sábado, 27 de diciembre de 2014

Californismo (II). El factor hebreo, el complejo militar-industrial y el marxismo cultural




Usa es, sin duda alguna, el país más influyente del mundo desde hace un siglo en números redondos. Creo que eso no tiene discusión a efectos políticos, militares, tecnológicos y por descontado también culturales. A efectos de cultura popular nuestro mundo ha recibido un bombardeo incruento de inputs provenientes de Usa que nos ha yanquilandizado notablemente. En ese proceso de mundialización cultural California es líder absoluta. Tanto es así que nombres como Hollywood o Disney han quedado en nuestra panlingua como sinónimos de homogeneización y puerilización de gustos e ideales.

Dando por sentado lo dicho, imagino que los observadores más sagaces se habrán dado cuenta de algo muy curioso, que si bien Usa ha influido una barbaridad, también ese propio país como cuerpo social generador de cultura se ha dejado influir. El caso de la gran nación transoceánica es digno de estudio, pues pienso que muy pocos países hegemónicos del mundo han sido tan ávidos de aportes externos en el marco de lo cultural. Si el tronco nacional en el siglo XVIII estaba conformado básicamente por anglosajones y en el XIX comenzó una enorme inmigración alemana e irlandesa (crucial para entender el país, y que después daría presidentes no-mayflowerianos como Eisenhower o Kennedy), la inmigración hebrea durante la primera mitad del XX ha sido imposible de soslayar para que podamos entender lo que son hoy Usa y California. Por decirlo abruptamente, en el alma de la actual nación useña los formadores de opinión nacidos por ejemplo en Minsk ha tenido tanto peso como los nacidos en Chicago, si no más. A la hora de hablar de californismo, por tanto, es inevitable comentar el factor judío en su generación.

Es importante explicar a qué nos estamos refiriendo al hablar de factor judío en esta entrega de la saga, porque nos encontraremos con una nutrida representación de gentes -en general con un gran talento para lo suyo- que provienen de la minoría judía. En este punto hay que destacar que hablamos de judíos lato sensu. Un judío stricto sensu es aquel que profesa el judaísmo o bien aquel que desciende de madre judía y no ha apostatado expresamente. Si seguimos esos requisitos, más restrictivos pero más justos a la hora de poner etiqueta de hebreo al personal, el círculo de judíos se estrecha notablemente. Por tanto, para entendernos hablaremos de judíos en un sentido amplio. Y lo cierto es que en este relato uno se los encuentra a cada paso. Eso no es bueno ni malo: simplemente es. Por mi parte no soy sospechoso, sabéis que detesto profundamente el antisemitismo y que ante todo primero hay que conocer y después juzgar. Eso no hace de mí un "sionista", ni implica que tengo "el cerebro lavado por el NWO". Le he dedicado un artículo a Lazar Kaganovich, judío y uno de los mayores asesinos del siglo XX (lo que implica que también es un de los mayores de la historia). Mientras, no le he dedicado ningún artículo a Albert Einstein, Stefan Zweig, Edith Stein, Viktor Frankl, Jonas Salk, Alexander Grothendieck, Bob Dylan, Norbert Hirschhorn, Steve Reich, Ralph Baer y muchos otros judíos que contribuyeron a que el siglo XX fuese vivible.

Aquellas gentes llegaban a un país cristiano viniendo de otros países igualmente cristianos en los que les habían dado mala vida bajo el signo de la Cruz (el término vejatorio "kike" que se emplea contra los judíos en Usa deriva de la estancia en la isla de Ellis: los inmigrantes judíos analfabetos rehusaban marcar con cruces en los casilleros de los formularios, usando en su lugar círculos o kikel), pero Usa era muy distinta del abominable régimen zarista (que parece muy bonito visto de lejos o vivido en un palacio) y similares. En Usa aquellos inmigrantes podían prosperar. Aunque nos detendremos en el Hollywood clásico en otro momento, conviene darse cuenta de lo importante y llamativo que es esto. Es decir, el folclore audiovisual más reconocible de Usa fue forjado gracias al empeño empresarial de gentes llegadas sobre todo de la Europa eslava (con la posterior expansión del nazismo, comenzaron a llegar de casi todo el continente), con su propio folclore y su propia mentalidad. La historia de Hollywood es apasionante, pero no viene a cuento entrar en ella ahora. Lo que sí conviene es mirarla con otros ojos, pues la "fábrica de sueños" creada por gente como Irving Thalberg, Carl Laemmle, Adolph Zukor, Marcus Loew, Louis B. Mayer, Samuel Goldwyn, Jesse Lasky, Joseph Schenck y muchos más expone la idealización y sublimación de un mundo que en su infancia no conocieron y en el que se cuelan traumas subconscientes. Es por eso que el género WASP useño por excelencia, el western, es también el género hollywoodiense por antonomasia, algo así como los cantares de gesta de una nación sin cantares de gesta. ¿Nadie ha visto en la figura negativa de los "pieles rojas", hordas de jinetes sádicos que destruyen asentamientos, violan mujeres, matan y roban despiadadamente, a los cosacos que aterraron a aquellos productores judíos siendo niños? Sólo con el tiempo, tras la jubilación y muerte de aquellos magnates, otros productores sin ese trasfondo comenzaron a dar una imagen más justa del indio.

También es interesante ver cómo los productores judíos neoyorquinos que rehusaron moverse a California mantenían unas constantes identitarias, tradicionalistas, en sus obras (lo que incluyó la financiación de una veintena de largometrajes dialogados en yiddish, siendo quizá "Green fields" (1937, Jacob ben-Ami & Edgar G. Ulmer) el más conocido por la cinefilia); mientras, los judíos californianos apostaban por el llamado asimilacionismo, desarraigándose considerablemente de su cultura originaria. Recordemos que el desarraigo es un punto a favor para el californismo.


Imagen: FOX. La serie californista Los Simpson es pródiga en judíos desarraigados: Krusty (Herschel Krustofsky), Kent Brockman (Kenny Brockenstein), Duffman, el profesor Frink, Artie Ziff, Dolph Starbeam....


DE COSTA A COSTA

No me cabe duda que la Segunda Guerra Mundial supuso la cima del poder de la Costa Este en Usa. No en vano los useños comenzaron firmando la Carta del Atlántico (no la del Pacífico), en la que se sentaban las bases de una postguerra en que la situación colonial británica debería ser liquidada (la posterior descolonización de postguerra fue un proceso muy poco conocido por el gran público, que como mucho se rascará la cabeza y dirá que aquello fue "signo de los tiempos"), y continuaron con el Proyecto Manhattan (y no Proyecto Santa Mónica ni nada así), la operación secreta más importante de la historia humana, durante la cual se estableció un vínculo de hierro y radioactividad entre la guerra, las grandes macroindustrias y el sector universitario. Por entonces la Costa Oeste contaba relativamente poco, a pesar de que ya estaba sentando los cimientos de su futura influencia mundial, algunos ya comentados siquiera por encima y otros aún por reseñar o ampliar -California ya era puntera en generación de energía, práctica de la eugenesia, proliferación de nuevos cultos,  fomento del consumismo y manipulación de masas para el tiempo de la entrada de Usa en la guerra-. La posguerra comenzó más o menos con la proclamación mundialista por excelencia, la Carta de las Naciones Unidas. Resulta sintomático que se firmase en San Francisco, apuntando ya al Pacífico, y que esa firma se produjese todavía en plena guerra con Japón, un 26 de junio, antes de Trinity, Little Boy y Fat Man.

Como supongo que sabe todo el mundo, el programa atómico useño parte -en buena medida al menos- de una carta de un judío alemán, Albert Einstein, uno de los físicos más grandes de la historia, al presidente Roosevelt. A Einstein le preocupaba que el Tercer Reich se hiciese con la bomba, ese ingrediente que desequilibraría toda posible guerra en virtud precisamente del descubrimiento einsteiniano de la transitividad descomunal entre materia y energía. Alemania partía con la ventaja de que Otto Hahn, futuro Nobel, había dado con la fisión del átomo. Aunque Albert Speer comentó que la misma idea de la fisión no le entraba en la cabeza a Hitler, los alemanes procuraron hacerse con una bomba atómica. Nada menos que Werner Heisenberg se puso a la cabeza del proyecto (I). Por su parte los useños no se durmieron: tocaba acción.

Los científicos que trabajaron a marchas forzadas en el Proyecto Manhattan comenzaron a ser llamados los Marcianos (Marte es el planeta de la guerra, el que preocupaba y absorbía las fantasías populares de la Costa Este, al contrario que en California -como vimos-, en que se veneraba a Venus y a los bellos y pacíficos venusianos), en parte por el fuerte acento centroeuropeo de varios de ellos. El único que vino de California, eso sí, fue el más importante de todos al menos porque era el director científico del proyecto. J. Robert Oppenheimer era una luminaria de los campus de Berkeley y del Caltech. Con ascendencia judía y enorme curiosidad cultural -era un auténtico especialista en literatura védica, según comentaban-, Oppenheimer pertenecía en buena medida al "ala progresista" del proyecto -se conoce que la estancia en California imprime manías progres-.

Un segundo personaje importante fue Leó Szilárd. Judío húngaro, nacido en Budapest en 1898, fue seguramente el primer científico que imaginó el proceso de reacción nuclear en cadena, procedente de una fisión que genera otras fisiones gracias a la actividad de los neutrones. También él, residente en Usa, se manifestó por carta expresando su preocupación por la carrera atómica que debía, en su opinión, disputarse y ganarse. Szilárd, signo de los tiempos, moriría en La Jolla, California: había descrito un arco que le llevaba del corazón de Europa hasta el Estado Eureka.

Otro personaje crucial fue Edward Teller (realmente Teller Ede), también judío húngaro nacido en Budapest, en 1908. También, como Einstein y Szilárd, estaba sinceramente preocupado por la fisión aplicada a la guerra en manos nazis. Reconocido como "padre" de la bomba H y factor importante en el arrinconamiento de Oppenheimer en la postguerra -éste era demasiado izquierdista, según parece-, siguió el mismo arco vital que el anterior mago, muriendo en Stanford, California. La sede de la influencia useña y mundial parecía que estaba cambiando de costa.

