sábado, 6 de enero de 2018

El séptimo arte como terapia para alcanzar tus metas







En su imprescindible El hombre en busca de sentido el sabio Viktor Frankl recordaba a un amigo que tenía una enfermedad terminal y estaba confinado en una silla de ruedas. Ese hombre vio una película en la que uno de los personajes, en su misma situación, afrontaba la muerte con una entereza sobrecogedora. El ejemplo del personaje fílmico animó al hombre a imitarle y a considerar que tenía que vivir el resto de su tiempo con la máxima dignidad y nobleza. Para él, conducirse así era una gran victoria personal que daba sentido a su vida. Y la inspiración le había llegado de un arte de masas al que damos poca importancia porque está ahí, como si no pudiera aportarnos lecciones de vida y de  terapéutica.

La palabra "kinoterapia" se me ocurrió hace un tiempo, para nombrar de algún modo la idea de aplicar el arte cinematográfico en el área del crecimiento personal. Me interesa la psicología y me gusta mucho el cine -que familiarmente llamo Kino-, con lo que un día se me ocurrió que en las películas podía haber enseñanzas lo bastante interesantes y abundantes como para organizar una terapia a partir de ellas. Que al igual que de los libros, se podía aprender de las películas para buscar nuestro máximo potencial. Entiendo que la psicología debe ser también eso, no sólo centrarse en los padecimientos anímicos sino además prestar atención a nuestros puntos fuertes e impulsarlos.

La idea era demasiado buena como para habérseme ocurrido a mí antes que a nadie. En efecto, varias "filmoterapias", "cineterapias", "movieterapias" e incluso un proyecto polaco llamado Kinoterapia existen ya en la Red. Y básicamente van de lo mismo, aprender de las películas para aplicarlo en la vida real. Por mi parte, quiero aportar mi particular granito de arena a esa forma de terapia, aprovechando el momento, los primeros compases del 2018. No voy a poder apropiarme del término, pero eso es lo de menos. Eso por mi parte; por la vuestra, tomáoslo si queréis como un divertimento, o como una buena idea que podéis aplicar en las películas que veáis. Tenéis que ser esponjas que absorban lo bueno que el mundo cultural os transmite, con el suficiente criterio como para discernirlo de lo malo. Eso es ya tarea vuestra.

Supongo que la gran mayoría de vosotros os habréis propuesto alcanzar vuestras metas para este año mientras tomabais las uvas de Nochevieja. Yo también lo hice. El año pasado cumplí la mitad de los objetivos propuestos -seis de doce, tantos como uvas-. Este año vamos a cumplir las doce metas. Esto es especialmente importante para quienes hayáis decidido alinearos como Neos. Al dejar de prestar atención a la aprobación femenina, seguramente redescubriréis prioridades personales vuestras que no habíais atendido lo suficiente y que reclaman vuestra atención. Quiero aportar ideas-fuerza que os inspiren para la consecución de vuestros objetivos. Escribo esta entrada pensando en vosotros, en el año que os espera y en la importancia crucial de que seáis fieles a vosotros mismos y a vuestros sueños.

Dos apuntes que quiero hacer antes de nada. El primero es que iba a redactar una entrada de apoyo espiritual más abstracta, sin alusiones al séptimo arte, pero la idea me pareció algo trillada. El segundo es que siempre tengo encima la tentación de la cinefilia, éste no es un blog de cine y no quiero que acabe siéndolo, tiene otra orientación, pero esa tentación está ahí, de vez en cuando me apetece hablar de cine. Pensé que podría combinar ambas cosas: un texto de motivación para mis hermanos Neos en el que pudiera permitirme satisfacer mi cinefilia.

Considero que el cine es el arte total. Tiene narración, tiene música, tiene fotografía, pintura, escultura, arquitectura, y tiene su lenguaje particular gracias al montaje y al movimiento de la cámara. Por tanto, si es saludable leer a los clásicos, también ha de serlo ver clásicos. Cuando acabas de ver una gran película, sales transformado. Te eleva. Pero ojo, después tu condición mental acostumbrada, a la que te has habituado, te rebajará a la media. La vida es una experiencia mental y nuestra percepción de nosotros mismos es la que nos determina, así que una de dos, o te limitas a volver al cine en busca de tus endorfinas o implementas en tu vida aquello que las imágenes te han sugerido, procurando elevar tus estándares mentales. Paso a presentaros las ideas-fuerza elementales.




-El estilo ante todo. Triunfes o fracases, hazlo con estilo. Que tu elegancia natural quede como un aroma reconfortante allí por donde pases. Para conseguirlo, como ya comenté en el Manifiesto Neo, tienes que ritualizar y estetizar tu vida. Una vida más elegante, ceremoniosa y grata a los sentidos es una vida mejor, digna de ser vivida. El cuidado en las palabras, en los gestos, en la vestimenta, en los placeres, en la forma de decir "no", en la manera de encajar los golpes de la vida, mitigan el sufrimiento, elevan los estándares mentales y abren puertas que de otra manera permanecerían cerradas.

Una de las características de los héroes hollywoodienses clásicos, de los galanes a los aventureros, es su elegancia a la hora de enfrentar lo que les viene, sin reacciones excesivas, sin sentimentalismos innecesarios, sin descomponerse, sin agriar ni destartalar el gesto. Esa característica suele llevar aparejada otra: generan complicidad con el espectador. Las películas serían una versión mejorada de la vida, y en ellas el protagonista se conduciría con una seguridad y fluidez que el espectador medio querría para sí. Además, su gestualidad estaría altamente estetizada e integrada en sus valores. En las películas clásicas no se ve al héroe hurgándose la nariz, o con un palillo en la boca, o caminando desgarbado, o rascándose el culo. El Hollywood clásico fue pródigo en actores con gran poder de crear complicidad con el espectador.

Crea complicidad con tu estilo. Si te toca perder, hazlo con estilo. Deja un halo seductor a lo largo de tu camino, hermano.



Crédito: Rex / Shutterstock. 

-Diseña tu propio enfoque. Tu vida es tuya, y tus problemas -por mucho que sean parecidos a los de los demás- tienen características propias. Tus sueños son también tuyos. Aunque tu sueño sea tan prosaico como comprarte un cochazo, y aunque ese sueño sea compartido por mucha gente, tiene ingredientes que son sólo tuyos, que sólo tú conoces. Por eso, si aspiras a conseguir tus sueños, tienes que enfocarlos a tu manera. Por eso también mucha de la literatura de autoayuda no resulta eficaz, porque está dirigida a un público abstracto, carece de suficiente personalización para darte las respuestas adecuadas. Ésa es una tarea que te corresponde a ti.

Alfred Hitchcock fue uno de los primeros cineastas del Hollywood clásico en conseguir una notable libertad creativa. Los productores no solían tocarle las narices. Sus pelis daban dinero, él era un tío famoso al que cualquiera reconocía por la calle, pero sobre todo sus métodos de rodaje eran la clave.

¿Cómo se rueda convencionalmente una escena? Imaginemos que hay un actor en un decorado, y por una puerta aparece otro actor. Conversan, el segundo actor se marcha y la escena acaba. Para rodarla, los actores dicen sus frases, se mueven como se tienen que mover, y se usan varias cámaras grabando la acción desde varios ángulos, una cámara enfocando toda la habitación con los dos actores, otra cámara enfocando al actor 1 y una tercera cámara enfocando al actor 2. Se rueda de un tirón con las tres cámaras grabando a la vez, y luego en la sala de montaje se cortapega para darle ritmo a la conversación.

Bueno, pues sir Alfred no hacía así. Él rodaba cada plano por separado. Una cámara para la habitación, y luego en otro momento los primeros planos de los actores, a veces varios días después, y por separado. Eso le daba al cineasta muchísima libertad. Los productores no podían prescindir de él. ¿Por qué? Pues porque veían los rushes y aquello no tenía pies ni cabeza, planos sueltos aquí y allá, no escenas enteras listas para ser editadas. Pero aquel caos estaba ordenado en la cabeza del inglés. Él sabía dónde encajaba todo.

Por otra parte, ese estilo le da el particular sabor que las mejores películas de Hitchcock siguen conservando, esa precisión de cada plano, esa emoción y ese encuadre idóneo. Si se rueda al estilo convencional, las cámaras tienen ángulos fijos que no suelen moverse por inercia o por imposibilidad técnica -no sea que una cámara aparezca en el encuadre de otra, por ejemplo-. Al estilo Hitchcock, ese problema desaparece y puedes poner la cámara donde te dé la gana.  Cada plano es único. Cada plano es especial.

Vive al estilo Hitchcock, hermano. Que cada momento de tu vida sea como un plano de sus películas, único, amorosamente elegido, especial, con personalidad, tuyo a muerte.



Tecnología punta en punta.

-Potencia tu fortaleza en todos los frentes para ser respetado. El fuerte es respetado. Necesitas fortaleza física, fortaleza mental y fortaleza económica. Si eres un Neo, estás en pleno proceso de reconstrucción personal, y si quieres alcanzar tus objetivos has de ser fuerte. No puedes permitirte estar desvalido.

¿Por qué los ancianos están desvalidos? Porque han perdido su fuerza. En primer lugar, su fuerza física. Un anciano no está decrépito por ser menos ágil, ni menos flexible. Lo está porque ha perdido su fuerza física. El humano es más un cargador de bultos que un trepador de árboles o un sprinter. Tenedlo en cuenta si queréis disfrutar de una buena vejez. Un anciano está decrépito si pierde la cabeza. Y está decrépito si se queda sin dinero. Recordad: fuerza física, mental y económica.

"Holocausto caníbal" (1980, Ruggero Deodato) es uno de mis placeres culpables de cinéfilo, como he comentado alguna vez. Se ha hablado a más no poder de esta peli, pero no recuerdo haber leído nada lo bastante agudo sobre las distintas tribus que aparecen en el relato. Los exploradores entrarán en contacto con tres tribus amazónicas -lo que el film muestra es pura antropología-ficción, y hay que tomarla como tal-: los yakumo, los samatari y los yanomami. La vida cotidiana de estas tribus es muy ilustrativa.

Así, los samatari son la tribu de los pantanos. Van siempre cubiertos de barro seco y con el pelo alborotado. Son extremadamente pobres, tienen armas chungas y recurren al canibalismo para sobrevivir. Los yanomami son la tribu de los árboles. Van cubiertos de ceniza y con el pelo sucio y desordenado. Su tecnología es también paupérrima, son pobres como ratas. Son caníbales por supervivencia. Sin embargo, los yakumo son distintos. No viven en pantanos ni en árboles, sino en un hábitat mucho más agradable, la ribera del río. Tienen chozas bastante presentables y no necesitan apelar al canibalismo para obtener proteínas. De hecho cuando de manera puntual practican canibalismo, es estrictamente ritual, folclórico, para consagrar a los jóvenes al Espíritu del Jaguar. Van limpios y con el pelo arreglado. Su psicología grupal no está patologizada por la violencia continua. Son pacíficos. Si hay violencia ocasional, está reglada.

¿Por qué los yakumo son pacíficos y viven bien? Por su superior tecnología bélica: cerbatanas y dardos bañados en curare. Con ese armamento incluso ponen en aprietos a un destacamento militar colombiano. Los yakumo son más suaves en sus maneras y en su forma de vivir, pero porque son más fuertes, al menos en armamento, y eso basta para darles preeminencia en la jungla. De hecho, valoran en mucho la navaja automática que uno de los personajes les ofrece para hacer un trueque, saben la ventaja que da el armamento puntero para seguir viviendo bien. Por contra, los armamentísticamente cutres samatari y yanomami  necesitan vivir en un infierno psicológico de delirante violencia, que les ha deformado convirtiéndoles en monstruos, para poder sobrevivir un día más.

Aprende la lección de los yakumo, hermano. Sé fuerte para ser respetado. Y tu vida no será patológica.



-Necesitas una misión. Los humanos no somos engranajes. No venimos al mundo con un sentido de la existencia ya determinado. Hay en nosotros cierta entropía y cierta indeterminación, cierto misterio irresoluble. Ni siquiera los animales se pueden comparar con nosotros. Un animal, con comer, corretear y reproducirse, ha cumplido el sentido de su existencia. Pero eso no basta para nosotros. Cada humano debe encontrar su sentido de la existencia, el suyo personal e intransferible. Por eso cada vida humana es como una obra de arte que vamos creando con el tiempo y la dedicación.

Hay quien se angustia por ello, hay quien siente que esa indeterminación le viene grande y que preferiría que otros decidieran por él cuál es el sentido de su vida. Quienes se refugian tras las palabras "patria" y "Dios" para evitar la angustia se corresponden con ese perfil psicológico. Pero tanto unos como otros necesitamos una misión, un sentido. Y si no consigue darnos la felicidad, al menos -visto desde un prisma más epicúreo- que nos ayude a ahuyentar la infelicidad. La entropía anímica genera desorden en la vida y sufrimiento en el alma. Es necesaria una tarea que nos aporte el necesario orden, o bien que nos obligue a ser ordenados, como soldados.

