jueves, 10 de abril de 2014

Lazar Kaganovich, lobo del Kremlin. Una biografía discutida




Ante todo, una aclaración. Esta entrada del blog no es una entrada de historia, sino del tag Libros. Y ello por una razón que ya adelanto en el epígrafe: se trata de una biografía muy discutida y dudosa de un personaje ciertamente problemático, Lazar Moiseyevich Kaganovich, poco conocido y muy importante para la marcha del primer gran experimento totalitario mundial, la Unión Soviética. Hace unos diez años cayó en mis manos un ejemplar en castellano de El lobo del Kremlin, escrito por Stuart Kahan y publicado entre nosotros en 1988 en la editorial Datanet. Comencé a leerlo sin demasiado interés, no soy muy amigo de leer biografías y menos de personajes tan fastidiosos, y abandoné la lectura muy pronto, porque era una especie de "biografía novelada", en la que el autor añade detalles de ambientación y presuntas conversaciones para "dar vidilla" al relato y que uno se pregunta cómo llegaron a su conocimiento. Así pues, ante el aspecto de poco rigor, lo dejé arrinconado. Y el caso es que hace unos días me dio por intentarlo de nuevo, y lo he devorado. Factores a favor de darle una segunda oportunidad han sido un mayor interés personal por la geopolítica y por el papel de Rusia en el mundo, la asunción por mi parte de que el libro pudiera ser en buena medida ficción bien llevada, y la relación con el problema judío, que ha aparecido en más momentos del blog. Asimismo, Kaganovich es poco conocido, así que me parecía una buena iniciativa para comentar aquí.

Stuart Kahan es nieto de Morris Kaganovich, primo de Lazar, prontamente emigrado con el resto de su familia hacia Usa, donde se establecieron a caballo entre Nueva York y Philadelphia. Esta rama familiar conserva numerosos recuerdos de la época, y también parece ser que conserva el uso del idioma yiddish. Jack D. Kahan, hijo de Morris y padre de Stuart, certificó por declaración jurada (que se reproduce en el ejemplar que tengo) que la base del libro de su hijo eran las conversaciones mantenidas con Morris y, atención, una conversación privada con el mismísimo Lazar -ya muy anciano pero todavía conservando cierta robustez- en 1981 en su apartamento moscovita, en un viaje a la Urss conseguido gracias a las gestiones de Jack. Con todo, el libro tiene un considerable aparato de fuentes. 

La traducción del libro al ruso le costó a Kahan ser declarado persona non grata y la revocación de un visado para visitar nuevamente el país. Los parientes rusos emitieron un comunicado desmintiendo el contenido del libro e incluso la misma relación familiar de Kaganovich con los Kahan useños. Me parece que lo mínimo que se puede hacer es señalar lo uno y lo otro, el libro y el desmentido. En mi opinión, uno y otro han de tomarse con la máxima precaución. El desmentido viene firmado por seis personas, frente a dos. Seis son más que dos. Ahora bien, esas seis vivían en un país sin libertad de expresión, y las otras dos sí la tenían. Libertad de expresión es más que su ausencia. No me voy a mojar, transmito lo que he leído sin darle ni quitarle la razón a nadie en una polémica que ya no se mueve (el libro de Kahan está out of print, descatalogado, y rara vez se cita). Ahora bien, el desmentido de la familia nos dice que la hermana pequeña de Lazar, que no se llamaba Rosa sino Raquel, no se casó con Stalin. De hecho, no figura una tercera esposa en su biografía. Sin embargo, algunas fuentes sí aluden a esa tercera esposa. En la respuesta donde figura el mentís y la respuesta de Kahan también aparece el testimonio de una mujer llamada Miriam deVore por e-mail (de publicación autorizada por ella misma) según el cual su tía abuela Rosa Kaganovich (después Cohen) había estado casada con Stalin. Las referencias que aparecen con posterioridad a Rosa como esposa de Stalin son varias. Así lo cita, según parece, el historiador Robert Payne en The rise and fall of Stalin. Así también en el libro Unidas al poder, escrito por Antje Windgassen, se le dedica un capítulo a Rosa como tercera esposa de Stalin, dejando claro que era hermana de Lazar. Ignoro si todo esto ha sido también desmentido. En la entrada de Wikipedia en inglés dedicada a Lazar se indican cerca de una decena de fuentes que reseñan que Rosa estuvo casada con Stalin. De haber sido así, se pueden hacer muchas cábalas de por qué se ocultó tal relación, y se pondría en tela de juicio el desmentido venido de la Urss.

Mi propósito con lo de ese evanescente matrimonio no es el de hacer una especie de "Sálvame Soviético", en el que estaría en cuestión el rifirrafe acerca de si Stalin fue o no envenenado, sino intentar poner en su lugar unas afirmaciones y otras. A fin de cuentas, lo que pretendo es adentrarme en una determinada época y suscitar el interés por ella en quienes tienen la gentileza de leerme. He dudado en escribir este texto, pues parte de una fuente movediza, dudosa, tal vez fraudulenta. Ahora bien, dejando claras mis distancias tanto con el libro como con sus detractores, me he animado a escribir la entrada, ignorando todo aquello que me parezca demasiado discutible. Lo que leeremos será el eco de una época de intensas ideas que anunciaban un mundo nuevo para terminar en una reedición aún más despiadada del mundo antiguo. Cosas que pasan.



Lazar Moiseyevich Kaganovich nació en el año 1893 en Kabany, una aldeílla del Imperio de Todas las Rusias que es hoy Dibrova, perteneciente al oblast de Kiev, Ucrania. Por entonces aquel núcleo de población rondaría los 2500 habitantes. Mientras que la población cristiana ortodoxa se dedicaba fundamentalmente a tareas de campesinado, la minoría judía se ganaba la vida ejerciendo la artesanía en sus propios hogares, realizando sobre todo labores de cáñamo y de cuero. Era una sociedad que apenas conocía el dinero, recurriendo de manera habitual al trueque entre lugareños. Kabany pertenecía a una gran franja de territorio llamada Zona de Residencia, instaurada por Catalina la Grande en 1791 y que iba del Mar Negro al Báltico, correspondiéndose grosso modo con la antigua Mancomunidad de las Dos Naciones o polaco-lituana. Se calcula que llegó a albergar hasta cinco millones de judíos, casi todos los del Imperio. El sentido que tenía aquel gran aro terrestre era el de fijar geográficamente la población hebrea que no había querido bautizarse. En el seno de una de esas familias nació Lazar.

La -a buen seguro contraproducente- muerte en atentado del zar Alejandro II por la explosión de una bomba que le destrozó las piernas y le hizo desangrarse derivó en una ola involucionista acompañada de antisemitismo -se hizo correr el rumor de que el asesino había sido un judío-. Se desató una ola de pogromos, generalmente realizados por los cosacos. Éstos frisaban los cuatro millones de miembros en aquel momento, y se habían convertido en fuerza de choque y confianza para el Zar. Los cosacos caían sobre los poblados y, en el mejor de los casos, se limitaban a esquilmar las escasas posesiones de los artesanos judíos. En el peor, realizaban los pogromos, que incluían decapitación de los varones adultos, violación de las mujeres -no se respetaban las embarazadas- y las prácticas de tiro con los niños. En el caso de la familia de Lazar, Kahan reseña una requisa de comestibles (hogazas de pan y patatas, básicamente) si bien afirma que su madre y su pequeña hermana tuvieron que esconderse en una zanja por si acaso.

En Kabany la familia Kaganovich era bastante amplia. Según parece, Lazar hacía buenas migas con su primo Morris, y se sentía muy apegado a esa rama, la del tío Levick. Aprendió sus primeras letras en una yeshiva o escuela judía, a la que incluso podían acudir las niñas. La población hebrea estaba prontamente alfabetizada, en contraste con los hijos de los cristianos, que eran puestos a trabajar en el campo a muy temprana edad. Un apunte que Kahan indica es que la relación entre unos y otros era muy buena. De hecho, cada vez que los cosacos hacían raids, las familias cristianas escondían a sus amigos judíos así como a sus animales de granja; en contrapartida, los niños cristianos podían asistir como oyentes a la escuela. En este punto Kahan establece una diferenciación de signo étnico entre unos y otros. Se refiere a los niños cristianos como rubios, y a los cosacos como gentes de bigote rubio y rostro colorado, en contraste con las descripciones de los judíos, que tienen el cabello negro o castaño, y la pequeña Rosa es descrita como una "princesa egipcia".

La desastrosa guerra contra Japón (1904-1905), que no fue a más porque el imperio del crisantemo se quedó sin fondos para continuar, dejó a las claras que Rusia tenía que quemar muchas etapas para equipararse a las demás naciones europeas desarrolladas. Nuevamente renació una campaña antisemita, que se veía reforzada por las sucesivas ediciones de una falsificación ordenada por la policía secreta zarista, Los Protocolos de los Sabios de Sión, y por nuevas reediciones del llamado libelo de sangre, o acusación de crímenes rituales hebraicos. Ya mientras duró la guerra se siguió la consigna de que los judíos tenían que estar en la primera línea del frente, y su reclutamiento debía ser más temprano que el de los cristianos. El niño Lazar, que había viajado con su tío Levick en un típico carro ruso, un dhrosky, acompañándole en sus negocios como sastre y zapatero, ya percibía que las cosas para su gente se torcían irremisiblemente, naciendo en su interior el deseo de abandonar aquella región y buscar acomodo en otro sitio. Según Kahan, le hería en el alma el silencio de Dios ante las injusticias que sufría el que teóricamente según su tradición familiar era "el pueblo elegido". Por entonces, con doce años, en su personalidad se colaría el indiferentismo religioso: según el libro, no quiso hacer el Bar Mitzvá o rito hebreo de madurez que le correspondía a esa edad. Dos años después, comienza a trabajar en una fábrica de zapatos en Mozyr, Bielorrusia.

Por entonces Rusia vivía un proceso revolucionario con numerosos motines, huelgas y forja de soviets o consejos con los que dar voz al pueblo trabajador en contra de los excesos de la autocracia. El entorno del zar Nicolás II se estaba convirtiendo en una especie de "corte de los milagros", claro signo de decadencia, dominada por el repulsivo Rasputín y por los caprichos de una zarina que no podía soportar al primer ministro, Piotr Stolypin, porque se oponía a la promoción de sus amiguetes. Stolypin había encabezado una política reformista de entrega de tierras para conseguir que la clase favorecida de los campesinos con posibles, los kulaks, ejerciesen de freno a un cada vez más cantado proceso revolucionario; con el tiempo derivó hacia un autoritarismo odioso. Moriría bajo las balas de un antiguo miembro de la policía -se ha sospechado hasta hoy que no sin satisfacción por parte del zar y de su esposa-.

En 1911 Lazar viajó a Kiev con su querido tío. Tenía dieciocho años pero ya estaba muy maduro. Según la semblanza de Kahan, era un joven extremadamente serio, sin sentido del humor y con un dominio total sobre sus emociones. La vida le había endurecido. Así era la época y quizá así era él. Kahan afirma que rara vez probaba el alcohol, en comparación con lo acostumbrado entonces, siendo más bien un bebedor social. Bueno, pues un día en Kiev acude a una reunión en un sórdido local que hacía las veces de sinagoga, y allí vio a un orador que le cautivó, Lev Davidovich Bronstein, hijo de un granjero judío acomodado, y que se hacía llamar "Trotsky" como uno de sus antiguos carceleros. Tal como lo cuenta Kahan, la reunión fue muy ilustrativa. Para parte de los allí presentes, Rusia no podía apostar todavía por la revolución, pues según el designio de Marx ésta habría de surgir de una sociedad burguesa avanzada y no de una sociedad agraria escasamente desarrollada como la suya. Trotsky no estaba de acuerdo: consideraba que Rusia reunía las condiciones para el triunfo revolucionario. Lazar llegó a participar brevemente en las conversaciones, y salió galvanizado de la reunión. Ese año ingresó en el Partido Bolchevique.  En ese mismo año su tío Levick y familia emigraron a Usa.

