jueves, 22 de enero de 2015

Esperando a Arturo (y II)




-Primera parte aquí.


Con esta segunda parte concluye mi acercamiento personal al orbe artúrico, con comentario de elementos fundamentales, digresiones y conclusiones.



Fotograma de "Lancelot du Lac" (1974, Robert Bresson): Ginebra.

ELLAS

El elemento femenino es como mínimo igual de importante que el masculino en la saga artúrica. El rey Arturo, el mago Merlín y los caballeros personifican el gobierno sobre la realidad, su control por artes esotéricas, la fuerza de voluntad, el duro acero y la cruzada mientras que las mujeres de la saga dan a entender que la realidad posee un núcleo ingobernable, que el controlador puede ser controlado, que los grandes propósitos y designios pueden estrellarse estrepitosamente por motivos emocionales (como la pasión amorosa) y que el principio masculino, la espada, nace de lo telúrico-materno y vuelve a lo acuoso-femenino: así, Excálibur regresa a la Dama del Lago, de igual manera que Arturo ve caer su reino y Lanzarote su lealtad por el amor de Ginebra, y Merlín cae en desgracia por los manejos de Morgana y Viviana. El elemento masculino desea al femenino porque el amor humano es confluencia de opuestos en la que la pasión y el deseo juegan un papel desequilibrante. ¿Cuántos juramentos de amor y fidelidad se han venido abajo ante un mero cruce de miradas? ¿Cuántos sabios han perdido la cabeza y se han comportado como bufones cuando una hermosa joven les presta atención?

Mientras que las personalidades masculinas aparecen bastante nítidas en la Materia de Bretaña, las femeninas resultan más ambivalentes, lo que desde una perspectiva moralista han hecho equivaler a volubles pero pienso que su verdadera función va más allá. Lo femenino representa aquello que permanece, que es inaferrable a nuestra voluntad, que no podemos dominar. El agua como símbolo de lo femenino tiene sentido en la saga pues aunque el agua no es tan dura como la espada ésta se rompe y aquélla no. No se puede dominar el agua. Se puede embalsar y canalizar, como mucho. El agua representa las fuerzas del inconsciente, sin límites definidos, en constante cambio, amoldándose a cualquier forma, y representando la fertilidad. 

También lo femenino alberga un matiz precristiano. Es aquello que la evangelización se encontró al llegar a Gran Bretaña, una naturaleza verde y de gran hermosura, en la que parece flotar un indefinible halo féerico. Si Arturo y Merlín tienen antecedentes históricos, no pasa lo mismo con las mujeres, originarias de un sustrato folclórico previo en el que la ambivalencia es notoria. Así, hay hasta tres Ginebras en algunas leyendas, la Dama del Lago recibe nombres distintos en otras (puede ser Nimué o Viviana, lo que permite confundirla con la hechicera homónima) y también en otras Morgana se confunde con su hermana Morgause. 

Lo femenino tiene un tratamiento distinto según cuál sea la cultura medieval que lo verse. La visión del folclore popular y la juglaría, más cálida y versátil, no puede ser la misma que la del clero, aquellos monjes que copiaban amorosamente manuscritos y en la mayoría de los casos no habían visto de cerca a una mujer en su vida. Poco a poco, con la llegada del Renacimiento, los artistas aportan otra manera de ver a las mujeres, más idealizada. Son tiempos de recuperación del legado antiguo, de antropocentrismo y de avances técnicos que permiten una perfección estética imposible en el Medievo. Aquellos artistas no eran del pueblo, aunque pudieran proceder de él, sino que trabajaban para protectores y mecenas. En sus obras la mujer va adquiriendo un papel más bien frío y decorativo, con las rubias lánguidas y mofletonas de los maestros italianos como estandarte para la posteridad.

La apoteosis de esa frialdad se alcanzó en el siglo XIX, tanto en el continente (con los autores academicistas y pompiers, que se presentaban como parapeto ante los excesos de los románticos y las excentricidades de los nuevos estilos que iban surgiendo) como en Inglaterra. La época victoriana fue extraordinaria, pero aquel país regido por una dinastía alemana y sumido en la industrialización parecía perder las amarras con el fondo mágico y eterno de su pasado. Incluso convirtieron a Shakespeare en un clásico gélido. Pero el subconsciente inglés sólo estaba parcialmente dormido. Poco a poco empezó a protestar. Poco a poco también lo artúrico fue despojándose del marco académico cuadriculado en que lo habían encorsetado, arrojando sobre aquella sociedad pacata y alejada de la realidad algunos rayos de esperanza. Lo artúrico podía ser algo más que un signo de cultura o un emblema nacionalista. Podía ser también una forma de vivir. 

