martes, 13 de mayo de 2014

Unas consideraciones sobre el secular atraso científico en España





España le ha concedido al acervo cultural europeo grandes cosas. Somos la patria de don Quijote y Sancho, de la Celestina, de don Juan, de Lázaro de Tormes, de Segismundo, de fray Gerundio, de Ana Ozores. Entre los mejores pintores que ha habido nunca dejan de contarse Velázquez y Goya. Incluso nos podemos permitir el lujo de presumir de Picasso, ya veis. La riqueza arquitectónica, monumental y arqueológica de España es enorme. Sólo nos ganaría Italia. Somos los mayores fundadores de ciudades de la historia. Tenemos varios idiomas vivos hoy en día. Nuestros cantos regionales, nuestra comida, nuestro folclore .... ¡incluso la Cábala nació aquí! Fuimos potencia mundial durante siglos. Somos un país muy rico en vivencias, aunque lo cierto es que en algunos puntos flaqueamos. Uno de ellos es el de la ciencia, o así ha sido secularmente.

La ausencia de un pensamiento científico español de verdadera envergadura ha supuesto un suplicio para los regeneracionistas que a principios del siglo XX, reciente aún el Desastre del 98 frente a un país al que hidalgamente habíamos infravalorado -los "tocineros" les decíamos-, querían la solución para los males de España. Y esa solución tenía que pasar por la modernización del país, por su europeización. Por el abandono, en suma, del espíritu decadente y atrasado en el que habíamos vivido durante siglos para conectar con las vanguardias científicas, técnicas y sociales de la época. Así pensaban Ramón y Cajal, Mallada, Costa u Ortega y Gasset. El propio Ortega se preguntaba a santo de qué el subdesarrollo científico, así como el matemático, de nuestra patria. Para él esa carencia matemática era vergonzosa, algo así como la embriaguez de Noé que los españoles, cuales Sem y Jafet, debían esconder decorosamente para que nadie se fijase en ella.

Hay que tener en cuenta que sobre todo a lo largo del siglo XIX España fue surcada por numerosos visitantes y viajeros que venían aquí a encontrarse con algo así como un trozo de Oriente en suelo europeo, haciendo hincapié -con algo de burgueses superficiales- en lo pintoresco, en lo exótico, en lo alejado del mundo liberal-capitalista que entonces se estaba cociendo. Se pueden citar al inglés Richard Ford, al danés Hans Christian Andersen, al useño Washington Irving y al italiano Edmundo de Amicis como algunos de los más sonados. Esos viajeros, que dieron arranque a la figura del hispanista, acuñaron una serie de tópicos bienintencionados -o eso creo- alrededor de un presunto orientalismo de la cultura española, postrada, lánguida, atemporal, unos tópicos apuntalados por nuestra decadencia como potencia. Y esa idea parece haber calado finalmente entre nosotros mismos, a tenor de cómo sobrevaloramos todo lo de fuera y subestimamos lo nuestro. Así, se ha llegado a generar una difusa creencia de que los españoles "no valemos" para la ciencia y el conocimiento, o que hay algo de "inferioridad racial" en el ibero que le imposibilita para brillar en lo mismo que brillan las naciones avanzadas, y que le condena a ser un animal de cosos taurinos, de bares y de terrazas. Eso es absurdo, pero ha calado en algunas mentalidades patrias.

No obstante, no siempre fue así. Al igual que con otros ejemplos, nuestra ejecutoria científica como nación pudo haber discurrido de otra manera.


Un ejemplo muy interesante, y sintomático, es el de las Tablas alfonsíes (1272), que el gran Alfonso X (I) ordenó confeccionar a partir de unas observaciones astronómicas del cordobés Azarchel ("ojos azules"), del siglo XI, revisadas a fondo por dos astrónomos hebreos de la corte alfonsina en base al sistema ptolemaico, y que reflejaban con exactitud la posición de los planetas respecto de la eclíptica. Tuvieron tanto éxito en Europa que quien dejaría obsoleto el modelo geocéntrico, el polaco Nicolás Copérnico, que las había copiado y estudiado minuciosamente, se apoyó en ellas para sus conclusiones. Siguiendo con el rey Alfonso, el Libro de los juegos encargado por él demuestra que el ajedrez estaba arraigado en nuestra tierra. Ahí está el primer campeón mundial oficioso de este deporte, Ruy López de Segura, para atestiguarlo.

Siguiendo con la astronomía, hay que destacar que tal vez el telescopio sea la invención de un español, Juan Roget, hacia finales del siglo XVI. Otro hito fue la observación de la Nova Tycho -llamada así porque también la observó Tycho Brahe-  en 1572 por un gran humanista, Jerónimo Muñoz (1520-1591), lo que le sirvió para refutar la creencia en la inmutabilidad de los cuerpos celestes, postulado de origen aristotélico.

