martes, 22 de noviembre de 2016

Halloween no ha terminado





Ha pasado casi un mes desde la celebración de Halloween. Días antes de que se celebrase, regresó la inveterada tendencia de los opinadores profesionales a criticar acerbamente esa fiesta con celo digno de mejor causa. En la prensa, en la radio y supongo que en la tele (electrodoméstico que hace tiempo que no uso) se volcaron los tópicos de siempre, que habían estado guardados en el armario criando polilla y que, en las postrimerías de octubre, fueron rescatados a toda prisa, desempolvados y aderezados para la ocasión, que es nada menos que salvarnos la vida a los europeos en general, y a los españoles en concreto, frente a la galopante useñización cultural que estamos viviendo desde hace medio siglo como mínimo. 

No es que Halloween me haya apasionado nunca. Hace dos años le dediqué una pequeñita entrada al tema, relacionándolo con el contexto del imaginario colectivo europeo. No lo considero una fiesta "postiza" porque fiestas de ese tipo, con esa parafernalia y ese tono dionisíaco, incluso órfico, contienen semillas de verdad. Me resulta chocante, pero comprensible -y procuraré explicar por qué-, cómo se celebra en España, de una manera mimética respecto de lo que se hace en Usa o, al menos, de lo que entendemos por pelis, series y redes sociales que allí se hace. Pero no es lo único que me resulta chocante.

Veréis, estoy un poco cansado de escuchar, a fecha fija, exactamente lo mismo de siempre. Que Halloween es una fiesta estúpida, una fiesta consumista, una fiesta pagana, una fiesta irrespetuosa, una fiesta culturalmente colonizadora, una fiesta petarda, una fiesta pueril, una fiesta "importada", una fiesta globalizadora, una fiesta superficial, una fiesta hasta se diría que antiespañola y antieuropea (¡!). Opiniones de ese tipo, cuando no están mínimamente razonadas, se me antojan más bien cuñadismo en rama, o de cómo incluso la derecha laica ha recogido los lamentos del progresismo setentero (con su marxismo cultural en caída libre y su "yanqui go home") y de sectores católicos con poca cintura (se nos dice, por ejemplo, que se potencia Halloween para que al día siguiente los chavales saturados de juerga no quieran saber nada de Todos Los Santos y de las visitas tempranas al cementerio). No faltan, por descontado, neopaganos de opereta que aluden pomposamente al Samaín como "la celebración verdadera", auténtica, que no se ha despeñado por el precipicio de la comercialidad y la despersonalización globalista.




La celebración de Halloween, tal como se practica mayoritariamente por la juventud en Usa y tal como se ha filtrado entre nosotros a juzgar por las pintas de la chavalada (más un otaku generalizado de asesinos de ficción que algo con más solera), tiene dos referentes cinematográficos bastante reconocibles del cine useño. Uno es el subgénero de asesinos seriales, a menudo con máscara -el slasher-, que arrasó entre finales de los setenta y principios de los ochenta, con "La noche de Halloween" (1978, John Carpenter) como máximo referente; el otro es el mundo visual de Tim Burton, en especial sus films animados mediante stop-motion "Pesadilla antes de Navidad" y "La novia cadáver" (co-dirigidos respectivamente con Henry Selick y Mike Johnson). Se le pueden añadir un Drácula, un Frankenstein, un drugo de la panda de Álex, un zombie lento de Romero, y ya está la pandilla disfrazada al completo.

"La noche de Halloween" es un film mítico por varias razones. Es uno de los más rentables de la historia del género. Dio rienda suelta a muchas imitaciones y a que se pusiera de moda el asesino enmascarado algo nada original pero que le entró en vena a la nueva generación de espectadores. John Carpenter crea una pieza de artesanía narrativa prácticamente vacía de contenido social o humano. Es un mecanismo de suspense bien llevado, muy frío, muy distante, como una cáscara brillante que no contiene nada realmente trascendente. El asesino Mike Myers se nos presenta en la primera escena, tras un virtuosísimo plano-secuencia que ha hecho historia, como un niño rubito angelical. Mike Myers, se nos sugiere, podría ser cualquiera de nosotros, incluso el de apariencia más inofensiva. 

