domingo, 28 de agosto de 2016

Algunas películas que me gustan (X)






En 1940 Walt Disney promovió  el encuentro entre el dibujo animado y la música clásica en su inmortal "Fantasía". La idea sonaba sencilla y apetecible: tomar piezas inmortales del repertorio orquestal europeo y ponerles imagen, recréandolas, dándoles un hilo argumental más o menos elaborado. Según Disney, el propósito original era crear un film de sketches del que con el tiempo se irían "cayendo" los menos logrados, siendo sustituidos por otros mejores, hasta dar con la película perfecta. Por eso, los espectadores podrían ver muchas "Fantasías" distintas hasta que llegase la definitiva. El poco entusiasmo de la taquilla ante la propuesta de Disney le hizo olvidar el proyecto. Hasta entonces el magnate había tentado el experimentalismo en otras obras de su estudio (su adaptación de Blancanieves trabajaba a fondo la sensación de tridimensionalidad, por ejemplo), pero quizá no era la época para ese invento.

Ni para "Fantasía 2000" (1999, VVAA), que no entusiasmó a nadie salvo a mí. La fui a ver dos veces seguidas cuando se estrenó en España, en formato convencional (estaba pensada para formato IMAX, como pudieron disfrutarla en Usa). La idea seguía siendo la misma: música bastante conocida, en general, para un público mínimamente culto, e imágenes contando una historia ingeniosamente adherida a ella. Como guiño al film original, se incluyó el mítico y formidable sketch que versionaba El aprendiz de brujo de Paul Dukas. La única pega que le veo es cómo presentan cada uno de ellos, salen "famosos" hablando un poco del concepto del film, resultando algo pesados. Si nunca he tragado a Steve Martin ni he ido a ver nada suyo, imaginaos encontrármelo en pantalla grande contra mi voluntad. Por lo demás, la música es interpretada por la orquesta sinfónica de Chicago, dirigida por James Levine.

-El primer sketch ilustra el primer movimiento de la 5ª sinfonía de Beethoven. Nada menos. ¿Cómo se le pone imagen a la música más célebre jamás compuesta? El poder genésico de los Cielos fecunda la Tierra y da lugar a una explosión cámbrica de mariposas geométricas multicolores. Todo está marcado por el signo de lo geométrico. El Inframundo reacciona abriendo sus fauces, generando un Sol negro y una colosal masa de mariposas negras que amenazan con aniquilar la hermosa variedad de la Creación. Las imágenes contraponen absolutamente el color con la negritud. Cuando parece que  todo está perdido y que la marea negra va a anegarlo todo, el Cielo reacciona con sus destructivos haces de luz, derrotando a las mariposas negras y abduciendo a las multicolores, que vuelven al seno divino.

Tan breve como magistral, y con un puntillo de locura en su imaginería. Antes de que nadie se me emocione con una lectura identitaria stoddardiana, diré que el director del sketch, Pixote Hunt, es afrodescendiente.

-El segundo imagina uno de mis poemas sinfónicos favoritos, Pinos de Roma de Ottorino Respighi, como .... un banco de ballenas jorobadas elevándose al cielo en pos de una nova que brilla ahí en lo alto. Nuevamente el Cielo como inspiración, como búsqueda de la excelencia, mensaje ennoblecedor reforzado en esta ocasión con un sentimiento ecologista. Ver a las ballenas volar, deslizarse grácilmente por un paisaje de nubes y estrellas mientras suena el movimiento Los pinos de la Vía Apia, es algo emocionante. Deberían proyectarla en las escuelas.

-El nivel de los dos primeros sketches ya es memorable, pero los responsables del tercero se vienen arriba atreviéndose nada menos que con la Rhapsody in Blue para piano y banda de jazz de George Gershwin, arreglada para orquesta clásica por Ferde Grofé. ¿Cómo se puede poner en imágenes esa música? Desde luego, sugiere un entorno urbano, especialmente neoyorquino.



El sketch presenta a cuatro personajes de la gran urbe, en tiempos de la Depresión, cuatro personajes que arrastran una frustración: un millonario jovial que sólo quiere divertirse amigablemente pero ha de cargar con su odiosa y derrochadora esposa, la hija de un matrimonio bien que preferiría estar más tiempo con sus padres antes que pasar el día en agobiantes clases particulares, un cuarentón parado y deprimido por su pobreza, y un simpático muchacho negro que trabaja poniendo remaches en una obra pero que sueña con tocar la batería en una jazz band. Los cuatro personajes confluyen en el clímax, con final feliz para todos. Los personajes del millonario simpático y de la niña son menos reconocibles en un contexto realista (él parece inspirado en el cine de Frank Capra y ella es como la Pequeña Lulú), mientras que el parado y el muchacho soñador sí aluden a una realidad de la época, aunque todos, los más adinerados, los menos y los intermedios, reciben un filtro caricaturesco. La personalidad de esta adaptación de Gershwin reside sobre todo en que es una caricatura de tipos urbanos, según parece inspirada en el estilo del ilustrador Al Hirschfeld.