Otro ejemplo es el de fray Domingo de Soto (1494-1560), polígrafo y teólogo castellano, quien fue el primero en enunciar uno de los pilares básicos de la física, que la caída libre de los cuerpos es uniformemente acelerada, enunciado que recogería Galileo para su excepcional aporte científico posterior. También el ejemplo de este dominico es muy sintomático al respecto del problema de España con la ciencia.

España fue desde el Renacimiento una gran potencia en conocimientos de náutica. Uno de los mejores tratadistas del siglo XVI fue el cosmógrafo Martín Cortés de Albacar (1510-1582), inventor de la carta esférica y descubridor del polo norte magnético. Su Arte de navegar (1551) fue un éxito sobre todo entre los ingleses, que devoraron la obra de Cortés y a la que posiblemente le debieron buena parte de su preeminencia marítima futura.

En general el siglo XVI fue de oro no sólo por la cultura sino también por los descubrimientos y los tratados científicos. La primera expedición científica, los mejores textos de ingeniería bélica, de trabajo con los metales, el descubrimiento fisiológico de Servet, etc. Grandes años. Entonces España no sólo era potencia mundial por los Tercios y las Indias.

Sin embargo, algo pasó que perdimos la comba del resto de Europa. El 22 de noviembre de 1559 se fechó un acontecimiento que resultó fatal para la ciencia en España. Ese día se promulgó una Pragmática de Felipe II que prohibía a los españoles estudiar en universidades más allá de los Pirineos, con excepción de algunas italianas. ¿La razón alegada?, que eso suponía una sangría de capitales que salían de España y se gastaban fuera, precisamente en la época en que recibíamos una cantidad obscena de oro y plata venida de América y conseguida no comerciando lícitamente sino arrebatándosela a la gente de allí. Otra razón: que en el extranjero los estudiantes se entretenían y gastaban su estancia en juergas -al parecer en España no las había-. Tal vez sea el Habsburgo, víctima de la Leyenda Negra, el primer propalador de esa otra "leyenda negra" que es la del estudiante Erasmus más atento al ligoteo que a los libros. La razón de fondo: pretender inmunizar el régimen de los Austrias frente a la disolvente crítica libre que se estaba fraguando en Europa.

La expulsión de los judíos en 1492 supuso un serio mazazo para la ciencia en España. Aquellas gentes no sólo se llevaron las llaves de sus casas y un profundo amor hacia la tierra de la que les expulsaban -tanto es así que muchas comunidades sefardíes conservan el idioma ladino, hablado por 150000 personas-, sino también a algunos de los mejores matemáticos que había en Iberia, con lo que enriquecieron con su know how a las naciones de acogida. Las matemáticas cayeron en desgracia en España durante el último tercio del siglo XVI, en plena resaca oscurantista de la Contrarreforma, de tal manera que en Salamanca algunos cursos anuales tuvieron que suspenderse por falta de alumnos, la misma Salamanca que había sido una especie de Meca de las mates y que en 1561 había dado el paso de permitir la libre discusión del heliocentrismo copernicano.

Además España estaba inmersa en una tarea titánica mundial para la que le faltaban las fuerzas, no disponía de la suficiente población para atender todos los frentes, y mantenía contra viento y marea guerras y expansiones territoriales que no podría mantener por mucho tiempo. Las ciencias en España abandonaron la especulación pura, el trabajo teórico, las bases doctrinales, para apostar por un empleo estrictamente instrumental, empírico, de los conocimientos. Eso permitía hallazgos puntuales, inventos ocasionales, pero no un apoyo teórico amplio y profundo que pudiera preconizar un salto revolucionario como se dio en los países del norte, lo que supuso su auge y con él nuestra decadencia. La ciencia como resultado práctico se convirtió en santo y seña en España, en contraposición a la ciencia como método riguroso que cambia la cosmovisión de las sociedades.

Hasta 1857 no hubo facultades de ciencias exactas, naturales y física. Esos conocimientos se impartían en facultades menores de filosofía.



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Hoy en día la producción científica española ha mejorado mucho. Ya no es raro que nos llegue una noticia que empiece con un "investigadores españoles han descubierto que ...." Hemos superado, en buena medida, ese gran bache histórico, bache que tiene sus porqués, nada sucede por suceder. La pobreza científica en España tuvo sus razones que es necesario comprender, básicamente para entender mejor nuestro mundo y no reincidir en los mismos errores.

