miércoles, 21 de mayo de 2014

Universo inflacionario (I): la desaparición de las Cajas de Ahorro




Este texto sin actualizar es de la primavera del 2013. Como sabéis, han pasado muchas más cosas alrededor de las extintas cajas que dan la medida de las gentes que rigen nuestros destinos. No puedo añadir nada que no conozcáis ya.



Uno de los mitos más célebres que en la Antigüedad se decían de Iberia era el de las yeguas lusitanas que, en la costa atlántica próxima a lo que hoy es Lisboa, se quedaban preñadas por el viento. Homero, Aristóteles, Plinio el Viejo y san Agustín son cuatro de los prestigiosos autores que reseñan ese hermoso mito. Los potros nacidos de tan singular preñez resultaban ser asombrosamente veloces, pero su vida no llegaba a alcanzar los tres años.

La partenogénesis, reproducción asexual en la que la hembra no ha sido fecundada, no es rara en la Naturaleza (protóstomos, gusanos, insectos, anfibios, reptiles .... siendo más rara en los peces y las aves). Ha habido casos de partenogénesis inducida en mamíferos, con resultado de aborto o de especímenes en desventaja. No son, sin embargo, los únicos casos en que el ser humano ha inducido a la reproducción por partenogénesis. También lo ha hecho, con mayor insistencia, en el caso del dinero. El dinero en manos humanas es capaz de parir más dinero sin moverse del sitio, sin que se haya creado más riqueza, sin que se haya gastado ni una unidad adicional de trabajo y sin que se hayan emitido más soportes físicos para hacerlo circular. Ese dinero es improductivo, estéril, al igual que los potros nacidos de las yeguas preñadas por el viento. También al igual que ellos, se mueve como el rayo.

Vamos a comenzar con este artículo una serie de acercamientos al tema del crédito, el dinero y la inflación, que como considero que da mucho de sí me va a obligar a observarlo y exponerlo por partes. El crédito es, como todos los instrumentos humanos, una arma de dos filos, adecuada para crear riqueza y actividad pero también para destruirla. En términos de Estado y de bloques geopolíticos, también es adecuada para fortalecer la soberanía de un pueblo como para laminarla sin compasión. El crédito es fundamentalmente creación de dinero, y esta creación de dinero lleva a la inflación, el gran tributo que pagan los pueblos y que cercena sus expectativas. Todo forma una cadena que activa la economía de mercado pero que la somete a crisis cíclicas, durante las cuales esa hinchazón de dinero se purga. Ciñéndonos al caso español, llevamos ya cinco años largos de crisis. No sólo no hemos empezado a salir de ella sino que el agujero que ha creado todavía continúa agrandándose, y ello por determinadas peculiaridades de la economía española que podremos exponer en entradas futuras. El asunto de las Cajas de Ahorro es central cuando hablamos de nuestra crisis. Estas entidades realizaban una función muy valiosa antes, y que sólo se aprecia cuando ya ha pasado su tiempo (o, mejor dicho, se le ha hecho pasar). Creo que uno no puede entender bien del todo los problemas actuales de España, así como sus posibles soluciones, si desconoce lo ocurrido al respecto.


