lunes, 27 de julio de 2015

Post veraniego. Algunas películas que me gustan (IV)






California, años 60. Una niña de papá llamada Melanie Daniel (Tippi Hedren), hija de un magnate de la prensa, llena su vacua vida con bromas y excentricidades. Un abogado criminalista llamado Mitch Buchanan (Rod Taylor), de quien sabremos que tampoco es muy maduro -es reacio al compromiso sentimental-, la reconoce en una pajarería de San Francisco y ambos empiezan un pulso de ingenio que termina por llevar a Melanie a Bodega Bay, un pueblecito costero a alguna distancia de la ciudad, a continuar la broma: se presenta allí con dos periquitos, "pájaros del amor" para el mundo anglosajón. Melanie se queda allí el fin de semana, durante el cual nace el amor entre Mitch y ella, que se hace amiga de la hermana pequeña de Mitch (Cathy: Veronica Cartwright), se topa con la madre de éste (Lydia: Jessica Tandy) y comparte intimidades con la profesora de la localidad, Annie Hayworth (Suzanne Pleshette). Pero ese fin de semana se desata el Apocalipsis en forma de ataques, cada vez más violentos y homicidas, de las aves de la zona: gaviotas, cuervos e incluso gorriones se lanzan sobre los humanos intentando matarles. Al final, los protagonistas se ven obligados a dejar su casa, yéndose en la camioneta familiar, observados por innumerables asesinos alados.

"Los pájaros" (1963) es una de las mejores películas de todos los tiempos. Su perfección estética es tal que casi resulta repelente. Por entonces un Alfred Hitchcock que no tenía nada que demostrar (era millonario y afamado, y venía de estrenar con abrumador éxito la que quizá sea la película más influyente del cine moderno: "Psicosis") decidió asumir riesgos afrontando una trama algo distinta de lo habitual en él pues no hay villanos propiamente dichos, sino personas con sus debilidades a cuestas, trasladando entonces la "maldad" a la conducta absurda y atroz de las aves, que atacan sin motivo aparente. Durante la primera mitad del film Hitchcock profundiza en las relaciones entre los personajes, sin que haya nada particularmente duro ni traumático a la vista. Pero, por decirlo así, parece que "algo va mal" en los personajes. ¿Por qué Melanie va por la vida haciendo tonterías? ¿Por qué Mitch actúa como si fuera un niño grande sin interés en formar familia? La profesora, Annie, fue pareja suya y se mudó a Bodega Bay por amor. Sin embargo, una vez acabada la relación Annie decidió quedarse tan sólo para estar cerca de él, asumiendo que nunca volverá a ocurrir lo que ocurrió entre ellos. ¿Por qué lo hace? ¿Por qué una mujer con cualificación profesional, guapa y aún joven se ata de esa manera a una quimera? Por no hablar de la madre de Mitch y de su cortante actitud, la típica "suegra terrible" del cine hitchcockiano, interpretada por una Jessica Tandy tan sencillamente impresionante que le roba planos a todos los demás intérpretes desde que aparece .... y que esconde una personalidad depresiva que ha ido a más tras haber enviudado: su marido era quien le daba ganas de vivir, mientras que ahora vive aterrada con la idea de quedarse sola cuando sus hijos vuelen del nido.



El trazo de Hitchcock se nota en todo momento, por esa manera que tiene de sugerir relaciones de dominación, temor o repulsión con apenas un encuadre o un corte de edición. La habilidad para los cambios de tono -la trama comienza como una especie de comedia romántica- es tan prodigiosa como de costumbre, pero servida en esta ocasión para una incursión en una temática novedosa. El cine sobre "el fin del mundo" ya existía, si bien ideologizado en otra línea. El cine catastrofista aún no. El cine de amenaza animal ya había dejado pequeños clásicos como "La humanidad en peligro" o "Cuando ruge la marabunta", pero aun gustándome mucho esas joyas de los cincuenta hacia donde nos lleva sir Alfred no nos había llevado nadie. Apoyado en su núcleo más fiable de colaboradores (el operador Robert Burks, el montador George Tomasini, el músico Bernard Herrmann aquí en funciones de asistente de sonido -no hay música en el film, sino un tratamiento electrónico de sonidos de aves- dan lo mejor que tienen), plantea el desastre justo en el lugar del mundo más feliz, más soleado y más pagado de sí mismo: la California inmediatamente anterior al hippismo. Es decir, plantea la destrucción de la civilización allí donde no hay todavía indicios de que algo vaya mal.

