domingo, 14 de diciembre de 2014

Esperando a Arturo (I)




Jorge Luis Borges publicó El oro de los tigres en 1972. De apariencia muy modesta, es una lectura breve pero gratificante, que contiene entre otros fragmentos una prosa poética llamada Hengist quiere hombres. Ese Hengist era un caudillo bárbaro, citado en el poema Beowulf y en un fragmento igualmente épico de otro poema perdido, en los que se alude a una batalla, Finnsburg, librada en suelo frisio a mediados del siglo 450. Pero en el texto borgiano ese Hengist llega a Inglaterra, no llamada aún así, desde el corazón de un bosque nórdico poblado de lobos y de Mal, seguido por hombres rudos y obedientes, para destruirla. Pero tras Hengist llegará la otra Inglaterra, la de Shakespeare, Milton y Nelson, la Inglaterra civilizada. Borges sugiere que toda civilización precisa de un arranque violento, destructivo, tras el cual los elementos favorecedores de un renacimiento se van asentando y floreciendo con el tiempo. ¿Era este Hengist cantado en los poemas el mismo que arribó a la isla de Gran Bretaña?

Si bien fue Julio César el que hizo las primeras incursiones significativas en la isla, hasta el emperador Claudio no se convirtió Britania en provincia romana. Como es sabido, los romanos limitaron sus genocidios, saqueos y esclavismos al sur de la isla, dando por inconquistable el norte y estableciendo un limes entre la presunta civilización y la presunta barbarie, el llamado muro de Adriano. Si bien con posterioridad se dispuso otro más al norte, el muro de Antonino, éste se abandonó quedando el de Adriano como parapeto separador de mundos. Hacia el año 410, coincidiendo con la virulenta entrada de Alarico en Roma (I), los romanos levantan el campamento y dan por concluida su innecesaria y nunca solicitada presencia en Gran Bretaña. A partir de entonces el país se libera de un aparato burocrático muy denso y vampírico cuyo efecto colateral era la generación de textos escritos: escasean las fuentes históricas, sustituidas por la tradición oral y las leyendas, lo que hizo pensar a los estetas renacentistas, con Petrarca a la cabeza, que comenzaban unas Dark Ages para Europa en general y, para lo que atiende a este relato, para Bretaña en particular. Atrás dejaban los romanos a pueblos bretones más o menos romanizados, refinados, buenos mercaderes y algo anárquicos. La idea de un poder centralizado había desaparecido, al menos de momento.

Los bretones tenían vecinos ciertamente incómodos: piratas irlandeses, los pictos del norte de la isla y pueblos nórdicos germánicos y escandinavos procedentes básicamente de lo que hoy es Dinamarca y la Alemania costera: sajones, anglos y jutos. Estos pueblos fueron arribando poco a poco, como espaldas mojadas de la época, sin armar ruido, estableciéndose sobre todo al sur de la isla desde los acantilados de Portus Dubris -Dover, llave geopolítica del país- hasta la isla de Wight. No inquietaron gran cosa a los moradores bretones, según parece, pues éstos enfocaban su preocupación hacia los indómitos guerreros pictos. Con el tiempo, esos pueblos nórdicos cruzarían el mar en masa, trasladándose casi enteros a suelo bretón. Donde había un pueblo nos encontraremos con dos.


Autora: Julia Margaret Cameron. Niña gaélica (Rachel Gurney) y mujer anglosajona (Julia Jackson, sobrina de la fotógrafa). Los dos pueblos que conformaron el alma británica.


Para adentrarse en las Dark Ages, un texto que ha sido clave desde siempre es la Crónica Anglosajona, joya de la lengua inglesa y recopilación de anales realizada de manera sistemática hacia finales del siglo IX en varios monasterios a raíz del deseo de Alfredo el Grande, aquel magnífico rey, de tener una historia ordenada de la isla. Pero el pionero fue sin duda el monje benedictino Beda (672-735), llamado el Venerable (II), autor de una crónica del país, la Historia ecclesiastica gentis Anglorum, desde Julio César hasta poco antes de la muerte del historiador, caracterizada por una notable erudición -se le atribuye a Beda el empleo de las primeras notas a pie de página-. Tanto una como la otra fuente confluyen en la preocupación de un caudillo bretón llamado Vortigern -"gran príncipe"- ante las incursiones de los pictos. Vortigern decide recurrir a los inmigrantes nórdicos para atajar el problema, contratándolos como mercenarios. Los caciques de aquellos mercenarios se llamaban Hengist y Horsa. Estamos en el año 449.

Hengist y Horsa arriban a Ypwinesfleot -en el valle de Ebbsfleet, hoy Kent- para echar un cable a los bretones. Pero un día las relaciones entre aliados se agriaron. Quizá Vortigern no cumplió lo acordado, o puede que no se fiara de sus traicioneros compañeros de armas -es sabido que los vikingos, inspirados por dioses picaruelos, no solían respetar la palabra dada-; sea como fuere. Los anglos se aliaron con los pictos bajando desde el norte, mientras los jutos y sajones afluían desde el sudeste, buscando al príncipe bretón. En el 455 chocaron en una misteriosa batalla, Aylesford, que no decidió la guerra aunque en ella sucumbió Horsa. En el 457 una segunda batalla en Crecganford -hoy Crayford- selló la suerte del país: Vortigern fue derrotado y con él se perdió, al menos temporalmente, la causa bretona. Su gente emigró a otros lugares. Uno de esos lugares fue Iberia, concretamente en la costa septentrional de la Gallaecia, por el litoral lucense y asturiano (III). Desde entonces el país no es Bretaña sino Inglaterra, tierra de anglos. Y comienza a reinar la oscuridad.