Véase la intro de "Apocalypse now" (1979, Francis Ford Coppola). El mundo se ha vuelto loco. Los humanos dedican ingente esfuerzo e ingentes recursos a destruir la hermosa vegetación de Indochina. Millones y millones de dólares para abrasar a alguna partida de guerrilleros que serán rápidamente sustituidos. En vez de gozar de la plácida jungla, la aniquilamos. También el tiempo parece haberse vuelto loco, el tiempo cronológico. Se puede ver el futuro entre pesadillas. En la intro se incluyen dos flash-forward: una panorámica de la devastación de la zona donde se asentaba la tribu montagnard que comandaba Kurtz por un ataque nocturno, y el inserto de un mudo ídolo jemer de piedra allí presente. El mismo protagonista, Willard, está enloqueciendo progresivamente. El encuadre tiende a mostrarle boca abajo y descentrado. Un retrato de mujer, tabaco, alcohol y una pistola son su única compañía. Willard vive en el desorden existencial más absoluto, en la entropía total. Saigón es su infierno particular.

Willard necesita una misión para reordenar su mente, para ahuyentar la entropía anímica. Necesita un porqué para levantarse y afeitarse cada día, para volver a sentirse un soldado. Tú eres el soldado de tu guerra. Entiende tus sueños y tus objetivos como una misión militar a la que entregarte, con valor y disciplina. El primer efecto de tu misión es que ahuyentarás el caos de tu vida y de tu mente. Entrégate a tu tarea, hermano.


Visto en macguff.in.

-Pega duro, y pega rápido. George McFly y su esposa Lorraine forman en "Regreso al futuro" (1985, Robert Zemeckis) un matrimonio que va tirando pero que es infeliz. Cuando se conocieron, él no era un chico de valía, aparentemente: un nerd apocado y frustrado sexual, que sufría bullying por el matón Biff Tannen -actualmente su superior, que le sigue mangoneando-, que desfogaba su desazón escribiendo historias de sci-fi, y que tras ser atropellado por el padre de Lorraine entró en contacto con ella, quien -aquejada por el "síndrome Florence Nightingale"- se prendó de él por pura lástima. El tercer hijo del matrimonio, Marty, viaja involuntariamente por el tiempo, desde 1985 hasta 1955, y sufre el atropello en lugar de su padre, enamorándose su propia madre de él. Eso amenaza su futura existencia y la de sus dos hermanos.

Marty no es como sus padres. Es dinámico, es decidido, le echa huevos y tiene criterio. ¿De dónde le vienen sus cualidades? Organiza una trama para que George y Lorraine intimen, pero algo sale mal y se cuela Biff, que intenta violar a la chica. En esa situación límite, algo sale de George, algo que ni él conocía: silencia sus miedos y noquea a Biff de un puñetazo. Lorraine se enamora entonces de él, no por lástima sino por mérito. Las buenas cualidades de Marty estaban escondidas muy dentro de George -y de Lorraine-, manifestándose en el momento justo. Se abre una línea temporal distinta: George es en 1985 un afamado escritor de CF, Lorraine está hecha una milf y su familia luce mucho mejor; Biff ha pasado a ser un don-nadie.

A veces una sola decisión, una resolución puntual, en el momento adecuado, es suficiente para crear una gran diferencia. Cuando llegue esa hora, pega duro. No digo que le pegues a nadie XD pero sí que cuando haya un obstáculo grande en tu vida, cuando algo te está impidiendo avanzar, cuando te agobia con su peso, tienes que pegar duro. El obstáculo no se va a ir sin más. Va a seguir ahí. Tienes que ocuparte de él. Tienes que tumbar a Biff. Nadie lo puede hacer por ti.

Y no es sólo que pegues duro. Pega lo antes que puedas. No esperes a 1975 para soltar la hostia redentora. Sacúdela en 1955. Porque cuanto antes la sacudas, antes crearás una nueva línea temporal, lo que supondrá más tiempo y más puntos a tu favor mientras logras tu felicidad y tu prosperidad.


Crédito: DreamWorks Pictures.

-El poder de dos. Hay poder en ti, mucho poder. Pero hay más poder en dos, porque dos generáis sinergia, gracias a la cual el todo es mayor que la suma de las partes.

Seguimos con Zemeckis. En su magistral "Náufrago" (2000) ilustra cómo se las ingenia Chuck Noland, único superviviente de un accidente aéreo en el Pacífico, para seguir sobreviviendo en un olvidado islote. Chuck es humano, un animal social, por lo que buscará en su nueva situación de soledad una sinergia de manera obsesiva para que la locura no le invada, para seguir valorando el paso del tiempo y para no perder de vista que su vida está más allá, en la civilización. Por ello cultivará el recuerdo de su prometida Kelly, dibujando y mejorando continuamente su retrato, y creará una extraña amistad a una voz con una pelota de voleibol, llamada Wilson. Tan fuerte es la necesidad de sinergia que cuando consiga fabricar una balsa para escapar de la isla, se llevará a Wilson, y la pérdida de éste en alta mar le sumergirá en la desesperación, sintiéndose de nuevo solo.

En otras historias de náufragos hay altas sinergias. Pienso por ejemplo en La isla misteriosa de Julio Verne, uno de mis libros favoritos de siempre. Los cinco náufragos de la Isla Lincoln, todos muy resueltos y capaces, generan tal sinergia que hacen de la isla un hogar, con energía eléctrica, ascensores y casi cualquier artefacto puntero que tenía la civilización de la época. Pero Chuck está solo. Le falta esa sinergia. Por eso, tras varios años en la isla, está casi igual. Pesca mucho mejor pero sigue sobreviviendo en el más total subdesarrollo.

Busca sinergias, hermano. Fomenta la camaradería viril. Dos aliados podéis más que uno solo. Siempre.


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-Únete a la comunidad antigua. No sigas modas, porque son engañosas. Las modas son coyunturales, y cuando te quieras apuntar a ellas estarán saturadas ya. No dependas de novedades. Busca, por contra, sintonizar con aquello que perdura y atraviesa los milenios, porque contiene las suficientes dosis de verdad como para haber sobrevivido y para ofrecerte alternativas al panorama actual.

El MGTOW  no es una moda. Siempre lo hubo, desde los más oscuros y lejanos tiempos de la Ginarquía primigenia. Los varones desechables siempre tuvimos que buscarnos la vida ante un sistema social de recompensa emocional tan injusto, ineficaz y disgenésico. Siempre hubo varones como nosotros, mucho antes de que otros varones inventasen los ordenadores, los doritos y los videojuegos. Provenimos de una dinastía tan antigua como nuestra misma especie. Somos viejos como el mundo, en cuerpos de -aún- jóvenes. Tenlo en cuenta, hermano.

"La lista de Schindler" (1993, Steven Spielberg) merece un análisis como exposición de un conflicto entre comunidades. Tenemos a la comunidad alemana, invasora, arrogante y victoriosa. Tenemos a la comunidad judía, amenazada de erradicación. También tenemos a la comunidad polaca, derrotada y postrada, en un segundo plano, como haciendo los coros de aquella ópera trágica. Si el poder de dos es más que el poder de uno, el poder de una comunidad los supera por órdenes de magnitud. Las culturas que vertebran las comunidades son sinergias aprobadas y solidificadas por el tiempo, los reveses y los desafíos.

La cosmovisión nacionalsocialista era muy coyuntural. De no haber existido revolución bolchevique, o Tratado de Versalles, o de haber triunfado Hitler como artista, el nazismo no habría aparecido. Aunque se pretendía heredero del arianismo hiperbóreo, lo cierto es que el nazismo era una cosmovisión hija de la Modernidad -su compañero de viaje, el fascismo, era incluso futurista-. Por tanto, los signos distintivos del nazismo en el film tienen un marcado carácter industrial: las armas, los motores, el humo negro, las planchas, los vulcanizados, los lubricantes .... Su único signo distintivo premoderno, la esvástica, es una apropiación. Mientras, el judaísmo tenía ya por entonces una existencia varias veces milenaria, el judaísmo es premoderno y sus signos distintivos en el film también lo son: las velas y el pan de la ceremonia, los amuletos familiares, los versículos litúrgicos, el anillo de oro, la Estrella de David ....

Los nazis lo tenían casi todo. Tenían el poder, el armamento, la industria y la iniciativa. Tenían también la falta de piedad. Incluso tenían la apostura de sus soldados altos y rubios. Pero ay, los judíos tenían los milenios. Aquellos judíos más bien enclenques y poco apolíneos descendían de supervivientes natos que las habían visto de todos los colores y aún seguían ahí. Por eso en el film Amon Goeth califica la desaparición del ghetto de Cracovia como de día histórico, porque supondría una victoria de la voluntariosidad titánica de la era industrial sobre el único pueblo que nos ha llegado desde la Antigüedad. Supondría que lo coyuntural, por su orgullosa condición de flamante novedad, iba a callar la voz de los milenios que han visto caer imperios que se pretendían eternos e ideologías que se creían perfectas. El caso es que el nazismo murió, Goeth colgó de una soga e Israel es Estado soberano. La comunidad antigua se llevó el gato al agua.

Aprende de la historia, hermano. La comunidad de moda podrá brillar mucho y dejarte ciego y loco con su esplendor y sus promesas de grandiosidad. Pero la comunidad antigua tiene el sello indeleble del Tiempo. Y nada puede toser al Tiempo.


Visto en vogue.it.

-Cierra la puerta al salir. Cierra etapas si ves que están agotadas. No te revuelques en lo que fueron. No pretendas que vuelvan a ser lo que ya no van a ser. La vida va siempre hacia delante. El pasado no se puede cambiar, las palabras que dijiste no las puedes omitir ya, los errores se cometieron y ahí quedan, como fichas de Tetris mal atravesadas. Va a llegar el momento en que, si realmente quieres que tu vida sea significativa y dichosa, tengas que decir a parte de tu pasado, a los locales que frecuentabas, a la fauna humana de la que te rodeabas, a las chicas que te hirieron, a las aficiones en las que malgastabas tu tiempo y tu dinero: HABÉIS MUERTO PARA MÍ. Va a ocurrir, y vas a tener que hacerlo. Quiero que experimentes el vértigo que supone dar ese paso, que paladees tus sensaciones, sean de nerviosismo o de aplomo, cuando cierres la puerta de una etapa de tu vida, eches llave y la tires random mientras caminas hacia tu futuro.

"Quadrophenia" (1979, Franc Roddam) fue la segunda adaptación cinematográfica de una "ópera-rock" de The Who, en la que los miembros del grupo se implicaron a conciencia para obtener un resultado digno -la primera adaptación, "Tommy", dirigida -o algo así- por Ken Russell, fue una vergüenza para todos-. Jimmy Cooper es un mod, que descarga su frustración juvenil -padres aburridos, trabajo chungo- en un universo de vespas y lambrettas, anfetaminas, música soul afrouseña, chicas volubles y peleas con sus rivales rockers. Parece que a Jimmy le va bien, está integrado en el movimiento, farda en su moto, tiene anfetas a rebosar, participa en la mítica pelea de la playa de Brighton y consigue ligarse a Steph, la guapa de la pandilla. Pero en un abrir y cerrar de ojos su madre le echa de casa por drogata, se autodespide del curro, un colega le levanta a la piba, se enemista con todos y un coche le chafa la moto. Hundido, regresa a Brighton, a la playa de la pelea, para recuperar aquellas sensaciones que le parecen muy lejanas ya. Descubre también que el mod a quien más admira, Ace Face, tiene un trabajo aún más ful que el suyo: es botones en un hotel local. Decepcionado al 100%, le roba la vespa a Ace Face y se pasea con ella por el borde del impresionante acantilado del Cabo Beachy. Parece por su gesto que se va a tirar abajo, suicidándose por la desesperación, pero lo que hace es lanzar la moto de Ace Face, que queda hecha una braga contra las rocas. Él sobrevive y cierra su etapa mod.

Jimmy vivía en un mundo irreal. Pensaba que iba a estar siempre así, huyendo del tristón panorama del hogar familiar y de un trabajo poco ilusionante refugiándose en una moda con fecha de caducidad. Pensaba que se pueden consumir anfetas por siempre jamás, como si el dinero y la salud fuesen infinitos. Pensaba que la guapita se iba a quedar con él en vez de seguir saltando de Alfa en Alfa. Pensaba que el idealizado Ace Face era poco menos que ministro o potentado, o algo así, y no otro chico obrero como él. Su etapa mod parecía no tener fin, pero lo tuvo de la noche a la mañana. Era una etapa totalmente agotada. Él mismo, entre su rabia y sus lágrimas, supo entenderlo al borde del acantilado. Su opción radical, su gesto más teatral y traumático, a costa incluso de tener que hacer una porrada de kilómetros a pie para regresar, era inmolar el símbolo mod por excelencia, la moto de Ace Face, y decir a sus compañeros de etapa cerrada HABÉIS MUERTO PARA MÍ. Lo que sintió Jimmy es algo que todos hemos sentido alguna vez, o más de una, y debemos reaccionar. De las etapas agotadas no conseguirás obtener nada, hermano, salvo más dolor y más frustración.