La generación de los ochenta heredó a varios asesinos con rostro cubierto o desfigurado. Myers, Leatherface, Jason Voorhees, Freddy Krueger .... algo así como el reverso sórdido del American Dream. Si bien Freddy tenía al principio algo de retorcida y mefistofélica humanidad, los demás eran meros matarifes ciegamente determinados a asesinar, casi robots, sin la menor personalidad. Que no se vieran sus rostros tiene cierto sentido. Aparecían de repente, resistían los embates más duros hasta parecer casi sobrehumanos, mataban y se iban con aire altivo, como la vecina que dice la última palabra en una riña de patio. No había verdadero folclore, verdadero poso en aquello. Lo único era que se cepillaban a jovencitos en plena explosión hormonal. Una lectura subliminal enriquecedora, que se podía hacer de otros films de la época, era imposible con aquellos jueguecitos que buscaban ante todo la taquilla, no la inmortalidad.

En su doble versión de la saga de Halloween, sendos films de 2007 y 2009, el cineasta y músico Rob Zombie intentó darle algo de significado sociológico, relacionando el mundo de Myers con la white trash, de profundidad emocional y de impregnación estética. Siendo discutibles, tienen más cine que casi todo el slasher previo, ya muy pasado de moda a pesar del éxito algo tardío de la enrevesadamente irónica saga "Scream". Sea como fuere, y más allá de modas, la idea del asesino con una careta barata y un cuchillo de carnicero funciona a la hora de tener impacto visual.


Las referencias folclóricas son escasas en la saga, con alguna excepción como este célebre plano de "Halloween II" (1981, Rick Rosenthal -y John Carpenter, no acreditado-) con el que se introduce el Samaín como recuerdo atávico terrible. Un buen momento de un mal film.


En fin, las cosas están así. Calabazas malévolamente troqueladas y con una vela dentro, niños recolectando chuches puerta a puerta y disfraces de lo más variopinto, siempre con la coartada de lo siniestro y tenebroso: eso es más o menos el Halloween popularizado en España. La intención de este modesto ensayo bloguero no es en absoluto la de efectuar un ostentoso despliegue de erudición antropológica para pretender justificar la celebración de esta fiesta en Iberia. Ha habido lugares y costumbres de nuestra tierra donde se han decorado calabazas y los niños hacían su peculiar versión del "¿truco o trato?", pero eso no es lo que me interesa ahora. La fiesta se celebra, y ya está. Es una realidad que por lo visto ha llegado para quedarse. Intentaré dar con la clave.

Todas las fiestas tienen su porqué. Incluso las que nos parecen más absurdas. Halloween pertenece a las festividades del derroche, que son siempre las divertidas. Por eso asociamos instantáneamente "fiesta" a jarana, a despilfarro (de dinero, de salud, de imagen social), a pesar de que hay fiestas más recogidas y graves, como por lo general las de Semana Santa por poner un ejemplo. Una fiesta típicamente absurda es el Carnaval. En determinada semana, las gentes occidentales se disfrazan de cualquier frivolidad y celebran procesiones variopintas y algo anárquicas por las calles, simplemente por dejar de ser ellos por un rato, por tener aparcadas las máscaras que se colocan en sociedad. También el Carnaval es la fiesta del Inframundo y de la Muerte. Un poquito también la del Diablo, porque es la de la Carne, la del exceso. Lo he pensado muchas veces: Halloween, tal como lo celebramos aquí, es algo así como un Carnaval de Otoño, si bien orientado preferentemente al arco de edad infantojuvenil.

Una lectura de adolescencia que me cautivó fue Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura, del antropólogo cultural Marvin Harris, publicada en 1981 y que leí en su traducción de Alianza Editorial. Se trata de un texto ameno y agudo, que reconozco que me ha influido (los títulos de algunas entradas del blog se inspiran en su estructura en el título del libro de Harris). Tiene algunos patinazos -como defender la endeble hipótesis de que Jesús de Nazaret era en principio un líder guerrero, y que después se dulcificó su imagen- pero muchos aciertos -entre ellos un brillante análisis de las brujas como chivos expiatorios y una temprana crítica al californismo contracultural, al que llama "payasadas de clase media"-. Por él supe por primera vez de la existencia del Libro de los Cien Capítulos y de algunas curiosísimas costumbres de pueblos atrasados a las que procuraba dar una razón profunda de ser. 