Otro judío imprescindible en este panorama fue John von Neumann (en realidad Neumann János Lajos), quien era, cómo no, judío húngaro nacido en Budapest, en 1903. Una de las mentes más poderosas que se han conocido -se llegó a decir que su prodigiosa inteligencia era buena prueba de la existencia de Dios-, se aficionó de niño a la estrategia bélica gracias a un simulador de tácticas usado por el Alto Mando prusiano y después alemán durante el siglo XIX, el Kriegsspiel. Es posible que ese simulador influyera en su visión de la teoría de juegos y la confrontación bélica entre potencias nucleares, es decir, los procesos de decisión. El ascenso del comunista Bela Kun -también judío, pero de una familia secularizada- al poder en Hungría en 1919, aunque breve, obligó a los Neumann a exiliarse dos años, lo que dejó en Von Neumann la secuela de un anticomunismo fanático. Con el correr del tiempo también terminaría en suelo useño, ayudando no sólo en la faceta científica del Proyecto Manhattan sino también en los aspectos estratégicos, en los que parecía altamente dotado. 

Sin duda afectado por tantas radiaciones que habían surcado su organismo, un cáncer le fue incapacitando físicamente hasta terminar con su vida en 1957, confinado en una silla de ruedas, cuando era altísimamente reconocido por el stablishment de Eisenhower, el mismo que se retiraría echando pestes de ese mismo complejo militar-industrial que había contribuido a forjar. Von Neumann, convertido al catolicismo en sus últimos meses de vida según se dice por miedo a la nada post-mortem, no tuvo mucho éxito en esa conversión, muriendo literalmente aterrado ante la perspectiva de que su conciencia se disolviese en la nada.


El doctor Strangelove. Kubrick -igualmente judío- y sus colaboradores tuvieron en cuenta a varios científicos europeos pasados al bando Usa a la hora de recrear al doctor Strangelove. El pasado nazi recuerda a Von Braun, pero la silla de ruedas y su concepción estratégica provienen de Von Neumann. Se comenta también que el acento es un guiño al del gran fotógrafo Weegee -al parecer judío, y buen amigo de Kubrick- y que el cabello y las gafas podrían apuntar a un joven Kissinger, también judío.

Von Neumann fue uno de los principales impulsores en la sombra de un think-tank que cambiaría el mundo y la relación de influencias en Occidente hasta hoy, la RAND Corporation, fundada a partir de una iniciativa de un emporio californiano del complejo militar-industrial, la Douglas Aircraft, y radicada en Santa Mónica, CA en 1948. La lista de instituciones y empresas relacionadas con la RAND -colaboradores, clientes, donantes de fondos- asusta, y deja patente una de las características del mundo antiliberal en que vivimos, la confusión de los planos público y privado. Pues bien, uno de los primeros puntos que en el seno de este laboratorio de ideas comenzó a plantearse en profundidad fue el problema al que Usa y Urss estaban abocadas en virtud de la posesión de armamento de destrucción masiva: el dilema del prisionero (II).

En 1950 dos colaboradores de la RAND, Flood y Dresher, establecieron las bases de lo que se llama dilema del prisionero, un aporte muy fructífero para la teoría de juegos y perfecto definidor de la danza disuasiva que Usa y Urss vivieron durante décadas, y cuyas líneas maestras pertenecían a Von Neumann, cuyo anticomunismo y ascendencia sobre el núcleo decisorio de la geopolítica useña resultaron decisivos.

Supongamos que la Urss ataca a Usa con todo su arsenal de destrucción masiva. Así, se podría calcular que el poder useño quedaría totalmente destruido, en un 100%, sin haber podido articular una respuesta similar, causando a los rusos sólo un 20% de destrucción. Por tanto, también se podía leer a la contra, de modo que si Usa realizase un ataque preventivo por sorpresa podría destruir la capacidad rusa en un 100% y sufrir un 20% de destrucción. En términos crudos, más vale un veinte que no un cien por cien de daños. Ésa fue la opción preferida por Von Neumann, la de buena parte del núcleo duro useño y, según parece, también la de un futuro activista pro-desarme, Bertrand Russell. En caso de que el ataque fuese simultáneo, ambas superpotencias quedarían mutuamente neutralizadas en su poder atacante con un rango de destrucción de quizá un 50% para cada una. La cuarta opción, obviamente, es la mutua confianza, no atacarse, con un 0% de destrucción. El intríngulis es que uno no sabe lo que va a hacer el otro (III). 

No se puede leer la geoestrategia ruso-useña sin entender aquella situación que estableció una guerra fría que, en la periferia de Occidente, derivó en incontables guerras calientes que han impedido, hasta hoy, un solo día de paz en el mundo. Con lo felices que se las prometían firmando en San Francisco la carta de las Naciones Unidas. Usa no paró de hacer tiras y aflojas con el tema, procurando aliviar la ignorancia mutua de las inclinaciones del enemigo con algunas concesiones. Por ejemplo, el californiano Robert MacNamara -relacionadísimo con el complejo militar-industrial y personaje crucial de la segunda mitad del siglo pasado- optó por una relajación de la defensa a ultranza de Europa Occidental para así aplacar al enigmático bloque soviético, algo que un De Gaulle loco por la música aprovechó para hacer de Francia una potencia nuclear a su aire y reforzar una carrera atómica comenzada en los años cincuenta y un intervencionismo africano, con la vista puesta en los cada vez más escasos recursos naturales, que todavía hoy resulta escandaloso. Con posterioridad "alguien" le movió la silla a De Gaulle.


Con el tiempo el personal ya se lo tomaba a broma, pero antes el tema aterraba. Por cierto, el principio de los 80, cuando España entró en la OTAN, "coincidió" con la explosión de la movida, netamente madrileña, alejada del arco mediterráneo, y consistente en una mala copia del after-punk anglo, en vez de la nova cançó setentera: nos yanquizábamos.


Visto con la debida perspectiva, el cambio de influencia de costa a costa resultó muy útil a la hora de configurar un futuro que nosotros estamos viviendo ahora como presente. El tecnócrata cuyo valor en el engranaje mundialista estriba en la eficiencia y aparente limpieza de sus decisiones se postulaba como el mejor sustitutivo para los generales lentos y pesados de los Estados Mayores, cuya rigidez, abulia y falta de economía en sus decisiones había llevado al desastre a dos generaciones de occidentales. Y eso no se podía permitir. Así, la casta tecnocrática, esta vez ya plenamente californista a la altura de los años sesenta, tiene vía libre para acogotar a los políticos y militares formados a la vieja usanza y alimentados por valores también a la vieja usanza. California había comenzado a demostrar que se podía generar una gran eclosión tecnológica sin necesidad de estar aparejada a las necesidades militares, como había demostrado Terman; el dilema del prisionero, no obstante, dejaba abierta la puerta a una colaboración fluida y continuada entre la élite tecnocrática y el complejo-militar industrial. Una jugada perfecta. Así ha sucedido hasta el momento presente.

Así también, la correlación entre tecnócratas y las necesidades militares de un país cada vez más inflacionado e intervencionista resolvió un enigma que enfrascaba a los Altos Mandos, esto es, cómo conseguir que los mejores cerebros del sector civil permaneciesen disponibles para el bélico incluso en tiempo de paz, manteniendo así la ficción de que los avances técnicos primero ocurren en la guerra y luego van goteando a la sociedad civil (el llamado efecto trickle-down). Así, casta tecnocrática y complejo se refuerzan mutuamente, tras un bonito biombo de avance, renovación y ausencia de guerra.

También hay que decirlo, el control californista sobre numerosos resortes del complejo militar-industrial resultó muy útil para que quedara embridado, controlado, analizado minuciosamente y engrasado, de modo que se pudiera orientar en la misma dirección de un modo armónico. Es decir, para que funcionase a una, siguiendo la misma estrategia. No siempre había sido así. Por ejemplo, antes de la entrada de Usa en la Segunda Guerra Mundial, la Standard Oil de Nueva Jersey -uno de los muchos pedacitos en que el Supremo había atomizado la antigua Standard Oil tiempo atrás-, junto con General Motors, ayudaron a suplir la carencia que la Luftwaffe alemana tenía de carburante de alto octanaje tratado con tetraetilo de plomo. Es posible que sin haber podido recurrir a las fuentes useñas, la aviación alemana hubiera tenido que quedarse temporalmente en los hangares. De hecho, el gigante químico alemán I. G. Farben era el segundo accionista de la petrolera de Nueva Jersey. Aunque la entrada de Usa en el conflicto mundial reorientó al complejo, no cesaron las preocupaciones y acusaciones -por ejemplo, la citada Standard Oil de NJ fue acusada, al igual que la de California, por el Estado Mayor de habilitar puntos de repostaje para barcos del Eje en la costa iberoamericana- por si sectores del complejo no remaban en el mismo sentido. La tecnocratización permitió monitorizar y encauzar el esfuerzo de producción, generando una burbuja armamentística bestial, algo jamás visto en la historia humana, íntimamente relacionada con la deuda del Tercer Mundo, y que ha convertido al soldado occidental en un apéndice de la tecnología, a imagen y semejanza del civil occidental rodeado de cachivaches patentados en ya sabéis dónde.

La élite californiana cumplió un servicio más dando respuesta a otra vieja preocupación de Von Neumann: cómo mantener la guerra y el control de la capacidad de destrucción si la cúpula jerárquica era descabezada. La RAND quería una estructura reticular, descentralizada, que conectase terminales computerizadas permitiendo con ello un Estado Mayor alternativo, autónomo, de órdenes inmediatas y casi imposible de eliminar por bombardeo. La idea provino, faltaría más, de otro señor judío: Paul Baran, nacido en Polonia y fallecido en Palo Alto, CA. En 1960 presentó la idea al think-tank y al final de década, en ese mismo 1969 en que el hombre pisaba la Luna, Arpanet ya carburaba. La primera conexión de aquella Proto-Internet se produjo, como podréis imaginar, entre dos universidades californianas, Stanford y UCLA. Si bien teóricamente se trató de un proyecto civil, el complejo militar-industrial veía con ello la solución a uno de los escenarios que más le preocupaban: las tomas de decisión desde un búnker antirradiación. Por fortuna, no ha hecho falta.

