martes, 15 de noviembre de 2016

Día, semana, mes, año. Un pequeño post de motivación





La palabra "ilusión" es ambivalente en nuestro idioma. Una ilusión es algo que te motiva, la expectativa de un resultado dichoso. Pero una ilusión es también un espejismo, un engaño, un cebo. Estar ilusionado es bueno; ser un iluso, no. Por eso las abuelas nos aconsejan que, cuando estamos algo desorientados y abatidos, busquemos algo que nos ilusione en el día a día, pero sin ilusionarnos demasiado, porque a lo peor lo que nos ilusiona resulta ser una ilusión.

Es importante la motivación en el día a día, tengamos en cuenta que el día se mueve y nosotros debemos hacer lo mismo, "motivación" tiene como raíz motto o movimiento. Es importante que estemos ilusionados, pero que no seamos ilusos: que lo que nos ilusiona sea razonable, posible, a nuestro alcance. Es absurdo obsesionarse por cosas que no tienen solución, que ya han ocurrido, o por otras que escapan a nuestro control. Debemos estar siempre dispuestos a aceptar la realidad, porque si la aceptamos entonces ella deja de abrumarnos y nosotros dejamos de sobrevalorarla y de darle un poder sobre nuestra mente y nuestra decisión que ella no tiene. 

Siempre digo que hay que luchar por nuestros sueños, porque si no lo hacemos tarde o temprano nos veremos luchando por los sueños de otro. Si no trabajas en tu vocación, tendrás que trabajar por obligación en la vocación de otro. Y si trabajas para alguien en algo que no es su vocación, el resultado será la toxicidad laboral ambiental, el despido y el cierre del negocio. Necesitamos realidad y sueños. Estamos hechos de ambos ingredientes. 

Pero ¿y si no tienes sueños? 

Una persona altamente creativa puede soñar despierta con encontrar la cura de una enfermedad, un nuevo diseño de automóvil, una sinfonía sublime o una novela genial. Pero la mayoría sueña básicamente con formar una familia amorosa y vivir bien, sin estrecheces. A lo mejor eso no te llega, o no te llena, o simplemente no sueñas, no imaginas tu futuro a unos cinco años vista. Estos días atrás me lo planteé a mí mismo, "¿tienes un sueño o te estás dejando vivir sin más?" Entonces pensé que cualquiera de nosotros puede hacer algo fructífero de su vida incluso sin un sueño guía, realizando lo que le ilusiona cada día. Si no tienes grandes sueños, cumple tus pequeñas ilusiones. Nadie va a juzgarte. No te plantees salvar el mundo. No pretendas tener grandes aspiraciones cuando en realidad no las tienes. No apliques un equivocado sentido del deber a las motivaciones personales. El sentido del deber es muy importante, pero se aplica puntualmente, en momentos críticos. Si todo lo que hacemos al día es por sentido del deber, seguramente somos unos desgraciados. Creo firmemente que vas a aportar mucha más riqueza de toda clase a los demás si cumples tus motivaciones internas, por egoístas que puedan parecer y ser -siempre y cuando no hagan daño o causen perjuicio al prójimo-, que si pretendes ayudarles de manera directa. Nuestras abuelas nos decían también que de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno. Esa mano invisible aplicada a la vida diaria funciona mejor que una mano de hierro.




Así que tomé una cuartilla y un bolígrafo. Y, mientras cenaba tranquilamente, con dos trazos perpendiculares dividí la cuartilla en cuatro sectores ("1 día", "1 semana", "1 mes" y "1 año") y me dediqué al juego de apuntar las cosas que en ese momento me hacían verdadera ilusión y que quería conseguir, agrupando esos deseos según me parecía que sería el tiempo necesario para conseguirlos. Me salieron veinte objetivos ilusionantes, exactamente veinte. Algunos eran serios, otros valiosos pero no cruciales, otros interesantes y alguno que otro un poquillo frívolo. Pero eran -son- míos.

Después, al releer la lista, me di cuenta de algunas peculiaridades. Los objetivos ilusionantes (como es obvio no voy a puntualizar cuáles son, cada cual tiene los suyos, si eso lo dejo para mis memorias) que me llevaría un año conseguir eran de peso, muy importantes, de los que marcan una línea en la vida. Su número: ocho. Los objetivos a una semana y a un mes sumaron nueve, y en su casi totalidad se referían a adquirir algo. Adquirir cosas, adquirir un servicio o adquirir conocimiento, básicamente. Me di cuenta de que se corresponden grosso modo con el ciclo habitual de retribuciones en el mercado laboral. Algo así como "el mes que viene cuando cobre me voy a dar el gusto de comprar esto o voy a hacer esto otro". Los objetivos conseguibles en un día fueron tres. Curiosamente, esos deseos alcanzables en un día eran los más urgentes, los más vitales incluso, los más decisivos a corto plazo. Había algo de armonía, inesperada por mi parte, a la hora de ubicar mis deseos en un espectro sensato de realización. La mano invisible de que hablaba antes.

Hice ese pequeño ejercicio de autoevaluación hace dos días. Los objetivos a un día vista ya han sido cumplidos, y mi calidad de vida ha mejorado de repente. No me di mucha cuenta en su momento, pero en mi vida se había colado últimamente algo de basurilla que he purgado en 24 horas. Y todo tras el ejercicio diletante de escribir cuatro cosillas durante la cena mientras de fondo sonaba la música más bella imaginable.


Compuesto por Dios bajo el seudónimo Arcangelo Corelli.