Instalado ya en Kiev, Lazar comenzó a trabajar en una factoría textil. Llevaba toda la vida viendo tejer y curtir a su familia y a la de su tío. Era un buen obrero. Además, su contratador era también bolchevique. Pero no echó raíces en ese trabajo. Constantemente realizaba tareas de agitación y de captación. Perdió el empleo y encontró otro, en una fábrica de artículos de cuero. Nuevamente agitó las aguas y nuevamente fue despedido. Comenzó una peregrinación de trabajo en trabajo, de nombre falso en nombre falso y de agitación en agitación por buena parte del país, lo que le dio la ventaja de conocerlo mucho mejor que otros correligionarios. Cuando comenzaron las hostilidades con los Imperios Centrales, Lazar se unió a la corriente bolchevique que denunciaba por todos los medios posibles la "guerra imperialista" en que se había metido al pueblo ruso. En uno de sus muchos desplazamientos conoció y reclutó a un joven Nikita Jrushev, que también sabía de sufrimiento -había empezado a trabajar en la mina con nueve años- y que según el libro Lazar apreciaba por su obediencia y sus dotes de trabajo, aunque detestaba su tremenda vulgaridad.

Aquí se abre un período dudoso en el año 1915 que según Kahan llevó a Lazar de nuevo a Kabany, encontrando su casa ocupada por refugiados de la guerra. Allí fue reclutado por el ejército del Zar y llevado a las proximidades del frente, si bien su unidad no iba todavía a entrar en acción. Volvió a la agitación ideológica y volvió a escurrir el bulto, a desertar en suma.

En 1917 los acontecimientos se precipitan, y de qué manera. Demasiado prolijos para ser tratados aquí. La insistencia del gobierno provisional que había depuesto al Zar en continuar una guerra desigual y desastrosa contra el Reich alemán -insistencia que se puede rastrear hasta el Gran Oriente francés (I) y Woodrow Wilson, posiblemente uno de los peores presidentes que ha tenido Usa- favoreció la causa bolchevique, pilotada por un Lenin que volvía de su largo exilio recibido con banda de música y todo, tras un periplo en tren sellado y barco que habían organizado el Alto Mando alemán y su diplomacia en Suiza y Suecia. Durante aquellos agitados meses, Lazar iba detentando responsabilidades progresivamente mayores en el partido, presidiendo el sindicato de curtidores, organizando los cuadros de acción en Saratov y tomando parte en la revolución de octubre, liderando la revuelta en la bielorrusa Gómel.


La hermosa bandera de Gómel. Fuente: Wikimedia Commons, autor Leonid 2.

Tras la toma del poder por los soviets, los cambios se precipitan. Se nacionalizan las tierras, los bancos, las industrias nacionales e incluso la flota pesquera. El oro deja de tener valor de circulación. Se suprime el derecho de herencia. Se prohíbe la enseñanza religiosa en las escuelas. Todo el país parece entrar en ebullición. Se firma el armisticio de Brest-Litovsk, a raíz del cual Rusia cede una enormidad de terreno a los Imperios Centrales, así como otros territorios a los turcos. A Trotsky le hierve la sangre, pero Lenin concluye que es lo único que pueden hacer en ese momento de extrema debilidad. Con posterioridad el tratado se quedaría en nada al no ser más que papel mojado para el de Versalles, quedándose las naciones entre Alemania y Rusia en una especie de limbo provisional del que serían absorbidas en las dos décadas posteriores por su poderosos vecinos. Por otra parte, Rusia tiene el serio problema interno de una guerra civil.

Los regímenes occidentales, asustados de que la revolución se pudiese "exportar" -partiendo de la idea leniniana de sustituir la guerra mundial por guerras civiles en el seno de los Estados, de donde surgirían regímenes bolcheviques nacionales-, siguieron la política del llamado cordón sanitario, que consistía en favorecer la instauración de regímenes marcadamente antibolcheviques haciendo tapón en la frontera rusa -las experiencias de los espartaquistas alemanes y de Bela Kun en Hungría eran una advertencia que no convenía desoír-, e interviniendo a favor del Ejército Blanco en la guerra civil. En sus filas lucharon tropas francesas, británicas, checoslovacas, serbias, finesas, italianas, chinas, japonesas, polacas, griegas, rumanas e incluso useñas, canadienses y australianas, un contingente que rondaba los 50000 combatientes. Por entonces Lazar interviene enérgicamente organizando los primeros destacamentos del Ejército Rojo. Es destinado a Nizhni-Novgorod, donde según Kahan se reencuentra con Jrushev pero también con sus hermanos mayores y la pequeña Rosa. Se le encarga asimismo el control del Turquestán. La capacidad de trabajo y la rapidez de Lazar no pasan desapercibidas para la cúpula bolchevique.

La guerra civil, que empieza tras la revolución de octubre y concluye formalmente en 1923 si bien la parte del león ya se había zanjado hacia 1920, supuso una catástrofe humanitaria para el pueblo ruso. A eso hay que añadirle que desde un principio a la cúpula bolchevique no le tiembla el pulso a la hora de ordenar ejecuciones sumarias, que en pocas semanas superan en número a las que había ordenado el zarismo en dos siglos. La consigna era clara: eliminar toda disidencia. Así pasó también con la rebelión de Kronstadt, reprimida por uno de los brazos fuertes de Lenin, Mijail Tujachevski, considerado por muchos el más despiadado de todos los bolcheviques, pues llegó incluso a exterminar con gas a miles de campesinos rebeldes. En ese ambiente cuya máxima rezaba "el Partido ni se equivoca ni admite haberse equivocado" Lazar seguirá aumentando su peso específico. En 1921 conoce en persona a Lenin en la cada vez más populosa y efervescente Moscú, durante una recepción en su residencia a un grupo de correligionarios, entre ellos varios bolcheviques italianos. Lenin, políglota, departe amablemente en un italiano pasable con ellos, pero no comenta ningún asunto ideológico sino más bien cuestiones banales, entre ellas sus gustos musicales, declarándose un enamorado de la sonata op. 57 de Beethoven "Appasionata", que su hermana interpreta a veces en el piano familiar.


Tercer movimiento de la sonata. Proyectando las mayores crueldades con el fondo de la mejor música, así era Lenin.

Lo cierto es que 1921 fue un año muy importante, pues en marzo dio arranque la NEP o nueva política económica, denominada por el propio Lenin -su principal defensor e impulsor- capitalismo de Estado, una economía mixta en realidad, fruto de la "realpolitik". La situación del país era límite, con el peligro de nuevas hambrunas y de sublevaciones campesinas, en una perspectiva no demasiado distinta de los peores momentos del régimen de los zares. En virtud de la reforma, la producción agrícola estaría controlada por los campesinos, quienes podrían vender los excedentes de sus cosechas. Asimismo se permitieron explotaciones ganaderas privadas y estancos (importante para un pueblo considerablemente fumador como es el ruso). Esto supuso una mejora de la situación pero no sólo eso: implicó una derrota tácita de Trotsky, quien defendía la continuidad de la espartana economía de guerra colectivista aplicada hasta entonces y que en aquellos años veía cómo su estrella iba poco a poco apagándose. Mientras, otra estrella comenzaba a refulgir, la de un georgiano apodado Stalin que se había fijado en Lazar y le había promocionado. Éste había tenido que regresar al Turquestán en 1922 para dirigir la represión de un movimiento separatista, pero por deseo de Stalin había regresado a Moscú. El georgiano le encargó la revisión y calificación de una amplia lista de nombres, así como la confección de una nómina de instructores. Lazar se aplicó titánicamente, durante dieciocho horas diarias durante meses, a seleccionar el personal que le parecía más del gusto de Stalin. Ese año se proclamó la Unión Soviética, un Estado federal de composición plurinacional que en opinión de sus autores era el punto culminante de la evolución política humana hasta entonces y estaba destinado a durar para siempre. Esas profecías no suelen cumplirse.


Poco a poco, la estrella de Lenin comenzaba a apagarse, con lo que a su vez se encendían las estrellas personales de quienes optaban a sucederle. En aquella especie de interregno Lazar cumplió la treintena, se casó y tuvo una hija. Grandote de físico, tenía un lejano parecido con el propio Stalin -el bigote ayudaba-, y la misma expresión de pillería impertinente. Es como si su semejanza reforzase su papel de escudero del georgiano. Se había convertido en su sombra, en su médium, en el materializador de sus planes y aspiraciones. El propio Lenin había intentado maniobrar para defenestrar al ascendente Stalin, de quien no se fiaba -así quedó reflejado en su polémico testamento-; sin embargo, éste estaba acumulando la suficiente influencia para optar al poder supremo. Trotsky estaba relativamente apartado de la pugna, si bien reaccionó denunciando en octubre de 1923, todavía con las espadas en todo lo alto, lo que llamaba "la dictadura del secretariado". Stalin reaccionó tildando el trotskismo de desviación pequeñoburguesa. Dos estrechos colaboradores de Lenin, Lev Kamenev y Grigori Zinoviev, comenzaron a apartarse de Trotsky por miedo de caer en desgracia, y formaron una especie de triunvirato provisional con Stalin. 

A la muerte de Lenin  en enero de 1924, su figura comenzó a tomar una dimensión mitológica. Como sabemos, su cadáver embalsamado sigue siendo exhibido. Petrogrado -la antigua San Petersburgo, rebautizada desde la I Guerra Mundial porque su nombre tenía un eco alemán- pasó a llamarse Leningrado. Se convirtió en una especie de ángel tutelar del sovietismo, en buena medida a través de la figura de su viuda, omnipresente entonces en todas las deliberaciones. Eso sí, su fallecimiento abrió un movido proceso arribista en el que Stalin comenzó a tomar ventaja decisiva. Así, obligó a Trotsky a respaldarle denunciando errores doctrinales de Kamenev -cuñado suyo- y Zinoviev, lo que hizo que éstos se refugiasen más aún tras Stalin. El triunvirato realizó a partir de entonces una gran campaña para hacer de Trotsky algo parecido a un hereje medieval, un desviacionista y un apestado político. Prendió la consigna del antiintelectualismo y de la revolución circunscrita a un solo país, la Urss, dejando como asignaturas pendientes las aventuras bolcheviques en el exterior mientras no se desarrollase plenamente el modelo soviético. Con todo, los dos antiguos colaboradores de Lenin pasaron a la "oposición" en 1925, formando una facción disidente que contaba con aproximadamente ocho mil miembros del PCUS. Stalin se ganó el apoyo de Nikolai Bujarin, el arquitecto en la sombra de la NEP. En el congreso de 1926 la ruptura con Trotsky ya era total. Nuevamente de rebote Kamenev y Zinoviev se "enmendaron", reconocieron sus errores y volvieron al redil staliniano, si bien en puestos de menor entidad. En noviembre de 1927 Trotsky es expulsado del partido. 

