martes, 19 de enero de 2016

Pelando el plátano musical: divagación sobre pop y sociedad (II)





Y yo que quería divagar acerca de las divas MTV-style de la actualidad, pero esa entrega queda para otra ocasión. Ya hablaremos de la sureña Beyoncé, la californiana Katy Perry, la "latina" Jennifer López, la itálica -latina de verdad- Lady Gaga, la barbadesa Rihanna, la hebrea P!nk y todas esas falsas diosas del postureo y del vacío total, con Madonna -esa gran mujer de negocios- como maestra de ceremonias. Lo cierto es que ahora no puedo, no ha lugar, pues se ha ido un tal David Robert Jones (1947-2016), conocido para la posteridad como David Bowie.

Era el más grande. También fue mi primer contacto con el pop-rock del bueno, no el de las radiofórmulas. Comenté la anécdota en otro lugar, fue viendo "Yo, Cristina F." (1981, Uli Edel) cuando comenzó a sonar "Heroes", uno de sus himnos emblemáticos, de la etapa berlinesa, precisamente con los yonquis adolescentes corriendo por unas galerías comerciales de Berlín. Uf, eso era mucho mejor que la música de los 40 Abominables. Antes, de niño, había escuchado "Absolute beginners" y me había gustado mucho (es una canción que es complicado que no guste). Pero no era lo mismo. El Bowie de los setenta tenía ese "algo", ese sonido anguloso y excitante, también algo guarrete, sin total nitidez de tesitura. Durante los setenta Bowie encadenó una obra maestra tras otra, de folk cósmico a rock épico pasando por glam, funk espacial, soul blanco, pop con ínfulas y melodías de todos los colores. Bowie se salía del mapa, Bowie era Dios. Durante los ochenta pegó un bajón, como lo pegó casi todo el mundo, para recuperar la autoexigencia artística hasta prácticamente su final.

Bowie era especial porque, mientras los artistas y grupos cuidaban celosamente su look, haciendo de él un sello de identidad, el londinense hacía del cambio de estilo su propio estilo. Por eso se le apodaba el Camaleón. Se mudaba de extraterrestre con pintacas a gentleman impecable pasando por travesti, yonqui robótico, dandy maldito o lo que fuera. Muy inteligente, ávido de novedades, guapo y feo al mismo tiempo, flaco y andrógino, con un iris de cada color, era la última encarnación del contestarismo rock. Elvis había causado sensación y cierto reparo en los padres de las chavalas que salían el sábado noche a bailar a su ritmo, pero al menos Elvis era un macho alfa. Bowie, por el contrario, hizo de la ambigüedad sexual una de sus banderas. Además, iba arropado por una troupe de gente rara que no tenía nada que envidiar a la que rodeaba a Warhol. Sí, volvemos a Warhol. Y a Lou Reed.

La idea central, muy romántica, del himno "Heroes" nos dice que podemos llegar a nuestra cima, al cenit de nuestras posibilidades vitales, que es una posibilidad latente .... pero que esa cima es efímera, que dura un día como esas mariposas que viven apenas unas horas y carecen de aparato digestivo. Brillemos como diamantes, seamos rey y reina, toquemos cima y caigamos rodando porque ésa es ley de vida. Esa idea sintoniza en cierta medida con aquella máxima de Warhol según la cual todos tenemos derecho a quince minutos de fama (prefiguró Internet, sin duda). Entre Bowie y Warhol hay una red de vasos comunicantes.


Es más, uno interpretó al otro en la película "Basquiat" (1996, Julian Schnabel).

En su enorme "Hunky dory" (1971) Bowie le dedica una hermética canción acústica, con su inseparable Mick Ronson a la guitarra, titulada simplemente "Andy Warhol". Antes, un poco antes, Lou Reed le había dedicado otra, "Andy's chest", que iba a formar parte del tracklist de un disco de la Velvet Underground que no llegó a ver la luz y que entró en el de "Transformer" (1972), su segunda entrega en solitario.

Este segundo disco de Reed es crucial en la intrahistoria de las relaciones entre pop-rock y sociedad, aunque tal vez no sea su cima creativa fuera de la VU (la crítica suele otorgarle ese honor a los posteriores "Berlin" y "The blue mask"). Los espíritus de Warhol y Bowie confluyeron en él. Por una parte, el mismo Warhol fue inspiración de algunas canciones. A la citada "Andy's chest" (referencia oblicua al disparo que recibió de Valerie Solanas), hay que añadir "Vicious", que se le ocurrió a Reed tras un diálogo de besugos entre ambos, y la preciosa "Walk on the wild side", que a pesar de su exotismo -con esos arreglos jazzísticos tan simpáticos- se convirtió en el himno por excelencia en el repertorio del neoyorquino, y en cuya letra les cantaba las cuarenta al guaperas Joe d'Allesandro y a tres travestis del entorno de Warhol: Holly Woodland, Candy Darling y Jackie Curtis. Por otra parte, el disco fue producido por Bowie y Ronson, algo que se nota en el aire algo desmañado y el sonido guarrillo.