¿Por qué atacan las aves? Nadie tiene una explicación. No les hemos hecho nada, se dice en el restaurante del pueblo justo antes de que el dueño cante "tres de pollo" .... en el cine hitchcockiano siempre hay sitio para una ráfaga de humor. En la escena del restaurante tenemos los dos polos extremos: un borracho proclama "¡el fin del mundo!" mientras que por otra parte una anciana con aspecto marcadamente masculino, ornitóloga aficionada, niega radicalmente que haya podido existir ataque gratuito alguno, y menos aún coordinado, de aves contra personas (quien no sabe es el que acierta, aunque no sepa por qué, y quien sabe está ciego ante lo que se avecina). Justo en esa reunión empieza un nuevo ataque alado, durante el cual Melanie se refugia dentro de una cabina telefónica: es ahora el ser humano quien se encuentra enjaulado. La gradación del film es muy sabia en eso pues a cada paso los humanos van cediendo espacio -como en aquel cuento de Cortázar, Casa tomada- hasta tener que irse del lugar. Véase: San Francisco > Bodega Bay > la escuela > el restaurante > la casa de los Buchanan > la camioneta. Quizá el sentido último estribe en que los humanos le hemos dado tanto la espalda a la Naturaleza que ésta ha urdido una forma drástica para reclamar el territorio que le pertenece. Para bajarnos del pedestal al que nos hemos encaramado.

La sustitución poblacional de humanos por aves queda perfectamente expuesta en el ataque a los niños en la escuela. Melanie espera a que los niños salgan, mientras recitan aburridamente una canción con Annie. Fuma. Un cuervo se posa en una de las estructuras metálicas del parque infantil, a espaldas de Melanie, quien sigue fumando y lanzando miradas a la ventana de la escuela. Otro cuervo. Ella sigue fumando mientras reflexiona y se impacienta. Otro más. Ella espera. De repente oye un graznido, mira hacia arriba y ve otro cuervo, le sigue con la mirada y ve que se posa donde los demás: son cientos. ¿Es una alegoría de algo que ya está ocurriendo, sin que nosotros nos demos cuenta?

Ya en "Psicosis" flotaba la sugerencia del ave y de su pico como formas simbólicas de ultraje sexual. Aquí se va más allá: toda la humanidad es violada por los picoteos de los bichos. La maestra Annie yace muerta y despatarrada frente al porche de su casa, lo que sugiere algo parecido. Y la propia Melanie sufre el ataque de decenas de aves en el desván de la casa Buchanan, quedando desde entonces en shock. Su personaje se va desprendiendo de su liviana artificiosidad dejando ver poco a poco su alma. Melanie es buena gente. Lleva dentro el dolor del desdén de su madre, que se ha despreocupado de ella. Con los Buchanan, en uno de los planos finales, se sugiere que Melanie y Lydia tendrán una relación maternofilial que sanará a ambas. Melanie será también una pareja compenetrada con Mitch y una hermana mayor para Cathy, así como fue durante un breve espacio de tiempo buena amiga y confidente de la muerta Annie.

El final del film muestra, coherentemente, a ese nuevo núcleo familiar recién constituido (o completado: curado) saliendo de la casa, en la camioneta, rodeados de innumerables aves que les observan y que, pese a su presencia amenazadora, les dejan irse: a enemigo que huye, puente de plata. En el último plano el vehículo se pierde en la lejanía, llevando a la nueva familia humana rumbo al exilio, nadie sabe por cuánto tiempo, tal vez para siempre.



Compartiendo en cierta medida ese mismo espíritu, es de justicia citar un film australiano que siempre me ha encantado, "La última ola" (1977), que se cuenta entre lo mejor del no muy prolífico Peter Weir. Una serie de extrañas tormentas sacuden el país mientras, en ese revuelto marco climatológico, a un abogado llamado Burton (Richard Chamberlain) le asignan la defensa en un presunto caso de homicidio entre aborígenes cometido en un pub. Burton comienza a sentir que, de algún modo, está conectado con uno de ellos. A partir de esa sensación, intuye dos cosas: que el crimen en realidad era de carácter ritual, y que a la Naturaleza le está pasando algo que como mínimo es preocupante. Comienza a tener visiones de un nuevo Diluvio. Y en la escena final, arrodillado en una playa a las afueras de Sydney, percibe la premonición de la Gran Ola que barrerá la civilización.

