miércoles, 2 de abril de 2014

Ruta al sur, rías y adoradores del fuego: los vikingos en Galicia





Hace unas semanas saltó la noticia de que las sucesivas borrascas de un invierno particularmente lluvioso habían hecho aflorar en una playa de O Vicedo -en la Mariña lucense, al lado del cabo de Estaca de Bares, el punto geográfico más al norte de Iberia- restos que parecen ser prueba de una arribada vikinga a nuestra costa. Es el testimonio directo de lo que ya se sabía por numerosas fuentes, que los vikingos se dejaron caer por Iberia, haciendo de las suyas varias veces tanto en la parte cristiana como en la oficialmente musulmana, y que me ha animado a dedicarle a aquellos insistentes visitantes marinos una segunda entrada en el blog. El hallazgo del pecio gallego es más modesto, menos espectacular, que el de L'anse aux Meadows en Terranova; en contrapartida, la aventura americana tiene como fuente escrita dos sagas mientras que la aventura gallega -e ibera- cuenta con un soporte documental mucho mayor. 

Para la gente de fuera de Galicia que me lee, diré que este artículo no es un ejercicio de ombliguismo regionalista por mi parte, pues considero que las implicaciones para toda España fueron notables y posiblemente habrían podido ser mayores aún, hasta el punto de quizá haber podido cambiar nuestra historia. Creo que, si os animáis a seguir el hilo de esta aventura, encontraréis el relato de una época apasionante. Hay bastante bibliografía que toca el tema (I), y también muchas entradas en Internet. Por tanto, este miniensayo es en primer término una forma de dar rienda suelta a mi afición por la Historia; ahora bien, el tema merece también una serie de reflexiones personales que ofreceremos al final del relato.


UNOS APUNTES INICIALES

El papel que desempeñó Galicia durante la Edad Media, desde el reino suevo en adelante y durante la Reconquista, está siendo revisado y reelaborado por una nueva generación de historiadores gallegos, según los cuales el Reino de Asturias y el origen del proceso que llamamos Reconquista tal como ha sido explicado tradicionalmente es más un constructo cultural-ideológico que una realidad histórica, un constructo que tomaría fuerza especialmente desde el siglo XIX, con su visión españolista liberal y centralizadora, isabelina, en oposición a las tendencias regionalistas periféricas. Covadonga -según ellos una mera escaramuza-, don Pelayo -un personaje al que conceden escaso relieve- y otros hechos de nuestro pasado cumplirían su función de mitos aglutinadores para la historiografía, algo así como un "año 1" para la España cristiana que luchaba por hacerse de nuevo con la península. 

No voy a meterme en ese tema, que me parece relativamente estéril (da la sensación de que sólo interesa al sector nacionalista gallego), si bien debo decir que no es descabellado defender la postura de que no estaría mal repensar la historia del Noroeste ibero, dicho sin el menor interés de quitarle ni un átomo de importancia a la gente astur en nuestra vida como nación. Frente a la idea de que Galicia cayó entera en manos de los caldeos -como se llamaba primeramente a los invasores norteafricanos- y que Asturias encabezaría la Reconquista, los autores revisionistas (llamémosles así) afirman que es altamente dudoso que fueran más allá de la línea del Miño, tomando las cabezas de puente de Lugo, Ourense y Tui, de donde serían desalojados en los años cuarenta del siglo VIII por la iniciativa de un gran rey, Alfonso I el Católico, aprovechando las revueltas bereberes y una hambruna en territorio islámico que dejó casi desprotegida una gran franja de terreno, el llamado desierto del Duero, y que por entonces ni unos ni otros estaban en condiciones políticas, demográficas ni logísticas de llenar y poseer, quedando temporalmente como tierra de nadie. Mientras, sí se sabe que en Gijón los invasores tuvieron un gobernador local, partiendo así Asturias por la mitad y llegando al Cantábrico. Los historiadores revisionistas dan otro argumento, indicando que mientras que la diócesis de Oviedo arranca desde el 802, en ningún momento hubo interrupción de la sucesión episcopal en la de Iria Flavia.

No voy a seguir insistiendo por ese sendero. Hay gente que aprovecha a la mínima para hacer nacionalismo de terruño; no es mi caso. Toda Iberia es mi patria, y no por ensalzar  el papel de unos voy a quitarle valor a otros (los asturianos). Así que dejemos ese asunto para los fans del particularismo y continuemos.

Las relaciones de los vikingos con el noroeste ibero, y con toda la península, constan por autores de los reinos cristianos, por historiadores andalusíes y también por escritores escandinavos, de crónicas más tardías y ya cristianizados a su vez. Éstos se refieren a la España cristiana con los nombres de Galizuland, Galica o Jakobsland (tierra de Santiago); mientras, el territorio hispanomusulmán era denominado Span, Spánaland, Yspania y similares. Por decirlo con cierta simpleza, llamaban "gallegos" a los cristianos y "españoles" a los andalusíes. El nombre común que tenían para referirse al mundo islámico en general es Serkland. Las crónicas cristianas llaman a los vikingos lordomanos, nortmandos y similares: hombres del Norte. Hay que destacar que existe un núcleo poblacional leonés llamado Lordomanos, y otro llamado Lordomao en tierras portuguesas; también hubo un Lordomán en Lugo, pero de él sólo nos ha quedado la referencia en una carta puebla. Las crónicas andalusíes les llaman al-Urdumaniyyum -gente del Norte- o el enigmático madjus -adoradores del fuego-. Los musulmanes de la época les distinguían de los vikingos del Este o varegos, a los que llamaban correctamente rus; de los vikingos propiamente dichos, sin embargo, apenas sabían algunos datos -alguna fuente incluso ubica su patria en Irlanda-.

