miércoles, 20 de diciembre de 2017

Star Wars y el mito fundacional de nuestra Era






La saga fílmica Star Wars es una de las más exitosas de la historia del cine. En total de facturación, sólo es superada por el Universo Marvel  y por la saga Harry Potter, aunque hay que tener en cuenta el efecto inflación y que "Los últimos Jedi" (2017, Rian Johnson) acaba de estrenarse, quedándole casi todo el recorrido comercial. Ajustada la inflación a cifras de 2014, la seminal "Una nueva esperanza" (1977, George Lucas) -la llamaremos así dejando Star Wars como nombre general de la saga- sería la tercera película más taquillera tras "Lo que el viento se llevó" (1939, Victor Fleming -y George Cukor, William Cameron Menzies y Sam Wood no acreditados-) y "Avatar" (2009, James Cameron). En cuanto a su franquicia mediática total, desde el merchandising de muñequitos, pósters, camisetas y demás hasta el Universo Expandido -obras de ficción, como novelas, cómics, series ....-, si no es la más recaudadora del mundo poco le falta. 

La presente entrada no va a versar sobre la saga desde un punto de vista de crítico aficionado, aunque algo de cinefilia se va a colar por las rendijas. Mi intención es explicar el motivo profundo por el cual la saga se ha incrustado en el inconsciente colectivo occidental, aparte de otros motivos en los que podemos ponernos de acuerdo y que han sido casi todos comentados a menudo. La saga creada por el californiano George Lucas ha sido sobradamente estudiada, analizada, escudriñada, como para pretender a estas alturas aportar perspectivas novedosas por mi parte. Pero incluso así, y estando de acuerdo con el 80% de lo que el 80% de la gente opina sobre la saga y sobre su trasfondo mítico y legendario, creo que aún se puede decir algo más que haga entender cómo sigue sobreviviendo y triunfando década tras década. Muy pocas franquicias pueden presumir de lo mismo. Las de James Bond y de El planeta de los simios sí son anteriores, aunque a base de reboots -cada vez que hay un nuevo Bond, eso equivale a un reboot en realidad, porque la personalidad física e interpretativa de cada actor cuenta mucho y sirve para poner el contador a cero- y sin reventar tanto las taquillas.

Es curioso lo de comparar la saga Star Wars con El planeta de los simios. Ambas son de ciencia-ficción, pero su trayectoria ha sido distinta. En la saga de los simios, las sucesivas continuaciones del original de 1968 filmado por Franklin J. Schaffner eran cada vez más pobretonas, la Fox les destinaba muy poco presupuesto, y aunque su taquilla no era nada del otro mundo, como superaba ampliamente su cutre presupuesto siempre salían a cuenta. De hecho, la saga se agotó porque la historia no daba para más, ningún guionista podía arrancar una nueva película de ahi. Con la saga de Lucas ha ocurrido algo muy distinto: inauguró la era de las sagas en que las continuaciones son siempre más caras que el original. Las sagas se agotan no por falta de ideas, sino porque llega un momento en que la monstruosidad del presupuesto no alcanza a cubrirse con taquilla.

Se puede decir que hay un antes y un después de 1977, de aquellas colas interminables, de aquella conmoción social que produjo "Una nueva esperanza". No podemos entender, desde nuestra perspectiva, aquel impacto. Nadie sabía nada de lo que iba a florecer en pantalla. Toda aquella generación de jóvenes palomiteros soñó despierta durante dos horas gloriosas de pura alegría cinematográfica. Nada volvió a ser igual.


Visto en Pinterest. Dejando aparte la coña marinera, la saga tiene un contenido político soterrado.

Como sabéis, George Lucas fue el dueño del invento. Tras el triunfo apoteósico de 1977, comenzó a sacarle partido a su criatura, presentando el film original como la primera parte de una trilogía intermedia entre otras dos trilogías -cuando se reestrenó en 1981, se le añadió el "Episodio IV" en el prólogo-. No sé gran cosa de los intríngulis más especializados de la saga, pero mi impresión es que "Una nueva esperanza" era un film más bien autoconclusivo, que dejaba sabiamente la puerta abierta para una continuación: Darth Vader seguía vivo, y no se había resuelto el triángulo amoroso Luke-Leia-Han. Un año después del inicio de la saga, ésta da ya un tumbo preocupante: el especial televisivo Star Wars Holiday Special de 1978, estrenado simultáneamente en las cadenas CBS y la canadiense CTV. Lucas no estuvo involucrado en aquel especial, aunque alguna fuente asegura que era informado diariamente de los avances en la filmación. El Holiday Special es una auténtica basura que resultó muy incómoda para todo el mundo. No se ha vuelto a emitir, y ha estado circulando en copias piratas -ahora con YouTube y demás portales la puede "disfrutar" cualquiera- contra los deseos de Lucas, quien ha afirmado que de haber podido habría destruido todas las copias a martillazos. Harrison Ford llegó a decir que no recordaba haber participado en aquello: Harrison, ya te digo yo que sí participaste. El único detalle más o menos memorable: aparece por primera vez Boba Fett, en un corto de dibujos animados especialmente malo y plano.

