que conocemos. Los horarios absurdos y el exceso de luz eléctrica de noche sabotean la adecuada secreción de la hormona, lo que tiene efectos no sólo sobre nuestra salud sino posiblemente también evolutivos o, mejor dicho, de-evolutivos. Por eso las visitas de los urbanitas al campo, donde duermen como piedras por vez primera desde ni se sabe cuándo, les rejuvenecen más que cualquier otra terapia.

(X) - En Galicia la crisis de la pesca llevaría al paro a buena parte de la población activa en las Rías Baixas, lo que obligó a muchos a buscarse la vida en el tráfico de hachís. El "costo" comenzó a entrar a mansalva por la misma ruta que seguía el contrabando de tabaco rubio (el famoso "Winston de batea", manufacturado en sitios tan sorprendentes como Bulgaria), y de ahí se pasó a una nueva ruta de la coca iberoamericana.

(XI) - Tanto es así, tanto hay en ello de "arqueológico" en términos sociales que Juan y José Salazar intervinieron en un producto impensable en 1977 pero perfecto para 2015, Gran Hermano VIP, en el que se descolgaron con varias declaraciones (como decir que una vez abandonaron un perro en una gasolinera, que preferían "un hijo deforme y no maricón" o llamar "gorila" a un concursante negro) que en 1977 no provocarían tanto escándalo. Eso no quiere decir que yo apruebe esas lamentables declaraciones. Tan sólo estoy constatando el desfase de mentalidades entre épocas.

(XII) - Generalmente en el trapicheo diario un gramo de farla o jaco tendría sólo un 15%-20% del alcaloide, y el resto es "ralladura de pared", a veces incluso literalmente: yeso, oolitos, mondas de quesos, aspirina machacada ....

(XIII) - Eso sí, se cuidaron mucho de llevar a cabo políticas similares con la lacra del alcoholismo. E incluso cuando algunos grupos de "rock radical vasco" apostaron por un estilo tropical-jamaicano (en la célebre "Arraultz bat pinu batean" de Hertzainak, la letra -escrita, ojo, por Karra Elejalde- proponía una Euskadi tropicalista en que una palmera sustituiría al árbol de Guernica y los vascos se harían "negros y vagos" -sic-) la marihuana tampoco quitó demasiado el sueño a aquellos comisarios políticos.

(XIV) - Esa mano de obra sería tanto la temporera (muchos españoles iban a la vendimia en septiembre) como la asentada definitivamente en el Hexágono (y que logró prosperar: ha dado a Francia entre otros al primer ministro Manuel Valls, la alcaldesa parisina Anne Hidalgo y una de sus estrellas de cine más reconocidas, Jean Reno -Juan Moreno-).

(XV) - Luis González Mata, el espía "Cisne", señala en su Yo fui espía de Franco (1972) una larga lista de colaboraciones entre España y la Urss, no sólo comerciales. A retener que uno de los empresarios que más se destacaron en aquellos negocios fue un joven Ramón Mendoza (el futuro presidente del Real Madrid) con la venta de medias de señora.

(XVI) - En El bucle melancólico (1997) señala también la importancia que tuvo, para la conformación de esa ideología separatista radical, el movimiento escultista o de boy-scouts, habitualmente dirigido por sacerdotes.

(XVII) - Un ejemplo conocido por todos entonces fue el atentado contra Reinhard Heydrich, protector de Bohemia y Moravia durante la II Guerra Mundial. Dado que no existía un ambiente de contestación antinazi lo bastante fuerte allí, la inteligencia británica adiestró a dos agentes checos para atentar personalmente contra el jerarca y así abrir la espiral de acción-reacción. Así fue. Heydrich, malherido por el estallido de una granada de mano, falleció días después y los alemanes, engorilados, mordieron el anzuelo y destruyeron en represalia el pueblo de Lidize, causando más de mil víctimas y envenenando definitivamente la situación en el protectorado.