Si en "Los pájaros" toda la gente que sale en pantalla es blanca, en "La última ola" tenemos el contraste del grupo de austrálidos que, al contrario que los urbanitas anglosajones encerrados en sus prisiones de hormigón, no han perdido la capacidad de sintonizar con los mensajes del mundo natural e incluso bucean en "otro mundo", el de los ritos, los acertijos y las profecías. Sin embargo, no hay nada progresista ni adánico en ello: queda claro que el mundo mental de esos aborígenes es ominoso y terrible. Simplemente es más realista que el de los blancos, que no sólo han renunciado al "otro mundo" en aras del progreso material sino que ni siquiera saben leer correctamente las señales que "este mundo" transmite. Por tanto, merecen que la Gran Ola arramble con ellos.

Gran ejemplo de cine ecologista setentero, está ensamblado por Weir con su proverbial buena mano para filmar los elementos naturales así como para darles una dimensión superior, alegórica, numinosa. Y precisamente el agua es un elemento muy difícil de detener. Sólo se la puede embalsar durante un tiempo o, como mucho, canalizarla. La presencia de grifos goteando o perdiendo agua es continua en el film, hasta producir malestar en el espectador. Pero de eso se trata, ¿no?, de despertarnos.



Todos habéis visto "El exorcista" (1973, William Friedkin), supongo. La primera vez que la vi, con doce años, lo confieso .... aquella noche dormí con la luz encendida :-) Me causó mucha desazón sobre todo por la metamorfosis de Linda Blair, que en ese momento -ella también tendría 12 años- me pareció, con su luminosa sonrisa y sus mofletes, la niña más bonita que había visto, mucho más que mis compañeras de clase. Desde entonces he revisitado el film media docena de veces. En el 2000 se reestrenó con metraje añadido que producía un efecto desigual. Podían haberse ahorrado ciertas sobreimpresiones digitales así como la conversación final. En su momento fue una apuesta de Warner por hacer un film de terror dentro de lo que aún se llamaba "sistema de estudios", en una época en que el terror era básicamente de productores indies, con rodajes de guerrilla. Le fue incluso propuesta a Kubrick. El resultado sigue siendo imbatible, tras más de cuatro décadas. En aquel momento la crítica española -que a mediados de los setenta era ya abrumadoramente izquierdista- la puso a parir; pero al final los críticos pasan y las obras quedan. Y que esta película haya quedado no se debe a que "había presupuesto". El dinero ayuda, eso seguro (si no puedes pagar a un Dick Smith para que ponga sus prótesis y maquillajes, no esperes un resultado parecido), pero la clave está en el talento. El director Friedkin, que se la tomó absolutamente en serio, no volvió a hacer nada igual nunca.

Quitando el segmento inicial ambientado en Iraq, la atmósfera de la vida de los protagonistas en Georgetown luce una tonalidad fría, distanciada, clínica y casi sepulcral sin caer nunca en los tópicos recurrentes para visualizar ambientes de esa manera. Una segunda lectura hace hincapié en las diferencias entre los dos personajes adultos implicados en la salvación de la niña Regan, su madre (una estrella de cine de aire progre que tal vez estaba inspirada en Glenda Jackson) y un sacerdote psiquiatra (de extracción muy humilde y que, de haber sido profesional liberal y no cura, podría haber dado una mejor posición a su madre, que termina agonizando en una horrible institución mental pública). Ésa es una de las razones por las que la película sobrevive en el recuerdo, porque deja regusto amargo: la niña de familia rica se salva, mientras que el abnegado sacerdote se deja la vida precisamente para salvarla.

