viernes, 29 de julio de 2016

La guerra no tiene rostro de mujer





La autora Svetlana Alexiévich. Crédito: Reuters.


Así se llama uno de los libros que he terminado últimamente: La guerra no tiene rostro de mujer (1983) de la escritora bielorrusa -aunque publica en ruso- Svetlana Alexándrovna Alexiévich, premio Nobel de Literatura en 2015, la primera periodista que lo consigue. También conocida -en el ámbito español no mucho, la verdad- por otras obras suyas como Los chicos de zinc (1989) y Voces de Chernóbil (1997), Alexiévich glosó los recuerdos de las mujeres que intervinieron en la Gran Guerra Patria (1941-1945), magnetófono en mano, recogiendo sus declaraciones a lo largo de la enorme Urss, aún existente por entonces. El resultado tuvo que esperar varios años, por culpa de la censura soviética. A los censores no les agradaba el contenido de la obra, y Alexiévich no dudó en explicar por qué. Tampoco dudó a la hora de señalar a su principal inspiración, el escritor asimismo bielorruso Alés Adamóvich, también bastante ignoto en estos lares aunque los más cinéfilos le recordamos como coguionista de "Ven y mira" (1985, Elén Klímov), uno de los films soviéticos más destacados de los años ochenta.

Alexiévich tomó de Adamóvich la idea de novela colectiva, construida de modo que la narración no sea tal sino el engarce de innumerables voces de un coro, siguiendo una idea común, creando así un fresco social e histórico distinto de la crónica o del ensayo al uso. Los recuerdos de las mujeres vienen aderezados con vacilaciones, con pequeños silencios, con arrebatos de emoción .... Alexiévich quiere reivindicar el detalle, el toque femenino, las cosas pequeñas, porque piensa que en todo ello está la verdad o, por lo menos, una verdad a la que nunca se ha prestado atención. No es el tipo de lectura a que estoy acostumbrado, pero pronto me acostumbré a la forma algo entrecortada del reportaje, de la que la propia escritora parece haberse contagiado en su prólogo y comentarios, y disfruté la lectura .... en la medida que se puede disfrutar un libro con un contenido tan amargo. Me parecieron admirables esas mujeres. Me asombró su candidez, su altruismo. Sin duda no estaban "empoderadas".

Como documento histórico, el libro lo es a ras de tierra, desde el barro y la ceniza. Ofrece pinceladas, pequeños aportes que un observador agudo sabe ubicar en el gran mapa de la II Guerra Mundial, sector este. No hay rastro de "judeobolchevismo" en la obra, por descontado, ni de la supuesta "ofensiva soviética" a la que los nazis se habrían adelantado por muy poquito; tampoco hay rastro de los rasgos que la literatura misógina proyecta en las mujeres. Tal vez porque vivían en un régimen sin comodidades ni libertades, quién sabe. Lo cierto es que, por regla general, la impresión que me dejaron las mujeres que quisieron intervenir en el reportaje de Alexiévich es la de que eran tan sencillas como grandiosas, maravillosas.



¿Por qué chocó Alexiévich con la censura? ¿No se trataba, al fin y al cabo, del relato oral y popular de una guerra patriótica y a la postre victoriosa? ¿Qué había de problemático en su contenido?

Las razones de los censores, presentadas por la autora, son altamente ilustrativas de una mentalidad como la soviética. Según un censor, quien leyese el libro de Alexiévich no querría ir a la guerra. Es decir, el libro cumplía la función cívica de alertar de los desastres de las guerras, que deben ser evitadas todo lo posible y a las que no se debe ir como si se fuese a una romería, como millones de jóvenes europeos comprendieron en su propia carne en las dos conflagraciones mundiales. A la escritora los censores le estaban "haciendo un Remarque". Es célebre el caso del novelista alemán Erich Maria Remarque, cuyo magistral Sin novedad en el frente occidental (1928) fue prohibido por los nazis, y numerosos ejemplares de la obra quemados en hogueras, porque mostraba la guerra como algo distinto de una excursión de boy-scouts rubitos por provincias o de la típica narrativa de hazañas bélicas. Los libros de Remarque y Alexiévich ponen en guardia al lector, despertando su sentido crítico al respecto. Por eso son peligrosos, porque activan los resortes defensivos de cada uno de nosotros ante la posibilidad de que quienes nos gobiernan nos envíen a saber a qué aventura y a saber por qué y para beneficiar a quién.