Pasa eso cuando la historia con esa chica se rompe, y no hay manera de recomponerla. Tienes que cerrar esa etapa y pasar el duelo que te corresponda pasar. Lo que yo hice la última vez, hace un año: distancia total + hierros. Nada de contacto. Daba rodeos para no pasar por lugares que podían evocarme cosas dolorosas. Y levantar hierros en el gym. Y cero alcohol. Esa etapa había muerto para mí, y actué en consecuencia.

Va a llegar el momento en que, o te tiras tú por el acantilado con la moto de Ace Face, o tiras la puta moto mientras te quedas contemplando su caída al borde del abismo para después darte la vuelta y retomar tu vida.


Imagen vista en Pinterest.

-Aprende de todo. Encuentra instructivo todo. La idea que te ayude en tu proyecto, en tu negocio, en tu entrenamiento, en la optimización de tus finanzas y de tu estatus, puede brotar del lugar más insospechado, incluso de aquello que habitualmente consideramos una vulgaridad o una desgracia.

"Mensajero del futuro" (1997, Kevin Costner) es una película aburrida, deslavazada y muy desaprovechada. Los críticos le tenían ganas a Costner, un tío cojonudo, y éste les dio motivos para que le despellejasen. Pero esa peli tiene algo muy bueno, un excelente villano, el General Bethlehem, interpretado por el siempre entonado Will Patton. La civilización ha colapsado tras una guerra global y los humanos supervivientes hacen vida aislada y comunitaria. Bethlehem aprovecha la situación para organizar una tropa paramilitar regida por una disciplina tiránica, que le lleva a ser dueño virtual de un buen trozo de lo que fue USA antes del colapso. A pesar de la jerga militar que utiliza y del espíritu castrense con que lo analiza todo, sabremos que Bethlehem no había sido militar antes, sino un vendedor de fotocopiadoras. Y su libro de cabecera para ser un buen dirigente guerrero no es de Sun Tzu ni de Clausewitz ni de Guderian, sino un tochaco de autoayuda para viajantes. La presumible vulgaridad argumentativa y filosófica de ese libraco no impidió a Bethlehem sentirse inspirado por su lectura. Y la desgracia del colapso global fue para él una oportunidad, una bendición, que le permitió conocer su verdadero yo, su auténtica identidad.

Al igual que de una mala película se pueden extraer valiosos aportes, tú también puedes enriquecerte de lo que te resulta vulgar e indiferente, si ejercitas el músculo de la atención y el análisis. Que te sirva de utilidad lo vulgar e indiferente, aunque sea tan sólo para apartarte de ello. Tienes que aprender a valorar las cosas. Aprende a valorar lo que pueda ser aburrido pero que te resultará instructivo al final. Valora más. No seas como esos niñatos despreciativos que no valoran nada hasta que lo pierden. Me aburrí como una ostra viendo esa peli de Costner, pero le agradezco que la haya hecho, porque hasta de un villano tan cabrón como Bethlehem se puede aprender algo. En el clímax, cuando Bethlehem pelea con el personaje que interpreta Costner, aquél le dice a éste que es el típico mingafría que no aprecia nada, no valora nada y no se moja por nada, que va de aquí para allá sin comprometerse, sin arriesgar. No seas así. Aprende a valorar. Aprende a aprender.



-El poder del subconsciente. Cuenta una antigua leyenda que los dioses, celosos de la pujanza de los humanos, escondieron los más hermosos tesoros allí donde los humanos nunca los buscarían: dentro de ellos mismos: en el subconsciente.

El subconsciente humano es extraordinariamente poderoso. Los humanos somos básicamente irracionales. Tenemos una parte racional y analítica, a la que varones desechables han dado forma durante muchas generaciones de pensadores, pero esa razón es ante todo un instrumento social, para que podamos convivir y alcanzar nuestro máximo potencial. La raíz de nuestra vida es irracional, y está bien que así sea. La razón puede atemperarla, o encauzarla, o podarla y guiarla, pero nunca sustituirla. Tenemos una parte subconsciente de la que brotan ideas todo el tiempo, y una parte consciente que las pule y enriquece con su sabiduría analítica. Una mente sana debe aceptar el equilibrio entre subconsciente creador que vomita ocurrencias, buenas y malas, y una parte consciente que las recibe y ubica en el mundo mediante la voluntad. Pero no puede imponerse a esa parte irracional. Siempre que hay un conflicto entre parte consciente y subconsciente, gana ésta. Siempre. Y quien niega su subconsciente lo paga con toda clase de dolencias del alma.

"Ocho y medio" (1963, Federico Fellini), uno de los mejores films de la década, nos cuenta cómo el cineasta Guido Anselmi no consigue terminar un rodaje. Está mentalmente agotado, descolocado, con la atención amorosa dividida entre su mujer, su amante y una actriz prometedora. Los productores le acogotan, hay que cumplir los plazos de la peli. Durante el film conocemos el interior de Guido, su mente fragmentada y recorrida por espectros de su subconsciente, como los arquetipos de mujer -la maternal, la inocente, la viciosa, la exótica, etc- o sus difuntos padres. Parte consciente e inconsciente están en guerra, lo que conduce a Guido a la parálisis creativa y a un colapso emocional que le obliga a abandonar la filmación, totalmente angustiado y derrotado.

En el final vemos cómo la parte consciente -el intelectual que fuma- ve que la nueva situación es buena. Es preferible no crear, a crear algo deforme. Dejarse llevar por las ocurrencias del subconsciente es peligroso para un creador, puede hacerle caer en la autoindulgencia y con ello en la pérdida de integridad como artista. La parte consciente tiene razón en su tarea represora. Es su trabajo. Pero aunque puede reprimir al subconsciente no puede negarlo. Si se niega la tarea genésica, creativa del subconsciente, el resultado es malestar espiritual y enfermedad. Es más, no sólo no puede negarlo sino que tampoco puede evitar que vuelva a lo suyo. En la escena vemos que, aunque la parte consciente se refocila en su aparente triunfo y no para de soltar al pobre Guido una homilía sobre el tema, la parte subconsciente se rebela y reaparece. Un jefe de pista de circo se cuela en el discurso del intelectual y acto seguido, en un momento que he visto cientos de veces y me sigue emocionando como el primer día, las figuras del subconsciente de Guido, vestidas de blanco impoluto, se citan con la mirada y acuden a consolarle. Guido se reconcilia con su esposa, con su subconsciente, con la vida y con el arte, y vuelve a ser director.

Si algo no va bien en tu vida y no sabes el verdadero motivo, piensa que puede haber un conflicto entre lo que quieres y lo que consideras que debes querer. Escúchate a ti mismo. Tu subconsciente es demasiado poderoso como para pretender vencerle así como así. Ten el coraje de decirte la verdad, de reconocer tus miedos, de admitir que algo es de una manera y no de otra. Limpia y desbroza el camino entre tu Ello y tu Superyó.

Otro buen ejemplo es el del mucho más conocido "El sexto sentido" (1999, M. Night Shyamalan). El niño Cole Sear vive aterrado y traumatizado porque a su pesar es médium de personas muertas en circunstancias violentas y que le atormentan con sus apariciones. Sólo podrá remontar esa situación gracias a un consejo que el psicólogo infantil Malcolm Crowe le da: haz caso a esas apariciones, a ver qué te dicen. Cole descubre que lo que esos muertos pretenden no es asustarle, sino buscar consuelo. Están atrapados entre nuestro mundo y el Más Allá, pero no encuentran el camino, porque su terrible forma de morir les hace moverse en bucle, obsesionados con su desgracia. Cuando Cole se limita a escucharles de manera natural, dejan de ser aterradores, se liberan de su trauma y pueden dirigirse al Más Allá. 

Si eres un rumiador, si estás paralizado por el análisis, si le das vueltas a las mismas cosas todo el tiempo a pesar de que ya pensabas que estaban zanjadas, si hay en ti una voz interior insistente, pesada, derrotista, asustadora, incluso catastrofista, de nada sirve negarla. Pretender acallarla con alcohol, como hace tanta gente, es sólo un parche que te pasará factura. Fingir que no la oyes servirá por un tiempo, pero ella seguirá ahí. No pretendas vencer a tu subconsciente luchando frontalmente contra él. No va a funcionar. En su lugar, escúchalo. Escucha esas voces. Si no puedes con tu enemigo, alíate con él. Acepta esas voces, escúchalas e intégralas en tu vida. Algunas, sólo con ser atendidas, se disiparán como las apariciones del film. Se sentirán consoladas, porque provenían de viejos traumas sin importancia actual, y callarán. Otras, sin embargo, pueden estar avisándote de algo importante. Acepta, escucha e integra.



Libertad .... y algo más.

-Lucha hasta el final. ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, porque somos ignorantes del futuro. Debemos admitir nuestra ignorancia, no sabemos qué nos deparará el futuro. Muchas veces el fruto de nuestra lucha se hace el remolón, nos afanamos pero no vemos resultados, o son muy escasos, y nos entran las ganas de dejarlo, intentando convencernos de que "no estaba para nosotros". Pero no sabemos si a lo mejor esos resultados están a cero coma de aparecer.

Una idea-fuerza que vertebra "Braveheart" (1995, Mel Gibson) es la de la libertad. Es la última palabra que pronuncia Wallace. Más aún, la grita. La idea-fuerza de la libertad es crucial en el texto que ratificó la independencia de Escocia, la Declaración de Arbroath de 1320. En un pasaje del texto los firmantes recalcan que la libertad es un valor superior por el que se debe luchar y arriesgar la vida. Una vida sin libertad no merece ser vivida. El párrafo parece haber sido redactado por el espíritu de Wallace. No puedo sino recordar las palabras que dejó escritas Stefan Zweig en 1942 antes de suicidarse junto con su segunda esposa en suelo brasileño, que la libertad es el más precioso de los bienes sobre la Tierra.

El caso es que en el film hay otra idea-fuerza no menos importante. Es la de luchar hasta el final. Así hace Wallace, sabiendo siempre que tendrá pocas oportunidades, y al final no tendrá ninguna. Cuando vi el film por primera vez pensé que algunos de los verdugos encapuchados que asisten a la tortura de Wallace serían en realidad coleguitas highlanders que le ayudarían a escapar, pero no. Wallace es fiel a su lucha hasta el último instante, incluso cuando ya no quedan opciones.

Parece que esa lucha ha sido inútil, un sufrimiento estéril, pero no. Wallace perece, cierto. Pero ni perece su linaje -deja encinta a la princesa francesa- ni perecen sus ideas -Robert Bruce toma el testigo y derrota definitivamente a los ingleses en Bannockburn-. Su lucha hasta el final mereció la pena, aunque él no llegó a ver los resultados.

No he citado a Stefan Zweig para dármelas de sabihondo. En su célebre El mundo de ayer, publicada dos años después de su muerte, el judío vienés refleja la impresión de placidez, optimismo, seguridad y confianza que sentía la pacífica Europa durante el agradable verano de 1914. Semanas después, casi todo el continente estaba aniquilándose en la guerra más absurda imaginable. Puede que esa impresión de arcádica felicidad no se haya podido repetir desde entonces. Los europeos del verano de 1914 eran ignorantes de su futuro, pero como las cosas iban bien seguían el luminoso camino que estaban transitando.

El mismo Zweig era también ignorante de su futuro. Tras la conquista japonesa de Singapur, él y su mujer, huidos del nazismo, cayeron en una gran depresión. Estaban convencidos de la victoria final del Eje en la guerra. No quisieron luchar hasta el final. Si en el bando aliado todo el mundo, o un número significativo, hubiera pensado igual y se hubiera quitado del medio, si hubiera dejado de luchar, en efecto habría ganado el Eje. Sería una profecía autocumplida. La depresión impidió a Zweig conocer la victoria aliada y seguir viviendo. Lamentable, pero así fue.

¿Cuántos de tus fracasos son en realidad profecías autocumplidas? Piénsalo, hermano. No dejes nunca de luchar. Ahora recuerdo aquella fábula de las dos ranas que cayeron en un cubo de leche. Una se dio por vencida y se hundió como una piedra. La otra no se rindió y pataleó para conseguir salir de aquella trampa mortal, no lo conseguía pero seguía pataleando, con sus cada vez menores fuerzas lo seguía intentando, sin cesar, sin plantearse parar porque era inútil. Tanto pataleó que cuajó la leche en mantequilla y pudo salir de allí.

Lucha como Wallace. Y si sueñas con ser escritor, ojalá llegues a escribir como Zweig. Pero no lo hagas al revés, que sabemos que no funciona.