Para la historia de la invasión Beda bebe de otra fuente eclesial, concretamente de otro monje, Gildas el Sabio. El tal Gildas, del siglo VI (c. 500-c. 570), vigoroso reformador eclesiástico y látigo de corruptos de la época, en su sermón De excidio et conquestu Britaniae no deja títere con cabeza, arremetiendo contra reyes y religiosos, acusándoles de la ruina del país por haber desoído la voz de la Providencia. También cita a un tal Ambrosius Aurelianus, galés, también conocido como Emrys el Líder -"Gwledig"-, y que vendría a ser una especie de romano tardío, descendiente de purpurados que fueron asesinados y que quizás por seguridad se rodeó de un halo enigmático. El caso es que al parecer ese Ambrosius o Emrys, que se presta a confusiones con otros oscuros caudillos de la época, tuvo la iniciativa de procurar un resurgimiento de las gentes bretonas, iniciativa coronada con sucesivos éxitos, pues los bretones derrotan a los anglosajones en una docena de enfrentamientos, siendo el más notable y simbólico el decimosegundo, en Mount Badon, contra las tropas del sajón Aelio de Sussex. La fecha según Gildas y Beda es dudosa, pues el primero la aproxima al año 500 mientras que el segundo la ubica en tiempos del emperador bizantino Zenón Isáurico, por lo que todo lo más tardar sería en el 491. Sea como fuere, nos encontramos con un movimiento pujante de resistencia y con un líder, aunque no se especifica si guió él las tropas bretonas en el combate.

Una nueva fuente a aportar es la Historia brittonum, redactada hacia el año 828 y atribuida tradicionalmente a un monje llamado Nennio, aunque al parecer fue sólo un copista. En la obra se le da nombre a las doce batallas en las que los bretones doblegaron a los sajones, desde la de la desembocadura del río Glein hasta la ya citada de Mount Badon. También da el nombre del comandante del ejército bretón en las doce batallas: Arturo.

El lector se pregunta quién era ese Arturo, al que la fuente inviste de poderes heroicos pues en Mount Badon él solo mata a novecientos sesenta sajones. No era un rey, pues en todo caso ese título más o menos provisional le debería corresponder a Emrys, sino lo que en la cultura inglesa se denomina un dux bellorum, un warlord, un señor de la guerra, un gran conductor de tropas sin rango de soberano pero en condiciones de desempeñarlo puntualmente e incluso, en virtud de su ascendiente sobre las tropas y las gentes, de usurparlo. La difícil tesitura de los bretones en aquella época le añadió a esa figura una dimensión extra, la de hombre providencial, de héroe que en un duro trance aparece en el campo de batalla, armado con una Wunderwaffe que zanja el combate y nimbado por la profecía de un mago visionario que abandona su retiro en lo agreste del bosque impenetrable para transmitir la buena nueva e investir al héroe de legitimidad. Eso sí, Excálibur y Merlín aún no están asociados al Arturo histórico.

En ese Arturo latiría la esperanza de un pueblo bretón sobrepasado por la situación. Igualmente hay que tener en cuanta una segunda esperanza no menos importante: la supervivencia de la civilización cristiana que se había establecido en la isla, ante el empuje de los idólatras. Nennio no lo dice pero durante aquella tremenda batalla de Mount Badon el señor de la guerra Arthur portavit crucem Domini Nostri Iesu Christi tribus diebus et tribus noctibus in humeros suos: durante tres días y tres noches que se antojaron interminables Arturo llevó sobre sus exigidos hombros la Cruz. El simbolismo cruzado aparece por primera vez y no desaparecerá ya. Arturo pasa a nuestro imaginario europeo como un titán cargado con un peso terrible, casi sobrehumano. Conviene retener esta imagen para comprender mejor el mito y sus ecos.


Fotograma de la ya clásica "Excalibur" (1981, John Boorman), rica en simbolismos. La composición del plano parece dar a entender que Arturo está "cargando" con Cristo, echando sobre sí una dura y exigente misión.

El texto en latín proviene de una cronología recopilada presumiblemente en la segunda mitad del siglo X, que recoge de modo lapidario los acontecimientos más notables de la isla, haciendo especial hincapié en Gales: por eso son llamados Annales Cambriae o Anales de Gales. Arranca la cronología desde el año 447 y termina en el 954 reseñando la muerte del rey Rhodri. El año de la cita de la batalla artúrica es el 516. 

Arturo es citado nuevamente en la reseña del año 537 (IV). En ella se dice telegráficamente que hubo una batalla en Camlann, en la que mueren Arturo y Medraut, y se produce una gran mortandad en Bretaña e Irlanda. Me resulta difícil no emocionarme al llegar a este punto. En ese año comienzan de verdad las Dark Ages en la isla. Imagino que la gente de la época lo viviría como una especie de Apocalipsis. Se rompen los lazos con la civilización clásica y se extiende la oscuridad, en cuyo seno los europeos de entonces tejerían el tapiz de las leyendas y los anhelos. Medraut es posiblemente el Mordred que el Arturo legendario tuvo con su hermanastra Morgause, y la mortandad tal vez sea una plaga. Recordemos que pocos años después se extendió por el mundo civilizado de la época la famosa Plaga de Justiniano (541-543), favorecida por la notable extensión de su imperio, que no estuvo lejos de tomar todo el litoral mediterráneo. ¿Se trataba del mismo macabro evento?

Muere el Arturo histórico y nace el Arturo de la leyenda. En la obra atribuida a Nennio se añadieron unos apéndices llamados Mirabilia que relatan dos historias de Arturo que tienen ya todo el sabor de lo legendario: la caza del jabalí mágico Troynt por Arturo y su perro Cabal (cuyas huellas quedaron impresas en la roca) y la tumba de Anir, hijo de Arturo (el mismo caudillo le mató y le enterró en una tumba que varía continuamente su largo, de seis hasta quince pies). Hay una referencia de pasada a Arturo como paradigma de gran guerrero en el poema gaélico Y Gododdin, de datación dudosa aunque quizá se remonte a finales del siglo VI, en el que se canta elegíacamente a los grandes guerreros bretones que lucharon contra unos anglos numéricamente muy superiores y que perdieron la vida en el empeño. Por tanto, visto lo visto, puede decirse que a partir del 537 tenemos que dar un salto hacia la leyenda. Hacia allí nos vamos a dirigir. Y siempre que se penetra en el mundo de lo legendario, nuestra intuición y nuestros sentidos más amortiguados por el paso de los días que para el somnoliento urbanita de hoy parecen todos el mismo día deben despertar, deben aguzarse, deben orientar su capacidad de orientación y búsqueda para así poder sintonizar con los elementos del acervo mítico que yacen y se entrevén dentro del imaginario de nuestro pueblo (porque es la Materia de Bretaña pero a su modo lo es de toda Europa).