Una de esas costumbres era el hoy extinto Potlatch. Varios pueblos amerindios de la Costa Oeste useña y canadiense celebraban anualmente una fiesta de despilfarro. Un grupo social ejerce de anfitrión y colma de regalos a otro, a quien le tocará hacer algo análogo la próxima vez. El grupo anfitrión se afana acumulando riqueza (antes de la llegada de los europeos ésta consistía básicamente en pieles) durante un largo período anual, para entregársela a extraños. Con la llegada de los europeos los bienes se multiplicaron y los amerindios se fueron semiextinguiendo, con lo cual el Potlatch se exacerbó: el grupo anfitrión no sólo regalaba mucha más variedad de presentes sino que incluso los destruía o quemaba. Cuanto más descerebrado fuese el despilfarro, más prestigio adquiría el grupo despilfarrador a ojos de otros grupos, porque demostraba su capacidad de generar riqueza y de permitirse incluso prescindir de ella porque se sentía seguro de sus fuerzas para volver a generar más. Ese prestigio podía servir en épocas de vacas flacas: el grupo antes rico y luego depauperado podía vivir de los presentes ajenos a cambio de una rebaja en su prestigio. 

A menudo pienso que nuestra sociedad, tan avanzada ella, tiene algo de Potlatch en su andadura cotidiana (¿no es el pro-inmigracionismo, a cargo en última instancia del trabajador-contribuyente occidental, una forma retorcida de Potlatch con la que demostrar prestigio progresista al resto del mundo?). Y que las fiestas de despiporre y despilfarro señaladas en el calendario son meras guindas del pastel o un par de décimas más en nuestra fiebre consumista.




La noche del pasado 31 de octubre tuve una especie de revelación, no trascendental pero sí interesante. Estaba charlando con dos amigos sobre no sé cuál tema, ellos dos estaban sentados orientados hacia la tele, era un mesón, y pasaron por la calle unos niños ataviados a la carpenteriana + burtoniana, con una bolsa de chuches. Los dos colegas dijeron algo así como "imperialismo cultural", "imposición de costumbres forasteras", "sociedad del espectáculo", "superficialidad" y un abultado etcétera mientras yo rumiaba una posible réplica que no llegaba a mi mente. Sí, seguramente ellos tenían razón. Me quedé callado, y ellos dejaron el tema para atender de nuevo a la tele.

En la tele ponían .... fútbol.

Entonces me vino el "¡Ajá!" de que habla Martin Gardner. El fútbol es una costumbre foránea, plagada de léxico igualmente foráneo -anglicismos en cantidades industriales-, caracterizada por costumbres asimismo foráneas y carnavalescas:

  • El fútbol es un deporte que nos vino de fuera, al igual que Halloween. Su mismo nombre indica su origen extranjero: football (foráneo, sí, pero preferible al horroroso calco "balompié"; en este caso siempre es preferible "fumbo", o "júrgol", que vienen de la gracia popular y no de algún académico casticista). Para los españoles el fútbol era una rareza con la que entraron en contacto, curiosamente, en suelo americano, concretamente alrededor de las reducciones de la región guaraní. 
  • Las bases del juego, si bien consensuadas a nivel mundial, son en gran parte un derivado de reglamentos ingleses, unificados en 1863 y después difundidos por aficionados ingleses allá donde se establecieron.
  •  Los primeros equipos y las primeras sociedades tienen nombres ingleses, como Club, Sporting, Athletic o Racing. 
  • La cantidad de anglicismos es enorme, algunos en desuso (como el espantoso "orsay" por offside) pero otros plenamente vigentes como gol, penalti o córner. Incluso el "alirón", canto de victoria, viene del "all iron" de las fundiciones metalúrgicas.
  • Los niños también son disfrazados, en este caso con las equipaciones de los equipos que les gustan: camisetas con publicidad de aerolíneas de algún país islámico, gorros, bufandas, balones, pulseras y toda clase de artículos con los colores identificativos que ayudan a reconocerse rápidamente y hacer piña por la calle. Los niños heredan una tradición paterna que no terminan de entender muy bien. Al igual que en Halloween hay una contraposición entre día y noche, calma y espanto, Cristo y Pan, que heredamos culturalmente, en el fútbol pasa lo mismo pues se hereda una rivalidad Madrid-Barça, Madrí-Aleti, Sevilla-Betis, Inter-Milan, United-City, aquí Dépor-Celta, etc, una rivalidad que no debería significar un pepino para los niños pero en la que los inculturamos.
  • El fútbol es en buena medida una escenificación, como Halloween. De la misma manera que los niños ensangrentados y con el mango de un cuchillo sobresaliéndoles del pecho o de la cabeza están indemnes y los rasgos de violencia son de aerógrafo y corchopán, los futbolistas montan teatros en los que se retuercen de dolor por el suelo, agarrándose una extremidad que el contrario no sólo no ha impactado sino incluso ni ha rozado, sólo para arrancarle al árbitro un truco o trato. Otro teatro es el de los fichajes: el futbolista aparece delante de un panel lleno de publi en diagonal y jura que siempre amó desde la cuna los colores del equipo que acaba de contratar sus servicios.
  • El fútbol está ahora tomado al asalto por el negocio de las apuestas. Éstas son a su modo un truco o trato. Al igual que el azar puede llevarte a encontrar chuches en esa o aquella puerta, asimismo el azar puede recompensarte probando en esa o aquella apuesta.