El Mal tal y como se manifiesta no puede ser vencido. Siempre estará ahí, listo para exhalar su influencia desde las zanjas de unas excavaciones arqueológicas, aprovechando cualquier fisura de nuestro ser para poseernos. Lo único que podemos hacer es expulsarlo temporalmente. Un Mal existente desde que el hombre existe, le atormentará sine die. ¿Por qué, concretamente, ha entrado en el cuerpo de una niña? ¿Porque las excavaciones liberaron el espíritu de Pazuzu? ¿Porque Regan se arriesgó jugando a la ouija? ¿Por su abatimiento ante la ausencia del padre, que no recuerda ni su día de cumpleaños? ¿Por algún tipo de culpabilidad difusa en su ámbito familiar -la madre, el servicio doméstico-? O .... ¿O quizá porque Regan, a dos telediarios de la pubertad, aspira inconscientemente a mantener un vínculo indestructible con su madre, un vínculo exento de nuevas presencias masculinas? Los varones son las víctimas predilectas del demonio en el film. Varones son los sacerdotes, el equipo médico que la atiende, el psiquiatra, el director que tontea con su madre .... El único varón importante en la trama que no termina machacado es el inspector al que interpreta Lee J. Cobb. Al principio me parecía un personaje prescindible, pues sólo ronda por allí, sin llegar a enterarse de lo que está ocurriendo. En realidad ese personaje encarna la racionalidad pura, el sentido común que no va más allá de lo que puede argumentar con datos. Eso le da la ventaja de que no se equivocará en sus conclusiones, así como el inconveniente de que nunca llegará a acertar en lo esencial. Por eso es de justicia que se quede apartado del núcleo de la trama, al contrario que el sacerdote protagonista (el célebre padre Karras, un personaje que siempre me cayó bien y que me hubiera gustado conocer en la vida real), que recupera durante el exorcismo la fe que había perdido.

El realismo está muy trabajado. Hay auténticos doctores y auténticos curas haciendo sus papeles. A destacar también la importancia de la dosificación. La monstruosidad no aparece de golpe, sino que se va dando una gradación escena a escena. Y el final con el sacerdote confesándose al borde de la muerte, con el cráneo destrozado, haciendo sólo un gesto con la mano, resulta enormemente conmovedor. "El exorcista" es una peli que la primera vez nos asusta. En las siguientes, no asusta pero duele. Por eso no ha envejecido.



Ingmar Bergman tiene una larga y densa trayectoria como realizador, trufada de buen cine. Pero si tengo que quedarme con una para ponerla aquí no va a ser de las de madurez, en las que piensa todo el mundo. Yo le tenía "miedo" a Bergman porque le imaginaba aburrido, de personajes apalancados y sin fuerza visual, pero tuve suerte porque me estrené -quitando un visionado de "Fanny y Alexander" siendo crío, en el que no me enteré de nada- bergmanianamente con "Un verano con Mónica" (1953). Una joven pareja sueca, Harry (Lars Ekborg) y Monika (Harriet Andersson), se ganan la vida en una zona suburbial con unos empleos miérder pero un día deciden ponerse el mundo por montera, roban una barca del padre de él y se van a vivir a una de las muchas islas del Archipiélago de Estocolmo. Allí pasan un verano en que al principio todo va sobre ruedas. Luego se quedan sin comida, teniendo que robar en las casas de las cercanías. Durante uno de esos robos son descubiertos y puestos bajo la autoridad. Monika está embarazada. En la tercera parte del film se les ve convivir en un pisito con su cría, pero no se llevan bien, él trabaja y estudia, y apenas tienen dinero para ningún pequeño capricho. Ella se cansa y se pira, quedándose él -prematuramente envejecido, con unas ojeras tremendas- a cargo de la niña mientras recuerda momentos de aquel verano.

En su momento la peli causó sensación, por algunas escenas de desnudo y por la poderosa carnalidad de Harriet Andersson. Desde la postguerra la "liberal" Suecia se convirtió en sinónimo de disipación de costumbres, atrayendo el interés de otras cinematografías, que empezaron a "importar" actrices suecas. En este caso no es para tanto. El film no juzga a los personajes. ¿Es Harry un tío responsable y serio, de los que sostienen la sociedad con su esfuerzo o, por el contrario, es un macho-beta que paga su pardillismo con el abandono? ¿Es Monika una "empoderada" que quiere medrar aunque tenga que dejar a seres queridos detrás o una cabeza de chorlito que no sabe por dónde le da el aire? El film no tiene respuesta para eso, aunque a mí no me cueste simpatizar con él, que al fin y al cabo es el que acaba peor.

Si la primera y la tercera partes, ambientadas en el marco urbano, acusan una beneficiosa influencia del neorrealismo italiano, lo más recordado sin duda es la parte central ubicada en las islas. La naturaleza en verano, su hermosura innegable de agua, rocas, hierba y cereales alfombrando la tierra, las olas batiendo el arrecife, la música de un tocadiscos, todo está teñido de melancolía ("tempus fugit", "carpe diem" ....) pero también de vitalidad. Al final lo que queda en la retina es la belleza de los días, la necesidad de atrapar esa belleza ondulante que espera por nosotros, ingrávida en el aire, y hacerla nuestra. Y soñar con un verano eterno. Incluso en el invierno de la vida (el plano final de Harry, avejentado y cansado a pesar de ser un veinteañero) podemos llevar el verano dentro. Y ese verano no nos lo puede quitar nadie.