Fue idea de Bowie, quien admiraba mucho a la Velvet (solía tocar temas suyos en los directos), la de que Reed se aplicase generosas dosis de maquillaje en el rostro, buscando tocar la tecla de la atención popular, muy atenta a las novedades. El tema de la homosexualidad masculina entraba en el rock con todos los parabienes de la escena alternativa. Sin embargo, cada uno de estos genios jugaba con su baraja. Así, mientras Reed era claramente bisexual (durante su adolescencia sufrió tratamiento de electroshock para corregir "tendencias homosexuales", sin demasiado éxito) y le gustaban los travestis (de hecho vivía con uno) pero no lo cacareaba ante el primer micrófono que veía, Bowie tuvo el descaro de declararse homosexual a los cuatro vientos en la misma época en que estaba casado y ya con un hijo (el hoy cineasta Duncan Jones). El inglés era todo un animal escénico hambriento de celebridad, dispuesto a crear todos los personajes que hicieran falta para alimentar su -legítimo- ego. Curiosamente, ambos conocieron a las mujeres de su vida, hoy viudas, en el año 1992: la artista experimental Laurie Anderson y la modelo somalí Iman, respectivamente, con las que tuvieron dos décadas y pico de total estabilidad sentimental.

No se me malinterprete, no es que Bowie quisiese la fama y los focos sobre él a cualquier precio. Hay en su personalidad generosas dosis no sólo de talento sino también de inquietud espiritual, una inquietud que en los tiempos post-cristianos de Occidecadente discurre por los vericuetos más intrincados. Así, en la alucinada letra de la canción de 1971 "Quicksand" (en la que habla del Superhombre, el "reino sagrado de Himmler" y "las mentiras de Churchill" -sic-), se manifiesta próximo a la orden Golden Dawn, una de las logias ocultistas más importantes de la modernidad, y cita a Aleister Crowley.  Esa canción pertenece al ya aludido "Hunky dory", discazo en el que se incluye todo un himno californista-ariosófico, "Oh! you pretty things", según el cual los niños de hoy serán el Superhombre de mañana, en curiosa sintonía con las ideas new-age californianas sobre los niños índigo y cristal. En 1976, cuando se lanzó el disco "Station to station", Bowie estaba flipadísimo con la Cábala. En la letra del tema titular del disco alude a Kether y Malkhut, la primera y última de las diez esferas o sefirot del Árbol de la Vida. Con posterioridad siguió manifestando su interés por el gnosticismo en su vida privada. Hay quien interpreta "Absolute beginners" como una ceremonia de iniciación a lo oculto.

A pesar de todo, y admitiendo de entrada que me gusta la obra del Bowie setentero, sin desdeñar la posterior, no sabría decir qué hay de sincero en su inquietud. ¿Era un soñador deseoso de encontrar la trascendencia, incluso en el degradado marco de un glam-rock decadente, bañado de drogaína, de extravagancia y de petardeo? ¿Era un buen hombre de negocios explotando un nicho de mercado? ¿Las dos cosas? Nico, tras su paso por la Velvet, no tenía buenas palabras para él. Le parecía un artista vacío y superficial, un tío listo pero sin valores claros, por lo cual un día podía ir de gótico y al siguiente vestir como un galán hollywoodiense sin inmutarse un pelo, hacer cualquier tipo de música y "ser chico o chica".




Todo eso confluye en uno de los momentos cumbre bowianos, la canción "Life on Mars?" Apoyado en Mick Ronson y el pomposo teclista Rick Wakeman, Bowie desgrana una sucesión de ocurrencias surrealistas dignas del peor Dylan, pero la música es gloriosa, con final a lo Strauss incluido. ¿Genialidad o vacío? ¿O no será adornar el vacío una nueva forma de genialidad postmoderna? Por otra parte, la canción tiene historia. Bowie adaptó al inglés un tema de Claude François, "Comme d'habitude", pero que la compañía decidió no emplear. Ese tema llegó rebotado a Paul Anka, quien lo rechazó proponiendo a Frank Sinatra como el intérprete ideal. Con la letra totalmente modificada, ese tema sería "My way". Lo que Bowie hizo a continuación fue tomar el tema original, modificarlo sabiamente y hacer su "my way" particular que es "Life on Mars?" No puedo evitar que me haga gracia el asunto porque, si bien Sinatra era la heterosexualidad más acrisolada -tanto que el crooner odiaba cantar la celebérrima "Strangers in the night" porque pensaba que era la historia de un rollete entre dos hombres-, Bowie jugaba a ser gay por entonces, con sus dosis de artista trascendente.