Si la saga había quedado algo tocada cuando apenas estaba arrancando, se solucionó la papeleta con "El imperio contraataca" (1980, Irvin Keshner), una obra maestra de la ciencia-ficción aventurera, que garantizó la continuidad de la idea de Lucas, y concluyó su primera andadura, la de la trilogía original, con la más pulp e inocente "El retorno del Jedi" (1983, Richard Marquand). Lucas reestrenó esa trilogía entre 1997 y 1998, habiéndola retocado de manera bastante innecesaria e incluso horrible por momentos, y se lanzó a poner en imágenes la primera trilogía cronológica. "La amenaza fantasma" (1999, George Lucas), con su impresionante éxito comercial, dejó claro que la saga seguía viva, a pesar de las crecientes críticas.

La saga continúa hoy, llenando las salas. Las llenó, y de qué manera, "El despertar de la fuerza" (2015, J. J. Abrams), así como el afortunado spin-off -llamémosle así por convención- "Rogue One" (2016, Gareth Edwards). El futuro es incierto. Todo dependerá del interés que despierten los personajes, las historias y los mundos en el alma de la gente. Sea como fuere, la trilogía original permanece insuperada. Y ello se debe no a la calidad intrínseca de las tres primeras películas -"El retorno del Jedi" es muy desigual-, o no sólo a ella, sino también a que sintonizan con algo que estaba en el inconsciente occidental, además de otros porqués que se pueden argumentar.

La trilogía original es obra de Lucas, pero también lo es de bastante más gente. Lucas es el hombre de la idea. Lucas tuvo la idea. Y la defendió contra viento y marea frente a quienes veían su proyecto como un artefacto hueco y caro, como una empresa ruinosa, como un palo de ciego, como una demodé space opera, como un capricho de quien se crió viendo seriales de Flash Gordon y pelis de espadachines y que quiso hacer un pastiche de sus gustos infantiles en una época en que el cine useño cultivado por sus colegas de generación apostaba por temas más graves y sombríos.

Pero no basta con la idea. Hay que llevarla a buen puerto. "Una nueva esperanza" no habría acabado siendo lo que es sin los prodigiosos diseños de Ralph McQuarrie, o sin el trabajo revolucionario de la Industrial Light & Magic, o sin la partitura sinfónica chaikovskiana de John Williams, o sin el formidable montaje de Richard Chew, Paul Hirsch y Marcia Lucas, quienes no tuvieron piedad y podaron buena parte del film para darle mejor ritmo e involucrar más al espectador -lo que más recuerdo desde niño es la tarea de montaje: el inserto de Moff Tarkin un instante antes de la destrucción de la Estrella de la Muerte es inolvidable-. La saga Star Wars es sobre todo una tarea de equipo, que parte de la idea seminal de Lucas pero que sin el apoyo de otras creatividades nunca habría llegado a germinar.


Meme encontrada por ahí.

RAZONES GENÉRICAS PARA UN ÉXITO GLOBAL

Según el espectro político de la audiencia, las opiniones están divididas. Para quienes forman parte de la mayoría silenciosa que sólo se pronuncia más o menos cada cuatro años para apoyar con su papeleta a los partidos políticos sistémicos, la saga es un producto de evasión bien hecho y divertido, con momentos memorables, sin entrar en mayores profundidades. Desde la alt-right, existe una fuerte tendencia a considerar la saga como NWO puro y duro. Y razones no les faltarían, tal como está planteada, prácticamente desde el inicio. Lo que caracteriza al bando de la Rebelión, a los buenos, es su falta de homogeneidad de etnia, de sexo e incluso de especie. Entre los rebeldes hay hombres y mujeres, hay blancos, negros, algunos orientales e incluso un maorí y un guatemalteco. Pero también hay bichos de todas las clases, almirantes-besugo, ositos birriosos, wookies y toda suerte de seres inclasificables. Más aún, luchando por la Rebelión hay también seres inanimados, como algunos simpáticos robots. Mientras, el Imperio se caracteriza por ser todos sus componentes varones blancos.

Hay dos elementos que asociamos subconscientemente a la fecundidad, a la generación de vida: la vegetación y la mujer. Pues bien, en el Imperio no hay vegetación -no hay ni una triste maceta ni una enredadera de adorno- ni hay mujeres. El ambiente de las escenas del bando imperial es frío, metálico, geométrico, inerte y esterilizado. Se diría que no hay ni bacterias. Además, en el bando imperial parece no haber impulsos sexuales, generadores de vida. El Emperador parece que lleva medio siglo sin pensar en el sexo, y Darth Vader también. Las tropas imperiales se destacan por su falta de depredación sexual, algo históricamente chocante en hordas invasoras. Así, mientras la Rebelión nace de la Naturaleza y del pueblo, de la Vida misma, el Imperio es una artificial superestructura de poder apoyada en la nada y que tarde o temprano ha de caer.

