sábado, 21 de septiembre de 2013

Universo inflacionario (II): destilerías en Usa, cárteles en México




Aclaración: en ningún momento se hará apología del tráfico de sustancias ilegales en este artículo.



Ésta es la segunda entrada que vamos a dedicar al fenómeno económico de la inflación. Lo ideal habría sido comenzar explicando cuáles son las fuentes de los procesos inflacionarios, algo así como una visión de inicio, de conjunto, para después comentar más prolijamente determinados mercados donde la inflación se ceba más a menudo. El caso es que no lo he planteado así, he optado por un enfoque asistemático en el que he primado conocer previamente los mercados inflacionarios y después inducir una serie de conclusiones generales. De hecho, la primera entrada sobre la inflación era ya de por sí sectorial, pues se centraba en el catalismo de las cajas de ahorro, abocadas a una rápida extinción en apenas tres años. De modo que siguiendo con la misma estructura invertebrada, hablaremos hoy de otro mercado inflacionario de inmensa importancia global.

En principio inflación significa lo que su mismo nombre indica, hinchazón, inflamación. Un exceso. De igual manera que la inflamación descontrolada es una señal de peligro para nuestra salud (la célebre Dieta de la Zona suscribe que toda enfermedad es, ante todo, inflamación), la otra inflamación implica un riesgo para la economía y el pueblo. Nuestras sociedades están inflamadas de dinero. Tal es así que si sumamos las cantidades nacidas ex novo cuando se solicitan préstamos, las transferencias realizadas, las operaciones con tarjeta de crédito, los asientos contables, las letras y cheques, etcétera, nos saldrá una cifra monstruosa que multiplica varias veces la riqueza real del país donde todo ese acúmulo dinerario se produce. Cuanta mayor hinchazón haya en esa economía nacional en relación con su valor real, menos valdrá el dinero en sí -la inflación se come los ahorros de la gente y destruye tejido productivo- y más cerca de una crisis sistémica estará la sociedad, pues cuando haya que convertir en algo tangible todo ese dinero flotante esa sociedad verá que no llega a cubrirlo, pues supera tanto la riqueza real como el dinero efectivamente circulante. Si esas deudas son cubiertas con nueva inflación -generación de nuevos préstamos, refinanciaciones y aplazamientos, titulizaciones-, la bola de nieve seguirá girando un poco más pero el resultado será el mismo: crisis sistémica. Esas crisis sacuden Occidente de modo cadencioso, pendular, casi previsible, y suelen "coincidir" con alzas artificiales de precios en bienes estratégicos que obligan a no posponer la purga del dinero extra.

La génesis inflacionaria, esa irresistible tentación del mundo moderno, será analizada en un artículo futuro. Con todo, conviene retener el dato de que los procesos inflacionarios han vivido un auge extraordinario desde el fin de la Belle Époque y el arranque de los grandes Estados-providencia. La desaparición del "Estado mínimo", típicamente liberal, y su sustitución por los obesos mastodontes públicos ha acompañado a varios llamativos síntomas de crisis: la pérdida de poder europeo, el posible descenso del cociente intelectual medio de los propios europeos, cierto frenazo dee los avances científicos y técnicos (vivimos de rentas, de miniaturización y de bajada de costes marginales: si hoy existen algunos sectores técnicos punteros, hay que recordar que durante la Belle Époque TODOS los sectores eran punteros; hemos tocado techo hace mucho tiempo, y desde entonces las empresas no obtienen beneficios por una mejora de la calidad sino por un adelgazamiento de sus costes de producción, lo que condena a las clases medias), el hundimiento de la visión europea de la vida y la sociedad (sustituida por el marxismo cultural, el californismo y las ideologías débiles) y una crisis demográfica muy difícil de remontar. Y todo tras un siglo de Estados-providencia que como solícitas Mamás Pato se han dedicado a querer ayudar al pueblo, si bien con unos resultados como mínimo opinables. Y no se ve en el horizonte una reforma profunda de esta situación y mucho menos en el caso de España, pues vive en un bucle bipartidista con apariencia de eternidad, sin que se vea la salida a no ser por la destrucción del sistema.

El Estado-providencia es también responsable directo de los procesos inflacionarios, hegemónicos desde la Primera Guerra Mundial. Aunque no es, desde luego, el único responsable. El responsable principal es el intermediario. Sea el Estado, sea un agente privado. El intermediario crea la inflación. Podríamos llamarle intermediario diabólico, no porque sea malvado sino porque separa, divide (eso es diábolos etimológicamente). Es decir, porque sabotea la actividad económica sana. En la actividad económica tenemos un productor, un consumidor y un intermediario. Éste es el que crea la inflación ubicándose en el medio de la interrelación del primero con el segundo.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que soy un cabeza de chorlito que se gasta 200 euros en cinco gramos de coca (cuando si la cultivase y preparase yo -en caso de que fuese legal hacerlo, claro- me saldría por un precio testimonial de céntimos), o que paga esos 200 al ayuntamiento por el IBI (cuando no hay razón alguna, el inmueble es mío y ya he venido pagando todos estos años atrás, ¿a santo de qué pagar otra vez?), o que debe abonárselos a una financiera como intereses de un préstamo. Esos 200 euros de cualquiera de estos ejemplos ¿tienen relación alguna con la riqueza real de mi país? Ninguna. En los tres casos son pura inflación. Y en los tres casos hay intermediarios. El Estado intermedia en los tres ejemplos. Se inserta a la fuerza en la relación entre mi inmueble y yo, exigiéndome un dinero cuya única justificación es mantener su estructura elefantiásica; permite con su inacción que se cobren intereses por un crédito (dinero por nada); y en el caso de los gramos de coca establece entre el producto y su consumidor (sea éste listo, tonto, regular, desaprensivo o como le queráis calificar) un impresionante parapeto, sustancialmente inútil, para que no se envenene. Es un reflejo intervencionista, típico de un Estado-providencia que no se preocupa de lo importante (la demografía, el sector energético, el crédito, el escenario geopolítico) pero que se desvive subvencionando tonterías folclóricas.

El mercado de las drogas es uno de los más inflacionarios que existen, si no el que más. La industria armamentística, el petróleo, las tierras raras, el sector inmobiliario, etc, son altamente inflacionarios, así como (obviamente) el crediticio. Un sector inflacionario a rabiar es el futbolístico. Supongamos que un equipo importante quiere vender a un futbolista. Piden 30 kilos por él. Bueno, pues basta una llamada o un simple rumor, nada más que un rumor, de que en el cortijo de Florentino el Real Madrid están interesados en el chaval para que su precio se vaya a los 40 millones. ¿Tienen algún tipo de relación esos 10 millones con alguna mejora en la economía real? Obviamente no. Son inflación pura y dura. Pero toda inflación, todo margen exorbitante, toda plusvalía delirante es tan irreal como el billete de veinte euros que tienes en el bolsillo (un papel al que se atribuyen poderes mágicos) y a la vez tan real si hay alguien dispuesto a pagarla.