(XVIII) - Según unas declaraciones de Mário Soares hace año y pico, Franco aún tuvo reflejos para negar toda posibilidad de que Usa interviniera en Portugal usando a España. Poco después Usa organizó la Marcha Verde para que Marruecos ocupase el Sáhara Occidental que España se había comprometido a descolonizar.  En La historia se confiesa (1976) Ricardo de la Cierva adjunta fotografías de marroquíes flameando banderas useñas en plena marcha. Franco, en el último consejo de ministros que presidió, se manifestó dispuesto a declararle la guerra a Marruecos (según afirmó la revista Gaceta Ilustrada de los Godó, entre otras fuentes), para venirse abajo justo después por un infarto. Arias Navarro obvió la orden de Franco.

(XIX) - Eso estaría en consonancia con la doctrina Usa de hacer de la "guerra contra la droga" algo generalizado, mundial. La heroína no había llegado aún a España con la suficiente presencia, mientras que desde los años cincuenta ya circulaba con fuerza por el llamado "mundo libre". Las tropas del Kuomintang establecidas en la provincia china de Yunnan, ante la inminente victoria comunista, se pasaron a territorio birmano, ayudando a la creación de una casta de capos del opio. Los militares chinos convencieron a muchos campesinos para que se dedicasen al cultivo de adormidera. La Cia creó varias empresas-tapadera que ayudaban a trasladar las cosechas así como la heroína ya elaborada a terceros países como Tailandia y Taiwán (entre esas empresas estaba Air America, derivada de una aeronáutica previa -la CAT- con capital chino y de una sociedad de Delaware). Asimismo parece ser que la Cia ayudó a que la mafia corsa, que en los años cincuenta ya controlaba parte de los trapicheos de Saigón, controlase igualmente puertos franceses, especialmente Marsella. Se daba por iniciado el tráfico de jaco en Occidecadente, del que España todavía en los setenta estaba bastante al margen. Obviamente, en la segunda mitad de aquella década el panorama cambió.

(XX) - Si alguien quisiese abonarse a la tesis de la intervención useña en el asesinato de Carrero y de sus acompañantes, también podría alegar que no sería la primera vez que Nixon torpedeaba un proyecto que contaba con los democristianos como punta de lanza. Ya ocurrió en el Chile de finales de los sesenta y principios de los setenta, cuando Nixon decidió destejer el tapiz de apoyo a la democracia cristiana que habían entretejido los hermanos Kennedy, apoyando la opción de Allessandri para las elecciones de 1970 (en vez de a Tomic, el candidato de Frei) a través de los manejos del Council of the Americas y la ITT con la Cia detrás, según el investigador Joseph J. Trento. Algunas fuentes citadas por él en La historia secreta de la Cia (2003) aluden a la compleja psicología de Nixon, obsesionado con la figura de JFK, para entender bien el cambio de estrategia de Usa. 

Resultado, el uno por el otro la casa sin barrer: el tercer candidato, Allende, fue el que ganó aquellas elecciones y hubo que pasar a otro tipo de estrategia.

(XXI) - La corrección política ha hecho también de las suyas en los ambientes movidescos. El grupo Esplendor Geométrico, nacido de una escisión de Aviador Dro, fue arrinconado a raíz de la publicación de temas (alguno hoy inencontrable) como "Necrosis en la poya", "Negros hambrientos" o "Destrozaron sus ovarios". Arturo Lanz, vocalista de la banda (que desde entonces viró a un sonido duro y underground, industrial) dijo que sencillamente la escena musical dejó de hablarles. También Jaime Urrutia tuvo que desdecirse de su famoso grito de inicio de conciertos "Somos Gabinete Caligari y somos nazis". Y Loquillo decidió dejar de tocar en directo (aunque he leído por ahí que en alguna ocasión sí la ha tocado) "La mataré", escrita por Sabino Méndez, por si era tomada como una apología de la violencia de género.

(XXII) - En su segundo largometraje, "Laberinto de pasiones" (1982), un joven Pedro Almodóvar ofrece un panorama idealizador y bruñido, incluso esteticista, de la movida. Mi impresión al verla es que Almodóvar no pretendía realismo alguno, ni exhibir los rasgos más chungos del movimiento, sino hacer una especie de publirreportaje (bien hecho, eso sí). Tras la victoria del Psoe, curiosamente Almodóvar cambió de tercio, como si ya hubiera cumplido con su promoción de la movida, y se pasó de la mano de un productor judío francés llamado Hervé Hachuel al tipo de cine que le ha caracterizado después, el culebrón estilizado entre Douglas Sirk y Brian de Palma.