Se dice a menudo que la saga era, en sus inicios, más conservadora y que se fue haciendo más NWO con el tiempo. No estoy muy seguro de eso. La decantación entre rebeldes variopintos y con capacidad genésica por un lado, e imperiales varones blancos solterones estériles y envarados por el otro, viene ya del minuto uno. Siguiendo con temática NWO y más concretamente con el subgénero Supernenas -mujeres con prestaciones físicas iguales o superiores a los hombres en la ficción-, quien iba a protagonizar "Una nueva esperanza" no iba a ser el imberbe Luke Skywalker sino una chica, que se llamaría Luka Starkiller (¡!).

Se ha comentado también mucho que la inclusión de personajes negros en la saga de Lucas -e incluso en el Holiday Special- es también un exponente de NWO. Tal vez sí, tal vez no. Es posible que primero Lucas y después Disney hayan querido soltarnos a los espectadores una innecesaria homilía sobre "integración" -algo muy molesto, porque nadie va al cine a que le adoctrinen-. Es posible que simplemente Lucas, para reflejar la variedad étnica de los rebeldes -¡que no la de los imperiales!, no sea que uno de esos "observatorios" que se enfadan por todo llame al boicot de la saga-, recurriese a la variedad étnica que veía desde niño en su tierra, una mayoría de blancos y una minoría de negros. Es posible que haya algo de paternalismo por su parte. Y es más probable que Lucas sienta simpatía por el colectivo afrouseño -al que ha prestado atención como productor- e incluso debilidad por las mujeres negras -está felizmente casado con una afrodescendiente, la ejecutiva Mellody Hobson-.


La nigeriana Femi Taylor como Oola.

Desde posiciones más de izquierda, no han faltado voces que han tildado a la saga de "derechista", amén de "infantilizadora". No es de extrañar, porque habitualmente la relación entre la crítica izquierdista y los productos de entretenimiento ha sido tortuosa. Aquélla ve éstos como vectores de estupidización colectiva, como opio del pueblo, como mecanismos de distracción respecto de temas más importantes. En un clásico de la crítica cinematográfica en España, El cine fantástico (1987), José María Latorre consideraba que la saga de Lucas era un "juguete caro", un exponente de "cine religioso" para la época y un ejemplo de "derechización" en el cine y de cómo el mundo estaba en decadencia cultural a nivel planetario. Desde su perspectiva era asi, claro. La saga es la recurrencia de arquetipos eternos, muy anteriores a la formulación de la lucha de clases y de otras formas de intentar explicar el devenir histórico. Esos arquetipos resultan bastante irritantes para determinadas mentalidades progresistas, que como mucho pueden tildarlos de arcaicos, de vetustos, pero no negarlos. También pueden criticar y poner mala puntuación a las películas en que esos arquetipos reaparecen. Y si encima esas películas abundan en efectos especiales, la crítica negativa se refuerza, porque esos efectos son tenidos como un derroche, una muestra de poca imaginación y una ostentación de ricacho.

Dicho esto, expondré algunas de las razones que explican la vigencia popular de Star Wars:

-Los arquetipos inconscientes-colectivos garantizan el éxito en taquilla. La saga es como un cuento de hadas para adultos, y para no tan adultos. Jung habría disfrutado como nadie viéndola. Hay paisajes arquetípicos, gadgets arquetípicos y seres arquetípicos.

Los paisajes son arquetípicos porque cada paisaje es un mundo en sí mismo, cerrado en su identidad climática y geopolítica. Por eso los planetas son monopaisajísticos. Hay un planeta helado, hay un planeta desértico arenoso, hay un planeta pantanoso, hay un planeta boscoso, hay incluso un planeta que es un inmensa urbe ....

Los gadgets son también arquetípicos porque recorren las épocas. Las espadas, las naves, las máscaras, los rayos, las antenas, los monolitos, las mazmorras .... sugieren emociones atávicas de todo tipo. Mención especial merecen los sables de luz de los Jedis, pertenecientes a una élite específica, algo así como el atributo más personalizado del héroe, su excálibur. Es interesante ver que hay un patrón que se repite en varias películas: dedicarle un plano a la mutilación de un brazo. Esa mutilación es el arquetipo de la derrota: el mutilado no sólo sufre una herida gravísima -aunque el sable parece cauterizar la hemorragia- sino además invalidante para sus habilidades de espadachín.

En cuanto a los seres, hay una miríada de ellos. Sin embargo, de todos ellos los humanos son los centrales en la trama. Es comprensible pensando en la taquilla: cuanto más te identifiques con los protas, más éxito tendrá el film. En el bando de la Rebelión hay cinco arquetipos básicos.