EL CRÉDITO AL SERVICIO DEL PUEBLO

Suele ocurrir a menudo que en el medio está la virtud. Un exceso de regulación y de intervención estatal aplasta al individuo y seca la creatividad. Por contra, una desregulación desbocada y un individualismo extremo destruyen la cohesión social. Hallar ese equilibrio que mantenga tanto lo público como lo privado actuando con eficacia pero al mismo tiempo a raya muestra que la política es un arte, el famoso "arte de lo posible". Carece de sentido, si se tiene un mínimo de sensibilidad social, de aprecio por el país que te ha visto crecer y de visión de futuro, una clase dirigente que no emplea los resortes necesarios para el bien común. Si el Estado no puede suplir la función de la empresa privada, tampoco ésta va a acometer aquellas tareas que sí puede y debe afrontar el Estado, si merece ser considerado emanación del Pueblo. Si el Estado, como parece ser la tónica generalizada hoy, está al servicio del Mercado, no sólo desoirá al Pueblo al que debe servir sino que pondrá la sangre financiera de éste, el crédito, al servicio de aquél. En un mundo globalizado, el crédito debe ser internacional, de modo que el crédito de proximidad, el crédito al servicio del pueblo, estorba y debe ser extirpado. En un mundo globalizado, los instrumentos de financiación deben ser engorrosos y opacos, referidos a lugares lejanos y difíciles de cuantificar. En un mundo sano, el crédito debe ser nítido y próximo. Pasa con el crédito como con el dinero: la complejidad viene de la mano con la decadencia y la injusticia, y las instituciones se hacen alambicadas y muy complicadas de entender, perdiendo de paso su prestigio.

A pesar de las notables voces que en el mundo cristiano clamaban contra la usura, ésta era un hecho cierto en las sociedades europeas. Esa resistencia continuó en el mundo católico, relajándose notablemente en el protestante, donde la discusión se desplazó hacia la tasa de interés que se podría considerar razonable. Las tasas de interés son, como es obvio para cualquiera, dinero a cambio de nada. El prestamista aprovecha un momento de debilidad del prestatario -quien tal vez está en esa situación por culpa de un año catastrófico tras quizá treinta años buenos, de modo que no se puede decir que es necio o recién llegado- para enjaretarle deuda nacida por partenogénesis. ¿Qué se puede decir ante un préstamo al 200%? El pago de intereses es un colosal agujero negro, que afecta tanto a un préstamo vecinal como a las gigantescas deudas entre los bloques geopolíticos de hoy. Poco importaban las reticencias religiosas ante la desagradable realidad. Cuando las deudas son demasiado grandes, e incluso comprometen el futuro de sectores sociales enteros, todo un municipio o incluso el futuro de un país, se recurre a medidas excepcionales y hasta violentas (quitas, cancelaciones de deudas decretadas desde arriba, encarcelamiento o pogromo de los prestamistas ....). Otro tipo de medidas, más discretas y más duraderas en el tiempo, fueron probadas en España durante siglos.

Los pósitos municipales fueron un instrumento muy interesante para garantizar la autonomía del campesinado nacional. Eran almacenes de grano que funcionaron desde la Baja Edad Media hasta hace sorprendentemente poco, en algún caso hasta los años ochenta del pasado siglo. El grano y el pan formaban parte troncal de la subsistencia de los labriegos pobres así como de los caminantes sin recursos. El pósito garantizaba el abasto de ese carbohidrato básico, en forma de préstamo de grano pero también de dinero a reembolsar por los paisanos en dificultades, pero también por los que atravesaban una temporada de barbecho. Progresivamente el préstamo dinerario sustituye ya completamente al préstamo de grano, procediendo a la subasta del de mejor calidad para así acumular liquidez en metálico. Se trata de un crédito de proximidad, marcadamente localista. Se conservan varios edificios-granero, hermosa arquitectura renacentista como lo son los palacios y los molinos manchegos, como recordatorio de lo dura que puede llegar a ser la vida.

Otro ejemplo del crédito de proximidad es el montepío o Monte de Piedad, precedente directo de la Caja de Ahorro. Esta singular institución ya incluye en su nombre el sentido piadoso, compasivo, de su función social. Imagino que a cualquier persona sana le hervirá la sangre imaginando cómo un súbdito honrado y de virtud intachable ha de acudir por un revés de la vida a dejarse atrapar por las garras de un sujeto, el prestamista, posiblemente de muy inferior calidad moral pero que tiene dinero, un dinero con el que se compran voluntades y cuyo interés vacía casas, desportilla granjas y malvende la carne de las hijas de familias venidas a menos. Para prevenir la proliferación de la peste usurera, los franciscanos promovieron en Italia -que durante el Renacimiento era un campo fructífero de experimentos sociales- los Monti di Pietà, fundaciones de las que en España se calcó hasta el nombre. Se basaban en la pignoración de uno o varios bienes muebles, que quedaban en garantía depositados, garantizando que el dinero prestado se va a devolver. Es la clásica estructura del crédito mobiliario y de las casas de empeños, si bien el propósito benéfico rehuía la rapiña de reclamar intereses por ese efectivo prestado.