Ambigüedad sexual y hambre de trascendencia. Permitidme que siga divagando. Por entonces la homosexualidad y la ambigüedad eran tratadas con cierta sordidez por los medios (lejos de la imagen rosácea de hoy). Tengamos en cuenta que los años setenta fueron una década particularmente feísta, contrastando con el recuerdo del esplendor de épocas pasadas en la cultura de masas, significativamente el Hollywood clásico, el music-hall y el mundillo de los cantantes más o menos "folclóricos" e incluso la parafernalia religiosa, sobre todo la contrarreformista. Un recuerdo de infancia que no se me borra es "Ocaña, retrato intermitente" (1978, Ventura Pons), documental sobre un artista-transformista malogrado en plena juventud, el "charnego" -expresión despectiva para todo ibero que se establece en Cataluña- José Pérez Ocaña, y de cómo tan extravagante y en el fondo simpático individuo combinaba homosexualidad, travestismo y una devoción absoluta a la Virgen de su pueblo, a la que cantaba y declamaba caracterizado de folclórica rancia. Digamos que no había una estética propia para el colectivo homo, de manera que tendían a apropiarse de estéticas de la mayoría hetero, más concretamente de las femeninas, de Marilyn Monroe a Sara Montiel pasando por personajes ficticios como Holly Golightly. Otro recuerdo, ya de mi juventud. Cuando vivía en Santiago yo salía con una chica de las llamadas "mariliendres", cuyo círculo de amigos está compuesto por gays, de eso hace quince años y por entonces triunfaban las drag-queens, de manera que fui con ella a más de un espectáculo de aquéllos. Los amigos de la chica hacían performances, mejores o peores, con playbacks de canciones de Betty Missiego, Raffaela Carrá, Karina, Massiel y demás, ya lejanas en el tiempo y no dirigidas al público gay pero en las que cierto público gay se reconocía, intentaba ver "dobles lecturas" y encontraba agradable cierto viejunismo estético asociado a ellas. También hacía furor Cher, la actriz-cantante californiana de origen armenio. Cher -cuya única hija Chastity, habida de su matrimonio con Sonny Bono, es transgénero y hoy se llama Chaz- lo petó con su disco "Believe" (1998), que arrasó entre el colectivo .... y no sólo entre ellos. Inspirándose en "Homework" (1997) de Daft Punk, los productores del disco aplicaron a la voz de Cher toda clase de filtros y vocoders "modernos" que han tenido larga vida como moda, pues han pasado al "urban latin" y al "reggaetón": el 99% de los éxitos reggaetoneros tienen vocoderizada y robotizada la voz del cantante. Pienso que la deliberada artificiosidad de la imagen de Cher, plastificada a base de operaciones de estética -algo muy californiano-, es del gusto de cierto público que sintoniza con esa artificiosidad, que le da valor.

No es de extrañar, puestas así las cosas, que la ambigüedad sexual -o como hoy se diría: el "cuestionamiento de las identidades de género"- entrase en el mundo del pop-rock a través de la artificiosidad, cierto romanticismo maldito y mucho, mucho glamour. De ahí viene el nombre de glam-rock. Pero no era sólo eso: también suponía una reacción frente al hard-rock, al prog y al creciente dinosaurismo que se estaba adueñando de la escena. Allí donde progresivos y hardrockeros imponían voces exageradas, virtuosismo instrumental, solos de guitarra inacabables y grandilocuencia, el glam era un regreso a un rock-and-roll primigenio, chispeante y un poco tonto. Pop-rock porque sí. Y sin duda su figura más destacada fue otro inglesito, Marc Bolan. Judío como Reed, algo andrógino como Bowie, talentoso como ambos, apuesto y ocurrente, había comenzado bajo el nombre de Tyrannosaurus Rex publicando a finales de los sesenta un cuarteto de discos de folk ácido y psicodélico que por entonces pasaron más bien inadvertidos (siendo hoy en día muy reivindicados: folkistas harto renombrados de este siglo como Devendra Banhart no han hecho sino actualizar un poco ese estilo bolaniano, nada más); sin embargo, con la llegada de los setenta Bolan rebautizó su proyecto como T. Rex y se lanzó a lo que desde entonces se conoció como glam: guitarreos punzantes y rápidos, palmas, coros femeninos o feminoides, piano medio honky-tonk, ritmo efervescente y muchas pintas: cardados, purpurina, maquillaje, plumas, pantalones satinados a la altura del ombligo, plataformas, gafotas de pega, camisas tutti-frutti, marroquinería como para montar un bazar .... "Ride a white swan" y "Hot love" fascinaron a una juventud que ansiaba un pop más ligero, disfrutable y directo sin sentirse pueriles por ello. T. Rex alcanzaron la cima con dos grandes vinilos, "Electric warrior" (1971) y "The slider" (1972), a los que nada más había que añadir. Bolan, al igual que Bowie, estaba que se salía.