El héroe positivo, quien vive una vida apartada y monótona que no le llena, porque siente en su alma que está llamado a algo grande, aunque no sepa aún qué es ni pueda darle forma en su imaginación. Es Luke Skywalker aburrido y frustrado en la granja familiar de Tatooine, observando el ocaso binario con melancolía. El público sintoniza con Luke porque éste lo que hace es más que nada cumplir el American Dream, moverse de su terruño hasta donde se corta el bacalao y triunfar, arriesgándolo todo, do or die.

El granuja adorable, preocupado sólo de sus asuntos y que si se aproxima a una causa noble es sólo porque espera conseguir algo a cambio. No obstante, el público no le odia. Al final, a pesar de su descreimiento y egoísmo, da la cara y se arriesga por los buenos. Es Han Solo interviniendo en el clímax de la Batalla de Yavin.

La heroína castaña. Éste es uno de los arquetipos más llamativos de la saga y me extraña mucho que nadie se haya fijado o, por lo menos, no sé de nadie que lo haya comentado antes: las heroínas protagonistas -Leia, Amidala, Rey, Jyn Erso- son de pelo castaño. Eso tiene un porqué. La heroína que propone la saga es un personaje femenino distinto del habitual en la producción hollywoodiense clásica. Ésta clasificaba a las mujeres según su color de pelo: la rubia tonta, la morena malévola y la pelirroja temperamental. La castaña presenta otro tipo de mujer, tan heroica como el hombre, sin perder su feminidad aunque relativizándola: las heroínas de la saga son guapas y femeninas, pero nada exuberantes. La feminidad empleada como reclamo seductor se reduce al mínimo. Suben puestos por meritocracia, no por haber encandilado a nadie. Y si se llegan a enamorar, lo hacen desde una posición ventajosa, no se trata de hipergamia.

El mentor. Dueño de una sabiduría aquilatada por el tiempo, suele ser un anciano reflexivo y dado a apartarse del mundanal ruido. Nos habla de un mundo ido para siempre, pero del que queda aún un rastro espiritual que venera cuidadosamente. Se aviene a transmitir su sabiduría, no sin cierto escepticismo, porque sabe que el Jedi resultante será imperfecto y sin pulir. La experiencia, el sufrimiento, los años, serán los factores que perfeccionen al Jedi. Son Obi-Wan y Yoda instruyendo a Luke, así como -parece ser- Luke será para Rey. Comparte caracteres con el arquetipo del mago, si bien éste también está representado en el bando de los malos: el Emperador es básicamente un mago venido a más.

El bufón. Sirve de alivio cómico y de contraste con los héroes. Ha habido unos cuantos en la saga, el más odiado sin duda Jar-Jar Binks y los más queridos el dúo sacapuntas C3PO y R2D2. Una de las ventajas del bufón es su irrelevancia, lo que le facilita la supervivencia. Otra ventaja es poder decir lo que otros no pueden. Es interesante ver que C3PO -esa especie de cruce entre el robot María de "Metrópolis" y Woody Allen- es intérprete, conoce millones de formas de comunicación. Es decir, de alguna manera el bufón comparte con el mentor el don de las palabras, mientras que los otros arquetipos poseen el de la acción.

A despecho del progrerío y del conservadurismo, si una saga contiene suficientes arquetipos bien trabajados, tendrá éxito, aunque a unos les parezca facha y a otros les parezca NWO.


Meme con muy mala hostia que incluye dos pseudo-arquetipos alt-right, "Happy Merchant" y "Tyrone", en "La amenaza fantasma": la mosca-elefante esclavista sería el judío avaro, y Jar-Jar sería el típico cómico "brotha" de dudosa gracia.

-La Fuerza es una idea universal. La Fuerza es una dimensión del Universo y de la existencia que es fácil de entender por casi cualquier cultura humana. Puede entenderse desde un punto de vista científico, siendo asimilable a lo que conocemos como materia y energía oscuras. Puede entenderse de un modo teísta, panteísta, animista, espiritista. Es lo bastante impreciso como sugerente el concepto de Fuerza, algo próximo al concepto de magia, entendida como el aprovechamiento de lo misterioso para obtener ventajas en nuestro mundo: los Jedis participan con especial relevancia en la Fuerza y pueden traducirla en hechos reales para el cumplimiento de sus misiones.

El concepto tiene también incluido el de equilibrio. La Fuerza lo cohesiona todo, impide la disgregación. Actúa como un Yin-Yang, lo que implica la existencia de un lado luminoso pero también de un lado oscuro, de atractivo irresistible para determinadas psicologías torturadas por la desazón y la angustia. Todo eso es importante, y todo forma parte del plan equilibrador de la Fuerza. Sólo cuando el lado oscuro prevalece, desaparece el equilibrio y nace el Imperio.