Cuando a alguien le hablan de droga suele tener un reflejo condicionado por esa fea caja skinneriana que es el Estado-providencia. No ve a un druida o a un lugareño que conocen cada secreto de cada hierba. Tampoco ve los cajones llenos de medicinas caducadas que todos tienen en su casa. No. Ve, en cambio, a un urbanita joven fumando plata en un rincón o haciéndose una raya febril con una tarjeta de crédito en un váter o diciendo bobadas con sus colegas mientras se van pasando un ensalivado porrito. La civilización ha sustituido la sabiduría ancestral en favor de un ser urbano aturdido, ignorante y conformista al que se le procura garantizar en compensación una larga esperanza de vida (es el argumento que siempre me sueltan cuando en una conversación defiendo el modo de vida paleolítico, el argumento de la esperanza de vida, vale que es una vida tediosa pero llegamos a viejos, eso es como decir "oye, qué mierda de película he visto, aburrida y mala a más no poder .... pero tenía al menos una cosa buena: ¡duraba ocho horas!"). Para ese ser el caminar por el monte y leer la naturaleza como un libro abierto suena a delirio de Pedro Picapiedra. El Estado-providencia procura proteger a los Gregorios Samsa de hoy de los rigores de la Naturaleza, creando una especie de "Naturaleza paralela" en la que todo viene prefabricado. No sólo los alimentos: también los psicoactivos. Es lo que Antonio Escohotado llama "la era del sucedáneo". Pero tranquilos, esta civilización de los sucedáneos caerá. 

El propio Escohotado tiene un texto fundamental sobre el tema de los psicoactivos, Historia general de las drogas (publicado primero en 1983, pero reeditado sucesivamente desde entonces). En sus casi mil quinientas páginas se trata el panorama, hasta dejarlo exhausto, de las ayuditas vegetales para el atribulado humano. Las sociedades humanas han buscado en la naturaleza formas de conexión con lo sagrado a través del trance extático. El éxtasis inducido de nuestros ancestros paganos tiene con media docena de jovencitos desorientados saltando empastillados en una nave industrial reconducida a discoteca la misma relación que los últimos lieder de Richard Strauss podrían tener con su versión mákina con las voces "pitufadas". Pero Mamá Pato nos ha condicionado para que demos la espalda a la sabiduría de nuestros antepasados, convirtiéndonos en peleles incapaces de un serio ejercicio de autocontrol y con un umbral de tolerancia a la incertidumbre exageradamente bajo. Nos ha condicionado para que dependamos de ella. Vivimos en Mátrix.

No tiene Mamá Pato toda la culpa. El cristianismo triunfante y oficialista, romanizado, tiene también su parte de culpa.  Buena parte de la farmacopea, la botánica, los cultos iniciáticos, todo lo que para los cristianos parecía mundano pero que en realidad era profundamente religioso, fue destruido, laminando toda posibilidad de trance extático, condenándolo como algo pecaminoso, diabólico. Los europeos medievales ya no podían conectar con la Divinidad a través de la Naturaleza, sino que debían contentarse con intentarlo por mediación de un clero lleno de defectos humanos y que ofrecía como única conexión comer simbólicamente la carne del dios expiatorio, en realidad una oblea consagrada, en un rito eucarístico que personalmente considero meramente simbólico, sin sustanciación real.

El trance extático no consiste, como en los ridículos tiempos actuales, en marearse para caer en círculos hasta un estrato inferior de la personalidad, sino en concentrar nuestras potencias intelectuales fluyendo hacia arriba, hacia nuestros límites, hacia Dios, el absoluto o como le queráis llamar. Éxtasis significa "estar fuera de", habitar temporalmente un segundo cuerpo sutil mientras experimentamos lo inefable. El propio Escohotado en su excelente panfleto La cuestión del cáñamo (1997) indicaba que el consumo de psicoactivos llevaba al neófito a probar la pequeña muerte, sentirse tan cerca del no-ser que al regresar uno se siente totalmente libre de la  carga del miedo a la muerte personal, suponiendo el trance un antes y un después en la propia existencia.

El prohibicionismo de las drogas es un fenómeno global relativamente reciente en términos históricos, que se corresponde con la aparición de los Estados-providencia. Tiene un siglo de existencia, como ellos. Para conocer la forja de este proceso histórico (y para muchas otras cosas) es muy recomendable un extraordinario ensayo en castellano, La solución (2012) de la jurista Araceli Manjón-Cabeza, que en mi opinión es una gran aportación al debate de prohibición sí prohibición no.

El debate sobre la legalización del tráfico de psicoactivos está casi tan envenenado como los sucedáneos que circulan bajo el nombre de "droga" por nuestras calles (y digo sucedáneos porque en la dosis apenas hay algo de principio activo acompañado, "haciendo bulto", de ralladura de yeso, excremento seco, aspirina, corteza de queso desmigada y mil cosas más de color blanco). Ese debate enturbiado se basa en dos fetiches absurdos: uno es atribuir amoralidad y falta de responsabilidad a los defensores de la legalización, y otro identificar a éstos con cierta izquierda "blanda" que pretende romper amarras con la sociedad tradicional europea defendiendo el consumo de las contraculturales drogas. Es decir, el debate sobre drogas bebe básicamente de la falacia ad hominem, que sería algo así como:

-Afirmación: "el hombre y el mono tienen antepasados comunes".

-Réplica: "¿sigue bebiendo a escondidas y engañando a la parienta, señor Darwin?"

Los propósitos bienintencionados de los adalides del prohibicionismo (erradicar la droga del planeta, consiguiendo el efecto rebote de que el planeta está atiborrado hasta la coronilla de toda clase de estupefacientes: cada semana aparece una nueva droga de diseño, totalmente legal, y pagada con euros de la economía real española que se van sobre todo hasta China e India), quienes se hicieron fuertes -insisto- con la remisión del liberalismo y la implantación de un estatismo absorbente en Occidente, les impidieron ver la realidad de las cosas. La primera, que unas vulgares hierbas, unas plantejas en principio tan fáciles de eliminar, tienen un poder bestial. No se hizo caso de un ejemplo habitualmente olvidado, el del azúcar, el ingrediente más de moda en todo el segundo milenio d. C. Algo de apariencia tan modesta como la caña de azúcar tuvo un protagonismo destacado, y casi siempre olvidado, en los fenómenos esclavista y globalizador en Ámerica. Todo un clásico sobre la sacarosa, el genial Sugar blues (1975) de William Dufty, expone con agudeza ese proceso. Es lo que tiene la flora planetaria, que está aquí para interaccionar fructíferamente con el hombre; pero el hombre moderno se cree tan sabio, tan omnipotente, tan divino de la muerte que piensa que puede traicionar la amistad del mundo vegetal sin pagar un precio elevadísimo por una conducta tan rastrera. Porque, al igual que el proceso esclavizador debido en buena medida a las zafras azucareras, el tema de la droga no es sólo de salud, sino también geoestratégico. Lo veremos.