Basta con echar un vistazo a un mapa de la península para ver que Galicia forma un espolón que todo navegante del Norte tiene que superar para dirigirse por la ruta hacia el espacio mediterráneo. Es de esperar que en ese espolón se haya detenido mucha gente. Si en el blog solemos insistir en la importancia de la cuenca mediterránea, no se nos olvida asimismo el muy relevante tráfico de gentes y de bienes en la fachada atlántica, tráfico que está datado bien lejos en la Antigüedad. El sector noruego de la fachada atlántica ha impulsado numerosas veces rutas al sur (y al oeste, como hemos visto en la aventura de Vinland), incluso en tiempos posteriores a la Revolución Industrial (recuérdese el interés alemán y francobritánico por hacerse con la moderna Noruega en 1940, por ser puerto privilegiado para la Kriegsmarine y por la ruta del hierro sueco). De igual manera, no sólo el mundo nórdico sino también el gaélico ha establecido hilos marítimos con Iberia (por ejemplo, la arribada de gentes celtas -entre ellas el misterioso obispo Mailoc- procedentes de una Britania invadida por anglos, jutos y sajones, y que comenzaron a tocar costa gallega y asturiana hacia mediados del siglo V). Las primeras razzias, la primera piratería nórdica, nos vino con los hérulos.

Los hérulos son un pueblo poco conocido, originario de Escandinavia y caracterizado por su gran estatura, que han pasado simbólicamente a la historia del mundo porque uno de sus caudillos, Odoacro, depuso al ridículo Rómulo Augústulo de su rango de emperador en el 476, liquidando así el Imperio romano de Occidente, y comenzó a gobernar la península italiana hasta su derrota a manos de los ostrogodos. Las costas lucenses supieron de sus raids piratas en los años 457 y 459.


AÑO 844

El primer ataque vikingo registrado sucedió prácticamente medio siglo después de la matanza de la abadía de Lindisfarne, habiendo sido ésta el arranque de la "ira del Norte". En el año 844 era rey de Dinamarca el poderoso caudillo Horik I, azote del continente cristiano y reacio a la conversión. Una flota danesa, que había invernado en Noirmoutier (los raids se hacían en época benigna, especialmente en el verano) y se había entretenido saqueando Toulouse, se  dividió yendo una parte hacia Gijón, encontrándola el 1 de agosto bien defendida. Al ser rechazados, buscando una plaza más sencilla de saquear y posiblemente un gran río para remontar su curso, se dirigieron al oeste, llegando al "faro de los bretones" o Torre de Hércules, al lado de una pequeña aldea de campesinos y pescadores, lo que es hoy Coruña -es de imaginar que esperarían un gran botín al ver semejante faro, botín que aquel pobre asentamiento no estaba en condiciones de ofrecer-. Enterado de la incursión, muy nutrida en número y prontamente dedicada al saqueo de iglesias y villas, el rey Ramiro I actúa rápido aprestando un ejército con la ayuda de varios condes gallegos, que tenían un fuerte poder territorial y estaban algo alejados de la corte (que residía en Oviedo desde el 791). Por entonces el culto a Santiago ya ejercía un fuerte poder vertebrador en el Noroeste, lo que sin duda ayuda a entender la celeridad con que se dispuso la respuesta militar cristiana. La victoria de los iberos en batalla -posiblemente en los alrededores de lo que es hoy Betanzos- fue total, quemándoles a los vikingos la friolera de setenta naves -cifra quizá exagerada-, con lo que los contritos nórdicos tuvieron que marcharse en busca de otras costas.

La victoria cristiana debe compararse con lo que ocurría en otras partes de Europa asaltadas por vikingos (al año siguiente los francos tuvieron que pagar un rescate astronómico -Danegeld: "dinero danés"- para que les devolvieran París) y encuadrarse en el marco de una corriente de hermandad entre gallegos y astures. Alfonso II el Casto había promovido con energía el culto al sepulcro de Santiago, y Ramiro I -al que los condes gallegos habían ayudado en su pugna contra un usurpador llamado Nepociano- era tenido como gran monarca favorable a la Reconquista y a la construcción de hermosos templos. También es de destacar la relativa densidad social de la época, aun admitiendo que se trataba de regiones muy pobres en comparación con otras de la Cristiandad y sin duda con al-Ándalus, una civilización brillante. La aristocracia galaica y los obispados ejercían un considerable freno al poder real. No han faltado opiniones según las cuales Alfonso II estableció la corte en Oviedo porque estaba alejada de la influencia fáctica de condes y obispos, y había en ella un cierto "vacío de poder" donde un rey podía encontrar mayor estabilidad.

El caso es que los derrotados vikingos continuaron su singladura (II) por la ruta del sur, bordeando la península con una flota aún respetable de 54 ó 70 barcos según qué fuente, y asaltando Lisboa el 20 de agosto. Tras varias razzias, remontaron el Guadalquivir y llegaron a Sevilla el 1 de octubre. La saqueron durante una semana, cometiendo numerosas atrocidades. El emir Abderramán II reacciona con energía y apresta un ejército que desde Córdoba busca a los vikingos y los semianiquila en Tablada, confinando a los pocos supervivientes nórdicos en las inmediaciones de Sevilla, donde se islamizarían y se ganarían la vida como excelentes fabricantes de queso. Por segunda vez, las gentes iberas triunfan allí donde estaba fracasando el resto de Europa. Nuestro pueblo, dividido en dos cultos abrahámicos, había destruido la amenaza pagana.

Existen ecos por tradición oral de una posible incursión poco tiempo después, nuevamente tocando costa gallega, concretamente la ría de Foz que forma el pequeño río Masma, y que amenazó San Martín de Mondoñedo (no es el Mondoñedo actual, que se reasentó más lejos de la costa). Gracias a un milagro del obispo Gonzalo, una oportuna tempestad hizo trizas el grueso de la flota vikinga, por lo que renunciaron a su ataque. A pesar de su carácter legendario, podría albergar un fondo de verdad.