Sin embargo, el fútbol es tenido por algo españolísimo, celtíbero. Esas míticas tardes de domingo con los veteranos tomando brandy y fumando puritos mientras se hurgan la dentadura con el palillo o con la uña larga del meñique, o paseando en chándal por la ciudad con un pequeño transistor prácticamente incrustado en la oreja, son viñetas de un tiempo que aún no se ha ido del todo.  "Si eres hombre te ha de gustar el fútbol" es la meme que parece deslizarse cadenciosamente por el aire viciado de las tascas. Siempre digo alto y claro que no me gusta el fútbol, y cuando hace poco uno me preguntó qué tenía contra el deporte le respondí que nada, y que para demostrárselo podíamos ir él y yo al parque que estaba a unos 150 metros y ponernos a hacer series de dominadas, a ver a quién le gusta más el deporte. Me dijo "boh" y se volvió a seguir haciendo deporte mirando la pantalla.

Por tanto, Halloween no ha terminado. Sigue habiendo Halloween, en forma de fútbol, todos los días. Casi cada día hay partido, de una competición o de otra. En cada cafetería hay al menos un periódico deportivo, que dedica aproximadamente la mitad de sus hojas al fútbol. Los noticieros de la tele le dedican un tercio de su tiempo al fútbol. En la radio hay todos los días programas deportivos centrados obsesivamente en el fútbol. Y eso no asombra a nadie. Eso sí, cuando una vez al año los chavales se divierten hay que sacar toda la artillería cuñadista para pretendernos superiores a ellos, quizá porque el adulto echa de menos la felicidad infantil y sus fiestas adultas sólo son soportables con la ingesta de alcohol, mucho, mucho alcohol en vez de espontánea dicha.

Quién sabe, tal vez Jálogüin se convierta en algo tan españolísimo como el fútbol.

Dicho esto, admito que es fácil criticar el futbolismo social. Le dediqué una entrada hace tiempo. Pero seamos justos, nada sucede porque sí, sin más. Siempre hay motivos profundos. La propagación del fútbol se da en una época de máxima expansión del poderío inglés. Inglaterra comenzó el siglo XIX considerablemente más atrasado que Francia y se asomó al siglo XX como primera potencia mundial, al menos marítima y económica, un estatus acompañado de fortísima influencia cultural. El fútbol es un poco el eco de aquel esplendor victoriano y eduardiano.

¿Lo que acabo de decir sobre el fútbol puede valer para Halloween?




En esta recta final del artículo seguiré con el hilo argumentativo de Marvin Harris. Si de su citada obra Vacas, cerdos, guerras y brujas recurrí al Potlatch como ejemplo de fiesta disipadora, ahora traigo a colación un culto realmente fascinante que también impresionó a Harris, una de las religiones más pintorescas de las nacidas en el siglo XX, el Culto Cargo. Se dio a conocer especialmente porque aparecía en "Mondo cane" (1962), el celebérrimo documental cruel de Jacopetti, Prosperi y Cavara, atrayendo la curiosidad de los estudiosos y aficionados al folclore raruno. Expliquemos en qué consiste.

