domingo, 21 de junio de 2015

Universo inflacionario V: muy brevemente sobre las monedas locales populares




Con ánimo de mover un poquillo la lista de entradas del blog -esperando tiempos más propicios- así como de focalizarlo en la actualidad, presento esta breve reflexión acerca de la ¿propuesta? de una posible emisión de moneda local en, al menos, los municipios de Madrid y Barcelona. Pongo lo de "propuesta" primero entre interrogantes y ahora entre comillas porque, siquiera en la capital nacional, el programa que presentaba Ahora Madrid (un proxy de Podemos) será incumplido en gran medida y esto último no lo digo yo sino la propia alcaldesa Carmena, que lo considera más bien un abanico de "sugerencias"

Ya de entrada, es una propuesta escamante porque es evocadora. Trae recuerdos de otra época. Es obvio para cualquiera que las actuales corrientes de "unidad popular" (llamadas como el partido de Allende en Chile y a las que se quiere aupar sin rubor alguno Alberto Garzón, líder de un partido casi testimonial) recuperan y cultivan la mitología de la II República, en forma sobre todo de merchandising, con la tricolor por doquier. En ese sentido, la apuesta por emisiones de moneda, o bonos, o valores locales sintonizaría igualmente con nuestros años 30 del pasado siglo. Desde el arranque de la guerra civil hasta enero de 1938, cuando el gobierno de Valencia puso coto al tema, proliferaron toda clase de monedas, vales, bonos e incluso fichas que se hacían equivaler a fracciones de peseta, peseta o rara vez dos pesetas. Eran emitidas por autoridades pero también por partidos, cooperativas y sindicatos, e incluso por comercios, y su soporte físico no sólo era papel sino asimismo metal y cartón.


Emisiones municipales de vales por fracciones de peseta. Esta doble joya de la intrahistoria española ha sido vista en www.billetesmunicipales.com.


El caso es sencillo, comentado en abstracto. Pongamos que un ayuntamiento quiere sufragar un determinado gasto, pero que no puede pagar porque no tiene el dinero. Para pagarlo, recurre a imprimir papeles que hace equivaler a la moneda de curso oficial y con ellos paga la mano de obra, el material, los informes jurídicos, la publicidad, etc, lo que sea. Si quiere habilitar un jardín en una zona sin urbanizar y le falta el dinero, puede imprimir papeles y pagar con ellos a proveedores y operarios. Pero claro, tanto unos como otros reciben el pago no en la moneda a que están acostumbrados sino en una especie de flyers municipales con el mismo valor cambiario de los billetes del Monopoly. Es como si no recibieran nada, salvo celulosa y tinta que ni siquiera se pueden comer. Para solucionar este entuerto, el ayuntamiento obliga a todos los comercios, particulares, instituciones y demás de la zona que acepten esos papeles como pago como si fueran moneda oficial. 

El proceso inflacionario clásico consiste en imprimir títulos de cambio y atribuirles un valor. Supongamos que lo hiciera un particular. El particular, al igual que el ayuntamiento, tiene que afrontar un gasto. La boda de la hija, la reparación del coche, un viaje que le hace ilusión .... E imprime billetes. Si no son de curso legal y va al súper a pagar con ellos, la cajera le pregunta que de qué va, y que si quiere llevarse viandas del local tendrá que pagar en moneda oficial, o con tarjeta, pero no con petromortadelos. Y si imprime billetes de curso legal, se le cae el pelo por falsificar moneda. ¿Doble vara de medir para el ayuntamiento y el particular?

El ayuntamiento no falsifica, pero obliga a aceptar mala moneda allí donde tiene atribuciones. ¿Podría considerarse una forma sofisticada y encubierta de falsificación? La razón fundamental por la que a un falsificador de moneda le cae encima todo el peso de la ley es que con su acción de falsificar se está atribuyendo a sí mismo un poder de compra que no se merece porque no se lo ha trabajado ni ha invertido (él podría alegar que sí le ha costado trabajo e inversión), generando inflación y detrayendo al resto de la ciudadanía parte de poder de compra, siquiera microscópico. Pero las instituciones públicas emiten moneda a lo loco, y nadie hace ese tipo de reflexión. Y nadie la hace porque se presupone que lo público es racional y justo, y bienintencionado, mientras que lo privado es rapaz y egoísta. El sector público dirá que emitiendo moneda "mueve el mercado". Pero ¿no "mueve el mercado" también un particular que aflora moneda donde antes no la había y con ella puede comprar algo que antes se quedaría sin ser comprado?

Todo esto nos llevaría muy lejos, así que centrémonos en el caso.