Esos mismos prohibicionistas olvidaron el caso chino con el opio extranjero, más rico en principio activo, como un buen ejemplo de cómo un pequeño problema interno puede anonadar a todo un país. Al igual que el dinero vacío, sin apoyo en oro o en trabajo, "dopa" la economía con la droga de la inflación, asimismo la prohibición contribuye a inflar el precio del psicoactivo en origen (hace ochenta años en España el gramo de clorhidrato de cocaína valía algo más que un kilo del ya mentado azúcar, mientras que tras la prohibición y teniendo en cuenta que en el gramo de coca estándar de la calle hay un 5% de clorhidrato ahora te puedes comprar por la misma cantidad aproximadamente 1200 kilos de azúcar: inflación pura y dura, dinero que además se desvía al extranjero, a mafias, a bandas terroristas, a regímenes corruptos o a gente de nuestras barriadas que encuentra un modo más lucrativo de ganarse la vida que la inserción laboral tradicional). La prohibición de las drogas "dopa" toda la economía mundial y la hace adicta a la droga más traicionera y volátil que existe: el dinero. El placer de un gran negocio es bastante similar al de una raya de coca, dicen.

El prohibicionismo useño tenía una raíz WASP. Ya en 1869 se funda el Partido Prohibicionista, muy minoritario pero apoyado por las fuerzas vivas. El gran agitador de la época fue Anthony Comstock, defensor de una ideología conservadora meapilas que vendría a ser la versión useña del supremacionismo inglés de la época victoriana -recomiendo un libro prodigioso, El mundo según los victorianos de David Newsome, para entender bien la mentalidad de aquella época-. El waspismo sentía preocupación por la perspectiva de un vuelco poblacional -no iban desencaminados-, preocupación que quedó reflejada en libros como The rising tide of color against white world supremacy (1920) del singular eugenista Lothrop Stoddard y que intentaron atajar de un modo muy suyo. La mano de obra barata de negros, mexicanos y la última oleada de europeos de países católicos (principalmente Irlanda e Italia) no estaba para ser despreciada, pero a cambio se demonizaron las drogas asociadas a esas minorías: la marihuana de los mexicanos (se afirmaba que tras consumirla ¡¡inyectada!! se volvían extremadamente violentos y lujuriosos), la cocaína de los negros (corrían rumores de violaciones de blancas debidas a negros drogados con Coca-cola) y el vino eucarístico de los papistas irlandeses e italianos, que amenazaban el orden WASP. Los barbitúricos, notablemente tóxicos y que no conferían vuelo espiritual a sus consumidores, fueron permitidos, pues se asociaban -digamos- a la capa "respetable" de la sociedad -respetable y un tanto idiota, permítaseme decir-.

El caso es que en Shangai se celebró la primera conferencia internacional (1909) para prohibir globalmente el tráfico y consumo de drogas. Su eco fue muy escaso. Entre 1911 y 1914 se celebraron en La Haya tres conferencias más sobre el tema, con unos resultados realmente magros (sólo cinco países ratificaron el acuerdo de prohibición). Se conoce que por entonces el sentido común todavía era eso, común. Sin embargo, la prohibición tomó un atajo con el que en principio nadie contaba. Cuando en 1918 los pueblos blancos se cansaron de matarse entre sí, necesitaban un instrumento jurídico para decretar el nuevo reparto de tierras, las reparaciones de guerra y todo eso. Ese instrumento fue el celebérrimo Tratado de Versalles, despótico, roñoso y esperpéntico ajuste de cuentas con Alemania (I). El caso es que el acuerdo prohibicionista de La Haya se coló de rondón junto al Tratado, como una disposición adicional, con lo cual adquirió validez planetaria. Ya estaba el lío armado.


LA LEY SECA

Así se llamó la Volstead Act (1919), ratificada por la decimoctava enmienda de la Constitución, la ley que prohibía el alcohol en Usa, en lo que ha sido uno de los experimentos estatistas más descabellados -y bienintencionados, faltaría más- de la historia humana. Esa prohibición fue muy radical, es más, parte de los ponentes pensaban que el vino y la cerveza -asociados a la humanidad europea desde la noche de los tiempos- estaban excluidos de ella. Recordemos las palabras publicadas y radiadas por el propio senador Volstead:

"Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno".

Pero como es obvio una cosa es la palabrería beata y otra muy distinta la realidad. Durante sus catorce años de vigencia no hubo tiempo para aburrirse. Teóricamente todo alcohol estaba fuera de la ley, salvo la sidra, el vinagre, el prescrito como medicamento mediante un registro especial (un auténtico coladero donde se apuntaron cien mil facultativos) y algunos casos residuales, como el vino para las misas y los ritos judíos. Mamá Pato crece exponencialmente: las fuerzas policiales multiplican su número y atribuciones, instalándose en su seno una corrupción escandalosa. Uno de cada tres agentes encargados de vigilar el cumplimiento de la Ley Seca tienen notas desfavorables en el expediente. Dos secretarios (nuestros ministros) fueron condenados por contrabando y colaboración con mafias. Éstas surgen como setas, agrupadas en tres grandes obediencias: la irlandesa, la italiana y la judía. La población reclusa se multiplica por siete (otro efecto inflacionario), incluyendo a setenta mil médicos, farmacéuticos y veterinarios. Todo el país está infiltrado de corrupción.

En cada rincón cualquiera inaugura una destilería. En cada sótano puede esconderse un alambique que trabaja desaforadamente surtiendo de alcohol muy dudoso a una demanda interna que se dispara (en personas, en litros y en dólares). Las muertes por alcohol adulterado frisan las 30000 (por presencia de alcohol metílico en el garrafonazo). Los afectados por lesiones permanentes son más de 100000. Se puso de moda una bebida hecha con jengibre de Jamaica a la que se añadió un disolvente industrial: nació la llamada parálisis del jengibre de Jamaica, que en la zona de Chicago se cobró decenas de miles de afectados. Proliferación de mafias, problemas serios de salud pública, corrupción institucional, decadencia de la ética médica y farmacéutica, desvío de dinero del pueblo a combatir policialmente una guerra absurda (a la que no daban abasto: en Nueva York realmente la prohibición apenas existió, pues el tráfico ilegal era completamente imposible de detener y fiscalizar) y a mantener una población penitenciaria disparatada, y ni rastro del panorama idílico que pretendía Volstead. Su malhadada ley fue derogada en 1933.

