miércoles, 9 de marzo de 2016

Pelando el plátano musical: divagación sobre pop y sociedad (III) (avance)





Sigamos divagando, pues. Sigamos un poquito más con Bowie, y hablemos de trascendencia, la que él buscó de un modo más o menos enrevesado. La trascendencia entiende que el hombre no es sólo hombre, que es algo más, que contiene en sí atesorado un componente divino. A la trascendencia se opone el cinismo. 

El cinismo niega ese componente divino. Para el cinismo, el hombre es simplemente otro animal, algo más sesudo pero sólo eso. El hombre sería poco más que un perro. De ahí que cinismo proviene de cinos o kyon, "perro" en griego antiguo. Y ya que estamos hablando de perros y de música rock y pop, me viene a la memoria un clásico sesentero, "I wanna be your dog" del grupo The Stooges, cuatro fulanos de Michigan que en 1969 parieron un clásico de buen rock que para muchos prefigura la explosión punk que vendría ocho años después (como si eso fuera para celebrarlo), el disco homónimo "The Stooges". En ese disco, y en esa canción, hay elementos que remiten a la Velvet Underground: ambientes urbanos, femdom, fetichismo, hastío existencial, aburrimiento, pinceladas experimentales, acordes minimalistas insistentes y cierta atmósfera que exigía feísmo industrial en la contrapartida visual. ¿Tiene algo de extraño que el velvetiano John Cale ejerciera de productor del disco?

El mascarón de proa de la banda era el magnético James Newell Osterberg, conocido por todos como Iggy Pop. El caso es que Iggy y Bowie se conocieron y se cayeron bien (pesa la leyenda de que Bowie se beneficiaba a cada rockero con el que colaboraba, pero que yo sepa es leyenda). Iggy tenía, al igual que Bowie, un físico raro: el rostro de un anciano insertado en el fibroso cuerpo de un atleta calisténico. Era también todo un animal escénico, que se lanzaba al público, se marcaba el pecho con una botella rota o se embadurnaba de a saber qué jalea en los conciertos. Bowie remezcló el tercer disco de su banda, rehecha para la ocasión como Iggy & The Stooges: "Raw power" (1973), del que casi todo el mundo concuerda en que la producción era bastante mejorable (Iggy lo rehízo a su gusto décadas después). Bueno, siguieron siendo amigos. Iggy, también como Bowie, y como John Lennon -colaborador suyo en la canción "Fame"-, tuvo una etapa californiana muy oscura marcada por la drogadicción, de la que el amigo Bowie le ayudó a salir llevándoselo a Europa, donde colaboró con él en "The idiot" y "Lust for life", ambos de 1977 y cruciales en su carrera. Incluso la canción titular "Lust for life" ha quedado como himno imperecedero del vitalismo rock.

Iggy sigue entre nosotros, y en buena forma por lo que parece. Superó sus adicciones evitando quedarse en el camino como un hermoso cadáver más. Bueno, tal vez no muy hermoso, pero nos entendemos. Sin embargo, la tónica en el rock ha sido ésa, un elevado peaje de vidas jóvenes sacrificadas en el altar de las masas, la vida urgente, la fama, la droga, el sexo, los viajes y los excesos. Huy, qué tópico suena eso que acabo de escribir. Pero es la verdad. Ninguna otra manifestación artística ha exigido un tributo tan abultado como la música popular, pop-rock, de los años sesenta en adelante.

¿Qué tiene esto que ver con la trascendencia? ¿No es en principio todo ese mundo lleno de drogaína y vanidad algo radicalmente opuesto a la trascendencia? Sí, en principio sí. Y aun así pienso que hay argumentos que podrían darle la vuelta a esa oposición radical permitiéndonos ver un panorama distinto con conclusiones distintas. Pero hablemos de cadáveres exquisitos antes de nada. El primero fue Brian Jones, el rubio de los Stones (o "de los Rolling", como dice casi todo el mundo).


A pesar de su juventud y de la pose con mirada tronchamozas, Brian acusaba ya sus excesos. Llegó a tener unas ojeras de récord.