Autor: David Dees.

Supongamos un ayuntamiento, que emite una moneda local y que hace equivaler esa moneda a la oficial en el territorio municipal. Todos los comercios, particulares, proveedores, bancos, etc, incluso los no-municipales pero que operen allí, están obligados a aceptar esa moneda tal cual si fuese la otra. Si uno es jardinero en ese parque que se está haciendo, puede recibir toda o parte de su retribución en moneda local (por ejemplo, si fuese barcelonés y le correspondiesen 1000 euros al mes podría cobrar 500 euros y 500 "adas", y con las "adas" ir a comprar a la tienda de la esquina, y el tendero -con mejor o peor cara- tendría que aceptar "adas" y el cambio dárselo en euros, o en fracciones de "ada"). ¿Qué ocurriría en este caso?

-A nivel municipal se cumpliría la Ley de Gresham, ya comentada en otro hilo. La moneda local y la oficial teóricamente convivirían sin problema pues valen igual, pero en la práctica no ocurriría así: la moneda mala desplazaría a la buena. ¿Y cuál es la "mala"? Pues la que los operadores económicos, desde el más humilde hasta el más rico, consideran que es la menos fiable, la que no puede usarse más allá del municipio, la que apareció de la nada y puede volver a desaparecer. Si el jardinero tiene euros y adas, tenderá a guardarse los euros y a gastar las adas. Resultado: al cabo de poco tiempo en las calles de la ciudad sólo circulan adas. Los euros han desaparecido. O están en el banco, o "evadidos" legalmente fuera de la ciudad.

-Fuera del municipio, se comienza a recibir un flujo de euros que salen de allí. Y los proveedores comienzan a pensarse lo de mantener su presencia en la ciudad, porque fuera de ella los pagos en moneda local no sirven. Nadie acepta esa moneda. Si la ciudad es deficitaria en arroz pero allí las paellas hacen furor, por ejemplo, los proveedores arrocistas tienen negocio. Pero si les pagan en moneda local que no les vale de nada para pagar cosas en otra ciudad distinta, el negocio desaparece para ellos y la ciudad se desabastece de arroz. 

Es más, con los de fuera del municipio no se puede comerciar. No se puede ir al pueblo vecino a comprar nada porque nadie te lo vende. "Déme moneda legal, o déme oro, o pase la tarjeta, o lárguese". Llevado el ejemplo al extremo, se recurriría al trueque. Los locales con moneda local que nadie quiere irían al pueblo de al lado (los de al lado no se moverían porque si viajan con la mercancía a la ciudad con adas, echan gasóil en una estación de servicio, les cuesta 20 euros, pagan con un billete de 50 y les devuelven 30 adas de cambio están haciendo un negocio muy dudoso) a trocar cerámica por el ansiado arroz, o carne de pollo por bolígrafos .... o los pocos euros que queden circulando a cambio de papel donde imprimir adas. Qué ironía.


Hjalmar Schacht.


Superando completamente las dimensiones de este modesto artículo, y a sabiendas de que es injusto simplificar como lo voy a hacer, este proceso que he comentado es similar a lo que ocurrió con la economía del Tercer Reich. Salvando las tremendas distancias, es el mismo esquema. Los economistas alemanes urdieron una hábil ingeniería financiera basada en la emisión de una "moneda mala", los bonos Mefo (emitidos contra una empresa fantasma), con los que pagarían su ambicioso programa de rearme, obras públicas y ocupación de mano de obra. Con ese sistema, Alemania alcanzó el pleno empleo. ¡Pues claro! Es como si el ayuntamiento emite adas a lo loco y emplea a todos los parados en tareas más o menos útiles, más o menos absurdas. El problema es hasta cuándo. En estos casos siempre se reproduce el mismo patrón:

-La moneda mala expulsa a la buena. Así, Alemania perdió casi todas sus reservas de oro. Los bonos se quedaron en la economía doméstica y el oro comenzó a viajar fuera del país. Básicamente lo hizo a través de Suiza, con ayuda de banqueros no sólo suizos sino también useños e incluso el Banco de Inglaterra. Alemania hizo jardines, pero sobre todo lo que hizo fue rearmarse, expandiendo el Reich hacia territorios reivindicados como germánicos, una expansión que en realidad escondía una sed mortal de oro. Así, el oro austríaco y checo fue vehiculado por Suiza gracias a las maniobras de Montagu Norman, gobernador del citado Banco de Inglaterra. El oro arrebatado a los judíos fue convertido en lingotes y hecho circular por la pista suiza, con impresión falsificada (el oro exportado con posterioridad a septiembre de 1939 estaba sellado con una fecha anterior).