Los aborígenes de la Melanesia, especialmente los de Papúa-Nueva Guinea y de las Nuevas Hébridas (hoy Vanuatu), estaban totalmente pasmados con algo que les sucedía a los occidentales. Los blancos habían construido una pista en la que, de manera regular, una ruidosa ave metálica se posaba. En el vientre del ave llegaba el Cargo o cargamento: viandas, medicamentos, herramientas, libros, ropa y toda clase de bienes útiles de los cuales los aborígenes carecían y que excitaban su envidia. No lo entendían. Aunque ellos se afanaban todo el día, vivían muy arcaicamente. Mientras, unos blancos aburridamente sentados mirando papeles en una oficina recibían de regalo un Cargo venido de las alturas. Le dieron vueltas a la cabeza y decidieron que tenían que hacer lo mismo que los blancos. De hecho, el origen del culto se asocia por sus creyentes a la llegada de un marine useño, John Frum, que les prometió Cargo. Los aborígenes quisieron hacerse merecedores de ese Cargo y se dedicaron a estudiar al milímetro la pista donde el ave metálica se posaba. Y decidieron construir ellos otra.

Y se pusieron a ello. Aplanaron un terreno y construyeron una pista. Hicieron también una baliza con madera, bambúes y lianas. Imitaron con madera y bambú un aparato de radio. E incluso manufacturaron artesanalmente un avión hueco, también de madera. Era su forma de invocar al Cargo.

Pero el Cargo no llegaba. A pesar del incumplimiento mesiánico, muchos creyentes no se dieron por vencidos. Cuando llegaron los japoneses en 1942, pensaron que serían ellos quienes les brindarían el Cargo. Sin embargo fueron derrotados y su puesto ocupado de nuevo por blancos. Algunos de los líderes de la religión fueron invitados por los occidentales a que conocieran el mundo blanco. Les llevaron a Australia y les enseñaron las fábricas y la logística necesarias para fabricar Cargo. A pesar de ello, los "grandes hombres" de la tribu no estaban contentos. Ellos querían Cargo venido del cielo al igual que los "grandes hombres" blancos nadaban en la abundancia sin aparentemente mover un dedo. Simplemente, el sistema productivo capitalista no les entraba en la cabeza.


Crédito: Halloween Alley (www.halloweenalley.ca). La sociedad useña del siglo XXI en pequeñito.


En una reciente visita a la ciudad de A Coruña el matemático francés Cédric Villani comentaba en una entrevista que la mente humana tiende a razonar por analogía y por generalización. Nos resulta más fácil. Mientras, el razonamiento por deducción es mucho más arduo. Es así, tendemos a pensar por analogía, por parecido. Pensamos analógicamente que las nubes son algodón y que la Luna es una redonda cara humana. Los pueblos primitivos pensaban y piensan por analogía. Sólo el desarrollo del pensamiento por deducción, cuyo primer esplendor se debe posiblemente a los antiguos griegos, nos ha permitido avanzar y sobreponernos a nosotros mismos. Todo lo extraordinario alcanzado por la ciencia proviene del pensamiento deductivo. Sin embargo, hay espacio en nosotros para la poesía y otras facetas de nuestro pensamiento analógico, que nos pertenecen y que también debemos cultivar. Son nuestras y tienen un sentido, aunque se nos escape. Eso sí, debemos evitar que invadan facetas que no les corresponden. Un ejemplo típico de pensamiento por analogía, en el campo dietético, es pensar que las nueces son buenas para el cerebro porque el fruto tiene forma de cerebro. Como se ve, nosotros los orgullosos blancos también podemos meter la pata si nos guiamos en exceso por la analogía y no por la deducción, más dura y anti-intuitiva pero que da resultados más sólidos y duraderos.

El Culto Cargo es un exponente simpático pero también frustrante de pensamiento por analogía. Es hacer algo como lo hacen otros, algo parecido. Pero si sólo se imita la forma sin apresar el alma, sólo queda una cáscara vacía como el avión de madera que no vuela. Eso les pasó a los melanesios. Su reconstrucción analógica no tenía alma. Seguían enfrascados en un pensamiento por analogía.

¿Es el Halloween español un Culto Cargo de blancos? ¿Es una manera nuestra de invocar mágicamente la prosperidad useña, reflejada en esa fiesta, la prosperidad que Hollywood y las TV-movies nos han vendido durante décadas? Dado que tal vez sea una pregunta sin respuesta, ahí lo dejo.