Los prerrafaelitas conectaron plenamente con ese espíritu. Antes de Rafael, antes de la perfección y de la petrificación de un estilo, latía un mundo henchido de hadas, santuarios, árboles milenarios, héroes y lugares de poder. Las rubias lánguidas fueron barridas por un nutrido repertorio de fascinantes pelirrojas que ya no eran meras figuras bonitas sino algo así como dueñas de mundos desconocidos, de sentimientos y saberes olvidados que deberíamos recuperar, de las palabras perdidas que duermen en nuestra sangre.



La bellísima joven inmortalizada en la Ofelia de John Everett Millais, aun sin referirse directamente a la saga artúrica (es un personaje shakespeariano), contiene todos los elementos necesarios, incluidos su origen gaélico y la comunión total con el marco natural (agua y flores, asociadas a la feminidad) en el que reposa. Da la impresión, por la disposición de sus manos y su mirada al infinito, de que está oficiando una ceremonia de tránsito hacia la plena integración con la naturaleza. Huelga decir que soy fan de la Hermandad Prerrafaelita.

Así, el elemento masculino pugnaría en la saga por afirmar su personalidad, por recortar su silueta en el horizonte, por sobresalir del marco natural, mientras que el femenino sugiere que esos empeños tarde o temprano vuelven a desdibujarse, a decaer y a reintegrarse en el ápeiron primigenio. Ambos elementos tienen la razón. Debemos erigir Camelot, pero sabemos que un día Camelot volverá a la tierra. Excálibur será forjada, para estar entre nosotros un tiempo y luego desaparecer como si nunca hubiera existido. Sí. Es nuestra naturaleza, nuestro yin y yang, debatirnos en esa tesitura. ¿Debemos apesadumbrarnos por ello, debemos abatir el rostro y pensar que no merece la pena la lucha en esta vida? ¿No ansiaríamos, instalados en esos oscuros pensamientos, el espaldarazo y las palabras de ánimo de un compañero de viaje?



Otro fotograma de "Lancelot du Lac" (1974, Robert Bresson). Así fue Europa.

COMPAÑEROS DE VIAJE

Arturo no está solo. Tiene a sus fieles hombres. Los caballeros de la Mesa Redonda constituyen una meritocracia. El que vale, vale. El valeroso, el noble, el austero, el piadoso, el compadecido, ése merecerá un asiento en la Mesa en que todos están a la misma altura. No importa si su extracción social es menesterosa, como en el caso de Perceval, que se crió y vivió en los bosques galeses hasta que en su pubertad vio a unos caballeros y sintió el intenso deseo de ser como ellos, o como Gareth o Beaumains, ayudante de cocina. El mismo Arturo, cuando arrancó la espada de la piedra, era un mero escudero. 

Pero eso no tiene nada de "progresista", pues estos caballeros intachables lo que en realidad hacen es sacar afuera lo que llevan dentro, manifestando con sus hazañas que provienen de linajes preclaros. Así pasa con Percival, hijo del rey Pelinor o de caballero según la leyenda, y pasa igualmente con Gareth, hijo del rey Lot, y con Arturo, de linaje Pendragón. Por tanto, el ropaje que nos queramos poner para disimular nuestra vileza y para aparentar más de lo que somos (el famoso "aunque la mona se vista de seda ....") no durará mucho, o no debería durar en una sociedad regida por un sistema perfecto como durante un tiempo fue el reino de Arturo, de igual manera que si la justicia cósmica se cumple el portador de sangre noble, aun cargado de harapos, dará un paso al frente y reclamará lo que por linaje le corresponde, y lo hará de manera natural, como el sol cuando sale por las mañanas. Lección sustanciosa para épocas de "tanto tienes, tanto vales".