La expulsión de Trotsky, la caída en desgracia de Kamenev y Zinoviev, y el suicidio de Adolf Joffe hicieron que Lazar se convirtiera de facto en el hebreo más influyente de la Urss. No es asunto baladí. No cabe duda actualmente del antisemitismo feroz de Stalin, para quien se estaba produciendo "una lucha entre el socialismo ruso y unos extraños", según comentaba. Pero apreciaba la tarea que Lazar estaba realizando para él. Ya antes había iniciado su política de purgas en el territorio que le vio nacer: en marzo de 1925 había sido destinado a Ucrania, nombrándosele secretario del partido en la república, y acometiendo con la ayuda de su fiel Jrushev una ambiciosa política de infraestructuras para hacer del país el granero de la revolución -para lo que parecía llamada aquella tierra que permitía cosechas trigales de primavera e invierno-, así como de implementación de maquinaria pesada y de centrales hidroeléctricas, pero también para purgar y recomponer cuadros burocráticos adictos, a los que se les obligaría a conocer el idioma ucraniano. Encontró resistencia entre los burócratas judíos, que se expresaban sólo en yiddish entre ellos, pero al parecer no le tembló la mano a la hora de rehacer los cuadros. Advirtió sobre el terreno el problema del nacionalismo ucraniano y así lo transmitió, al igual que la descompensada presencia de judíos en la universidad: más de la mitad de los alumnos eran de esa minoría. En 1928 regresa a Moscú. 

Desde finales de los años veinte Lazar había empezado otra ola de purgas, inaugurando un subgénero muy apreciado por el sovietismo, los juicios-espectáculo en los que los acusados se autoinculpan, se declaran "burgueses" y realizan delaciones que siguen alimentando la bola de nieve de la "limpieza ideológica" de los cuadros. Lazar hablaba continuamente con Stalin, varias veces al día, en persona o por teléfono. La dedicación de ambos a la construcción de un nuevo despotismo es total, con jornadas inacabables -Stalin adquirirá la costumbre de dormir vestido-. Entre la cúpula rebrota el nacionalismo y una tendencia creciente a atender a los asuntos internos,  olvidándose en gran medida de "exportar la revolución". Una consecuencia de esa rusificación ideológica fue que los cuadros judíos dejaron de ascender dentro del partido.

La excepción a esa medida restrictiva tuvo obviamente como beneficiario a Lazar, secretario del comité central del partido a la altura de 1930 y uno de los impulsores más firmes del proceso de colectivización post-NEP,  dispuesto a que al final del primer Plan Quinquenal la productividad soviética pudiese mirar de tú a tú a la de las potencias occidentales. Todo se sacrificó a la industria pesada, lo que conllevó que una entera clase social, los campesinos acomodados o kulaks, fuesen barridos. Lazar no tuvo problema en trasladar decenas de sus asentamientos más importantes a Siberia. Que entre esos kulaks abundasen los cosacos tal vez le dio un plus de motivación, al recordar cómo laceraban a los suyos tiempo atrás. Se mostró duro y despiadado. Aquella colectivización supuso el arranque de una época de terrible penuria popular. En un solo año la Urss perdió aproximadamente la mitad de su cabaña ganadera, justo en una campaña especialmente confiscatoria de requisa de cereal. El hambre se extendía como un incendio. Pero por nada del mundo se podía dar a entender que la decisión staliniana había resultado errónea. Lazar apretó las tuercas a los cuadros locales, conminándoles a tener resultados en plazos ínfimos y si no lo menos malo que podía pasar es que a uno le quitaran el carné del partido -y aun así rondaron las ochocientas mil expulsiones-. Realizó una gira por varias regiones soviéticas que puso los pelos de punta. En Kubán reprimió con extrema dureza una huelga de cosacos. Pero con seguridad el episodio más polémico fue el del Holodomor o gran hambruna que sacudió Ucrania durante la colectivización.

Hablar del Holodomor -que también se cebó en otras repúblicas: fue terrible el caso de Kazajistán- sobrepasa el alcance de mi imaginación y de mi resistencia emocional. El libro de Kahan pasa de puntillas por él, señalando que para cuando tomó cartas en el asunto personalmente la hambruna ya había empezado. Pero se sabe que Lazar había previamente apoyado la colectivización forzosa, junto con Molotov sobre todo, y sirvió de correa transmisora de un Stalin que estaba preocupado por el nacionalismo ucraniano, que quería sustituir por un bolchevismo leal. Por otra parte, sigue existiendo discusión de hasta qué punto aquella hambruna fue premeditada o incluso planificada, en todo o en parte. Lo que sí ha quedado claro para siempre a ojos de quien quiera ver que los procesos colectivistas no tienen interés en que la gente coma bien, sino que piense bien, en feliz frase de Suzanne Labin. Y también resulta evidente el peso específico que Lazar tuvo en todo aquello.

Desde 1934 Lazar es el colaborador clave de Stalin, sin discusión. Gracias a su responsabilidad en el recuento de votos de congreso del PCUS ese año, parece ser que realizó uno de los pucherazos más escandalosos que se recuerdan, en favor del dictador georgiano, falsificando unos 300 votos. El perjudicado fue un político en alza, Sergei Kirov, ambicioso y apuesto, con gran tirón popular. A finales de noviembre, Stalin se da cuenta de que el público de un acto al que ambos acudían aplaudía con mucho más entusiasmo a Kirov que a él. Dos días después, aparece muerto. El asesino, un tal Nicolayev, era marido de su secretaria, lo que dio pie a un nuevo jucio-espectáculo con un componente extra de crimen pasional. El único testigo del asesinato apareció muerto en un presunto accidente. El juicio-vodevil continúa con varios cargos autoinculpándose de una supuesta conspiración. Existen dudas de si Lazar lo organizó todo o si fue Yagoda, quien dirigía el recién creado NKVD. Es posible asimismo que el origen judío de Yagoda precipitase su rápida caída en desgracia y su ejecución.


Imagen de Lazar, en los años treinta, durante las obras del metro de Moscú. El bigote ayuda a darle un aire físico a Stalin. En lo espiritual eran igual de despiadados.


1934 fue el arranque del llamado Gran Terror, caracterizado por el totalitarismo más desatado, en el que convergían la paranoia social que encontraba rastros de sabotajes trotskistas e imperialistas en cualquier esquina, la propia y creciente paranoia de un Stalin con una personalidad cada vez más desequilibrada, y el empeño de Lazar y su gente para buscar hasta debajo de las piedras cualquier desafección ideológica, por mínima que fuese. Cualquier calamidad se atribuía al trotskismo. Esta atmósfera de pánico y credulidad, recreada en páginas inolvidables por George Orwell, llevaba a delaciones continuas -algunos niños llegaban a "informar" de las actividades de sus padres y abuelos, en un panorama que no se distinguía en nada de las manías persecutorias contra las brujas de tiempos pasados- y a una desconfianza social que a su vez reproducía sus propias formas de paranoia. Los citados Kamenev, Zinoviev, Bujarin y Yagoda sucumben al Gran Terror. También lo haría el segundo director del NKVD, Yezhov -sería sustituido por Beria-. G. K. Ordzhonikidze, otro relevante personaje, se quitaría la vida angustiado por una posible purga. Lazar es el gran arquitecto de toda esa demencia. Número 2 del régimen, acumula cargo tras cargo, hasta incluso recibir la tarea de construir el metro de Moscú, en el que llegó a emplear a niños de once años. Sus dos grandes apoyos de entonces eran Jrushev -vulgar y sin grandes ideas, pero pletórico de energía y muy fiel- y Nikolai Bulganin, entonces alcalde de la capital.

Los hermanos de Lazar pertenecían también a la nomenclatura soviética. El mayor, Mijail, recibió el encargo de visitar Usa y así empaparse de todo lo que pudiera. Aquel movimiento fue a buen seguro el pistoletazo de salida de una política de espionaje soviética cuyo objetivo era reducir de algún modo la gran ventaja que les llevaba un capitalismo que por el momento se resistía a morir. Además Stalin era consciente del atraso armamentístico ruso respecto de Alemania pero también de Japón. Es más, por aquel entonces en el Kremlin preocupaba mucho más un ataque japonés que uno alemán -el NKVD era sistemáticamente desoído, al igual que el embajador británico Cripps, cuando informaba de los planes alemanes contra la Urss-. El caso es que Mijail Kaganovich pudo visitar a la familia que había emigrado a Usa, y que ya se apellidaban Kahanowitz -posteriormente Kahan, como sabemos-. La impresión que trajo de vuelta era que los familiares de Lazar sentían terror de él y temían que un mal día alguno de ellos fuese obligado a regresar a territorio soviético. Uno de los reproches más repetidos era por qué represaliaba así a su propia gente, a los judíos.

Entrando en uno de los apartados más discutidos del libro, se referencia lo relativo a la hermana pequeña, Rosa. Tras el suicidio de la segunda mujer de Stalin, según Kahan es Lazar quien acerca a Rosa al círculo del dictador para cubrir ese hueco sentimental así como para ejercer de doctora personal -tiene el título en medicina-. Como es evidente, el destino de Stalin llevaba aparejado el de su brazo derecho, de manera que la entrada de su hermana en la ecuación reforzaría a todos. Es uno de los pasajes más novelescos y seguramente dudosos de la obra; lo anotamos aquí como parte de la indagación psicológica de sus personajes, sin entrar en su historicidad.

La II Guerra Mundial es un tema tan grande que evitaremos la tentación de extendernos. A nivel anímico, resulta interesante comprobar cómo Stalin, tras quedarse de piedra con el inicio de la Operación Barbarroja -todavía el día antes seguían saliendo suministros rusos hacia Alemania-, recuperó el tono de líder espantando sus manías persecutorias y organizando la estrategia soviética en un Moscú lleno de trampantojos y vehículos camuflados para evitar bombardeos neurálgicos, a pocos pasos del abismo de la derrota total. En una entrevista posterior con un delegado useño, un Lazar que había bebido más de lo que solía acusaba a sus aliados de haberles dejado vendidos, pues para la defensa de Moscú sólo les llegó el 2% de los repuestos solicitados, por no hablar de la -según ellos- tardanza en abrir un segundo frente continental. Lazar había sido uno de los que más habían insistido en trasladar el grueso de la producción industrial tras la barrera montañosa de los Urales, tarea que continuó con más vigor en cuanto supieron por vía del espía germanorruso Richard Sorge que Japón no atacaría a la Urss.

Al principio de la ofensiva alemana Lazar había sido destinado a Kiev, pues conocía la república bien y ésta era crucial por sus fértiles tierras negras, además de por ser acceso al petróleo del Cáucaso. Fracasado en primera instancia, se quejará amargamente de que los alemanes eran recibidos como verdaderos libertadores, con guirnaldas de flores y todo. Sólo una política tan penosa como la del Reichskommissar Erich Koch -en general la política alemana en el Este fue de llamativa torpeza, tanto que a todo lo tocante a los asuntos orientales se le comenzó a llamar "el Ministerio del Caos"- cambió esa percepción popular.