Los Montes de Piedad, al igual que los pósitos municipales, también resultaron longevos en suelo nacional, teñido de pensamiento social católico, y si se les tiene como primera encarnación de las Cajas de Ahorro puede decirse que han llegado hasta hoy.


LAS CAJAS DE AHORRO

Las Cajas de Ahorro no eran bancos. No tenían ese propósito, ni esa naturaleza. Su función debía ser más bien afrontar aquellas tareas que los bancos no hacían. Cuando a Muhammad Yunus le dieron el Príncipe de Asturias y el Nobel, uno no puede sino pensar qué premios han llegado a merecer las Cajas de Ahorros.
Con el fin de la Década Ominosa (que termina en 1833, con la muerte de Fernando VII), algunas novedades se implantan en España. Una de ellas es la fundación de las primeras cajas, fundación que ya había sido barajada durante el Trienio Liberal. La primera, en Jerez de la Frontera, en 1834. Caja Madrid será fundada en 1838. En nuestro suelo no se daba sistema bancario al nivel de otros países de nuestro ámbito cultural, de manera que las cajas cubrieron un cierto vacío. Con el fin de la primera guerra carlista en el horizonte, una Real Orden de abril de 1839 mira al futuro ordenando a los gobernadores civiles el impulso para fundar más cajas. También tomarían cartas en el asunto las sociedades de Amigos del País. Las Cajas de Ahorro son transparentes en su denominación: hacen pensar en un receptáculo físico donde está a buen recaudo el ahorro de la gente. Los pequeños ahorradores disponían de una red de cajas a su disposición, basadas en la proximidad y en el servicio a las clases populares. El pequeño crédito al pequeño emprendedor estaba garantizado así. Por otra parte, las aventuras de la banca de inversión estaban lejos de los propósitos funcionales de las cajas. El pequeño crédito, con un interés muy moderado, favoreció el "engrasado" de la pequeña agricultura, la pesca de cabotaje, la promoción inmobiliaria de casas baratas, es decir, sectores que a los bancos no interesaban demasiado. La nómina domiciliada solía estar en cajas, no en bancos. Digamos, en términos modernos, que su atención se focalizaba en economía doméstica y pymes.

Y es que la actividad viene dictada por la propia naturaleza. Y la naturaleza de las cajas era específica. Su estatuto era fundacional y estaban sujetas a un propósito público, social, aunque teóricamente eran entidades privadas, de modo que pueden tenerse como instituciones híbridas. Su objetivo no es el lucro (no condenable de inicio, dicho sea de paso), como los bancos, y su naturaleza tampoco (éstos son sociedades anónimas, con el capital social dividido en acciones). El concepto de reparto de dividendos es extraño para las cajas. Su ámbito de influencia es bastante concreto, local incluso. Y su justificación ante todos es el sostenimiento de la Obra Social, versión laica de la red cultural que tejió la Iglesia católica durante siglos. Además, las cajas están regidas por una asamblea donde se garantiza una especie de representación social (administración local, representantes de los trabajadores, impositores), un consejo y una comisión de control que reflejan las cuotas de participación de la asamblea (con lo que en la práctica están muy sujetos a ella), y no por una junta de accionistas.

Durante el siglo XX y los comienzos del XXI se fue produciendo una paulatina fusión de cajas, que simplificó en buena medida el atomizado panorama, llegándose al arranque de la presente crisis con cuarenta y cinco cajas. Hoy sólo hay dos, minúsculas. Se trata del mayor vuelco del panorama crediticio que se puede recordar en mucho tiempo, vuelco patrocinado por la crisis pero que además la ahonda. Soy de la opinión de que nadie puede traicionar su propia naturaleza indefinidamente sin que esa traición le pase factura. Eso es lo que ha ocurrido con las cajas y, cómo no, con la sociedad que nutrían financieramente. 