Esa derogación fue un duro golpe para los gángsters y el stablishment corrupto, dado lo cual redirigieron sus esfuerzos hacia la heroína, prohibida desde 1924 -otras opciones no parecían muy viables: la morfina era minoritaria y la cocaína tenía la competencia feroz de las anfetaminas, entonces requetelegales y de venta libre en farmacia (II)-. De hecho, gang que no se reorientaba a la nueva droga-estrella prohibida, gang que se dirigía a su eliminación -a eso se alude en "El Padrino" de Puzo y Coppola (1972)-. Pero ésa es otra historia.

Ahora nos dirigiremos, como segundo ejemplo prohibicionista, al vecino del sur, a México.


LAS PATAS DE LA MESA

La coca es una de las patas de la mesa farmacológica, junto con el alcohol, el cáñamo y el opio. Esas cuatro patas han formado parte de la cultura tradicional de numerosos pueblos (precolombinos, en el caso de la hoja de coca). En el caso del alcohol, las autoridades se molestaban en que fuese de calidad, algo así como un precedente de nuestros controles sanitarios (imposibles por definición si una droga es ilegal), imponiendo penas muy severas. El Código de Hammurabi, por ejemplo, castigaba duramente a quien rebajase el vino con agua. Algo así pasaba también con la cerveza, muy apreciada por los antiguos egipcios, para quienes venía a ser algo así como pan en estado líquido. Tras la llegada del azúcar a Europa, el que era descubierto sofisticando la cerveza -es decir, añadiéndole azúcar (III)- era a menudo linchado. Con las cosas de comer no se juega. En cuanto al cáñamo y al opio, tenemos que remitirnos de nuevo a los antiguos egipcios. Éstos empleaban vahos de humo de cannabis especialmente como analgésico, pues una de los rasgos de aquella gente era su horrorosa dentadura y el carácter pionero de la odontología (el primer médico del que se tiene constancia, Hesi-Ra, era dentista), debido a su alimentación híper-neolítica, atiborrada de carbohidratos y pobre en grasas saturadas. De esos desastres dentales no se libraban ni las clases altas, faraones incluidos. También usaban el jugo de adormidera, incluso como somnífero para los bebés. Los romanos también conocían el opio, de tráfico libre pero con el precio intervenido oficialmente. Marco Aurelio consumía regularmente opio desleído en vino. Básicamente paganismo equivale a libertad de consumo. El propio término phármakon significa tanto "veneno" como "medicina", lo que apela a su ambivalencia en función de la dosis y a la madurez del consumidor, tratado como un adulto responsable.

La coca es la droga tradicional de las gentes andinas, a las que confería un gran vigor para soportar trabajos muy penosos, además de prevenirles del mal de altura. Prevenidos de cualquier tipo de influjo cultural antipagano, la consideraban un feliz regalo de la tierra para mejorar sus vidas. Con la llegada de la industrialización y los avances farmacológicos se aísla el alcaloide, que tiene un gran éxito en todo Occidente. Sigmund Freud se convierte en toda una autoridad mundial en su estudio. Era una época de permisividad, aquel siglo XIX, en la cual uno de los regalos más habituales entre los miembros de la clase alta eran jeringas de oro y de plata. Nacen las droguerías (se les llama así por algo) y nacen también curiosos preparados, como el vino de coca. Uno muy famoso en su época fue el Mariani, que consumía el mismísimo León XIII (sí, el de la encíclica Rerum novarum: se conoce que no le disgustaban todas las novedades) y que llegó a prestar su imagen para las etiquetas de las botellas.

Volvamos a América. Un antiguo confederado, John Stith Pemberton, ideó un tónico que contenía cocaína, el "whine of coca, ideal tonic", la primera coca-cola, en principio con objeto de combatir la adicción a la morfina (responsable de que los hospitales de campaña de la Guerra de Secesión estuviesen silenciosos como templos, sin los escalofriantes gritos de dolor que se escuchaban antes). Con el tiempo quitó el vino de la composición, sustituyéndolo por agua gasificada. Curiosamente, vendió la patente por un precio bastante ridículo visto con la perspectiva del tiempo (pasa a veces). Cuando en 1909 se ilegaliza la cocaína en Usa, los responsables optan por sustituirla con cafeína. Eso sí, se siguen utilizando hojas de una variedad ecuatoriana de la planta de coca para aromatizar la bebida. Lo que hacen es despojar a las hojas del alcaloide prohibido (lo ha hecho tradicionalmente una empresa de New Jersey), viajando ya descocainizadas a Atlanta.


¿QUÉ OCURRE EN MÉXICO?

Desde hace años la nación mexicana sufre en su seno una guerra civil larvada que arroja cifras espantosas en vidas humanas, sufrimiento, pobreza e inseguridad. Varios grandes emporios del tráfico de drogas, los famosos cárteles, se disputan entre sí el terreno de influencia mientras combaten los esfuerzos gubernamentales por rendirles, en una espiral inflacionaria de violencia que todos los días arroja noticias de tiroteos, matanzas, vendettas, casas incendiadas, corruptelas y prácticamente todos los exponentes conocidos de la delicuencia.

La ruta de la coca colombiana era sobre todo marítima, recalando en su mayor parte en Miami, donde se generó a su vez una poderosa mafia. Para estrangular este comercio (en esa tarea se aplicaban la CIA, el FBI y la muy poderosa DEA) se optó por dos vías. La primera fue impedir la elaboración de cocaína a partir de la pasta base de coca (en buena medida el producto llegaba a Usa sin estar "terminado"). Esta pasta base se preparaba con queroseno; para conseguir cocaína se empleaban tres precursores: éter, acetona y ácido clorhídrico. La administración useña optó por controlar rígidamente la comercialización de los precursores, lo que llevó a un curioso efecto rebote. En efecto, las mafias optaron por aprovechar la pasta base de otro modo, tratándola con los muy baratos bicarbonato y amoniaco, y haciendo remover la solución en grandes ollas a fuego lento y con grandes palas: aparece el crack, un cristal fumable que ofrece mucho más margen de beneficio y un vuelo cortísimo al consumidor, de no más de cinco segundos de placer, provocándole una dependencia atroz y unos daños graves a la propia salud en muy poco tiempo. En la capital del mundo, Los Ángeles, la población afrouseña fue machacada por las oleadas de crack que ya no venía por el mar.