La misma etimología del nombre Arturo no es pacífica. La raíz "arth" hace referencia a un animal bastante propicio para generar mítica: el oso. Nombres con ese étimo se hicieron comunes tanto en Inglaterra como en Irlanda durante aquellos siglos. Arturo, Arth-gwr, significaría posiblemente "oso valiente" o "héroe-oso", entre otras acepciones. Hubo una hipótesis que hacía derivar a Arturo de un origen romano y del gentilicio Artorius, el prefecto Lucio Artorio Casto, militar romano que habría conducido una legión por tierras armoricanas en el siglo II, muy lejos en el tiempo (V); otra quiere traducir el nombre por "oscuro", lo que le llevó a ser confundido con el marino irlandés Bran y que está en consonancia con el toque de misterio indescifrable, de tiniebla y de espesura, que rodea a muchos caballeros andantes (recordemos cómo Amadís de Gaula, apartado del mundanal ruido, se rebautiza como Beltenebros). Tendremos que acostumbrarnos a buscar a tientas en la oscuridad para así merecer con más ansia la luz. Hablemos ya del Arturo de la leyenda.


EN PRADOS LEGENDARIOS

El Arturo de nuestra imaginación fue formándose poco a poco, con el sedimento de los años, las generaciones y las vicisitudes, hasta formar la Materia de Bretaña. Es bien sabido que se lo debemos a un puñado de autores sobre todo a partir del siglo XII, gente como Geoffrey de Monmouth, Robert Wace, Chrétien de Troyes, Robert de Boron, Wolfram von Eschenbach o Thomas Malory entre otros, incluidos algunos anónimos o atribuidos. Cada uno va añadiendo elementos de su cosecha pero que de alguna manera siempre han estado ahí, tienen un sentido, guardan en ellos una razón de ser, gracias a lo cual quienes leían o escuchaban los relatos sintonizaban con el espíritu de la leyenda y por lo que esos elementos no se han caído del relato principal, como si fuesen pegotes postizos, sino que lo refuerzan y enriquecen. Elementos cristianos y precristianos, insulares y continentales, masculinos y femeninos, eternos y coyunturales, belicosos y serenos, acompañan a un Arturo que sería ya impensable sin Merlín, Excálibur, Ginebra, la Mesa Redonda y el Graal. Es un buen ejemplo de polinización cruzada en sentido cultural, la confluencia de elementos fecundadores traídos a la leyenda por mano maestra. Veamos el relato en sus líneas básicas.

En algún tiempo, el rey bretón Úter Pendragón se consumía en el deseo de poseer a la duquesa Igraín de Cornualles, que estaba desposada con su enemigo Gorlois. Úter pide al mago Merlín que por un sortilegio le permita satisfacer ese deseo. Merlín, por un hechizo, hace que el rey tome el aspecto del duque, entrando en el castillo de Tintagel y yaciendo con Igraín. Esa noche fue concebido Arturo. Inmediatamente después de esto, Úter se entera de que Gorlois ha caído en combate, así que ni corto ni perezoso pide matrimonio a la viuda, que accede. Ella aporta tres hijas que tuvo con el fallecido Gorlois: Elaine, Morgause y Morgana el Hada. Y él legitima a Arturo, qué menos.

Merlín vuelve a aparecer, profetizando a Úter su próxima muerte y recomendándole que ponga al pequeño Arturo a buen recaudo. El noble sir Héctor le acoge como a un hijo en su familia. La profecía se cumple: Úter sucumbe y con él su reino, que se fracciona en banderías. Durante esos años de caos, Arturo va creciendo como hijo de Héctor y hermano de Kay.

Un día sucede algo. Una gran piedra aparece de la nada en un camposanto, y clavada hondamente en esa piedra hay una espada, en cuya hoja se podía leer que quien consiguiera extraerla de la roca sería rey de Inglaterra. Para Merlín y para el arzobispo ésa pudiera ser una oportunidad para poner paz y orden. Se decretó una tregua navideña (nada extraña: los ejércitos premodernos solían cesar las hostilidades con la llegada del invierno) y se anunció un gran torneo. La prueba estrella sería la de intentar sacar la espada de la roca. Allí fueron incontables caballeros, incluidos Héctor y Kay, llevando éste a Arturo de escudero. Kay olvida su espada en la posada donde duermen, y manda a Arturo a por ella, pero como la posada está cerrada éste se vuelve de vacío. Pero al pasar por delante de la espada mágica, la agarra y la extrae limpiamente de la roca, llevándosela a Kay. Al reconocer qué espada era, Héctor confiesa que es sólo padre adoptivo de Arturo. Al día siguiente, el escudero repite la hazaña, por lo que no queda otra para los congregados allí que reconocerle como legítimo jefe.

Arturo y los suyos emprendieron la tarea de pacificar el reino, habitualmente espada en mano y derrochando heroísmo. En un lance, llegan al asediado castillo del rey Leodagán, ahuyentando a los sitiadores. Durante la posterior recepción, Arturo se enamora de Ginebra, la joven y hermosa hija del rey, y la pide en matrimonio contra el consejo de Merlín, que no termina de fiarse. Se cuenta que entre los regalos dotales de Leodagán se incluía una flamante Mesa Redonda. Arturo se la lleva a Camelot y hace correr la voz de que a ella se sentarán los mejores caballeros, en posición de igualdad, una vez hayan jurado fidelidad a la causa de los débiles. El nombre del caballero en cuestión ya aparecía antes, mágicamente, escrito en su asiento. Con el correr de los años, sólo quedó un asiento libre en la Mesa. Se le llamaba el asiento peligroso porque, si un caballero se sentaba en él sin merecerlo, perdía la vida. Estaba reservado para el más puro de todos los caballeros, a quien correspondería recuperar el Santo Graal. Mientras, crece la inquina de Morgana el Hada hacia su hermanastro y su conocimiento de saberes esotéricos, así como crece también el deseo amoroso entre la reina Ginebra y el caballero Lanzarote, quien la había escoltado de un castillo a otro.