(XXIII) - Incluso los cambios sociológicos más aparentemente baladíes encierran su intríngulis. En tiempos del dictablandismo opusdeísta y del tardofranquismo las bellezas oficiales de España eran mujeres como Carmen Sevilla, Rocío Dúrcal, Marisol (se entiende que ya crecidita), Amparo Muñoz e incluso Karina, mujeres caucásicas "estándar":


Sin embargo, en la época actual si uno hace una encuesta las mujeres más deseadas de España corresponden a un tipo que eufemísticamente se denomina "racial": Mariló Montero, Cristina Pedroche, Sara Carbonero, Inma Cuesta, Ana Pastor (la periodista), Lara Álvarez o la cantante India Martínez. Nada que objetar por mi parte, pero me parece un dato curioso.



23 comentarios:

  1. Lo has bordado. La transición (con minúsculas) no es una simple línea imaginaria que dividirá el franquismo y el régimen del 78 en los libros de historia. Si fuera un libro podría titularse "Como destruir una nación y dejarla a nuestros pies" editado por el Gran Oriente de Francia, en tapa dura con sobrecubierta.

    Sin embargo, creo que caes en un error bastante común. Es falso que el franquismo era inviable sin Franco, eso es algo que nos han inculcado desde pequeños. Yo diría que Franco cometió dos errores de bulto; la falta de una ideología sólida que respaldara su régimen y sobre todo, no retirarse cuando vivía, colocando un sucesor que dirigiera un proceso continuísta. Carrero Blanco podría haber desempeñado el papel de presidente de gobierno perfectamente con Juan Carlos como figura paternalista y simbólica. Entendiendo eso también se entiende por qué su figura era tan molesta y por su... oportuna muerte.

    La, ejem, "comunidad internacional" lo habría aceptado sin chistar en el contexto de la Guerra Fría. Ni Estados Unidos ni Europa nos hubieran invadido ni la ONU nos hubiera frito a sanciones. Piensa como aún hoy EEUU apoya sin despeinarse al otro lado mismo del estrecho un régimen como el de Marruecos o incluso como ha permitido la supervivencia de una dictadura como Cuba en su mismísimo patio trasero sin hacer nada (o casi) para evitarlo. La geopolítica manda.

    Y si no, como decían antes los castizos, si ellos tienen Onu nosotros dos.

    Imagínate donde estaríamos ahora en una potencia nuclear con las cuentas saneadas, con fábricas en las que se producían desde gomas de borrar hasta aviones de combate, con unas creencias religiosas y morales sólidas y un ejército fuerte y patriótico. Es absurdo lamentarse ya, pero España era eso en los 70. Y podíamos haber sido mucho mas. Nuestros padres y abuelos nos han engañado.

    Una pregunta inocente (o tal vez no). ¿Sigues siendo liberal o te estás volviendo un poco tradicionalista?

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  2. Hola, en el tema de la continuidad del franquismo siendo como es una ucronía y nunca lo sabremos creo que ya te respondes tú solo ;-) Si no hay ideología, cuando se acaba el personaje se acabó lo demás. Es lo contrario al chavismo, por ejemplo, que (por desgracia) sobrevive aún a la muerte de aquel individuo. Es una ideología-chatarra cochambrosa y de muy baja elaboración de ideas, pero aún subsiste respirando asmáticamente.

    Yo siempre tiro al cine. Pienso por ejemplo en Vicente Escrivá. En 1951 escribió los guiones de "La señora de Fátima" y "Balarrasa". Y en 1975 estaba dirigiendo "Zorrita Martínez" (sic). Cero ideología. Había un franquismo sociológico que en muchos casos estaba al sol que más calienta. Leyendo la novela "Madrid, Costa Fleming" de Ángel Palomino (que éste sí fue franquista hasta el final) me daba cuenta de que el panorama humano que retrataba sólo necesitaba un empujoncito para hacerse socialdemócrata en masa. Y ese empujoncito se le dio, desde luego. No había una ideología como tal, ciertamente. Había una serie de valores razonables flotando junto a otros valores mucho más rancios que la primera generación, la victoriosa en el 39, tendía a agarrar y no soltar quizá porque tampoco tenían demasiada ideología encima. Algunos que sí la tenían, como Dionisio Ridruejo, acabaron rebotados con el régimen. Había también cierta idea de meritocracia (por ejemplo, en los consejos de ministros no había floreros ni experimentos zapateriles) que podría haberse llevado bien con corrientes liberales y conservadoras aperturistas.