Aquí se tradujo para un pase televisivo como "Setenta minutos para huir" (1988, Steve de Jarnatt), aunque el original es simplemente Miracle Mile, uno de los distritos más vistosos de Los Ángeles. Chico conoce chica, concretamente Harry Washello (Anthony Edwards) se enamora de Julie Peters (Mare Winningham) y la corteja, pasan la tarde juntos paseando por La Brea y quedan para la noche, pero un imprevisto le chafa el plan a Harry, que no llega a tiempo a la cita .... pero sí a contestar una llamada en una cabina, la llamada que un técnico de la defensa de Usa hace a un familiar y que por error deriva a la cabina, y por la que Harry se entera .... de que su país ha atacado preventivamente a la Urss con armamento nuclear, y que ésta ha respondido. Tienen setenta minutos para desalojar Los Ángeles. Corre la voz y se arma un jaleo en la ciudad mientras Harry procura encontrar a Julie y salvarse juntos. No contaré el final, que es muy hermoso.

A pesar del rollo ése de que "el público siempre tiene la razón", aquí ese sabio público se equivocó lastimosamente, pues la película costó tres millones de dólares de la época recaudando sólo la mitad. Fue un fracaso muy injusto para un proyecto prometedor llevado a buen puerto. El guión había estado circulando durante diez años por Hollywood hasta que De Jarnatt lo puso en imágenes, con banda sonora de los electrónicos alemanes Tangerine Dream, por entonces asentados en California. Es una de esas películas que atrapan desde el inicio, y no porque éste sea trepidante. Recuerdo que comencé a verla, me cayó bien Harry, le seguí en su interés por Julie y para cuando la película iba por un sitio pegó un giro radical de los que uno ya no se despega del asiento. El tiempo le está haciendo justicia, porque su culto cinéfilo crece. Quien la ha visto no la olvida, aunque sólo sea "un pequeño clásico ochentero".

La acción transcurriendo casi toda en tiempo real, los coloristas escenarios también reales, la estética de la época (Harry localiza a un piloto de helicóptero para poder escapar: es un monitor de aerobic con unas pintas horterísimas que se lleva con él a su pareja: un muchachito aún más hortera que él) y el buen trabajo del conjunto de actores son los elementos más destacados pero no los únicos de esta historia de supervivencia sin ínfulas artísticas pero muy bella a su manera, y que deja claro que el cine es antes de nada una tarea de equipo.



Una mujer (Maya Deren) entra en su domicilio tras ver una presencia extraña en la calle. Dentro, ve más presencias. Se adormece por el calor de la tarde y sueña consigo misma desdoblada en varias personalidades, así como en un varón repeinado (Alexander Hammid) y un amenazador individuo embozado que por rostro sólo tiene un espejo. Uno de los desdobles de la mujer quiere eliminar a la durmiente, se lo impide el varón, quien pasa a ser blanco de las intenciones homicidas de la presencia pero finalmente veremos que es la mujer dormida la que parece haber sido asesinada. Son los trece minutos de "Meshes of the afternoon" (1943), codirigida por Deren y Hammid, segundo marido de ésta.

Maya Deren se llamaba en realidad Eleanora Derenkowskaia, hija de judíos ucranianos que huyendo en 1922 de los pogromos que se seguían perpetrando en el "régimen judeobolchevique soviético" se establecieron en Usa. El padre de Maya, un psiquiatra de renombre, se hizo hueco en el mundillo universitario neoyorquino al igual que lo hizo ella en el mundillo artístico. Sin embargo, el corto que nos ocupa se rodó en Los Ángeles: la luz, el mar, las calles y el edificio en que transcurre la acción son inequívocamente californianos. La filmación sería muy barata, en 16 mm con un tomavistas (aunque esa cutrez favorece el impacto visual del corto, por el intenso contraste entre blanco y negro en vez de las muchas gamas de grises del cine comercial de la época), y sin sonido. El tercer marido de Maya, un músico japonés, le añadiría años después una monodia como gutural y unas percusiones algo cansinas. Hoy en día el corto es considerado un clásico, y Maya (fallecida aún joven, adicta a las anfetas y anoréxica perdida) ha quedado, con las caras de intensa que pone en el corto, como un icono pop.

