domingo, 27 de abril de 2014

Las Brigadas Internacionales: ¿pervive el mito?





Como creo que cualquiera con un mínimo sentido crítico podrá ver, la rosácea leyenda de la Transición no es bastante para ocultar que la reconciliación nacional no se ha completado. Es más, parece que hay quien quiere agitar el árbol para obtener réditos políticos excitando una confrontación entre dos Españas -de cosas ridículas y antihistóricas como "España contra Cataluña" nada hay que decir-. Lo que se viene llamando "memoria histórica" es bastante selectiva e incluso desmemoriada en lo tocante a determinados puntos. Como es obvio, me parece de justicia ayudar a que la gente encuentre los restos de sus familiares represaliados para que se les honre y se les dé sepultura ceremonial. No estoy entrando en ese tema, que corresponde a unos mínimos imprescindibles de dignidad humana. Me estoy refiriendo a que desde la rosada "transi" se ha generado una marea de desmemoria histórica en lo tocante a nuestra Guerra Civil, en forma sobre todo de libros y de películas, cuyo objetivo no es el de que la gente conozca lo que les ocurrió a quienes nos precedieron en la sagrada tierra ibera, sino más bien que lo desconozca o que tenga una visión deformada y tendenciosa de nuestra tragedia, con un segundo objetivo que sería el de denigrar a la derecha y más concretamente al PP -que no existía en los años treinta del siglo pasado- en favor de su alternativa electoral, el PSOE -que sí existía en aquellos años, y su ejecutoria de entonces no fue como para presumir-, extraviado durante cuatro décadas y que reaparece triunfalmente en las postrimerías del franquismo dispuesto a ocupar los resortes de poder del país.

Desde la llegada de Aznar el PP ha llevado a cabo una intensa tarea de procurar ser más progre que nadie. Cualquier acusación que se les haga no les inmuta, salvo la de "fachas", que siempre les ha aterrado y que han querido evitar a toda costa, incluso renunciando al combate cultural que deberían desarrollar y que sólo se ha producido en muy escasa medida. El resultado es el esperado, la mitología progre ochentera se ha impuesto hasta tal punto que suele ocurrir que quien se burla de la estética de aquella época repite cual loro sus mismos clichés, básicamente marxismo cultural degradado por influencia masiva de las terminales useñocalifornistas. Y quien osa tocar la mitología ochentera de nuevo cuño recibe el epíteto infamante de "revisionista". Los historiadores "revisionistas" han indagado en la mitología guerracivilista haciendo bastante pupa, mostrando realidades incómodas, lo que les ha convertido en blanco de numerosas críticas más que nada por pretender aguar la fiesta progre. Uno de los mitos más persistentes es el de las Brigadas Internacionales (BBII en adelante).

La mitología nos dice que las BBII eran un ardoroso contingente de idealistas románticos que luchaban por la causa de la libertad y de la democracia. Esos hombres caballerescos no dudaron un instante en atender la llamada de aquella presunta maravilla que era la Segunda República, dejaron todo lo que estaban haciendo y acudieron al rescate arriesgando su vida por una noble causa. El mito se adorna alegóricamente con una Marianne republicana bella y desvalida, con gorro frigio, quitón griego medio hecho trizas por la brutalidad de los "facciosos" y rostro de heroína en trance dramático que es socorrida por un hombretón centroeuropeo rubio y de ojos claros, que combina la rudeza de quien está habituado al trabajo duro con la inquietud del intelectual. El mito intelectualista de las BBII es de los más persistentes,  y a buen seguro contribuyó a ello el interés de los estudiosos ingleses sobre el tema, glosando las hazañas de los suyos de modo bastante chauvinista -no pudo evitar eso ni el Ken Loach de la pésima "Tierra y libertad" (1995), lo que no impidió que la crítica cinematográfica española la recibiera con laureles-.

En los últimos tiempos se le ha concedido la ciudadanía española a los antiguos brigadistas. En la agonía del felipismo se les dio la opción de conseguirla a quienes renunciasen a la suya propia; en el desastroso segundo mandato de Zapatero se les concedió por carta de naturaleza sin necesidad de renuncia. La concesión de la ciudadanía española por motivos de arraigo sentimental no es nueva, obviamente. Por ejemplo, poca gente sabe que Primo de Rivera concedió por decreto la ciudadanía española a parte de la diáspora sefardí, más concretamente la de Salónica y los Balcanes -en los años cuarenta eso supuso la salvación de miles de vidas-. Lo que me parece criticable no es el gesto de nacionalizar a aquellos combatientes, hoy muy ancianos los pocos que quedan entre nosotros, sino hacerlo desde la mitología de los "luchadores por la libertad y la democracia", porque me temo que no fue así al menos en lo que fueron globalmente las BBII. Matizo: no se niega que muchos brigadistas tuvieran ideas democráticas a nivel personal, sino el carácter democrático de la organización en que se encuadraban.