Si la Red hubiese nacido en un ámbito burocratizado al estilo de la Costa Este, seguiría siendo jerárquica y no horizontal como es ahora. Habría sido igual de piramidal si se hubiera creado en China o en Rusia. Pero parece que el urbanismo en red de Los Ángeles, con pocos rascacielos, horizontal y donde necesitas el coche hasta para comprar pan, inspiró la estructura de esa otra red que ahora nos comunica.

Y ya que estamos hablando de la influencia judía, corresponde comentar algo sobre el así llamado marxismo cultural.


¿QUÉ SE ENTIENDE POR MARXISMO CULTURAL?

Llegados a esta altura, aproximadamente la mitad de la saga, es buen momento para exponer los propósitos finales de las élites californistas. Si bien soy partidario de entender los procesos sociales como algo no guiado sino más bien ciego o incluso hasta errático, en mi opinión la élite tecnocrática -desde Jobs por lo menos- es crecientemente consciente de su poder, su influencia y su situación, operando en consecuencia. Y su objetivo final tiende puentes con el de la otra gran ideología de la modernidad, el marxismo. Ese objetivo final es la utopía. El californismo es una ideología utopista.

Se entiende la utopía como una ausencia de contradicciones, es decir, como la desaparición de toda dialéctica, lo mismo que movía la historia humana pero que llegados a un punto ha dejado de existir. La dialéctica de opuestos -el enfrentamiento entre clases, entre países, entre razas, entre religiones, entre cosmovisiones, entre sectores productivos, todo enfrentamiento en suma- nos ha llevado a un punto histórico en el que nos desembarazaremos de ellas y viviremos en un marco post-histórico. El fin de la historia es la clave de la utopía, su contenido real. A esa utopía han querido adherirse numerosos pensadores de lo que llamamos con imprecisión "Occidente", al menos desde el cristianismo. La tesis mesiánica implica que si bien vivimos en un valle de lágrimas dentro de la realidad se van articulando signos, movimientos y experiencias que orientan a la masa creyente a esperar la llegada de un ser providencial, o bien de una época providencial, en que todo aquello que abruma finalmente desaparezca. El judaísmo y, en buena medida, también el islamismo así lo esperan. Teóricamente el cristianismo no, pues la llegada mesiánica ya se ha verificado, hace dos mil años, desde los cuales el Reino ya habita entre nosotros, y que tanto pensar en el final de la historia como el mero preocuparse por el mañana son algo que, Evangelio en mano, deberíamos abandonar. El futuro es cosa de Dios. 

Sin embargo, en suelo cristiano la mera idea de mesianismo ha resultado atractiva. Tanto que nace un género literario, el de la utopía, consistente en fabular imaginando un mundo carente de contradicciones, sin dialéctica, caracterizado por la abundancia, la paz y la innecesariedad de las estructuras políticas (o anarquismo). Sin embargo, será en el siglo XIX cuando los utopismos comenzarán a tomar cuerpo de modo claro. En Usa, país forjado con la Biblia en la mano, por el momento se conformaron con especular con la Segunda Venida de Cristo y el fin de la historia yendo de su mano -algo hemos comentado al hablar del adventismo millerista y su evolución ufológica-. En Europa, donde el cristianismo comienza a sufrir un ataque impresionante, voceado desde las obediencias masónicas, el utopismo ha de ser básicamente laico. Para ello hace falta algo que parece abundar: avances científicos y sociales, tiempo libre para escribir y cierta falta de humildad. De todos los utopismos, el marxismo ha sido el más influyente.

No nos vamos a poner aquí a exponer la ideología marxista, pero sí indicar algunos de sus puntos característicos. Karl Marx era un utopista a la moderna, de origen judío si bien su familia abrazó el cristianismo, tal vez por cálculo. Se conservan de Marx textos juveniles fervientemente cristianos, al parecer; sin embargo, con el tiempo ha pasado a ser uno de los ateos más famosos de siempre. Marx bebía de la dialéctica según la cual una situación histórica concreta (que sería la tesis) genera en su seno una respuesta en contra (la antítesis), siendo el resultado de ese choque, habitualmente violento, una nueva situación histórica (la síntesis) que supondría una superación del estado de cosas previo. Esas situaciones históricas reposaban en una determinada forma de relaciones de producción, llamada infraestructura, y que para autojustificarse irradiaban un sistema de valores -presente en la cultura, en las obras de arte, en las creencias religiosas, etc etc- que conformaban la llamada superestructura. Marx era consciente de que influir en la superestructura, cambiándola, permitía a su vez cambiar la infraestructura. Así lo dejó claro al afirmar que "la crítica de la religión es condición previa de toda crítica". Es posible sin embargo que las posturas de Engels le hiciesen adoptar una visión más determinista. Así, en un sentido marxista clásico, la relación es siempre de infraestructura a superestructura, y sólo hay nuevas síntesis si la dialéctica se produce en aquélla. Según ese sendero, la historia siempre avanzaba y cada época era mejor que la anterior. Marx, en buena medida, admiraba a la burguesía, a la que atribuía las mayores transformaciones sociales hasta la fecha. Ese determinismo era despiadado, se producía se quisiera o no se quisiera, y llevaba a una especie de mundialización en forma de Estados grandes, aglutinadores de cada vez más territorio y población, siendo los pueblos reticentes a mundializarse escollos reaccionarios cuya aniquilación -incluso física- era un paso adelante positivo para la humanidad. Así lo afirmó Engels en enero de 1849 en la Nueva Gaceta Renana, con aprobación de Marx, a buen seguro enfadados por la revolución húngara del año anterior, que pilló en bragas a buena parte de la intelectualidad europea del momento. Desde luego, un Marx siempre alcanzado de dinero -llegó a estar en nómina del singular useño Horace Greely como corresponsal- no estaba para rechazar la influencia de Engels, cuya acomodada posición le permitía ayudarle, a pesar de lo cual el barbudo Karl murió pobre tras haber vivido siempre de inquilino y habiendo enterrado a tres hijos -la leyenda urbana que hace de Marx un forrado agente de Rothschild no hay ni por dónde cogerla-.

La tesis del capitalismo generaba una antítesis, la lucha obrera, que daría lugar a una síntesis, no sin pasar antes por un evento mesiánico violento, denominado dictadura del proletariado, tras el cual la síntesis marxista mostraría una sociedad sin clases, sin necesidad de estructura estatal, sin relaciones de explotación, algo así como un paraíso laico bastante pobre a la hora de ser imaginado. Y lo mejor de todo es que iba a ocurrir así se quiera o no se quiera, por medio de la dialéctica progresiva de la historia. Los autores de esa predicción ubicaban el arranque de esa síntesis en la muy industrializada Inglaterra. La sociedad de entonces, a pesar de presumir de avances, estaba tan hambrienta de milagros como cualquier otra, o quizá más que antes. En buena medida, lo predicado por Marx y Engels era una modernización de las utopías mesiánicas de trasfondo espiritual, derivando no de un designio divino sino de un economicismo rígido.

Como sabemos, la llamada revolución no se produjo en la industrializada Inglaterra, sino en un país por entonces eminentemente agrario, Rusia. Y no supuso ningún fin de la historia. Ni tampoco provino del determinismo de una historia que no se detiene y sigue su camino desentendiéndose del factor humano. Lenin, apoyado en su conquista del poder ruso por un Imperio alemán que quería cerrar de una vez el frente oriental -garantizaron su seguridad y la de 30 colaboradores en un tren especial y facilitaron diplomáticamente su entrada en Finlandia-, se impuso con astucia al gobierno masónico que había derribado al zar y que -siguiendo órdenes de las logias francesas- seguía emperrado en la impopularísima continuación de la guerra. El resto ya lo sabemos. Y ahora viene la pregunta: ¿dónde está la sociedad sin clases prometida?


Georg Lukács. Compárese con la foto de cualquier "femen".

LA LLEGADA DE LOS MAGOS

Un judío húngaro muy relevante llamado Georg Lukács se ganó una etiqueta que los marxistas clásicos endilgaron a todo otro marxista que adoptase un punto de vista heterodoxo sobre la dialéctica histórica, la de revisionista. Esa etiqueta, nacido por la misma época que la de neoliberal, ha sido utilizada genéricamente por la izquierda de modo peyorativo para denunciar una herejía ideológica (IV). Lukács veía con claridad que sociedad sin clases tururú la utopía no se había verificado, y eso por algo muy sencillo, que el triunfo comunista -síntesis tras haber vencido la antítesis revolución a la tesis capitalismo- pasaría a su vez a ser una tesis, que también a su vez generaría una antítesis que llevaría a una síntesis que sería tesis que generaría antítesis y así en un ciclo sin solución de continuidad.

Es muy interesante saber que Lukács brilló como crítico literario, es decir, como un estudioso de la superestructura. Poco a poco el interés de los eruditos marxistas se dirigió al combate cultural en toda regla, no como mera propaganda o como refutación de críticas, sino en un sentido mucho más ambicioso. Habiéndose quedado la relación one way infraestructura-superestructura  como algo desacreditado al menos en la intimidad, se podría pensar que una forma de conseguir la plena victoria comunista sería la de modificar la superestructura de las sociedades capitalistas para así precipitar los necesarios cambios que deberían darse en las relaciones de producción y conseguir avanzar al estado utópico. Por decirlo en una frase: el objetivo debería ser no adueñarse de los medios de producción capitalistas, sino adueñarse del pensamiento de esa sociedad. Sólo si se tiene en cuenta eso, que quien domina la mente domina el cuerpo, estaremos en condiciones de entender las corrientes que han vertebrado la historia, especialmente la contemporánea, y muy en concreto la de hoy. Ante los revisionistas había infinidad de emisoras, rotativas, editoriales y cátedras universitarias que controlar o, como mínimo, que desprestigiar presentándolas como máquinas generadoras de ideología contrarrevolucionaria, clasista, retrógrada y siempre interesada.