CUÉNTAME CÓMO PASÓ

Al principio de la crisis actual, se comentaba que tres de cada cuatro cajas de ahorros estaban recurriendo al mercado interbancario para obtener la necesaria liquidez. Recuerdo que también se decía que alguna de ellas estaba pagando así las nóminas. Cajas descapitalizadas, apalancadas, como si fueran bancos: ¿qué había pasado? ¿Qué tenían ellas que ver con la quiebra de Lehman Brothers?

Las Cajas de Ahorro se habían asimilado a la Banca. En ese sentido se puede decir que estaban heridas de éxito (más de la mitad de las hipotecas estaban firmadas con las cajas). Un síntoma fue la aparición de las comisiones de mantenimiento. Teóricamente los impositores estaban libres de ellas, pues la administración de sus ahorros debía ser gratuita. Sin embargo, tal norma ha debido caer en desuso en la práctica, que además fue refrendada por el Tribunal Supremo tres años antes de la crisis. Eran tiempos de alegría ficticia en la economía española, con una burbuja inmobiliaria monstruosa, el redondeo y el alza del euro a toda máquina y la entrada de millones de inmigrantes para satisfacer las pretensiones de la patronal de la construcción, la agricultura de invernadero y la hostelería.

El negocio de los bancos está en las comisiones, la percepción de intereses y el apalancamiento, es decir, en la gestión más o menos arriesgada (distinta en la banca comercial y en la banca de inversión, más peligrosa ésta) de los fondos prestando mucho más de lo que se tiene depositado, de modo que si un día todos los impositores van con la cartilla a las sucursales éstas bajan la verja, pues no tienen líquido para devolver los fondos. Ese negocio fue asumido por las cajas, olvidando que no fue nunca ésa su función y que además no podían competir con los bancos en ese terreno.

Por tanto, las cajas entraron a la bayoneta en la burbuja del sector inmobiliario, generando un proceso inflacionario de inmuebles vacíos, sobrevalorados y a menudo impagados, lo que se suele llamar la "exposición al ladrillo". Quien se haya pateado durante todo un verano, a mediados de la década pasada, la hinchada área metropolitana de una capital de provincia de un cuarto de millón de habitantes sabrá lo que son esos inmensos cementerios de hormigón y pladur, no habitados por nadie, pero que para quien los ve a lo lejos al pasar en coche son metáforas de una España -falsamente- próspera. La especulación sobre el ladrillo es un proceso encadenado: el crédito sobre la expectativa de construcción y venta continuadas y revalorizadas crea inflación, la inflación destruye tejido productivo, esa destrucción genera desempleo, el desempleo lleva al impago y el impago aboca a las cajas al peligro de muerte.

Otro punto lamentable fue el de la politización de estos instrumentos sociales que deberían ser apolíticos, a partir de las leyes autonómicas de cajas. La casta política demostró que cuando quiere no sabe distinguir nítidamente entre lo público y lo privado, entre las necesidades populares y los deseos de clase. Los cuadros políticos que quedan amortizados son "colocados" hábilmente en grandes compañías, como presidentes, consejeros, etc. Gas Natural Fenosa, Acciona, Dragados, Red Eléctrica Española, Petronor, FCC, Telefónica, Vueling, Zeltia (muchas veces se trata de empresas privatizadas durante el aznarismo) .... Las Cajas de Ahorro no fueron una excepción.

La politización autonómica, fruto de una concepción de España como mosaico de taifas compitiendo entre ellas por una visión exageradamente localista, derivó en grandes y arriesgadas operaciones, a menudo fuera del ámbito regional donde las cajas tenían el domicilio social, y al faraonismo. Ciudades culturales presuntamente futuristas que parecen cementerios, aeropuertos donde sólo hay alguna carrera de karts, complejos hosteleros desolados .... las cajas anduvieron detrás de un despilfarro difícil de calcular.