Marc Bolan.

La trayectoria posterior del personaje resultó accidentada (drogas, sobrepeso, vacaciones fiscales), incluso en su final, pues murió en 1977 en un accidente de tráfico. David Bowie fue uno de los asistentes a su funeral. Pero su recuerdo se resiste a desvanecerse. Murió joven, lo que parecía un mandamiento ineludible de la nueva religión pop-rock. También contribuyó a la ola de estilismo que desde entonces se ha hecho inseparable de la nueva música popular, y que sigue un patrón: ola de "pintas", resaca de looks auteros, nueva ola de barroquismo estilístico, nueva resaca de desaliño (el punk, el grunge o las divas semidesnudas serían esa reacción ante el exceso, si bien algunas de las divas combinan ambas tendencias pues pueden pasar del burlesque más sobrecargado en vestimenta a ir casi en bolas de un día para otro). El glam supuso no sólo ese "cuestionamiento de géneros" -uno de cuyos frutos fue la aparición de "la primera mujer rockera" propiamente dicha, la hoy olvidada Suzi Quatro- sino además el antecedente fundamental para el estilismo loco de los ochenta, década marcada por el gran éxito de artistas ingleses homosexuales. Ya en los setenta estaban Elton John (Reginald Dwight) y Freddie Mercury (Farrokh Bulsara, persa étnico), el mítico cantante de Queen, quienes sin embargo no se dirigían al público gay sino al público en general. No obstante, supongo que su ejemplo de triunfadores también animó a una generación de músicos e intérpretes gays que no sólo recibían inspiración de la ambigüedad de Bowie y similares (también artistas heteros se inspiraban en ellos) sino que también querían "llenar estadios". Los ochenta fueron años de estrellas pop homosexuales como Boy George, Jimmy Sommerville, Marc Almond (Soft Cell) o Neil Tennant (Pet Shop Boys), que conquistaban a todo el público en general.


Si bien según "la letra" del maravilloso himno pop "Say hello wave goodbye" el chico dice adiós a una niñata porque prefiere algo más tradicional, siempre he pensado que según "el espíritu" de la canción -reforzado por el aire cabaretero del vídeo y por la obvia condición gay de Marc- el chico está diciendo adiós a todas las mujeres. Como curiosidad, la chica es Eileen Daly, futura actriz porno y "scream queen" de fantaterror Z, dos géneros muy emparentados.

Caso aparte fue Morrissey, el cantante de The Smiths, quien jugaba con esa ambigüedad. Singularmente, las portadas de los discos de la famosa banda de Manchester solían estar ocupadas por imágenes de chulazos del mundo del cine. Entre ellos, Joe d'Allesandro en la portada de su primer disco, en un fotograma del film "Flesh". Tarde o temprano siempre reaparece Warhol.

En cuanto a los años noventa, la última década en que el rock de guitarras atrajo el interés del gran público -o, mejor dicho, en que los media ofrecieron rock de guitarras a ese gran público, prefiriendo ofrecer variantes más o menos bastardas de la música negra y del sonido disco-, siguen la vía de la "normalización" del gay en el mundo de la música. A veces de manera brusca, como el sonado outing de George Michael. Esa vía normalizadora va desactivando el factor ambigüedad, que pierde su sentido porque ya no merece la pena ser ambiguo. 