14 comentarios:

  1. Hola Hombre-Lupa,

    Yo vivo en el sur de España y te puedo decir que el Halloween está degenerando en puro vandalismo, o acaso mejor dicho se está convirtiendo en coartada para que los vándalos puedan actuar a sus anchas con alevosía y disfraz, no hay cosa que más guste a quien tiene malas intenciones que enmascararse, claro que eso no sólo es válido para Halloween, de alguna manera lo estamos viendo en las redes sociales e internet, donde asistimos a un nuevo vandalismo o barbarismo de gente que se enmascara en sus "nicks" o "anónimos".

    Ya que hablas del "Potlatch", pondré un ejemplo que me parece mil veces mas irritante que el carnaval de espantajos de Halloween ( no deja de ser eso a fin de cuentas), y seguramente todos esos sesudos analistas que comentas no han parado mientes en criticarlo, yo de momento no he visto nadie que lo critique, posiblemente me puedo quedar sentado esperando.

    Bueno a lo que iba, hablando de Potlatch a mi me parece un buen ejemplo de derroche redundante esa costumbre que lleva arraigada ya mucho tiempo por nuestra piel de toro de hacer regalos sucesivamente por Papa Noel y por los Reyes Magos. Y digo bien derroche redundante, estúpidamente redundante y tan innecesario como esa "fiesta del amor" prefabricada que se inventaron en un capítulo de los Simpsons. Vamos a ver, en mi opinión, esto es un error por todos lados: error porque los españoles ya teníamos a los Reyes Magos de toda la vida, ¿que necesidad teníamos de importar a otro personaje que hace regalos en las mismas fechas cuando ya teníamos tres?, Error porque muchos niños españoles reciben una caterva de regalos por Papa Noel, y luego otra caterva igual o mayor por Reyes, la mayoría de los cuales quedarán arrumbados en el olvido. No pretendo dar clases de moralina barata, que cada cual haga con su dinero lo que quiera y que eduque a sus hijos como quiera, pero recuerdo a una niña muy próxima a mi que recibía toneladas de regalos por Santa Claus y por Reyes llorando porque decía que "había recibido muy pocos regalos", y no puedo evitar contrastar ese testimonio con el de mi madre que recibía tan sólo una muñeca o una "mariquitina" por Reyes y se sentía la niña más feliz del mundo. Hay que decirlo claro, aunque pocos se atreven: se está malcriando a muchos niños de la clase media y alta en la cultura del despilfarro y con ello no se los hace mas felices, al revés, porque al recibir una avalancha de juguetes por duplicado no valoran nada, se les crea una insatisfacción endémica y empiezan a desarrollar un ego hipertrofiado, siempre hambriento y nunca saciado, impotente para gestionar las vacas flacas y la escasez.

    Esto es algo que no suelen decir los sesudos sociólogos que tanto hablan de política por la tele, gran parte de los fenómenos de neo-barbarismo y de infantilismo adolescente y adulto que tenemos la desgracia de presenciar a diario tienen sus raíces en un niño malcriado por unos padres absolutamente incompetentes ( y una gran mayoría lo son).

    Viene al pelo un ejemplo, el berrinche y la pataleta, la histeria colectiva que se ha visto en mucha gente joven con la victoria de Donald Trump, no digo que esto tenga que ver con Papa Noel, los Reyes Magos o Halloween, pero si tiene mucho que ver con la mala educación, pretendemos construir democracias liberales modélicas criando niñatos y niñatas absolutamente impotentes para gestionar un "no", tiene que ser lo que yo quiero y tiene que ser ahora, sino, berrinche y pataleta, y me tiro al monte o a la calle, con una juventud criada en esos "valores" al sucedáneo de democracia que tenemos no le quedan dos telediarios, al final el totalitarismo adulto puede tener insospechadas raíces en el totalitarismo infantil de una generación malcriada en un materialismo atroz, ¿y que es a fin de cuentas el totalitarismo sino puro materialismo?, de aquellos polvos estos lodos.

    Saludos

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    1. La verdad que la mayoría de los hijos de familias ricas no dan palo al agua y están infantilizados y afeminados hasta el hartazgo, cual monarcas franceses previo a la Revolución.

      The Atlantic tiene una interesante nota en que explica como, previo a 1965, el partido republicano defendía los intereses de la industria y la finanza, mientras que el partido demócrata defendía los intereses del obrero, el agricultor y el pequeño empresario blancos.