Morgana, posible antigua alumna iniciática de Merlín, envía a Viviana con la secreta intención de cautivarle. Merlín le enseña sus secretos, que Viviana emplea contra él, dejándole encerrado. En otra versión, el mago enloquece y pasa el resto de su vida escondido en el bosque. Arturo, sin la presencia consejera de Merlín, sufre varios intentos de traición por parte de Morgana, incluido el amago de robo de Excálibur. Con todo, la figura de Morgana no es monolítica, pues en algunos relatos socorre al moribundo Arturo y en otros es ella y no Morgause la madre de Mordred. Lo que ahora estamos viendo son las líneas generales del relato artúrico.

Dos hechos marcarán el devenir del reino. Uno será la búsqueda del Santo Graal, la copa que recogió la sangre de Cristo tras ser crucificado. Está custodiado en el castillo del Rey Pescador, personaje que a veces aparece desdoblado en Rey Herido, y que tiene varios nombres, como Pelles o Anfortas. Su reino aparece convertido en un páramo casi inhabitable. El joven Perceval llega hasta allí y ve el Graal junto con otras reliquias, pero al no preguntar por eso que está viendo le será imposible curar al rey. Advertido de su error, se juramenta volver a por el Graal. Con posterioridad, reaparece Perceval acompañando a Bors y Galahad (hijo de Lanzarote) en procura del cáliz. Consiguen encontrarlo en Corbenic, donde nació el mismo Galahad, quien logra beber de la copa y deja nuestro mundo, como completando una misión vital. Su abuelo Pelles, señor del castillo, recobra la salud. Sólo Bors, uno de los mejores caballeros de Arturo, regresará con vida a Camelot para referir la hazaña.

El segundo hecho deriva de los amores entre Ginebra y Lanzarote. El intrigante Mordred afirma lo que todo el mundo sabe y señala que la reina debería ser ejecutada por su traición. Arturo se ve obligado a cumplir la ley. Pero Lanzarote interviene, salva a Ginebra y se la lleva a su castillo, no sin antes matar en combate a varios compañeros de la Mesa. Arturo, preso de ira, ordena sitiar el castillo de Lanzarote mientras Camelot queda regido provisionalmente por Mordred. Éste aprovecha para usurpar el trono, lo que hará que Arturo deshaga el camino y se enfrente al ejército de Mordred, mucho más numeroso y reforzado con tropas sajonas. La batalla será en el ya citado lugar de Camlann, quizá Salisbury, donde ambos contingentes chocan y muere hasta el apuntador. Arturo mata a Mordred pero es a su vez herido mortalmente por él. Sabiendo que la muerte está próxima, ordena al fiel Bedivere que arroje a Excálibur a las aguas donde vive la Dama del Lago, quien custodiará el arma indefinidamente. Moribundo, es dispuesto en una barca en compañía de varias mujeres que le cuidan amorosamente, entre ellas su otrora enemiga Morgana. La barca se dirige a Avalón, isla envuelta en brumas, célebre por sus sabrosas manzanas, donde Arturo reposa hasta hoy.


Expuesta la leyenda, observemos sus elementos más de cerca.



Autor: Gustave Doré, de la serie sobre Los idilios del rey de Alfred Tennyson. Visto en Wikimedia Commons.

ARTURO, REY

Estoy convencido de que incluso los republicanos más acérrimos cuentan a sus hijos cuentos en los que hay reyes, princesas, duques y demás. Y lo cierto es que toda leyenda tiene su trasfondo, su cuota de realidad. Eso se puede afirmar en un sentido histórico (como hemos visto, el mito artúrico bien puede tener como germen el nacionalismo bretón frente a los anglosajones) como psíquico, intrapersonal (quien haya leído Psicoanálisis de los cuentos de hadas de Bruno Bettelheim sabrá de qué hablo). En la leyenda el reino es el sistema perfecto de gobierno, que permite mantener el país cohesionado y no dividido entre facciones nobiliarias. Gracias al reino, los mejores del pueblo están concentrados en la capital Camelot gracias a una cofradía, la de los Caballeros de la Mesa Redonda, y no cada uno de ellos haciendo la guerra por su cuenta en su taifa.

De hecho, la palabra rey proviene del étimo indoeuropeo reg, que implica gobierno, conducción de hombres. Tenemos el latín rex y el sufijo galo -rix, así como derivaciones modernas, entre las que right y recht tienen la connotación de lo correcto. El ri irlandés connota justicia y orden establecido, incluso cósmico. El buen gobernante, el conductor de tropas, marca lo recto, la acción justa, embridando la codicia y  furia ciega de los nobles en favor de una causa más elevada. Por eso, la solución que corroe los metales nobles se llama agua regia. Y el buen gobernante, asimismo, será rey mientras sea recto y justo.

Es interesante ver cómo el rey y su reino parecen ser uno. Eso le ocurre al Rey Pescador / Rey Herido, cuya convalecencia está en paralelo con la desertización e infertilidad de las tierras que rige. Así también el mismo Arturo termina con la anarquía imperante, mientras que su fin deja la incógnita en el aire. La alegoría orgánica se refuerza por la presencia de la naturaleza. Se hace difícil ubicar lo artúrico en un marco que no sea el de la campiña inglesa (mientras que por ejemplo el teatro griego se puede llevar a cualquier terreno, incluido el cine de vaqueros). Creo que resulta imposible que lo artúrico enamore si uno no se entrega a la fascinación de la bruma, el agua, la espesura forestal, los verdes prados, los acantilados, los farallones.