-Que tus obras habiten el mundo. El famoso monólogo improvisado por Rutger Hauer en el clímax de "Blade Runner" (1982, Ridley Scott) merece una profundización. Roy Batty es un Alfa, y su mentalidad es masculina, muy visual. Por eso al recopilar los grandes momentos de su vida apela a imágenes, a lo que ha podido contemplar, cosas prodigiosas, vistas por muy pocos o por nadie antes que él. Lo dice con serena tristeza, porque esos momentos serán sólo como lágrimas en la lluvia cuando él muera. Serán recuerdos que, al estar muerto, no podrá evocar. Serán algo que se irá al limbo ignoto, o a la Nada, a donde sea, pero se perderán, al igual que el agua y la sal de las lágrimas se reciclan pero las lágrimas dejan de existir.

¿Por qué está triste? Está orgulloso de haber visto lo que ha visto, pero siente tristeza. Creo que sé por qué: porque no puede compartirlo. Puede describirlo, puede sugerirlo, incluso de manera brillante, pero la belleza de esos momentos sólo le corresponde a él conocerla. Eso me ha pasado a mí muchas veces. Esa puesta de sol, ese rato feliz nadando, ese libro que abres y te viene el olor de la tinta, esa montaña donde haces cumbre y ves todo alrededor, esos momentos de belleza única, querríamos compartirlos con los demás. Pero no podemos. Sólo los más talentosos escritores son capaces de  acercar esos momentos a los lectores, pero no con total exactitud. Esos fragmentos de felicidad suprema están condenados a ser irreversiblemente nuestros, no podemos darlos, no podemos compartirlos. Son nuestras lágrimas en la lluvia.

Por eso Roy perdona la vida a Deckard. Le permite seguir viviendo, seguir existiendo en el Tiempo, para que él también pueda atesorar sus lágrimas en la lluvia. Aunque no pueda compartirlas. Roy ha aprendido antes de morir el valor de la vida humana. De todas.

¿Te entristece esto? ¿Te entristece no poder compartir tus lágrimas en la lluvia con los demás, limitándote a hablar de ellas como mucho? Pues no te entristezcas y actúa. Comparte con los demás aquello que puedas compartir. Cuando morimos, nos llevamos nuestras lágrimas en la lluvia. Y en el mundo se queda aquello que no son lágrimas en la lluvia, aquello que no es sólo nuestro, aquello que podemos compartir. Céntrate en ello.

Es hermoso cultivar el mundo interior, pero no te vuelques exclusivamente en él. Haz cosas que puedan quedarse en el mundo cuando tú te vayas. Nosotros vivimos en un mundo colmado de aquello que quienes se fueron no pudieron llevarse. No llores por las lágrimas en la lluvia: céntrate en lo demás, en lo que la lluvia no se lleva.

Yo trabajo. Creo riqueza con mis manos. Quizá no mucha, pero ahí queda. Tengo ideas. Las transmito en el blog. Puede que no sean geniales, pero quizá a alguien han aprovechado. Pequeñas cosas. El dinero bien usado, que se gasta en algo útil, sigue circulando y generando riqueza por el camino. Las palabras cálidas o el gesto amistoso que animan el día a quien lo necesita. Los detalles de educación, las tareas bien hechas, la higiene personal, los consejos sensatos, el amor que profesas, todo eso va enriqueciendo el mundo. Y cuando te vayas, todo eso quedará aquí, para los demás. Cuando mueras, te llevarás tus lágrimas en la lluvia, porque son tuyas y de nadie más. El resto, compártelo. Entrégate.


Todo fluye, todo gira.

-El valor de los objetos. En psicología un objeto sotérico es una posesión que suscita en su detentador una sensación de calma, protección y seguridad. Así son básicamente los amuletos de toda la vida, que responden a una necesidad profunda del alma humana, tan profunda que sigue habiendo amuletos por todas partes, algunos muy obvios y otros no tanto. Si te paseas por la calle encontrarás amuletos por todas partes, como últimamente los "espacios libres de", como si una lámina de celulosa y tinta bastase para ahuyentar a malhechores.

Es pensamiento mágico, sí, pero es una respuesta a algo. Los humanos necesitamos asideros en el mundo real para no ser devorados por nuestra entropía psíquica. También, los necesitamos como recordatorios de lo que debemos hacer, o de lo que nos vendría bien. Un hombre totalmente desposeído o no llega a hombre o es más que hombre. De ahí que los cínicos radicales, que se desposeían de toda pertenencia material para llegar a no se sabe qué perfección -cuán paralizante y empobrecedora es la idea de perfección, que sólo corresponde a Dios-, se llamasen eso mismo, cínicos, "perrunos". Tienes que poseer objetos con un valor significativo para ti, que sean tuyos en ambos sentidos, de hecho y de corazón.

En "Origen" (2010, Christopher Nolan), los extractores de sueños usan tótems u objetos personales customizados, que les sirven para saber si están en sueño o en vigilia. El protagonista, Don Cobb, usa una pequeña peonza que había sido el tótem de su difunta esposa Mal. Sólo para los muy amantes del film es conocido que el tótem personal de Cobb es su alianza de casado, pero eso queda para quienes aprecien de veras el cine de Nolan, tan pródigo en detalles y alusiones que necesita que sus pelis se vean bastantes veces para apreciarlas en toda su dimensión. Lo importante es que el tótem es el anclaje del onironauta en la cordura.

Así también, ten tú algo que te recuerde tu sueño. Si para los onironautas del film de Nolan el objeto sotérico les recuerda que están soñando, que tu tótem personal sirva para que evalúes cada día, cada instante, si estás viviendo tu sueño o no. Que te sirva para despertar y soñar despierto. Puede ser cualquier cosa, pero que sea tuya.

No se trata de un vulgar amuleto. La dimensión mágica del objeto sotérico es absurda. El objeto no va a hacer las cosas por ti. Tiene que servirte de un modo más sutil, para que tú hagas lo que tienes que hacer y que sugiera cosas dentro de ti que es tu deber sacar afuera. Ten algo tuyo, algo cuya verdadero valor sólo tú conozcas. Y que ese algo te recuerde siempre que debes seguir en la senda de tu sueño.


Visto en YouTube.

-Ojo con el alcohol. Uno de los puntos recurrentes del blog es éste. Lo digo primero por experiencia y segundo por concienciación personal. Nuestra sociedad está alcoholizada. Ahora que lo veo desde fuera, soy más consciente que nunca. ¿Qué anda mal en nosotros como pueblo para tener que beber tanto? ¿Estamos al tanto del peaje que pagamos al consumirlo? Ese peaje tiene muchas facetas, y no creo que merezca la pena.

No digo que haya que erradicar su consumo. Digo lo que los mismos comercializadores ponen en las etiquetas: consume con moderación. Sólo con eso, y lo digo porque estamos rodeados de heavy drinkers que no son conscientes de serlo, la calidad de vida del tejido social mejoraría mucho. Como dice el profesor Jordan Peterson, los humanos no somos islas, sino nodos en una red, de manera que cada uno de esos nodos, nosotros mismos, afecta a más gente de lo que piensa. Por ello, hemos de evitar llevar una vida patológica, porque dado que uno puede afectar a bastantes, si esos bastantes de nosotros se unen a formas patológicas de vivir, es el infierno.

"One A.M." (1916, Charles Chaplin & Edward Brewer) es un maravilloso mediometraje que no ha perdido nada de frescura tras más de un siglo enlatado. El personaje de Chaplin, un joven millonario, regresa totalmente ebrio a su mansión. A pesar de que es su casa, que es reconocible para él palmo a palmo, su estado de intoxicación etílica la convierte en un festival de trampas, peligros y líos, donde se juega el pellejo desde que tiene que entrar por la ventana -¡por la ventana!, ¡en su propio hogar!- hasta que se conforma con dormir en la ducha arropado por una toalla, tras haber dejado detrás de su vacilante marcha todo un carrusel de destrozos.

Si semejante jaleo lo organiza en una noche de autoindulgencia y en territorio amigo, imaginaos alcoholizarse diariamente en territorio apache, como hace tanta gente. Así se explican tantas cosas, tantos accidentes, tantas peleas gratuitas, tantos trabajos perdidos, tantas relaciones sociales estropeadas.

Mentalízate, hermano. Piensa en la estela de destrucción que vas a dejar en tu vida si abusas del alcohol. Piensa que aquello que es confortable, acogedor y pacífico puede volverse arriesgado y desafiante para ti. Un millonario que se emborracha una noche, bah, no pasa nada. Pero si eres obrero, si vives de tu trabajo físico, tienes que cuidarte porque no tendrás 20 años toda la vida. Siguiendo la Paradoja de Moravec, hay muchísimos trabajos manuales que las máquinas no podrán sustituir en las próximas décadas, y podrás desempeñarlos tú si en su momento no quisiste estudiar. Pero tienes que cuidarte. Dale al gym y mantén a raya los vicios. No te van a dar felicidad. Créelo.


Visto en YouTube.

-Escucha la voz del anciano. Nuestra sociedad se ha desarrollado mucho y ha prosperado mucho. Junto a sus grandes ventajas, también tiene inconvenientes, siendo uno de ellos que se pierde de vista que la vida va por ciclos. Una sociedad que deja de ser agrícola, aunque siga viviendo de la agricultura, pierde de vista sus ciclos. El ciclo de la siembra y la recolección desaparece de la vista, y el ciclo de las estaciones se difumina. También nuestra edad tiene ciclos. Y no tenemos una visión panorámica de la vida mientras no atravesamos ciclos y los culminamos, porque sólo con la distancia que da el tiempo vivido podemos conectar los puntos que ahora mismo están inconexos. Sólo con el tiempo transcurrido aprendemos la sabiduría de que lo que nos abruma ahora, el presente acogotador y exigente, será pasado un día y el exceso de estrés y de preocupación que le dedicamos fueron en buena medida prescindibles.

Los ancianos tienen mucho que enseñarnos, en primer lugar a no dejarnos llevar por el subidón del momento ni a desorientarnos porque los puntos de nuestra vida están aún sin conectar. Lo disculpan con una media sonrisa, porque "estamos en la edad", pero tienen razón. La sociedad humana está enriquecida por la interacción entre la pujanza de los jóvenes y la experiencia de los ancianos.

En "El imperio contraataca" (1980, Irvin Keshner) Yoda le da una gran lección a Luke. El X-Wing en que éste llegó al pantanoso planeta Dagobah se hunde en una ciénaga de modo aparentemente irrecuperable. Yoda le dice a Luke que empleando el poder de la Fuerza puede hacer aflorar la nave. Luke dice que lo va a intentar, y Yoda le corrige:

-No, no lo intentes. Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes.

Yoda tiene razón. Su experiencia le ha enseñado que hay que escoger cuidadosamente las palabras, lo que uno se dice a sí mismo, porque va a influir en los resultados. Hablar de "hacer" es tajante, en el sentido etimológico, algo tajante es algo que taja, que corta, una medida drástica, y cuando toca tomar medidas drásticas hay que ir echao pa'lante porque si titubeas el tajo será irregular, o hecho a medias, o aplicado donde no hay que darlo. Hablar de "intentar" introduce el matiz del titubeo, algo que no te conviene cuando hay que tajar, cuando hay que estar concentrado.

El joven tiene todo el poderío de su biología en el momento óptimo, pero ese anciano duendecillo de aire somnoliento le gana por la mano, rescatando telepáticamente el enorme X-Wing. Yoda tiene ya los huevos pelados desde hace un milenio y no está para titubeos adolescentes. Hay que ir al grano, que el tiempo es oro. Haz tú igual. No esperes a la senectud para tajar cuando hay que hacerlo.

Te digo más. Sé Luke y Yoda a un tiempo. Fortalece tu físico y llena tu mente con los clásicos. Sé reciente y eterno en uno.


Visto en independent.co.uk.

-Cultiva el Logos. Cuando aconsejamos cuidar las cosas que nos decimos, eso incluye cuidar cómo las decimos. Nuestra forma de expresarnos ha de ser la adecuada, ha de ser rica y flexible, no recargada ni repelente, pero tampoco pobre ni ramplona. Hay que cultivar el arte de las palabras. Hay que saber escoger las adecuadas. Y hay que saber argumentar. Hay que estar ducho en el arte de desarrollar líneas argumentales. Las palabras y las frases son herramientas, modos de acceder al conocimiento y de influir en la realidad. Recuerda las palabras de Nanni Moretti: quien habla mal, piensa mal y vive mal.

En "La huella" (1972, Joseph Leo Mankiewicz) un afamado escritor de novelas policíacas consigue enredar con su verbo rápido y bien estructurado al joven amante de su mujer, metiéndole en una trampa mortal. Poco después, un enigmático detective es el que acorrala dialécticamente al escritor hasta desesperarle. El film es un prodigio hecho con mínimos elementos y un duelo actoral entre Laurence Olivier y Michael Caine de los que hacen época. Amigos míos me han comentado que empezaron a verla sin mucha ilusión, porque es "vieja", pero se quedaron atrapados por el Logos desplegado en el diálogo, siguiéndola hasta el final.