Los tiempos han cambiado, sin duda. La música más orientada al colectivo LGBT se muestra más autoconsciente. No sé si el fallecido Carlos Berlanga habría sacado en los 80 un himno gay tan palmario como "Vacaciones" (del 2001). Los ochenta eran más bien tiempos de "segundas lecturas", como con la famosa "A quién le importa". Quizá el tema gay-friendly más célebre de los noventa fue "Shut up and sleep with me" de Sin With Sebastian. Su cantante -Sebastian Roth-, al igual que otros personajes vistos aquí, es judío y ambiguo, pero nada más que ver. No encontramos aquí sordidez ni pathos, como en tiempos de la Velvet, sino mero petardeo gracioso (¿quién no bailó esa canción alguna vez?). Lejos del petardeo y atendiendo a estándares de calidad, merecen ser destacados Rufus Wainwright (quien a pesar de ser abiertamente gay tuvo una niña con Lorca Cohen, hija del gran Leonard) y Jamie Stewart, alma de Xiu Xiu, uno de los mejores grupos de avant-pop de la década pasada -todavía reescucho de vez en cuando el magistral y abrupto "Fabulous muscles" (2004)-. Pero probablemente el más destacado de todos sea Antony Hegarty.


Mítica portada del primer disco de Antony and the Johnsons. Sello: Durtro.

Antony se caracteriza por su condición de transgénero, su especialísimo timbre vocal (que hace que casi cualquier cosa que cante sea hermosa), su elevada autoexigencia artística, su implicación en las causas LGBTIQ y su visión idealizada del colectivo. Si bien toda una generación adoró "I am a bird now" (2005), el disco que le dio merecida fama -incluso "Hope there's someone" llegó a sonar en un anuncio publicitario (¡!)-, ya su primera entrega como Antony and the Johnsons (año 2000) era un joya atemporal de pop de cámara, barroco y nocturno. Haga lo que haga, Antony siempre es interesante. 

Esos cabarets feístas, decadentes, con los neones parpadeando o cayéndose, humo, moscas de bar que parecen salidas de un Hopper y un transformista cantando versiones en un pobre escenario con un mugriento telón detrás, ese mundillo urbano degradado que la Velvet Underground y otros retrataron sin negar en ningún momento su sordidez, ese mundillo es visto de otra manera por Antony. Según ella, no tiene nada de feísta ni de decadente sino que es algo maravilloso, algo precioso. Antony adora esa estética y ese ambiente, como ha manifestado en algunas entrevistas. Al igual que su voz es una varita mágica que enlaza belleza musical, su mirada de activista encuentra hermosura secreta en ese panorama humano. Es un acto de voluntad y de legítimo solipsismo por su parte. No hay nada que cambiar, no hay nada que mejorar en esos ambientes, no hay nada que criticar: son perfectos como están. Del realismo neoyorquino en los sesenta hemos pasado al idealismo nuevamente asentado en NY aunque pasado por un filtro idealizador californista (Antony se crió en San Francisco, meca gay): todo lo drag, sea elegante o sea cutre, debe ser considerado sublime. Y quien discrepe o deslice una tímida crítica puede ganarse el epíteto de "reaccionario".

La androginia en la escena inglesa mantuvo sus credenciales a pesar de la eclosión del pesadísimo brit-pop, aquella regresión a los "felices sesenta". En su momento Brett Anderson (de Suede) y Jarvis Cocker (de Pulp) eran considerados más o menos andróginos, pero casi sin duda el mejor ejemplo de androginia en aquel pop inglés en busca de su identidad cerca del cambio de siglo fue Brian Molko, el cantante de Placebo.


Fumando espero el salto a la MTV.

Y se repite la tendencia. Al igual que Reed, Molko era judío y bisexual, pero las semejanzas se acaban ahí. La música de Placebo no tenía nada de malditismo ni de decadentismo, a pesar de que ellos lo buscasen afanosamente en las letras, sino que era básicamente un power-pop musculoso y vitaminado para estadios, la música que te podrías poner para hacer una sesión de pesas. Estoy exagerando, claro, y más teniendo en cuenta que las adicciones contribuyeron a enturbiar su sonido; sin embargo, no hay rastro de la suciedad ambiental de aquel pop-rock que un día pudo estar asociado a Warhol. 

El single de presentación de su segundo disco "Without you I'm nothing" (1998) -en la canción titular colaboraba el mismísimo Bowie, quien ejerció de "padrino" de la banda-, la rugosa y repetitiva "Pure morning", aludía a temas velvetianos-neoyorquinos como el travestismo, el fetichismo, la dominación, el sadomaso y demás ("a friend who bleeds is better", "a friend with breasts and all the rest, a friend who's dressed in leather") que la MTV no tuvo el menor problema en radiar porque ya no había rastro de sordidez sino de egocentrismo satisfecho y brillante, algo que a la MTV le mola. Recuerdo que por entonces Placebo me resultaban muy atrayentes, yo tenía algo de "teenage angst" por entonces y quería ser hermoso y estelar como Brian Molko. Estaba dispuesto a comprar un mensaje idealizado de un adolescentismo peterpanesco (en palabras del cineasta queer Gregg Araki, californiano de origen asiático, los jóvenes son interesantes porque "nacen y mueren varias veces al día") que -ahora lo sé- tiene las alas muy frágiles y las patas muy cortas.