No conozco película con tal densidad de referencias surrealistas en tan poco tiempo y con tan poquísimos elementos. Ni "Un perro andaluz" de Buñuel y Dalí, que es mucho más agresiva hacia el espectador. Llaves, una flor, un cuchillo panadero, espejos, gasas, escaleras, el Doppelgänger, el arquetipo del embozado, el varón que irrumpe y el mar que lo borra todo forman una pequeña sinfonía doméstica llena de encanto que sintoniza con el freudianismo de la época pero que sigue siendo gentil e interesante hoy. Supongo que es la mano femenina que le faltó al artefacto de Buñuel y Dalí. A descubrir y a disfrutar.



Seguimos en Los Ángeles. Con "Doble cuerpo" (1984) Brian de Palma se pasó por el sobaco la obra de Hitchcock -concretamente "La ventana indiscreta" y "Vértigo"- poniendo en imágenes la historia de Jack Scully (Craig Wasson), un actor de pelis de serie Z que se encuentra sin empleo porque sufre ataques de claustrofobia, y a quien un colega llamado Sam (Gregg Henry) le consigue un sitio donde vivir durante una temporada, haciendo de cuidador de un chabolo del copón en Hollywood Hills. Allí podrá ver, mediante un telescopio, a una vecinita que hace una especie de ritual erótico antes de acostarse .... y a un piel roja desfigurado que la observa lúbricamente. Jack comienza a seguir a la mujer (Deborah Shelton) porque está muy buena pero también porque le preocupa que alguien pueda hacer daño a su integridad física. El conato de romance que parece nacer entre ambos no va a más porque a la siguiente noche el indio entra en el apartamento de ella y la mata con un taladro eléctrico sin que Jack pueda impedirlo, y encima está a punto de ser incriminado. Deprimido, pasa las noches viendo porno hasta que en una de las películas observa que la actriz Holly Body (Melanie Griffith) está ejecutando la misma danza erótica de la mujer muerta .... Y hasta aquí puedo contar.

"Doble cuerpo" es puro cine, el goce inmenso de ver una historia desgranarse ante tus ojos por la mera curiosidad de verla, al igual que Jack sigue la danza de la mujer sexy porque no puede dejar de mirar, acompañado por la sensual música de Pino Donaggio, de aire mediterráneo como el clima de California. Hay solete, hay playa, hay coches, hay palmeras, hay templos del consumismo, hay aspirantes a estrellas, hay industria del porno (en lo que sería tal vez el único momento prescindible del film, cuando Jack rueda una escena con Holly, aunque hay algo de reflexión sobre la artificialidad del espectáculo: significativamente, en un momento se ve a De Palma rodando dentro de la escena), hay chicas beverlyhillsianas (el rostro de la Shelton parece haber sufrido un par de operaciones de estética)  .... y esas casas enormes, que serían imposibles de calefactar en Nueva Inglaterra pero que aquí son símbolo de un estatus al que el protagonista no puede aspirar, salvo que en el momento clave pueda vencer su claustrofobia y reivindicarse como el protagonista de su propia historia, no como antes que ha estado como orillado, dejado por su chica (la tremenda Barbara Crampton, mito erótico del terror ochentero, sólo sale en dos planos porque sus escenas previas se quedaron sobre la sala de montaje), expulsado del rodaje de la peli que podría convertirle en una pequeña estrella del bajo presupuesto, y cargando con sus demonios personales.

Lección de cine digna de estudio en las universidades, manifiesto hortera manierista y declaración de amor a LA todo en uno, es de mis películas favoritas y punto. Mi admiración es tan irracional como puede serlo el encoñamiento por una mujer que no se conoce y que baila en la penumbra no se sabe para quién.





(continuará)

12 comentarios:

  1. Continuará con Mónica ahora que estamos en verano...

    Cada vez que sale a relucir El Exorcista, me acuerdo de lo que decía Gustavo Bueno en una entrevista:

    https://www.youtube.com/watch?v=0JdIZXRXMBg&feature=player_detailpage#t=302

    Mira, te agradezco que hayas hecho este repaso a algunas de tus películas favoritas, porque coincidimos en algunas y creo que voy a aprovechar para volver a ver algunas de ellas. Por ejemplo, esta noche me apetece volver a ver Ran. En su momento, además, me compré el CD con la banda sonora de Toru Takemitsu, que da para escribir otra entrada de tema musical. Qué tardes me he pasado escuchando esa música...