Pero la lectura política del mito artúrico tiene una vuelta de hoja. El reinado perfecto está destinado a no durar. Tarde o temprano, por algún motivo que parece nimio, el tapiz se empieza a destejer, el buen ambiente se deteriora, resurgen los enconos y el reino entra en decadencia amagando con perderse de nuevo para siempre, con deshacerse en las nieblas del tiempo. Ésa es la tragedia de Arturo. De linaje real, buen soberano, esforzado guerrero, debería ser el gobernante perfecto, ideal, pero está condenado al fracaso. Su talón de Aquiles es su esposa, pero podría ser otro. Su hermanastra seguiría enredando. Su hijo continuaría soñando con deponerle. Ese componente humano que nos hace grandes también significa nuestra perdición. La vuelta de hoja nos dice que todos los reinos pasan, que todos los imperios caen, que todas las civilizaciones aun con la mejor intención se vienen abajo. Dejando, eso sí, una puerta a la esperanza: la posibilidad de que el monarca regrese de su limbo de Avalón cuando su pueblo se encuentre en dificultades. Eso enlaza con un antiguo hálito indoeuropeo de los grandes gobernantes enterrados en túmulos esteparios, pequeñas lomas denominadas kurganes. Según las leyendas, de esos túmulos regresarán cuando llegue el momento. Avalón sería un kurgán más adecuado al marco geográfico británico, pues no hay estepa pero sí islas y mar, enriquecido con el simbolismo de las manzanas y las presencias femeninas, lo que recuerda otros lugares deliciosos como el Jardín de las Hespérides y el Edén bíblico.


MERLÍN, MAGO

Si Arturo es el enriquecimiento legendario de un personaje real, Merlín resulta más bien la confluencia de varios personajes míticos, con sus características de mago, profeta, consejero y finalmente errante de los bosques. La referencia histórica al personaje aparece en los Annales Cambriae mucho después de la muerte del Arturo histórico: en 573, a consecuencia de lo contemplado en la batalla de Arfderydd, Merlín (Myrddin) pierde la razón. Eso no es extraño, pues a Arturo se le van añadiendo compañeros de viaje mítico con el tiempo (pasa igual con Úter, que en principio no era su padre, y hay más ejemplos). También con el tiempo la figura de Merlín va recibiendo sedimentos culturales. Entre los siglos V y VI aparecerían dos bardos llamados Merlín, uno de ellos presunto hijo de cónsul y el otro enloquecido tras asistir a la batalla de Arderiz (lo que está en consonancia con la fuente histórica). Esa contemplación de lo horrendo añade el componente de desequilibrio mental que parece rondar a los bardos terribles que adivinan y hechizan. Hay paralelismos, como la leyenda irlandesa de Suibne Geilt, o leyendas cristianas como la de san Kertgern, que se encuentra con el chiflado Lailoken, habitante del bosque tras haber dado muerte a muchos hombres en batalla. El tal Lailoken podría ser rastreado hasta el siglo VI en Escocia, y quién sabe si tiene que ver con el Merlín histórico. Para terminar de liarlo, el eclesiástico Giraldus Cambrensis en su Itinerarium Cambriae (finales del siglo XII) distingue otros dos Merlines, un coetáneo de Vortigern llamado Merlinus Ambrosius ("inmortal") y un Merlinus Celidonius ("escocés"). Es como si el paso del tiempo hubiese creado un personaje-Frankenstein a base de mil préstamos culturales.

El Merlín legendario tiene la locura asociada a grandes poderes y una comunión plena con la naturaleza. Está relacionado con lo natural y más específicamente con árboles (el bosque donde se retira) y con sus frutos. Una leyenda le hace caer en la trampa de una vieja bruja gracias a una manzana (nuevamente un símbolo familiar para nosotros), lo que recuerda a su cautiverio por Viviana. En las leyendas merlinianas la simbología del árbol y del fruto es recurrente. Tengamos en cuenta que el mito de Merlín es ambivalente. Hay dos culturas en el Medievo, la popular y la eclesiástica. Una es flexible y viva, aunque al no quedar escrita se va perdiendo o transformando, moldeándose como si fuese una moneda de barro según pasa de mano en mano, mientras que la otra queda muy alejada del pálpito popular, al ser redactada por monjes que viven en cenobios, si bien nos ha legado un aparato de fuentes mucho más rico, y una vez escrita queda así para siempre. Para el pueblo el mundo natural era la cosa más normal del mundo. Mientras, para el clero era una amenaza y escenario de apariciones diabólicas. Así, el Merlín popular pasó a tener doble naturaleza, santa y demoníaca, pues se le hace incluso hijo de un íncubo.

El rey Vortigern quería construir su castillo en Dinas Emrys, pero resultaba imposible. Cada día amanecía con la obra del día anterior derruida. Mientras los masons se rascaban la cabeza, los hechiceros del rey le convencieron de que había que sacrificar allí a un niño de padre sobrenatural y madre humana (o nacido sin padre). Ahí late una reminiscencia pagana, en los ritos sacrificiales de inocentes para fertilizar la tierra. El niño es Merlín, que en presencia del rey le dice que la verdadera razón de la ruina perenne de la construcción es que en el subsuelo moran dos dragones. Vortigern ordena excavar la tierra, lo que deja al descubierto el cubil de los dragones, uno blanco y otro rojo, que empiezan a pelear entre ellos. El dragón blanco se echó a volar y desapareció, mientras que el rojo volvió mansamente a la guarida. Entonces la construcción pudo ser terminada.

El dragón rojo sería el pueblo bretón, que se ha quedado "dormido" en el subsuelo tras la dominación anglosajona y que un día volverá a resurgir. Recordemos la cultura de los kurganes, y tengamos en cuenta que uno de los símbolos de Arturo es el dragón rojo. Su apellido es Pendragón y en su enseña un dragón de fuego campea sobre la cruz. La leyenda, además, sugiere que Arturo es pelirrojo.

Digamos que Merlín ha tenido mucha suerte literaria, porque hay un centón de obras que le citan. Me resulta imposible abarcar todo ese espectro. Lo encontramos también en fuentes españolas: por ejemplo, en el Poema de Alfonso XI aparece Merlín profetizando, entre otras cosas, la victoria cristiana en El Salado. Es un personaje que da mucho juego. De naturaleza santa y diabólica a la vez, apuesta por la santidad, por el bien, por ser consejero leal de su rey .... aunque a veces el monarca no esté a la altura de su tarea y Merlín sienta la humillación de servir a alguien así, como en el episodio de Úter e Igraín. Al igual que Arturo, su perdición será una mujer o, mejor dicho, su propia debilidad ante una mujer. Merlín se dejará engatusar ante la belleza de Viviana al igual que Arturo desoyó al propio Merlín en lo referente a Ginebra.