De ahí que afirmar que lo científico choca con "el ardiente temperamento español" o que somos "más artistas que manejadores de cifras" no tiene sentido. Son afirmaciones románticas gratuitas y obsoletas que sirvieron para intentar justificar de puertas adentro nuestro atraso científico-técnico, por no saber contemplar correctamente el panorama histórico sino sólo una parte. Quien únicamente se obsesiona con el momento presente y pierde de vista el desarrollo de los acontecimientos no podrá entender bien las cosas. Mucha gente se tira de los pelos al leer que China pudiera ser primera potencia económica del mundo en unas décadas, pero porque desconoce la historia y no sabe que ya fue primera potencia hasta principios del XIX. Alemania fue la segunda potencia económica mundial, tras China, durante las primeras décadas del XVI. España fue potencia científico-técnica durante el Renacimiento y todo lo que estorbó su normal desarrollo debe ser motivo de condena por nuestra parte, desde la intolerancia religiosa y el miedo a las novedades hasta la glorificación del gracejo castizo que prefiere lo irreflexivo a lo meditado, lo zafio a lo sabio, esa "majeza" de que hablaba Unamuno.

No desconozcamos nuestra historia. A quien lee esto le recomiendo que se haga un favor y lea cosas mejores, como un buen libro de historia de nuestra patria, España. Pocas cosas hay más patrióticas que conocer nuestro pasado y sentir que tenemos referentes comunes como pueblo.




(I) - Hay un cráter lunar prenectárico bautizado Alphonsus en su honor.


5 comentarios:

  1. No estoy yo tan seguro de que esos tópicos fomentados por los viajeros sean tan bienintencionados. Y cuando alguien se presenta como hispanista me echo a temblar :)

    ¿Has leído el clásico de Julián Juderías sobre la Leyenda Negra? Tiene algunos capítulos sobre este tema.

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  2. Es interesante discutir si la población actual de un país que fuera superpotencia, retiene algo de aquella.

    A los ejemplos de China o Alemania, uno puede oponer muchos otros de peor suerte: Grecia, Mesopotamia (ambas científicamente relevantes en cierta época), Portugal, España, Países Bajos o Mongolia, país donde todavía hay incluso una gran cantidad de descendientes de Gengis Kan.

    Hay una serie de factores geográficos, culturales y quizás genéticos que juegan sin duda un papel (en España hace pocas décadas se pedía igualmente dinero para los africanos como para los chinos, mira donde está cada uno ahora) pero estos factores retienen más importancia para una serie de países que para otros.



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  3. ola k asen

    -F., entre los hispanistas hay que separar el grano de mucha paja. En cuanto a los viajeros, el caso de Ford es de gran sectarismo, era un panegirista de Wellington, quien se había comportado no como un amigo de España -que no lo era- sino como una potencia colonial haciendo y deshaciendo -sobre todo deshaciendo- en nuestro suelo. Hay un buen libro sobre el tema de los viajeros, "Hispanomanía" de Tom Burns Marañón.

    No he leído ese libro en concreto, sorry.

    -warsaw, es verdad que el Domund y así tenía huchas con figura de "chinito", ahora no se ven, ya hace décadas que no las hay o por lo menos yo no las he visto, alguna vez en la iconografía de Cáritas pero más bien tirando hacia Filipinas, país católico.

    Más que países, hay zonas que parecen hacer confluir fuerzas complicadas de reducir a simples conceptos y que se convierten en "puntos de llegada", como Alemania y China. También hay otras zonas que son "puntos de partida", pienso en Noruega y en la Costa Este de Usa; creo que Iberia es ambas cosas. Luego hay "puntos de irradiación invisible" que hacen girar el mundo a su alrededor sin necesidad de ser potencias militares. Es lo que ha sido Palestina milenariamente y lo que es California en el último siglo. Y "puntos de tránsito", todo lo que fue la Mancomunidad Polaco-Lituana es un jaleo y un ir y venir, véase Ucrania. Sin duda es un tema interesante.

    -Anónimo, no diría tal cosa ;-) El afrofuturismo sí tiene relación con California, no sólo por los Black Panthers, los nuwaubianos y la egiptología afroespacial de Sun Ra, que había expuesto su "filosofía" en un sonado curso en Berkeley. Pero el arqueofuturismo es opuesto al californismo, en mi opinión. Eso merecerá una entrada, supongo.

    Es más, han anunciado peli de Superman vs Batman, el héroe californista (por mucho que haya nacido en otro estado: es más, DC Comics está en manos de la californiana Warner) vs el arqueofuturista.

    ¡Salud!

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  4. Yo creo que un país rara vez es potencia científica si no es potencia económica. Más que preguntarnos por las causas de nuestra caída como potencia científica deberíamos preguntarnos las causas de nuestra caída como potencia en general, porque lo uno va ligado a lo otro.