-La saga es totalizadora. Engloba todas las galaxias en su fantasía. No hay un asidero en la realidad, que sería la existencia del planeta Tierra y, con él, la explicación de por qué hay humanos. Toda la saga es ficción de una pieza. No hay, por tanto, ideologías. Éstas son fruto del filosofar terrestre, y como éste está excluido del panorama, las motivaciones de los personajes de la saga se hunden en lo eterno, atávico e inconsciente: la ambición, el terror, el amor, el afán de aventuras, la búsqueda de lo grandioso.

Nosotros sintonizamos con esas eternidades. Y los humanos de 1977, naufragando en una riada de ideologías coyunturales, sintonizaron con suma facilidad. Aquellas dos horas de mito y leyenda fueron sin duda una liberación.

-La saga apareció en el momento idóneo. Hoy en día hay infinidad de películas que ofrecen un gran despliegue de fantasía, efectos visuales, luces, acción non-stop y maravillas moviéndose a toda pastilla deslumbrando y embriagando al espectador. Pero en 1977 sólo Star Wars era Star Wars. Tenía la gracia del cine de aventuras clásico, tenía la perfección técnica de "2001, odisea en el espacio", tenía el espíritu infantil soñador de quienes se habían criado con cómics sci-fi y ahora los veían luciendo en pantalla como nunca antes, y tenía las ganas de volver a encantar al público. Esto último lo digo porque en los años setenta estaba de moda el cine "desmitificador", con héroes cansados y sin aura, gestas que ya no se presentaban como heroicas sino como cutres y sádicas .... La saga de Lucas era todo lo contrario, era mitificadora, recuperaba la función espiritual del cine como "tercer ojo", la capacidad para soñar despierto, la posibilidad de salir de la sala cambiado, transfigurado.

El público de la época estaba harto de productos culturales donde salían vaqueros avejentados que habían perdido su puntería, superhéroes pop virulillas y con barriguita a los que hasta mi abuela les daría una paliza, Sherlock Holmes cocainómanos incapaces de resolver el jeroglífico del periódico o guerreros medievales analfabetos desdentados que se gastaban lo poco que tenían en vino y rameras. El público quería ver héroes de verdad, malvados de la hostia, princesas que hablan como princesas, pilotos que pilotan bien, artilugios de flipar, naves, rayos y la Estrella de la Muerte. El público quería soñar. Lucas ofreció eso y el público hizo cola. Los plumillas de la crítica cinematográfica progre, incluida la española, verían todo eso muy "reaccionario", pero los críticos pasan y Star Wars permanece. Totalmente justo que sea así. Para ser crítico hace falta disponer de un teclado, aparte de tiempo libre. No hay que arriesgar nada, ni invertir nada. Para crear Star Wars hace falta coordinar el trabajo ingente de un montón de personas talentosas entregadas al máximo a dar lo mejor de ellas mismas. Ars longa vita brevis.

-La saga alumbró un nuevo Hollywood. El Hollywood clásico fue fruto de dos circunstancias. La primera, que la otrora primera potencia cinematográfica, Francia, se estaba desangrando en la I Guerra Mundial y no estaba el horno para bollos. La segunda, que un grupo de judíos amantes del cine decidieron moverse de Nueva York, controlada por el emporio Edison, a California, donde estaban más a su aire. No querían verse condenados a lo que hacían en NY otros productores judíos, cine cutre para su cerrada comunidad, contando historias de rabinos y dialogado en yiddish. Querían hacer algo más fresco y grande. Y fundaron Hollywood, que tomó el testigo de Francia como gran fábrica de sueños en celuloide.

Por pura cuestión de biología, aquellos productores se fueron yendo y durante los años sesenta y setenta se creó una especie de interregno durante el cual la férrea política de estudios, que había controlado durante cuatro décadas la producción de películas, cedió a una cierta anarquía. El panorama era incierto. Antes no, antes cada estudio planeaba -por ejemplo- diez películas al año, siete estándares "normalitas", dos más taquilleras y una más experimental para tener prestigio, recurría a directores fiables y tenía en nómina un ejército de intérpretes, guionistas, compositores, decoradores, maquilladores, etc etc. Los estudios no tenían por qué estar buscándose la vida película por película. Tenían el esquema hecho. Pero tras el fin del sistema de estudios las cosas eran más impredecibles. Las productoras ya no tenían tan claro a quiénes confiar sus proyectos más importantes. 

En los años setenta el problema de la incertidumbre se agudizó. Algunas productoras recurrieron a directores de poca personalidad pero manejables a la hora de rodar las películas más estelares. Sin embargo, en otros casos prefirieron asumir más riesgos contratando a cineastas jóvenes y pujantes, con personalidad. Eso garantizaba más cercanía con el nuevo público que acudía a las salas -mientras que la gente más mayor se quedaba viendo "Bonanza" en casa-, pero implicaba tener capitaneando proyectos importantes a alguien más imprevisible, menos domesticable y más dado a pasarse de presupuesto. Una de dos, o el "yes man" de toda la vida, o el "enfant terrible" que quiere comerse el mundo. Warner Bros., Universal, Paramount, Fox, etc etc, estaban en ese dilema. Y salomónicamente entregaron unos proyectos a los Robson, Neame, Guillermin, Smight y Wise de turno, y otros a los recién llegados Coppola, Friedkin, Spielberg, Donner, Ridley Scott y demás.