EXCÁLIBUR, ESPADA

Es célebre la reflexión de Oswald Spengler que dice que al final lo que defiende una civilización es un pelotón de soldados. Es así, aunque nos guste pensar que el mundo se arregla con bonitas declaraciones desde un balcón, una rueda de prensa o una manifestación. No basta con las declaraciones. A veces hay que imponerse. Arturo sin espada no sería el rey Arturo. Precisamente la espada es lo que le legitima, lo que manda el mensaje claro de que a él corresponde gobernar.

La mística de la espada es muy rica, pero en general todas las armas han recibido de un modo u otro una dimensión extra. Al fin y al cabo, son la última defensa. Hablemos de Excálibur. Lo primero, según qué autor la espada que Arturo arrancó de la roca puede ser o no Excálibur. Un relato nos dice que Arturo quebró su primera espada, la de la roca, en un lance. Tras eso, la Dama del Lago le entrega a Excálibur. Otro relato nos dice que la forjó el mismo Merlín en Avalón. Los elementos bretones de tono feérico son constantes alrededor del arma. Otra fuente nos dice que la espada mágica había sido ceñida ya por otros caballeros, incluidos Rhydderch (cuñado de Merlín) y sir Galván, que se queda con ella mientras que Arturo ciñe la del rey Rion, personaje que se estaba haciendo una túnica con las barbas de los monarcas que había vencido y que necesitaba la barba de Arturo para completar tan peculiar ropaje: Arturo le mata y se queda con su espada (y con la barba).

Excálibur, se nos dice, corta el hierro como madera. Su etimología sigue siendo enigmática. Se ha aventurado origen latino ("extraída de la piedra"), gaélico ("espada que centellea") e incluso hebreo en alguna fuente ("corta hierro y madera"). Sin irnos muy lejos del marco geográfico, es obvio que recuerda la lanza Gae Bolg de Cúchulain, héroe mitológico irlandés, que le fue entregada por otra presencia femenina mágica, la mujer-druida Skatcha. Otra arma similar sería Calad Bolg, espada que brilla con el fulgor de muchas antorchas y que puede incluso aplanar elevaciones del terreno. Su vaina es igualmente mágica, pues cura heridas al contacto.

De igual manera que el reinado de Arturo se sanciona con la espada excepcional, el fin del rey debe suponer igualmente que su arma desaparezca de nuevo de la vista humana. Así, como ya hemos comentado, uno de los fieles de Arturo la arroja a las aguas, de las que surge una mano que la empuña y la sumerge ¿para siempre?



-Continúa aquí.



(I) - El saqueo de Roma por los godos -que se llevaron riquezas sin cuento, incluida la Mesa de Salomón- puede considerarse el fin del imperio occidental. Su impacto anímico en toda la sociedad fue mucho mayor que el acontecido en 476, fecha académica para su final.

(II) - Tanto Alfredo de Wessex como Beda tienen rango de santos.

(III) - En nuestra tierra fundaron una diócesis episcopal, singular caso de cristianismo gaélico trasplantado a suelo ibero, cuya actividad duró al menos dos siglos. El término Gallaecia es más que nada convencional, no político, entendiendo como tal Galicia, parte de la Asturias occidental, Portugal hasta el Duero, el Bierzo y la Maragatería. 

(IV) - Algunos estudiosos mueven ambas fechas, 516 y 537, a 518 y 539 respectivamente.

(V) -  La manía romanófila que desató "Gladiator" ha dado cancha para que se rodaran varios films hollywoodienses con romanos y romanizados en territorio bárbaro. "El rey Arturo" (2004), cortesía de Jerry Bruckheimer y Antoine Fuqua (Dios los cría ....), asume la hipótesis de Artorio, haciendo de Ginebra una guerrera picta. El año 2004 fue especialmente malo para la Antigüedad en el cine: recuérdense si no (u olvídense) "Troya" y el "Alejandro Magno" de Oliver Stone.



14 comentarios:

  1. Parece que regresa el péplum. Y me alegro. Eso sí, con la pespectiva políticamente correcta y de re escritura de la Historia que domina hoy en día la cultura de masas.

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  2. Pues curiosamente Ridley Scott ha recibido bastantes críticas -y alguna que otra llamada al boicot- desde los afrocentristas useños por su "whitewashed cast" para "Exodus", en el que apenas se ven negros o hacen papeles de villanos. Ya tuvo críticas el "Noé" de Darren Aronofsky porque sólo salían blancos, y ahora llega la otra :-P

    Por cierto, tanto el director como el guionista de "Noé" son judíos, así como el productor de "Exodus", así que vuelve a quedar en evidencia la ridícula ocurrencia de que "los judíos se dedican a promover el mestizaje".

    Yo aplaudiría encantado el regreso del peplum, si fuese como el de los años cincuenta y sesenta, que tras verlos te entran ganas de leer a los clásicos y no como ahora, que parece que hasta disuaden de ello. Un bodrio como "El rey escorpión" sería impensable en la Cinecittá de entonces, en la que también había pelis de argumentos un poco enloquecidos pero había también más respeto hacia el espectador, a quien se consideraba alguien leído y con gusto estético, y no un adolescente al que marear. Francamente, tras sufrir "Troya", ¿alguien se lanzaría a leer "La Ilíada" o más bien evitaría cuidadosamente hacerlo? El cine debe ser inspirador, y el peplum obviamente también. Y el irrealismo californista, unido al despliegue insoportable de CGI, ha matado algo que es clave para crear cine mítico: el efecto realidad. Las pelis que transmiten más mítica son las que tienen más trabajado el factor realidad. Eso lo decía bien Sergio Leone, él quería hacer cine mítico pero todos los elementos tenían que ser auténticos, pues de lo contrario no hay mítica sino cine burguesillo.