Así es, la segunda medida fue el bloqueo de la ruta marítima hasta Miami, que perdió interés en favor de una ruta alternativa más difícil de manejar por las terminales del atlantismo: la ruta terrestre. Esa ruta, obviamente, tenía que pasar sí o sí por México. Antes de ese viraje, en la gran nación al sur del río Grande los grupos dedicados al tráfico de drogas se ocupaban de pequeños negocios, basados en la marihuana y la heroína, que producían, elaboraban y comercializaban. No eran todavía intermediarios diabólicos de coca. Entre las lecturas más destacadas para conocer la génesis del fenómeno quizá Los señores del narco (2010) de Anabel Hernández sea el más renombrado e ilustrativo. La brava periodista afirma que por aquel entonces los narcos no producían los dolores de cabeza que sí ocasionaban otros grupos, especialmente los guerrilleros, así que la administración mexicana (dominada a lo largo de décadas por el PRI) regulaba off the record el tema y custodiaba el tráfico de la droga hasta la frontera, a cambio de una mordida (impuesto irregular que en parte se destinaba a combatir la subversión) y de que esos grupos ni vendieran la droga en suelo nacional ni adquiriesen armas (es decir, que no asumiesen un carácter paramilitar). Al parecer, con De la Madrid esos impuestos comenzaron a quedarse en los bolsillos de los funcionarios y, además, se aprovechó un porcentaje elevado del dinero de la coca para financiar a la Contra nicaragüense, según Hernández con pleno conocimiento de De la Madrid. Aparecen los primeros cárteles realmente poderosos, como el de Juárez y el de Guadalajara, en una década en la que México se convirtió en la pieza clave del abastecimiento useño de la coca andina (un 60% según la DEA, aunque otras fuentes lo sitúan en el 90%). El cártel de Guadalajara se dividió tras la caída de su capitoste en 1989, en los cárteles de Tijuana (o Arellano Félix) y el de Sinaloa (comandado por el celebérrimo Joaquín Chapo Guzmán). Poco a poco van creciendo y asumiendo sus zonas de influencia y control.


 Anabel Hernández. Foto: Johan Wingborg.

Amado Carrillo Fuentes, al frente del cártel de Juárez, controlaba la salida de la coca en Boeing 727 preparados al efecto. Por esa práctica aérea se ganó el alias de Señor de los Cielos. El general Jesús Gutiérrez Rebollo, responsable de Jalisco, le ofreció cobertura y protección para los aviones. Con fama de incorruptible (¿?) llegó a ser el máximo responsable antidroga de México hasta que se descubrió su relación con Carrillo. Éste falleció -dicen- dos días después de someterse a una operación de cirugía plástica (los médicos que le atendieron fueron asesinados). La asamblea que le sucedió (donde estaban sus hermanos y el Chapo) terminó en enfrentamiento. El Chapo llegó a estar detenido pero logró fugarse del penal de Puente Grande en 2001 al poco de ser trasladado allí (al parecer desde entonces se le llama "Puerta Grande") y hoy es tenido como el narco más importante del mundo, apareciendo en la lista Forbes de personas más ricas (en la última hay quince narcos mexicanos).

La impresión de mucha gente es que el gobierno mexicano ha optado por favorecer a un cártel en concreto (Hernández y otros autores afirman que así obraron Zedillo, priísta, y Calderón, ya del PAN), el de Sinaloa, para que gane su "guerra" contra los cárteles rivales. Todos están sujetos por un entrelazado de frágiles alianzas y de desconfianza mutua. Hay tanta gente involucrada, tanta casuística, tantas obediencias, tantas traiciones, que la correlación de fuerzas entre cárteles es difícil de desentrañar desde fuera. Y más cuando desde la victoria del PAN en el 2000 el panorama ha empeorado enormemente.


SIGLO XXI Y NARCOVIOLENCIA

Durante la presidencia (IV) del primer gobernante panista, Vicente Fox -vencedor en el 2000-, la narcoviolencia se cobró una cifra ya muy abultada, diez mil víctimas. En tiempo de su sucesor, Felipe Calderón, el problema se ha agravado hasta extremos atroces. Poco después de ser investido en diciembre del 2006, Calderón optó por militarizar el asunto. Ante la eventualidad de que el narco se hubiera infiltrado profundamente en las filas de la policía, el Ejército ocupó su lugar, adoptando una visión y una actitud bélica ante un problema de delincuencia. Los resultados han sido terribles. Durante los seis años de Calderón la narcoviolencia ha costado más de 70000 muertos, con un número de desaparecidos rondando los 10000. La impunidad por los crímenes ha llegado a rozar el 95%. Cuando se declara una guerra, se recogen estadísticas de guerra. La población penitenciaria se multiplica. La corrupción sigue infiltrando las instituciones. Abundan también los "levantones" o secuestros, así como el pago de narcocuotas, algo así como la típica protección de la mafia clásica. Todos los días en México ocurre algo, pasa alguna desgracia, decenas de muertos en una discoteca, en un autobús, en un casino, etc.  Un goteo continuo de tragedias. Hoy en día hay decenas de miles de desaparecidos oficialmente reconocidos como tales, pero en 2010 la comisión nacional de derechos humanos hablaba de una cifra cercana, unos 20000, que correspondía solamente a los inmigrantes centroamericanos que languidecían en suelo mexicano "levantados" por los narcos.

La Bestia es el ferrocarril que vertebra México de sur a norte, de Chiapas a Baja California Norte. Es parte fundamental del tráfico humano de inmigrantes (mayoritariamente guatemaltecos) hasta Usa, tráfico controlado por los Zetas (este cártel, en el que abundan los ex-militares, no se dedica especialmente al narco, sino a una diversificada "oferta" de actividades delictivas, principalmente la extorsión, la trata de mujeres, los cedés piratas y el sicarismo). Bastantes testimonios afirman que las autoridades y funcionarios están en connivencia con este tráfico. Numerosos inmigrantes son extorsionados e incluso secuestrados, y muchos de ellos duermen hoy en las "narcofosas"; algunos son reclutados como narcosoldados por los cárteles (que cuentan en sus filas con antiguos militares de Guatemala, y mexicanos, claro; además, los Zetas tienen alucinantes métodos de captación de nuevos narcosoldados). Los menores de edad no escasean entre las filas de los narcos: se cuentan por decenas de miles. El Grupo de Trabajo de la ONU sobre las desapariciones echan la culpa de algunas de ellas a la militarización.

En una situación así los periodistas se juegan la vida. Por eso se ha denunciado varias veces que en lo tocante a la narcoviolencia la prensa local da noticias poco detalladas, informando de tiroteos o de asesinatos pero sin entrar demasiado a lo concreto. Ese hueco informativo ha sido llenado con actividad bloguera. El Blog del Narco se ha hecho mundialmente célebre. Hay también voces disidentes que señalan que por parte gubernamental se está intentando amordazar a la prensa. No deja de ser chocante que Usa haya concedido estatuto de refugiado político a gente mexicana a raíz de la guerra contra el narco, pues se trata de un país democrático, amigo, vecino y teóricamente en paz, donde funciona -suponemos- el estado de derecho.