    Siempre seré liberal, por Dios. Para mí la libertad es valor fundamental. Lo que pasa es que la libertad es un valor tradicional del hombre europeo, que responde sólo ante Dios y no ante algún emperador pagano corrupto a quien nadie ha votado. El liberalismo es un ideal, un faro en la oscuridad, una vereda entre abrojos. Nunca se implantará un régimen plenamente liberal, pero hay que luchar por que se parezca lo más posible. Que quien mande sobre nosotros sea porque nosotros lo hemos querido así, otorgándole ese poder. Que cada uno de nosotros tenga oportunidad para levantarse y empezar de nuevo. El liberalismo exige Estados mínimos y fuertes, exige parlamentos serios, y exige que ningún gobierno inflacione nuestro dinero o permita que se inflacione. Es más, en un mundo ideal el dinero debería ser emitido únicamente por bancos locales y los gobiernos no podrían emitir deuda.

    El liberalismo responde a la pregunta ¿decido yo mi vida o la decide otro fulano por mí? Y como ibero enamorado de la libertad, como aquellos iberos que agujereaban las galeras en las que les llevaban encadenados, qué otra cosa puedo decir sino lo primero.

    ¡Salud!

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  3. Un par de puntos. Falken, en lo que dices de que Franco se debería haber retirado en vida seguramente tienes mucha razón. Me ha recordado a unas declaraciones de Felipe G. que decía, cuando el caso Pinochet en 1998, que a él le habría gustado una solución a la chilena y que Franco hubiese pasado a senador vitalicio en el 63, por ejemplo. Curiosa afirmación de Felipe. Por cierto, Chile tiene fama (creo que merecida) de país sensato.

    Otro punto, para los amantes de la conspiración sumo las notas XIX y XX, sobre el tráfico de jako y el torpedeo de opciones democristianas como líneas de actuación de la inteligencia de Usa (nunca confundir con el pueblo de Usa). Con la debida perspectiva histórica, las piezas del rompecabezas empiezan a encajar.

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  4. Te ha quedado muy bien. Redondo.

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    1. Gracias, me alegra que te haya gustado, el tema de la transición dirigido al gran público se arregla con media docena de lugares comunes, muy edulcorados, pero como sobre el relato rosa de la transición se fundamenta y se argumenta el sistema actual pues es de cajón que ese relato rosa se siga perpetuando ad nauseam. Es un mito fundacional como los que tenían los sumerios, ni más ni menos, con cosas ciertas y otras manipuladas.

      ¡Salud!

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  5. A propósito de la heroína, encontraron en Madrid diez kilos que presuntamente irían a Galicia, también presuntamente mediante el "histórico" Alfredo Cordero. Habrían llegado desde Holanda, aunque la entrada a Europa se habría producido por la clásica ruta turca, y cada kilo habría costado unos 12000 euros pero en virtud de su relativa pureza (cortada al 50%) le podrían haber sacado al kilo calculan que 20000 euros, es decir, un gramo 20 euros. Según me comentan, el gramo de "coca" (según parece muy cortada) está a 30-35 como poco, y generalmente más, si la pureza es muy elevada estaría en 80, y en la UE bastante más como es de esperar. Vamos, que la heroína se ha vuelto muy "competitiva", y no adscrita a un determinado sector social aunque sí a un nivel de ingresos, con lo que sería algo así como el "tetrabrik" para quienes no pueden pagarse vicios más caros.

    En Usa ha crecido en cinco años un 79% su consumo, y a nivel mundial lo que son los opiáceos según The Lancet han crecido también en este tiempo un 74%. Y a destacar los opiáceos barateiros, como el krokodil ruso, que tiene a un millón de enganchados (con datos conservadores) en aquel país, la famosa "droga caníbal" sintética que a base de su bajo precio (2-3 dólares el gramo) está penetrando incluso en Iberoamérica: de Rusia a Usa y luego a México y luego a Medellín.

    ¿No resulta evidente una vez más que la "guerra" ha fracasado?