El italiano Antonio Gramsci abundó intensamente en esa veta abierta. Para Gramsci el capitalismo, o meramente sociedad tradicional, fundamentaba su pervivencia no sólo en la hegemonía material sino también en la ideológica, habiendo impuesto a las demás clases una conciencia social que mantenía el statu quo. De modo que una de las dianas inexcusables para la crítica marxista debía ser esa conciencia social burguesa, de la que incluso participaría la clase obrera, que respiraría un pensamiento contrario a sus propios intereses. Con Gramsci adquiere ya un peso sustancial el llamado intelectual orgánico, que quiere dar voz a las clases que no la tienen y que se encuadra en la lucha por la conquista del poder, pues éste dispone de los mejores altavoces. El intelectual no comprometido es considerado reprobable por su atención a aspectos sin relevancia dialéctica -por ejemplo, el mundo interior del artista o la estética por la estética-; el intelectual comprometido con una causa no marxista -librecambismo, parlamentarismo, cristianismo, tradicionalismo, etc etc- es considerado un agente, un esbirro.

Nace así el marxismo cultural, esto es, el marxismo que atiende de manera fundamental al pensamiento occidental -tradicional, cristiano, capitalista, patriarcal- como la clave de la sociedad de clases y se dispone a criticarlo, refutarlo, laminarlo y sustituirlo por un nuevo credo generado por los intelectuales orgánicos asociados a los nuevos regímenes comunistas. Como es de suponer, ese marxismo cultural experimentó un auge enorme después de 1945, cuando media Europa cayó en la obediencia comunista y ésta comenzó a exportarse al resto del mundo: los intelectuales orgánicos disponían ya de los resortes de poder necesarios para multiplicar su influencia en el pueblo. Comienza desde entonces un intensísimo proceso de adoctrinamiento social cuyo objetivo no era tanto la población de los regímenes socialistas, pues ahí no hacía falta y ya existía una política de hechos consumados, sino la de los países del llamado -no siempre con acierto- mundo libre.

El propio Lukács había sido -precisamente- comisario cultural durante el desastroso sóviet húngaro de 1919, el mismo que había ganado eternamente a Von Neumann para la causa useña. Poco tiempo después contribuye en suelo alemán a un singular think-tank marxista sociológico, el Instituto de Investigación Social, fundado en 1923 y llamado convencionalmente Escuela de Fráncfort. En la primera generación de adscritos a aquel chiringuito abundaron los pensadores  de ascendencia judía -Adorno, Benjamin, Löwenthal, el singularísimo Wilhelm Reich y varios más-, e incluso su principal impulsor económico era igualmente de origen hebreo, el argentino Félix Weil. La aparición de aquella generación parecía darse en el momento idóneo, pues acababa de constituirse la Urss en un vastísimo territorio, si bien todavía nos encontrábamos en los felices años veinte. Los francfortianos se toparon con un notable valladar cultural generado por el cada vez más potente Hollywood, sustentado por otros hebreos ya citados y que cantaba a su modo las bondades del capitalismo, el consumismo y la libertad individual dentro de unos márgenes. También aquel período de entreguerras se caracterizó por el frenesí artístico, que ya no era meramente un residuo de la superestructura, sino un campo de batalla como cualquier otro en pos del cambio de paradigma ideológico.


Autor: Norman Rockwell. 

Es tema para un tratamiento más amplio, sin duda, pero conviene apuntar que el arte fue, para el marxismo cultural, una arma de valor incalculable a la hora de cumplir la tarea de sabotear lo que ellos entendían como superestructura capitalista, es decir, el imaginario de la civilización occidental de los siglos inmediatamente anteriores, en los que el arte -siempre figurativo si bien a veces simbólico- expresaba un deseo de excelencia, de espíritu, de honestidad, de heroísmo y de santidad. Qué podía hacer un "simple ilustrador" como Rockwell ante el nuevo arte moderno en el que las revoluciones -más fáciles de hacer sobre un lienzo que sobre un pueblo- se sucedían sin parar agotándose rápidamente para dejar paso a nuevas oleadas de arte pretendidamente rompedor. El arte moderno sigue siendo a día de hoy uno de los muchos reyes desnudos de nuestra sociedad, promocionándose y potenciándose continuamente -una obra de Mark Rothko (judío letón emigrado a Usa) consistente en tres manchurrones vagamente rectangulares se vendió por 86 millones de dólares en 2012- a pesar de que los miembros de los directorios de las empresas que mantienen fundaciones y galerías de ese tipo de arte tienen en casa como mucho el retrato del abuelo y figurillas de Lladró: no son mecenas.

Por tanto, los marxistas culturales de primera generación se desenvolvían en el seno de una cosmovisión burguesa, de la que muchos procedían. El propio Lukács era de una familia de banqueros. Su origen no era precisamente obrero en la mayoría de los casos. De ahí que sus lecturas sociales no fuesen obreristas, dirigiéndose más bien a gente de su cualificación intelectual. Un ejemplo. Adorno, musicólogo, consideraba que la música atonal (cuyo principal estandarte fue otro hebreo influyente, Arnold Schönberg, austríaco emigrado a Usa y fallecido en Los Ángeles) era la propia de la modernidad pues se había roto con la necesidad de que hubiera una tónica dominante en la partitura, representando ésta el mundo anterior jerarquizado y rígido, y la atonalidad una nueva sociedad de ciudadanos en pie de igualdad. Dejando aparte lo forzado que tiene esa interpretación, no se nos puede escapar que a la clase obrera la música atonal le producía un entusiasmo más bien tirando a nulo, prefiriendo de siempre las canciones, los himnos y la música agradable de escuchar. Los francfortianos no estaban en la misma onda.

Si durante los años veinte el capitalismo parecía ir bien, en los treinta el tema no estaba para florituras intelectualoides. Imperaban el radicalismo y la acción directa. Los obreros comprometidos no perdían el tiempo en disquisiciones etéreas sobre superestructuras de dominación. Sus anhelos eran más claros, más nítidos, más corpóreos y más urgentes. De ahí que la influencia de la primera generación francfortiana se haya quedado en la capa intelectualista del consumo de cultura y, claro está, en el germen de una segunda generación con más cosas que decir.


Tormenta orgónica. No me consta el autor de la imagen.

LA RUTA DE LOS ORGONAUTAS

Una de las personalidades más marcadas de aquella primera oleada fue Wilhelm Reich. Discípulo de un celebérrimo judío austrohúngaro, Sigmund Freud, el tal Reich era igualmente judío y nacido en el mismo Imperio. A lo largo del siglo XX se producirá una pugna entre estudiosos de la psique humana que se puede simplificar entre aquellos que consideraban la mente una especie de misterio imposible de evaluar con medios científicos, de modo que lo que correspondía hacer era fijarse en aquello que sí era observable, la conducta, convirtiéndola en algo modificable, y los que intentaban penetrar en el imaginario psíquico buscando las claves del sufrimiento y el error, a través de la conversación y la intuición. En síntesis, hablaríamos de un enfrentamiento entre cientifismo y humanismo. Freud, Reich, Frankl y otros autores judíos se aplicaron a la corriente humanista. Por las circunstancias de la historia, findamentalmente el antisemitismo del Tercer Reich, los estudiosos hebreos se van desplazando hacia Occidente y mueren allí. Freud morirá en Londres. Fritz Perls lo hará en Chicago. Reich morirá en una prisión de Pennsylvania. Por contra, los principales cultivadores del conductismo, Watson y Skinner, no se desplazaron en ningún momento al oeste. Es un síntoma.

Reich, como derivado del freudismo, considera que la neurosis, el sufrimiento psíquico humano, proviene de la represión de una inclinación natural. La focalización en el sexo por parte de los freudianos es sumamente importante a la hora de entender futuras derivas del marxismo cultural. Según Reich, el potencial orgásmico de la persona da la verdadera medida de su salud anímica. El modo en que defiende ese punto es original, visto desde el punto de vista moderno -aunque no lo es si se conoce algo de mitología comparada-. Reich nos habla de una energía primordial que vertebra y penetra todo, el orgón,  desde lo más gigantesco en el Universo hasta la intimidad de cada ser vivo. Esa energía primordial será absolutamente fundamental en el new-agismo californista, e incluso pasará al imaginario mítico colectivo de Occidente como la Fuerza en la saga Star Wars, también californista a rabiar. Reich, signo de los tiempos, no habla del orgón como algo evanescente y trascendente, sino como algo que se puede medir e incluso ver -afirma que es azul-. Otro concepto reichiano fundamental es el de pulsación, según el cual todo lo existente palpita, es un pulso continuo, algo así como un tira y afloja continuo entre expansión y contracción. A partir de ahí, Reich identifica la neurosis como una deficiencia en la pulsación, un atasco en el flujo orgónico en nuestro ser, fruto de la imposición de una "coraza" social que encorseta y falsea nuestra verdadera realidad. Es fundamental retener estas conclusiones para entender mejor el tema. La solución para destruir la neurosis es una liberación personal, que pasa necesariamente por la sexual, deshaciéndonos de la coraza de imposiciones sociales -principios morales, normas jurídicas, reglas de trato- y haciendo que el orgón fluya sanamente. En ese sentido, Reich es un personaje fundamental para generar un marco de ideas relacionado con la liberación sexual, el espiritualismo de nueva cosecha y la charlatanería. Podríamos considerarle el primer magufo de la historia.

Reich ingresó en el partido comunista pero salió rebotado poco después. Mal visto por el nazismo, se fue a Dinamarca pero también rebotó, hasta Noruega, de donde también tuvo que irse. En Usa sus experimentos de captación orgónica fueron tildados de fraude y publicidad engañosa, una de sus instituciones estuvo envuelta en un escándalo por abuso infantil y el propio Reich terminaría dando con sus huesos en la cárcel, muriendo poco antes de ser puesto el libertad. En un llamativo ejemplo de censura chocante en el país "de las libertades", la FDA hizo destruir los acumuladores orgónicos y quemar libros y publicidad de Reich. Visto con la debida perspectiva, está claro que Reich se equivocó de costa. Si desde un principio se hubiera mudado a California, donde como veremos en esta serie de artículos cualquier chifladura se recibe con los brazos abiertos, posiblemente se habría ahorrado tantos descalabros.