-Se recurre al trueque. Alemania comenzó a aplicar esa política con numerosos países de la escena internacional que no aceptaban bonos. Hasta la víspera de la Operación Barbarroja, la Urss envió materias primas al Reich, a cambio sobre todo de bienes de equipo. Es cierto, eso sí, que los alemanes aplicaron esa política de trueque con su proverbial eficacia germana, hasta el punto de alarmar a Inglaterra e introducir en su élite la idea de que era mejor negociar  con los alemanes antes de que les arrebatasen el mercado iberoamericano, dando ya por perdido el europeo continental (es poco sabido que el clan pacifista inglés promovió un consorcio angloalemán del carbón ¡a principios de 1939!, pero el clan belicista (I) tenía otros planes).

-El sistema colapsa o se expande más y más para absorber "moneda buena" (bienes y servicios). Eso segundo lo hizo Alemania (como dos mil años antes había hecho Roma), pero no puede hacerlo un municipio. O eso espero.



(I) - Joe Kennedy, padre de JFK y Bobby, hombre de negocios, productor de cine, amante de Gloria Swanson y muchos otros logros reseñables, fue asimismo embajador useño en el Reino Unido. Chamberlain, recién declarada la guerra contra Alemania, le confió a Kennedy que los ingleses "no podemos salvar a Polonia" y que el único recurso que les quedaba era "declarar una guerra de venganza que supondrá la destrucción de toda Europa". Según Kennedy, Chamberlain le confesó que había sido compelido a la guerra por "América y los judíos mundiales" (sic).


6 comentarios:

  1. Me encantan esta saga de artículos. Una lectura muy interesante. No obstante, no entiendo esta frase, que tal vez podrías explicarme:

    "¿no "mueve el mercado" también un particular que aflora moneda donde antes no la había y con ella puede comprar algo que antes se quedaría sin ser comprado?"

    No soy ducho en Economía por eso pondré un ejemplo de Bob Esponja para hacer ver mi argumento, si es que he entendido bien el artículo: un kilo de X (trigo, peras o lo que quieras), después de todo el arduo proceso de siembra, recolección, tratamiento y distribución resulta con un precio final, pongamos, 1€. Luego, un sujeto con la máquina de hacer dinero puede sacar todas las monedas de 1€ que quiera y comprar ese kilo de X (y todo el trabajo que hay detrás) con sólo pulsar un botón. Ok, hace mover esa mercancía y "activar" la economía... pero en la práctica lo que está haciendo es ROBAR trabajo a la par que contribuir a la inflación, y por tanto, joder al resto que no tiene la dichosa maquinita, ya que puede acaparar recursos sin una contraprestación de trabajo equivalente en el mundo real.
    No veo argumento aceptable a favor de la emisión de moneda sin respaldo (o la falsificación). Debería ser tratada como alta traición y penada en consecuencia.

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    1. Hola, no quería hacer entender que apruebo la falsificación de dinero XD Quería establecer una comparación entre un particular que elabora unos billetes sin haber hecho un trabajo -efectivamente .... salvo que se considere trabajo el acto de falsificar-, y una entidad -pública o del sector financiero- que hace lo mismo igualmente sin una creación previa de riqueza, con mucho más volumen de dinero emitido pero sin que nadie se escandalice.

      Si uno imprime 500 euros contribuye a la inflación. Pero ¿y quien anota en cuenta mil veces esa cantidad para prestarla? Si está prohibida la primera inflación, como es lógico, eso no debe significar que nos olvidemos de la segunda, mucho mayor. Y no digo que se prohíba, pero sí que se ate más en corto. Al fin y al cabo, nuestro mundo se basa (todavía) en el crédito.

      En cuanto al vendedor de peras, puede que le quedase ul kilo sin vender y gracias al euro falso podría colocárselo al falsificador y con ese euro afrontar otros pagos. No lo estoy justificando, sólo reflexionando sobre ello.

      Cuando tenga más tiempo respondo a tu otra cuestión. ¡Salud!

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    2. Pedro Varela en la conferencia "La derecha no puede vencer"(muy interesante por otra parte) explica exactamente lo mismo. El proceso de creación de moneda de los bancos centrales es basicamente una falsificación a gran escala.