      Todo eso acabó cuando se estableció el sufragio universal y la libre inmigración, en 1965. A la vez, se dio que el establishment apoyaba la absurda guerra de Vietnam. El partido demócrata se reformó: abandonó la defensa de los intereses de los blancos de clase media y baja, y abanderó a la liberal clase alta blanca (ahora exenta de servicio de militar por servir al país mediante su labor profesional), minorías raciales y sexuales, y recientemente a los musulmanes.

      Si se masifica la transformación de la derecha mariconservadora a filofascista que aparenta darse desde el Brexit y Trump, espero que se regrese al servicio militar obligatorio, formando a los hijitos de papi en un ambiente rudo (cual Tropa de Élite) para que sean dignos de ser la aristocracia de su nación.

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    2. Recuerdo cómo lo contaba mi bisabuela: en Nochebuena les daban dulces y algún detallito, siendo Reyes el día señalado para el regalo de verdad. Ya en mi infancia el regalo de Papá Noel era importante, prácticamente equiparable al de Reyes: una bici o una pequeña máquina de petaco que hicieron mis delicias. La figura de Papá Noel, no obstante, es algo que no me dice nada y como a mí a mucha otra gente. Aun así, en Navidad veremos en las casas a peluches de Papá Noel como reptando para colarse por una ventana o chimenea, igual que cuando juega la selección se cuelgan banderas compradas en el chino. Prefiero, con mucho, a los Reyes. Tienen mucha más solera se mire por donde se mire. ¿Aparece el orondo comercial de Coke en los mosaicos de Rávena como sí aparecen los Reyes? Entonces a la cola. ¿Y qué relación tiene Noel con el Niño Divino? Que quiere venderle glucosa en cantidades industriales, y de paso a nosotros también.

      Los niños han pasado de ayudar en el sostenimiento de la economía familiar, como aún sucedía hace medio siglo en el rural gallego y como sigue sucediendo en muchos países (los progres no suelen comentar que en la Bolivia de Morales existe legalmente el trabajo desde los diez años), a ser un "lujo" bastante caro, lo que explica las bajas tasas de natalidad occidentales. Ya existe en la literatura de autoayuda de centro comercial el tópico del "pequeño tirano" y parece que la cosa no quiere detenerse, tal vez porque la nueva hornada de padres y madres fueron pequeños tiranos a su vez y se ha perdido cierta memoria social del tiempo de la escasez.

      Todo ese consumo tira de créditos y está gravado con impuestos, así que no esperemos que ni el sector financiero ni el político impongan algo de cordura. Forma parte de la deriva de nuestro mundo.

      El ejemplo del "día del amor" está bien traído, también yo me acordé de aquel estupendo capítulo, inventaron ese día tan artificioso únicamente para deshacerse de stocks. Básicamente unas rebajas son eso.

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    3. La baja de natalidad es cosa buena, es hora de que el mundo entero tome el camino de Europa.

      Estamos destrozando el planeta, ya así no hay peces (el atún rojo esta por desaparecer) y en general estamos causando una especie de sexta extinción masiva.

      Mucha gente + capitalismo = la tierra sale perdiendo.

      Lo malo es la religion, esos son un lastre a la hora de aplicar controles de natalidad y planificacion familiar. Claro, se toman al pie de la letra eso de "creced y fructificaos" XD

      Martin

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    4. Martin, el "creced y multiplicaos" estaba dirigido a Adán y Eva cuando estaban aún en gracia de Dios. Si hay conexión con la Divinidad la expansión humana está bendecida y cumple la voluntad de lo Alto. Cuando esa conexión desaparece, la proliferación humana es un desastre.

      Religados en Cristo volveremos a expandirnos en armonía. No estamos tan lejos.

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    5. Entonces las iglesia (en sus distintas ramas) está alejada de Cristo, ¿cierto?, lo digo por su férrea oposicion a la educación sexual, planificación familiar y el control de natalidad.

      Tengo entendido que en la biblia hay algunos versiculos que enzeñan a usar los recursos de la naturaleza de forma moderada, asi como no hacer daño a las plantas y animales, ¿me equivoco?

      De ser asi, que triste que se haya pasado por alto eso, pero claro, tienen bien presente eso de que el ser humano debe servirse de la naturaleza y usarla a su antojo, tal como sale en el Genesis...y mira las consecuencias.

      Martin

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  2. Halloween no sé, pero si la pesadilla esta del Black Friday no es un ejemplo de "fiesta" consumista, importada y descerebrada que baje Dios y lo vea.