El joven Brian ha sobrevivido a sus excesos, ha transitado por ese sendero de la mano izquierda, ese wild side por donde también transitaron Reed y Bowie, y sigue entre nosotros. Otros no han podido contarlo. Hablaremos de eso, y de la trascendencia, y de más cosas, en la próxima entrega de esta divagación.


(continuará)


13 comentarios:

  1. Lo pongo aquí porque no se me ocurría un lugar mejor, disculpa el off-topic:

    ¿Qué opinas del iberismo, incluso llegando a la creación de un estado federal íbero?

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    1. Iberia es un subcontinente en pequeñito, caracterizado por la adhesión regional. En Iberia el sentimiento de pertenencia no es nacional, ni tampoco autonómico, sino más bien comarcal. A mi entender Iberia sólo será posible como gran Nación de pequeñas naciones comarcales. La rivalidad en Iberia siempre ha sido comarcal más que otra cosa, cuando la Virgen de un pueblo es siempre más milagrosa que la Virgen del pueblo de al lado. En ese sentido la noción de España es artificial, como obviamente lo es la de Portugal. Pero igualmente Cataluña y no digamos el "País Vasco" son tan artificiales o incluso más, con el agravante de que sus postulantes se basan en la falsificación histórica. Y lo saben, los muy pillos, pero se hacen los suecos.

      Si queremos articular Iberia correctamente, el futuro será el de un subcontinente vertebrado en unidades comarcales. La de vertebrarlo como se vertebró durante milenios el subcontinente indio, mediante castas, ya no es viable y quizá tampoco recomendable.

      Un Estado federal sólo sirve para naciones con un claro sentido unitario. No es el caso de Iberia, donde hacemos la guerra por nuestra cuenta e incluso entre nosotros.

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    2. No somos pocos -o quizá si- los que tras mucho divagar y algún tropiezo llegamos a esa conclusión, cercana o calcada de lo que expones (y recalco lo de pequeño subcontinente porque a más de uno le hace falta esa actualización geopolítica del suelo que pisa).
      Hay que coger el toro por los cuernos, o esto se nos va de las manos. Sin catastrofismo, pero conscientes de que otra generación de coca y porno al alcance de la vista y no habrá mucho que llamar ni Iberia, ni Cataluña, ni madre que nos parió (literal).
      Un saludo.
      PD: disculpa que continúe el off-topic. No verán nuestros ojillos otro Bowie, aunque nos quede el consuelo de escucharle.

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    3. Los amigos del blog podéis darle al off-topic todo lo que os apetezca ;-) En cuanto pueda comento algo. ¡Salud!

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  2. Una cosa es el sano arraigo a tu tierra, otra el ombliguismo paleto del que hacemos gala más a menudo de lo deseable. Al principio lo achacaba simplemente al individualismo moderno, una Transición más empeñada en mostrarle el dedo corazón a Franco que otra cosa y una castuza política interesada en mantener al pueblo dividido. No obstante, si uno se para a leer un poco la historia de este país, verá que es crónico y anterior a todo esto (no por nada la envidia es nuestro pecado nacional y Goya nos retrató así). Intento pensar pero no caigo en la razón biológica, histórica o cultural de por qué. ¿Se te ocurre alguna?

    Tu idea de vertebración diviendo aún más España me asusta. No digo que sea equivocado, tal vez es una necesidad por esa idiosincrasia, pero viendo el panorama con las CCAA no sé qué pensar ¿a dónde nos llevaría eso, con lo anárquicos que somos?.
    También es cierto que soy hijo de inmigrantes italianos y que de media nunca he vivido más de 5 años en una misma ciudad o provincia por lo que, si bien me siento 100% español, es "español" a secas y no alicantino, albaceteño o murciano. Con esto quiero decir que tal vez nunca experimentaré ese apego exagerado, que para mí no deja de ser un lastre para el progreso nacional y hace que cobren sentido esas frases que se dicen de que "en este país hace falta mano de hierro".

    Saludos.