Por último, la inmoralidad. En dos vertientes: la primera fue colocar al pequeño ahorrador productos financieros que ni le favorecían ni podía entender. En vez de los clásicos depósitos a plazo fijo y otros instrumentos financieros sencillos y de rendimiento estable, los impositores fueron agasajados por un festival de ofertas endiabladamente redactadas, oscuras y más próximas a las apuestas que a otra cosa, más apropiadas para que las firme un broker que para que lo hagan gentes sencillas (incluso ha habido el caso de analfabetos que en su momento contrataron, guiados por su buena fe, ese tipo de productos). La segunda vertiente han sido los sueldos, los planes de pensiones y las indemnizaciones -en muchos casos delirantes- que los directivos han estado percibiendo, generalmente tras gestiones desastrosas (así también se puede calificar la del en su momento gobernador del Banco de España, cuya incapacidad para poner coto o remedio al marasmo de las cajas resultó evidente a todas luces; volveremos a tener noticias de tan "brillante gestor", pues UPyD ha interpuesto una querella criminal contra él)

Veamos algunos casos. Caja de Ahorros del Mediterráneo fue intervenida por el Banco de España durante el verano del 2011, con un agujero impresionante que sólo en inversiones en el sector turístico de México se calculaba en 4000 millones de euros. Una Caja de Ahorros. El faraonismo quedó patente al intervenir en otros agujeros como Terra Mítica y la Ciudad de las Artes y las Ciencias. En cuanto a la conducta moral de los directivos (la profesional ha quedado retratada), su puntualización aquí haría demasiado pesado el artículo.

El Banco Sabadell, que se está haciendo dueño de todos los retales del panorama financiero español, se quedó con la CAM por un euro (hace unos meses ha hecho lo propio con el Banco Gallego, también por un euro, pues era "la mejor oferta" según el FROB: ¿cómo serían las otras ofertas, de cincuenta céntimos?).

Caja Castilla-La Mancha, la primera en caer (marzo del 2009), estaba detrás del ya mítico aeropuerto fantasma de Ciudad Real. Al año siguiente una veintena de directivos fueron sancionados, incluido el que era presidente cuando la intervención, quien todavía tiene juicios pendientes. La "exposición al ladrillo" fue impresionante en el caso de esta relativamente pequeña caja. Otro proyecto que resultó un fiasco fue el Reino de Don Quijote, una especie de macroproyecto destinado al juego, con un gran casino, algo así como el antecedente de Eurovegas (que daría también vida al aeropuerto) y que ahora se ha adaptado a resort.

Catalunya Caixa tenía, para cuando fue intervenida (30 de septiembre del 2011), unos más de 5000 millones de agujero, y según el FROB varias veces más esa cantidad en activos comprometidos.  Ha sido condenada varias veces por malas prácticas (como redondeos al alza o la colocación de preferentes). Su vinculación al ladrillo era también notable. Los sueldos y planes de pensiones no lo eran menos. Hay un patrón que parece reproducirse en todas las hoy extintas cajas. Durante el año pasado, ya nacionalizada, perdió 9000 millones. Además, los procesos de arbitraje ante Consumo por el tema de las preferentes amenazan con un fuerte reembolso en favor de los impositores. Tan negro está el tema que la subasta de la entidad ha resultado fallida por ahora. Y estamos hablando de una cartera de más de un millón de clientes.

El caso de Caja Madrid también parece paradigmático, sobre todo en cuanto a la concesión de créditos: los dados a Marsans (por lo cual el entonces presidente y varios miembros del comité financiero están imputados) y Martinsa-Fadesa. Las inversiones en Iberia, Cuétara y Mecalux resultaron ruinosas. En cuanto a la moralidad, los gastos suntuarios, los míticos sueldos y bonus, y los productos financieros dudosos (recientemente se ha presentado otra querella contra el presidente de entonces, catorce consejeros y el antiguo responsable de la CNMV) también aparecen, cómo no.