Tras la guerra, comenzó una nueva ola de terror. Uno de los muchos damnificados fue Mijail, hermano de Lazar. Aparecieron contra él acusaciones bastante sólidas de haber habilitado, en su cargo de comisario de aeronáutica, pistas en suelo ucraniano para ser usadas por la Luftwaffe. Según Kahan, fue Lazar quien le proporcionó la pistola con la que Mijail se quitaría la vida. El antisemitismo de Stalin volvía a la carga, así como esa creciente paranoia que sólo había conseguido ahuyentar durante la Guerra Patriótica. Con todo, el plan de convertir nuevamente a los judíos soviéticos en súbditos de segunda o de tercera -una reedición del zarismo en toda regla- tuvo que esperar ante el deseo que el Kremlin tenía de atraer a su órbita a lo que sería el Estado de Israel. A sugerencia probablemente de Gromiko, el Politburó se adhirió a la propuesta de división de Palestina entre judíos y árabes, rechazada por éstos. La guerra de exterminio que la Liga Árabe quiso llevar a cabo terminó en una gran derrota ante las armas israelíes. El día de proclamación de independencia, Usa reconoció al pequeño país. La Urss apenas tardó tres días más. Incluso Golda Meir realiza una temprana visita diplomática a Moscú. Sin embargo, el alineamiento de Israel con Usa dará al traste con el apaciguamiento interior. Stalin ordena, y Lazar ejecuta, una intensa política antisemita. Sus instituciones culturales y periódicos son clausurados. Kahan afirma que en aquella racha de cada cinco presos políticos cuatro eran judíos. A buen seguro el año más duro fue 1952, cuando desde el Kremlin se finge un presunto complot de doctores hebreos cuyo objetivo era envenenar lentamente a la cúpula soviética. Sólo con posterioridad a la muerte de Stalin se supo que se trataba de un montaje. Otro acontecimiento grave y simbólico de aquel año fue la represalia contra buena parte de la intelectualidad judía la noche del 12 de agosto, en que más de doscientos escritores en yiddish y muchos otros artistas fueron encarcelados, y varios de ellos sumariamente ejecutados -parece ser que en esta ocasión la orden pasó por Beria y no por Lazar, lo que le llenó de preocupación-. Incluso Paulina, la esposa hebrea de Molotov, fue condenada a arresto domiciliario porque se carteaba con su hermana de Israel. Según Jrushev, Stalin estaba totalmente convencido de que tras los judíos soviéticos estaba la mano del sionismo Usa. Se barajaron varias posibilidades, como una deportación masiva a Siberia, o una sugerencia que al parecer vino del Sovinformburó -el antecesor de Ria Novosti- de que se hiciera una "república judía" en Crimea y se empadronara a todos allí.

En este punto el libro entra en otra serie de pasajes novelescos, algo confusos y bastante dudosos, en los que se habla de una conspiración de los allegados de Stalin para envenenarle. Más o menos cada uno tendría sus razones. Por ejemplo, Lazar se preocupaba de que la ola antisemita de su jefe pudiera engullirle a él. Los demás no eran judíos, pero a su modo estaban relacionados con ese mundo. Jrushev tenía un yerno judío, Molotov a su esposa arrestada, Beria había apoyado al disuelto Comité Judío Antifascista, Bulgarin era muy pro-Israel, etc. En cuanto a Malenkov y Voroshilov, posiblemente tendrían ambiciones políticas, y no sentían ningún aprecio por el ascendente Beria -personaje en general bastante detestado por todos; en cuanto a las acusaciones de pederastia y sadismo que circulaban sobre él, Kahan las da como un hecho sabido por todos-. Sea como fuere, Stalin fallece en marzo de 1953, abriéndose la puerta para un proceso sucesorio. La persecución antijudía concluye, y se libera a un gran número de presos -con la oposición de Lazar-. Beria es purgado y ejecutado. Lazar se une a lo que se llamaría "la banda de los cuatro", opuesta al revisionismo antistaliniano, que podría costarles a ellos una caída en desgracia. Uno de sus planes era el de sacar los trapos sucios de Jrushev. Sin embargo éste, siempre lleno de energía, denunció los errores de Stalin y abrió con ello una nueva etapa histórica. La "banda" quiso chantajearle con un pliego lleno de sus desviaciones y meteduras de pata, pero Jrushev reaccionó dándoles a conocer que estaba al tanto de todos los crímenes en que el más poderoso de ellos había estado involucrado. Jrushev disponía de una montaña de documentos en los que su antiguo protector Lazar Kaganovich aparecía como el verdadero autor del terror soviético. Había seguido las indicaciones de Stalin, pero todo lo demás era suyo, pruebas y pruebas de acusaciones falsas de trotskismo, imperialismo y cosmopolitismo, correspondencia, circulares, de todo. Desde ese momento Lazar era un cadáver político. Su antiguo ayudante se la había jugado.

Los sótanos del Kremlin, llenos de aquella documentación comprometedora, habían sido rastreados por un oscuro personaje llamado Piotr Pospelov, que según Kahan -y otros autores- escondía a un hebreo apellidado Fiegelson y que Mijail Kaganovich había visto en Nueva York acompañando a su emigrado tío Levick. Es de suponer que habría sido la fuente para que los Kahanowitz hubieran conocido la estrategia de terror de Lazar.

Desde entonces el defenestrado arquitecto de la represión se limitó a dirigir una fábrica de potasio, jubilándose poco después. Murió casi centenario y existiendo todavía la Urss. Qué cosas.


UNOS APUNTES

En los tiempos posmodernos de hoy puedes pasearte con una flamante camiseta en la que aparezcan estampados la hoz y el martillo, o las siglas CCCP, o incluso el careto de Lenin o de Stalin, sin que te pase nada. Introducid "t-shirt cccp" en vuestro buscador favorito y me contáis. Ahora bien, si uno por la calle con una camiseta que lleve la esvástica estampada a lo mejor el que acaba estampado es él, pues "la gente" no aplica la misma vara de medir a las ideologías: el comunismo ha pasado a ser algo así como un elemento más del paisaje social. Sin embargo, el comunismo no puede dar la menor lección moral a nadie. Vivimos  en un mundo caracterizado por el doble rasero, y en este tema se nota especialmente. Según ese doble rasero, la izquierda siempre es bienintencionada, de modo que sus errores deberían ser disculpables pues a sus autores les guiaban nobles propósitos. Hace décadas la derecha conservadora europea -la useña no, por suerte para su país- claudicó ante ese doble rasero, y en ésas nos encontramos ahora.

La instauración de la Unión Soviética ha sido el mayor desastre del siglo XX. La convergencia europeísta fruto del liberalismo capitalista -generador de la llamada Belle Époque: descubrimientos científicos y logros técnicos prácticamente pisándose unos a otros, control de la inflación, pocas guerras continentales, mayores libertades, mejora de las condiciones de vida, explosión demográfica europea y una edad dorada en el arte- se vino abajo en la abominable década de los años diez del pasado siglo, una década suicida para una Europa capitaneada por castas políticas indignas de su misión histórica y que abrió la caja de Pandora del totalitarismo, cuyo resultado conocemos ahora no sólo por el aterrador coste de vidas que se cobró sino asimismo por sus consecuencias.

Así, la Rusia europeísta, incluso afrancesada del XIX, la Rusia que nos ha legado a Mendeleiev, Tolstoi, Repin y Chaikovski es ahora una Rusia desconocida para los demás pueblos del continente. La imagen que se tenía del ruso medio ha cambiado en un siglo: de cálido, romántico, espiritual y noblote ha pasado a ser tenido como hosco, desconfiado, prosaico y de poca palabra. Así también su tremendo potencial parece haberse quedado oxidado. Tras un siglo de pugna geopolítica, compárese la situación con Usa, su teórico rival -cuando es bien otro el rival de Rusia-.

Rusia exporta gas; Usa importa neuronas. Usa se ha convertido en el gran receptor de mentes brillantes del mundo, lo que unido a las que genera en su seno le ha dado una ventaja decisiva. Las mejores universidades del mundo son las useñas de la Ivy League. Usa está en el puesto 3 del índice de desarrollo humano de la PNUD; Rusia está en el 55, y eso que ha mejorado. Los españoles adoptan niños rusos, no useños. Usa no ha parado de crecer en población; Rusia lleva dos décadas perdiendo gente. Usa tiene una tasa de hijos por mujer superior a la de Rusia. El idioma inglés es universal; el idioma ruso atrae a muchos menos. El dólar sigue siendo la moneda de reserva mundial; el rublo es una divisa débil. Usa tiene amigos en América, en Europa y en Asia, y le rinde pleitesía la mitad de los países islámicos, además de tener África tachonada de bases y de aliados, siendo los países del futuro -Canadá y Australia- hermanos suyos; Rusia tiene a Bielorrusia y Kazajistán, y eso de momento.

En Usa jamás habría ocurrido un Holodomor. Cualquier patriota habría abatido a balazos al dirigente que hubiera planeado tal sistema de colectivización y requisas. Usa ha estado presidida por gentes venidas habitualmente de la empresa privada, donde se han ganado -por lo general muy bien- la vida; Rusia lleva desde siempre regida por zares y sucedáneos de zares, por gente  de la nomenklatura, que siempre ha manejado dinero ajeno. La irradiación cultural de Usa es inmensa; la irradiación cultural de Rusia no se conoce. Los zarpazos que se le pegan al alma dejan sus particulares cicatrices. Mientras Usa producía la mejor música popular, las mejores películas y las mejores novelas, en la Urss se perseguía a sus creadores.  Eso es lo que se ha perdido Rusia por el camino. No sólo la muerte de mucha gente del pueblo: ha perdido también la posibilidad de hacer amigos, de ser amada. Y como estamos viendo en los últimos acontecimientos, el enésimo sucedáneo de zar no ha escarmentado.

Sólo existe un camino, el camino de la libertad personal y colectiva, el camino del comercio, del conocimiento y de la crítica. El camino del liberalismo capitalista. Bueno, en realidad existen otros caminos. Pero sabemos a dónde llevan, a sociedades donde no apetece vivir. Yo no quiero vivir en una sociedad antiliberal. Prefiero la libertad a la más dorada esclavitud. Pero eso sí, la esclavitud no suele ser dorada. Entre el comunismo y el consumismo, prefiero éste. Prefiero un sistema que muera de éxito a otro que mate de fracaso. Ya sabré defenderme. Ya sabré buscarme la vida. Nadie es quién para imponerme cómo debo vivirla.

Aunque un día la verdad prevalecerá, debemos estar avisados de las dificultades que nuestra marcha se va a encontrar. Porque puede que como Stalin haya salido sólo uno, pero hay en el mundo infinidad de potenciales Kaganovich.



Imagen: Wikimedia Commons, autor Tkgd2007.

Llegados a este punto, es el momento de abordar "el tema". Mis comentarios al respecto van a ser todo lo desapasionados y objetivos que pueda. Aquí no se trata ni de ser "projudío" ni "antijudío", sino de ceñirse a los hechos y a la interpretación más realista de los mismos.

La minoría judía representa un tanto por ciento muy pequeño de la población occidental. Sin embargo hay una serie de sectores en los que está, digámoslo así, "sobrerrepresentada", es decir, que cuenta con un porcentaje de participación mucho mayor del que se esperaría en función de lo que representa en el común de la población. Es el caso de los premios Nobel, por ejemplo. El 41% de los Nobel de economía, el 28% de los de medicina y el 26% de los de física han sido ganados por gente judía o de ancestros judíos. En este punto ya hay que hacer la primera precisión.