La Mesa Redonda ofrece un paralelismo con la de la Última Cena de Jesús con sus apóstoles. No es el único parecido entre las figuras de Arturo y Jesucristo. Ambos funden elementos históricos venidos de personajes reales junto con otros elementos inequívocamente míticos, ambos nacen para ser reyes pero de un reino bastante peculiar, ambos surgen de una concepción no menos peculiar, ambos son prefigurados por anacoretas que después desaparecen del relato (Merlín y el Bautista), ambos son escondidos por su seguridad durante la infancia, ambos acceden a una existencia post-mortem en un lugar sobrenatural del que regresarán para poner orden en el mundo tras una agonía en que son socorridos por varias mujeres, y ambos son traicionados por alguien que se sienta cerca de ellos. Como es obvio, el ciclo del Santo Graal no hace sino reforzar esos paralelismos. Mordred sería el Judas de la saga. Su carácter de hijo incestuoso tiñe de reproche su rebelión contra el padre, como si no se tratase sólo de ser él rey sino también de ajustar las cuentas con su progenitor.

Los demás caballeros no son tan retorcidos, pero distan de ser perfectos. Sus flaquezas, a veces pequeñas y a veces bastante abultadas, sabotean sus buenos propósitos. Lanzarote, llamado del Lago porque fue criado por la Dama, es caballero irreprochable y rebosante de virtudes .... aunque su apasionamiento por Ginebra ayuda a conducir al reino a su desaparición. Galván, que guarda reminiscencias de cultos solares (su vigor es máximo durante el mediodía, quedándose sin fuerzas al llegar la noche), va adquiriendo más peso según la Materia se va desarrollando (será protagonista de un bello poema en el que aparece el Caballero Verde, honor que pocos amigos de Arturo han tenido), con una psicología compleja que aúna el gusto por el galanteo con el arrojo en la batalla. Según pasa el tiempo, más matices adquieren los personajes y más interesantes son.

Hay una excepción: sir Galahad. Es hijo de Lanzarote y de Elaine (no la hermanastra de Arturo: otro ejemplo de la ambivalencia de lo femenino), fruto de un engaño al igual que la concepción de Arturo: ella se disfraza de Ginebra y yace con el guerrero. Es criado por unos parientes y finalmente reconocido por Lanzarote, que se lo presenta al rey en la festividad de Pentecostés. El chaval Galahad se sienta en el citado asiento peligroso de la Mesa Redonda y no es fulminado. Ésa es señal de que de todos los caballeros él será el mejor y, con ello, el indicado para encontrar el Graal. Ahí donde Judas manchó con su presencia la mesa de la Última Cena y provocó el derramamiento de la sangre de Cristo, será Galahad el que repare ese daño cósmico, cerrando el círculo.

Galahad es el más extraño de todos los caballeros. Todos son valerosos, pero la heroicidad del hijo de Lanzarote se combina con una piedad excepcional y una castidad absoluta, hasta hacer de él alguien casi irreal, sobrehumano. Casi se diría que es un ángel, un enviado del Cielo al que corresponde devolver el Graal a la Cristiandad y que, una vez cumplida la misión, concluye la necesidad de su presencia entre nosotros, ascendiendo de nuevo al Cielo. El arquetipo de Galahad se ha colado subrepticiamente más de una vez en el imaginario artístico occidental, tal es su misterio.


En "Salvar al soldado Ryan" (1998, Steven Spielberg), que a su modo es una versión moderna de la búsqueda del Graal, el arquetipo de Galahad se cuela en la figura del tirador de élite Jackson, que parece no tener vida anterior, no se sabe nada de él, sólo vive para combatir, abate enemigos mientras recita salmos de David, cuando termina el combate simplemente se echa a dormir y uno no se lo imagina en la vida civil después de la guerra. Es "enviado al cielo" por un Tiger desde lo alto de un campanario. El aspecto casi albino del actor refuerza su condición de ángel terrible.


Conforme pasa el tiempo, el ideal se agota, por lo que necesita nuevas misiones, nuevos porqués para su existencia. No basta con la casta meritocrática de los caballeros rigiendo el destino y la paz del reino. Ante esa perspectiva estática, surge una misión dinámica que les obliga a dar lo mejor de ellos mismos, y ésa será encontrar el Santo Graal.


ARGONAUTAS CRISTIANOS

Supongo que todos conocéis el mito precristiano de los Argonautas, una selección de héroes que acompañó en la nave Argos a Jasón en busca del vellocino de oro, reminiscencia divina custodiada por un dragón (arquetipo reptiliano) y situada en la copa de una encina (como las apariciones de la Señora en Fátima) allá en la Cólquida (el granero de Atenas a efectos prácticos). Las expediciones en pos del Santo Graal recuperan la idea de misión sagrada, la camaradería entre guerreros, el espítu plus ultra que ha laureado los mejores momentos históricos de Europa y el viaje como aprendizaje. 