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  6. Yo tengo amigos que han consumido diariamente heroína, uno lo hacia en su cuarto con su madre y su hermano en casa y ni se enteraban con la que tenia que liar para prepararselo. Cuando iban a pillar me contaban que había gente de todas las edades y clases sociales consumiendo.
    Me hubiera gustado haber vivido los 80 , una época distinta a las demás.
    Por cierto estaría bien que algún día escribes una entrada sobre música exclusivamente .

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    1. Los 80 no eran diferentes a la actualidad, o al menos no tanto, de hecho España-a excepción del tema etarra que parece dormido y quizás desaparecido- era bastante parecida a la actual: alto paro, drogaina abundante, delincuencia bastante alta,lumpen creciente, salud social y moral bastante por los suelos... si hasta la moda actual tiene toques "vintage" y retro ochenteros...bueno, eso si, ibas por la calle y ver a un negro , marroquí o chino era casi como ver un extraterrestre(hasta el año 96-97 seguía siendo rarísimo y sólo era bastante común en Barcelona o Madrid). Tampoco había corrección política(podías insultarte llamando maricón y nadie se ofendía)

      Los 80 fueron la década de la gran degeneración de España, y ahí seguimos en el bucle , eso si, más políticamente correctos.
      1978 y 2004 deberían ser nombrados años malditos.


      *Por mucha crisis y mucha historia, yo sigo viendo a la mayoría de la gente con un chip mental muy parecido al de la etapa burbujista, chip venido a más que ya provenía de los 90 y del final de los 80.

      Es subjetivo- en parte- pero para mi la mejor etapa de España es la etapa que va de 1997 a 2001(economía pujante, inmigración contenida y racional ,mitigación de lacras sociales como los quinquis, aún no había comenzado a legislarse de lleno en ingeniería social(aunque el divorcio y el aborto ya estaban), comienzo de Internet a nivel popular y de los avances informáticos y digitales, diseños más futuristas en decoración, coches e incluso ropa...eso si, estaba la lacra del pastilleo, las pirulas y el mundillo bacalaero, no todo iba a ser tan bonito)

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    2. Está claro que la gente quiere volver a vivir como se vivió hasta el 2007, de hecho irán en procesión papeleta en mano y con cara de éxtasis a la urna si les prometen que con los Podemos de turno en el poder volverán a los buenos viejos tiempos. El pensamiento humano es inercial, generalmente. Intenta reproducir patrones previos, esquemas que un día funcionaron. E ignora las circunstancias, los porqués.

      Esa horquilla de tiempo que citas me parece muy razonable. Me acuerdo de aquella época y de cómo en mi tierra ya teníamos vías rápidas flamantes hechas con fondos europeos. Desde el 2001 se abre la espita de otro gran proceso inflacionario, tras la burbuja de las puntocom llegaron otras burbujas como la inmobiliaria (qué nos van a decir que no sepamos) y la petrolera (multiplicando por diez el Brent en 2008, de ahí salieron no sé cuántos "emergentes" que a mí me daban bastante risa por entonces y el tiempo me está dando la razón), generando una recesión global de la que es imposible salir globalmente: cada país saldrá a su aire, si sale (que muchos no).

      Tiempos de despilfarro, además. Como me decía una chica marroquí tiempo atrás "los españoles o son sumamente ricos o son sumamente tontos".

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  7. Pues hace como un año o así publiqué algo sobre música contemporánea (de la "culta"), luego lo retiré, no estaría mal recuperarlo porque recuerdo que no estaba mal del todo ;-)

    La música ochentera popular ya no era gran cosa, eso sí en el Reino Unido todavía estaban inspirados. En España hay poquito que me apasione. Yo soy más de indie noventero, aunque lo cierto es que ha envejecido igual o peor que las ochenteradas. El indie nacional alcanzó una pequeña edad de oro entre el 2000 y el 2004, para luego perder fuelle.

    ¡Salud!

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  8. A todo esto, ¿alguien ha leído el libro de Manuel Cerdán "Matar a Carrero"? Por lo que me suena de oídas se apunta a las conspiraciones y señala que el almirante tenía muchos enemigos, incluidos partidarios de Alfonso de Borbón (eso no quiere decir nada, claro).

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  9. Menudo recital que te has marcado. Te felicito. Interesantísimo post.