La obra reichiana es propia de un tiempo concreto. Más allá de los aspectos más lamentables y de lo fácil que resulta reírse de los disparates surgidos de una imaginación tan fértil como febril, se puede adivinar cierto fondo de verdad en algunas afirmaciones de aquel peculiar personaje. Puede decirse que Reich oyó campanas pero no supo dónde. Ahora bien, el pansexualismo que venía de la mano del orgonismo -que le daba una dimensión mayor, cósmica, al pansexualismo freudiano- y el ropaje pseudocientífico con que lo vistió han resultado a la postre altamente influyentes para que la idea de represión social anímica se haya convertido en moneda corriente hasta nuestros días.

Y uno puede preguntarse dónde se habla aquí de lucha obrera. Pues en ningún sitio, y hay un motivo.


Herbert Marcuse.

LA TERCERA "M"

Como hemos visto al exponer el curso histórico de la Gran Rueda, el obrero occidental vive mejor que nunca apenas una o dos décadas después de la caída de Berlín. Los escritores marxistas afirman, apenados, que se ha "aburguesado", y que ha adquirido la mentalidad propia del capitalismo, mentalidad que impide hacer de ellos el motor del cambio. Forman parte del sistema. ¿El marxismo se está quedando sin proletariado del que proclamarse representante? Por otra parte, la exportación del comunismo global por todo el planeta ya no seduce tanto a la Urss como antes de la Operación Barbarroja. Comienzan a potenciarse los comunismos nacionales. Incluso en los años sesenta se producirá un cierto deshielo dentro del bloque soviético. La efervescencia ideológica se traslada al segundo y tercer mundo.

Herbert Marcuse, judío alemán radicado finalmente en Usa -llegó a prestar asesoramiento a los servicios de inteligencia durante la guerra-, resulta crucial al llegar a esta altura. En los últimos años de su vida se convirtió en gurú desde la Universidad de California, en San Diego, llegándosele a llamar "la tercera M", tras Marx y Mao. Frente a un comunismo occidental con tendencia a aletargarse, el maoísmo ofrecía la promesa de una nueva oleada revolucionaria, de una oportunidad dada a los más jóvenes para cambiar el mundo.

El libro más importante de Marcuse es El hombre unidimensional, de 1964. El hombre actual es unidimensional porque está aprisionado, está reprimido, reflejo de la argumentación freudiana y antítesis de la muntidimensionalidad que parecía prometer Reich con la curación orgónica de la neurosis. Tanto el hombre soviético como el occidental están presos. El occidental no se da cuenta, le manejan y no lo percibe, crean falsas necesidades para él que se apresura a satisfacer, tiene ante sí una pantalla de mentiras que hacen de su sociedad una experiencia totalitaria por mucho que él crea que es libre. Marcuse, en ese sentido, se adelantará décadas a la idea antisistema de la Mátrix global que nos miente y sojuzga. En ese sentido, también, unas cuantas cosas de las que dice son ciertas. Se trata de marxismo cultural puro y duro, por cuanto apunta a la superestructura del capitalismo, la señala como generadora y justificadora de males (si bien el obrero no está tan explotado como antes, se le presenta como enfermo de neurosis), y la condena como perpetuadora de una gran estafa.

Esa tesis es grata en general al conspiracionismo, y como él también tiende a la exageración. Al tener el mundo actual como una expresión de totalitarismo ideológico, todo lo que podemos ver puede interpretarse como una forma de control mental y de nacimiento de neurosis. Por ejemplo, una urbanización useña prototípica, o una mansión, no sería una muestra de éxito o de orden, o de trabajo bien hecho, sino de neurotismo social soterrado. Y una familia perfecta escondería terribles secretos y una dominación personal despótica bajo un manto de buenas maneras e imagen reprochable. Ese conspiracionismo ha tenido éxito en la cultura occidental.

La solución parece discurrir por una emancipación personal respecto del discurso-Mátrix dominante en busca de las verdades salvables para operar a partir de ellas, y por el recurso a determinados sectores que se diría están menos contaminados y también tienen menos que perder, las clases más bajas, el lumpen-proletariado, y la juventud, a las que se confiere un poder revulsivo y la posibilidad de ser palancas de la revolución. Marcuse es en este sentido uno de los principales valedores de la condición mesiánica de la clase más desposeída de todas, los parias de hoy, del que ha derivado parte de la fascinación que para la intelectualidad izquierdista burguesa tiene el mundo de la delincuencia y los quinquis, entendidos como "lo más bajo de lo más bajo". De hecho, no es raro que algunas tribus urbanas de ideología ultraizquierdista adopten el aspecto -a menudo falso- de desharrapados. Y eso parece sugerir buenas dosis de clasismo por parte de esos intelectuales orgánicos que, tras mayo del 68, se aplicaron animadamente a copar editoras, cátedras y líneas ideológicas de periódicos. En cuanto a la sobrevaloración de la juventud, es un rasgo marcadamente californista. Los sesenta fueron los años de la juventud, añorados por quienes ahora son viejos. La nostalgia es un buen negocio.


Daniel Cohn-Bendit.
EL GRAN CAMBIAZO

Llegados a esta altura, podemos afirmar que en la evolución del marxismo cultural hay un antes y un después, un Rubicón, en el mayo francés de 1968. Se trata de un año fundamental para el californismo, porque tanto su núcleo duro tecnocrático (íntimamente hermanado con un complejo militar-industrial empeñado en la guerra de Vietnam, prolongada por un presidente de la órbita californista, Nixon) como sus mecanismos de input mental antitradicionalista (hippismo, ufologismo, sectarismo, moda femenina, new-agismo, consumismo) funcionaban a pleno pulmón. Era de esperar que se produciría un choque entre ambos titanes, el francfortiano y el californiano. Era cuestión de tiempo.

Sobre mayo del 68 (uno de cuyos agitadores fue otro señor de origen judío, Daniel Cohn-Bendit, salpicado en su autobiografía por indicios de pederastia que apenas ha podido excusar débilmente con posterioridad) se ha urdido una telaraña de fábulas e historietas que con el tiempo han alcanzado una densidad y pegajosidad realmente cargantes. En realidad allí cristalizaron, de modo mitificado, los anhelos y cambios de una década muy movida, que había comenzado con Kennedy y Juan XXIII, una década de cambio generacional muy profundo, cuando los padres parecían no tener las respuestas adecuadas para sus hijos. El progresismo como sustitutivo del saber tradicional que la anterior generación entregaba a la presente y el rechazo de la historia europea como algo mal hecho, defectuoso, así como la consideración de la juventud como un valor autónomo, autosuficiente y engreído, hicieron de una anécdota toda una palanca de cambio. Una de las razones subyacentes era sin duda la reforma universitaria, tras la cual se agitaba el deseo de las nuevas oleadas intelectuales de copar los pasillos y departamentos de las facultades del futuro. Otra, la de mover de la silla a un Charles de Gaulle que para los planes anglouseños era cada día más incómodo. La presencia de la inteligencia useña en la cocción de una nueva izquierda europea es algo que no debe minusvalorarse. El comunismo nacional, de partidos hegemónicos orbitando hacia Moscú, no era una buena perspectiva. Resultaba mucho más interesante escorar a la militancia juvenil hacia el trostkismo y sobre todo el maoísmo, lo que geopolíticamente debilitaba a la Urss, entre dos fuegos, el otanista y el chino, y dejaba completamente invertebrada a la ultraizquierda, que de tener partidos poderosos -el comunista italiano, por ejemplo- derivó en los años siguientes hacia una atomización bastante ridícula, en la que la ideología manejada rozaba habitualmente el delirio y la conspiranoia, y en la que la estructura interna recordaba la de las sectas. La contestación social, una vez purgada la ola de terrorismo maoísta, se canalizó hacia alternativas casi inoperantes, como los grupos verdes, o se institucionalizó, pasando sus dirigentes al juego partitocrático y derivando en intelectuales de casta, algo que en buena medida no habían dejado de ser.

El movimiento ultraizquierdista se había convertido en una amalgama bastante caótica de ideas marxistoculturales trufadas de californismo -de igual manera que algo así se había producido al revés, con ejemplos como el Ejército Simbiótico de Liberación, rápidamente eliminado por el sistema-, entre las que destacaban su conformación como organizaciones sectarias destructivas, su difuminación doctrinal entre un libertarismo que contenía chocantes dosis anarcocapitalistas y un irenismo pseudoecologista con algo vagamente matriarcal en el ambiente, amén de la fascinación fetichista por la ropa, los coches y las armas. Un caso singular fue el de la Fracción del Ejército Rojo, una especie de secta terrorista de activistas guays vestidos a la última que solían arramblar con coches de gama alta para sus movimientos. Aunque parezca asombroso a juzgar por las pintas de la foto de abajo, lo cierto es que Andreas Baader, Gudrun Einsslin y Ulrike Meinhof fueron algo así como iconos pop y sex-symbols para un sector de la juventud alemana (de la RFA; al otro lado no se permitían esas cosas), inspirados a buen seguro por films californistas de gran éxito como "Bonnie & Clyde" (1967, Arthur Penn).


La Fracción del Ejército Rojo. Mongolización en dosis considerables, y cierta androginia.