El Graal es una reliquia conectada con lo sobrenatural que a su modo se ha manifestado en numerosas culturas a lo largo de la Antigüedad (I). En un sentido cristiano, sería el cáliz en el que José de Arimatea recogió la preciosa sangre de Cristo. El Resucitado se apareció con posterioridad a José encomendándole que llevase ese cáliz hasta Bretaña, donde sería custodiado por un linaje de caballeros guardianes. El objeto es asociado o confundido con otros según la leyenda, siendo a veces identificado con una bandeja que alberga una hostia o con una piedra preciosa. También en la leyenda aparece la lanza que hirió a Cristo en el costado. Casi todo parece haber sido dicho ya sobre el Graal, que encontró en tierras gaélicas un sustrato cultural apropiado. Pensemos en el dios céltico Dagda, que tenía un recipiente mágico, un caldero de contenido inagotable que podría alimentar a todos los hombres (recuerda a la multiplicación crística de panes y peces), y en otro dios llamada Manannán que le entrega al rey Cormac un singular cáliz que se rompe si alguien miente en su presencia y se recompone si reconoce la verdad (recuerda a la prohibición también crística de no mentir). Es un ejemplo perfecto de polinización cruzada cultural. 

Dos aspectos a mi entender muy interesantes respecto del Graal. El primero es que el héroe pagano (vgr. Jasón entre otros ejemplos) ganaba ese tesoro mágico para sí, mientras que el héroe cristiano gana el Graal para el reino, para la comunidad, para todos. Y el segundo es que hay semejanzas entre el Graal y la carne de los héroes. En el relato galés de Perceval, el Graal es una cabeza humana (posible recuerdo de ceremonias paganas de libación en que un cráneo se usaba como copa). Y existe una relación entre el Graal, el Rey Pescador / Rey Herido y el reino de éste, convertido en un páramo estéril. Es como si las heridas o la postración física del rey custodio del Cáliz supusiesen como consecuencia la ruina del reino, algo en consonancia con la lectura política monárquica de la leyenda artúrica, o se produjesen a la vez por un enigmático designio. La salud del rey es la salud del reino. La postración del rey es ruina para el reino. 

Es como si el rey custodio hubiese somatizado las heridas que están simbolizadas en el Graal, como si estuviera compartiendo la Pasión de Cristo en su propia carne, pagando así el honor de defender la reliquia. Una lectura mística nos llevaría a entender que el Graal significa que las heridas de Cristo en favor de la salvación de la humanidad siguen sangrando continuamente, también ahora, en este momento. De ese mismo modo, al igual que no podemos esperar que vivir entre barras de plutonio no nos pase factura, así la radiación mística del Graal también deja su impronta en las llagas del rey custodio, que no sólo defiende la reliquia de Cristo sino que asimismo se identifica con Él. El folclore inglés recogió ese paralelismo en la bella canción Corpus Christi Carol (II).

Hay otro punto en que la saga artúrica y la crística se parecen mucho: el cine no les ha hecho justicia. Las películas realmente buenas sobre Jesucristo se cuentan con los dedos de una mano y me temo que sobran dedos. Con Arturo pasa igual. De vez en cuando Hollywood suelta alguna basura sobre la Materia de Bretaña (III), ofendiendo a Europa y a nuestra tradición, pero en otros países tampoco ha sido demasiado brillante el resultado, quizá porque pilla un poco de refilón si no eres británico, o francés. El cine galo nos dio dos clásicos setenteros, el austero "Lancelot du Lac" de Bresson y el gafapástico pero ameno "Perceval le Gallois" (1978) de Eric Rohmer. Por parte británica, John Boorman hizo una amalgama de elementos variados para su "Excálibur" (1981), film en el que hay cosas portentosas junto con otras algo más endebles pero que a la vista del vacío sobre el tema puede pasar por la obra canónica sobre lo artúrico en pantalla. Boorman se implicó en la tarea, incluso familiarmente (su hija Katrina hace de Igraín, y su hijo Charley es Mordred de crío), haciendo hincapié en los contenidos místicos. Debo reconocer que, defectos aparte, debo al film de Boorman mi afición a lo artúrico. La vi con once años, y su violencia gráfica se me clavó en el cerebro. Me pasé meses dibujando ilustraciones inspiradas en ella. Pesadas armaduras, yelmos con bichos mitológicos, espadas, barro, sangre y leyenda.



 Mirada gaélica proyectada al porvenir.