Un caso concreto. Monterrey ha sido durante mucho tiempo motivo de orgullo para México. Capital del estado de Nuevo León -fronterizo con Usa por una estrechísima franja de terreno-, fue llamada la Sultana del Norte y presumía de un centro docente de verdadera élite, el Instituto Tecnológico y de estudios superiores. En 2005 era la ciudad más segura de toda Iberoamérica. Eso es mucho decir en un continente, el iberoamericano, muy dado a las "balaceras" (véanse los casos de Venezuela, donde incluso existe un culto religioso espiritista hacia el estrato delincuente, los Santos Malandros, o de Honduras, con una elevadísima ratio de homicidios, quince veces superior a la de Usa). Hoy por hoy desgraciadamente se ha convertido en un campo de batalla entre la Nueva Federación (Sinaloa, Golfo y Familia Michoacana) y los Zetas. La caída de Treviño Z-40, anterior líder zeta, semanas atrás supondrá el recrudecimiento de la guerra, pues el Chapo querrá aprovechar el posible momento de desorientación del cártel rival. Es muy importante ese momento porque los Zetas (que realizaron espantosos actos de violencia en Monterrey y alrededores estos años) controlarían una franja de gran relevancia desde Tamaulipas hasta Quintana Roo, franja en la que -entre otros muchos reclamos- está insertado el hiperturístico enclave de Cancún. Sinaloa no perderá la oportunidad de ganar más terreno, además en un momento en el que se recrudecen los conflictos en el que ha sido su hinterland: el Triángulo Dorado.


Fuente: CIA. Aunque México es el gran cuello de botella del tráfico hacia el norte, no sólo es ya tráfico sino también mucha producción. En el mapa no figuran ni el cáñamo ni las sintéticas.

Se le llamó así desde los años setenta a una región compartida por Sinaloa, Chihuahua y Durango, perteneciente a la Sierra Madre Occidental, un paraje muy elevado, de difícil accesibilidad y con notable porcentaje de población indígena, donde ya los narcos cultivaban marihuana y amapola antes de la apertura del mercado de la coca (hoy este paraje se está abriendo también a la elaboración de drogas sintéticas, como también está ocurriendo a gran escala en Michoacán: en el Triángulo reside quizá el mayor laboratorio del mundo especializado en tan peculiar producción, y una de cada tres toneladas de metanfetaminas decomisadas en el 2011 son de producción mexicana). Gracias al Triángulo Dorado en suelo mexicano las tres patas ilegales de la mesa suponen un tráfico de valor astronómico: coca foránea, marihuana y heroína autóctonas.

Ciudades como Monterrey o Ciudad Juárez son nudos de comunicaciones que por la cercanía con Usa se convirtieron desde un principio en objetivos a controlar por los cárteles. Es curioso que, mientras en Ciudad Juárez se celebran los "días sin muerto", su hermana del otro lado de la frontera, El Paso (sólo les separa medio kilómetro), es la más segura de Usa, tras Honolulu, según datos del año pasado. La droga parece bajar rodando desde el Triángulo Dorado hasta alcanzar su mayor velocidad cerca de la frontera useña, convirtiéndola en algo imparable, en una fuerza de la naturaleza, fuerza desatada por el hombre. 


TRAS CALDERÓN

La militarización del narcoconflicto según la hoja de ruta de Calderón, con aprobación de Washington, ha resultado un desastre, y por varias razones:

-Las autoridades pensaron que los cárteles se amilanarían. Olvidaron los ejemplos de la mafia de otros países, como en la Italia de los ochenta y la Colombia de los noventa. Los cárteles aceptaron el reto y llevaron a cabo una escalada de violencia de cuño terrorista.

-Una organización jerárquica como es el Ejército no parece la más indicada para luchar contra otro tipo de organización muy distinta, reticular, horizontal, como la de los cárteles. Capturar a un jefazo implica un hueco que es llenado con prontitud. Las estructuras en red resisten mejor los impactos, su carácter invertebrado les permite reorganizarse rápidamente, en cuestión de días. Y ahora, con las nuevas tecnologías en tiempo real, en cuestión de minutos.

-La actividad militar implica neutralizar el objetivo y hacer preguntas después. Digamos que es una actividad que pone punto final a un proceso. Eso no está en consonancia con el sistema actual de estado de derecho, en que la persecución del delito no pone punto final, sino que es el arranque: detrás de la actuación policial viene la judicatura. Eso provoca un cortocircuito en las instituciones similar a un elefante en una tienda de porcelanas.

-La narcoviolencia se desarrolla en zonas próximas a la concepción guerrillera del combate (núcleos urbanos, sierras, zonas de acceso complicado), donde convendría mejor oponerles tropas pseudo-guerrilleras, alejadas del combate convencional.

-La narcoviolencia, en contra de lo que piensan los ingenuos, no se limita a vender droga. Empieza por ahí pero acaba haciendo de todo y vendiendo todo (incluso gente, como los secuestrados, las prostitutas y los inmigrantes). Son Estados-pulpoides opuestos al Estado-providencia que con su estupidez les ha creado un mercado, y que también a su modo ejercen la beneficencia entre las clases bajas (donde los grandes narcos a menudo son reverenciados como benefactores del pueblo).

-No garantiza que no se repita uno de los grandes problemas: la corrupción infiltrada. Es un problema imposible de quitarse de encima, al parecer. ¿De qué sirve erradicar la droga si en cualquier momento puede regresar de nuevo?

Pero entonces, si la situación es tan trágica, tan dolorosa para la nación mexicana, ¿por qué no se adopta otro enfoque del problema? ¿Tal vez la rigidez ideológica que predica que las drogas son malas y punto, y hay que luchar contra ellas? ¿Y por qué Usa parece estar al tanto de todo? ¿Sólo por pura cuestión de vecindad? Recordemos la operación Fast & Furious, que consistió en la adquisición, liberación y envío de casi mil armas automáticas en el 2009 hacia los territorios de los cárteles mexicanos, según algunas fuentes todo ello con el plácet de la oficina federal useña, a ver si los narcos "picaban" y al adquirirlas se descubrían. Como se esperaban los malpensados, el rastro de las armas se perdió, reapareciendo en manos del narco y costándole una de ellas la vida a un ranger texano. Muchas voces han alertado de que esta operación ha sido una jugada a favor de Sinaloa, al que querrían tener como único cártel operativo. Y todo, recordemos, durante la administración de Obama, premio Nobel de la Paz.

¿Qué ocurrirá durante el mandato de Peña Nieto? De momento, el panorama sigue siendo muy sombrío para México y su gente.