HASTINGS Y BJÖRN

Entre 858 y 859, reinando Ordoño I, aparece una nueva gran flota vikinga que según las crónicas superaría los 60 drakkar e incluso podrían ser 100. Es comandada por un arriscado vikingo llamado Hastings, secundado por otro gran marino al que llaman Björn flanco de hierro. Ya no era simplemente que hubiera que rodear Galicia para alcanzar la ruta del Sur. Ya sabían que había riquezas manufactureras en la costa. Los vikingos no solamente se lucraban del pillaje en villas y edificios eclesiales sino que parasitaban el comercio marítimo del plomo, llevado por bretones, y de casiterita -mineral altamente rico en estaño-. Además, les interesaba la ruta de la sal. Por entonces las Rías Baixas estaban surtidas con desaladoras. Eso por no hablar de lo que se podría encontrar en Compostela. Así pues, comienza el segundo round serio en este terrible combate.

Y nuevamente otro aristócrata galaico, el conde Don Pedro, les presenta batalla a la altura de la ría de Arousa, tal vez. No es extraño que los vikingos aprovechasen las rías para avanzar hacia el interior. Sea como fuere, allí se toparon con un ejército cristiano, que les desbarató. Con seguridad los vikingos perdieron la mitad de las naves y un número elevado de bajas. Tras esto, se dirigieron al sur, rehaciéndose al unirse a los restos de otra flota vikinga y, reforzados en número, intentaron un segundo ataque nórdico a Sevilla. El caso es que por entonces los musulmanes ya se habían puesto las pilas y muy previsoramente habían organizado astilleros, una flota decente y numerosos puestos de vigilancia costera. Nuevamente los vikingos son derrotados, y nuevamente continúan su marcha. Realizan razzias en Murcia y Orihuela, devastando las mezquitas, y en un audaz golpe de mano remontan el Ebro y se hacen con Pamplona, apresando al rey García Íñiguez. Su rescate fue de setenta mil piezas de oro.

Los inquietos vikingos, muy razonables cuando hay dinero de por medio, se fueron de Pamplona con ese gran botín y continuaron haciendo de las suyas por el Mediterráneo en una aventura en que lo real y lo mágico parecen abrazarse. Se dice que llegaron a tomar una pequeña aldea costera italiana pensando que era Roma. Llegaron hasta Grecia y allí volvieron las naves. Es posible que Hastings muriera a la altura de las costas de Mauritania. No se supo más de ellos en nuestras costas.

De todas maneras, la perseverancia de las incursiones vikingas hizo que las gentes del litoral comenzasen a dirigirse al interior, más seguro y paulatinamente más pujante, pues recibía también inmigración desde el lado musulmán. La economía costera se resintió notablemente. El hecho de que el campesino no pudiese portar armas (al contrario que en Castilla, donde el lugareño se iba a arar con la espada al cinto) complicaba más aún su situación. Así pues, el noroeste cristiano comenzaba a sentir los efectos de la ira del Norte, si bien había salido victorioso por ahora de sus encontronazos con ella.


PAGANOS IRREDENTOS

Los años sesenta del siglo IX pueden considerarse realmente cruciales en el devenir de la historia vikinga. Poco a poco los fieros marinos se muestran menos interesados en el pillaje y más en el asentamiento. La normandización de Inglaterra parece absorber las energías de aquel pueblo, y más específicamente las de los vikingos daneses. Los asentamientos normandos en el continente adquieren carta de naturaleza con el ducado de Normandía asignado al jarl noruego Rollón, quien en el año 911 se asienta en suelo franco, se casa con una hija del rey Carlos el Simple y poco después se bautiza. El nieto de Rollón y tercer duque de Normandía, Ricardo Sin Miedo, hacia 965 se tiene que quitar de encima un contingente muy grande de ocho mil noruegos y daneses que habían acudido a ayudarle puntualmente en un momento de crisis y que pasada ésta no estaban por la labor de bautizarse, de modo que los envía al sur llenándoles la cabeza con los tesoros compostelanos. Por entonces se pueden ubicar confusos relatos escandinavos que hablan de gente española "muy mezclada" y la presencia de guerreros "etíopes". En el 968 sí tenemos una pista clara, además de temible: la gran flota rebotada asoma por nuestras costas. Se trata del mayor contingente lordomano visto hasta la fecha en Iberia. Parte del contingente invasor -comandado por Gunderedo- entra por la ría de Arousa con cien barcos, albergando el propósito de tomar y saquear Compostela. El noroeste no llevaba una buena racha. No se había articulado todavía un reino cristiano sin fisuras (hubo incluso un Reino de Galicia independiente de facto durante unos años). En el trono de León figuraba Ramiro III, con sólo siete años de edad y bajo la regencia de su madre, de cuya capacidad muchos desconfiaban. La nobleza empleaba los obispados para hacer política y se enzarzaba en disputas improcedentes. Precisamente Gunderedo llegó a Compostela recién zanjada una de esas disputas. El obispo vencedor, Sisnando, se aprestó para la batalla -recordemos que eran nobles antes que otra cosa, con lo que estaban habituados a manejar la espada- un fatídico 29 de marzo en el lugar de Fornelos, donde es derrotado y pierde la vida de un flechazo. Compostela, que frisaría poco más de medio millar de vecinos, cae poco después. Los vikingos penetran por toda Galicia y llegan incluso hasta el límite geográfico de O Cebreiro. Cerca de una veintena de villas son saqueadas a fondo. Por fortuna, no cayó Lugo en su poder. El obispo Hermenegildo, curándose en salud, había reforzado previamente la muralla, con lo que la ciudad -de unos tres mil habitantes por entonces- no cayó en sus manos cuando quisieron tomarla en el 969.