CONCLUSIÓN

Europa entera está ahora esperando a Arturo. Cada centímetro cuadrado de suelo europeo le invoca. Todos los que no tengáis el entendimiento nublado por la Mátrix de los medios, esa nueva religión con sus sacerdotes (marcadores de tendencias y bustos parlantes), sus templos (los centros comerciales) y su dogma (la corrección política), todos los que no estéis embaucados por el ir y venir de esos pontífices sin duda habréis notado que no nos dirigimos a ninguna plácida Arcadia sino a un panorama sombrío de enfrentamientos, escasez y recuperación de la identidad perdida.

Arturo nació como hombre, y como hombre murió. Entonces nació Arturo como mito, y como mito no ha muerto sino que se ha transformado. El paladín de la causa bretona contra los anglosajones, de la pervivencia del alma gaélica sobreviviendo a Cromwell, a la reina Victoria y a la City es ahora más amplio, parece interpelar a todo un orbe cultural europeo que siente lo artúrico como propio y que en las guerras del futuro necesitará mitos y leyendas no tanto para seguir recordando el pasado sino por encima de todo para merecer habitar el futuro. El presente es ahora brumoso. No obstante, de brumas como las de Avalón se nos prometió que Arturo, una vez repuesto de sus heridas, regresaría.

Mi bisabuelo me decía que cuando Dios viniese a llevarle, que le encontrase trabajando. Con casi noventa años y prácticamente ciego, aún cuidaba su huertita como podía. Cuando Arturo regrese, que os encuentre con el corazón limpio y el ideal sin rasguños. Va a hacer falta.




(I) - Dada la amplitud del asunto, recomiendo la lectura de este gran ensayo sobre la recurrencia del Graal en la cultura premoderna.

(II) - Esta balada ha conocido infinidad de versiones, populares y cultas. Personalmente me gusta mucho la del "beltenebros" Jeff Buckley, quien al igual que Arturo también atravesó las aguas para hacerse inmortal: se ahogó voluntariamente en el Missisippi durante las sesiones de grabación de su segundo disco.

(III) - Con todo, hay un film destinado al público juvenil y llamado "Un mundo a su medida" (1998, Peter Chelsom), sobre la amistad entre un niño muy inteligente pero al que le queda poco tiempo de vida y otro niño grandote al que todos toman por retrasado, que sin ser ninguna maravilla ni mucho menos sí alberga algo de idealismo artúrico, y que pudiera ser inspirador para espectadores de tierna edad.





9 comentarios:

  1. Se ve interesante el articulo, lo voy a leer con paciencia.

    Sobre Merlin, algo leí una vez que dicho mago podría haber sido algún druida celta o en todo caso, un personaje que hunde sus raíces en la época pre cristiana, ¿conoces algo al respecto?

    Gabriel

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  2. Hola, Gabriel. Es verdad que existe la hipótesis de Merlín (Myrddin: se aliteró la "d" por "l" para evitar la cacofonía) como un único personaje, un sacerdote-druida que vendría a ser paladín de la pervivencia de los antiguos cultos paganos, un Galdalf previo a la evangelización. Según parece de eso va "The quest for Merlin", un libro de Nikolai Tolstoy de hace unos treinta años en que al parecer (no lo he leído) lo identifica con el Myrddin que enloquece en la batalla de Arfderydd, con lo que echa más leña al fuego del envenenado debate paganismo vs. cristianismo. Incluso tengo entendido que Tolstoy aventura hasta el bosque donde el nigromante se refugió.

    No he leído el libro (ha sido muy criticado por los especialistas), pero conozco sus tesis básicas. Obviamente estoy hablando desde mi punto de vista de aficionado a la historia. En mi opinión creo que esa tesis está equivocada, por tres razones:

    -A nivel de arquetipo, lo que representa Merlín ya existía en tiempos precristianos, un digamos "profesional de lo paranormal" que también sería médico y consejero, pero no hay un único Merlín histórico sino varios, como mínimo media docena. Y eso se debe, creo, a que "Merlín" no es nombre de pila sino una especie de título, como "césar" o "dux". Es decir, quien fuese bardo + curandero + asesor estratégico, y de ésos saldrían a montones, podría ganarse para la posteridad el rango de Merlín, y de ellos los habría paganos y después cristianos (mal cristianizados, puede ser, pero los reyes solían cristianizarse de un modo relativamente rápido, y para ascender socialmente hasta comerles la oreja habría que bautizarse).