Según algunos puristas, Brian (1942-1969) era el más talentoso del grupo inglés, que tras su muerte perdió integridad artística transformándose en dinosaurio de giras multitudinarias. Es cierto que Brian superaba a sus compañeros en talento musical puro, siendo como era aficionado al multi-instrumentismo, cuanto más exótico mejor, así como que tarde o temprano su camino se separaría del de Jagger y Richards. Al tiempo de morir, ya estaba fuera de la banda, para la que su personalidad raruna y sus continuos problemas con la justicia eran un lastre. La causa de su muerte fue la incapacidad de su organismo para sobreponerse a tanta intoxicación, si bien de vez en cuando colea la sospecha de que fue asesinado. De un modo u otro, Brian inauguró el club de los 27, por la coincidencia de tantos rockeros influyentes que han muerto a esa edad. 

Su muerte causó gran desazón en la escena musical. Brian tenía muchos admiradores, más los que se unieron con el tiempo. Se ha especulado incluso que el alma por la que Mick Jagger ruega a Dios en "Shine a light" es la de Brian. Hablando de almas, el marciano y peculiarísimo Genesis P-Orridge (un día hablaremos de él porque no tiene desperdicio) al frente de su proyecto Psychic TV le dedicó la canción "Godstar", en una de cuyas grabaciones el ocultista aficionado Genesis dejó abierta una pista de sonido para ver si se colaba alguna psicofonía con la voz de Brian (¡!) para después incluirla en la versión final del tema. Almas. Trascendencia.

Algo hay de tanático en la figura de Brian. Era como si tras él se hubieran torcido las cosas. Dos de sus más rendidos admiradores, Jim Morrison y Jimi Hendrix, morirían poco después también a los 27 años. Ese club había sido oficiosamente inaugurado por el mítico bluesman Robert Johnson, quien había hecho un pacto con el Diablo entregándole su alma a cambio de convertirse en el mejor músico de ese género. Alma. Trascendencia. Una trascendencia equivocada, entregada al ángel caído, pero ciertamente presente en su afán. A Morrison y Hendrix se les unió Janis Joplin, otra que también le rezaba a Dios en "Mercedes Benz" pero pidiéndole cosas materiales .... o quizá pidiéndole algo espiritual que no se atrevía a verbalizar.

Los signos tanáticos acompañaron a los Stones durante un tiempo. Cinco meses después de su muerte, los Stones -ya con Mick Taylor en la formación- quisieron homenajear a Brian en su concierto de Hyde Park, el 5 de julio de 1969, liberando miles de mariposas blancas de la col mientras recitaban poemas de Shelley en su honor. Pero a los pocos minutos la bella estampa terminó: todos los lepidópteros yacían muertos sobre el escenario por un golpe de calor. La alegoría poética les salió mal; ahora bien, había más trascendencia que cinismo en su actitud.

Peor fue en el concierto de la californiana Altamont el 6 de diciembre del mismo año. Ocurrió de todo. Lo primero que recibió Mick Jagger al llegar desde un helicóptero fue un puñetazo en la cara. Era una señal. Hubo cuatro muertos en aquel concierto. Dos en un atropello. Otro ahogado en un canal de riego. El cuarto fue más sonado. Mientras tocaban los Stones algo ocurría entre el público. Tuvieron que parar de tocar dos veces. Al parecer los encargados de la seguridad, de la secta californiana Hell's Angels, habían sacudido a un chaval. Poco después el chaval reapareció. Era un chico negro llamado Meredith Hunter, que con dieciocho años aparentaba treinta y cuya ropa, un traje-chaqueta verde flúor, cantaba muchísimo entre aquellos blanquitos hippies.


Los últimos segundos de Meredith.


Meredith sacó un revólver con evidente intención de usarlo, no se sabe exactamente contra quién. Uno de los Hell's Angels, Alan Passaro, se zafó de la línea de fuego y apuñaló seis veces a Meredith (dos de esas puñaladas se aprecian en la filmación del concierto), causándole la muerte. Con posterioridad Passaro fue absuelto por legítima defensa.