Nuevamente las fuerzas vivas del Noroeste respondieron a la terrible situación. El obispo san Rosendo, que había sido defenestrado por el difunto Sisnando, y el conde Gonzalo Sánchez congregan una potente tropa y buscan el camino de la probable retirada vikinga. Se los encuentran en algún lugar de lo que es hoy la comarca ferrolana en el 970 y les infligen una derrota aplastante, en la que muere Gunderedo. La amenaza quedaba nuevamente conjurada.

Hay noticias de que durante los dos años siguientes los vikingos incordiaron en la costa andalusí. Hacia el 966 habían atacado Lisboa. No se puede saber si el contingente que apareció en 971-972 eran los restos de la flota de Gunderedo u otra distinta. De todas maneras, el califa Alhaquén II no estaba para bromas así que despachó rápidamente a su brazo derecho, un gran militar de origen eslavo llamado Galib, que deshizo el poder guerrero de los adoradores del fuego. Éstos habían recurrido al viejo truco de remontar el Guadalquivir, con lo que cayeron en una ratonera, topándose con una flota andalusí delante y viendo que por su retaguardia subía una segunda flota enemiga. La catástrofe vikinga fue completa.

A pesar de que el mundo nórdico-vikingo se va cristianizando paulatinamente y sus arriscados guerreros piratas pasan poco a poco a ganarse el estatuto de colonos en tierras de asentamiento, las incursiones navales en nuestras costas siguieron dándose esporádicamente. La ciudad de Tui fue una de las que más padeció aquel azote, siendo tomada y arrasada varias veces. En el 982 así ocurrió, y nuevamente pasaría en el 1008, . En aquel entonces hicieron una de las suyas habituales, tomar preso al conde de Tui, al que llamaban Gunvaldsborg, y pedir un rescate muy sustancioso: doce mil piezas de oro, una suma enorme para lo que era entonces la comarca. Aquél fue un raid de envergadura que llevó a los lordomanos hasta Braga, a la que igualmente asolaron. Es muy probable que en aquella sanguinaria y fructífera campaña interviniera, con sólo once añitos, Olav Haraldsson, futuro rey de Noruega y santo (III). También es probable que regresara en una segunda y oscura incursión, hacia 1015, en la que Tui volvió a llevarse la peor parte. El obispado había movido la diócesis hasta Santo Estevo de Ribas del Sil, al sur de Lugo (donde hay un extraordinario monasterio en un paraje digno de Tolkien que conozco bien), para librarse de los raids lordomanos si bien es posible que algunos de ellos remontasen hasta aquella altura.

Con todo, la cristianización iba notándose cada vez más, y también cada vez más los nórdicos conversos se animaban a las peregrinaciones. Tierra Santa comienza a ser, digámoslo así, el "destino turístico" de muchas de aquellas gentes. La mejor ruta era la marítima, obviamente: les llevaba poco más de un mes. A las escalas en costas de Neustria y Cornualles se les unieron las gallegas y asturianas (es posible que lo que las crónicas escandinavas llaman Grislepolle sea la asturiana Castropol), así como Lisboa y Gibraltar. Los lordomanos píos recalan en nuestra costa para abastecerse pacíficamente. Parece ser que muchos de ellos visitan  Compostela en son de paz para venerar la tumba del Apóstol. El Vestvegr o "ruta oeste" de Escandinavia a Galicia para peregrinar comienza a popularizarse, teniendo en cuenta que es relativamente breve (unos siete u ocho días de navegación) y que unos y otros cuentan con el latín como lengua internacional. Sólo con posterioridad los nórdicos cristianos irán decantándose por la ruta pedestre, el camino francés.


EL ORIGEN DE UNA ROMERÍA

En algún momento de los años veinte del siglo XI, posiblemente hacia el 1028, aparece otro personaje lordomano muy singular. Se trata de un jarl llamado Ulf  -"lobo"- que haría tanta fortuna en nuestro noroeste que ha quedado para la posteridad como Ulf Galica o Galicienfaher: Ulf el Gallego. Según las sagas habría nacido con el cambio de milenio. Atacó Catoira y posteriormente remontó la ría de Arousa, realizando breves raids. A pesar de la identificación del personaje con la tierra que invadía, no parece que buscase un asentamiento. Un ejército comandado por el obispo Cresconio -insisto: los obispos de entonces no eran como los de hoy- derrota a Ulf. Cresconio reconstruye y mejora las defensas de Catoira, "blindando" la entrada de la ría. Geopolíticamente la ría de Arousa es una de las entradas más comprometidas al interior gallego, si no la que más, pues remontando el río Ulla se llega cerca de Compostela y con ella se llega también a las cercanías del centro geográfico de Galicia -que correspondería más o menos a lo que hoy es Silleda (IV)-. Durante su presencia es muy probable que Ulf prestase su brazo como mercenario al conde Rodrigo Romáriz, quien se había levantado contra el rey Bermudo III.

Con el tiempo y de vuelta a su tierra Ulf el Gallego contraería matrimonio con Bodil Haakonsdatter (V). Una nieta de ambos se casaría con el rey danés Erik el Bueno. Quién sabe si el apodo "gallego" se lo puso él para presumir de gran conquistador. Queda como recuerdo de su paso por aquí la romería vikinga de Catoira, un remedo juerguista de la invasión de la villa que se celebra cada primer domingo de agosto, en la época de días largos y claros en que los lordomanos preferían hacer de las suyas.

La cristianización y el fortalecimiento de las rutas comerciales iban poquito a poco "haciendo Europa", construyéndola sobre una nueva base. Al igual que había mercenarios galaicos en las filas de Guillermo el Conquistador -e incluso se afirma que el propio caballo de Guillermo era procedente de Galicia-, el culto jacobeo vertebra a las gentes nórdicas hacia el noroeste de Iberia. La cultura cristiana peninsular comienza a florecer, y en sus cortes el gallego medieval es empleado como vehículo cultural con frecuencia creciente. En el 1108 el rey noruego Sigurd Jorsalfare -"peregrino de Jerusalén"- organizó una gran expedición hacia Tierra Santa, de unos diez mil hombres, mitad peregrinación mitad cruzada que le llevaría a visitar Compostela pacíficamente, limitando sus raids a la costa musulmana.