Como hemos comentado en otro momento del blog, debe distinguirse entre judíos stricto sensu y lato sensu. Según la ley judía, es realmente judío quien profesa la religión judía o quien nace de mujer judía y no realiza una apostasía expresa. Ahora bien, desde un punto de vista más convencional se tiene por "judío" al que desciende de judíos, sin más, o de un solo ancestro judío. La diferencia, como se puede comprender, es enorme. Pongamos el ejemplo de Karl Marx. En un sentido amplio, Marx era judío, pues descendía de judíos. En un sentido estricto, no podía ser judío, pues teóricamente profesaba otra religión -estaba bautizado como luterano- y además se proclamó ateo toda la vida. Otro ejemplo, Bob Dylan. De familia judía, en su momento se convirtió al catolicismo, con lo que visto estrictamente dejó de ser judío. Con posterioridad ha vuelto a profesar el judaísmo, con lo que vuelve a adquirir aquella condición. Sin embargo, visto en un sentido más convencional, nunca dejó de ser judío. Pienso que sólo si se tienen en cuenta estos matices se puede entender mejor el asunto.

Otro ejemplo, ya referido al tema concreto de la Urss. Lenin no era judío. Tenía un abuelo materno judío pero que se convirtió al cristianismo. Decir por ello que Lenin era judío tiene el mismo sentido, y aún menos, que decir que Lenin era cristiano, sólo porque su abuelo lo fuera. La condición judía -perdida después- de su abuelo no tiene ninguna relación con lo que Lenin significó para el sovietismo. La única manera que puede seguirse para darle una importancia que no tiene a la judeidad previa del abuelo de Lenin es dar por supuesto que: uno, existe una "raza judía" -y si se afirma eso, preséntense pruebas-, y dos, que esa supuesta "raza judía" tiende al sovietismo y al colectivismo -igualito que los Rothschild, vaya-. De lo contrario, hablar de la judeidad de Lenin es una demostración de mala fe.

 Es cierto que había una gran proporción de judíos metidos en el partido bolchevique. Una proporción menor, sin duda, de la que Kahan apunta -él habla de un 52% de mandos judíos-, y que no tiene nada que ver con las afirmaciones que se pueden encontrar en textos post-Octubre en los que se afirma que el 90% o más de los dirigentes soviéticos eran judíos. Eso no sólo es abiertamente falso sino que aparece en literatura antisemita. El antisemitismo no tiene ningún sentido ni la menor justificación; si tuvieran sentido o justificación, se aportarían las debidas pruebas. Sin embargo, desde el siglo XIX esas alegadas pruebas han sido continuas falsificaciones tenidas como históricas para pretender dar apoyo a la idea de la hegemonía hebrea en la sombra. Parte de eso lo hemos tocado en otra entrada. ¿Qué se puede pensar de una afirmación que se basa continuamente en falsificaciones? Después de la revolución, esa corriente de fakes ha seguido funcionando. Al "Discurso del rabino", "La conquista del mundo por los judíos" o "Los Protocolos" hay que añadirles absurdas leyendas urbanas, listas de falsas citas talmúdicas e incluso libracos atribuidos a fantasmales "estudiosos" húngaros o rumanos que todavía hoy, en el año 2014, son citados como autoridad. Hoy es citado como autoridad en el tema de la presencia judía un libro que dice que Alcalá-Zamora, Fernando de los Ríos, Manuel Azaña y ¡la Pasionaria!, como "buenos judíos que eran", hicieron la revolución. Alguien que lea eso en Eslovaquia, como no conoce a ninguno de los citados, se lo creerá. Por eso, en el mundo castellanohablante si algún panfleto de dudosa autoría expone una lista de supuestos judíos maléficos a base de un nombre raro y exótico tras otro, el lector sin iniciativa se amilanará y pensará que algo de eso hay. El lector que quiera comprobarlo por su cuenta, no obstante, tiene medios. Si no tienes buena biblioteca, puedes acudir a las de tu localidad. Y si no, acudes al motor de búsqueda que sea más de tu gusto. Si tomas muchos de esos nombres, te darás cuenta de que sólo son citados o en ese panfleto o en textos que lo citan en plan copypasteo, incluidas las mismas faltas de ortografía. Hay nombres y nombres que aparecen por primera vez en esos panfletos, sin acreditación, sin fuentes, sin nada, pensando que si se engorda una lista onomástica se convierte en irrebatible. Y no es así.

Sí hay "sobrerrepresentación" de judíos en los soviets, al menos los primeros años, pero muchísima menos que, por ejemplo, en el capitalista primer Hollywood, en que casi todos los grandes productores eran judíos, y no se les veían muchas inquietudes colectivistas, la verdad -ni rabínicas: véase "El cantor de jazz"-. Como curiosidad, un sobrino de Trotsky -el "mago de Oriente" Samuel Bronston, nacido en Moldavia y fallecido en California- financió films como "Rey de reyes" y "El Cid", e incluso un documental sobre el Valle de los Caídos. No sé si es que el "gen colectivista anticristiano" que algunos creen ver en los judíos se había tomado unas vacaciones.

De igual manera que no se puede ver condición judía en Lenin, tampoco la hay en el profundamente antisemita Stalin. Si había alguien crédulo en el tema de la conspiración judía, ése era Stalin. Al menos los redactores, editores y financiadores de "Los Protocolos" sabían de sobra que eran falsos. Con todo, de vez en cuando a veces uno se topa con enfrascadas investigaciones detectivescas acerca de si Stalin tuvo en algún momento un antepasado judío. Ese sherlockholmismo se ha aplicado con ganas a varios presidentes Usa -sobre todo Roosevelt, Truman y Eisenhower, no por casualidad los directamente relacionados con la derrota del Eje-, y carece de la menor relevancia. Si se diese la casualidad de que alguien tenía un antepasado judío a la altura del siglo XV, ¿qué? Teresa de Jesús los tenía, y ya en el siglo XVI era santa cristiana. E insisto, alegar que alguien tenía un ancestro judío -se ha intentado hasta con Mao- para pretender denostar a esa minoría implica explicar por qué, en base a qué eso tiene alguna relevancia en la conducta de ese alguien. En cuanto a los cristianos antisemitas que olvidan que Jesús, María, Pablo y los Doce eran judíos, mejor dejémoslo para otro día.

En el caso del sovietismo, cuando se formó el Sovnarkom -o consejo de comisarios del Pueblo, investido poco después de octubre de 1917, tras la toma bolchevique del poder-, un consejo improvisado de ministros, estaba formado por Lenin, Gorbunov, Milyutin, Dybenko, Stalin, Lunacharsky, Trotsky, Krilenko, Teodorovich, Rykov, Glebov-Agilov, Nogin, Oppokov, Shlyapnikov, Skvortsov-Stepanov y Alexandra Kollontai -la primera ministra mujer de que haya noticia-. Como la mayoría me decían poco, busqué sus filiaciones para saber cuántos judíos había en la flor y nata del bolchevismo de primera hora. Y por ahora sólo me consta Trotsky. Esta lista, completamente histórica, no se parece en nada a otras listas que circulan por la Red, y que si las googleas vuelves al círculo de la cita copypasteada.

Sí eran judíos lato sensu bolcheviques importantes, ojo. Fue importante el fugaz Jacob Sverdlov, presidente honorario del país y colaborador de Lenin. La gripe post-Gran Guerra, bautizada como "gripe española" por algún gracioso, se lo llevó pronto. Sin duda fue también crucial Trotsky. Pero éste no estaba "puesto por el ayuntamiento", es decir, se ganó su relevancia histórica por su gran valía intelectual y por su capacidad de trabajo, no porque le hubieran puesto a dedo desde alguna oscura sinagoga. Kamenev y Zinoviev fueron también judíos importantes -el primero por parte de padre solamente-, aunque también en sentido amplio -no hay ningún practicante del judaísmo en la era bolchevique- y gracias a que asimismo formaban parte del estrecho círculo de colaboradores de Lenin -Zinoviev fue uno de los que le acompañaban en el famoso "tren sellado"-. Yagoda, primer jefe del NKVD, duró dos años antes de ser eliminado. El único judío relevante de la Urss, el único que pinchaba y cortaba durante una etapa mínimamente prolongada, fue Lazar Kaganovich. Y no le tembló la mano a la hora de planificar políticas netamente antisemitas, que habrían ido de más a mucho más si la muerte de Stalin no hubiese favorecido un cambio de tercio. Lazar nunca profesó el judaísmo. No tenía creencias religiosas, y se había negado a cumplir el Bar Mitzvá. Sus familiares emigrados en Usa condenaban su inquina contra los judíos, preguntándose por qué atacaba a su propio pueblo.

Aun así, ¿por qué había -insisto- un número notable de judíos en puestos de confianza? Convengamos en que eran menos de lo que se dice, pero que aun así los había. Veamos por qué.


Fotograma de "Chapaev, el guerrillero rojo" (1934, hermanos Vasiliev). El alma rusa en combate.


Durante el zarismo, los judíos eran súbditos de quinta. Así de simple. Estaban obligados a residir en una franja concreta del Imperio, no podían promocionarse socialmente y eran pasto de la crueldad del régimen y de los cosacos cada dos por tres. Eso está sobradamente documentado. Y uno se puede preguntar legítimamente qué clase de amor y de lealtad puede sentir un joven hebreo, todo lo ateo y alejado de las tradiciones que se quiera, hacia un sistema que machaca a tu gente, les roba, les pogromiza, les aplica las mayores injusticias y encima publica falsificaciones en las que se afirma que tu gente es la culpable de todo lo que pasa. Ya os lo digo yo: ninguna clase de amor, ni de lealtad, ni de adhesión. Si yo fuese un joven judío ruso de principios del siglo XX, soñaría con derrocar el zarismo y conseguir libertades para mi gente, y me alistaría en alguna corriente que prometiese ese futuro mejor, o bien emigraría, eso ya va en cada uno. Por tanto, lo entiendo perfectamente. Es justo rebelarse contra la tiranía -lo que no justifica que después tú instaures otra tiranía aún peor-. Por tanto, que a nadie le extrañe encontrar a judíos entre las filas bolcheviques. Raro sería encontrarlos en las zaristas.

Todo el mundo acepta -incluso historiadores muy projudíos como César Vidal- que la minoría hebrea "abrió las puertas", en plan quinta columna, de varias ciudades cristianas durante la invasión musulmana del 711. Visto desde la perspectiva posterior, parece una traición pura y dura. Ahora bien, recordemos que la opresión católica-visigoda sobre la minoría judía en Iberia era intensa, y por épocas llegó a ser prácticamente insoportable -estar circuncidado te condenaba a muerte, por ejemplo; muchas de esas normas, emanadas de los cánones de los concilios, eran bastantes veces desoídas de puro inhumanas que resultaban-. ¿Es de extrañar que bastantes -no todos- judíos de Iberia deseasen un cambio de régimen para siquiera tener un poco más de libertad en sus vidas? Bueno, se puede decir que Iberia no era la tierra de los judíos, que nadie les había llamado. Sí, pero tampoco nadie había llamado ni al catolicismo ni a los visigodos, igualmente extraños para Iberia. ¿Entonces?

Otro factor es la preparación personal. Como hemos comentado, en la aldea de Lazar los niños judíos -y las niñas- iban a la escuela, mientras que los niños cristianos permanecían analfabetos. El analfabetismo es muy raro entre judíos. Eran gentes del Libro. Tenían en las páginas de sus libros nacionales un apoyo, un "algo" a lo que aferrarse cuando venían mal dadas. Se aficionaban a leer desde muy temprano. No es chocante, como ya vimos al hablar de los chuetas, que los judíos eran muy considerados en las cortes cristianas, porque eran verdaderos sabios de la época. Así, yendo a la Rusia en efervescencia revolucionaria, a nadie le debe sorprender que en materias organizativas, de gestión y de decisión apareciese gente judía.