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    3. Mira que Pedro Varela no es santo de mi devoción, por razones obvias, pero en algunos temas acierta. Así son las cosas :-)

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  2. A raíz de esta entrada, me ha dado por releer el resto de los artículos; ahora traigo a mención el de las drogas:

    Estoy completamente de acuerdo: allá donde hay una prohibición aflorará, se inflamará, como un hongo, todo el submundo dedicado a saltársela y viene a ser un clásico ejemplo del Estado-niñera que coarta la autonomía humana para "protegernos de nosotros mismos" (otro ejemplo es el puñetero cinturón de seguridad). La guerra contra las drogas es tan absurda como sería una guerra contra el agua.

    No obstante, me pregunto hasta qué punto esta vez si está justificado. Algunos puntos:

    1. Tu pones un mundo druídico ideal en plena sintonía con la naturaleza, cuando esta sociedad hedonista, autocomplaciente e indisciplinada está sintonizada con todo (TV, móvil, PC...) menos eso. En definitiva, el humano actual NO ESTÁ espiritual ni emocionalmente preparado para la liberalización de las drogas, como tampoco lo está para la tecnología ni otras muchas comodidades y avances de los que disfruta (el resultado ya lo estamos viendo).

    2. Se podría discutir que precisamente la liberalización es el primer paso para rearmar a la gente con la madurez y autonomía necesarias para que no se autodestruya; estamos tan acostumbrados a que nos digan qué debemos hacer... No obstante, eso sería un shock de consecuencias sociales casi impredecibles, probablemente negativas por lo dicho en el punto 1, y a ver quién paga luego los platos rotos. Creo que antes hay más trabajo que hacer en otros sentidos.

    2.1. Sirvan de ejemplo las pocas drogas que sí son legales: alcohol y tabaco. Fuente de problemas, enfermedad (y su subsiguiente carga a la SS), criminalidad (por su consumo), comportamientos subnormaloides e indignos que bajan el nivel de una sociedad y, en definitiva, malestar, causado única y exclusivamente por el USO IRRESPONSABLE que se hace de ellos.

    Insisto en que el punto aquí no es que se deba prohibir tal o cual cosa, supongo que es una consecuencia necesaria de un poquito de libertad en esta sociedad inmadura, sino ilustrar el punto 1. ¿Te imaginas si añadimos un estimulante como la cocaína?

    2.2. Como bien sabes, las drogas (quitando las sintéticas) son de origen vegetal, y son así como deberían ser ingeridas. Nadie se ha parado pensar las consecuencias del refinamiento y la purificación (no sé qué clase de valor iniciático o extático tiene un cigarrillo, la verdad) en todo este tinglado: si aumentas los efectos aumentas las consecuencias, para bien y para mal.

    3. Que, en cualquier caso, la liberalización debe ser un proceso gradual, con planes de contención, y con mucha mucha cabeza (y te reto a que me digas un político del panorama actual que pueda presumir de eso...). No tanto ya por las consecuencias de las drogas en sí sino de todo el tenderete montado alrededor. Nos encontraríamos con un excedente de policías, cárceles y todo ese aparato estatal y privado sostenido por el único pilar de que "las drogas son malas y hay que prohibirlas". Si derribamos éste de un mazazo, algo tan obeso no caerá como una pluma precisamente.


    Me gustaría saber tu opinión respecto a todo esto.
    Saludos.

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    1. A ver, estoy bastante de acuerdo, el proceso tendría que ser gradual. El mundo de la responsabilidad individual no se recupera así como así, llevará un tiempo y una adaptación.

      Ahora mismo la sociedad no está preparada, o eso me parece a mí, la sociedad española al menos. Ya son dos generaciones instruidas en el mito de la omnipotencia estatal, que lo garantiza todo. Las últimas declaraciones del gobernador del Banco de España acerca de la insostenibilidad a la larga de las pensiones si no se complementan con ahorro han sido tan mal recibidas por la clase política (en vez de agradecerlas, porque se supone que no dice lo que dice para hacer el mal), a pesar de que saben que tiene razón -igual que saben que el prohibicionismo es contraproducente-, que resulta obvio lo mucho que falta para que tengamos como pueblo una mentalidad adecuada. Si "nuestros" representantes se cierran así en banda, qué pensará el pueblo que les escucha en los medios.

      Con todo, si algún país le pone "el cascabel al gato", es posible que más países inicien tras él su transición hacia otro escenario de más libertad. Esa libertad supondrá un riesgo, pero ¿por cuánto tiempo lo vamos a posponer?

      La gente también tiene que pensar que todos los días tenemos cartones de vino a nuestro alcance en los súper e híper, muy baratos, con sólo estirar la mano, y no por eso tiramos nuestra vida por la borda. Los concentrados es algo distinto, sí, pero también los tenemos en el alcohol, los licores destilados. Y no porque estén a mano los cogemos.

      ¡Salud!

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