UNA SINGULAR CONEXIÓN CON LAS ORCADAS

Las islas Orcadas son un pequeño archipiélago de unas setenta islas al norte de Escocia. Alrededor del año 800 invasores noruegos barrieron con la casi totalidad de la población picta, entrando en el área de influencia vikinga y convirtiéndose en base privilegiada para sus incursiones. Con el tiempo, los vikingos de las islas empiezan a prestar servicios como mercenarios. También en Iberia.

Así, hacia 1112 un contingente de vikingos de las Orcadas, capitaneado por el jarl Haakon Paalsson interviene como tropa de choque en las guerras intestinas que los levantiscos condes gallegos planteaban entre sí, llevando la devastación por donde pasaban. El extraordinario arzobispo Diego Xelmírez toma una serie de iniciativas militares para reducir a los vikingos, entre las cuales se incluye la construcción de una pequeña flota. Entre 1118 y 1120 el contingente vikingo es completamente derrotado y hecho preso. Con posterioridad serán puestos en libertad.

En una segunda ocasión, lordomanos de aquellas islas se dejan caer en nutrido número por aquí. El relato puede tener elementos legendarios. En 1153 unos dos mil hombres con destino a Tierra Santa -entre los que figura un futuro santo, Rögnvald Kali Kolsson- pasan el invierno en Galicia. Pero como parece ser que no sabían estar quietos, se emplean como mercenarios en la enésima disputa civil de la región. Esta vez es el campesinado, incapaz de sufrir los abusos de un conde llamado Godofredo, el que recurre a los lordomanos para deponerlo. Consiguen su objetivo, pero por las argucias de uno de los nórdicos, Eindridi el Joven, el pérfido conde consigue poner tierra de por medio.

Desde entonces la arriba de nórdicos a nuestra costa será siempre pacífica. Consta en 1189 una expedición muy numerosa, de doce mil hombres, para admirar el Sepulcro. Como anécdota, la población compostelana recibió a los escandinavos a pedradas pues creían que venían a robar los tesoros del templo. La imagen del vikingo como ladrón todavía conservaba raíces en el alma del pueblo. En realidad, la piratería ya a la altura del siglo XII estaba prácticamente liquidada. En eso influyó la aparición de la Liga Hanseática, que desplazó el interés comercial hacia el norte de Alemania, en una zona ya muy pacificada y sin lugar para piratas ni aventureros. Los antiguos barcos piratas no tendrían, además, posibilidad alguna de competir con el nuevo barco de moda, la coca, uno de los mayores avances en la  historia de la  navegación.


UNA SERIE DE REFLEXIONES

Los españoles no conocemos nuestra historia. El desconocimiento de una historia tan rica como la nuestra nos define como pueblo. Estamos asentados sobre una inmensa montaña de acontecimientos pasados en la que no reparamos, tan fascinados que estamos con nosotros mismos por encontrarnos en la cumbre de esa montaña. Esa ignorancia se paga, habitualmente de un modo retorcido.

¿jCuántas películas podrían hacen en Usa si tuvieran nuestra historia? Ellos le han dedicado no sé cuántas al duelo en OK Corral, a Davy Crockett, al general Custer y demás. ¿Qué harían con la desbordante historia española? No estamos solos en nuestra incuria antihistórica: los franceses llevan medio siglo haciendo cine ombliguista parisino. Pero me importa poco lo que hagan por ahí. Pienso en mi país y mi sangre. Y pienso en lo mucho que nos desconocemos a nosotros mismos como pueblo. Ay, el día que los españoles descubran España y se sacudan ese estúpido patriomasoquismo que todo lo invade.

¿Qué saben los españoles de los vikingos? Pues que iban en unos barcos con una cabeza de dragón en la proa, y que llevaban cascos con cuernos. Es decir, saben dos cosas y una no es cierta. Casi todo el mundo se limitaría a responder eso. O no. Tal vez la mayoría de la población española no sabría decir una palabra de los vikingos. Eso sí, la población española sabe muy bien a qué cree que tiene derecho y te lo dice directamente, incluso con impaciencia.

De entre esa gente, ¿cuántos saben algo más? Algunos te dirán que había de dos tipos, unos al oeste que primero saquearon para después asentarse, después no sé quién se casó con no sé cuála y se civilizaron, y otros al este que comerciaron con los musulmanes, y bueno, por allí quedarían. Habrá a quien le suene que los normandos estuvieron por Sicilia o por ahí. Incluso habrá alguien que tenga una lejana idea de que alguna vez normandos y andalusíes se dieron de tortas en algún sitio. De las incursiones vikingas en suelo cristiano ibero, ni idea. Eso sí, las incursiones en otros reinos cristianos dejaron la huella de la invencibilidad vikinga, del "furor del norte", de los hombres grandes como castillos que llegaban, orgullosos paganos que derrotaban a los cristianos, arramplaban con el botín en un ejercicio de darwinismo aplicado y se volvían con sus grandes naves otra vez hacia las tierras de Odín y Thor.

Es triste. Los mismos que saben que los vikingos derrotaban a los pobres cristianitos del norte de Europa desconocen completamente que los cristianos del sur, los cristianos iberos, sus antepasados, infligieron tremendas derrotas a aquellos superhombres paganos. Y que los españoles meridionales, oficialmente musulmanes -es decir, de otro culto abrahámico que según los odinistas "reblandece" a quien se adhiere a él-, hicieron otro tanto. Nunca se insistirá lo suficiente en el conocimiento de nuestro pasado para poder entender la exacta medida de nosotros mismos. Mientras en Inglaterra, Francia y Alemania los eclesiásticos lloriqueaban ante el terror lordomano, los obispos españoles se ponían al frente de la tropa en marcha, arriesgando la vida y a veces perdiéndola, hasta conseguir vencer y expulsar a aquellos invasores que sólo querían robar el fruto del esfuerzo ajeno, algo que si nos parece mal hoy no debemos aplaudir en tiempos pasados, y más padeciéndolo nuestros antepasados.