    -Si Merlín-Galdalf hubiera existido como líder pagano irredento, la historia eclesiástica (y con ello los copistas que dejaban por escrito los relatos artúricos) lo habría presentado como un monstruo integral, un mal bicho. Por mucho menos Mordred ha quedado como tal por siempre. Pero en el ciclo artúrico Merlín, aunque personaje oscuro y con trasfondo enigmático, siempre rema en favor del rey cristiano. La leyenda que le hace "hijo del Demonio" puede deberse (digo puede) a un error de interpretación.

    -Arfderydd se libró en el 573, una fecha muy muy tardía, en la que el pueblo bretón estaba cristianizado y posiblemente ya varios caudillos nórdicos también lo estaban. La entraña nacionalista del mito artúrico muestra la resistencia cristiana a una repaganización, y no al revés.

    ¡Salud! Y gracias por intervenir.

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  3. merlin creo que es una fabula el mago merlin es una de tantas figuras mitologicas que aparecen en la historia de la raza humana el hombre es dado a fantasear e inventar toda clase de fabulas hombre lupa gardner tu que eres tan versado en todos los temas debias de hablarnos mas de las figuras mitologicas que aparecen en todas las edades

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  4. No niego que Merlín como nos ha llegado hasta hoy sea una figura legendaria. Pero su contenido no puede ser más real. Es el arquetipo del Sabio que legitima una dinastía, ejerce de aguafiestas, es desoído y abandona un mundo que tal vez no merezca tantos desvelos por su parte. Y pasa a ser un Señor de las Bestias en lo hondo del bosque, allí donde los hombres no pueden sobrevivir si no se convierten en gnomos o lobos, allí donde se enhebran los mayores misterios, allí donde desaparece la línea recta y se pierde la razón. Es también profeta y místico.

    Sí, el hombre fantasea e inventa. El hombre se deja la cabeza en las nubes. Lo hizo antes y lo hace ahora. Y lo seguirá haciendo, sin duda, sea él o sea Wall-E empaquetando las miserias que hemos dejado cuando cambiamos unos sueños por otros. Todas las edades tienen, cierto, figuras mitológicas. A veces me regocijo recordando las mitologías pasadas. Pero por lo general presto más atención a los mitos modernos que el californismo nos inocula en la sesera. Los mitos actuales son tan míticos como los antiguos, pero ni unos ni otros son falsos. Un mito no es falso. Es ahistórico, no se data. Pero es rigurosamente real.

    Sólo que cada época tiende a ensalzar y pringar de olíbano sus mitos olvidándose de los mitos antiguos, pretendiendo que sus mitos actuales son más reales y más merecedores de alabanza. ¿Creer nosotros, humanos del siglo XXI, que una joven fue fecundada por la Divinidad y que su hijo resucitó y regresará? ¿O que un héroe realizó doce trabajos sobrehumanos, otro decapitó a una gorgona y otro atravesó el laberinto del Minotauro? ¿O que otro voló tan alto que el sol derritió sus alas aseguradas con cera? ¿O que Galahad alcanzó a ver el Graal y Arturo reposa en Avalón? ¿Pero cómo vamos a ser tan premodernos / atrasados / irracionales para creernos esos mitos?

    Nosotros, los humanos que machacamos el planeta en número de 7200 millones comiendo, cagando, meando, esparciendo plástico, extinguiendo hermosos animales, paseando nuestra cara de pasmo por los centros comerciales, alisando superficies de hormigón, despilfarrando petróleo y quemando gas como si no hubiera un mañana, nosotros no podemos creer esos viejos mitos. No. Nosotros nos creemos que un inadaptado a la naturaleza que se pasa todo el día entre cuatro paredes viendo porno a golpe de click es la cumbre de la evolución de las especies. Nosotros nos creemos que las toneladas de basura que producimos permanentemente desaparecen por arte de magia. Nos creemos que el "estado del bienestar" es algo que nos merecemos, que es sostenible sin hijos, sin cotizaciones y sin petróleo, y que antes de eso la vida no existía. Nos creemos que un tercio de la información que nos llega debe versar sobre CR7 y Messi. Nos creemos que las opiniones de algún actor y/o famoso sobre el tema que sea valen más que las de un especialista. Nos creemos que la tecnología proveerá para solucionárnoslo todo.

    Toda época tiene sus mitologías. Y yo me pregunto si las nuestras, las de hoy, sirven para inspirarnos (ahora que no escribimos grandes novelas ni pintamos grandes cuadros) o para darnos gato por liebre. ¡Salud!