El panorama actual nos deja a las Cajas de Ahorros prácticamente extinguidas como institución, en un plazo francamente breve de tiempo. Sólo sobreviven dos, Colonya Caixa Pollenca y Caixa Ontinyent, que mantienen las pautas de prudencia, obra social, realismo, crédito de proximidad y radicación regional.



CONCLUSIONES

-Del mismo modo que la caída de las Cajas de Ahorro es consecuencia de la crisis española, también ésta es consecuencia de la actividad de aquéllas. Es más, la ejecutoria de las cajas sigue agrandando hoy en día el gran agujero económico español. La "crisis bancaria" española es más bien "crisis cajera".

-De igual manera que los países económicamente fallidos en Europa son pequeños, pertenecen a la periferia y en su momento se creyeron ricos (Islandia, Irlanda, Portugal, Grecia, Chipre), así pasa en España con las entidades de crédito. Las Cajas de Ahorros no tenían el carácter central, obeso y poderoso de los grandes bancos y la crisis se las llevó a ellas. La emisión de dinero inflacionario genera crisis cíclicas y sistémicas; al estar todo interrelacionado y ser la Tierra un sistema cerrado, esa inflación tiene un efecto boomerang que se vuelve contra el emisor, y que a menudo lo encuentra débil, descapitalizado y con problemas que pasan de puntuales a endémicos. Además, la inflación suele cebarse en el ahorro privado, precisamente el primer objetivo a defender por una Caja de Ahorro sana que cumple con el cometido que justifica su existencia.

-Las instituciones tradicionales, siempre que mantengan su esencia, funcionan. Las iniciativas de "puesta al día" deber ser observadas con un sano escepticismo. El olvido de la historia, olvido que hace pensar al ignorante de hoy que siglos atrás la gente era idiota, se paga caro. Incluso con dinero, con bastante dinero.

-Aunque la crisis es global, cada país tiene sus peculiaridades, sus puntos flacos. Todos los países fallan pero cada uno a su manera, y precisamente esos puntos flacos son los marcan la recuperación o el marasmo en cada caso. El caso español gira alrededor de la gran fiebre del ladrillo que nos azotó durante una década de crecimiento ficticio, en cifras, que no en capacidad económica.

-La crisis es siempre la etapa final de un proceso degenerativo. Cuando vemos que a nuestro alrededor todo falla, es porque se ha llegado a una agudización de unos síntomas precedentes a los que no se dio la importancia adecuada. Las semillas de la crisis son esparcidas en tiempo de despreocupación, y quien alerta de los posibles peligros se gana el rol de agorero apocalíptico en esta farsa.

-El sector público y el sector privado no deben confundirse, ni uno servir al otro. Son imprescindibles las medidas-cortafuegos que ayuden a deslindar hasta dónde llega la actividad del uno y del otro. Un Estado débil es un desastre. Un Estado asfixiante también lo es. Un Estado en mezcolanza con las instituciones financieras es un peligro para lo público y lo privado.

-La clase política española no está a la altura de las circunstancias. Estar décadas pisando moquetas y siendo llevado en coche oficial no garantiza en absoluto la habilidad a la hora de llevar  a buen puerto empresas económicas; eso sí, esa clase política hace un uso alegre y desmedido de los privilegios de sus cargos. Algo muy similar puede decirse de cierta clase empresarial, muy cercana al poder político -hasta llegar a veces a confundirse con él-. Unos y otros, presentes en asambleas y consejos de las cajas sin haber demostrado nada particularmente brillante -a veces todo lo contrario-, se permiten sueldos y bonus escandalosos como si fuesen los dueños o los fundadores, cosa que no son.

-Si se quiere competir en el terreno de los bancos, debe hacerse con su misma mentalidad. Si juegas en el terreno de las entidades con ánimo de lucro y tú no lo tienes, tu actividad será antieconómica y deficitaria. El nicho de mercado que el banco desprecie queda para la caja. Si ese nicho de mercado es el crédito de proximidad, la caja tiene futuro. Si el nicho de mercado es la obra faraónica a mayor gloria de los políticos de la taifa, la caja pierde todo futuro.