    Mira el "Conan" de John Milius. Es mítica y tal, pero es como si se notase que te entra el frío de la sierra de Guadarrama por el pescuezo y por eso la dimensión mítica de lo narrado adquiere más sustancia, más verdad. También me gusta el "Braveheart" del gran Mel Gibson por esa confluencia de mítica y verdad, no verdad histórica porque ésta se la pasa por el forro sino verdad física, de espadas que pesan y barro que mancha, unida a un simbolismo casi crístico del héroe. Vamos cumpliendo años y ese tipo de cine ya ha desaparecido.

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  3. Hablando de peplum .... ay, ha muerto Virna Lisi, que salía en el clásico del subgénero "Rómulo y Remo" (1961, Sergio Corbucci, o de cómo los italianos demostraban amor a y conocimiento de su historia (bueno, de su mítica)) luciendo una belleza casi sobrenatural. Era una de las mujeres más guapas del cine italiano, distinta del estilo Loren y tal:

    https://36.media.tumblr.com/8b432f8f916d22507370edace0a8142b/tumblr_mr8ko6wFVr1r9n4xfo2_400.jpg

    Siempre intentó reivindicarse como actriz y no se le conocen muchas salidas de tono, rechazó ser chica Bond y ser Barbarella por ejemplo. Descansa en paz, bendita.

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  4. Una cosa es la Historia y otra la ficción artística. Al parecer Dumas dijo: "Yo violo a la Historia pero le hago bellos hijos".

    Lo ideal sería una buena ambientación histórica, pero no me disgustan películas con ficción y "fantasmadas" (especialmente a Ayshwarya Ray haciendo artes marciales y luchando junto a hombres en la época de la caída del Imperio Romano) como en "La última legión", basada en una novela de Valerio Massimo Manfredi
    En mi opinión el contenido artístico y por qué no, el entretenimiento debe primar sobre el histórico. El problema es cuando se actúa de mala fe, reescribiendo la historia con fines políticos. Y especialmente que las masas crean que lo que ven en las películas fue realmente lo que ocurrió.

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  5. Yo estoy básicamente de acuerdo, no voy al cine a que me den lecciones de historia, por eso puse el ejemplo de "Braveheart" que históricamente es delirante, me refiero más bien a la fisicidad, que también debe considerarse un logro artístico. En "Excálibur", y conste que es un film con defectos, caminar con armadura se nota que es penoso, manejar una espada cuesta, el barro se tiñe de sangre, la niebla parece estar en condiciones de cegar, y eso no impide la vertiente mítica y fantástica. El cine actual, el de ficción espectacular al menos, ha perdido ese tacto rugoso. ¿Dónde han quedado los cutis quemados y cuarteados de los pistoleros de las pelis de Leone? Hoy en día aquellos planos del tendido del ferrocarril en "Hasta que llegó su hora", que parecían los de un hormiguero o de una herida gangrenándose, se recrearían en CGI y quedarían preciosos y con un lacito como si fuesen planos de una de Pixar. Se ha perdido el sentido de la imagen valiosa, en beneficio de la imagen bonita, o de la técnicamente enrevesada. Pocas aventuras menos aventureras que las del señor de los anillos de nuestra época, por mucho que pretenda invocar la aventura y la magia a cada momento.

    El relato puede ser una chifladura, pero los detalles tienen que estar cuidados. Son lo que le da personalidad a un film, capacidad de perdurar.

    La historia en el cine está manipulada casi desde el minuto uno. Es uno de sus pecados originales.

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  6. Quizás el cine se beneficie de no parecerse a la historia.

    El otro día revisé JFK, y me pareció nuevamente extraordinaria. Si se hubiese respetado la historia original, no habría dado para gran cosa, pero montada en la paranoia de Stone y Garrison la película es continuamente excitante. Toda la mejor parte de la carrera de Stone tiene esa dualidad, ¿no?

    También me ocurre con los actores. El "Wayne-Gacy" de Brian Dennehy en "To Catch a Killer" no se parece nada al real -mucho más afeminado- pero impone enormemente y se adapta mejor a lo que la película requiere.

    Felices fiestas.

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  7. Hola, es verdad que el cine de Stone, en sus mejores momentos, se basa siempre en una subjetividad exagerada con dosis de manipulación, supongo que él se da cuenta de que ése es su terreno, se parece en algo a Scorsese por esa subjetividad total (por mucho que el cine de ambos sea considerado "realista" -WTF?-) y el estilo estrepitoso pero Scorsese no tiene discurso político (como mucho el discurso de "Casino", poco más): Stone se lo pasaría en grande haciendo cine en el Moscú de los años veinte o en el Berlín de los 30 ;-)

    "JFK" se beneficia del antológico trabajo de montaje de Hutchinson y Scalia, y de la partitura de John Williams, de las mejores suyas. Hasta Kevin Costner está excelente. Es un film irrepetible. Por otro lado, el cine está para fabular, para abrir los chakras más elevados de nuestro ser. Lo malo que tiene es que para conseguirlo sólo has de pagar una entrada, y no llevar una vida de santidad como los brahmanes, pero me estoy desviando del tema :-P Yo prefiero al Henry Lee Lucas falso que interpretó Michael Rooker en vez del auténtico que interpretó ahora no recuerdo quién, aunque ambos films sí eran bastante realistas, casi clínicos.

    Había olvidado tu afición a las pelis de psycho-killers ;-) Por cierto, el otro día comencé a ver "Deranged" (del mismo año y el mismo "tema" que "La matanza de Texas") y me pareció un rolloooooo .... ¡Feliz Navidad, amigo! ¡Salud!

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    Respuestas
    1. ¿chakras?, ¿brahamanes?

      Eso es pagano, es del diablo. Recuerda lo que dijo Jesús: "nadie llega al padre si no por mi"

      Mateo.

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    2. Ni es pagano ni es diabólico, es real aunque sea precristiano, como precristiana es la Señora, los ángeles e incontables santos. Cristo fue el gran brahmán, el brahmán de brahmanes, con su loto de mil pétalos resplandeciendo en plenitud. Y sólo desde el pleno convencimiento de que él era la verdad y el camino, sólo desde ese convencimiento, pudo hacer lo que hizo.