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  5. Un viajero de autocar incrustándose los auriculares para seguir escuchando la "Sinfonía alpina" de Strauss, "Los planetas" de Holst o el "Réquiem" de Fauré y que no le llegue el estruendo del reggaetón (una moda que ya está durando demasiado) que programa el conductor del vehículo, vehículo que bordea desfiladeros y caminos de cabras amenazando con caerse, así me siento yo. Sin Arturo ni Merlín estaría un poco más desvalido. Serían como un cinturón de seguridad si hay topetazo (si nos despeñamos ya es otra cosa, pero no nos pongamos en lo peor), como esos cinturones verdes que los caballeros se ceñían en recuerdo de la aventura del Caballero Verde.

    El mito sirve al pueblo. Es la nube que defiende al núcleo, nube que el propio núcleo genera para su supervivencia primero, para su soberanía después y para su prosperidad si es posible. ¿Los mitos actuales sirven al pueblo o sirven sólo determinados intereses? Ojo, no es que los mitos antiguos sean todos 100% benéficos. A veces se convierten en callejones sin salida en el sentido cultural y antropológico, como en "Apocalypto" y el propósito de renovar una sociedad elefantiásica que lo ha agostado todo a su alrededor, de darle un nuevo comienzo fertilizante, a base de arrancar corazones con puñales de obsidiana a mayor gloria de una castuza de aspecto alienígena. Arturo y Merlín son como, por ejemplo, Hércules o Ulises, mitos (con posible fondo real) de sociedades que tiran hacia arriba. Porque son mitos de búsqueda, de aventura, de odisea (nunca mejor dicho), como en "Ciudadano Kane" en que lo realmente sabroso era la indagación del significado de "Rosebud" y no lo que significaba en realidad, que eso es cosa personal de uno de esos oscuros magnates que nos gobiernan sin que lo sepamos y que sólo entrevemos alguna vez, ya ancianos, en la rosaleda de su Xanadú.

    El hombre es explorador. Si alimenta mitos aventureros, su sociedad podrá crecer. Si sus mitos son consumistas, es una sociedad que se dirige a su fin. Escuchad lo que os digo, soy demócrata pero eso de proclamar "la expansión de la democracia" como si fuese una fórmula publicitaria también esconde un mito. Cuando los hidrocarburos se vayan agotando y los países productores decidan dedicarse la mayor parte de su declinante extracción a ellos mismos, algo les pasará, algo ocurrirá, movimientos, primaveras, contestación social y finalmente guerra e intervención cuyo corolario será que su hidrocarburo en vez de ir a su pueblo irá a seguir manteniendo la decadente fiesta occidental. Pero ya tendremos mitos para justificarlo mientras el autocar enfila otra sinuosa vereda con el abismo de fondo.

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  6. Lo pongo porque merece la pena. Con motivo del estreno de "El imperio contraataca" (1980, Irvin Keshner), esa maravilla de cine soñador y aventurero que sigue siendo -lamento mi poca originalidad- la mejor entrega de la saga Star Wars, antes de la peli se proyectaba (en Usa, UK, países escandinavos, Australia, alguno más) un cortometraje llamado "Black angel", baratillo y de temática medieval. Bien, pues ese corto se daba por perdido hasta que un archivero se lo encontró y ahora está disponible en YouTube, por un mes:

    https://www.youtube.com/watch?v=5L8pHKP-vv4

    Lo rodó Roger Christian, brillante colaborador de George Lucas. Su cercanía con los californistas (refrendada cuando años después rodó aquel bodrio "Campo de batalla: la Tierra" a mayor gloria de la californista Cienciología y de Ron Hubbard) le permitió rodar "Black angel" con unos 20000 dólares de la época que le regaló Lucas, unos pocos actores y unos escenarios escoceses que sólo pueden calificarse como ACOJONANTES.

    John Boorman, antes de rodar "Excálibur", le proyectó al equipo de rodaje una copia de "Black angel" para que vieran por dónde iban los tiros de la idea boormaniana, que era similar a la christianiana: la magia en comunión plena con la naturaleza. El mismo Christian confesó que por entonces estaba muy colgado del cine de Andrei Tarkovski. Su beneficiosa influencia se nota en las imágenes.

    Que cada uno la disfrute a su aire. ¡Salud!