Otra razón que le dieron resultaría chocante si uno no estuviese ya al tanto del transhumanismo soviético. Uno de los censores le reprochó a Alexiévich que lo que ella había reflejado no era la verdad, sino que la verdad es lo que soñamos, lo que queremos ser. Ese solipsismo idealista y soñador podría ser firmado perfectamente por cualquier transhumanista californiano de hoy. El censor quería algo más idealista, una hagiografía.

Ese queremos ser significaba que lo real, lo que era, se arrinconaba, se hacía a un lado si no se correspondía con el discurso oficialista. La guerra germanosoviética estaba marcada por la idea-fuerza de Sin Cuartel. Si los alemanes no tenían interés en hacer prisioneros (dejaron morir de hambre a dos millones de ellos, acorralados en campos de concentración, en menos de un año), las órdenes de Moscú dejaban claro que los soldados soviéticos no podían rendirse ni volverse atrás: o ganar o morir. No obstante, muchísimos de ellos se rindieron. Los supervivientes que se habían rendido fueron, en gran número, purgados en el Gulag siendo trasladados a Magadán, ciudad y óblast de Extremo Oriente que hacía de nudo de comunicaciones para repartir la mano de obra zek entre los campos de trabajo. Triste postguerra la suya. Alexiévich se hace eco de ello.




Entrando en materia, algunos puntos de interés que se pueden entresacar de la lectura podrían exponerse así:

-Altísimo patriotismo de las mujeres soviéticas. Se presentaban voluntarias. Aún púberes, se dirigían a las oficinas de alistamiento pidiendo su incorporación al frente. Querían estar con los hombres, llevar sobre sus hombros el peso de aquel momento histórico, no estar en la retaguardia por valiosa que pudiera ser su función en ella. Es algo recurrente a lo largo de todo el libro.

Además, los hombres habían dejado un hueco enorme en sus comunidades de origen tras su partida al frente. Muchos pueblos y aldeas eran tierra sin hombres. Un detalle interesante al respecto es que según las declaraciones de las mujeres éstas tenían más hermanas que hermanos, con casos de familias que sólo tenían niñas, cinco o seis. La alta natalidad era básicamente de futuras nuevas mujeres y potenciales madres. Eso estaría en consonancia con lo afirmado por autores como el neurobiólogo Gerald Hüther, que en tiempos de carestía tienden a nacer más niñas que niños, y viceversa en tiempos de abundancia. Recuérdense las hambrunas que acompañaron al experimento soviético para entenderlo mejor.

En los pueblos no había "nada que hacer", la vida social estaba paralizada. La verdadera vida estaría allá en el frente, donde se libraba una guerra a todo o nada, en la que los alemanes buscaban la aniquilación del pueblo eslavo. El deber de las mujeres, y así lo entendieron ellas, consistía en dirigirse hasta allí y ofrecer sus esfuerzos y su vida.

Algunas de esas mujeres manifestaban que su inspiración venía, en buena medida, de otras mujeres fuertes de la historia de Rusia, entre ellas la princesa Yaroslavna del Cantar de Ígor, la oficial Nadezha Dúrova (que intervino en la guerra contra Napoleón haciéndose pasar por hombre) y Larisa Reisner, célebre activista bolchevique de los arranques del experimento soviético, admirada por su carácter resuelto y por su hermosura (a Trotski le parecía "una diosa del Olimpo").

-Las mujeres no querían puestos en las fábricas, o en transmisiones. Querían estar en el frente propiamente dicho. Alexiévich recoge testimonios de mujeres combatientes en prácticamente todos los puestos. Como zapadoras, aviadoras, tanquistas, en las partidas de partisanos e incluso parapetadas como francotiradoras de élite, si bien el puesto más representado por ellas fue el de enfermería.