Un tercer factor es el factor minoría. Mientras que la mayoría nacional parece dispersarse, atendiendo a mil cosas, la minoría se acoraza y se galvaniza, vive para sí y se refuerza. Mientras la mayoría es difusa, la minoría se concentra. Ésa es la razón por la que las minorías, y más concretamente las minorías de apoyo bíblico, destacan en sus países de acogida. El caso más destacado, junto al de los judíos, fue el de los hugonotes, que tras dejar Francia cuando un Luis XIV que fingía un hipócrita celo religioso revocó el Edicto de Nantes brillaron extraordinariamente en todos los países de acogida. También puede decirse lo mismo de otros grupos anabaptistas más minoritarios, como los menonitas. Aquellas minorías, criadas en el rigorismo moral, no estaban para coñas ni para perder el tiempo ni el dinero: debían enfocar sus esfuerzos, su creatividad, en un entorno social que ahora les admitía pero que pasado mañana tal vez no. Esa necesidad de valerse por ellos mismos, y el sentido de comunidad que nació de la necesidad de sobrevivir, ha marcado la energía de esas minorías.

En España la preocupación nacional es a ver si baja un poco el paro. En Israel la preocupación es la supervivencia. Eso marca una diferencia entre naciones. Y si se olvida ese hándicap, se corre el peligro de no entender los porqués. Todo tiene un porqué, e incluso varios.

Y aunque parezca terrible, la actitud vital de Lazar -quien murió convencido de la victoria final del comunismo: una vida consagrada al error- también tiene sus porqués. No tiene justificación lo que hizo, pero sí tuvo raíces en su propia psique, en la dinámica soviética y en la sociedad que habían recibido. Quien no observa con la debida objetividad los acontecimientos históricos, no podrá entenderlos y puede que un día alguien le embauque con una lectura conspiranoica. Espero que no sea así por mucho tiempo y llegue el momento en que exista la debida ecuanimidad de ánimo para abordar globalmente el "tema judío", para poder entender mejor los aciertos de este pueblo así como sus lamentables equivocaciones, que también las ha tenido y aquí no se niegan. No hay pueblos santos y puros en la historia. Ni uno.

Espero que un día se conjugue a fondo la palabra reconciliación. No estaría mal. Saldríamos ganando todos.



(I) - Tras la proscripción de la masonería por Alejandro I, la primera logia rusa que se constituyó -la Logia Cosmos- lo hizo en París, supeditada a la obediencia masónica francesa. Masones fueron todos los ministros del gobierno provisional -menos uno- y sus líderes, incluidos Kerenski y el príncipe Lvov. La masonería tuvo muy escaso calado en el bando revolucionario -Lunacharski llegó a estar iniciado-, y quedó desarticulada de nuevo con la victoria bolchevique.


17 comentarios:

  1. El otro día leí en un foro a un judío(en el avatar llevaba la bandera de Israel, apellidos judíos y además lo decía abiertamente) criticando la veracidad de la existencia de Jesús, de su crucifixión y pasión ,e incluso de que Jesús, de existir, fuera realmente judío.

    Este individuo en sus explicaciones describió claramente en qué consiste -en general- la idiosincrasia judía:

    El judío no tiene un referente claro como pueda ser Jesucristo y tampoco tiene una creencia clara en el más allá o el pecado como la entiende el cristiano.
    La mentalidad del judío es la de"hacer el paraíso en la tierra"(dicho por ese sujeto, el judío quiere actuar y trasformar este mundo ya que del otro nada se sabe)
    El judío tiene una mentalidad ancestral muy apegada a lo material y a este mundo por la falta de un referente como Jesús y supongo que también por otras cuestiones.
    Con esta idiosincrasia tan"terrenal" no me parece raro que los judíos- aunque fuera una minoría de ellos- siempre hayan estado involucrados en procesos contraculturales o revolucionarios en esa especie de afán por el libre albedrío y el hacer del mundo"el paraíso en la tierra".
    Con esta idiosincrasia no es de extrañar que detrás de la mayoría de utopías siempre haya habido un número importante de judíos en su intelectualidad.
    Que el comunismo gustara a los judíos tampoco es raro, el sistema de Kibutz tradicional judío es una especie de comuna comunista .

    Negar que muchos"intelectuales judíos"(por su idiosincrasia o por lo que sea) han atacado los pilares culturales , morales cristianos y europeos tradicionales no es mentir, es constatar una realidad(los de la famosa escuela de la salchicha alemana o muchos judíos estadounidenses actuales)Tampoco es nada de extrañar que detrás del neoliberalismo y el anarcocapitalismo haya tanto judío ya que esta ideología responde perfectamente a la suma de libre albedrío(haz lo que te pase por los huevos que si eso ya te juzgará Dios- Jehová-Yahvé)+apego tremendo al utopísmo y las cosas de este mundo(materialismo frente a espiritualidad)

    El famoso tema ancestral de la usura sale reflejado en el Talmud y de refilón incluso en la Biblia.

    El judío ateo, aunque supuestamente no es creyente , si que es judío cultural y moral, exactamente igual que muchos ateos de sociedades católicas, que por muy ateos que digan ser siempre muestran "ticks" morales propios del cristianismo.
    El protestantismo con su idiosincrasia de salvarse mediante la creencia y la oración y no por los actos, también ha modelado enormemente a algunas sociedades. No es casualidad que los yanquis sean como son por su primigenio"cuaquerismo"....


    El choque entre europeidad ,cristianismo y judaísmo está bastante claro: espiritualidad y referencia moral frente a un carácter más sectario y apegado a lo material.

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  2. http://mundo.es/2009/03/04/lindsay-lohan-se-hace-judia-por-amor/


    ¿Por qué hay tanto judío detrás de la movida gay-travelo-lesbiana en USA? ¿Acaso el judaísmo no condena estas historias?,¿o quizás es que el judío, incluso creyente, tiene en su mentalidad la aceptación y difusión de tales cosas?


    Por cierto, el otro día de casualidad fui a parar a un enlace de la judería de Segovia, Sheparad etc, y ¡oh! ,casualidad, algunos de los participantes resulta que tienen un"me gusta" en un diario digital que se llama"Diario masónico"(uno de ellos catedrático de la Universidad Complutense de Madrid... bah, pero seguro que eso de la masonería y su relación con el judaísmo es otra conspiranoia...


    A mi mucha casualidad me parece todo, y no por conspiración, sino que simplemente ideológicamente, o por cultura e idiosincrasia, simpatizan con todo lo que sea anticristiano y antitradicional .

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  3. ola k ase hamijo Muchas cosas planteas que respuesta merecen, como diría el gran profeta-arquetipo californista Yoda.

    Jesús es el personaje más importante de la historia, para bien o para mal (junto con los inventores de la rueda, el lenguaje y la producción de fuego a voluntad, OK). Por eso es chocante cómo para muchos judíos Jesús no pasa de ser un "don-nadie". Para los musulmanes es un profeta de gran importancia, y para muchos agnósticos y ateos era un gran tipo. Tiene gracia, Moisés es un personaje de historicidad mil veces más dudosa y a ver cuántos judíos -apóstatas aparte, y aun así a saber....- se preocupan de proclamar a los cuatro vientos que ni existió ni era judío :-P

    La persona a la que te refieres tiene razón en parte, creo. El mundo de ultratumba judío es bastante pobre, mucho menos florido que el de otras religiones. De todas maneras, y a despecho de quienes creen que la religión de los judíos nació perfecta de origen, lo cierto es que se ha ido enriqueciendo con el tiempo. El texto más antiguo es el Génesis, y en él se dice expresamente que somos polvo y al polvo volvemos, y punto. Es más, se nos impide el acceso al Árbol de la Vida, que nos daría la inmortalidad: ¿para qué la querríamos, si nos espera otra vida? Con el tiempo va entrando la idea de la supervivencia post-mortem en el Seol, y después la resurrección, incluso en doctrinas cabalísticas -ya en la Diáspora- la reencarnación para cumplir los ritos que se habían dejado por hacer -a lo mejor Lazar está ahora en ello, jeje- y así superar la etapa terrena.

    Es complicado hablar de religiones más "materiales" que otras. El judaísmo me parece demasiado abstracto para mi gusto. No puedo imaginar una religión sin la abundancia de arroyos, fuentes, árboles y verdor de mi patria chica. No sé dónde leí que los gallegos tendemos a ver dioses en los árboles y diosas en las fuentes. Me gusta ese telurismo tan céltico. Es como si me hormigueara en la sangre. Por eso considero que el cristianismo es un eficaz "puente" entre ambos tipos de religiosidad, que tienen cada una sus ventajas y sus inconvenientes. Cuanto más abstracto es el cristianismo, menos me gusta, aunque no le niego eficacia, no es lo mismo recitar la Torá entre cuatro paredes en un núcleo urbano de la Zona de Residencia que atravesar Kentucky, Transvaal o Nueva Gales del Sur con la Biblia en la mano: la odisea te obliga a des-abstractizarte y telurizarte.

    Sí es cierto que he pensado más de una vez que la insistencia en el mesianismo, la tardanza del "cambio del estado de cosas", la conciencia de grupo y -seguramente- el acogotamiento por tantas persecuciones hicieron nacer entre intelectuales secularizados de la minoría judía la convicción de que era precisamente el pueblo judío el Mesías, es decir, que el pueblo judío debía capitanear los cambios en este mundo para convertirlo en el jardín de Edén perdido.

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  4. (continúo) Entre las filas del progresismo hay muchos judíos, sin duda. Más que entre las del comunismo. Y eso creo que es por reacción a un mundo tradicional cristiano que les dio mucha cera. Recuerdo que una vez el pintor Juan Adriansens decía que los mecenas judíos apoyaron el "arte moderno" porque segun decía era una reacción a las imágenes clásicas, figurativas (estatuas romanas, fe cristiana), que ellos asociaban a la persecución y al sufrimiento.

    Al principio se apuntaron al comunismo, porque de todos los movimientos reformistas que se postulaban para sustituir el zarismo (que muchos nostálgicos pueden idealizar en la distancia, pero estoy seguro de que era un sistema bastante odioso en sus rasgos básicos) los bolcheviques eran los más echaos p'alante a pesar de ser algo minoritarios. Pero bueno, luego en la Urss comenzaron a darles estopa también a los judíos. Y se empaparon de progresismo porque es la "tercera vía" entre una sociedad tradicional y otra colectivista-soviética, y es que desde el New Deal y similares hemos chupado en Occidente "tercera vía" para dar y tomar. El progresismo crece en países con tolerancia social, como eran Usa e Inglaterra, y como lo fue Alemania en su momento. Allí se fueron. Los kibutz son más bien de inspiración laborista y fabiana.

    Además, la idea de que esa tolerancia en la que viven y prosperan puede desaparecer de un día para otro sin duda se les ha quedado grabada a fuego en la memoria familiar, y la han pasado de padres a hijos durante mucho tiempo, hasta hoy -porque la problemática no está zanjada, sobre todo por la existencia de Israel como Estado-. Promover el progresismo supone para ellos una razonable garantía de seguridad de que no volverá otro autócrata antisemita, o bien que lo tendrá muy complicado en el seno de una sociedad aficionada al anti-autoritarismo. De ahí la paradoja de que sean voceros del progresismo de puertas afuera mientras que son bastante chapados a la antigua de puertas adentro -generalizando mucho, claro-.