      El Evangelio es una vía de acceso a la verdad, no las instrucciones de una lavadora. Debemos leerlo con ánimo sereno y toda la agudeza de que dispongamos. ¡Salud!

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    3. Dile eso a cualquier cristiano promedio y te tachara de loco, hereje o hijo del demonio, etc; como el miserable fanático que te escribió.

      En la edad media decir eso hubiera sido un viaje directo a la hoguera.

      Aunque igual me llama la atención que siendo cristiano aceptes de buen gusto elementos paganos en el cristianismo y eso hasta donde se la biblia lo condena. Bueno, supongo que cada quien es libre de tener la creencia que considere mas justa e idónea para si mismo.

      Por cierto, leí ese articulo sobre el zoroastrismo que escribiste, seria interesante que hagas una ucronía sobre, ¿que hubiese sido de Europa si adoptaba esa religión?

      Supongo que seria mucho pedir, pero como vi que en otro articulo tuyo sobre el imperio romano escribías varios aspectos que podrían haber ocurrido de no ser por ese imperio...por eso me parecería interesante ver como seria una Europa zoroástrica.

      Saludos.

      Luis.

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    4. Bueno, bueno, haya paz ;-) No creo que me lo dijera por mal.

      Francamente, me conformaría con la rezoroastrización de Irán. En Europa se romanizaría, como le pasó al cristianismo, y perdería buena parte de su potencial, me temo. También tendríamos ideal caballeresco.

      Cuando hablamos de "paganismo" nos estamos refiriendo a cómo las religiones tradicionales se refugian en los pagos, en el campo, frente a un cristianismo que corre como la pólvora en marcos urbanos. Al ser religiones tradicionales, forzosamente incluyen cosas ciertas, de la realidad de todos los días, y esa realidad permanece, subyace al nuevo marco religioso, que se va empapando de ella. Estaba cantado que la Señora sería identificada como la Virgen María. Y eso no quita significado ni a una ni a otra: es un éxito de síntesis entre dos mundos. Europa como tal es una síntesis. No es precristiano vs cristiano sino ambos. No es "Atenas o Esparta" sino Atenas Y Esparta. No es vino o cerveza sino ambas, no es el Báltico o el Jónico sino ambos. Por eso en el cristianismo medieval, en los caballeros andantes, el el Grial, en las catedrales, late esa realidad previa que es nuestra.

      El mismo Grial viene de una tradición precristiana, un plato mágico, una marmita inagotable, etc, una reliquia sobrenatural que el héroe gana para sí como prenda de su grandeza personal. El cristianismo la asume con fervor porque es un mito lleno de contenido, y le da su toque: el héroe ya no gana el Grial para sí, sino para el reino, para la comunidad.

      Existe una ruta secreta, laberíntica, intrincada, iniciática, que recorre Europa y que los mitos nos ayudan a transitar. El verdadero cristianismo, no las cosas que pueda decir un cura en la homilía (por sensatas que puedan ser), captó ese espíritu palpitante y lo hizo suyo.

      ¡Salud!

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  8. Curiosamente Michael Rooker también sale en JFK, en el papel de Bill Broussard, una suerte de Judas que se inventó Stone para justificar el fracaso de la investigación de Garrison.
    Stone era un gran director de actores. Jay O'Sanders, Laurie Metcalf (preciosa en la película) Costner, Lee-Jones y Gary Oldman dan quizás su mejor interpretación aquí.

    Algo después logró un buen film con Nixon, que comparte algunas de las virtudes de JFK. Pero esta vez le faltó la providencia, por así decirlo, y le sobró Hopkins.

    No he visto "Deranged". Supongo que el cine está obsesionado con el asesino en serie por influencia anglosajona. Hay muchos más asesinos en serie allí.
    Aun así la cantidad de películas sobre asesinos en serie es desproporcionada. La mayoría de asesinos solo matan una vez. Por lo que debe de haber algún tipo de fascinación.

    De vez en cuando hay una película alemana importante sobre el tema,"M", "Der Totmacher"... en la Alemania de aquella época se dieron varios casos. En la zona mediterránea, afortunadamente, este tipo de crimen ocurre mucho menos, y eso se refleja en el cine (salvo algún gialli).

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  9. ¡Rayos!, pensaba que yo era el único mortal que se había fijado en la Metcalf en esa peli.

    "Nixon" es una especie de spin-off, con un protagonista inadecuado pero creo que no muchos intérpretes saldrían airosos de ese reto. A efectos de puro cine, mantiene el tipo. La que es mucho peor es "W", y Josh Brolin no se parece absolutamente nada a Bush hijo, mientras que casi todos los demás actores sí guardan parecido con Cheney, Rove, Powell, Condoleezza, etc. Si el prota no se parece en nada al personaje (vamos, el "síndrome Di Caprio"), ya puede estar perfecto el resto del reparto que igualmente uno nota que la cosa no funciona.

    Poco después de su Henry, Rooker hizo también de malo en "Arde Mississippi". Encasillado en papeles pérfidos, es lo que hay. Qué cosas, a mí me parece que tiene cara de buen tío.

    El subgénero de psycho-killers me resulta aburridísimo. Los gialli al menos tienen la coartada estética, pero ni eso .... A veces pienso que ojalá "La noche de Halloween" no hubiera sido rodada nunca :-P

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  10. Al igual que me pasó con el artículo sobre el Creciente Fósil, el tamaño que estaba adquiriendo la entrada según la iba redactando aconseja más bien dividirla en mínimo dos entregas para que no quede demasiado mamotrético. He ampliado el avance con un recorrido argumental así como reflexiones y datos sobre Arturo, Merlín y Excálibur.

    Quedan en el tintero los temas de caballería, la presencia femenina en lo artúrico (crucial) y, desde luego, el Graal así como las pertinentes conclusiones y algunos apuntes más. ¡Salud!, y espero que la materia artúrica sea de vuestro agrado.

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