La perspectiva de las décadas no engaña. "Aeropuerto", "Terremoto", "El coloso en llamas" y "Star Trek" están viejas y sólo se dejan ver desde el "encanto" de la "nostalgia". Mientras, "El padrino", "El exorcista", "Tiburón" y "Alien" están como el primer día. Las primeras en su momento dieron dinero. Las segundas dieron muchísimo más, y lo siguen dando. Obviamente, "Una nueva esperanza" está en el bando de las segundas.

Un ejemplo. También en 1977 se estrenó un film de ciencia-ficción de bastante presupuesto, "Damnation alley", dirigida por el artesano Jack Smight. 8 millones de dólares de la época, y un equipo muy competente. "Una nueva esperanza" costó 11 millones, pero por su caótica post-producción, pues el presupuesto no iba a pasar de los 8 millones. La de Smight es un bodrio feísta y envejecido, uno no sabe en qué se gastaron el dinero. Mientras, en la de Lucas cada céntimo luce en pantalla. 

Pienso que las razones expuestas hasta ahora explican plausiblemente por qué Star Wars está bien metida en el tuétano de nuestra sociedad. Pero hay algo más que eso, una razón extra que convierte a esta saga en mucho más que cualquier otra saga. Star Wars está íntimamente relacionada con el mito fundacional de la Era Contemporánea, el hecho histórico en el que nuestra forma de entender el mundo ha echado raíces: la victoria sobre el Eje en 1945.


Guerrero samurái fotografiado en 1860. Imagen vista en la web ancient-origins.net.

IMPERIO = EJE

Star Wars es una historia de buenos y malos. Comenzó su andadura pública en 1977, cuando en las sociedades occidentales ya no había buenos ni malos como antes. Las cosas estaban raras. Los países del bloque capitalista tenían una inflación de dos dígitos, sufrían las consecuencias de la primera crisis del petróleo, vivían terrorismo en su suelo, la juventud estaba desbocada, el matrimonio y la familia como instituciones empezaban a notar mucho desgaste, no se podía confiar en los políticos, arreciaba la conspiranoia, las religiones tradicionales languidecían frente a nuevos cultos -incluido el ufológico-, y la intelectualidad occidental insistía una y otra vez en que el capitalismo había fracasado. Nos decían que el capitalismo estaba destruyendo el planeta, estaba acabando con el petróleo, estaba drogando a la juventud, estaba amenazando el futuro, estaba creando cada vez más pobreza, estaba generando esclavitud de nuevo cuño. Enfrente, el comunismo parecía haber llegado para quedarse. Los intelectuales cantaban las excelencias de las revoluciones comunistas. La de Mao -recientemente fallecido por entonces y considerado babosamente por la intelligentsia como un gigante del pensamiento-, la de Castro, la de Tito, la de la teología de la liberación, la de los países africanos. Por entonces los Jemeres Rojos estaban masacrando a un cuarto de la población camboyana, mientras el intelectualismo occidental miraba a otro lado y se preocupaba de cosas que pudiesen chantajear emocionalmente al occidental medio. El occidental medio no era más que un colonialista venido a menos, un ser patético que ya no podía creer en lo que creía antes -Dios, familia, patria- porque aquellos valores habían dejado ya de existir.

USA venía de salir del enjambre de Vietnam. Mientras, cada vez más países caían de un modo u otro en la esfera soviética. Los comunistas ya no eran "los malos", como ya no lo era el Vietcong, ni Ho Chi Mihn, sino que eran otra forma de organizar la sociedad, mejor incluso que la capitalista como nos decían los intelectuales del momento -sin moverse de la capitalista, eso sí-. La guerra de Vietnam no había sido entre buenos y malos. Tampoco quizá la de Corea, porque por entonces el sovietismo y el comunismo, tras la toma de Berlín en mayo de 1945, tenían una buena prensa delirante.

¿Dónde podían posar los ojos las sociedades occidentales para encontrar un punto seguro donde anclar un relato de buenos y malos que diese sentido a todo y les proporcionase una base, un mito fundacional? Pues en la derrota del Eje. Ahí sí que había buenos y malos como en todo buen mito fundacional que se precie. En ello, curiosamente, estaban de acuerdo capitalistas y comunistas. La propaganda comunista alentó la idea del nazismo como mal absoluto, químicamente puro. El capitalismo, con su típico complejo de inferioridad, no osó atribuir crueldades similares al comunismo y aceptó que su papel había sido beatífico durante la contienda.