    Sobre Los pájaros, se te ha olvidado añadir que la actriz que interpreta a la hermana pequeña de Mitch es la misma Veronica Cartwright que, dieciséis años más tarde, entra en pánico al ver al Alien, y que se c*** por las patas abajo, provocando la muerte de Yaphet Kotto y la suya propia (y haciendo que medio mundo, al ver la película, gritara con Yaphett/Parker: "Apártate, estúpida..."). Yo tuve una etapa muy hitchcockiana: creo que las vi todas, excepto las mudas.

    Peter Weir es un cineasta irregular, como Ridley Scott. Hizo algunas de sus mejores películas en su primera etapa, antes de hacer las Américas. Luego hizo dos cosas infames (El club de los poetas muertos y Matrimonio de Conveniencia), pero con sus últimas tres películas remontó la corriente de nuevo. Cuando se habla de este señor, no hay que perder la ocasión de recomendar Picnic en Hanging Rock, que es una peli muy setentera y con un "algo" inefable, muy difícil de explicar, tan difícil como el suceso central de la historia.

    Una vez ligué con una australiana hablándole de Peter Weir, pero eso es otra historia..

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    1. El día que te ligues a una iraní hablándole de Samira Makhmalbaf o, mejor, el día que te ligues a Samira, te haré la ola XD

      No me olvidé de lo de Veronica, lo que pasa es que raro será que no diga algo de "Alien" en esta saga ;-) En cuanto a Weir, no me cabe duda de que su mejor etapa es la previa a integrarse en el sistema Usa, vamos, la previa a trabajar con Harrison Ford para entendernos: sus dos películas con el jovencito Mel Gibson me gustan mucho. "Picnic en Hanging Rock" es mágica, en todos los sentidos. De lo que hizo después, es cierto que ha remontado el rumbo (aunque rueda muy poco). Me gusta "Camino a la libertad" o de cómo atravesar el Heartland a pie y vivir para contarlo. Sabe darle aire a los espacios naturales. También está bien "El show de Truman", pero es más bien una obra de guionista.

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  2. Algún día podrías explicar tu filojudaismo y tu acriticismo sobre el Holocausto.
    Es evidente que al tema le das mucho bombo e importancia, y más allá de creerlo como se cree en cualquier otra cosa,le das demasiada importancia para no tener algún tipo de nexo con el tema.

    Tu enlace hacia el blog "Shoa" es bastante curioso. No veo que tengas enlaces hacia blogs que hablen de Parcuellos...
    A mi desde luego no me vas a hacer menos escéptico.

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    1. Se te olvida que tengo un texto sobre las Brigadas Internacionales, y no precisamente laudatorio ;-)

      No pretendo convencer a nadie. Sólo compartir datos y reflexiones. No somos historiadores, sino mini-forjadores de opinión pública XD

      Por otra parte, los liberales somos proclives a tener un fuerte interés por el tema judío y el pueblo judío. No creo que haya "nexo" alguno, al menos yo no lo percibo, ni siquiera en mi vida personal.

      ¡Salud!

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    2. El identitarismo y liberalismo son 2 cosas incompatibles. Y eso mismo se aplica también al socialismo

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    3. ¿Y por qué peculiar razonamiento has llegado a esa conclusión, si puede saberse?

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  3. Hola,

    Me alegra que tu cinefilia te haya ganado el pulso otra vez :)

    De acuerdo con Miracle Mile, creo que somos de los pocos que la hemos visto en España. Nunca he visto una comedia romántica que cambie así de rumbo, pero el giro de la película está muy bien armonizado y logran crear un ambiente apocalíptico sin efecto alguno.

    Para mi "Doble cuerpo" es un bodrio muy bien filmado. La historia no tiene ni pies ni cabeza, el actor principal es un trozo de madera... pero el virtuosismo de De Palma la salva un poco. Es capaz de sublimar escenas predecibles (como el descubrimiento de la infidelidad al principio de la película) o absurdas.
    De Palma las tiene mejores, "Blow Up" y sobre todo "Dressed to Kill". Incluso "Raising Cain" me parece un film mejor (e infravalorado).