Así es. Si eres persuasivo, si empleas bien las palabras, tendrás en tus manos -más bien en tu boca- una poderosa palanca para mover el mundo. Pocas cosas influyen más que una buena frase a tiempo. No sólo dirigida a los demás, sino igualmente a ti mismo. Los humanos tenemos esa facultad, esa flexibilidad del lenguaje, que nos permite construir proposiciones que somos capaces de dedicarnos hasta a nosotros mismos. No valoramos esa facultad porque la damos por descontada, pero si ha habido ventaja definitiva en nuestra conquista del mundo, ésta ha sido a buen seguro la capacidad de elaboración lingüística.

Por eso, lee grandes libros. Machácate los tímpanos con excelentes oradores. Estudia las reglas de la lógica para argumentar con solidez. Escribe algo, aunque sea como dice Martin Seligman las tres mejores cosas del día antes de irte a dormir. Expón por escrito tus inquietudes y tus planes. Aprende la etimología de las palabras: te ayudará mucho a la hora de emplearlas bien.

Yo estoy en ello ;-)


Tío Clint dando instrucciones.

-No uses la edad como excusa. Se nos pueden ocurrir todas las excusas del mundo. Que si soy demasiado bajo o alto, demasiado gordo o flaco, demasiado joven o mayor. No hay excusas. A ver, pretender ser campeón olímpico con 80 años resulta un tanto iluso, pero hoy no me he cruzado todavía con ningún campeón olímpico mientras que sí me he cruzado con mucha gente que podría hacer más por sus vidas, con independencia de su edad.

Es como el que con 45 años no se anima a empezar una carrera universitaria. Se pone excusas con el cuento de la edad. "Si la acabo en cinco años, tendría 50 entonces". ¿Y qué edad piensas que tendrás dentro de cinco años si no cursas esa carrera? Detrás de esas excusas late la inseguridad. Qué pensará de mí la gente más joven, "¿a dónde va ese vejestorio?", etc, como si tuviese mucho mérito haber llegado al mundo más tarde que uno. Qué chocante: justo lo que tendría que enseñarte el paso de los años es que la opinión ajena no va contigo y no debes guiarte por ella.

Walt Kowalski, el protagonista de "Gran Torino" (2008, Clint Eastwood), veterano de la guerra de Corea y recientemente enviudado, es anciano y está enfermo pero conserva todavía mala hostia, fuerza, habilidades y un acusado orgullo de identidad. No le baila el agua a nadie, y no mendiga atenciones de su hijo, nuera y nieta. Kowalski conserva la sensación de pertenencia a la edad dorada del capitalismo, cuando de USA salían los mejores coches y el dólar era la divisa indiscutida. Es todo un misántropo. Es también un racista, que no se reconoce en el barrio donde vive ni en el centro de salud al que asiste, pues están tomados por otras etnias. Además, no por ser blanco hace piña con otros blancos: él tiene claro que una cosa es ser polaco, otra irlandés, otra italiano, etc, algo que no tiene empacho en decir. No quiere saber nada de la religión tradicional de su pueblo, por cierto: pega cortes al sacerdote católico que intenta conseguir que se confiese. Genio y figura. Su objeto personal más valorado es su Ford Gran Torino de 1972, símbolo de unos USA que parecen haberse esfumado.

Kowalski no es lo bastante mayor como para "ablandarse". La edad no parece haber hecho mella en su personalidad; antes bien, se diría que la ha radicalizado. Asimismo, y esto hace del film un cuento moral, a pesar de su edad sigue siendo lo bastante joven como para cambiar. Teóricamente las movidas entre etnias distintas de la suya le dan igual, pero no puede evitar intervenir en un rifirrafe callejero -la mítica escena de "¿Qué tramáis, morenos?"- ante la dignidad de una chica asiática que planta cara a unos gangstas de medio pelo. Kowalski entra en contacto con sus vecinos de etnia hmong, y se siente integrado con ellos, pues reconoce en su compañía aquello que siempre valoró: la fortaleza de la institución familiar, los lazos de comunidad, el respeto por la tradición y por el pasado. Así, decide convertirse en mentor de "Atontao", un retraído chico hmong que se convertirá en su nieto espiritual, y a quien legará en herencia el Gran Torino de sus amores antes de caer bajo las balas asiáticas que no le abatieron cuando fue joven. En realidad Kowalski nunca había dejado de ser joven.

Una de las grandes revoluciones del último siglo ha sido la espectacular subida de la esperanza de vida. Un hombre de 65 años era a principios del siglo XX un auténtico carcamal. A esa edad nosotros ya no podremos jubilarnos, porque seremos considerados demasiado jóvenes. Asimismo, los crecientes avances en el conocimiento de la mente y de cómo opera nos ayudarán a dar más vida a nuestros años ahora que tendremos más años en nuestra vida. La mentalidad nos hace envejecer, cuando nos lo creemos, y rejuvenecer, también si nos lo creemos. No me vengas con excusas, hermano. Si te ves muy talludo para hacer X, ¿te crees que podrás hacerlo dentro de diez años? Con esa mentalidad no lo harás nunca. Así que a patear culos ahí fuera.



-Sé tú mismo, no seas un fraude. Cada uno de nosotros tiene talentos escondidos que debe compartir con el mundo. Como sabemos, enterrar nuestros talentos lleva a la condenación. Por tanto, tenemos que ser nosotros mismos. No podemos pretender ser otra cosa.

En otras ocasiones he dicho que es importante fingir, hacer algo aunque "no lo sintamos", porque nos ayudará en nuestros objetivos. Es el clásico fake it until you make it que podemos aplicarnos para ser Neo-Alfas: actuar como Alfa te ayudará a serlo. Pero en esos casos tú no estás siendo otra persona. Todos, salvo los anormalmente constituidos, podemos ser Alfas. Adoptar modos externos es una estrategia para hacer aflorar lo que está dentro. Tú ya lo sabes el día que vas a trabajar sin ganas porque es peor no ir, o cuando renuncias a comer algo apetitoso pero que sabes que te hace mal. Eso forma parte de la vida.

En "Bienvenido Míster Marshall" (1953, Luis García Berlanga) los habitantes de la aldea castellana de Villar del Río sueñan despiertos con el dinero que USA va a darles para su desarrollo. Como parece que a los useños les sobra la pasta, hay que engatusarles para que se dejen algo en el pueblo. Y no se les ocurre otra cosa que disfrazarse de andaluces. Claro, como a España se la conoce sobre todo por Andalucía .... Así que ni cortos ni perezosos, los lugareños arrinconan su "reciedumbre castellana" en favor de un "gracejo andaluz" postizo y carnavalesco que hace doblemente duro el clímax: los cochazos de la delegación useña atraviesan Villar del Río sin siquiera detenerse, dejando a los castellanos apenados bajo sus sombreros cordobeses, sus peinetas y sus faralaes.

Es mejor ser uno mismo. La gente insiste en cambiar, en que hay que cambiar. Pero no podemos ser otra persona. Lo que yo entiendo por cambiar es potenciar lo bueno que tenemos, mediante conductas que lo optimicen, procurando evitar nuestros puntos flacos, que todos tenemos. El cambio personal es bastante modesto, pero factible y con un esfuerzo mucho menos hercúleo del que parece. Cambiar algo cada día es sumamente eficaz. Pero ese cambio no te convertirá en otro, sino simplemente que tu lado bueno será el hegemónico. Pretender ser otro, otra persona distinta, supone un esfuerzo enorme, agotador, porque tienes que ir siempre contra la corriente. Tu ser íntimo, tu subconsciente, es la corriente. Aprovecha su energía potencial. No te traiciones, no te niegues, no seas un puto fraude.



-Vas a pagar un precio. Ten eso muy claro. Cuando decides un camino, cierras otro que ya no transitarás. Lo estamos haciendo cada día, inconscientemente la mayoría de las veces. Y ese nuevo camino tendrá su propio paisaje, su propio firme del suelo, su propia incidencia del sol, sus propios salteadores, etc etc etc. Es el coste de oportunidad de vivir.

La gente extraordinaria nunca busca el equilibrio. Sacrifica unas facetas por otras, en las que se centra para obtener resultados sobresalientes. Esa gente se obsesiona con una meta, y la consigue, pagando un precio. Si quieres ser extraordinario, familiarízate con ello, con las renuncias, con las incomprensiones y con el rencor de quien siente su orgullo herido por tu entrega y tu compromiso. No digas que no te avisé.

Al final de "El Padrino, II parte" (1974, Francis Ford Coppola) vemos a un Michael Corleone pensativo, envejecido y solo. Michael es ahora, en palabras del propio Coppola, el hombre más poderoso de USA, pero está totalmente solo. Nadie le ama. Michael tiene un imperio mucho mayor que el de su padre Vito, que estaba circunscrito a Nueva York. Vito controlaba a unos cuantos concejales. Michael tiene en el bolsillo a senadores. Ha continuado la obra criminal de su padre y la ha engrandecido .... pero a costa de destruir a la famiglia Corleone.

Vito Corleone es un criminal, pero hay un matiz de identificación del espectador con él. Vito es un Alfa -se nota cuando sigue a Don Fanucci durante las fiestas de San Roque, acechándole como un depredador: es un cazador nato-, es un varón muy inteligente, pero es también afable, paternal, majo. Sus seguidores le aprecian porque saben que hay corazón en él. Vito es un criminal, pero un criminal equilibrado. La tragedia personal de Vito es que sus tres hijos varones han heredado sus cualidades por separado, y al tener sólo esa cualidad sin ninguna de las otras como contrapeso, la han exagerado con el tiempo. Fredo es muy dulce y empático, pero sumamente débil. Sonny es violento y follador pero se excede de Alfa, es descerebrado e irreflexivo. En cuanto a Michael, su inteligencia es excepcional, pero es frío y está vacío por dentro. Aun así, de las tres cualidades de Vito para prosperar en el hampa a gran nivel, Michael tiene la única imprescindible.

A veces te sentirás solo, incomprendido, porque otros no ven lo que tú ves, no anticipan lo que tú anticipas. Ya te digo: incluso gente de tu famiglia. Lo harán con todo el amor del mundo, pero ellos no están en tu cabeza, ellos no entienden por qué haces lo que haces. Sin embargo, tú sabes que ha de hacerse, que necesitas hacerlo. Tal vez no sepas por qué, pero sabes que tienes que ir a por ello. Que sepas también que pagarás el precio.


Un personaje admirable.

-Cultiva el escepticismo metódico, sin sucumbir a él. El humano tiene la peculiar cualidad de engañarse a sí mismo, y eso tiene sus cosas buenas -como los placebos- como malas -básicamente que vas ciego por la vida y te puedes escoñar-. Nosotros tenemos que albergar en nuestras conciencias un sano escepticismo. Lo digo en su doble vertiente: "escéptico" viene de "mirar, ver", por lo que tienes que entrenarte en el arte de la observación de la realidad, ver las cosas como son -no peor de lo que son, como hace tanto cenizo, sino como son-, y no negar lo que ves.

Muchos varones incurren en falta de escepticismo cuando no admiten las pastillas rojas. Hacen como si no estuvieran ahí. Es como el típico beta a quien alguna princesita hace algo de caso y sólo por eso se pone a idealizarla en su mente a pesar de que sus ojos le están transmitiendo un mensaje muy distinto. Ve que es promiscua, que es vulgar, que no pegan ni con cola, que no quiere nada serio, que le está manipulando, pero no quiere verlo. Bueno, ya escarmentará en cabeza propia por haber renunciado a su escepticismo.

Luego están los varones que toman la pastilla roja pero que, para justificar su misoginia y su resentimiento, se vuelven magufTOWS. Nuestro movimiento no está libre de caer en la tentación de la magufada. El escepticismo ha de servirnos como herramienta para aportar los datos más fiables, los argumentos más sólidos y la actitud más sana a la hora de reconstruir la masculinidad occidental.

Dos factores emocionales hacen que el clásico "El exorcista" (1973, William Friedkin) guarde un lugar especial en mi corazón. Uno, que al verla por primera vez con 12 años me quedé prendado de la niña Linda Blair, lo que hizo de su transformación algo particularmente angustioso para mí, por lo que de aquéllas no pude soportar verla entera. El otro, que tiene en su paisaje humano a uno de los personajes más notables y entrañables que he visto nunca en imágenes, el sacerdote y psiquiatra Damien Karras. Es uno de esos personajes cinematográficos que desearía que existiese en la realidad, y hacerme amigo suyo. Damien ha perdido la fe. Está sumido en una honda depresión, que lleva con sumo estoicismo y gran elegancia. Varón de gran potencial, si no hubiera tomado los hábitos podría haberse dedicado a una profesión liberal que le habría permitido tener a su anciana madre como una reina el resto de sus días, así como quizá formar familia. Pero no ha sido así, tiene voto de pobreza y su madre languidece en su viejo apartamento neoyorquino. Un día ella pierde la cabeza y al poco tiempo muere, dejándole con un poso de culpa y decepción muy adentro. Su vida no ha tenido ningún sentido hasta ahora. Un cura que no cree, un terapeuta que no ejerce.