Ésa es una de las posibles razones por las que la negación del Holocausto está prohibida en numerosas legislaciones. El Holocausto forma parte crucial del relato del enfrentamiento entre la barbarie genocida del mal y la liberación humanista del bien. Forma parte, por ello, del mito fundacional de nuestra Era. No es un mito en sí, desde luego, sino un hecho histórico sobradamente documentado -que no sólo afectó a los judíos europeos, y ninguna minoría debería apropiárselo-, pero funciona como tal en el sentido de que contribuye a distribuir los papeles de buenos y malos. Por ello la negación del Holocausto viene a ser no una opinión divergente -errónea y a veces malintencionada, pero una opinión- sino una blasfemia contra la fundación de nuestra sociedad actual.

En la saga Star Wars el Imperio está caracterizado como el Eje. El mismo Darth Vader parece un cruce entre sacerdote de la Ahnenerbe y guerrero samurái, fundiendo al enemigo alemán y al japonés en uno. Los Stormtroopers recuperan el indiferentismo y la carencia de emociones y de personalidad que la propaganda aliada atribuía a las tropas de Alemania y Japón. Son un ejército de clones. La Estrella de la Muerte sería la Wunderwaffe oculta, pensada para zanjar la guerra de un golpe. Cada vez que vuelvo a ver el ataque de los X-Wing contra la Estrella de la Muerte -o Batalla de Yavin-, no puedo evitar pensar en los bombardeos aliados durante la guerra. Imagino que muchos espectadores veteranos de la película, que vivieron aquella guerra, evocarían sus recuerdos juveniles al ver el raid nocturno de los rebeldes. Hay una rígida marcialidad y un pesado militarismo ambientales, inspirados en el prototipo prusiano y el tojista. Hay un toque de monumentalidad pseudo-wagneriana en muchos escenarios. Y hay también un Holocausto: el de toda la población del planeta Alderaán.


For only educational purposes.

En esta mítica escena vemos cómo sería una asamblea de la Orden Negra SS en el espacio. Hay incluso un sol negro en el centro de la mesa. Habría también una contraposición entre nazismo geopolítico -el del almirante Motti, quien reduce su estrategia a realidades tangibles- y esotérico -Darth Vader da más importancia a las realidades intangibles-. Motti vendría a ser un Albert Speer orgulloso de sus logros en la ingeniería bélica: la Estrella de la Muerte como un cañón Gustav pero en eficaz. Vader sería más bien un Dietrich Eckhart más enfocado en lo místico e invisible, que sabe que la tecnología puntera no concede la victoria, que hay otros factores a considerar. Los rasgos afilados de Peter Cushing son idóneos para interpretar a un jefe de campo de concentración, o a un cruce entre Goebbels y un Heydrich entrado en años. Y el modo frío y distanciado que se emplea para hablar de la destrucción de planetas enteros demuestra que esa gente son unos sociópatas genocidas, unos malos-malosos en estado puro.

De ahí la recurrencia a más Estrellas de la Muerte y similares en varias películas -incluso "Rogue One" está dedicada a conseguir sus planos-. No es que los guionistas se hayan quedado sin ideas, que puede que también: es que la Estrella de la Muerte concilia gigantismo wagneriano, fría eficiencia alemana, Wunderwaffe y amenaza de Holocausto planetario todo en uno. Es santo y seña de la saga. 

Asimismo, la condición de clones de los Stormtroopers así como el mismo perfil de los afectos al Imperio, todos varones blancos, parecen remitir a los propósitos de homogeneidad étnica total que Alemania y Japón defendían. Frente a ellos, la diversidad de toda índole es el sello existencial de los buenos: todo el Universo, toda la galaxia, se coaliga para vencer al homogéneo Mal. Ése es, creo, el motivo que hace que Star Wars sea la saga de ficción más característica de nuestra Era.

Sic vidi res. Me voy a ver "Los últimos Jedi". Recordad, hermanos, la Fuerza estará con vosotros siempre.





8 comentarios:

  1. Por algo nunca me han gustado las películas de esta saga -tampoco Star Trek- incluso sin verlas... un instinto me ha alejado de ellas ya sólo por su estética.
    Es evidente que el casco de Dark Vader es una fusión de típico casco alemán y un casco samurai. Nada disimulado el asunto.
    Star Wars es propaganda, no podía ser de otra manera viniendo de donde viene... y cada vez más.
    Eso de "Que la fuerza te acompañe" suena un tanto fascista :D

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    1. Hay un factor nostalgia que no se puede soslayar. Muchos de los que tienen ahora poder fliparon con la trilogía original siendo niños. Si no viste la trilogía en la niñez, ese factor se pierde y el culto warsie parece una chorrada más.