Tuve la tentación de pensar que en mi caso los objetivos que realmente merecían la pena eran los a muy corto y a largo plazo, siendo los intermedios algo secundario o una fruslería. Pero después reflexioné. Todos los objetivos estaban, de alguna manera, entretejidos. Los objetivos cumplidos a un día vista permitían cumplir los objetivos a una semana vista, y éstos a los deseados a un mes vista. Eran como una llave que daba acceso a otra llave, y así sucesivamente. De nuevo volví a sentir esa armonía, esa mano invisible.

Probadlo, quienes tengáis dudas o paséis por una fase de aturdimiento. Imaginaos un ejemplo, alguien que está pasando por un bache, tiene sobrepeso y bebe de más. Sueña con estar sano y delgado en un año, y comprarse cosas, le gustaría cambiar de ordenador, por poner un ejemplo. ¿Cuál es el primer objetivo, absolutamente irrenunciable, que debe ilusionarle? Es obvio: dejar de alcoholizarse. Y ese objetivo ilusionante tiene que ir de cabeza al sector "1 día". 

No estoy diciendo que el alcoholismo se cure en un día. Es necio afirmar tal cosa. Pero no estoy mintiendo si digo que se puede dejar de beber en el mismo día. En el caso del ejemplo, no te puedes quitar el sobrepeso en un día, necesitas meses y meses de vida sana para conseguirlo en el plazo de un año, pero sí puedes quitarte de beber. Pasa igual con los fumadores, que fuman durante décadas y un día lo dejan de repente, de un momento para otro. El proceso de que te olvides del gusto por fumar puede llevarte meses, pero el proceso de dejarlo es inmediato. Es como la ruptura de una relación sentimental tóxica: decides romper por tu bien y la relación se acabó, aunque sigas pensando en la chica y estés meses rumiando tu dependencia psicológica de ella.


Imagen vista en Pinterest. John Barleycorn, personificación de la cebada y, por extensión, del alcohol en la cultura anglosajona. Jarra de la marca inglesa Royal Doulton (algo así como los Lladró de Albión). A retener el fuerte componente nórdico-rojo de esa personificación.


Si el colega de nuestra ejemplo tiene ese momento de lucidez, hace caso a su ilusión y deja de tirar su dinero, su salud y su dignidad por el desagüe, será como una llave que abre otra llave. El dinero que no se ha gastado en priva se lo podrá gastar en un ordenador o en una lavadora o en ropa (objetivo mensual) y podrá comenzar un proyecto de vida sana que le lleve a estar atlético y armonioso (objetivo anual). Si no se cumple la ilusión diaria, no se cumple ninguna. Por tanto, no olvidéis las pequeñas cosas de cada día si queréis obtener los grandes logros del futuro. Toda ilusión a un día vista que no se cumple impide cumplir ilusiones a más largo plazo. Si matas tu ilusión diaria, matas tu futuro.

Haced la prueba, si queréis. Es un consejo que doy gratis. Yo ya he cumplido los objetivos ilusionantes a un día vista, y voy a por los semanales ;-)


¡Salud! Y mis mejores deseos.


De propi, un clásico new-age para meditar. Gozad de la vida mientras podáis.



4 comentarios:

  1. Creo que el grado de ascetismo o cotidianidad puritana indica de forma directamente proporcional cuán enfocado uno está en lograr sus metas. Si uno empieza a trabajar seriamente en sus metas, naturalmente dejará los excesos que implican gasto de salud, tiempo y dinero.

    Tal vez en algunos casos evitar los famosos gastos hormiga ayuden a comprar una lavadora, pero en otros, tal vez haya uno pueda conseguir un trabajo mejor remunerado y más rápidamente mejorar la condición de vida. Es pensar en órdenes de magnitud en lugar de eficiencia.

    Aunque soy de tomar poco, en este verano del hemisferio sur nunca viene mal una birra helada.

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    1. Aquí el cambio climático nos está deparando un noviembre muy suave, con lo que me siguen apeteciendo las cervezas artesanas bien frías, gallegas o bercianas ;-)

      También para la búsqueda de trabajo se puede aplicar la regla DSMA. Si simplemente quieres cambiar tu puesto por otro más o menos igual, normalmente te llevará una semana. Si quieres que sea un poco mejor, posiblemente te llevará un mes. Y si quieres que sea mucho mejor, a lo mejor puede llevarte un año. Por ejemplo, el inglés fluido, un hándicap muy habitual en España. Un año practicándolo y estarás listo para ascender un escalón laboral. A mí me funcionó, hace dos veranos tenía el inglés oxidadísimo y macarrónico.

      De todas maneras, si uno no tiene claras sus prioridades y lo que le ilusiona, poco importa que comience a ganar más, salvo que necesite tapar agujeros urgentemente y la necesidad haga de madrastra.

      Un saludo para tu tierra.

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  2. https://www.youtube.com/watch?v=pBO8VoftLCg

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    1. Conozco el discurso. No te esfuerces, no te comprometas, no planifiques, no arriesgues, porque si no haces nada de eso serás completamente libre. Eso es falso. La libertad cuesta mucho.

      Eso sirve para media docena de bufones del mundillo audiovisual, que pueden ir de free-riders por la vida aprovechándose del esfuerzo de los demás. Sin esfuerzo humano nadie habría grabado las palabras de ese señor, y no tendría ni cama donde estar ni gafas que ponerse.

      Y así tendría la virtud de la coherencia. En pelotas y apoyado en una piedra, como el alemán de Camelle.

      El que algo quiere, algo le cuesta. Un artistilla punk o un vizconde heredero pueden ser una excepción puntual que para nosotros no cuenta porque no dice nada de nosotros ni de nuestra vida. Yo quiero enamorarme y quiero atarme, quiero entregarme. No quiero que me llamen e ir sin más. Sólo a una misión especial, y ésta no aparece.

      ¡Salud!

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