    Guerras absurdas, exceso de religión fanática y sin olvidarnos de eso tan típico del "hidalgo noble" que no quería trabajar ni de broma. Un exceso de romanticismo frente a ese pensamiento cientifista del resto. O más que romanticismo ganas de aparentar y presumir. Ahora resulta que cualquiera está en paro pero no quiere ir a trabajar la tierra. No, eso no. Me quejo de la crisis pero yo al campo no voy. Tanto lloriqueo y luego resulta que las tierras están todas abandonadas y las terrazas llenas. Los africanos tienen que flipar cuando llegan aquí y les decimos que estamos en crisis. ¿Cuánta gente hay que no tiene para comer pero van al estadio de fútbol igual? Todo tiene que ver. Parece que se creen todos hidalgos. Con semejante legión de tontos ¿Qué ciencia va a haber?

    ¿Y que pasa con el ibero que sí que vale? Pues que se encuentra con un estado donde no se le permite apenas iniciativa privada y donde casi se le ridiculiza por estudiar o trabajar mucho. ¿Cuánta gente se ríe de tí si no te vas de vacaciones como ellos? Donde para encontrar algo hay que ser amigo de alguien. Donde el modelo económico es el turismo y solo vale el turismo. Para que un país tenga desarrollo ese país tiene que competir y España no quiere competir, se conforma con recibir turistas. Si solo quieres recibir turistas ¿para qué ser científico, ingeniero o lo que sea?

    El desarrollo científico de un país está condicionado por sus circunstancias económicas, sus circunstancias económicas están condicionadas por sus gobernantes y los gobernantes son un reflejo de la sociedad. Por ende, la ciencia está condicionada por la sociedad. Como todo. ¿O es que hay algo que no dependa de lo que haga la sociedad?

    Yo una vez fuí a comprar un e-book y el de la tienda casi se burló tímidamente. Al margen de lo estúpido que es reírte de alguien por leer ¿cómo eres tan imbécil de perder un cliente?

    Para que España progresara -a parte de incentivar la salida de una legión de tontos nacionales muy autóctonos- sería necesario obrar el impresionante milagro de conseguir que la gente deje de pensar en apariencias y envidias y que de repente y por obra del espíritu santo les diese por ser racionales, pensar con planificación, tener iniciativa privada y conseguir el ultramilagro de que se interesasen más por lo suyo que por poner la oreja en la puerta del vecino e ir a chismorrear. Mientras tanto, los que valen seguirán marchándose y poniendo a parir al país del que se han ido allí donde vayan.

    La ciencia es el resultado del esfuerzo. Y los pocos españoles que se esfuerzan se encuentran en un país donde los demás españoles han votado a partidos que quieren que solo vivamos del turismo.

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  5. Estoy bastante de acuerdo en general. A mucha gente se le caen los anillos por aceptar ciertos trabajos, lo he visto muchas veces, igual piensan que si aceptan un puesto así se quedarán en él toda la vida. Todavía tenemos encima la percepción negativa del trabajo. De hecho, la palabra "trabajo" proviene del "tripalium", un instrumento de tortura consistente en tres palos, como dice el nombre; tomáoslo a coña pero si le llamásemos "labor" como en otros países cambiaría la forma de verlo. Algo trabajoso es algo penoso; algo laborioso es algo complejo y meritorio.

    No me extrañaría que mucha gente que dice que los españoles no rechazamos trabajos sea la misma que afirma que los inmigrantes vienen a hacer los trabajos que nosotros rechazamos. Según mi experiencia personal, se rechazan trabajos, antes más que ahora, supongo, por los años 2005-2006 yo lo veía continuamente, ahora no está el tema para esas alegrías.

    Incluso en el tema del turismo no nos ponemos las cosas fáciles a nosotros mismos. Muchos profesionales no saben inglés. Pienso ahora en los turistas ingleses que llegan a España deseosos de dejarse la pasta (países como Egipto son más complicados de vender como destino ahora) y eso no se está aprovechando tan a fondo como se debería. Y no lo digo por papanatismo, a mi entender el castellano es suficiente idioma para expresar cualquier pensamiento, pero saber inglés forma parte de la formación laboral pero también personal de cada uno. Y también forma parte del trato al cliente, como apuntas, algo bastante descuidado muchas veces.

    Eso sí, pienso que los españoles nos esforzamos. Trabajamos muchas horas. Pero no cunden tanto como en otros países. Los parones de sobremesa son muy contraproducentes, por ejemplo.

    A veces pienso que los españoles no entendemos el mundo en el que estamos. O se nos paró el reloj mental en otra época -1714, 1931, 1978 y así-, o qué :-(

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