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    1. Gracias por esta curiosidad cinéfila. Parece que está rodado en Escocia. Eso es lo que dice el IMDB, y es lo que me parecía a primera vista.

      Yo soy un gran admirador de la película de Boorman, y tuve la ocasión de visitar en Irlanda algunos de los lugares donde se rodó la película "Excalibur". Fue una sensación extraña, como si estuviera fuera del tiempo.

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  7. Insisto en lo mal que ha tratado el cine a la Materia de Bretaña. Estuve viendo, no la terminé, la clásica "Los caballeros de la Tabla Redonda" (1953, Richard Thorpe), qué rollo.

    Tiene razón José María Latorre cuando habla de la peli en su libro "La vuelta al mundo en 80 aventuras", que la Metro (para la que trabajaba Thorpe) quería replicar a la Fox con otra peli en Scope, la Fox se había adelantado con "La túnica sagrada" y la Metro no quería ser menos. Recurrió a uno de sus directores de confianza y la rodaron en Inglaterra, en los estudios Elstree y en exteriores, creo que se ve el castillo Tintagel en algún momento.

    Estática, plana, sin emoción, sin relieve, sin desgarro. Nada. Thorpe practicando con la pantalla Scope consiguiendo que su cine fuese tan envarado como de costumbre o más. Nada de espíritu. Me parece imperdonable. Lances amorosos aburridísimos, un acartonado Robert Taylor haciendo de galán poco creíble y de guerrero de pega, el rey Arturo casi sin peso dramático, Merlín convertido en una especie de cura enredador, Mordred y Morgana poniendo en plano medio continuas caras de "hum, cuánto conspiro", Ava Gardner como la Ginebra más cupletista que uno pudiera imaginar, lances de cetrería mal trucados, matte-paintings desvaídos, y en general menos chispa que un notario en coma.

    Pero al final es así, los estudios siempre prefieren a un "yes man" antes que a un cineasta con personalidad cuando hay que probar cosas. Gente con la fuerza narrativa y el sentido trágico de un William Wellman o un Raoul Walsh, o con la calidad estilística de un Jacques Tourneur o un Michael Curtiz, o por lo menos con la gracia coreográfica de un George Sidney o con el desmelene de un DeMille, lo habrían hecho mucho mejor.

    En el libro de Latorre se comenta que los useños para recrear el Medievo europeo tenían que recurrir a patrones del Western. No estoy muy seguro de eso. Gente como los citados Tourneur y Curtiz eran europeos, y los mismos capitostes hollywoodienses eran casi todos judíos venidos de tierras eslavas. Simplemente, el tema no estaba bien currado. Ni contenido místico ni esotérico, ni apuntes sociales sobre cómo vivían las gentes ni la miseria del pueblo llano, ni variaciones sobre arquetipos como el culto trovadoresco a la Dama .... Nada. Pasa igual con las pelis dedicadas a Jesús. Mordred traiciona como lo hace Judas, porque lo exige el guión. Lanzarote se enamora, Morgana enreda .... lo de siempre expuesto como siempre. A veces se nos dice que "ya no se hacen películas como antes" y en algunos casos como éste es para celebrarlo.

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  8. Otro ejemplo, recordado recientemente. En 1979 la Disney hizo una peli que aquí fue estrenada al año siguiente como "Un astronauta en la corte del rey Arturo", que aunque el prota useño viaja al pasado y tal en realidad no es una adaptación de la novela de Mark Twain. Luego la Disney hizo otra, en 1995. No he visto la segunda pero sí la primera (no entera, como se está convirtiendo en costumbre para mí), y es un bodrio total, una especie de comedia histórica "desmitificadora" más mala que la carne de pescuezo.

    Tiene un arranque de ciencia-ficción, con un ingeniero que fabrica un doble robótico de sí mismo y los dos viajan al pasado por un accidente en el transbordador, que arranca por una tormenta. Pero se nota que la Disney no se tomó en serio la peli, incluso las comedias se tienen que tomar en serio, los efectos son ridículos, las maquetas parecen juguetes como en los seriales japoneses. Pecado de lesa majestad cuando la misma Disney en ese mismo año estrenaba una peli tan currada como "El abismo negro" (para la que crearon su propio departamento de FX, con logros notables). En cuanto a Camelot, la ambientación, los personajes, todo está al mismo nivel que la que hizo Martin Lawrence, lo mismo lo mismo.

    El prota es Dennis Dugan, actualmente el director de confianza de los vehículos para Adam Sandler. Supongo que eso explica todo.

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