Pero aparece la actriz Chris McNeil pidiéndole ayuda para su hija Regan, a la que considera poseída. Damien acepta, pero observando a Regan escépticamente, como profesional. Es por eso que desecha todo aquello que pudiera ser tenido como sobrenatural, porque Damien ya no cree en lo sobrenatural. Todos los signos de posesión que observa son para él tretas, casualidades o producto del estado alterado de conciencia de Regan. No ve al Diablo en ella. Ese escepticismo, ciertamente, no llega al fondo de la cuestión, pues sabemos que Regan sí está poseída. Pero es interesante entender que su escepticismo no le impedirá a Damien darse cuenta de la realidad más tarde, mientras que por otra parte le otorga un gran poder dialéctico. Damien ownea al Diablo. En su primera visita a la poseída, Damien le sacude dos zascas dialécticos al mismísimo Príncipe de las Tinieblas en menos de un minuto. En su segunda visita, le sacude más, e incluso le engaña con agua de grifo. Su escepticismo ha aguzado su mente como un estilete.

Ahora bien, llega un momento en que descubre que Regan sufre una posesión auténtica. Pero como es un escéptico, tiene que verlo. En un momento que me recuerda al del apóstol Tomás hundiendo los dedos en la herida del costado de su Maestro, durante el exorcismo el cuerpo de Regan comienza a levitar, y eso no se le escapa a Damien, que se queda callado unos segundos sin dar la pertinente réplica al oficiante padre Merrin. En ese momento el espectador siente que Damien recupera su fe y puede dar su réplica, que es especialmente emocionante: "que mi llanto llegue a Ti". Damien acepta lo que ve, como buen escéptico, y su vida tiene ya un sentido: salvar a Regan y derrotar al Diablo.

Aprende de Damien Karras, hermano. Que nadie te tome el pelo con magufadas. Pero en el momento en que la realidad se imponga, acéptala. Acéptala porque la ves, porque es un hecho, y porque cuanto antes la aceptes antes podrás dar tu réplica.


Voz de Max von Sydow.

-La opinión ajena es una prisión. Hay voces que debes escuchar, porque saben más que tú. Pero piensa que las opiniones de otros rara vez son desinteresadas. De quienes opinen sobre ti y sobre tus sueños, muy pocos lo harán desde el amor y la amistad. La mayoría querrán manipularte, sacarte partido, o meramente proyectar en ti sus frustraciones, pero no buscarán ayudarte a crecer. "Del enemigo el consejo", se puede decir, y es cierto que si tenemos la atención alerta podemos sacar partido de todo lo que nos llegue. Pero llegar a depender de la validación exterior, esperar a que otro opine para saber qué pensar sobre algo, determinarte según las posibles respuestas de terceros, ay, ésa es una odiosa prisión mental. Y por lo general al principio no lo parece. Uno diría que están intentando hacerte un favor.

En "Europa" (1991, Lars von Trier) el protagonista, un useño de raíces alemanas, viaja a la Alemania derrotada de 1945 mediante la hipnosis. Una voz sin rostro le introduce en aquel mundo. Allí buscará su lugar, allí se enamorará, allí arriesgará su vida, allí entrará en el mundo del ferrocarril, allí trabará contacto con los Werwolf y finalmente también allí quedará ahogado flotando en el agua, sin poder salir, sin poder regresar. La voz ha creado un marco mental que el hipnotizado no consigue romper, pues le supera: su mente le ha dado tanto poder a esa voz líder que carece de fuerza anímica para dar la vuelta a la situación y retornar al presente.

Muchos viven en función de lo que otros opinan, o de lo que se supone que hay que demostrarles. Muchos han perdido el valor de hacer cosas nuevas porque gente próxima a ellos, por la que sienten amor y veneración, les han descorazonado diciéndoles que no pueden hacer esto o aquello, y se lo han creído, lo han aceptado por una perversa variante del principio de autoridad. Y sólo darán pasos hacia delante cuando voces ajenas con similar autoridad les animen a darlos.

Frente a la sugestión ajena, practica la autosugestión. Habla con tu subconsciente. Crea tú el marco para que tu subconsciente desarrolle su tremendo potencial. Tu subconsciente es extremadamente poderoso, pero necesita instrucciones. Adelántate a los demás y da tú esas instrucciones. Introduce palabras e imágenes en tu discurso interior, palabras e imágenes que lo inspiren y lo mejoren. Palabras e imágenes poderosas, rotundas, inequívocas, sin mucha elaboración. Tu subconsciente es muy poderoso, pero también es muy obtuso. No entiende las complejidades que tu mente consciente sí sabe manejar bien. Un día lo trataremos con más extensión.


Interiores oscuros típicos del cine de Eastwood.

-Escucha aquello que te empodere. Esta idea-fuerza completa la anterior. Si debes mantener distancia con las opiniones ajenas, no por ello dejes de aprovechar las que te insuflen ánimo, las que te despierten, las que inspiren en ti sentimientos de adhesión, de dignidad y de entusiasmo. Hay gente que parece sanar a los demás con sólo abrir la boca. Esa gente existe y no ronda lejos de ti. Cuéntales como amigos, y emúlales: sé tú uno de ellos.

Volvemos al tío Clint, lo que siempre es un placer. En "El jinete pálido" (1985) vemos cómo unos mineros independientes en un hermoso paraje de la California del siglo XIX están acogotados por las malas prácticas de un emporio minero local que quiere expulsarles del negocio por las malas. Como respondiendo a los ruegos de una adolescente tras una razzia de los matones contratados por la compañía, aparece un predicador, que se diría enviado desde el Cielo. Al saber el jefazo de los malos, el ricachón LaHood, que el recién llegado es predicador, monta en cólera. En palabras de LaHood, "un hombre sin fe no vale nada", pero un grupo de pobres buscadores de oro con la moral comida y a punto de tirar la toalla pueden recuperar esa fe gracias a un varón que les hable al corazón con las palabras adecuadas y el ejemplo adecuado. Si el recién llegado fuese un mero gunman habilidoso, no habría problema, porque LaHood está en la posición de contratar a mil para contrarrestarle, pero sobre todo porque muerto el recién llegado, muerto el problema. Pero si el predicador enciende en el corazón de los mineros la llama de la fe, habría que acabar con todos, lo que multiplicaría el problema hasta un punto potencialmente peligroso.

No se trata sólo de volver a decir que la fe mueve montañas, algo 100% cierto dicho sea de paso. Es importante que tengas criterio para cribar los mensajes que te llegan. Un único mensaje negativo puede arruinar el impacto que diez mensajes positivos estaban teniendo en tu ánimo. Es como cuando buscas reseñas de tu negocio en las webs que hay para eso, todo son críticas positivas, 4 ó 5 estrellas sobre 5, pero de vez en cuando alguien te pone 1 estrella. Y aunque sea minoritaria, y puede que esa persona no tenga razón o que esté resentida por algún motivo que desconoces, esa opinión pesa más que todas las positivas. Tienes que tener un filtro mental apropiado para evitar eso, para cerrar el paso a la sobrevaloración de lo negativo y para saber apreciar las opiniones positivas, aprendiendo asimismo a saber distinguirlas de los halagos, que son peligrosos.

Si alguien te transmite buen rollo con sólo hablar, o con meramente coger un pico y empezar a picar una roca como hace el predicador, aprovecha ese impulso que te empodera y une fuerzas con él. Cada vez que pones el pie en la calle, estás conversando con el mundo. Sintoniza los mensajes positivos, y sincronízate con ellos.


Sigue saliendo Eastwood ;-)

-Mira a tu alrededor, ahí tienes los medios. Muchos se quedan mano sobre mano sin hacer nada por sus vidas porque según ellos les faltan esto o lo otro como ingredientes imprescindibles para actuar. Que no es el momento, que no estoy preparado, que me falta tal o cual, que tengo escasez de tiempo o de dinero o de energía, que si hubiera sido hace un año sería distinto, o puede que el año que viene sea la ocasión perfecta, etc etc. A veces son quejas sinceras, sentidas. A veces son meras excusas para enmascarar el miedo, la inseguridad o la más despreciable pereza.

Es como el que está habituado a pasar por la misma calle cada día durante años, nunca repara en los locales ni en los vecinos, pero un día algo hace que se fije en lo que antes no se fijaba. Algo que necesita, o que le han comentado, o que le ha recomendado el médico, cualquier motivo, despierta en él resortes mentales que le orientan hacia lo que antes no notaba siquiera. Es como si su antena mental hubiera sintonizado con nuevas frecuencias. Y entonces se da cuenta de que la solución a algunas de sus carencias estaba muy, muy cerca. Que la respuesta la tenía al alcance de la mano.

Por eso me siento esperanzado con nuestra filosofía de vida MGTOW. Porque podemos hacer mucho sintonizando con lo próximo. "No podemos cambiar el mundo" me podrás decir, hermano, pero ¿a que sí podemos cambiar un barrio? Encuentra la riqueza y la sintonía en la proximidad, crea un red de barrio, afina tu antena.

Una anécdota asombrosa: el cineasta Sergio Leone y el compositor Ennio Morricone fueron compañeros de aula durante su infancia. Leone no se lo creía cuando se conocieron profesionalmente de adultos y él necesitaba un compositor adecuado para su nueva visión del western. Morricone tuvo que enseñarle una foto de orla en la que salían ambos a un metro de distancia. Pues ya veis, la solución para los problemas de BSO del cine de Leone la tenía al lado. Hoy en día es impensable su "trilogía del dólar" y el resto de su trayectoria posterior sin las partituras deliciosamente pop de Morricone. Pero se tuvieron que re-conocer de mayores.

Al menos Leone puede argumentar que de aquéllas eran niños y por entonces él sólo pensaba en emular a Flash Gordon poniendo en peligro el jarrón del pasillo del domicilio familiar. Qué sabía él. ¿Pero tú, que ya te afeitas para arriba, qué excusa tienes? Si estás con la mentalidad adecuada, si te has sintonizado a ti mismo con el tono ideal, empezarás a ver cosas que antes eran invisibles para ti. Enlazarás lo que parecía inconexo. Sacarás partido de lo que juzgabas estéril. Te entusiasmarás con lo que no prometía nada porque no tenías la antena ajustada para poder ver que sí prometía algo, y que ese algo estaba esperando por ti. No te traiciones y tómalo.


Afiche visto en imdb.com.

-El humor es tu aliado. Puede que Alejandro Jodorowsky diga muchas tonterías, pero de vez en cuando deja sentencias muy sabias, como la que afirma que sin sentido del humor uno no puede ser un buen terapeuta. La medicina del cuerpo y del alma necesitan humanidad, porque cuerpo y alma pesan lo suficiente como para gravar al enfermo con más carga. El humor libera, relaja y alivia esas cargas que la vida va imponiendo.

Es importante tomarse en serio los propios objetivos. Pero un poco de humor impedirá que nos tomemos demasiado en serio a nosotros mismos. Muchas tragedias de la historia nacieron de personajes de encopetada seriedad. El humor te ayudará a ser flexible, a tener más agilidad a la hora de ver, entender y decidir, a no pecar de rigidez ni de endiosamiento. Además, si sabes reírte de ti mismo dentro de un orden le quitarás argumentos a tus detractores.

"Psexoanálisis" (1967, Héctor Olivera) es una soberana chorrada  que sus responsables plantearon como burla total de uno de los signos distintivos del intelectualismo de postguerra en Argentina: el freudianismo más integrista. En este vodevil trufado de estética pop-art y op-art no queda ni un concepto freudiano en pie tras varias sesiones de psicoanálisis grupal a cargo de un presunto especialista que en realidad es un intruso cuyo máximo afán es encamarse con las pacientes.

Todavía hoy se hacen chistes con lo de Freud y Argentina, o de cómo la nación austral se convirtió en la reserva espiritual de su escuela. Las referencias al "psicoanalista argentino" abundan en la cultura española desde que tengo memoria. Pero eso no les afecta a los argentinos como pueblo, porque hace medio siglo que demostraron que se descojonaban de ellos mismos en ese tema, lo que devalúa cualquier crítica que se les quisiera dirigir.

Haz tú lo mismo. Quítate trascendencia. Practica el divino arte del humor. No arrojes sobre tu espalda más carga de la necesaria. Gracias al humor aprenderás a relativizar aquello que te agobia y a valorar lo que la vida te ofrece.


Visto en imfdb.com.

-Conoce tu entorno. Hemos dicho que es muy importante saber sintonizar con lo que nos rodea, porque contiene potenciales soluciones para nuestros problemas y nuestras metas. Pero vayamos un poco más allá. No nos limitemos a darnos cuenta de lo que nos rodea, sino además que sepamos cómo funciona. Nuestra sociedad está regida por leyes -las jurídicas, las sociológicas, las económicas, las psicológicas-, que debemos conocer, lo suficiente al menos para poder desenvolvernos en ella.