    También hay judíos muy conservadores, incluso entre los neocons. Ej, Robert Kagan, cuya esposa también es de ascendencia judía. Hay casos muy peculiares, como Cecil B. de Mille, que era judío por parte de madre pero era episcopaliano, muy republicanista y también masón. Por contra, Paul Reichmann era un hebreo muy a la antigua usanza -se ha hecho enterrar en Jerusalén, por cierto-. Los descendientes de judíos de la Costa Oeste con más peso -Iger, Page, Brin, Zuckerberg, Kurzweil, las hermanas Wojcicki- son afectos al californismo, doctrina obviamente progresista, y sus lazos de tradición están diluidos.

    En cuanto al tema LGTB, es curioso que lo señales porque pioneros de la transexualidad -desde un punto de vista clínico- fueron judíos alemanes como Hirchsfeld o Harry Benjamin -este último ejerció también en San Francisco-. En lo tocante al porno y tal, la verdad es que el lesbianismo va en el mismo pack que el porno hetero, lo trabajan las mismas productoras. En el porno gay las dos productoras más importantes están radicadas en Berlín y curiosamente en Eslovaquia -un useño de ese origen se mudó de Los Ángeles a la tierra de sus ancestros-. Hay de todo hoy en día.

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  5. Un comentario de pasada y otro que no es de pasada.

    Lazar Kaganovich curiosamente no adoptó "nombre de guerra". Por ejemplo, Ulianov se puso Lenin por el río Lena. Bronstein adoptó el de Trotsky porque así se llamaba un carcelero que tuvo -no sé si porque le caía bien o por todo lo contrario-. Rosenfeld se puso Kamenev. Apfelbaum se puso Zinoviev. Y Stalin es un apodo, pero antes se hacía llamar Koba, como el héroe de una novela nacionalista georgiana de Alexander Kazbegi. En el libro de Kahan se comenta que muy de cuando en cuando en la época post-Lenin se le llamaba Koba a Stalin (para "darle coba", jeje, perdón por el chiste malo), que era más bien un apelativo de clandestinidad (entró muy pronto en ella: al parecer estuvo envuelto en un atentado contra una refinería de los omnipresentes Rothschild y luego organizó una serie de huelgas que acabaron a hostias con los cosacos, que hacían de brazo defensor de los intereses de esa famosa familia).

    Realmente no sé por qué no tiene ese alias clandestino, quizá porque durante los años de hervor del primer bolchevismo Lazar no estaba "en la pomada", y fue haciendo méritos relativamente "tarde", realmente no lo sé.

    Más a fondo, me parece importante insistir una pesada vez más en que no pretendo tener la última palabra sino que lo que me interesa es animar a la gente a que busque por su cuenta, a estimular la curiosidad, a que se atrevan con ese libraco gordo y busquen en él las respuestas para sus propias preguntas. No os quedéis con lo que diga yo en el blog, buscad. Si os interesa el tema coged el libro más gordaco sobre la materia que encontréis, con el aparato de fuentes más seguro y potente, y devoradlo. Si en vez de un libro son tres, pues tres veces mejor. Si sirve de algo este minitexto que he escrito sobre Lazar, que sea para animaros.

    Yo personalmente me he quedado con ganas de más, a lo mejor en un futuro volvemos sobre aquella época y sus personajes, he comenzado a agenciarme libros sobre el tema. Y mira que no soy nada dado a leer biografías. Por cierto, algunos puntos que no tenía claros según el testimonio de Kahan pueden considerarse corroborados por lo que he podido leer estos días.

    ¡Salud! Y conocimiento ;-)

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  6. Últimamente pienso que el permanente recurso a las conspiraciones judías viene siendo muy útil para ocultar las responsabilidades de otros pueblos. Me parece que la revolución bolchevique, con todos los crímenes asociados, fue sobre todo un producto del pueblo ruso, pero a algunos círculos le resultó muy útil promover la idea de que había sido obra de los judíos. Así el honor ruso quedaba intacto. Mucha de la propaganda antisemita de los años 30 procedía de rusos blancos exiliados, casi siempre en contacto con ambientes germánicos. Un ejemplo de esto es el libro "Israel manda", del Duque de la Victoria, un panfleto realmente penoso, y eso que a mí me parece que hay un antisemitismo aceptable, de matriz católica.

    Lo mismo se aplica para tapar la responsabilidad de otras naciones. La mayoría de neonazis sostienen que en realidad USA no gobierna en el mundo, que los pobres usanos están manipulados por un gobierno judío en la sombra, y que por tanto las élites WASP no tienen ninguna responsabilidad en todas las atrocidades cometidas por Estados Unidos. Me parece sencillamente deplorable esa manera de pensar y la considero lindante con lo patológico, aunque desde luego está resultando útil a nivel propagandístico. Ningún pueblo tiene la culpa de nada salvo los judíos.

    ¿Cuál es el libro al que aludes en que sostiene el origen judío de Azaña? También hay que entender que, en el contexto de la época, se podían dar ciertos excesos de ese tipo al asociarse el judío a las izquierdas, mientras que hoy se asocia a las ideas conservadoras. De ahí en parte que casi toda la derecha sea hoy projudía, a diferencia de lo que sucedía en el pasado.

    Por cierto, soy cada vez más de la idea de que hay una continuidad esencial entre la Rusia zarista, la soviética y la post-soviética de ahora (una idea que también cierta derecha manejaba en los años 30; me suena haber leído pasaje en que se aludía a Lenin como "zar rojo"). Estoy verdaderamente asombrado de cómo la Rusia actual están manejando la propaganda en su prensa y en Internet con respecto al asunto de Ucrania; y me han saltado algunas alarmas.

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  7. Dejo una respuesta más larga para otro momento, en todo caso, la "conspiración judía", el "sabotaje trotskista" y la brujería comparten el mismo patrón, el de chivo expiatorio. Los grandes juicios-espectáculo de la Urss, la represión antisemita -que algunos autores incluso señalan en otros apéndices sovietistas, como en las Brigadas Internacionales- y los autos de fe y tal no se diferencian gran cosa, y sirven para desunir y fomentar la desconfianza mutua, aparte de para evitar que la ira del pueblo se centre en quien se tiene que centrar, en los verdaderos responsables.

    Los rusos blancos contribuyeron mucho a que el antisemitismo del siglo XX tomase forma, mostraban habilidad en acercarse a gente que conectase con su visión aristocrática y "antiguo régimen" de las cosas, de hecho en mucho de esa literatura tuvo que ver un vizconde francés llamado Leon de Poncins. Supongo que les espantaría que unas gentes humildes tratadas como súbditos de segunda llegasen a escalar posiciones gracias a su capacidad y no a sus apellidos de ringorrango y su actitud chambelanesca.

    De todo ese magma de opúsculos se fue fraguando "The world conquerors", atribuido a un tal Louis Marschalko y que reúne la mayor proporción de datos falsos, nombres inventados y reuniones rabínicas inexistentes que jamás se haya editado en papel. A mi entender es el texto antisemita más influyente de la segunda mitad del siglo pasado. Ahí puedes encontrar la cita de Azaña y compañía. Por entonces las falsificaciones ya no eran de presuntos discursos ni actas, sino de fechas, datos y organizaciones.

    Parto de la base de que la historia es compleja, y el panorama actual lo es también, de modo que resulta tentador querer simplificarlo en unos patrones básicos, y supongo que el tema conspirativo-hebreo es muy socorrido.

    Lo que sí es que parecen "estar por todas partes", abarcan un buen pedazo de la tarta más a nivel de medios y finanzas que de decisión política. Hablando de californismo me he encontrado con un montón.

    Con más tiempo comentaré otras cosillas. ¡Salud!

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  8. ola k asen

    Hay que insistir una y otra vez en el combate cultural. Mucha gente no tiene a quien votar y las alternativas próximas a la derecha sociológica exhiben una contaminación ideológica que las convierte en inoperantes y condenadas a no constituirse en fuerza electoral.

    El tema del "dominio judío" obviamente no forma parte de la discusión política mayoritaria, es un asunto de comidillas internas similar al contactismo ufológico, cuanto menos se airee mejor se conserva, porque si estás dispuesto a defender en un foro mayoritario ese "dominio" tendrás millones de ojos clavados primero en ti y luego en los motores de búsqueda, que les llevarán a "The world conquerors" obligatoriamente. Cuando uno tiene argumentos sólidos, los debate abiertamente. Cuando esos argumentos se basan en panfletos falsificados, se debaten en cenáculos medio de tapadillo, OK, allá cada uno pero el problema es que parte de la derecha sociológica española está hechizada por el antisemitismo de igual manera que lo está por el antiliberalismo y por el estatismo corporativo, lo que es un freno muy serio para que se conviertan en verdadera alternativa. Y eso está relacionado también con el desconocimiento de la propia historia patria.

    El antiliberalismo y el antisemitismo son hermanos de sangre. La idea de que los hijos de un tendero de Fráncfort con acento fuerte y ropas raídas lleguen a capitostes gracias a su buena cabeza asqueaba a los aristócratas peluconeros, vizcondes de la chorrapelada y barones de Transilvania que tenían propiedades baldías y sin producir porque las habían heredado de algún infame bribón: son esos parásitos con peluca y polvos de arroz en el careto los que me asquean a mí. De igual manera, a apparatchiks del kagebé como Putin les parecerá muy mal que cualquier aventurero enriquecido -que no sea de su corte de enriquecidos, claro- se postule como alternativa electoral: ¡pero cómo se atreve! Se trata de idéntico esquema mental.

    Vivimos tiempos de cambio -como siempre en realidad- y en tiempos de cambio uno mentalmente tiende a aferrarse a cosas que considera eternas -cuando a menudo sean no menos efímeras que otras-. El zarismo, el águila bicéfala y tal fueron en su momento símbolo de permanencia en una época enloquecida y relativista. En cierto modo parecen haber sobrevivido, aunque algo desvirtuados.

    Hay mucha tela que cortar, muchas mentiras que debunkear y mucha hojarasca mental que barrer. ¿Merece la pena?

    ¡Salud!

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  9. Yo no diría que el antisemitismo sea hoy el pensamiento dominante en la derecha alternativa. Es algo ya muy residual, aunque se sigue discutiendo en algunos cenáculos cada vez más marginales. Ahora lo que prima es la islamofobia o, en otras palabras, el antisemitismo focalizado en los descendientes de Ismael. A la caricatura del judío con nariz ganchuda amasando dinero la sustituye hoy con ventaja la del moro -curiosamente con rasgos similares- poniendo bombas y maltratando mujeres. El antisemitismo ha mutado en islamofobia. Además la mayor parte de la extrema derecha europea es explícitamente projudía. Quizá la única excepción es Jobbik.

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  10. Bueno, no sabría decir. Depende de a qué nos estemos refiriendo, si al islam como religión, a los regímenes panárabes, al talibanismo o a confesiones minoritarias -chiítas, drusos, sufíes, alauíes; el bahaísmo es de difícil encaje-. El antisemitismo no hace esas distinciones: ataca tanto a una comunidad de Toulouse, como a los descendientes enriquecidos de quienes emigraron a Usa un siglo atrás desde la Zona de Residencia, como al Estado de Israel.

    Pienso que la mayor carga crítica contra lo que ahora es el mundo islámico proviene más bien de la derecha liberal o como quieras llamarlo, la gente que comenta en Libertad Digital y así por el estilo, mientras que no pocas veces le he escuchado o leído a un identitario -o "patriota", como dicen, ya que según parece los demás no somos patriotas- afirmar que nos vendría muy bien el islam en Europa, una conversión continental.