-Su feminidad se reducía a lo mínimo. Muchas sufrieron amenorrea crónica durante toda la guerra. El embarazo era un "lujo biológico" en tiempos de una guerra como la que estaban librando. Otra particularidad era la súbita aparición de canas en el pelo, incluso mechones enteros de un día para otro (¡!), a causa del estrés de combate y de espera, algo a lo que no estaban ni acostumbradas ni preparadas. Aparte de ello, no había lugar para la coquetería femenina, aunque ellas intentaban en la medida de lo posible no masculinizarse demasiado. Durante toda la guerra llevaron ropa interior masculina, y sus hermosas trenzas fueron cortadas.


Lydia Litvyak, "bruja nocturna" para unos, "rosa blanca" para otros.

En el libro se nos cuenta una sonada excepción. La piloto Lydia Litvyak, hebrea étnica y as de la aviación (doce derribos en solitario), se negó a cortarse las trenzas. Mujer físicamente agraciada que valoraba su imagen, impuso ese gesto coqueto gracias seguramente a su creciente carisma entre la tropa.

-El amor escaseaba. No eran los tiempos idóneos para el surgimiento del romance. Aquí y allá, sin embargo, había enamoramientos. También aparecen las célebres escenas de la guapa enfermera que regala un beso en la boca al soldado moribundo. Eso no sucedió solamente en las películas. "Para el flete de Caronte", como escribió Valle-Inclán. Alguna de las mujeres que prestaron su testimonio se emparejó definitivamente con el hombre de su vida, pero fueron pocas en proporción al resto de testimonios. Qué diferencia con programas como "Gran Hermano", en los que se empareja hasta el regidor. Pero aquellas mujeres no estaban en un chalé viendo cómo les crecen las uñas, sino en una guerra sin cuartel.

-La depredación sexual alemana fue residual. Los soldados alemanes recibían dosis de bromuro y otros supresores de libido. El conde Ciano nos dice en su diario que a los voluntarios españoles de la División Azul no les resultaban suficientes las dosis de bromuro que sí hacían sobrado efecto en los alemanes XD  (con todo, hasta donde yo sé no hubo casos de depredación sexual española en la guerra)

Hubo casos aislados, como el de una rusa que realizaba trabajos forzados en la quinta de un latifundista alemán. Al llegar el Ejército Rojo a suelo germano, una de las mujeres-testigo del libro se encontró con la joven rusa, enloquecida porque las violaciones que había sufrido la habían dejado embarazada, iba a tener un "pequeño nazi" (sic). Terminó ahorcándose. Otra mujer nos cuenta el caso de una joven enfermera de 19 años, ya con el pelo totalmente blanco por el estrés bélico, que había sido apresada por alemanes. La encontraron poco después al retomar la posición: los ojos vaciados, los pechos amputados, un palo insertado en su vagina .... En casos como éste es obvia la desviación parafílica por parte de soldados incapaces de satisfacer su deseo de manera convencional por las dosis de bromuro.

-Los alemanes tenían una idea de las mujeres eslavas totalmente deformada por la propaganda. Incluso lo admitió el mismo León Degrelle, quien refería cómo los soldados alemanes se habían quedado estupefactos con la belleza de las campesinas rusas, en abundantes casos muy próximas al ideal ario de mujer defendido por el gigantesco engranaje propagandístico del III Reich. Se nos refiere en el libro el caso de un oficial alemán de cierto rango, quien tras caer prisionero pidió conocer personalmente al brillante francotirador que había diezmado su unidad. Se sorprendió al saber que se trataba de una mujer, recientemente caída en combate. No se sorprendió menos al ver con sus propios ojos a las combatientes soviéticas ("sois todas guapas"), reconociendo que se había creído lo que la propaganda había dicho de ellas, que no eran mujeres sino "hermafroditas" (sic).