    Ahora voy a dedicar un tiempo a leer entradas antiguas, a ver si son igual de interesantes.

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    1. Mil gracias y bienvenido. Ojalá el contenido del blog sea de tu agrado.

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  10. Muy notable. Leyendo las memorias de Gonzalo Fernández de la Mora, "Río arriba" (1995) -mi recomendación absoluta-, el autor refiere una conversación con Kissinger. Éste dice que a España aún le faltaba, para dar el salto, convertirse en democracia partitocrática. De la Mora le dice que eso no lo necesita en realidad para ser un país respetado. Kissinger replica diciendo que la comunidad europea y tal ayudarán a que España sea un país más desarrollado, y que nota que su interlocutor quisiera que Franco siguiera en su puesto indefinidamente. Así es: según De la Mora, cada año más con Franco en el poder sería un año más de convergencia en desarrollo con Europa y que "después no lo creo". Lo clavó. Soy demócrata pero lo clavó. No hemos vuelto a igualar aquel nivel de convergencia, que en 1975 alcanzó su mejor momento. De todas maneras le dijo a Kissinger que ojalá tuviera razón porque quisiéramos o no quisiéramos a España la obligarían a seguir esa senda. Sí, así como suena.

    También De la Mora refiere que Carrero no sentía mucho aprecio por Arias, y que si entró en su gobierno fue por decisión de Franco (o más bien de su señora y círculo próximo, según otras fuentes), no porque a él le entusiasmara. Bueno, en general el libro no tiene desperdicio. De la Mora, responsable del plan de accesos a Galicia entre otras muchas iniciativas en Obras Públicas, es autor de otras excelentes lecturas como "El crepúsculo de las ideologías" (tenía razón en lo que decía, eso no lo desmiente la ensalada de siglas que hemos tenido, que se han demostrado inoperantes e incluso destructivas), "La envidia igualitaria" o "El hombre en desazón", y en su momento hizo un repaso minucioso a la vida intelectual española año a año en una serie de libros que imagino descatalogados desde hace mucho. Para él, España arrastraba el problema de una excesiva emocionalidad en la política, de una gran irracionalidad. Eso es sustancialmente cierto.

    Y comparar los meritocráticos consejos de ministros en que participaba (formados por verdaderos especialistas, tildados pronto como "tecnócratas") con la nada absoluta de los consejos actuales ....

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  11. Je, qué cosas, el otro día volví a ver "Perros callejeros", coincidió que la programaban en la tele.

    Casi nunca veo la tele, es un medio que te atrapa como un pulpo, imagínate que ves un buen film clásico, un documental cojonudo, un concurso cultural y cuando sumas te das cuenta de que has cumplido la media nacional de cuatro horas y media delante del aparatejo. Además uno ve cada cosa .... zapeando hace un par de semanas me topé con el programa de Ana Rosa, estaban hablando de "Supervivientes" y que la hija adoptiva de Isabel Pantoja, una chica de origen peruano, iba a concursar. Bueno, alguien dijo que le pasaría como a su hermano, que había abandonado el concurso. Y entonces Lequio, ese hombre, repuso que no tendría por qué ocurrirle igual porque tienen una genética distinta y por ello quizá la chica se podría adaptar mejor. A lo que Ana Rosa dijo sentenciosamente "has hecho un comentario racista". Visto lo visto, he dejado los zapeos.

    Bueno, que me lío, no terminé de ver la peli porque era malísima, no era tan megacutre como la recordaba pero estaba muy mal hecha, me recordaba a alguna peli jamaicana de persecuciones también con música como funky en algunos momentos que estropeaban bastante la atmósfera. Y lo curioso es que en la Imdb anglófona hay comentarios súper-laudatorios. Es una tónica del mundo anglo, existe un culto sobre todo en Usa hacia el cine quinqui, el cine S, las pelis de Piquer Simón y Jess Franco, el terror de bajo presupuesto español o hispanoitaliano, actores españoles de los 70 que casi ningún español recuerda tienen fans en Usa, UK, Japón, Australia ....