    Lo curioso es que creo que Peter Jackson contactó primero con New Line Cinema para participar en una secuela de Pesadilla en Elm Street, por lo que supongo que ahí se forjaría la relación con la productora, que terminaría en la saga basada en Tolkien, que tampoco he logrado ver entera y de la que ya no habla ni Dios, por cierto.

    Saludos

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    1. Hola, cuánto tiempo. Lo de la cinefilia tarde o temprano tenía que salir por algún lado.

      Como somos amigos voy a olvidar las blasfemias que le has dedicado a "Doble cuerpo" XD Tengamos en cuenta que en principio no la iba a dirigir él, era un proyecto para otro director, un proyecto que más bien era un pastiche depalmiano, de ahí que el material resulte un poco endeble si se cuenta. Lo bueno es que funciona en pantalla o, al menos, a mí no me cabe duda de que es así.

      De entre las grandes depalmianas tengo que incluir "El precio del poder", con sus defectos. E incluso "La furia", a la que el tiempo ha tratado bien y, cómo no, "Carrie". Hace tiempo que le he perdido la pista, aunque hace no mucho vi "La dalia negra" en un pase televisivo. Mia Kirshner se parece mucho a una chica que conozco y que no me hace caso :-P .... aún .... y hasta ahí puedo contar ;-)

      ¿Para cuándo esa segunda parte de Tintín dirigida por Jackson? Lo pregunto por curiosidad, no por interés (Dios me libre).

      ¡Salud!

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  4. Por supuesto también merecen la pena "Carlito's Way" y "The Untouchables", con un Morricone en estado de gracia, incluso adaptando música serialista para una escena. De Palma siempre ha respetado la música enormemente y ha trabajado con los mejores.

    También metería a las (per|di)vertidas "Obsession" y "Sisters". En realidad, si te pones a contar, te salen unas diez películas entre interesantes y magistrales, algo que pocos directores tienen. Y no he visto "Snake Eyes", porque Nicolas Cage se me hace inaguantable.

    No sé si te gustaría el autohomenaje lésbico que se hizo con "Passion" en 2012. Solo por una escena central de pantalla partida (la mitad de la pantalla el clímax del film y la otra mitad una escena de ballet) ya merece la pena, aunque la historia sea absurda y haya un "product placement" de Apple descarado.

    Sin llegar a la misma trayectoria ni virtuosismo, también creo que William Friedkin está infravalorado. Tiene bastante más a parte de "El Exorcista". "Rampage" por ejemplo es un film políticamente interesante, un thriller pesimista que toma disimuladamente partido a favor de la pena capital.



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    1. Recuerdo "Sisters" de una copia VHS con el color muy apagado, estaba bien, era "juguetona", ya recurría a Hitchcock por entonces. "Obsession" me pareció algo demodé cuando empecé a verla, seguro que fui injusto y que debería volver a darle una oportunidad. "Ojos de serpiente" es histérica y enfática, pero su entusiasmo la salva. No vi "Passion".

      La de Friedkin llama la atención por ese mensaje tan poco progre. La recuerdo vagamente, una escena del juicio estaba copiada de "Chicago, años 30". Sus últimas películas no han sido estrenadas en cine, creo. En su momento se llegó a decir que si seguía estrenando era por ser el marido de Sherry Lansing. Puede que eso fuera cierto para "Jade", quizá.

      La versión de Herzog de "Teniente corrupto" sin Cage quizá sería una gran película. Desde "The wicker man" simplemente no puedo verlo :-P

      ¡Salud!

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    2. Por cierto, ayer estuve por primera vez (carencias culturales, jeje) viendo un rato (no todo: era muy tarde) a Hiromi Uehara con The Trio Project en el festival Gasteiz, ¿la conocías?, me quedé impresionado con la nipona, qué fiera.

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    3. Me temo que no conozco a Uehara. Me he desligado de la vanguardia musical.

      La última de Friedkin fue la relativamente popular "Killer Joe" (2011), con Mathew Macouneghy antes de que fuera reivindicado.
      Si el mismo producto hubiera sido una serie de televisión habría sido considerada una obra maestra incomparable, vista la recepción de cosas como "Breaking Bad" o "Juego de tronos". Como película es violenta y valiente, aunque lejos de imprescindible.
      No está mal para ser de un director varias décadas fuera de zeitgeist.
      Peores las hacen Cronenberg o Coppola.


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