-Ambivalencia de sentimientos hacia los alemanes. Por una parte, mucho odio por lo que ellos les habían hecho sin provocación previa. Más aún, en suelo soviético los alemanes habían sido recibidos con palmas, cánticos y flores -sobre todo en Ucrania-, como libertadores del yugo estalinista. Y sin embargo se habían entregado a una campaña sistemática de eliminación de las gentes eslavas. En Bielorrusia, la patria de Alexiévich, el modo de operar era básicamente entrar en las aldeas y prender fuego a las casas con la gente dentro, eliminando familias y comunidades enteras, o apelotonar a todos los aldeanos en el templo y después incendiarlo. La propia Alexiévich refiere que perdió a once familiares de esa manera. Lanzaban a los bebés al aire y les disparaban, o los descalabraban sin más. Usaban a los campesinos como detectores humanos de minas. Ahorcaban a toda una familia de una tacada. Pero su modus operandi pasaba sobre todo por el fuego.

El odio se exacerbó al pisar los soviéticos suelo alemán. Los campesinos siberianos y tártaros, analfabetos y acostumbrados  a las mayores privaciones, alucinaban al entrar en los hogares alemanes. Había de todo, de radios a máquinas de coser pasando por gramófonos e inodoros, todo ello desconocido e incomprensible para ellos. Había productos franceses, checos, noruegos .... Hitler y los suyos, para evitar el desabastecimiento que sufrió Alemania durante la I Guerra Mundial y así ahorrarse la posibilidad de un nuevo brote espartaquista, procuraron mantener un nivel de vida artificialmente alto en la retaguardia (mientras en los países aliados las mujeres dejaban los hogares para hacer jornadas extenuantes en las fábricas de armamento). Para ello los nazis tenían un doble sistema de expolio de los países conquistados. El primero era la depredación pura y dura de los recursos (incluida la mano de obra forzada). El segundo fue establecer un tipo de cambio altamente elevado entre el Reichsmark y la divisa local, con lo que un soldado alemán podía enviar al hogar familiar paquetes bien surtidos de viandas por cuatro monedas.

Los soviéticos se preguntaban "¿por qué nos invaden estos tíos, si tienen de todo y nosotros nada?" La respuesta está en el propósito de exterminio de la mayoría de los eslavos para dejar sus fértiles tierras y sus abundantes recursos a una proyectada red de colonos alemanes que tejería con su talento y esfuerzo una California europea (¿a alguien le extraña esa comparación con la patria de la eugenesia, la publicidad nordicista y el transhumanismo?, a mí no). La guerra que libraban los eslavos era una guerra contra su aniquilación. Querían aniquilarles, y cuando cambiaron las tornas ellos estuvieron dispuestos a pagarles de la misma manera.


Una de las "joyas" de la propaganda nazi, en la que se alude a la "California de Europa" habitada -de momento- por subhumanos. El grosero pegote del rostro de un individuo alpino sobre una formación de soldados soviéticos ya avisa del ínfimo nivel intelectual del panfleto.

Con todo, las voces del libro nos cuentan cómo a pesar de todo, a pesar de tanto sufrimiento como habían experimentado, quedaba sitio para la compasión. Una de ellas, aunque se había prometido odio eterno a los alemanes, se enterneció al ver a los niños de los perdedores mendigando algo de comida cerca de donde se cocinaba el rancho y logró conseguir algunas viandas para ellos. Otra relata un hecho terrible en Berlín. Un ruso, enloquecido de dolor por haber perdido a toda su familia a manos de los alemanes, irrumpió en un hogar berlinés metralleta en ristre y acribilló a todos, niños incluidos. Fue juzgado sumarísimamente y ejecutado.

-Fe absoluta en la Victoria. Todas creían en la Victoria final. Ésa es la idea que recorre sus testimonios, junto con el sufrimiento: una pertinaz creencia en la Victoria sobre el enemigo. Victoria, Victoria, Victoria. No había lugar para el derrotista.


 Autor: Ramón Puyol. El arte cartelero del bando republicano durante nuestra Guerra Civil, inspirado en buena medida en el soviético, alcanzó gran fuerza. La fealdad del personaje tiene su porqué propagandístico.

Tras esa fe absoluta, inquebrantable, en la Victoria latía la necesidad de ésta. Si no había triunfo bélico habría aniquilación de los pueblos eslavos. O ganar o morir. Consciente o inconscientemente esas mujeres sintonizaban con ese juego de suma cero, o ellos o nosotros y nosotras.