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    1. Somos una península con dos vertientes marítimas muy diferenciadas. Somos un territorio muy accidentado y muy transitado. Los iberos somos anárquicos, y una de dos: o una aristocracia central embrida esa anarquía, algo que necesariamente tendrá duración temporal (el franquismo: los consejos de ministros franquistas estaban trufados de números uno de cada promoción, nada que ver con los consejos actuales, ejercían de aristocracia meritocrática; a más abundamiento, el Escorial y Cuelgamuros son ejemplos de ánimo centralizador de una nación que se sabe centrífuga, son demostraciones titánicas de una determinada aristocracia para hacer centralizado lo que quiere disiparse en banderías comarcales), o cabalgamos el tigre de la anarquía, comemos y bebemos anarquía, volvemos a los concejos abiertos y al clan, y comenzamos a reconstruir Iberia desde ahí, "desde abajo", desde tu tierra y la mía (el valle de Lemos, concretamente: soy ibero y lemavo, y ser español es una forma complicada y algo heroica de ser ibero y lemavo).

      No podemos ser una nación-diamante como Israel, ni una nación-oso como Rusia. Tenemos que ser una nación-toro.

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    2. Quien mejor que los españoles para saber de España; aunque suele pasar a veces que desde afuera se tiene una mejor visión, a veces. España tiene reyes y nobles. ¿España quiere feudos o Un Reino?. España necesita una nobleza del siglo XVI, y quizá un dirigente del linaje de los Habsburgo con simpatías a lo que le pertenece y es de San Pedro; España esta muy feminizada y necesita masculinizarse, endurecerse con un Rey de Piedra. ¿Qué diría Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico de la España de hoy? ese hombre lucho contra todos y sus nobles que le seguían; musulmanes otomanos, protestantes del norte hereje, idolatras del nuevo mundo.
      Independientemente de todas las ideas que he dicho, con la situación actual ya he dicho que Europa necesita dividirse en mini-estados, los países deben separase de la UE y dentro de los países dividirse las regiones en Estados-Autónomos pero conscientes de que forman parte de un Estado, o sea, España, Francia, Reino Unido, Italia, Alemania(este quizá no tanto, mas me parece un Estado muy artificial), Nórdicos, Bálticos, Balcanes. El europeo está muy barbarizado o germanizado de alguna forma o manera, la germanización tiende a la anarquía, no sabe el orden recto por diferentes circunstancias. Realmente todo el mundo esta barbarizado, sea la contaminación mundial con substancias que todos sabemos que efectos tienen. El europeo de hoy (todos metales de muy baja calidad o degradados) es de hierro, bronce y quizá algunos de plata(que es peor), todo además mezclado con barro.
      En fin, a día de hoy es indispensable que se saquen de encima la UE y la burocracia inútil de sus países o al menos disminuirla e imponiéndole controles severos.
      Diego

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    3. Sean una Nación de Dios, una Nación Cristiana, no de un animal. Se siente tanta división en España y Portugal, que ya no se sabe quien es bueno y quien es malo, hay muchos grises. Aparte tenemos el problema de los islámicos metidos en Alemania, y otros países y ustedes peleando luchas intestinas, además del problema de la UE. Como lo veo me parece que los Castellanos, los que viven en la Meseta Central han sufrido mas, intentando unir al país con lo que tuvieron y pudieron. Me parece que los habitantes periféricos han abusado, los catalanes, vascos, no se. Es lo que me parece por lo poco que se. Por tanto mi apuesta va hacia los castellanos. De Cataluña se dicen tantas cosas que ya no se que creer con ellos, además sus maneras no son muy de mi agrado aunque no los desapruebo. Los vascos o en general los del norte de España me gusta su carácter. De los vascos pues diré que no hacen honor a su sangre. Creo a pesar de los problemas del sistema político marxista español, es posible sin duda pensar en una España unida, hay material humano para llevarlo a cabo, por las buenas o por las malas. Pero repito lo inmediato es resolver el problema UE y poner en orden político al país, bajo un régimen de derecha abierto, creo todavía es posible llevar el plan pacíficamente democráticamente, si a la señora Merkel no se le ocurre traer mas árabes en primavera o los alemanes no actúan para parar esa política de puertas abiertas. En fin hay cosas que deben hacer. Seguramente se me escapan muchas cosas por ignorancia pero por lo poco que se de España en general es lo que puedo decir.
      Diego

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    4. @Hombre-Lupa Gardner:

      Gracias por tu respuesta. Entiendo que por mucho yo quiera, no tenemos esa mística de "Éxodo" que pudieran tener los americanos, sudafricanos o judíos. No obstante, hay importantes diferencias cualitativas entre países unitarios y países centrífugos, como creo que es patente hoy día. España, sin ir más lejos, fue más grande cuando más unida estuvo.