    Una cosa está clara, desde Nigeria hasta Filipinas hay movidas, y diarias. Para mí no es casualidad, y encima la cosa va a más cuando vemos cómo el sistema de alianzas entre países islámicos es enrevesadísimo, un país o un movimiento A puede ser hermano de otro B pero ser enemigo jurado de un C amigo de B. El islam tiene que superar su "ilustración". Precisamente cuando en Europa teníamos la nuestra, en Arabia surge el wahabismo, eso es todo un síntoma.

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  11. Aprovechando de paso, ya no se dice apenas nada de Siria. Necesitamos ver las cosas con más perspectiva o nos perdemos. Ninguna de las barbaridades, ni siquiera los crímenes contra los cristianos, ocupan la primera página de los periódicos. Sí la ocupó hace tres años la imagen de un Gadafi literalmente machacado entre mercenarios colombianos, saudíes y qataríes; pero el fracaso de los "insurgentes" -porque es un fracaso y espero que sean completamente derrotados- hace que poco a poco el asunto sirio sea menos internacional y más doméstico, ahora mismo da la sensación de que el único país con verdadero interés estratégico es Turquía, y aunque obviamente no es el único vayamos a compararlo a cómo estaban en el 2012. La derrota de esa insurgencia cada día más inviable servirá para asegurar un flanco importante del Mediterráneo pero también para reivindicar la validez y operatividad del concepto de Estado-nación flexible hoy en día (esto es, que en él quepan sirios suníes, sirios alauíes, sirios cristianos, sirios laicos y todos los sirios, y no un Estado-nación homogéneo al estilo del califato que pretende el ISIS en que sólo haya wahabíes porque los demás han desaparecido), aunque ya veremos cómo se encaja el problema kurdo.

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  12. Matizo un poco mi respuesta anterior. El gran ataque contra el mundo islámico procede de la derecha liberal. No obstante, la derecha autoritaria ha asumido buena parte de ese discurso, especialmente a partir del 11-S, y trata de vincularlo a su programa antinmigración. Para los partidos identitarios es más fácil llegar al pueblo demonizando al inmigrante moro antes que demonizando al negro, al sudamericano u otros colectivos más protegidos (no digamos ya al judío). La "islamofobia" es como un excipiente que se añade al discurso antinmigración y lo hace más tolerable para el paciente, además de alejar viejos fantasmas antisemitas.

    En ocasiones esa derecha autoritaria incluye retazos del viejo discurso dentro del nuevo discurso "islamófobo" (procuro ponerlo entre comillas porque no me convence el término). Por ejemplo, dicen que a los moros los traen aquí los judíos, o afirman que hay una conspiración judía para implantar el islam en Occidente. Son discursos más bien en petit comité o en internet. Verás todo tipo de pegatinas y carteles contra los moros, pero ninguna contra el judío. El enemigo principal ha pasado a ser el moro, al menos de puertas afuera. Y desde luego esto es evidente en lo que respecta a la ultraderecha europea que ha conseguido ciertos éxitos.

    Luego hay infinitas variaciones sobre este discurso; por ejemplo, la de quienes afirman que el islam bueno es el chiita, mientras que el sunita sigue siendo igual de malo (en lo que creo que son simple correa de transmisión de la política exterior rusa); la de quienes dicen que lo mejor es dejar que moros y judíos se maten entre ellos; la de quienes apoyan a Israel de manera táctica en contra de los moros. También, es verdad, hubo un pequeño sector que llegó a apoyar el islam en Europa en clave "viril" y apoyándose en unas supuestas conversaciones de Hitler, pero creo que ese sector ha pasado de ser ultraminoritario a inexistente. Esos cantos a la "virilidad" ahora tienen por destinatario a Rusia y el mundo ortodoxo :).

    En resumidas cuentas, creo que lo que ahora prima en la derecha alternativa es el sentimiento islamófobo, que sirve como eficaz vehículo identitario, aunque puede que sólo sea un disfraz temporal o la readaptación de un viejo discurso. Esto no quiere decir que no reconozca un problema real con el islam y con ciertos musulmanes.

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  13. Creo que la clave es la que tú has apuntado: no permitir que ninguna de esas reivindicaciones se use como palanca anticristiana. Con respecto a la complejidad del islam, quisiera comentar unos asuntos sobre los que últimamente me han surgido dudas, por si pudiérais aportarme algo de luz tú o los comentaristas.

    1) Siria.- Está claro que nuestro principal interés en aquella zona debe ser el bienestar de los cristianos, que parece más a salvo con Assad. No obstante, vengo detectando una preocupante manipulación informativa, que incluye todo tipo de fotomontajes y vídeos falsos que se atribuyen a los rebeldes, la mayoría bastante burdos. RT y otros medios rusos son muy activos en la difusión de estas intoxicaciones, que encuentran perfecto eco en los medios occidentales y no son nunca rebatidas. Aunque sigo creyendo que Assad es lo más conveniente para los cristianos sirios, esa manipulación tan burda me hace replantearme algunas cosas, lo mismo que en el asunto de Ucrania.

    2) Irak.- Ahora que comentas lo de ese repugnante proyecto legislativo, aquí se dan varias paradojas que no acierto a resolver. Gracias a las armas de Estados Unidos, en Irak impera un régimen títere de Irán, que se supone que es "el bueno" en toda esta película, según la propaganda rusa y según los "analistas" de ultraderecha. Sin embargo, ese régimen proiraní viene resultando letal para los cristianos de Irak. En contra de dicho régimen combaten baazistas (entre ellos cristianos), sunitas y alqaedistas. Teniendo en cuenta todo eso, ¿quiénes son los buenos en Irak? ¿Qué bando es el menos malo? ¿Es Irán y el chiísmo tan contrario a los intereses de Estados Unidos y tan benigno para los cristianos como se suele creer?

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  14. Por cierto, mira hasta que punto llega la obsesión en la extrema derecha europea:

    http://lionelbaland.hautetfort.com/archive/2014/04/28/filip-dewinter-lance-le-jeu-moins-moins-moins-5357822.html

    (Vlaams Belang saca un juego en línea donde el objetivo es cargarse musulmanes y mezquitas.)

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  15. Hola, una cosa está clara, como se ha dicho siempre en una guerra la primera víctima es la verdad, y el caso sirio no podía ser una excepción. No sé si recordáis que cuando supuestamente cazaron a Bin Laden ruló una foto de su cadáver que era un trucaje cantosísimo, y aun así mucha gente la dio por buena. Y ya que seguimos con aquel sujeto, un par de días después del 11-S los de Antena 3 se cubrieron de gloria reproduciendo unas cuartetas de Nostradamus que eran falsas, se las había inventado un internauta, vivimos en el youtubismo y la contaminación audiovisual llevada a extremos de los que no salimos, y eso vale desde los spams fraudulentos de las páginas porno hasta medios teóricamente informadores.

    He visto alguno de esos montajes, no muy lejos de un vídeo en que en algún lugar de África linchan a un pobre somalí en una carretera con el pene a la vista y el artículo nos habla de que se están cargando a una bóer. Dejan pequeña a la prensa polaca de septiembre del 39.

    De todas maneras, el cristianismo sirio es de un valor incalculable, en un país lleno de historia y de reliquias -aún subsiste el arameo en algunos pueblos-, y nos podemos hacer una idea de cuáles son los planes al respecto de los elementos ésos del Isis por ejemplo. Su defensa no debería ser negociable. Un día alguien tendrá que pagar por todo el tejemaneje que se ha urdido en Siria y que la ha llevado a esta situación.

    También hay manipulación de signo contrario. ¿En qué ha quedado aquello del armamento químico?

    Lo del mundo islámico ahora mismo es un lío impresionante. E Iraq es un buen ejemplo. No es sólo un jaleo de creencias, sino también étnico, por ejemplo en Kirkut -donde para complicar más aún las cosas hay más petróleo que aire- donde hay división de hecho entre kurdos, árabes y minoría turca, en Diyala los kurdos están también en el objetivo terrorista, y además Siria es ahora base de células que entran a operar en Iraq y atentar contra chiíes -como hace dos días en Bagdad: creo que fue el Isis- intentando generar una espiral acción-reacción entre unos y otros, con lo que se podría acusar a un gobierno chií de diabólico, lo que a su vez generaría encono + afluencia de divisas y voluntarios hacia Iraq.

    En mi opinión la postura useña se ha demostrado errática y contradictoria. Una cosa es la estrategia que se dicta en Arlington (lo digo simbólicamente), prudente y procurando minimizar la mortalidad tanto en su gente como en el pueblo que es invadido y monitorizado, y otra muy distinta la estrategia de Santa Mónica, que sirve a la Gran Rueda y al complejo militar-industrial. Y aquellas tierras lo tienen todo tan enrevesado que es imposible una postura rectilínea, que seas amigo de un bando no es incompatible con enemistad a muerte con otros aliados de ese bando, y todas las viceversas que se quieran poner.

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  16. Estoy empezando a leer este artículo y, a tenor de las reflexiones que sobre los judíos viertes en el mismo, me han sobrevenido a la mente una serie de cuestiones no del todo ajenas al contenido de dichas líneas.

    En primer lugar, ¿consideras que la llamada "ética del trabajo" protestante es algo realmente constatable o es una simple patraña? De ser afirmativa tu respuesta, ¿no tendría que estar dicha idea relacionada con la propia génesis de las primeras sectas luteranas, en tanto que éstas supusieron en su momento una vuelta del cristianismo a sus valores primigenios, más en sintonía con los preceptos judaicos?

    Y, en segundo y último lugar, ¿se podría inferir que, en la actualidad, los desiguales desarrollos en diversos campos que experimentan los países de tradición católica y aquéllos de raigambre protestante son consecuencia de las diferentes valoraciones que una y otra vertiente religiosa conceden a la dimensión individual y social de la responsabilidad y el trabajo humanos?

    Sin más, muchas gracias por tus respuestas. ¡Un saludo!

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    1. Hola. Esa ética del trabajo proviene del siglo I. Ya Pablo decía que quien no quiera trabajar que no coma. Lo ético no es vivir sin trabajar, precisamente. Benito de Nursia en su regla monacal indicaba que la ociosidad es enemiga del alma. Esa ética parece que se fue difuminando un poco. El Vaticano no quería órdenes poderosas y ricas demasiado independientes, sino mendicantes, que no tuvieran "donde caerse muertas", y que no destacasen por su laboriosidad sino por su infiltración social, su función de proxies papales.

      La ética del trabajo protestante es un hecho, no totalmente nítido, no significa que no hubiera esa ética en el mundo católico sino que estaba más diluida. Lo admitía un católico como Ramiro de Maeztu en su obra "El sentido reverencial del dinero". Él no simpatizaba con la teología de los protestantes, pero sí con su cosmovisión laborista que les había hecho ricos y poderosos.

      Esa ética proviene de la recuperación de grandes valores cristianos que durante el Medievo se distrajeron un poquillo. Europa se lanza hacia la supremacía mundial cuanto más asume esos valores, desde la Reforma. Y la Europa reformada comienza a pasar por encima de la católica, a pesar de que ésta tenía mejores rutas, más recursos, más riqueza acumulada, mejor clima, más densidad cultural, ciudades milenarias y las riquezas americanas fluyendo copiosamente.

      No te quepa duda de que las diferencias de desarrollo se corresponden a diferencias de mentalidad, de enfoque. Cambia tu enfoque y cambiarás tu realidad, porque empezarás a hacer las cosas de otra manera.¡Salud!

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