El disco que los Stones habían sacado ese mismo año, "Let it bleed" -en el que Brian intervino puntualmente-, fue considerado macabramente premonitorio desde su mismo título. Los sueños hippies de armonía racial se habían ido a pique sin casi haber tenido tiempo de zarpar. Hay un sentimiento apocalíptico en todo ese disco, difícil de definir, pero que se hace explícito en la celebérrima "Gimme shelter", una de las mejores canciones de la época, cuando muchos jóvenes pensaban que una tercera guerra mundial arramblaría con todo. Tal vez una guerra mundial racial, como preconizaba Charles Manson desde California. Tal vez para exorcizar el miedo a esa guerra racial, incluyeron a la afrouseña Merry Clayton en la grabación de ese inmortal tema stoniano. Sin la inolvidable voz de Merry, quizá sería menos inmortal.




Inmortalidad. Trascendencia. Morrison, Hendrix y Joplin tenían esos sueños, de un modo quizá vago y caliginoso, pero sincero. Se fueron jóvenes, con esa frescura de los años mozos, empezando unos años setenta pródigos en juventudes consumidas antes de tiempo. Se había ido Marc Bolan, en accidente de tráfico (1977), como Duane Allman en 1971. Tim Buckley en 1975, por sobredosis. La extraordinaria Judee Sill, quizá la mejor artista femenina de la década -con letras llenas de misticismo crístico y una música inspirada en los compositores barrocos-, murió en 1979 igualmente por abuso de drogas. Cass Elliot (Ellen Cohen), la gordita de The Mamas & The Papas, murió en 1974 de un ataque al corazón mientras dormía. Sid Vicious, en 1979 de sobredosis. Rory Storm en 1972, posiblemente por suicidio. Keith Moon en 1978, con treintaidós pastillas de hipnóticos en el estómago. Phil Ochs en 1976,  suicidio. Alan Wilson de Canned Heat en 1970 (también con 27 años), por otra sobredosis de pastillas. Zeke Zettner, bajista de los citados The Stooges, en 1973 por sobredosis. El veterano -con ¡36 años!- Gene Vincent en 1971 por una úlcera estomacal que se complicó. Gram Parsons en 1973, por sobredosis. Paul Kossoff, el guitarra de Free, en 1976 devastado por la heroína. Estoy recordando desordenadamente, esto es una divagación. Los ochenta no empezaron bien, con más muertes prematuras. En 1980 Bon Scott y John Bonham sucumbieron a sus excesos etílicos, Ian Curtis puso fin a su depresión ahorcándose y John Lennon fue asesinado. En 1981 muere por sobredosis el magnífico guitarrista Mike Bloomfield. En 1983 Dennis Wilson de los Beach Boys se entregó al mar. Ahora mismo creo que ninguno había cumplido los cuarenta años, que viene a ser algo así como "la mitad de la vida" cuando ésta es "normal". En 1977 murió Elvis Presley, un "dinosaurio" que sólo tenía 42 años pero que había vivido varias vidas.


Elvis con sus padres, dos granjeros típicamente WASP (aunque su madre tenía una abuela cherokee: no es nada raro algo de sangre india en las estrellas del show-biz useño, como pasa últimamente con Miley Cyrus, Justin Bieber y Jennifer Lawrence). Elvis nació en un entorno austero y sano muriendo en otro decadente y kitsch. Todo un símbolo.


(continuará)

-Primera divagación.

-Segunda divagación.






9 comentarios:


  1. Leí recientemente en Die Zeit que Iggy Pop se hizo verdaderamente adicto a las drogas en Berlín. Algo que se aprecia en el cine alemán de la época, como bien sabes.

    En realidad, creo que "Fun House" es lel disco definitivo The Stooges. Una obra maestra de la música moderna porque expresa perfectamente todo aquello que el Rock puede expresar por encima de cualquier género: lo primario, el sexo, la violencia. No hay ni una sola obra de música clásica o pop que haya podido expresar estas cosas tan de cerca, con tanta realidad como "Fun House". Y estas emociones son una parte esencial de la humanidad, sin ellas no exisitiríamos, por lo que deben ser expresadas. Negarlas sería negar la vida.