Una de las reflexiones del maestro Frankl que más populares se han hecho es ésta: en la vida, aunque no podamos elegir las circunstancias, sí podemos elegir la actitud. Esa actitud ha de ser estoica, centrada en aquello que podemos controlar, pero también proactiva: nuestra actitud puede proyectarse hacia las circunstancias, y con ello cambiar las susceptibles de ser cambiadas.

En "Dersu Uzala" (1975, Akira Kurosawa) el militar ruso Vladímir Arséniev se adentra en el corazón de Siberia con su destacamento, pero se pierde en la inmensidad del Heartland asiático. Tiene la fortuna de encontrarse con un cazador local, el solitario y sabio Dersu, quien tiene un conocimiento excepcional del medio natural en el que vive. Hacer caso a Dersu es sinónimo de sobrevivir. Ambos varones -personajes rigurosamente históricos- entablan una sincera amistad. Dersu es un animista y un analfabeto total, pero su sabiduría y la grandeza de su espíritu son evidentes para quien no sea un ceporro de solemnidad. Su habilidad para desenvolverse en la taiga, incluso cuando va perdiendo facultades por la edad, y su desenfadada personalidad convierten a Dersu en un icono cinéfilo imborrable, pero también en un excelente ejemplo de conocimiento del entorno.

Tanto se ha adaptado a su entorno, que Dersu no soporta vivir en la civilización, junto con la familia de su amigo Arséniev. Se marchita como una flor cortada. Así que decide regresar a la taiga, donde encontrará la muerte, como a buen seguro siempre tuvo en mente.

Observa con ojos agudos tu entorno, hermano. Conoce las leyes que lo rigen. Y pon ese conocimiento al servicio de tus sueños y metas. Tienes una ventaja en comparación con Dersu. Él vivía en soledad, le rodeaba la Naturaleza salvaje, y apenas podía tener impacto en ella. Extraía de ella su sustento y nada más. Por eso tendía a endiosarla, a creer que todo son espíritus en la materia, porque no tenía el suficiente poder como para cambiar mucho de su entorno. En cambio, tu entorno es reactivo. Puede cambiar con tu influencia, porque en nuestras sociedades hay una alta densidad humana, y los humanos reaccionamos y cambiamos cosas. Otros humanos son tu entorno, con el que puedes interactuar de manera productiva. Dersu llamaba "gente" a todo, incluida la vía férrea. Al fin y al cabo Dersu era un humano, un sapiens, por lo que buscaba afanosamente interlocutores en virtud de su naturaleza de animal social. En cambio, tú estás rodeado de humanos, que sí pueden ser interlocutores válidos que te ayuden en la conquista de lo que quieres ser y hacer. No pierdas de vista el poder del entorno, hermano.


Cara de "intenso" hasta en las pausas del rodaje.

-Verás a muchos reyes desnudos. ¿Recuerdas el cuento de Anderson, sobre el rey desnudo a quien nadie se atrevía a decirle la verdad? Pues lo primero es que leas los clásicos castellanos, porque ese apólogo ya estaba en El conde Lucanor del infante Juan Manuel, Lo siguiente es que te vayas acostumbrando a toparte con reyes desnudos. Es decir, te encontrarás con falsedades muy obvias pero que el común de la población no se atreve a reconocer, en experimento Asch multitudinario, porque cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, espera y necesita el respaldo de los demás, de manera que si decimos en voz alta según qué cosas nos esperará el ostracismo social, el bochorno, o consecuencias peores. La soledad total, la soledad del despierto, es dura. Por eso muchos, la mayoría, no dicen nada ante los innumerables reyes desnudos que se pasean por nuestras calles.

Todas las épocas humanas han tenido sus mentiras y sus autoengaños. La nuestra, por avanzada que esté o crea estar, no es la excepción. Nuestros políticos ya no son tiranos como en otros siglos, pero ¿son acaso más veraces? Los medios masivos de comunicación ¿son transparentes y ecuánimes porque lo son o porque dicen serlo? Si a tantos reyes desnudos que nos pueblan hoy les sumas otros reyes desnudos -más bien reinas- de cuya existencia serás consciente cuando te hayas tomado la pastilla roja, no te digo nada: las relaciones varón-mujer están llenas de todo eso. No te digo que te conviertas en un mártir social al apuntar con el dedo a reyes desnudos de nuestra época, pero sí que seas consciente de ellos y actúes con cabeza.

Hay clásicos del cine que tienen una buena fama exageradísima. Se pueden poner infinidad de ejemplos, pero ahora se me ocurre "El evangelio según San Mateo" (1964, Pier Paolo Pasolini), un bodrio infecto cuya absurda buena fama proviene de la arrogancia intelectual de la izquierda -el apellido Pasolini funcionaba como una "marca de calidad", como en los productos del odiado capitalismo- así como del estúpido complejo de inferioridad de la derecha en materia cultural, y en cualquier otra. Uno de los mejores cinéfilos que ha dado España, J. M. García Escudero, director nacional de cinematografía en dos ocasiones durante el franquismo, admiraba mucho este film, en el que según él Pasolini había dado con Cristo. Pues vale.

El film tendrá todos los "valores" que se quiera, pero es un desastre. Los responsables ni saben dirigir ni tienen putas ganas de gustar a la audiencia. Cada vez que hay un cambio de plano, no hay continuidad, es como si el plano siguiente fuese de otra película. Parece montada a hachazos. Pero, ahhhhh, lleva el logo Pasolini, entonces tiene que ser la rehostia. El casting se centró en encontrar rostros inexpresivos o idiotas. Jesús dice algo, y le sigue un contraplano de varios lugareños con cara de zoquetes, que no expresan ni inspiración ni entusiasmo ni nada. El mismo Jesús no transmite ninguna fascinación. La gente le sigue porque lo pone en el guión. ¿Qué pretendía Pasolini, hacernos saber que en la Judea del siglo I había pobreza y secarrales? Si la llega a hacer Roger Corman -a quien muy posiblemente le habría salido mejor, y más divertida, y rentable-, la crítica le habría puesto a parir, empezando por la derechista. Pero chssssss, que es de Pasolini.

Verás muchos reyes desnudos, hermano. Espera encontrarlos a diario. En el mundo del arte no pasará nada si lo afirmas rotundamente. Nadie te va a llevar a la muerte civil por criticar a Picasso o a Warhol. Pero en materias más neurálgicas, si decides no dar el paso de gritar "¡el rey está desnudo!", al menos actúa con sagacidad para no meterte en líos y seguir con tu vida y tus objetivos.


Mugshots de pega, de "Toma el dinero y corre", vistos en Wikimedia Commons.

-Trabaja más. Cuando redacté el Manifiesto Neo, expuse tres reglas resumidas en 10000 / 66 / 20-80, siendo la primera de ellas la de que hacen falta muchas horas para conseguir tus objetivos. Mucha gente fracasa porque no trabaja con la suficiente intensidad ni durante el suficiente número de horas. Todos los días tienes que trabajar en tus objetivos -descansa uno a la semana, si crees que te lo puedes permitir- las horas que sean necesarias, y si no llegas a completar los objetivos el mismo día, que sean mínimo 8 horas. Trabajar menos es de señoritos. Y tú eres pueblo, hermano, sobresaliendo de la masa para alcanzar tu máximo potencial.

He visto muchas veces cómo estudiantes mediocres se quejan de que no consiguen resultados comparables a los de los primeros de la clase, a pesar de que -dicen- se esfuerzan tanto como ellos. Entonces haces el recuento de las horas que unos y otros dedican al estudio y ves que los más brillantes han estado más horas. Eso llevo décadas viéndolo. Por tanto, a mí no me pueden tomar el pelo. Hay que darle duro, sí, pero durante mucho tiempo. El tiempo marca también la diferencia.

Ahora Woody Allen no está de moda. Gracias a Time's Up y demás plataformas, se encuentra en un momento  bajo de popularidad. Pero mientras no se demuestre nada, Allen sigue siendo Allen. Lleva cerca de medio siglo a película por año, repitiéndose muchas veces, pero arriesgando y acertando en otras. Tiene películas mejores y peores. Y aún así, ya octogenario, sigue escribiendo, rodando y estrenando, al mismo ritmo. Si algo destaca en él, es su capacidad de trabajo.

Recuerdo una entrevista en la que le preguntaban a Allen el secreto de su éxito y de su productividad, a lo que él respondía que se basaba en su capacidad para trabajar disciplinadamente. Se levantaba cada mañana y al tajo, a lo suyo. No tenía rutinas especiales ni rarezas. Simplemente, a trabajar. Decía que se consideraba menos inteligente que la media de sus compañeros de colegio, pero aprendió a sobrepasarles a base de trabajo.

En tus anteriores fracasos, ¿qué importancia ha tenido no haberle dedicado las suficientes horas a tu tarea? Evalúa las ocasiones en que has fallado, y plantéate si tal vez fue cuestión de no haber trabajado bastante. A menudo tenemos la tentación de "culpar al empedrado", de eludir responsabilidades con excusas. Eso es humano, porque no nos gusta cuestionarnos a nosotros mismos. Pero todo lo grande que puede esperarte y que puedes merecer has de merecerlo primero, y para eso se necesitan horas, cuando las cosas van rodadas pero especialmente cuando está chungo, cuando duele, cuando no se ven los resultados. Echa horas sobre todo durante los días malos.

El tiempo pasa. Cada hora que no empleas para perseguir tus sueños es una hora perdida. Cada hora de trabajo es una hora ganada. No lo olvides.


Visto en Pinterest.

-Sé plenamente consciente de tus puntos flacos. Conócete a ti mismo, ten el valor de sincerarte. No te creas omnipotente, porque no lo eres. No te ensalces si eres ensalzado, porque la ruleta gira y sus debilidades humanas no desaparecen por arte de magia en las épocas buenas en las que te sale todo bien. Confía en ti mismo, pero no ciegamente. Hay partes de ti que conspiran para tu ruina.

La adhesión a un estilo de vida MGTOW sirve de cortafuegos a la hora de evitarte ruinas, hermano. No podemos negar la realidad: los hombres somos fácilmente manipulables por las mujeres. Y si son guapas, nos convierten en auténticos bufones con suma sencillez. No importa lo listo que seas: la dinámica de la atracción sexual te convertirá en un memo integral si no eres consciente de esa debilidad, que está programada por la ginarquía primigenia en los albores de nuestra especie.

Un personaje destaca en "Casino" (1995, Martin Scorsese) entre tanto italiano sanguíneo y temperamental: un judío llamado Ace Rothstein que se aúpa a la dirección del casino Tangiers, sede de la trama -fílmica y mafiosa-, gracias a su admirable inteligencia y a su circunspecta frialdad. Para Ace, los juegos de azar no tienen nada de azaroso. Son predecibles como una ciencia exacta. Tiene una facilidad prodigiosa para calcular las probabilidades en los juegos de dados, que truca hábilmente, en las cartas, en las tragaperras .... así como en las reacciones de los jugadores, a quienes parece leer la mente. En definitiva, Ace es un témpano de hielo muy cabrón y muy agudo que parece controlarlo todo.

Pero ay, no puede controlarse a sí mismo en un punto. En su vida se cruza una tal Ginger McKenna, una buscona de casino con historial previo de puterío, que le trae de cabeza, se encoña con ella sin remedio. Cualquiera puede ver que Ginger no es trigo limpio, que le va a torear, que mujeres así es mejor tenerlas muy lejos porque no aportan nada salvo gastos y problemas, pero el gélido e hiperracional Ace pierde el sentido con una mujer tan tóxica y tan hueca. Con sólo verla. La atracción sexual es su punto flaco, y cae en ella, jugándose la continuidad de su pequeño imperio por alguien que no lo merece.

También en tu vida hay variables peligrosas y buscadoras de ruina que no sabes computar bien. Eso te pasa a ti y me pasa a mí. Como dice Bill Burr, muchos grandes hombres pierden el imperio que han construido afanosamente con su esfuerzo y talento, desmantelándolo en minutos, por pensar con la polla. Ése es un defecto estructural de los varones. Es algo natural en los varones de nuestra especie, orientada a organizarse espontáneamente en ginarquía. Pero que sea estructural no significa que tengamos que rendirnos a él y ver cómo aquello que hemos ganado y que queremos disfrutar merecidamente se disipa por nuestra debilidad. Piénsalo, hermano. Piensa que nuestra filosofía de vida te protege, y protege tu naciente imperio.


Un disparo, un objetivo.

-Ve de uno en uno. Uno de los ingredientes irrenunciables para tu éxito es la concentración. Tus energías no son infinitas, y la hormesis que desarrollas ante el estrés inducido describe una curva, que a partir de determinado punto se desploma. Trabaja, sí, como ya dije antes, pero no te mates. Entrena, pero no sobreentrenes. Llegado a un punto, es contraproducente.