En suma, una lectura muy interesante, enfocada desde otra perspectiva, la que nunca se cuenta, la de la mujer. La mujer combatiente. Espero que sirva asimismo de recuerdo vivo para que una guerra así no se repita. Ésa es la entraña de la obra de Alexiévich: mostrar el sufrimiento para prevenirlo. Sic vidi res.



6 comentarios:

  1. Entonces, ¿¿los alemanes tuvieron una responsabilidad mucho mayor en el inicio de la guerra que los rusos? Me llama la atención ese desprecio tan exagerado que tenían hacia los eslavos, no le veo mucho sentido la verdad, menos mal que no le cogieron la misma tirria a los latinos (europeos).

    ¿La necesidad de conocimiento te viene de niño o ya fue en la edad adulta cuando empezaste a "cultivarte"?, lo digo porque me parece haberte leído que no tienes estudios superiores, aunque está claro que una cosa no tiene nada que ver con la otra.

    Yo tengo un problema, me abruma la cantidad de temas y autores que se pueden leer y muchas veces no se por donde empezar.

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    1. Espero que no sea una pregunta retórica ;-) Obviamente, la responsabilidad alemana fue total. Extraño caso el de ese país, que se plegó a la idea fija de un solo hombre que ni siquiera era alemán, la idea fija de que había que destruir Rusia. El nazismo es la instauración como doctrina colectiva de una monomanía totalmente íntima y personal.

      Yo siempre he sido de mucho leer. Pero hasta los 18 años o así sólo leía literatura, novelas. Fue leyendo "El péndulo de Foucault" y las movidas mentales que se alambicaban en sus páginas cuando me di contra el muro, por decirlo así, supe que quería "saber cosas", aprender historia. Desde entonces he leído sobre todo ensayo. En la última década habré leido, no sé, tres novelas, realmente no lo recuerdo.

      Prefiero con mucho el ensayo a la novela. Y otros géneros, epistolarios, diarios, a la novela.

      El resultado es que estoy "sobreculturizado" para mi puesto de trabajo y mi grupo de conocidos. Una ingeniera o una abogada podrían hablar conmigo de muchos temas, pero supongo que al prejuzgarme como obrero de bajo salario y bajo apetito intelectual no lo hacen. Y las obreras que conozco me resultan, por lo general, algo insustanciales. Soy un proyecto de solterón entretenido y vividor, lo que ahora llaman MGTOW o "heteruzo alérgico al compromiso" XD

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  2. Hola que tal

    resulta conmovedor en estos tiempos escuchar este tipo de relatos de heroísmo y de confraternización de las mujeres con los hombres en el frente. Lo cierto es que las mujeres feministas o comunistas de aquella época independientemente de su ideología sabían lo que era pasar hambre, dolor, auténtico sufrimiento, sabían que se la jugaban a todo o nada, sólo de ahí puede surgir el heroísmo, como los conquistadores españoles que se adentraban en territorio Azteca y sabían que no tenían opción, o conquistar aquellas tierras para su Fe y su Rey o que les sacaran el corazón con un cuchillo de obsidiana.

    Cuando uno oye hablar de esos ejemplos de heroísmo, tanto femenino como masculino se pregunta si tal cosa sería posible hoy en día. La respuesta es que a lo mejor podría darse de manera excepcional, pero a nivel general la respuesta debe ser negativa. Comparemos a las mujeres del artículo con las "emponderadas" de hoy en día, o a los soldados que se dejaban la juventud y la vida en las Guerras Mundiales con los hombres estrogenizados y huelebragas que se enquistan en las discotecas como tentetiesos con un cubata en la mano hasta las seis de la mañana.¿Como va a salir de aquí alguna clase de heroísmo?. Mientras tanto uno ve los videos promocionales del Isis, Ra, o como se llame ese Califato del Terror Hollywoodiense, ves a los niños sometidos a un entrenamiento militar desde su mas tierna infancia mientras que aquí los Europeos se pintan las manos de blanco, sacan pancartas de Welcome Refugees, dicen que cuando un terrorista islámico mata la culpa la tenemos nosotros por no integrarles y darles mas paguitas, ¿conclusión?, como decía Al Pacino en el Padrino II cuando estaba en la Cuba de la Revolución Castrista: pueden ganar