-El resultado de la laminación de las Cajas de Ahorro ha supuesto una involución en el sector financiero. Por una parte, los bancos han sobrevivido; por la otra, ha renacido el fenómeno previo a las cajas e incluso a los montepíos: las casas de empeños, conocidas ahora como las Compro-Oro. Hemos retrocedido varios siglos en pocos años. El concepto de la casa de empeño de las joyas de la familia es lo que se quiso evitar en la Italia renacentista por iniciativa de los franciscanos: que un revés de la vida te haga malvender aquello de lo que nunca te deberías desprender.

-La recuperación y la potenciación del crédito de proximidad, sano y razonable, debería ser prioritaria para España. También un mayor cuidado en la composición de los cuadros directivos de las entidades encargadas de dinamizar ese crédito de proximidad. Igualmente sería prioridad una visión nacional, libre de particularismo autonómicos y de taifas territoriales mal entendidas. El sector financiero es estratégico. Un país carente de salud crediticia es un país esclavo de las deudas.

-Nadie, ni una persona ni una entidad ni un pueblo, nadie debería pensar que puede traicionar a su propia naturaleza sin que esa traición le pase factura, más pronto que tarde. Las cajas traicionaron su naturaleza, su tradición, sus fines, su sentido social, el porqué de su existencia, y hoy son historia.

Vale para todos los ámbitos de la vida: el precio que se paga por traicionar la propia naturaleza es la extinción.



1 comentario:

  1. Mañana comparece el ministro Lewis the Windows (o Luis de Guindos desde que no está a las órdenes de Lehman Bros) ante el Congreso para explicar todo el affaire del Banco Popular. Que explique también qué nivel de información tiene sobre el sector financiero nacional, él que dijo hace dos meses que el Popular era solvente porque se lo había dicho el Banco de España, fuente de fiabilidad algo dudosilla según hemos podido constatar en los últimos años.

    El artículo, que ahora reescribiría con mucha más amplitud, no tocaba los bancos porque parecía que se habían salvado, fueron las cajas las que, política autonómica faraónica mediante, habían vendido su alma al Diablo. Pero ya por entonces el Popular, que tiempo atrás había sido el banco seguro y sostenible por excelencia de nuestro panorama financiero, estaba en aprietos. La política de Ron de abarcar mucho y a lo grande, al igual que hicieron las extintas cajas, llevó al banco a una situación muy delicada. Los tipos de interés en prácticamente cero durante los últimos años ayudaron a darle la puntilla.

    -De puertas afuera, De Guindos, el Banco de España y en general todo el sistema han querido dar una imagen de solidez de nuestra banca tradicional (sólo cayó Banco Madrid, por otros motivos y a instancias ajenas, concretamente del Departamento del Tesoro useño), lo que retrasó intervenir a pesar de que los valores del banco llevaban medio año en caída libre; lo cierto es que entre bambalinas estaban buscándole comprador.


    -De puertas adentro hay voces que afirman que la independencia de Ron respecto de la figura de Luis de Guindos ha tenido mucho que ver, que De Guindos quería que el Popular entrase en el carrusel de las ayudas públicas perdiendo así autonomía, y que Ron era reacio a eso. Por ejemplo, el banco gallego Pastor lo compraron "a pelo", sin ayudas. Y las medidas guindonianas que obligaban a severas dotaciones de fondos propios, lo que unido a los tipos cero o casi cero pulverizan los márgenes de beneficio, no hicieron sino agravar la crisis de la política de Ron, con un volumen de créditos a promotores realmente insalvable. Salió él, entró un gestor bien relacionado con el Santander, y poco después el banco ha sido adquirido. Visto con perspectiva era casi imposible otro desenlace.

    Creo que Alberto Rodríguez o Enrique Urbizu podrían hacer una buena peli sobre eso, con De Guindos acariciando un gatito mientras observa pérfidamente un globo terráqueo XD

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