Durante siglos Escandinavia se convirtió en un agujero negro hacia el que afluía la riqueza de otras latitudes. Un dato: se han hallado en suelo escandinavo cinco millones de piezas de oro acuñadas en el Serkland. Los lordomanos eran piratas, pero también muy buenos comerciantes. Y, sobre todo, aventureros. Sin embargo, con el asentamiento en terrenos más al sur y una progresiva cristianización, canalizaron sus aventuras de otra manera. Se hicieron devotos. Comenzaron a construir templos en vez de derruirlos. Empezaron a darle fundamento a la Europa medieval. Poco a poco, aquella península llena de fiordos se iba haciendo cada vez más europea. Hemos visto que su relación con la otra península con rías al noroeste se iba normalizando y fortaleciendo. El culto a Santiago y a Tierra Santa ayudaban a que Europa fraguase.

Las relaciones entre normandos y gallegos en tiempos de Guillermo el Conquistador no se limitaron a proveerle de mercenarios y de un caballo. Según el escritor Vicente Risco, varios condes galaicos -bastante revoltosos y con mucha iniciativa, como hemos visto- le ofrecieron la corona de un posible Reino de Galicia -que fue independiente en varias ocasiones durante un siglo largo- o bien meramente un ducado como el de Normandía. Eso era ya mucho más que una red de lazos comerciales. Eso era un proyecto político.

¿Qué habría pasado si Guillermo hubiera aceptado la propuesta? ¿Qué habría pasado con un enclave normando políticamente independiente en el noroeste peninsular? Téngase en cuenta el contexto de la época. Piénsese en la cruzada peregrina del rey Sigurd en el 1108. Téngase en cuenta que los nórdicos venían a Compostela a venerar la tumba apostólica. Téngase en cuenta que los nórdicos que surcaban la ruta del sur invernaban en Galicia. Téngase en cuenta la cantidad de conexiones políticas, económicas y espirituales del espolón noroccidental. ¿Qué habría pasado si Guillermo, o un familiar suyo, hubiera tomado posesión del ducado de Jakobsland?

Lo primero que habría pasado es que los reinos cristianos del interior tendrían una conexión mucho mejor con la costa. El asentamiento pacífico de normandos ahuyentaría toda posible piratería posterior, revitalizándose así los puertos y volviendo a crecer la vida costera. Los reyes sacarían notable tajada de los aranceles portuarios, y su pueblo tendría acceso a materias primas y productos de las rutas marítimas bretonas. Pero lo más importante de todo sería la cruzada. Un rey como Sigurd no habría ido a realizar su cruzada en Palestina: la habría hecho en la península ibérica. Es decir, la cruzada que dio lugar a la gran victoria de las Navas de Tolosa se habría adelantado más de un siglo.

Eso habría supuesto un enorme impulso a la Reconquista. Ésta no se habría producido de norte a sur, como ocurrió, sino de noroeste a sureste. Eso no parece tener mucha importancia, pero habría supuesto con casi total seguridad que Portugal no se habría desgajado de España como proyecto histórico. El "desierto del Duero" se habría colmado con prontitud y Lisboa habría caído prontamente bajo la órbita iberonórdica. Así, toda la Iberia cristiana, sin divisiones intestinas y dominando las poblaciones costeras desde la base lisboeta, habría terminado con la presencia islámica mucho antes, quizá arrancando el 1200. Sería un único país, quizá llamado Jacobea y con el gallego como lengua franca, quién sabe.

Eso a su vez habría supuesto campo abierto para que las flotas cristianas tomasen una tras otra las plazas norteafricanas, algo que no se pudo hacer por el freno andalusí-nazarí. Desde Ceuta y Melilla hasta Daimeta y Mansura, todo un tapiz de núcleos urbanos se recristianizarían, con lo que volveríamos a ver por fin nuevamente un Mare Nostrum, una Nea Talasia revitalizada. En esa tesitura, una nueva cruzada terminaría siendo victoriosa sí o sí. Tierra Santa sería liberada definitivamente. 

Eso abriría las dos grandes rutas comerciales, libres del parapeto monopolístico árabe. Tendríamos hilo directo desde Suez y desde Siria con el Oriente. Las implicaciones de todo ello son fascinantes, y en ellas tendría que decir muchas cosas Jacobea, aun lidiando con otras potencias navales neatalásicas, como las ciudades italianas y con un Imperio bizantino que no tendría fin. Pero hay otra ruta. Al oeste.

¿Qué habría pasado si Felipe II hubiera dejado embarazada a María Tudor? ¿Habrían sido España e Inglaterra un solo país? No, probablemente no, pero al oeste habrían sido muy distintas las cosas. A principios del siglo XIII una Jacobea totalmente unificada, una sola nación, que recibía gentes nórdicas a mansalva y que se había convertido en "bisagra del mundo" -en feliz expresión del fallecido Adolfo Suárez- mirando hacia el porvenir, podía adelantar su aventura americana.

¿América? ¿Y cómo sabíamos que había un continente ahí? Pues porque a principios del XIII existían europeos en Groenlandia. Tenían incluso su obispo. La llegada de noticias, de maderas de alerce y de gramíneas desconocidas excitaba la curiosidad de los aventureros. Las gentes lideradas por Erik el Rojo eran muy pocas para colonizar más al sur de Vinland; pero Inglaterra y Jacobea podían hacerlo, sabiendo que delante de ellos, tras la curvatura del planeta, existía un continente, y no una inacabable ruta a Cipango. Los prenautas llevarían nombres distintos a Colón y a Caboto, y el continente se llamaría de otra manera, pero lo importante es que en su seno españoles e ingleses llegaríamos a ser el mismo pueblo.