A pesar de ser menos idealizadora, comparte genialidad y locura con las anteriores adaptaciones.

-El cuento de Andersen sobre el soldadito de plomo tiene su acompañamiento musical perfecto, según los responsables del film, en el divertido pero muy complejo allegro del 2º concierto para piano de Shostakovich. El soldadito -clavado de cara al vaquero Woody- se enamora de una bailarina de caja de música, lo que despierta los celos del villano, un polichinela que intenta separarles. Este sketch, si bien innegablemente excelente y muy bien hecho, no está a la altura de los anteriores. No se da ese maridaje perfecto e inesperado entre música e imagen. Podría haber sido casi cualquier otra partitura.

-Por fortuna, el film retoma aire y chaladura con la ilustración del finale de la gozosa suite Carnaval de los animales de Saint-Säens. El francés imaginó su obra como un divertimento excéntrico, tanto que prohibió que se tocase hasta su muerte porque podría perjudicar su fama de compositor serio. Es una pieza muy moderna en la que Saint-Säens introduce instrumentos bastante exóticos, incluidas armónicas de cristal (en la actualidad es generalmente sustituida por el glockenspiel). Fiel a esa idea de base, el animador Eric Goldberg ilustra una de las grandes dudas existenciales de la Humanidad: ¿qué ocurriría si le das un yoyó a un flamenco? XD

Goldberg y su equipo se salen con dos minutos sencillamente geniales. No me resisto a colgar el vídeo aquí:


For educational purposes only.

-Estamos en territorio Disney, así que tiene que aparecer uno de sus célebres animales humanizados marca de fábrica. Es el turno del cargante pato Donald, quien hace de ayudante de Noé para salvar a la Creación en su arca tras el enésimo berrinche de Yahvé. Para esa marcha forzada hacia el exilio qué mejor que una música de marchas, la mítica Pompa y circunstancia de Edward Elgar. 

No está al mismo nivel de genialidad que otros sketches, aparte de que le tengo algo de tirria a Donald, aunque deja momentos muy buenos, como ese plano de un dragón, un unicornio y una ave roc descojonándose de los demás animales sin saber que a ellos les espera la extinción.

-Por fortuna, el film remonta a lo grande en su última parte. Ya es para mí un milagro cómo un tío tan feo como Ígor Stravinski, sólo con papel y lápiz, nos legó algo tan hermoso y emotivo como su ballet El pájaro de fuego (aquí suena su versión de 1919). Que la adaptación a imágenes, debida a los gemelos franceses Paul y Gaëtan Brizzi, sea tan maravillosa simplemente no tiene precio. Roy Disney quería un final glorioso para el film, a la altura de aquel mítico sketch de la "Fantasía" de 1940 que enlazaba Una noche en el Monte Pelado de Mussorgski con el Ave María de Schubert, y que ha quedado para la eternidad. El mismo Disney eligió la música. La inspiración de fondo, sin duda, es la erupción del volcán Santa Helena en el estado de Washington en 1980, la mayor que ha conocido Usa en su territorio. También, el poder regenerador de la vida y la hermosura de los paisajes de América del Norte.

El principio masculino, un hermoso ciervo recreado de manera realista en un bosque helado, hace nacer de agua y aliento al principio femenino, una bella hada de la primavera y la vegetación. Entusiasmada, convierte el bosque en un estallido de vida y color .... pero descubre que en las estribaciones de un volcán inactivo el verdor no arraiga. Intrigada, entra en el cráter y despierta a su morador, una horrorosa y ciclópea ave ígnea acompañada de oleadas de lava que destruyen el bosque entero y dejan al hada aterrada y cenicienta. El ciervo la encuentra y la sube a su lomo. Ella llora, y sus lágrimas fertilizan de nuevo la tierra. Recupera el ánimo y vuelve a recrear el bosque, más hermoso aún que antes.

Vida, muerte y renacimiento. Insuperable final. Si tiene algún sentido la expresión "obra maestra", es aquí.