El marxismo cultural clásico, por llamarlo de alguna manera, el que hemos visto que arranca en Fráncfort, compartía un objetivo común con la élite californista, esto es, la completa erradicación de todo pensamiento tradicionalista en Occidente, entendiendo como tal todo aquello que tuviera que ver con el cristianismo, el concepto de pecado y de culpa, la libertad individual relacionada intensamente con la responsabilidad, la honradez y la austeridad, así como toda forma de organización que supusiese un obstáculo entre el individuo y la élite: familia, nación, etnia, incluso la propia identidad. Unos y otros aspiraban a la llegada de la sociedad utópica. En ese punto las élites californianas leyeron con agudeza el valor que podría tener el marxismo cultural como instrumento de manipulación y bastardización del pensamiento en las sociedades del llamado mundo libre. La CIA sirvió a ese plan de modo muy eficaz. A los pocos años de mayo del 68, el marxismo cultural había mutado completamente. 

Y es que aunque fuera útil para los planes utópicos californianos, en su seno también suponía una amenaza. El californismo es una derivación satánica del capitalismo, por tanto no puede apoyar plenamente una ideología que a fin de cuentas ansía cargárselo y que además era rabiosamente anticonsumista. Por otra parte, la intelectualidad izquierdista estaba continuamente criticando y denunciando la Mátrix que desde el Estado Eureka se había generado. Por tanto, el marxismo cultural debía ser modificado, transformado en otra cosa.

A estas alturas aún desconozco cómo fue el proceso en sus detalles. Por ejemplo, nos podemos hacer una idea mucho mejor de la estrategia de la élite californista a la hora de neutralizar el hippismo, pues a fin de cuentas era una criatura enteramente californiana y bastaba con no dedicarles películas durante dos o tres años, no publicitar las que se hacían, mandar al gobernador Reagan a hacer ruido en los campus, esperar a la primera ola de sobredosis y muertes súbitas entre los rockeros, y hacer hincapié mediático en los grupos y sectas más lamentables. Sin embargo, en el caso que nos ocupa la estrategia por ahora nos resulta desconocida a medias. Lo que sí conocemos son sus efectos: el marxismo cultural enfiló el final de los años sesenta como un conjunto de doctrinas seguramente equivocadas pero sugestivas, bien trabajadas y capaces de vertebrar iniciativas populares de envergadura (como sí ha podido en Iberoamérica, donde sobrevive de modo residual), y apareció al comenzar los setenta convertido en un engendro frankensteiniano en el que tenían cabida un montón de ideologías débiles: feminismo, abortismo, irenismo, ecologismo, veganismo, sectarismo, indigenismo, ginecocratismo, masonismo pseudotemplario, ternurismo animalista, e incluso cosas posteriores como el pastafarismo, el kopimismo o el transmaricabollerismo. Aparte de tener un fondo doctrinal muy flojo (sin que eso signifique que se pueda estar de acuerdo en algunas cosas: ¿cómo no voy a estar de acuerdo en defender la dignidad de la mujer, o en ahorrar sufrimiento al ganado?), se caracterizaban por ser ideologías fragmentarias, que sólo atendían a un aspecto de la realidad y no se ponían de acuerdo para nada realmente gordo (V).

A estas alturas, si uno es perspicaz, se habrá dado cuenta que de obrerismo cero patatero. El sujeto fundamental del cambio, el factor revolucionario, quien debía ser la preocupación de los pensadores y activistas marxistas, era el obrero varón europeo. Es decir, un trabajador manual que sostenía a su esposa y sacaba adelante a sus hijos, mantenía unas convicciones morales marcadas por la honradez y la rectitud, y se entretenía con productos culturales populares perfectamente dignos. El nuevo marxismo cultural, o simplemente marxismo magufo, que no puede ver un mono de trabajo ni en pintura y sin que le corra un escalofrío por el espinazo, ha encontrado otros objetivos. Y eso en buena medida por lo dicho anteriormente, que gracias al capitalismo el proletario ya no es tan proletario de modo que hay que buscar otros. De hecho, si la Pasionaria llega a ver a alguna de las Femen, la agarra por los pelos y la saca de su hábitat natural, el objetivo de una cámara, para darle a gritos una arenga sobre lo que es realmente el obrerismo y lo que no es. Las Femen son una especie de destilado de la feminidad californista, con buenas dosis de surferismo, de arrogancia ovárica, de desmelene hippiesco y de adornos hawaianos. De hecho, como buenas hijas de la sociedad del espectáculo, suelen ser chicas muy bonitas.

¿Cuál ha sido el punto flaco del marxismo cultural por el que se coló el californismo? Muy sencillo: la regla do what you feel. El marxismo cultural se forjó no sólo de Marx sino también de Nietzsche y sobre todo de Freud, según lo cual la voluntad de poder y la aparición de neurosis debida a una represión se convierten en fundamentales. El comportamiento ingenioso, espontáneo, es considerado natural -será muy importante en el pensamiento de marxistas culturales como un Sartre por ejemplo la esencia del juego-; por contra la disciplina, la autocontención, la previsión, se consideran horrores burgocapitalistas totalmente antinaturales que generan enfermedades mentales, deformaciones en la visión de la realidad. 

La liberación se convierte en un fetiche y un dogma. Eso le encanta al californismo, que lo potencia. Tanto es así que se va imponiendo la idea de que si uno no hace lo que quiere, revienta, le entra estrés y eso le enferma. Expresiones como "dije lo que sentía en el momento" aunque fuera una animalada, acostarte con la mejor amiga de tu chica porque "si reprimo mis instintos es peor, es judeocristianismo, podría salirme algo psicosomático" o despilfarrar tu dinero en tonterías son algunos de los síntomas de lo que el psiquiatra Enrique Rojas llamaba la socialización de la inmadurez. Antes la sociedad admiraba a quienes mantenían sus instintos bien encadenados a una idea moral, a quienes reducían sus apetitos al mínimo: ahora el apetito por todo se potencia al máximo, y la autoindulgencia (a menudo acompañada de una fuerte exigencia hacia los demás) es moneda corriente. El consumismo californista de la Gran Rueda está de enhorabuena. 

De hecho, el marxismo cultural post-68 ya no pretende abolir el consumismo. Ahora hablar de "desarrollo sostenible" y de "consumo responsable". Ha abdicado. A lo que se dedica es a defender el deseo personal, el libertarismo caprichoso, algo que habría asqueado a un marxista serio de los años treinta. Rige la norma "de la piel p'adentro mando yo", con lo que de la piel p'afuera mandan otros. Hemos cedido libertades importantes a cambio de libertades idiotas. Podemos tatuarnos con arabescos e ideogramas, piercearnos la nariz y la lengua, raparnos una sien y dejar el pelo largo en la otra, beber como cosacos, vomitar en la calle entre meados y cubatas rotos, pero no podemos votar ninguna decisión importante. La libertad acaba cuando metes el papelito en la urna cada cuatro años. Con ese papelito el gobierno decide casi cualquier cosa sin que puedas votar si te mola o no. ¿Es eso democracia? 

Los grupos de opinión -y determinados partidos- defienden el do what you feel, que habría encantado a Ayn Rand. Que la chica quiere abortar porque no le viene bien ahora lo del niño, pues que lo haga (y le pagamos la operación derivada a una clínica privada; que tengamos encima una montaña de información sexual y anuncios de preservativos patrocinando incluso series de dibujos animados sin que los embarazos no deseados hayan descendido es otro síntoma de irresponsabilidad institucionalizada). Que "los catalanes" quieren irse, que se vayan (y les pagamos la segregación). Que un varón con órganos sexuales masculinos y gonosoma XY se siente mujer, pues es una mujer y quien diga lo contrario es un reaccionario de sacristía (y le pagamos la operación al chico, o chica). ¿Quién lo paga? Pues el obrero occidental, entre otros.

A modo de conclusión, digamos que el californismo manipuló y transformó al marxismo cultural en una derivación ideológica práctica para sus intereses, con óptimos resultados. La tradición europea ha sufrido un castigo tremendo, descristianizándose. El pueblo europeo ha sufrido una extirpación de su espíritu, que pretende llenar con materia. Los conceptos de familia, nación y culto cotizan a la baja. La gente occidental es cínica y está desorientada. Pide a gritos a alguien que la oriente sin dejar de hacerla sentir ocurrente e ingeniosa. Las ideologías anticonsumistas son hoy residuales. El marxismo cultural no dio el gran salto a Usa, sino que se derivó hacia Iberoamérica. Los trostkistas y maoístas europeos se han convertido en intelectuales orgánicos del poder y políticos partidistas. Los trostkistas y maoístas useños se han convertido en neocons y anarcocapitalistas. Y el apetito humano por seguir devorando el planeta a bocados cada vez mayores no hace sino exacerbarse.



Imagen: Warner Bros / Seven Arts / Tatira-Hiller. "Bonnie & Clyde", glorificación californista de la juventud y la improvisación vital.

 
El círculo se está cerrando. Eureka.


(continuará)



(I) - Según parece, Heisenberg sentía serios escrúpulos morales ante esa nueva arma, con lo que fue ralentizando el proceso para conseguirla. Con todo, este tema del arma atómica alemana resulta tan fascinante como oscuro para el profano. Hay quien considera que no llegaron a tenerla no por desinterés de Heisenberg, sino por errores suyos. También hay quien afirma que llegaron a tenerlas: se han encontrado prototipos de Heinkel idóneos para tirar la bomba, planos de NY con radios de destrucción masiva, teletipos que aseguraban que los nazis habían empleado una bomba sucia en Kursk y que tenían tres más, testigos de detonaciones en la isla de Rügen, alguna declaración quizá apócrifa de Oppenheimer diciendo que en realidad Little Boy era alemana ....

(II) - Para saber más sobre el tema, recomiendo un libro sensacional de William Poundstone, El dilema del prisionero.

(III) - Quienes echaron los dientes con el Barrio Sésamo de Caponata y Perejil recordarán sin duda un film juvenil con un trasfondo serio, "Juegos de guerra" (1983, John Badham), que iba del percal. Por cierto, en la trama de ese film la inteligencia artificial Joshua parece haber sido bautizada por el parque nacional californiano Joshua Tree y su tapadera es una empresa ficticia de la también californiana población de Sunnyvale.