Fotograma de la serie "Vikings" (SyFy). Casting muy acertado desde un punto de vista antropológico.


Soñar y fantasear es gratis. Nos hemos desacostumbrado a soñar. Esta época no te deja dormir profundamente y llena tu vida de sobresaltos un poco idiotas; para cubrir tu cuota de fantasía, prefabrica para ti artefactos audiovisuales en tu tele, en tu móvil, en tu consola y próximamente en tu chip endoimplantado. No está de más, precisamente ahora, que los ciudadanos y los pueblos sueñen por su cuenta. Eso pondrá nerviosos a aquellos que no pueden controlar nuestros sueños porque ya no son capaces de preprogramarnos. Ésos que se ponen nerviosos son los mismos, al cien por cien, que quienes no quieren que, de tanto zambullirnos en nuestra libre fantasía de hombres y mujeres libres, lleguemos a una conclusión nada fantasiosa y sí muy real: que iberos, ingleses y escandinavos somos el mismo pueblo. 

Lejos estará de nosotros esa conclusión si seguimos durmiendo sin soñar.



(I) - Para quien quiera introducirse en el tema recomiendo un breve pero estupendo texto de J. S. Izquierdo Díaz, Os viquingos en Galicia (Edicións Lóstrego). Aunque esté en gallego, se entiende bien: si os interesa el tema y encontráis un ejemplar, haceos con él .... pero no al modo vikingo ;-)

(II) - Término que deriva del nórdico antiguo. Les debemos a los vikingos algunas palabras más asimismo relacionadas con la navegación como estribor, babor y estay.

(III) - En su honor se bautizó el Saint Olav natal de uno de los personajes de la serie "Las chicas de oro".

(IV) - Por un motivo de imparcialidad geográfica, las oposiciones a la Xunta suelen celebrarse en Silleda.

(V) - En Escandinavia los sufijos -sson y -datter tras el nombre del padre construyen el apellido según sea hijo o hija, algo bastante de esperar en sociedades patriarcales. Islandia sigue haciéndolo así, con el -dóttir para mujeres.


10 comentarios:

  1. Gran artículo. Bravo. Sigue en esta línea y deja a un lado las neuras de anteriores posts. Abrazos!

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    1. Para mi son más interesantes los artículos que tratan cuestiones presentes, que la historia está muy bien y es importante saber de donde venimos, pero de eso poco queda, ahora lo importante es saber hacia donde vamos.

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    2. ola k asen

      Gracias por vuestras intervenciones, compañeros. En cuanto tenga un rato libre completaré la historia y añadiré una serie de conclusiones que creo que os van a resultar bastante sorprendentes ;-)

      Bueno, aunque procuro estar atento a lo que está ocurriendo en la actualidad y no sólo en lo político y económico sino también en lo espiritual, y que a veces me atrevo a hacer algunas profecías -jeje-, de vez en cuando viene bien echar la vista atrás para intentar entender qué es lo que hemos heredado. Desconocer el pasado convierte el presente en algo incomprensible, en una especie de arcano que parece que sólo se puede desentrañar por una aristocracia académica (cuando hoy disponemos de la ventaja de mejor acceso a la información para quien sienta la inquietud de saber más) e ideal para ser reescrito y reelaborado por los que controlan los medios. La mayoría de la gente, ante el proceso que estamos viviendo, se rasca la cabeza y busca alguna explicación en la tele. Y la primera explicación debería partir siempre de la soberanía mental de cada uno de nosotros. Y si no es de cada uno, que sea del mayor número posible de gente.

      ¡Salud!

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    3. Añadiendo algo, llamadlo casualidad o sincronicidad o serendipia o como queráis, ha caído en mis manos una joya, la Crónica General (tercera, o vulgata) en su traducción gallega, edición de Ramón Lorenzo del 75, el primer tomo, un libraco del copón. Lo abro y me encuentro con una referencia a la victoria de Gonzalo Sánchez sobre Gunderedo. Es breve, como si refundiera lo fundamental, pero me llaman la atención dos puntos: que el cronicón aluda a que los lordomanos llevaban muchos cristianos esclavizados de vuelta (y que fueron liberados tras la batalla), es decir, que no es sólo el tesoro inerte lo que busca el vikingo, y que éstos son llamados .... "navarros". He encontrado otra referencia dentro de ese océano de páginas a las razzias en el sur, donde arrasaban mezquitas, seguiré buscando o mejor dicho seguiré encontrando.

      Una de mis colecciones de toda la vida, donde aprendí tantas cosas y me aficioné a la historia, la de Historia de España que había sacado Círculo de Lectores en el 78, es muy parca en el tema normando, apenas hay referencias de sus raids y se centra más bien solamente en Al-Ándalus. Me da la sensación de que el interés por los vikingos y su mundo ha crecido en las últimas décadas, antes se les tenía por gentes que no habían aportado nada o hasta que jugaban a la contra, y ahora es como si buscásemos en ellos algo que hemos perdido en un mundo ¿un poquillo blandengue? A saber.

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  2. El objetivo es conocer los aspectos del presente y saber a donde vamos. Pero es imposile saberlo sin mirar de donde venimos.

    Yo también te animo a publicar sobre el presente y el futuro. Pero afortunadamente, a tí ya sé que no hace falta avisarte de que para ello no te debes olvidar de la historia :)

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  3. Bueno, jeje, tengo "en cartera" ideas para miniensayos de historia y que de vez en cuando los iré soltando, aunque procurando que tengan su sentido hoy, su repercusión.