Diría que se cuentan con una mano los defensores de "Frankenstein de Mary Shelley" (1994, Kenneth Branagh). A raíz del éxito de la versión de Coppola sobre Drácula, dos años antes, Columbia y TriStar se mostraron interesadas en distribuir más films de ese estilo, época + terror, tocándole el turno a la creación de la Shelley, esta vez con Coppola de productor ejecutivo. El director previsto era Roman Polanski, pero "se contentaron" con Branagh, cuya estrella era ascendente por entonces. Si bien Branagh es un cineasta juguetón, a quien le gusta llevar a Shakespeare al anacronismo, esta vez se tomó en serio la tarea. La ambientación está extremadamente cuidada. Buen reparto, grandes decorados, excelente iluminación, el maquillaje, los efectos, la brillante partitura de Patrick Doyle .... nada de eso importó porque la película no funcionó en taquilla y la crítica se cebó en ella así como en el supuesto ego de Branagh.

Al film le sobra un minuto, más o menos. Aquí y allá los responsables añadieron insertos para darle espectacularidad a algunas escenas, momentos que quedan muy mal, muy grandilocuentes y toscos. El que vea la película se dará cuenta de qué momentos (unos pocos instantes en algunas escenas) son esos pegotes innecesarios. El resto es espléndido. Branagh estaba convencido de que en la novela latía una fuerza romántica desmesurada, desaforada, e identifica a Viktor Frankenstein (el propio Branagh) con esa fuerza. Viktor es el héroe romántico, que desea saber aunque el conocimiento conlleve dolor y lleve al dolor. Su endiosamiento lleva al desastre. En consonancia con esa idea, la planificación de Branagh es potente y acelerada, ampulosa incluso, en escenarios muy teatrales y estilizados, como siguiendo la mentalidad entusiasmada del transhumanista Viktor, quien ansía derrotar a la muerte. Su Criatura no es sólo manufacturada: nace, en un útero metálico lleno de líquido amniótico, punzada en sus chakras y estimulada por la bioelectricidad de un cardumen de anguilas. Pero Viktor, ante lo lastimoso de su creación, se comporta como un dios caprichoso y la abandona. Entonces Branagh sigue a la Criatura (en esta ocasión Robert de Niro está bastante bien), y se contagia de su espíritu más sereno y reflexivo. La Criatura mira todo con asombro y empatía, y va poco a poco aprendiendo, también a odiar. La planificación es también más clásica, menos romántica que la que seguía a Viktor. En su momento ambos seres confluyen y estalla la tragedia.

Destacaría de este film su potente fisicidad. Es un film táctil y carnal. Los personajes se tocan y se agarran, establecen puentes de piel y chispas eléctricas entre sí, incluso literalmente. Se nota el frío, se nota la suciedad, se notan las infecciones.



"El diablo sobre ruedas" (1971, Steven Spielberg) estaba llamado a ser un telefilm más de la cadena ABC, visto y olvidado con la misma rapidez. Pocos medios, un par de cámaras, un Plymouth, un camión Peterbilt, el careto atribulado de Fritz Weaver, polvo, una gasolinera y carreteras, muchas, muchas carreteras dejadas de la mano de Dios. Un "ahí te pudras" de libro que contra todo pronóstico el imberbe Spielberg, un chaval judío de Ohio al que le salía el cine por las orejas, convirtió en una joya tan lograda que los ejecutivos de la cadena decidieron exhibirla en cines (con un cuarto de hora extra de metraje y formato hinchado hasta los 35 mm). Un vendedor hace un viaje de negocios por un desolado desierto californiano encontrándose con un monstruoso camión-cisterna con el que empieza, a su pesar, un absurdo "pique" que está a punto de costarle la vida en varias ocasiones. El título original, "Duel", es mucho más preciso y va al grano: no es un diablo quien conduce el camión, sino un hombre. Que no sepamos por qué hace lo que hace realza el valor simbólico de la historia (creada por Richard Matheson, quien asimismo adaptó el guión), que hace pensar en un absurdo digno de Kafka.

Pocos defectos le veo. Se notan, quizá, algunos planos "de relleno" para alcanzar así la duración estándar de una exhibición cinematográfica. Por lo demás, el arranque es formidable y engancha al espectador. En planos a ras de suelo el coche del protagonista sale de la plácida urbanización californiana donde vive, atraviesa la ciudad, pasa por túneles, soporta el tráfico y finalmente corre a toda hostia por carreteras vacías mientras en la radio se escuchan tonterías. La carretera se convierte en la unidad de espacio de la historia.