UNA CONCLUSIÓN PROVISIONAL Y VARIAS DEFINITIVAS


Primeramente, hay que decir que la guerra contra la droga está radicalmente perdida. No es que se haya perdido con el paso del tiempo, sino que -como todo observador agudo habría podido pronosticar- se perdió ya en el minuto uno. Es absolutamente evidente. El propósito del waspismo, erradicar los psicoactivos de la faz de la tierra, ha terminado en un planeta inflacionado de droga por todas partes, donde ya no basta con las tradicionales sino que además se implementan productos nuevos continuamente, en una renovación interminable. Normal. Es el resultado de convertir un mercado como otro cualquiera, interponerle un intermediario diabólico -los Estados-providencia, que según parece no tienen otra cosa que hacer que evitar que en alguien cultive unas plantitas de cáñamo en su huerto- y crear una burbuja inflacionaria bestial, insultante para cualquier inteligencia mínimamente despierta, que no sólo ha condenado a generaciones enteras sino que destruye la biodiversidad en un ataque similar a la llegada del Neolítico, genera delincuencia de la peor especie y distrae cantidades ingentes del dinero de los contribuyentes para frenar -sin éxito- la circulación a un precio astronómico de basura adulterada que se podría comprar por un precio ridículo en la tienda de la esquina, tras haberla producido en nuestro suelo y tras haber pasado por todos los controles de pureza necesarios.

Además, la prohibición convierte en interesante, atrayente, popular, horizontal, magnético lo que en principio era un consumo muy moderado e incluso residual. Genera de paso una subcultura bastante estéril e idiota que sirve como banderín de enganche para las ideologías de la era postmoderna. La droga como es entendida hoy no aparece como un estímulo elevador, extático, del hombre sino como un elemento igualador por lo bajo, por lo abyecto. Tanto es así que si un país es demasiado pobre como para demandar en suficiente volumen las drogas-estrella prohibidas, sus clases bajas participan de la "fiesta" recurriendo a la inhalación de disolvente, cola y lubricantes, legales y baratos (y fáciles de robar).

Otro aspecto a considerar. La legislación penal es siempre el último recurso en una sociedad sana. Debe regir el principio de intervención mínima. El prohibicionismo lo ha vuelto del revés, pues ha alimentado la fantasía de que la legislación penal es la panacea, lo que implica más gasto, más sufrimiento y más distorsión social, lo que yo llamo la estrategia de Jerjes. Un futuro artículo arrojará más luz sobre este tema.

TODOS saben que la guerra contra la droga está absolutamente perdida. No se puede luchar contra un mercado inflacionista global con el mismo método, es decir, inflándose (más controles, más policía, más gasto, más restricción de derechos). HAY QUE PINCHAR EL GLOBO. Así de simple. ¿Qué guerrilla, qué grupo terrorista, qué banda extorsionadora, que flotilla de pateras llenas de ilegales jugándose la vida se financian con las plantitas de mi huertito? Absolutamente ninguna. Pero entonces ¿a santo de qué la prohibición?

Usa ha perdido el poder prácticamente omnímodo que antes tenía sobre su patio trasero, Iberoamérica y especialmente la región centroamericana. Hasta unas pocas décadas atrás hacía y deshacía, directamente o con sus multinacionales, como la famosa United Fruit Company (la mamita yunai de los indígenas). Con el tiempo el dogal useño sobre el resto de América se ha ido aflojando y varios países le han salido respondones. Incluso esa situación se les ha agravado en los últimos tiempos, con la oleada populista que gobierna en la mitad de Iberoamérica (los más famosos: Correa, Cristina, Evo Morales o el chandarlatán -perdóneseme el neologismo- Maduro, con los hermanos Castro de referentes intelectuales -hay que joderse- y Chávez como presunta figura mesiánica). En estos tiempos, el prohibicionismo y los tentáculos atlantistas -descaradamente imperialistas: es así- tienen la coartada de la lucha contra la droga para poder seguir mangoneando en la política interior de las naciones soberanas de su mismo continente. Ésa y no otra va a ser, al final, la razón última del prohibicionismo, lo que es coherente con su aparición, que coincide con un aumento muy notable del peso useño en la política internacional y su deseo de extender el atlantismo. ¿Es casualidad que desde que Usa intervino en Afganistán a raíz del 11-S los campos de adormidera hayan crecido exponencialmente? Sin salirnos de Iberoamérica, es preocupante el caso de Paraguay, donde el atlantismo ha tendido sus redes (empleando curiosamente como palanca una multinacional también relacionada con la flora y el suelo cultivable: Monsanto) y que se ha convertido en una potencia mundial en la producción de psicoactivos (por ejemplo, el 15% de la marihuana de todo el mundo), con cerca de un millar de pistas de aterrizaje irregular. Otro caso singular es el de Honduras, donde se está realizando -con dinero surcoreano- un notable experimento geopolítico y social debido al lobby anarcocapitalista useño, las ciudades chárter, urbes francas y autogestionadas, que hacen vida aparte del Estado que las alberga y que se teme que signifiquen intervencionismo atlantista desbocado y tierra de nadie para el narco. Veremos. Pero no pinta bien. La prohibición tiene el sentido geopolítico de poder influir en países soberanos y de poder convertirlos en plataformas atlantistas. Piénsese, ya lejos de Iberoamérica, en Marruecos, Turquía, Kosovo y el citado Afganistán. Pero el caso americano es realmente escandaloso. Supongo que un día se sabrá toda la verdad.


En fin, sólo me queda decir: ¡¡viva México, cabrones!!





(I) - Fijaos si fue esperpéntico que, entre las indemnizaciones de guerra debidas por los alemanes, éstos tenían que devolver a Gran Bretaña ¡¡una calavera!!, la de un reyezuelo africano a la que su gente le suponía atribuciones mágicas.

(II) - Cuando el doctor Robert Atkins, publicitador de la dieta del mismo nombre, publicó su primer libro en 1972, se quejaba de que Usa era un país anfetaminizado, pues en esas pastillas inhibidoras del apetito se basaban la mayoría de las dietas de adelgazamiento de entonces, basadas en pasar hambre, en una sociedad que ya se estaba volviendo claramente obesa.


(III) - Hoy en día se le añade azúcar para carbonatarla, mezclando el almíbar con la cerveza antes de proceder al embotellado.

(IV) -  El presidente mexicano es elegido por voto directo por un tiempo de seis años. No puede ser reelegido. Bastante distinto del sistema español, y quizá mejor.


12 comentarios:

  1. Última hora: el ex-presidente Vicente Fox DEFIENDE LA LEGALIZACIÓN del tráfico de drogas. Lo hizo en la presentación de un libro de otro ex-presidente, el colombiano Ernesto Samper, quien defiende LA LEGALIZACIÓN GRADUAL del tráfico.