    Tal y como yo lo veo el Rock se bifurca en los 50 en dos caminos. El camino puritano de Buddy Holly (pop, Beatles, Bowie) y el camino oscuro de Chuck Berry (punk, VU, Stooges, Sex Pistols). A ti te veo más interesado en el primero, para mi el rock solo tiene sentido en el segundo.

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    1. Yo ya no puedo vivir la vida rock como pensaba antes ;-) El rock me ayuda a canalizar la violencia en el entrenamiento, y en cuanto al sexo creo que ellas se han derretido siempre más con baladitas XD

      No sé, supongo que los años me han vuelto escéptico.

      Curiosamente las músicas más asociadas a la violencia son bastante blandas y hasta algo femeninas. Los narcocorridos, la rumba quinqui e incluso la cancioncilla del Daesh, por ejemplo. Yo entiendo el rock como una prolongación de los bailes tradicionales europeos, exigentes y con movimientos de resorte. Por eso dicen que "los blancos bailan mal". No bailamos mal: tendemos a bailar como activando resortes corporales.

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    2. Estoy de acuerdo en esta paradoja: la música más violenta suele estar hecha por y para gente no violenta y la gente violenta tiende a tener un gusto musical simplemente anodino. Algo que quizás podríamos generalizar al arte y no sé si a los videojuegos...

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  2. Voy a estar esperando el articulo sobre Genesis P-Orridge. También seria bueno que en una de las divagaciones se colara GG allin

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  3. Bueno, pues como se ha muerto Prince hace unos días algo diremos de él aquí, completaré el artículo y comenzaré con la parte IV de la divagación. Creo que nadie esperaba su muerte, además seguía pareciendo joven. Quién sabe, quizá fuera por eso, muere joven etc ....

    Nunca fui fan de Prince, ahora que reconozco que el ochentero tenía su puntillo, será cosa de gafes -él creía en ellos- pero desde que hizo aquello de Batman no volvió a ser el mismo.

    ¡Salud! y vida y rocanrol.

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    1. Pocos músicos han publicado tal cantidad de relleno y esbozos sin interés como Prince, por no hablar de las poses ideológicas que le llevaban a maldecir el "establishment" del cual se beneficiaba y al cual volvía cuando le daba la gana.
      Su representación musical del sexo me da temblores, su imagen me parece un chiste y las películas que hizo son de las peores de la historia.

      Su consagración popular es un símbolo de la dictadura que la melodía fácil y el marketing tienen en la música.

      Ahí está mi panegírico :)

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    2. Prince venía a ser para la progresía una especie de "Michael Jackson presentable", yo lo veo más bien como una prolongación de Sly Stone. Media docena de canciones de las hechas entre el 84 y el 88, y poco más.

      Las películas y el rock, o el funk, son un matrimonio gafado. No fue culpa del pavo, viene la cosa así de serie. En cuanto a su insoportable egocentrismo, dejémoslo para otro día :-P

      Lo que no supe hasta hace poco es que se había hecho testigo de Jehová. ¿Cómo lo llevaría?

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  4. Por curiosidad, ¿cuáles son esas seis canciones que, según tú, se salvan de la quema?

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    1. Los singles. Me resulta imposible recordar ninguna canción suya de aquellos discos, quitando algunos singles, los que todo el mundo conoce, "Purple rain", "Rapsberry beret", "I wish U heaven" y ésos, además ayudados por una imagen muy estética, con vídeos contagiosos. Otra cosa no pero Prince dominaba la puesta en escena. Su muerte va a poner su música donde corresponde, y no va a ser en el mismo lugar que Bowie. Estaba realmente sobrevalorado. Y sus baladas eran insípidas al máximo. Pero fue hábil, engañó al gafapastismo presentándose como la verdadera fuente de funk negro festivo y auténtico, el Little Richards del futurismo. No era tal. Su faceta "comprometida" con "Sign'O the times" y el fango de "The black album" no me resultan muy creíbles. No creo que a él le gustasen, no sé. Descanse en paz.

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