    Bueno, pues el Torete se pirra por Isabel, la chica de un clan de algo que parecen mercheros (ya digo que no la vi entera). El padre y patriarca en un señor de ojos claros que parece francés y la chica está interpretada por una actriz muy NB, que se llama Nadia Windel y que no sé siquiera si es española de origen. Si los (ir)responsables del film querían representar a un clan merchero con un mínimo de realismo para que tuviera credibilidad y que el público no se desc****ase, habría que entender que entre los mercheros hay cierta presencia de fenotipos nórdicos, lo que abonaría la tesis de "vikingos extraviados + caldereros centroeuropeos".

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  12. Es increíble como controlas de todos los temas. Este era bastante desconocido para mi. Saludos.

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    1. Bueno, muchas gracias. En realidad lo importante es reflexionar sobre el mundo que nos ha tocado vivir, "rumiarlo" pacientemente y después darnos a nosotros mismos una visión de las cosas. Si es lo bastante sólida y está de acuerdo con nuestras convicciones, después los datos (de los periódicos, de los medios, de la vida real, de los libros, etc) parece como si se acomodaran solos en ella.

      ¡Salud! Me alegra que te esté gustando.

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  13. Aprovechando que el Pisuerga etc en la 2 están pasando un ciclo bastante ambicioso, dentro de lo que cabe, de cine español. Ayer mismo echaron "La semana del asesino", curiosamente. Para los interesados en nuestro cine (que a mí no me vuelve loco, por mis razones que en su momento expuse y que en su momento reexpondré) es más que interesante. Para los interesados en encontrar una ventanita por la cual observar con sus propios ojos cómo era la España pre-mundoquinquera, siempre tras el filtro deformador de la ficción fílmica, también es muy interesante. Lo que nos queda a estas alturas, casi, casi, es eso para saber cómo era el Madrid anterior a los bloques y el Madrid que los vio edificar, con las transformaciones sociales de rigor.

    Hay que tener en cuenta que nos están reescribiendo la historia audiovisual. Más allá de la amabilidad de "Cuéntame", que mucha gente veía porque las yogurteras y las cortinas de macarrones de colores eran idénticas a como las recordaban, hoy en día tienes o "Cine de barrio" -ideológicamente planas y oficialistas las tonterías que programan- o cosas tipo "Velvet en tiempos revueltos" o como se diga, en las que los años 50 nuestros se muestran satinados, limpios, con toda la ropa recién planchada, sin curas, sin carbón, sin la "España negra". Ojo que la juventud va a creerse esa idealización de los 50, al modo y estilo de Usa, que también hizo lo mismo en plan la California de "American graffiti".

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    1. Tienes razón, las series españolas recientes ambientadas en otras épocas tienden a embellecer el pasado. Es algo así como el negocio de las casas rurales: todo muy bonito y limpio, pero falso, como un decorado.

      Hemos pasado de subrayar la negrura (Los Santos Inocentes) a las postalitas amables, limpitas y bien planchadas.

      ¿Y qué me dices de El Ministerio del Tiempo?

      No se sabe muy bien si van en serio, porque los guiones rozan continuamente el ridículo.






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    2. Teóricamente es una serie que introduce detalles de humor relajado y cómplice, yo he visto a medias un par de capítulos, lo curioso es que ha generado un cierto culto, tiene fans. Si te digo la verdad no me interesa nada pero no por un motivo en particular, no me interesa ninguna serie, eso de la "seriemanía" me parece que ya está pasado, hace algunos años veía cosas del canal Adult Swim pero me he olvidado por completo. Ahora, de las series de mi infancia me acuerdo con pelos y señales. Eso sí, de vez en cuando veo "Big Bang" y de ésas.

      ¿Hay un creciente número de pelirrojas en las series Usa o es un delirio mío?

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    3. Pues ayer echaron "La estanquera de Vallecas", repite Eloy de la Iglesia. La peli es mala, es una especie de esperpento muy flojo, pero como alegoría no tiene precio. No sé si la visteis, Emma Penella ya comenzaba a hacer el mismo papel de "Aquí no hay quien viva", sólo le faltaba gritar "¡chorizo!" XD Tengo un recuerdo personal de esta peli que .... prefiero no contarlo. Al grano, es la última peli quinqui. El cine quinqui fue silenciado porque era incómodo y ya no interesaba.