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    1. Fox, sobre la necesidad de legalizar la marihuana: "¡Urgentemente!"

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  3. Secuestro exprés y ficticio de un grupo indie español, Delorean, en Ciudad de México, a donde han viajado para participar en el Mutek. Ya están libres.

    Aquí son poco conocidos pero en el mundillo internacional se les tiene por las nubes. Preguntad en Pitchfork si no me creéis.

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  4. "¿Usted sabe como se financia Human Rights Watch? Lo financia el cártel de Sinaloa"
    Rafael Correa

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  5. Correa es como Maduro, en ese sentido. No le gustan las voces críticas y lanza acusaciones conspiratorias gratuitamente. La constricción de la libertad de expresión y de crítica al poder en varios países de Iberoamérica es preocupante, parece ir a más.

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  6. Recordando el tema mexicano, y más con el escandalazo de la desaparición de los 43 estudiantes, creo que este link es bastante sugestivo:

    http://www.veracruzanos.info/narcocracia-vs-narcoinsurgencia/

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  7. Oregón y Alaska se han unido a la legalización del cáñamo recreativo, por decisión del pueblo. Ya son cuatro estados, con Washington y Colorado.

    Significativamente, Florida ha dicho nones. Los estados que la han legalizado están lejos de la frontera sur, es decir, de la entrada. Son también estados más caucasizados que la media, y poco urbanizados, con menos densidad de población que la media salvo Washington. Se ve naturaleza, más plantas, más verde, y hay menos psicología urbana errática. Imagen de Alaska:

    http://thechronicleherald.ca/sites/default/files/imagecache/ch_article_main_image/articles/B97196519Z.120130619085519000G7S378E6.11.jpg

    (imagen: The Associated Press)

    Es, digamos, los otros Usa, con otro ritmo y estilo de vida. No creo que el país se escinda, pero que la decantación geográfica se nota es algo innegable.

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  8. Las noticias que llegan en lo que va de año siguen en la onda de años anteriores y el problema no se ataja sino que se agrava. El plan para des-narquizar Tamaulipas, implementado la primavera pasada, está fracasando ostensiblemente. En las últimas semanas, setenta muertos en balaceras. La reciente visita de Osorio Chong no ha detenido los continuos tiroteos y "plagiados". Por otra parte, la llamada "Reina del Pacífico" cuya detención fue presentada por Calderón como un antes y un después, ya está en la calle. Parece ser que al final su peso en el organigrama del narco era más bien marginal. Y el tráfico de heroína de México a Usa ha crecido un 15% el pasado año.

    Todo son señales de lo que ya he dicho en el artículo, y el tiempo sigue dándonos la razón a los que pensamos que existe una estrategia muy distinta y mucho mejor. No se puede ganar la guerra a la droga. NO SE PUEDE. ¿Ok? Ahora bien, sería cosa de conocer qué intereses nada idealistas están detrás del mantenimiento de la actual estrategia, que lleva un siglo fracasando estrepitosamente.

    ¿Qué pasará cuando la crisis energética, peakoilismo mediante, sea inevitable? ¿Hacia dónde girará la cabeza una gran masa de jóvenes desempleados en busca de un modo de vida que les dé la posibilidad de un futuro? El tiempo juega en contra. ¿Nadie lo ve? Esto no ha hecho más que empezar.

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  9. Ingsoc tras ingsoc. Todas bienintencionadas, eso sí. Recientemente en Ciudad Juárez se han destruido unas 15000 armas de juguete que en su momento estuvieron en manos de niños de la atribulada ciudad y que les fueron canjeadas por otros juguetes de orientación más didáctica a lo largo de una campaña de concienciación a lo largo del pasado 2014.

    Toda iniciativa está bien para aliviar los problemas de la gran nación mexicana, pero a nadie se le escapa que se podría abordar otro tipo de iniciativas más osadas y radicales. La cuestión no está en los juguetes, sino en todo lo demás. Los niños del siglo XIX jugaban con espadas y fusiles de madera, y no por eso se metieron a narcos y sicarios del narco, porque no existía prohibición y por tanto no existía ese mercado adulterado, inflacionado e infiltrado por doquier, y por tanto tampoco había narco, ni poderosas agencias useñas husmeando en el patio trasero iberoamericano, ni Estados amenazando con fallar, ni bandas terroristas financiadas con trapicheos.

    Esa iniciativa, seguro que abordada con la mejor intención, me recuerda a aquella superstición de que si un niño jugaba a las cocinitas sería homosexual de mayor. Bueno, pues yo de niño jugaba a las cocinitas (y a más cosas) y me gustan las tías más que a un león la carne de antílope. Y además me aburre cocinar :-P Vamos, que conmigo los ingenieros sociales harían pleno.

    Recientemente ha habido un doble feminicidio en Ciudad Juárez, madre e hija asesinadas por arma blanca. Descansen en paz. ¿A alguien se le ocurrirá prohibir que los niños empleen el cuchillo en la mesa a la hora de comer?

    Ojalá México salga de este horror lo antes posible. Y lo hará si toma las medidas adecuadas, que todos sabemos cuáles son.

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  10. Acapulco, la perla del turismo mexicano, es la quinta ciudad más violenta de Iberoamérica según el organismo brasileño Igarapé (las más violentas son todas de Centroamérica). Sólo es superada por San Salvador, Basseterre, Caracas y San Pedro Sula.

    El "guano" ha llegado hasta Acapulco. ¿Os acordáis de aquella infecta serie llamada "Acapulco heat"? Ahora el turismo está de capa caída, la ciudad se la disputan cinco cárteles, uno de ellos autóctono de la ciudad. La autoría de los asesinatos se esclarece en un raquítico 3,3% de los casos. Los testigos se saben en peligro.

    El puerto es ahora nudo crucial en el nuevamente emergente mercado de la heroína. Por él entran los precursores para elaborar y cortar el alcaloide, y por él sale la heroína lista para capilarizarse por Occidecadente. México es ahora una de las potencias mundiales del jaco. Desde que escribí el artículo la superficie de plantaciones de amapola ha crecido en un 62%, preferentemente en el Triángulo Dorado.

    En Acapulco se calculan unos 50 puntos de negocio relacionados con la heroína, que podrían dejar cada día el equivalente a unos 400000 dólares. Con ese dinero diario se pueden pagar muchos sicarios. Muchos.

    Igual antes que ahora, la solución más radical está donde estuvo. Donde la dejó Araceli Manjón-Cabeza.

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  11. http://www.eluniversal.com.mx/articulo/mundo/2017/07/20/uruguay-inicia-con-exito-venta-de-marihuana

    Nuestros colegas charrúas marcando el camino. ¡Salud!

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