      Si la hiciesen hoy en día de nuevo dirían "que la diversidad cultural transgénero te acompañe" o algo parecido. Y Leia sería Supernena total, repartiendo patadas y volteretas como la Chun-Li de Street Fighter -sí, tengo que actualizar mis referencias-. Y destruiría la Estrella de la Muerte lanzándole un tampón :-P

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  2. ¿Y cual es el arquetipo de Darth Vader? Justo ese esperaba q contaras jeje

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    1. Darth Vader es guerrero y nigromante, es estratega y sacerdote. Entre la magia blanca y la magia negra, escogió ésta, lo que siempre supone pagar un alto precio. Suele pagarse en la propia identidad, en el físico. Tanto él como el Emperador son seres deformes. De ahí la importancia de las máscaras y las capas.

      Es también gran piloto, el mejor de la galaxia. Cumple así la función de Caronte, guiando almas a la muerte y al Lado Oscuro.

      Es un presbítero maldito, es un antipapa. Es también un villano primordial. Su interés se centra en la ambición, el poder y la participación en la magia negra. No atesora dinero. No se crea un harén. Posiblemente sea impotente. Sacrifica todo a su tarea de médium. Y cuando sabe que Luke es su hijo, piensa en términos de ambición y de poder, en establecer una dinastía que controlará la Galaxia -para lo cual un día tendrá que destronar al Emperador-. Él sabe que el poder no está en lo material, sino en la materia y energía oscura que nos rodean.

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  3. Resistencia Ibérica28 de diciembre de 2017, 0:14

    Tras un tiempo sin entrar, de nuevo por aquí. Saludos a toda la peña.

    Comparto en buena parte lo que comenta HLG al respecto de la saga como un mensaje geopolítico "made in USA".

    A lo ya dicho: aqui mi opinión.

    Todos los personajes de la Guerra de las Galaxias (me niego a decir esa chorrada anglo de "Star Wars" para hacer más "merchandaisin") son puros arquetipos. Es una especie de "Señor de los Anillos", pero con una historia mucho mas burda y vulgar, propia del cine post años 70: muchas explosiones, muchas luces, mucha tecnología-ficción, pero detrás poca historia y personajes totalmente previsibles. Darth Vader es quizás el más interesante para mi: un niñato caprichoso, con extraordinarias dotes, que se cree el rey del mambo y que solo quiere ser el amo del calabozo. Está claro que su paso al lado oscuro de la noche a la mañana es reflejo de nuestra época (posiblemente en la primera saga lo hubiera abordado de una manera menos exprés), aparentemente por una tontería. Joder, menudo poder que convicción que tiene el canciller Palpatine, parece que el Sr. Skywalker padre estaba deseando convertirse al lado oscuro. Efectivamente, como ya se ha dicho, Vader quiere el poder por el poder, sentirse que todos tiemblan ante su presencia, un psicópata de libro: es el poder para la nada. Los jedis de las segunda serie, patéticos, ni monjes ni guerreros, ni "ná" de "ná". Parecen diputados del Congreso, que se van de viaje sin dar cuenta a nadie, forman comisiones inútiles, tienen sus circulos internos que nadie controla y que conspiran en la sombra. En fin...

    Feliz año a todos los lectores de Iberia Futura, con especial recuerdo para su creador. Salud.

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    1. Con muchísimo retraso te deseo igualmente un gran 2018.

      Star Wars es un cuento de hadas para adultos -también para niños desde los ewoks-. No hay que buscarle más complicación. Hay que disfrutarla como pieza artística, y luego si tal se le buscan más pies al gato.

      Admito que si no hay un nexo infantil, si no se disfrutaron de niño las de la trilogía original, cuesta engancharse y es comprensible que todo parezca absurdo. Pero ahí están. Incluso las precuelas. En ellas quisieron explicarlo todo de manera menos mágica, pero entre que carecían de factor sorpresa y que todo eso de la corrupción senatorial es aburrido, tampoco ayudan a enganchar.

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  4. Bueno, ya hay quienes reclaman diversidad en el bando de los malos (por fin XD):

    https://www.cinemascomics.com/star-wars-darth-vader-femenino/

    Ricardo

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    1. Siempre puede hacerlo ella con sus propias ideas y con su propio dinero. Pero no, hacer de SJW por ahí sale gratis y hasta te pueden hacer caso y todo, y luego te dedican especiales, "ella tuvo la idea", "la visionaria" y así parecido.

      Se están pasando con la agenda. Ya aquella de las cazafantasmas mujeres no la fueron a ver ni sus novios. Pero como estos ejecutivos, y ejecutivas, no arriesgan su dinero, quien palma los cuartos es la multi y sus accionistas, pueden seguir jugando a intrigas palaciegas a ver quién es más progre con dinero ajeno.

      Star Wars siempre tuvo sesgo. Lando Calrissian es una concesión al black power, por ejemplo. Pero por lo menos esa concesión la hizo Lucas porque le salió de los cojones hacerlo, no como parte de una agenda que comienza a ser asfixiante en sus exigencias.

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