      Saludos.

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  3. Hola Gardner. Yo la verdad es que no conozco mucho de Bowie, pero lo que conozco, aunque reconozco que es música de calidad, a mí personalmente me parece bonita en superficie, pero le falta chispa, vida.
    Aunque es solo mi opinión por supuesto.

    Yo en musica sesentera y setentera prefiero a los Beatles,para mí unos verdaderos genios(aunque a veces hablan un poco de fumadas sin sentido, como "el jardín del pulpo debajo del mar", jajaja) aunque tampoco soy un gran conocedor del rock de esa época, conozco a Hendrix, a The Animals(no mucho),Bob Dylan y poco más.

    Pero ya te digo, para mi Bowie le reconozco talento, y su musica es mejor que la mayoria de "mainstream" de la radio y MTV, pero para mi le falta vida interior.

    Es, no se, como Megan Fox, que esta muy buena, pero aún así no me gusta del todo,le noto la mirada vacía.

    Sin embargo, otras mujeres son guapas por fuera y por dentro:

    http://i61.tinypic.com/11v5soz.jpg

    http://img003.lazygirls.info/people/antonia_iacobescu/antonia_iacobescu_instagram_may_BZkWdiS1.sized.jpg

    Ésta concretamente debe de ser un ángel del paraíso, un ángel del Señor que se ha encarnado aquí en la tierra, para ayudarnos a los mortales en este mundo oscuro.Y no lo digo por decir.

    Yo no se cuales son exactamente los estilos de música que te gustan, Gardner, pero hoy he publicado una nueva entrada de mi blog "una aventura peligrosa", donde muestro una obra maestra(en mi opinion) de un grupo para mi de los mejores.
    Si, es publicidad de mi blog, no muy sutil jajaja pero tengo que hacerlo.

    Al que quiera ,al que le guste el buen rock, rock, metal, rock instrumental..... que pinche en mi nombre y ahi esta mi blog, todas las entradas.

    Saludos

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    1. Recuerdo una peli que no vi entera, "Jennifer's body", en que Megan Fox era "la guapa" y la bellísima Amanda Seyfried era "la fea" .... cuando Amanda es impresionante al natural sin maquillaje y la Fox es todo pote. En fin, la magia de Hollywood y todo eso.

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  4. Bowie era un buen compositor de pop pero musicalmente no avanzó prácticamente nada los límites del rock. En el rock existe un dualismo borroso entre arte y entretenimiento, por lo que las bandas más reconocidas como Bowie, Beatles, Radiohead o Nirvana, son las que edulcoraron invenciones ajenas, de artistas superiores. A diferencia de prácticamente el resto de las artes, los protagonistas del rock son los intermediarios y no los creadores, algo que ocurre incluso en los "entendidos" del rock.
    Esto sería como si los expertos en informática juzgaran a Claude Shannon y Dennis Ritchie como secundarios de Steve Jobs y Bill Gates.

    Es curioso que entre muchos de estos intermediarios había una especie de obsesión por acercarse a la vanguardia, como si el papel de músico pop no les fuera suficiente. Bowie no tenía la visión ni la creatividad musical para producir obras magnas como "Velvet Underground", "Funhouse" o "Tago Mago" pero intentaba formar parte de estas escenas haciéndose amigo de ellos.

    Debo reconocer que Bowie sí tenía habilidades de marketing fenomenales, por más que los conceptos musicales de sus discos fueran desvaríos deslavazados. Pero pocas veces una estrella de pop ha controlado su marketing a ese nivel. Quizás Madonna a su modo.

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    1. Je, cómo olvidar tu clásica cruzada anti-Beatles. No te preocupes, el tiempo ya les está poniendo en su lugar, el 60% de lo que hicieron está viejo de verdad.

      Antes me interesaban mucho las fronteras del rock. Ahora mismo, tras años de soportar ruidos, landscapes borrosos, zumbidos y acoples prefiero el cómodo interior del país. Será cuestión de edad, o de que la experiencia me ha dejado algo escéptico al respecto.

      Puede que gente como Radiohead bebiesen de artistas de vanguardia, al igual que bebieron de los krauts y del sello Ohr, pero eso no quita que "Kid A" sea una cima artística. Desde siempre la música ha sido así, en la música clásica un compositor hacía variaciones sobre un tema de otro compositor y se tomaba como lo más normal del mundo.

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