(IV) - Las organizaciones comunistas se fundamentaban en una obediencia férrea y en el rechazo de la libre crítica en su seno. Tal vez la experiencia bélica rusa, teñida de desmotivación, en la Gran Guerra influyó en todo ello. Aquel que se salía de la línea de partido caía en desgracia, siendo tildado de contrarrevolucionario o, peor, de agente capitalista pagado por "la Alta Finanza". Por entonces la referencia en el imaginario marxista era la oligarquía financiera londinense; tras 1945 lo sería la useña de la Costa Este.

(V) - ¡Qué sintomático resulta el caso de Podemos!, conformado por una base social en la que abundan ideologías débiles contraculturales de inequívoco sesgo californiano pero que si ha demostrado tener pujanza a la hora de querer asaltar el poder ha sido por su cúpula de marxistas culturales clásicos, gramscianos.





20 comentarios:

  1. ¿Qué problema hay con los links? ¿Están prohibidos?

    Aquí tenemos a Jiménez Losantos (maoísta que se convirtió en neocon). Siguió el camino fácil y previsible. Lo difícil es hacelo al revés, como Jorge Verstrynge.

    El "marxismo cultural" tuvo más que ver con el bloque capitalista que con la URSS.

    Discrepo en que el marxismo cultural haya cuajado más en América Latina. a pesar se su indigenismo, los "bolivarianos" son católicos y defienden la familia, algo que irrita a los globalistas de "El País"

    ¿La trilogía "Matrix" es californista?

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  2. Bueno, dentro de dos días entra en vigor la Ley de Propiedad Intelectual. Ante la inseguridad jurídica que en mi opinión genera prefiero que de momento, ya veremos luego, no se linkee a medios de información españoles.

    Losantos siempre ha dicho que su "caída del caballo" maoísta fue en una visita a China, cuando vio lo que vio. No sé si Vestrynge tuvo una experiencia así. Pienso que Vestrynge ha cambiado más bien poco en comparación con Losantos, al menos en lo que se refiere al ya viejo esquema izqda-dcha, ha pasado de un corporativismo a otro. Determinada dcha y casi toda la izqda odian el mercado (o desconfían de él más de lo que desconfían del sector público), así que un trasvase de una a otra puede no ser tan complicado.

    El marxismo cultural clásico, el de los francfortianos, no podría haberse dado nunca en la Urss. Para el sovietismo en general era casi una traición, por su carácter revisionista, y una ideología burguesa e incluso frívola y disolvente. Eso sí, la Urss no veía con malos ojos cómo esa ideología amenazaba con carcomer las bases ideológicas capitalistas y se infiltraba en Iberoamérica. Supongo por ello que mayo del 68 sentó fatal en Moscú, porque verían que parte del izqdismo derivaría a subideologías progres y otra parte degeneraría en maoísmo.

    Para entender el caso de Iberoamérica, hay que diferenciar el marxismo cultural "auténtico" de lo que hoy es así llamado por los creadores de opinión identitarios. Por poner un ejemplo, las Femen no tienen riguramente nada de marxista cultural, y todos sus rasgos distintivos son californianos. Iberoamérica ha sido fuente tanto de obras marxisto-culturales propias como inspiración para los autores europeos. Ahí está lo que dejaron escrito Régis Débray, Gustavo Gutiérrez, Ernesto Guevara, etc, o libros como "Las venas abiertas de América Latina" de Galeano o "Para leer al pato Donald" (1972) de Dorfman y Mattelart, poco conocido hoy pero un exitazo brutal entre la progresía de las últimas décadas, con decenas y decenas de reediciones. Comparemos su antiyanquismo y su anticonsumismo con el fetichismo yanqui-hipster y consumista del progresismo de hoy: nada que ver. Todo ese revoltijo de curas guerrilleros, psicoanálisis, comunas (serias, rollo reducciones jesuitas; abstenerse hippies), nacionalismos "descolonizadores", caudillos sietemachos y tal es típico de la Iberoamérica marxisto-cultural, una creación autóctona en la que sin duda está incluido el componente católico y el indígena, que le da su tono especial, más de traje de faena, no como los peripuestos ensayistas de Fráncfort, pero a mi entender conectado con ellos. A lo mejor exagero pero el panorama de la izqda revolucionaria iberoamericana debe casi tanto a Freud y Nietzsche como a Marx y Lenin.

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  3. "Matrix" reúne elementos contrapuestos. Su denuncia de la gran pantalla audiovisual que una corporación de inteligencias artificiales nos ha puesto delante de los ojos para que seamos sus esclavos es en principio anti-californista. Contiene además elementos arqueístas de raíz bíblica (ahí está Sión como ciudad salvadora, y la figura de un mesías). Pero por otra parte también hay algunos elementos californistas (como los niños índigo de la visita al Oráculo, doblando cucharas y tal) y la conclusión de la primera parte (las dos secuelas están totalmente vacías, a mi entender) es muy chocante: Neo no deroga Matrix sino que la aprovecha para realizarse en ella como transhumano investido de poderes, sin que las limitaciones reales le vuelvan a afectar, llegando hasta a volar como Supermán. El transhumanismo es ahora mismo la principal meta personal de la élite californista.

    Eso sí, la saga contiene todos los elementos del actual discurso audiovisual hollywoodiense: chica aguerrida y asexuada, negros buenos, blancos malos (incluso los comparan con la Gestapo en un diálogo, una variante de la famosa "reductio ad Hitlerum"), negación de la Historia, carácter mágico de las tecnologías ....

    ¡Salud!

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  4. ¿Negación de la Historia?

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  5. Sí, la simulación Mátrix congela la verdadera historia, que en realidad continúa hasta el siglo XXXII, dejándola indefinidamente en cómo era a finales del XX. La auténtica historia, la de la supervivencia desesperada y la escasez de recursos (las máquinas tienen que recurrir a cosechar humanos), queda fuera de pantalla. Esa simulación se presenta como algo deseable: en "Matrix" Neo se transhumaniza y en "Matrix revolutions" el Arquitecto permite el libre albedrío de los humanos, por si quieren vivir en ella. Lo que en un principio era una diatriba contra la hipertecnificación acaba siendo una alabanza, pues permite a los humanos permanecer ahistóricamente lejos de la realidad.

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  6. Arqueísta más bien. Génesis 11, tío. Justo pago a la soberbia humana: la ciudad de Babel hecha un bebedero de patos y la torre un nidal de torcaces. Está escrito. No hacemos más que seguir pisando sobre las vacilantes huellas de quienes nos precedieron.

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  7. Hola. ¿Cómo va? Te cuento algo mío: yo estudio Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y lo que dices es muy cierto: hay todo un compilado de ideas con poca conexión entre sí que trabajan contra el Catolicismo y la tradición occidental. Todos los días veo abortistas, feministas radicales, lesbianas, fanáticos de la marihuana, veganos, simpatizantes de la causa palestina, militantes kirchneristas, comunistas clásicos, etc. En el fondo, por más que se hable de "descolonización", lo que se trata es de atacar la religión y de continuar la Leyenda Negra sobre España. Como descendiente de asturianos no siento simpatía por el relato antiibérico.

    Tu artículo es excelente. Como de costumbre. Muy informativo y con buenas dosis de humor. Me gusta porque toca temas interesantes, originales y con buena onda y con una visión positiva sobre el futuro. Cada vez que leo tu página veo que existe la posibilidad de un mundo un poquito mejor, veo progreso y linealidad. Yo me cansé de los blogs pesimistas, conspiranoicos, tristes y aburridos. Toda la serie sobre Californismo y los useños transmite la potente luz del sol, las playas y las chicas rubias. Muy buenos escritos los tuyos.

    Como digo siempre, la Argentina es el país del futuro y Buenos Aires va a ser la capital del siglo XXI. Nosotros somos el porvenir. Ya tenemos un Papa. ¿Es poco? En fin. Ojalá podamos desprendernos de la escoria abortista y defender siempre el derecho a la vida. Saludos.

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  8. Hola, Alan. Todas las ideologías débiles se reconocen entre sí y se abrazan como hermanas, sin tener una base dogmática mínimamente trabajada. Les une no una obra sistematizada, un pensamiento elaborado y exigente, sino un "sentimiento", "la química", el "buen rollo", las "buenas vibraciones" (título del mítico himno californista de los Beach Boys) .... y la existencia de un enemigo común, al que llaman genéricamente "los fachas". En realidad, no pegan ni con cola muchas de ellas.

    Por ejemplo, para el marxismo clásico la homosexualidad era una degeneración burguesa, y cuando digo marxismo clásico digo Marx, Engels, Lenin y Stalin entre otros. El destino de los gays en la Urss y no digamos la China maoísta no era halagüeño. También en Cuba había "centros" para ellos. Y ahora en general el progresismo ofrece un trato exquisito a la cuestión homosexual (algo que no les reprocho: uno de los lastres del identitarismo es su postura rancia e intolerante sobre el tema). Influencia californista: mientras el marxismo de libro reprimía a los homosexuales, en el temprano año 1964 el magazine Life llamaba a San Francisco "capital gay de Usa". El resto es historia.

    La Leyenda Negra es todo un monumento a la manipulación. Es evidente que España hizo cosas poco gloriosas, pero si nos ponemos a compilar las cosas poco gloriosas de cualquier otro pueblo ahí saldría de todo. Incluidas las naciones emancipadas en Iberoamérica.

    Por otra parte, el californismo embruja, es una cosmovisión hechizante .... pero mi propósito es más bien crítico ;-) Nuestra civilización, la sociedad de consumo, se dirige a su desaparición y tengo para mí que ésa es una excelente noticia porque le dará una oportunidad, otra más, a Europa para renacer. No es que no me guste consumir, me gusta a mí y le gusta a cualquiera (si no, pues ya no la tendríamos), pero buena o mala tiene las décadas contadas. En cuanto a la conspiranoia, procuro evitarla, aunque a veces tengo tentaciones :-P

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  9. Argentina debería haberse postulado como país del futuro hace más de un siglo. Lo tiene todo para serlo. Está "todo por hacer", en cierta manera. Algo de eso late en "Starship troopers", por ejemplo. El caso argentino es especial. Para los españoles sería algo así como nuestro espejo austral, una especie de 2ª España. Todo lo argentino me resulta muy cercano, tengo familia allí, he leído a autores argentinos desde niño (empezando por "Martín Fierro") y más cosas correspondientes a la esfera sentimental.