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    1. Las sociedades globales se parecen entre sí, son casi intercambiables, de modo que sus fiestas también y no digamos la facilidad con que se propagan. Pero bueno, el Black Friday son rebajas de otoño, no sé si hay algo más. Será una fiesta por la euforia que da comprar, porque otra cosa ....

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  3. Alex, el berrinche lo empezó Trump, que ya desde el principio decía que las elecciones estaban amañadas y que no iba a aceptar el resultado.

    Ahora que Trump ha ganado, sus partidarios están inmersos en una histeria muy similar a la que muestran algunos contrarios. Los fans de Trump (lo mismo que los de Putin) parecen groupies.

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    1. Es posible que la presidencia de Trump sea, en buena parte, una continuación de su vida y milagros como empresario, algo más especulativo que real. No espero a un estadista sino a un buen vendedor. Si se repasa su trayectoria empresarial así como su estilo de vida (me vienen a la mente esas imágenes de salones con incrustaciones de oro en puertas y paneles donde Trump y su jovencísima esposa, ya muy operada e irreconocible, posan tan felices) creo que su compromiso con los sectores productivos de Usa, nutridos del esfuerzo de gente modesta, debe como mínimo ponerse en cuarentena.

      Gente que ni conocía a Trump, por juventud, o que le sonaba vagamente como el típico tycoon ochentero que después tuvo sus tropiezos (recomiendo que se conozca bien su carrera empresarial), le ha descubierto de la noche a la mañana como supuesto líder tercerista, algo que ni es ni quiere ser. Habrá que seguir con suma atención de qué modo evoluciona en la Casa Blanca.

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  4. Artículo completo, espero que os guste. Últimamente he vuelto a recurrir a publicar las entradas "a cachos", con un avance y luego el resto. Lo hago así para "obligarme" a concluirlas.

    Bueno, mejor así que otros blogs que están completamente paralizados. Un blog tiene que estar vivo. El mío es el blog de alguien que aprende algo todos los días y que está orgulloso de ser cada día menos burro.

    ¡Salud! Y valorad, y agradeced, lo que tenéis.

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  5. Elon Musk también abandera el pensar por deducción antes que por analogía: busca en Google "The Cook and the Chef: Musk's Secret Sauce". Muy interesante.

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  6. Al menos en Halloween no existe la corrupción del fútbol. Siguiendo la política del blog no copiaré ningún enlace de prensa, pero El mundo ha hecho un trabajo valeroso publicando la corrupción de varios futbolistas esta misma semana.
    ¿Os habéis dado cuenta de que en El país no ha aparecido nada? Publicaron una noticia en la web que luego borraron. Algo ha pasado ahí.

    He visto a muchos padres decir que los juegos de ordenador son una pérdida de tiempo y no dejan que sus hijos jueguen. Pero en cambio les dejan que atiborren sus cabezas con los datos inútiles y el fanatismo del fútbol, como si eso fuera una actividad más constructiva. Nunca tienen respuesta para eso.
    ¿Y cuántas veces se utiliza el cine como ejemplo de negocio subvencionado, a pesar de que el fútbol recibe mucho más dinero?
    ¿Cuántas veces se habla del dinero que ingresa el fútbol, a pesar de que pierde mucho más del que ingresa (casi todos los clubes de fútbol perdían dinero hace 3 o 4 años)?

    ¿Qué se puede hacer contra este negocio resistente a todo, que para el público es inmune al despilfarro público y a la corrupción y que ni siquiera necesita ser rentable para sobrevivir?

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    1. El fútbol forma parte de la religión de Estado que rige actualmente, entendiendo por Estado la Unión Europea, una especie de URSS blandita. Que ocupe un tercio de los noticieros de las televisiones públicas (si fuera sólo en las privadas sería su dinero) hace evidente que el fútbol es sistémico. Su función es adormecer al varón trabajador. De hecho, a ese sector se le ha "dejado en paz" por parte del lobby LGTBQI, el cual últimamente no está reclamando salidas del armario. Es un sector demasiado importante para el sistema como para hacer demasiado ruido y despertar al personal.

      El estadio es el templo por antonomasia hoy. Hay quien ha estudiado los mecanismos de sustitución de lo religioso por lo deportivo-festivo. Curiosamente, el himno de la Champions recoge las palabras de Sadoc, el primer sumo sacerdote del Templo de Salomón. No es casual.

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