      El tema da para bastante, cuando el Psoe formó una especie de PRI a la española comenzó una ingeniería social que entre otras cosas arrinconó totalmente el cine de género popular (terror, comedia desarrollista, quinquismo), considerado "facha" y "de mal gusto", en favor de un cine "de calidad", vía Pilar Miró (íntima de Felipe). Pasamos de un cine de guerrilla, pegado a los gustos populares, sin ínfulas artísticas, a un cine bien hecho pero acartonado tipo "La casa de Bernarda Alba".

      Los quinquis sufrieron un silencio mediático similar al de los hippies allá por 1970. La tele se llenó de la Movida, los pelos de colores, los artistas "moen-nos", algo que era más bien un escándalo prefabricado y no la palpitante realidad del chabolerío. El discurso audiovisual ochentero es una reescritura sociohistórica total.

      Y eso que cuando más pegó el caballo fue acabando esa década y empezando la siguiente. Tanto Eloy como José Luis Manzano estaban muy enganchados cuando rodaron "La estanquera de Vallecas". José Luis se pasa toda la peli como bañado en sudor amarillento. Murió en el 92, totalmente olvidado. Anda que no murió gente. Por ejemplo, Ray Heredia era un verdadero fuera de serie, dominaba decenas de instrumentos, jovencísimo sacó un disco fundamental del nuevo flamenco ("Quien no corre, vuela") y no llegó a verlo publicado: apareció muerto de sobredosis en el 91. La vida tiene cara amable y tiene la otra cara. Para los de los ministerios, el pueblo sólo debe conocer la amable. Un detalle para quien vio la peli: el personaje que interpreta (es un decir) el bueno de Simón Andreu recuerda un montón a Alfonso Guerra.

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  14. Hace dos días pude ver (empezada) la peli que en los ochenta habían rodado sobre El Lute. Seca, directa, hiperrealista (Imanol Arias se cae realmente de la Vespa), con muchos detalles de ambientación en los que no se hace ningún énfasis, pertenece a cierta corriente de cine agrario chungo que se hizo en España entre finales de los 70, con aquella adaptación de Pascual Duarte, hasta acabando los 80. Deja mal cuerpo. Si alguien añora esa época, que se fabrique una máquina del tiempo y se vaya a ella.

    El quinqui estaba sucumbiendo a su propia autodemolición así como a la demolición de los espacios infraurbanos donde se gestó. Qué mejor que hablar de un quinqui rural auténtico para dejar caer el telón sobre el género, dando a entender que eran ya historia, a juego con el triunfalismo felipista. RIP.

    Curiosamente tiene escenas enteras sin diálogo, algo inhabitual en el sobredialogado cine español, y que le quedan muy bien. Aranda sabía narrar con imágenes.

    Luego ponían "Los pájaros de Baden Baden", que es como Cine de Barrio pero con ínfulas y sin cómicos, año 1975 y un Madrid limpio y geométrico, casi sin tráfico. Pero aguanté sólo media hora. Éste es el mismo país que en 1975 pero es muy distinto. ¿Cómo podría explicarlo?

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  15. Leyendo, entre otras tropecientas mil lecturas acumuladas y atrasadas, "Sin cambiar de camisa", las memorias del hace poco fallecido ministro franquista Utrera Molina. Sobre el tema Carrero, Utrera apunta algo que rompe el discurso oficialista según el cual el almirante de las grandes cejas iba a ser el continuador del franquismo sin Franco, y que la Eta y sus protectores en la sombra nos "salvaron" de ese panorama. Utrera revelaba una confidencia que le hizo la duquesa de Franco: el príncipe Juan Carlos recibió en audiencia a Carrero poco después de su investidura como presidente del Gobierno, y le hizo saber que cuando llegase el final biológico de Franco él como sucesor esperaría la renuncia de Carrero al cargo. El almirante dio su palabra de que llegado ese momento renunciaría, haciéndose a un lado.

    Por tanto, en realidad no estaba "todo atado y bien atado". Más bien, si lo observamos conspirativamente la muerte de Carrero antes de que muriese Franco parece una última oportunidad del "búnker" para atarlo todo, para crear un gobierno "azul" que no se amilanase ante el futuro Rey y siguiese con la idea de una democracia orgánica tercerista más o menos no alineada. De ser cierta esa tesis conspirativa que se me ocurre, la muerte de Carrero sería algo parecido a un inside job con una repercusión fundamentalmente nacional, intestina.

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