    Eso sí, las perspectivas a corto-medio plazo para el país no son buenas :_( Supongo que eso lo ves tú mucho mejor que yo. ¡Salud!

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    1. Pues si, Argentina es como un espejo para España, eso sí, un espejo deformante porque Argentina es como España pero aún más esperpéntica.
      Una sociedad híbrida entre el esperpento italiano berlusconiano, indigenismo bastante tapado y picaresca y corrupción típica de España e Italia.



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  10. yo quiero preguntar algo a hombre-lupa: el veganismo y los movimientos de liberacion animal son otro producto de ingenieria social como los feminismos? es porque en los ultimos tiempos esta tan fuerte el tema vegano en reclamo de erradicar los zoologicos..
    para ellos son carceles de animales(que en cierta parte tienen algo de razon...) pero tambien hay algunas especies que corren libremente dentro de los zoos,y no estan encerrados.
    si los humanos tuvieramos que ser todos veganos, que les prediquen tambien a los leones, los tigres y los tiburones,que no cazen otros animales para comerlos y se hagan vegetarianos Xd! esta es la gran contradiccion de los veganos radicales.
    como en el tema del racismo y la correccion politica, en el especismo tambien hay un embudo para los humanos.
    no se,es una duda que tengo.

    y el marxismo/comunismo clasico no se queda estatico en la cuestion homosexual. los aprtidos comunistas ortodoxos de hoy dia no andan condenando la homosexualidad como hacia Stalin. es una doctrina que no permanece estatica y se adapta a los tiempos.
    saludos

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  11. Tal como funciona el californismo, no planifica en una mesa. No dice "vamos a crear el veganismo". California es como una marmita mágica, o una caja de Pandora, de la que salen ocurrencias y tendencias de todo tipo. Luego las élites adoptan paulatinamente las más adecuadas a sus intereses y condenan al silencio y el olvido las que los atacan (vgr. los hippies, enemigos del consumismo). El veganismo servirá a los intereses californistas y poco a poco irá tomando cada vez mayor peso, no es una moda sino una dirección social con cada vez más adeptos influyentes. Y, como de costumbre, no es raro encontrar a descendientes de judíos entre animalistas y veganos. Véase gente como Peter Singer o Gary Yourofsky. O el autor del muy publicitado libro "Comer animales", Jonathan Safran Foer, o estrellas de Hollywood también de origen judío que anuncian su veganismo (Natalie Portman, Alicia Silverstone, Joachim Phoenix ....).

    La primera vez que oí hablar a un vegano éste ponía como ejemplo de sociedad perfecta la del film "Demolition man" :-P cuando es obvio que ese film es una sátira. Las sociedades sostenibles son una preocupación para los pensadores californistas, y es más sostenible que todos nos mantengamos con derivados procesados de cereales y leguminosas que si todos comiéramos carne (sale mucho más caro criar todo ese ganado) o pescado (7200 millones de humanos comiendo pescado todos los días vaciaríamos el océano en un año). Ahí el veganismo (y el ternurismo animalista, inoculado en nuestro subconsciente por la californiana Disney) jugaría un gran papel en el porvenir. Hay que tener en cuenta que los recursos poco a poco se están acabando y la humanidad, según el parecer de esas élites, se repartirá entre dos tipos de ciudades: la ciudad-jardín autónoma impoluta y con ejército privado, y la macrofavela. Y el resto del planeta: sembrados, forrajeras, robots y drones.

    ¡Salud!

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  12. yo lo preguntaba porque hay gente que pide erradicar los zoologicos. me pregunto si eso va a ser necesario...
    si tienen algo de razon o no,pero como en todo debe haber matices intermedios, no blanco y negro.
    en los zoos hay animales que corren libremente dentro de ese predio,y algunas especies fueron criadas en cautiverio,pero ponen a otros animales de habiatat muy distinto que no deberian haber puesto en el zoo, en el de mi ciudad se habia muerto un oso polar y se armo un revuelo en los medios.
    de ahi que hay gente haciendo campaña para que lo cierren.
    no pueden poner a pinguinos y osos polares en un zoo que esta en otro ambiente con otra temperatura..
    en otros zoologicos matan animales por desidia. o para evitar sobrepoblacion. como paso con una jirafa en un zoo de Copenhague. ¿para que los traen entonces?

    ahi es donde aparecen los veganistas haciendo activismo de liberacion animal en contra de los zoos y los acuarios. su lucha parece justificada hasta cierto punto.
    pero no comparto su estilo de vida.
    de ahi surge mi reflexion.
    saludos

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  13. La ciudad ya es bastante zoo para los humanos. No necesitamos los otros zoos. Enjaular a un animal es una crueldad. Torearlo ni te cuento. Si alguien quiere ver bicharracos, que mueva el culo a donde viven, a su hábitat. Jane Goodall se refería en su autobiografía a los primates de los zoos como "psicóticos", porque tenían el alma enferma en esos cautiverios. "Animal": dotado de alma.

    ¿Qué pinta un oso polar en un zoo? Nuestra soberbia se paga.

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    1. Mucho mas asco dan aquellos que cazan por deporte. Claro, muy valientes cazando a un león con un rifle(y para colmo sonriendo como retardados posando con el animal muerto), ¿por que no lo cazan con una lanza?, eso si seria adrenalina y tener bastante valor.

      Incluso vienen con cuentos como que así se preserva la fauna y demás tonterías...que raro, una subespecie de rinoceronte blanco del África central desapareció hace unos meses producto de la caza, no veo por donde protege la fauna la caza deportiva realmente.

      Salvo que sea para comer o proteger tu vida, no veo ninguna razón valida para matar a un animal.

      ¿Que propondrías que se haga con esos miserables?, aunque es una costumbre que data de milenios incluso(me refiero a la caza "deportiva" la misma que elimino al auroch europeo por ejemplo).

      Adolfo

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    2. Si la caza humana fuese lo que preserva la fauna, entonces antes de nuestra aparición todos los animales se habrían extinguido :-P Entiendo la caza cuando se trata de un pueblo cazador, o cazador-recolector (que muchas veces entre lo que recolectan hay que contar huevos, insectos, pulpos atrapados en bajíos, etc etc: comer animales es humano). Ahora bien, de la caza del zorro a las partidas tipo "La escopeta nacional" y no digamos lo de los elefantes de Botswana se abre un abanico que no tiene justificación posible salvo que a sus practicantes les gusta, y no niego que entre ellos habrá enamorados del campo y con sensibilidad, hay que saber discernir pero honradamente siento repulsión incluso química hacia la caza que no esté justificada por la necesidad de comerla. Un caso algo distinto podría ser la destinada a restauración.

      Ya te digo, a mí tampoco me gusta el tema. Pero habría que estudiarlo bien a fondo. Eso sí, lo del toreo ni estudiarlo ni nada, se puede torear pero sin lacerar ni matar al bicho. Como en la novela "Sinuhé el egipcio": la amada griega del protagonista saltaba por encima del animal sin que nadie sufriera daño .... para después morir a manos de un Minotauro que en realidad era enteramente humano. La taurocatapsia es otra cosa. Como en los frescos de Cnosos, humano y animal emprenden la danza inmortal, juventud y pujanza en uno, sin pensar, sin calcular, simplemente siendo y estando. A años luz de escopetas nacionales.

      Qué hermoso es patear los montes de nuestra tierra, sus hoces, sus collados, sus veredas, sin necesidad de disparar contra un animal. ¡Salud!

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  14. Pues bueno, a la última hornada de judíos (o descendientes) influyentes de la California globalizadora (los Zuckerberg, hermanas Wojcicki, Astro Teller y una larga lista) habrá que sumar a un profesor de Berkeley llamado Lior Pachter, quien en su blog el pasado mes de diciembre levantó un gran revuelo al afirmar que había concluido que el "ser humano perfecto" era puertorriqueño, concretamente de linaje de una cacica taína, y ello en base al mestizaje recibido con el tiempo. La idea le surgió a Pachter tras una conversación con James D. Watson en la que el veterano Nobel seguramente sacó la lengua a pacer con algunas de sus controvertidas opiniones. Y ese artículo ha tenido un eco tremendo.

    ¿No os suena todo esto muy familiar, incluido el eco mediático por el artículo de un blog? ¿No resulta todo muy globalista? ¿No invita a ver la deriva de nuestro mundo con ojos embelesados ante una perspectiva de humanos perfectos gracias a la mezcla de pueblos de distintas latitudes? ¿No está tomando forma poco a poco la utopía californista? ¿Nadie lo ve?

    ¡Salud!

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  15. A propósito del hilo, acaba de fallecer Carl Djerassi, judío austríaco-useño co-sintetizador de la progesterona y co-descubridor de la píldora anticonceptiva. Al igual que muchos personajes citados en el artículo, nació en el este y se fue a vivir a donde se pone el sol, entrando en la élite universitaria californiana. No hará falta decir la importancia que ha tenido su descubrimiento en la sociedad contemporánea.

    Tanto en los citados logros como en otros posteriores colaboraron con él judíos extraordinariamente inteligentes: George Rosencratz, Gregory Pincus, Joshua Lederberg, Edward Feigenbaum. La fertilidad intelectual de la minoría judía es asombrosa. Me resulta imposible hablar de toda esa gente en el artículo (no cité a Samuel Cohen, por ejemplo, a quien se atribuye la paternidad de la bomba de neutrones), por eso he preferido limitarme a exponer un hilo argumental razonable.

    ¡Salud!

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  16. Siguiendo la política de contenidos de Blogger, he retirado la imagen de la femen manifestándose, pues estaba desnuda.

    Para los amigos del blog: si encontráis imágenes o vídeos con desnudos (entiendo que Blogger se refiere a los desnudos humanos; por ejemplo, la imagen de un cuervo sin ropa no causaría problema, supongo) o sexualidad explícita, hacédmelo saber en aras de la continuidad del blog.

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