    Por ejemplo, hablar del Al-Ándalus no es ocioso y no lo digo porque sea nuestro deber conocer nuestro pasado sino porque su desconocimiento permite que sea empleado como una bandera espuria, que es como se utiliza Al-Ándalus en muchos ámbitos, para oponerlo a un mundo cristiano "subdesarrollado" en comparación (quien eso afirma nunca ha entrado en una catedral ni ha escuchado polifonía) o para reivindicar la "nación andaluza" y otras cosillas. Así pasa con muchos temas históricos cuya oscuridad los convierte en armas arrojadizas.

    El caso de los vikingos en Galicia puede considerarse un capítulo cerrado sin continuidad. Pero en el apartado de reflexiones creo haber argumentado que bien pudo no haber sido así, que bien pudo haber constituido el arranque de otro ciclo de Europa. La historia, al igual que el Joker, siempre se guarda triunfos en la manga, listos para aparecer incluso a partir de las anécdotas aparentemente más irrelevantes. Aprendamos: cualquier anécdota que nos rodea pudiera convertirse en categoría. Nada está escrito para nuestro pueblo.

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  4. Hay un capítulo de nuestra historia que es bastante desconocido (al menos para mí), el relacionado en los primeros siglos del medievo de la relación entre Galicia y Portugal. Su afinidad idiomática, su proximidad fronteriza (esta en continuos cambios), los enfrentamientos con los musulmanes y vikingos, etc. Creo que es otro de los aspectos históricos de los que necesitaríamos estar mucho más -y mejor-, informados.

    ¿Piensas dedicarle algún post a este asunto?. Creo que podría ser muy esclarecedor.

    Un cordial saludo. Lucman

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  5. Como andaluz siempre me sentí orgulloso al saber que fuimos de los pocos pueblos que conseguimos derrotar a los normandos -no sin esfuerzo- en su época de mayores logros, tanto comerciales como militares. Esos adoradores del fuego se las sabian todas, menos una que nos guardábamos galaicos y turdetanos :)
    Muy acertado todo el artículo. Discrepo en algunos puntos de la reflexión, cosa normal porque es algo personal. Pero muy de acuerdo en cuanto a lo de soñar! Eso a uno que escribe no se lo van a quitar mientras respire.
    Un saludo.

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  6. ola k asen

    Hola Lucman, en principio la historia de Portugal me interesa, es bastante desconocida por sus vecinos ibéricos, para quienes los portugueses tras Aljubarrota se dedicaron únicamente al fado y a cocinar bacalao ;-) -es broma-. Ya visitamos Portugal cuando hablamos de Fátima. El tema que propones es interesante, aunque en principio en el apartado de historia tengo otros que me "llaman" más, pero anoto tu sugerencia. Gracias por tu interés.

    Hola Alejandro, es normal que haya discrepancias en las ucronías, jeje. De todas maneras, el retraso en la Reconquista necesariamente influyó en el fin de Bizancio y la pérdida hasta anteayer de los Santos Lugares. Pienso en lo que sería una "macro-banana azul" desde el Tirol hasta un Túnez cristianizado por el sur y hasta Constantinopla al este, abriendo todas las rutas comerciales del mundo, ya a la altura del siglo XIV, en barcos progresivamente mejores y financiada con los cinco millones de piezas de oro del Danegeld, además progresivamente alimentada con inmigración escandinava, generando una sentimiento de hermandad europea sincero y sólido. Nadie me quitará de la cabeza aquella oportunidad perdida.

    ¡Salud!

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  7. Off-topic, tema Taiwán.

    Recientemente China ha protestado por la renovación del lazo de acero entre Usa y la isla, a partir de la iniciativa del Congreso. El objeto tangible es proveerles de fragatas clase Perry, del mismo tipo que -si no me equivoco- tiene China. Detrás estará, también si no equivoco, la iniciativa de McCain, muy proclive a Taiwán cuando optó por la presidencia y dudo que haya cambiado de idea.

    Por otro lado, asimismo hace poco se han producido violentas protestas en la isla en contra del pacto-acercamiento entre su gobierno y el del continente. Es interesante porque se podría buscar, en plan "conspiranoia", un patrón con las protestas ucranianas, aunque la verdad es que me parece que hay diferencias. Lo que sí es que China está geopolíticamente bloqueada por el arco Tokio-Seúl-Taipeh, continuado por bases useñas e indias, en su expansión marítima o como mínimo en el aseguramiento de las rutas energéticas por mar. Además, ya lo comentamos en otro momento, el factor patriotismo va a ser más importante a partir de ahora y el puntazo de una reunificación, siquiera parcial en forma de pactos de asistencia mutua, reforzaría la postura del congreso del pasado año.

    Es muy interesante ver la evolución China-Usa con Taiwán al fondo. Éste tenía sillón de miembro permanente, hasta 1971 lo tuvo, pasando a detentarlo después la China continental. Precisamente en el 71 Kissinger fue de tapadillo a China para charlar con Zhou Enlai, y no del sabor del té y del vuelo de las golondrinas precisamente. Antes el dibujo era sencillo: Urss apoyaba a China y Usa a Taiwán, Marshall se aburrió pronto del Kuomintang mientras que los soviéticos le dieron una barbaridad de armamento y un crédito de 400 millones de pavos de la época a Mao, el resultado ya lo sabemos. Pero amigo, los tiempos cambian, China era muy interesante para joder a la Urss y para albergar "zonas especiales", estos días he estado (re)leyendo libros sobre la época y descubriendo alguno nuevo. Creo que todo conecta con el californismo, una vez más :-P ;-) Ya sé que soy pesado pero las conclusiones siempre se cumplen, incluida la presencia de personajes muy peculiares, useños miembros del PCCh y que después resulta que están relacionados hasta el tuétano con emporios californianos. Será materia de textos futuros, espero, si consigo hilarlos bien.

    ¡Salud!

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