    El heroísmo no es una virtud masculina ni femenina, como toda Virtud, está mas allá de los sexos, pero tienen que darse una serie de condicionantes para que surja, el más importante quizá sea tenerlo todo perdido, y, por tanto, no tener nada que perder, el que no tiene nada que perder se puede convertir en un héroe, y estos eslavos sabían que tenían ya la vida perdida de antemano, que si se quedaban tranquilamente en su casa, la muerte llamaría mas tarde o mas temprano a su puerta.

    Pero hoy día, como dije, se acabaron los tiempos de los héroes, vivimos en un estado de narcolepsia casi suicida, hace tiempo que a los Europeos nos han declarado la guerra, una guerra que no se libra en los campos de batalla al modo militar sino a quemarropa en en lugar mas insospechado, en un restaurante, un centro comercial, o un vagón de tren, un pueblo sano empezaría a preocuparse seriamente por aprender métodos de autodefensa, la gente empezaría a coordinarse a nivel de barrio o de municipio para hacer frente a la agresión, pero no, la gente habla del mercado de fichajes de verano en los grupos de Whatsupp o juega al pokemon-go, el marxismo cultural o el californismo nos ha castrado no sólo como hombres sino como mujeres, hoy en día lo más heroico que se puede hacer en occidente es casarse y formar una familia y sobre todo durar toda la vida, aprender lo que es la lealtad, la fidelidad y arrimar el hombro cuando vienen tiempos difíciles, pero todos sabemos lo que sucede cuando la pobreza entra por la puerta, con las leyes de género además el matrimonio se ha convertido en una máquina de picar carne masculina, ¿que es lo que queda?, aguardar a que Occidente acabe de derrumbarse del todo y que vuelvan los tiempos de los héroes, que volverán, aunque no lo veamos, si la historia es cíclica, volverán, ahora sin embargo toca vivir los tiempos de la infamia.

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    1. Hola, Álex. En aquel tiempo y lugar la gente no tenía nada, nada más que otra gente. La empatía y la compasión, a pesar de estar dificultadas por un régimen tan poco empático y tan nada compasivo como el soviético, organizado por una nomenklatura filotranshumanista coronada por un bigotudo paranoico, eran lo que quedaba. Digamos que la prosperidad material no estaba ahí para hacer de parapeto entre la gente.

      La prosperidad material de nuestra sociedad de consumo me parece, en principio, buena cosa. Pienso que nos libera más de lo que nos encadena. Pero como es un fenómeno muy nuevo en nuestra especie (cualquiera de nosotros vive mil veces mejor que cualquier rey medieval, y hemos tenido novias más guapas que cualquiera del harén del Sha de Persia, y no bromeo, aquellas mujeres daban pavor), todavía no hemos aprendido a manejarlo. Estamos solos entre multitudes, y desposeídos en plena abundancia. Necesitamos tiempo, cabeza y perseverancia para saber administrar bien los excedentes. Incluso el excedente de tiempo: como ahora vivimos más años, "nos espabilamos" más tarde, tardamos en salir del nido, no le damos valor al año que discurre.

      Para salir adelante y conquistar, hace falta tener hambre. No necesariamente hambre orgánica. Nos encontramos en una fase terminal que dará lugar a un renacimiento sí o sí. Nos toca esperar. Esperar y prepararse. Ser preppies de la vida.

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  3. Yo no me olvido de las cosas buenas que han hecho, pero espero de la España de hoy mas; hagan lo que es correcto y nada mas. Respondan al llamado y hagan lo que se les pide. Es lo único que se les exige; todo les es perdonado menos que hagan oídos sordos a la Voz y Voluntad del Señor. Han sido buenos hasta ahora, solo no fallen en esto, porque la recompensa es grande y los trabajos pocos. Yo que rijo sobre ustedes con blandura de Padre.
    Diego

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    1. Diego, estás a un paso de crear tu propia secta.

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