¿Qué hacer? Concentra esfuerzos de objetivo en objetivo, no todos a la vez. Para eso hacen falta tiempo, horas de tiempo sagrado en tu día a día, y paciencia, no querer abarcarlo todo de golpe. Si la unión hace la fuerza, eso vale también para tus desafíos, para los obstáculos que te esperan. Desúnelos y serán más débiles.

"Atmósfera cero" (1981, Peter Hyams) es un pequeño clásico sci-fi que vendría a ser un hermano menor de "Alien": misma época, ambientación en el Espacio, trasfondo de economía minera, hiperrealismo, una corporación malvada, las instalaciones convertidas en una encerrona, partitura de Jerry Goldsmith .... Un nuevo sherif, William O'Niel, llega a la explotación minera que la compañía Con-Am tiene en Ío, encontrándose con una epidemia de suicidios entre los operarios. El actual director de la mina, Shepperd, está distribuyendo una anfetamina hiperpotente entre el personal, que lleva a un aumento récord de la productividad, a costa de freír el cerebro de los mineros, que caen como moscas. O'Niel interfiere en los planes de Shepperd y éste emite una especie de "fatwa" contra él: dos matones irán a eliminarle en pocos días, y nadie en el complejo minero le ayudará, salvo una doctora aficionada a la bebida. A esos dos sicarios se les unirá a última hora uno de los subordinados de O'Niel.

O'Niel está sentenciado. Tres villanos, dos de ellos profesionales del matonismo y un tercero favorecido por el factor sorpresa, contra el héroe. Pero como éste se enfrenta a ellos de uno en uno, sus posibilidades de vencer aumentan. De hecho, los tres enfrentamientos son distintos, porque están "personalizados". Finalmente O'Neil triunfa porque los desafíos no le desbordaron en número.

Muchas veces quien se hace propósitos de año nuevo los abandona al poco tiempo, condenándose a volver a repetir su vida del año pasado, porque abarca demasiado. No tiene paciencia ni estrategia. El día consta de 24 horas, no más, y nuestra energía es limitada. Esparcir tiempo y energía en muchos puntos lleva a pocos avances en cada uno de ellos, o muy pocos, o casi ninguno, una falta de feedback que lleva habitualmente al abandono. Por tanto, es mucho más eficaz atacar los objetivos de uno en uno.

Así, uno de los propósitos habituales es el de ponerse en forma. Bueno, pues podemos dedicarle el primer mes del año sólo a ese propósito. Durante ese mes nos informaremos, leeremos, buscaremos tutoriales, consultaremos con gente que sepa, mejoraremos la alimentación, tendremos mejores costumbres cotidianas, nos apuntaremos al gym o entrenaremos en el parque, nos olvidaremos del ascensor, suprimiremos vicios, etc etc etc. Entonces, cuando llegue el segundo mes del año ya habremos interiorizado una rutina y ya empezaremos a ver resultados, con lo que continuaremos persiguiendo ese primer objetivo de manera más automatizada, por costumbre. Si no llega con un mes -en realidad harían falta 66 días, de media-, date un segundo mes. Y pasado ese tiempo ataca el siguiente objetivo. El de la salud lo pongo de primero porque, de hecho, la salud es lo primero, la base para conseguir otros objetivos. Si vas de uno en uno tus objetivos son alcanzables, hermano.


Visto en Pinterest.

-La vida no espera. Ten eso muy claro. La vida no te devuelve ni un minuto. La vida sigue su curso, la vida se abre camino, la vida no te espera. Tira a la basura el día de hoy, si quieres. Pero después no lo llores, porque no volverá. Y si te quedas llorándolo, la vida seguirá adelante ignorándote. Por eso, súbete a ella. Vive. Como varón fungible, es tu deber vivir.

"Cuentos de Tokio" (1953, Yasujiro Ozu) está llena de momentos de delicada emoción, pero dos han quedado a fuego en mi memoria. Un anciano matrimonio del Japón rural viaja a ver a sus hijos y nueras en el Tokio de la postguerra mundial. Se nota entre ambas generaciones un gran hiato. Casi nadie está entusiasmado con la presencia de los vejetes. Sólo una de sus nueras les trata con cariño, a pesar de que no lleva su sangre. Finalmente la anciana señora muere y su viudo regresa al pueblecito donde vivía. Es un film casi sin acción y casi sin argumento, lo que no le ha impedido ser considerado un clásico.

El primero de los dos momentos a que me refería: de paseo a las afueras de la ciudad, la anciana quiere jugar con uno de sus nietos, pero éste no le hace caso y sigue a su bola. El segundo: tras la muerte de la anciana, un vapor cruza plácidamente la bahía de Tokio. Nada más. Unos breves segundos. La magia del film está en cómo esos pocos planos sugieren que la vida sigue adelante porque para la vida es imperativo categórico seguir adelante. El niño juega para descubrir y para explorar. El vapor comunica gente y mercancías. Es imperativo categórico de la vida descubrir, explorar y comunicar.

Se muere alguien querido y el Sol sigue brillando, los trenes siguen saliendo a su hora y el barrendero sigue pasando. Porque tiene que ser así. Porque el mundo no se va a detener por tu dolor. La gente busca su felicidad, a su modo, a menudo torpemente, pero va hacia delante. Es ley de vida. Y mientras la búsqueda de la felicidad no estorbe la de otros, está bien que así sea. Así querrían que fuese tus seres queridos que ya no están. De modo que cumple tu duelo, pon en orden todos los papeles, y súbete a la vida.


"¿Que te cuente mis sentimientos? Sí, sí, claro ...."

-Guárdatelo para ti. Sé algo reservado. No lo cuentes todo. Hay que ser abiertos y comunicativos, pero no demasiado comunicativos. El exceso de algo bueno es malo. Está bien que tus sentimientos afloren, está bien que puedas mostrarte vulnerable. Pero escoge bien cómo y con quién.

Ellas siempre dicen que tenemos que abrirnos más, que no saben qué pensamos, que deberíamos dejar de defender nuestra fachada de hombres duros y mostrarnos más sensibles e impresionables, que nos vendría bien contar cuáles son nuestros puntos vulnerables porque es una sinceridad terapéutica, que nos falta toque femenino y que deberíamos cultivarlo. Pues ten en cuenta una cosa: si exhibes tus debilidades, serán usadas en tu contra.  La fachada de dureza y de imperturbabilidad masculina no es una imposición heteropatriarcal, sino un recurso defensivo que varones sabios nos han inculcado a lo largo de los siglos. La Ginarquía quiere que nos deshagamos de esa defensa, prometiéndonos aprobación femenina a cambio. No te fíes, hermano.

Los dos grandes cómicos del cine mudo, grandes directores también, fueron Chaplin y Keaton. Frente al expresivo Chaplin,  la figura de Buster Keaton es la del varón impasible, que mantiene su impavidez incluso en el centro de los desastres más apocalípticos. Al parecer cobraba un plus por evitar que nadie le viese sonreír ni siquiera por la calle. Keaton ha pasado a la historia como el hombre de cara de palo, de quien realmente no sabes muy bien qué está pensando ni cómo va a reaccionar. El cine mundial ha alimentado con devoción esas figuras masculinas lacónicas a lo largo de las décadas y de los países, lo que hace pensar que responden a una necesidad del público masculino, una forma de inspiración. Compárense con las pelis de Supernenas pegapatadas del Hollywood sin alma de los últimos años, una imposición artificiosa nacida en un país en una determinada época, y que no tiene público -las feministas no van a verlas-.

Los varones imperturbables y lacónicos eran sensibles y vulnerables en su fuero interno -Mío Cid lloraba: es más, es lo primero que hace en su Cantar-, pero no permitían que se supieran sus puntos flacos, para no ser vencidos ni chantajeados emocionalmente. Cada uno a su modo, los personajes de Keaton en el slapstick como los de John Wayne en el western, pero partiendo de la base de que conviene que no se sepa todo de nuestros procesos mentales, porque los varones somos manipulables.

Puedes aplicar esa reserva en tus relaciones red-pill, así como en tu crecimiento personal como Neo. Esto último tiene dos vertientes. Por una parte, no digas más de lo que puedes hacer. Más aún, no hace falta que enuncies a los cuatro vientos tus objetivos. ¿No te has fijado que cuando comentas con otra gente un objetivo que tienes, éste suele no cumplirse al final? Es como si compartir algo que está en embrión lo estropease, porque ha salido a la luz pública antes de tiempo. Más aún, es como si al enunciar tu objetivo a los demás se te hubiese ido la fuerza por la boca, de manera que te crees subconcientemente que con enunciarlo ya lo estás consiguiendo, y no es así. Conozco a dos tíos con sobrepeso que trabajan en la misma empresa, uno lleva diciendo que va a empezar una dieta y a matarse a entrenar desde hace años, pero años, y sigue igual, mientras que el otro sin decir nada ni leer un bando en la plaza se ha quitado como 20 kgs en medio año.

La segunda vertiente es que, si lo dices, cúmplelo. Cumple tu palabra. Es mejor que no lo digas si crees que no vas a poder, que el farol se te puede ir de las manos, pero si al final lo dices échale huevos y cúmplelo. Una persona que dice una cosa y no la hace pierde el respeto de los demás. Aparte, no aprende a tener disciplina. La fidelidad a la palabra dada es uno de los mejores valores que un varón puede tener.

Qué curioso que empezando con uno de los grandes artistas del cine mudo terminemos aludiendo a las palabras. La magia del cine, sin duda ;-)




10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Si el manga cuenta como libro, Golden Boy (https://es.wikipedia.org/wiki/Golden_Boy_(manga)). Además existe adaptación animada.
      Si no cuenta, la trilogía de Esther Vilar o Siddhartha de Hesse son recomendables.

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    2. Casi cualquier libro escrito por un filósofo es en sí un libro MGTOW en realidad.

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  2. En grupos MGTOWs algunos preguntan por música, libros o cine MGTOW, creo que no existe, pero esta entrada es un buen ejemplo de que se pueden extraer cosas buenos de lo que ya existe.

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    1. No puedo asegurarlo, pero diría que la mayoría de películas que se ven son escogidas por la chica. Con esos mimbres, no esperes que a Hollywood le dé por el MGTOW ;-)

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  3. Hombre-Lupa Gardner como siempre un articulo que no tiene desperdicio, me has ayudado muchísimo en mi vida personal, yo nunca me he considerado un Alfa, aunque tengo algunas características y muchas chicas crean que lo soy, ahora mi novia desde hace casi tres años me ha dejado de la noche a la mañana sin motivo aparente y llevo unos meses que no se los deseo a nadie, no es por contar mi vida ni dar lastima a nadie solo quería agradecer tu labor y animarte a seguir como hasta ahora, una pregunta, ¿te has planteado abrir un canal en alguna plataforma como youtube?

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    1. Hola, hermano. Piensa que si lo que ha ocurrido obedece a un motivo serio, lo conozcas o no, sólo te queda aceptarlo pero si el motivo no era serio entonces regocíjate porque te has deshecho de una fuente de alta toxicidad en tu vida. Mejor ahora que más adelante.

      Todos hemos pasado por ese dolor. Mi consejo es que te centres en aquello que descuidaste esos años, nosotros las ponemos de prioridad, es un mandato biológico que sólo no se cumple con Alfas natos puros y de ésos hay pocos, y al ponerlas de prioridad dejamos de priorizar cosas importantes. Examina tu vida, tu relación con la familia, el trabajo, los amigos y tus propias metas, y manténte ocupado en ellas. Manténte lleno. Llénate de activos, de experiencias. Y cierra etapas.

      Estoy muy agradecido de que me rompieran el corazón hace ahora un año, porque me ha ayudado a mejorar mucho mi vida. Puñetazo en la mesa, mirada hacia delante y priorizar lo tuyo. Sé indiferente a lo indiferente y concentra toda tu energía en lo esencial. No hace falta que te diga qué es lo esencial. Tú ya lo sabes.

      ¡Salud!

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    2. A tu pregunta, lo he pensado alguna vez pero viendo cómo son los canales MGTOW en castellano no veo mucho futuro ni mucho impacto, encima algunos andan a la greña, en fin, pocos y mal avenidos. Por otra parte, creo que mi fuerte está en la expresión escrita, en la elaboración extensa e intensa de argumentos, en proporcionar munición dialéctica, no en contar anécdotas con mi marcado acento del Noroeste XD y con una imagen fija como única ilustración. No niego que pueda ser entretenido, pero se le da mejor a otra gente.

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  4. He ampliado bastante la entrada estos últimos días. Creo que la idea es buena. ¡Salud!

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  5. Ahora sí que la doy por concluida, al menos por un tiempo ;-)

    Tengo las entradas sobre MGTOW 2018 y el alcohol sin acabar, vamos, el blog hecho unos zorros. Pero las tengo que terminar. Tengo también un par de entradas sobre MGTOW en la Antigüedad, una de escuelas filosóficas y otra sobre un personaje mitológico muy célebre. ¡Salud!

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