No sé si lo pretendían Matheson, Spielberg y compañía, pero el film es altísimamente simbólico. Es de 1971, el año en que Nixon eliminó la paridad dólar-oro abriendo las puertas a la inflación desbocada y a las crisis del petróleo. De hecho, el petróleo es un protagonista más, con ese aterrador camión-cisterna que amenaza con cargarse al ciudadano medio. Tanto el modelo de coche (un muscle car de elevadísimo consumo de combustible) como el de camión eran típicos de una época en que el crudo ligero de gran calidad era muy barato y todavía fluía abundantemente desde el subsuelo de Usa, y quedaron obsoletos muy pronto. El paisaje desértico deja su huella en el espíritu del espectador, que por entonces ya estaba recibiendo mensajes ecologistas y apocalípticos-postnucleares en el cine de la época, y con los que el telefilme de Spielberg sintoniza subliminalmente.

El hombre ridículo de nuestra época, el pequeñoburgués de traje gris que fue santo y seña de toda una generación useña, se enfrenta a un monstruo ante el que en principio nada puede hacer dada la pequeñez y amilanamiento de uno contra la enormidad y resuelta brutalidad del otro. El camión es casi como Moby Dick, si bien el vendedor no busca el enfrentamiento ni lo ha querido nunca. Él sólo quiere cerrar una venta e irse a casa. Es más, a partir de una conversación telefónica con su mujer sabemos que el protagonista es un beta, un hombre apocado que rehúye enfrentamientos incluso cuando alguien se insinúa a su esposa. Una carretera desierta y un enemigo inesperado le harán superarse sacando al guerrero que muy dentro de sí dormía un largo sueño.



5 comentarios:


  1. Tengo todas lejanas en la memoria pero sí le recuerdo un defecto a "Duel": el protagonista es un pusilánime insufrible y se insiste constantemente en ello. La idea del "nerd" apocado que encuentra su instinto asesino es muy de los 70 por algún motivo, acentuada por los actores de aspecto débil de entonces como Dustin Hoffman. Pero los personajes de las películas de Spielberg tienden en general a parecerme como sacados del cine de otras épocas, caricaturizados, poco genuinos, sin dimensión...

    Hay algo en las películas de Spielberg que me hace ver el peligro muy de lejos. Curioso que fuera un admirador de La Matanza de Tejas, un film opuesto a los suyos: en él las víctimas no representan ningún ideal, son contemporáneas y el desarrollo de la historia es difícil de prever.

    Honestamente me gustan más las adaptaciones de Matheson (y Charles Beaumont) de la Dimensión desconocida, aunque estén peor dirigidas.

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    1. Los años setenta profundizaron en el "memento mori" de los años sesenta. Existía el peligro nuclear, al que se añadía el problema social de la guerra de Vietnam, y una fuerte ruptura generacional acompañada de desorientación. También durante unos años se pusieron de moda en el cine californiano directores de casting como Marion Dougherty, gente que quería protas más realistas y frágiles, de psicología contradictoria y liosa.

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  2. Tratándose de películas, ¿que opinas de esa cosa feminista llamada "Test de Bechdel"?

    https://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Bechdel

    Felipe

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    1. Si Bechdel y compañía quieren más películas que pasen su test, la solución es fácil: que se rasquen el bolsillo y las financien, o convenzan a otros para que lo hagan por ellas.

      La actual pobreza de ideas de Hollywood puede echarles una mano. Dejando aparte que esto parece una reescritura en bloque del cine clásico (últimamente "Ben-Hur" y "Los siete magníficos") para adaptarlo a nuestra "sensibilidad actual", saquear las pelis antiguas le da una oportunidad a ese test. Seguro que el "Cazafantasmas" todo chicas cumple el test.

      No tiene nada de extraño que ese "Cazafantasmas" se haya estrellado en taquilla, al igual que "Ben-Hur". ¿Qué será lo próximo, un "Cazafantasmas" con shemales, o qué? Qué aburrimiento de cine. Menos mal que Mel Gibson ha vuelto a dirigir. Ésa no me la pierdo.

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  3. "El hombre ridículo de nuestra época, el pequeñoburgués de traje gris que fue santo y seña de toda una generación useña, se enfrenta a un monstruo ante el que en principio nada puede hacer dada la pequeñez y amilanamiento de uno contra la enormidad y resuelta brutalidad del otro. El camión es casi como Moby Dick, si bien el vendedor no busca el enfrentamiento ni lo ha querido nunca. Él sólo quiere cerrar una venta e irse a casa. Es más, a partir de una conversación telefónica con su mujer sabemos que el protagonista es un beta, un hombre apocado que rehúye enfrentamientos incluso cuando alguien se insinúa a su esposa. Una carretera desierta y un enemigo inesperado le harán superarse sacando al guerrero que muy dentro de sí dormía un largo sueño."

    Vaya, ese pequeño burgués bien puede representar al occidental común, el cual tendría que estrellarse contra la pared para recién reaccionar...tiempo al tiempo.

    Se vienen tiempo muy violentos :-(

    Felipe

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