Pienso que para entender la dinámica de todo esto hay que pensar en otro encuadramiento: el de España, y el occidente europeo, en la lectura geopolítica de la Urss. De igual manera que la lectura geopolítica francesa, como hemos visto en otro artículo del blog, apostaba por debilitar al rival alemán atomizándolo o procurando un segundo frente al Este, una lectura similar se daba en la Urss. El sovietismo ruso y el nazismo alemán eran enemigos, y una guerra en la difusa zona balcanizada e improvisadamente recompuesta tras el armisticio de Versalles estaba cantada, tarde o temprano. La política staliniana de promover frentes populares en el Oeste obedecía a una estrategia similar de procurarle al enemigo geopolítico un segundo frente en una zona que debería ser una retaguardia pacífica. Un Frente Popular como el francés significaría un quebradero de cabeza para el alto mando alemán, envenenando las relaciones entre ambos países, y no digamos si el ala francesa estaba asegurada por un frente popular español orientado hacia el comunismo de plena obediencia soviética.

Esa idea fue la principal, si bien no la única, que a buen seguro tuvo Stalin al respecto. Con todo, es muy probable que durante la segunda mitad de los años treinta el país que más le preocupaba como posible agresor fuese Japón y no Alemania. Es llamativo que el zar rojo desoyera imprudentemente las voces que le apercibían una y otra vez de los planes de Hitler. Japón era toda una amenaza, sin duda, una nación industrializada con más de setenta millones de habitantes fanatizados con el culto al emperador, y que era capaz de desarrollar un esfuerzo de guerra marcado por una estrategia aeronaval que les llevaría a dominar en 1942 una sexta parte de la superficie del planeta, un caza extraordinario y los mayores acorazados que jamás se habían construido. Stalin sabía que su zona oriental, muy invertebrada, era vulnerable a un ataque nipón. Además su paranoia antisemita le recordaba cómo el esfuerzo bélico del sol naciente durante la guerra ruso-japonesa había recibido el apoyo de un banquero judío, Jacob Schiff. Curiosamente, Japón no atacaría a la Urss sino que, en un singular suicidio estratégico, se atrevió con Usa, nación a la que no podía invadir ni ganar nunca. Y Alemania atacó a la Urss.

Si Stalin hubiese sido más clarividente con quien era su principal enemigo geopolítico, es de suponer que su apuesta por el frentepopulismo en aquella década de los años treinta habría sido más enérgica. Observando todo aquello, da la impresión de que el Kremlin nunca terminó de creerse del todo aquella estrategia. Por una parte, la victoria del frentepopulismo no tenía por qué ser obligatoriamente la del comunismo obediente a Moscú sino otras alternativas, como la socialdemócrata o la trotskista -eso sí, el sovietismo llamaba "trotskismo" a casi todo, con lo que esa denominación carecía de contenido real-. Por la otra, ¿vencería el bando republicano la guerra contra los sublevados? Ese carácter reservón prefirió no "exportar la revolución" como había sido el designio de Lenin sino que optó por dominar con mano de hierro y por las malas si hacía falta los partidos comunistas de cada país, garantizándose una obediencia ciega y virulenta al estilo de la que su brazo derecho el arquitecto del terror Lazar Kaganovich estaba erigiendo en suelo soviético.

Por otra parte, y a pesar de la reserva de Stalin, también es cierto que la infiltración soviética no había parado de crecer desde los años veinte, y que esa infiltración favorecía un intervencionismo en asuntos ajenos. Y España no iba a ser una excepción. De modo que con el estallido de la guerra la infiltración soviética se fue intensificando, sin correr excesivos riesgos, mediante el truco de "nadar y guardar la ropa", y para ello las BBII ofrecían una cobertura excelente. Numerosos miembros del Ejército Rojo, haciéndose pasar por brigadistas, entraron en España. Entre ellos, unos 600 asesores, en general de no mucha categoría. Tenían la consigna de estar lejos de la línea de fuego, porque si eran capturados se podría armar un revuelo internacional.

Un aspecto a tener en cuenta es la coincidencia de la crisis española con el arranque, entre julio y agosto de 1936, de una purga de considerables dimensiones en suelo soviético, la que le costaría la vida a los veteranos Zinoviev y Kamenev, y que continuaría con más caídas en desgracia. No era extraño que algunos mandos rusos destinados en España recibiesen la noticia de que su presencia era requerida de inmediato en Moscú, noticia que no se recibía con mucha alegría que digamos, y que no se volviera a saber de ellos.

En cuanto a la ayuda material soviética, sería mucho desviarnos el comentarla en este miniensayo, aparte de que tuvo otro carácter. No formaba parte de una estrategia más o menos evanescente, más o menos como banco de pruebas -Indalecio Prieto llegó a decir que para los países extranjeros España era una especie de "academia de guerra"-, sino que en puridad de conceptos fue un negocio, entrega de bienes y productos contra el oro del Banco de España. Los barcos Y salían de Crimea cargados al principio con comestibles -la primera remesa llegaría el 25 de septiembre del trágico 1936- y después con armamento de desigual calidad -el 4 de octubre llegaron cañones de modelos de la guerra francoprusiana, lanzagranadas de fabricación alemana, veinte mil fusiles y abundante munición de no se sabe cuántos calibres distintos; el 10 de ese mismo mes llegaron, sin embargo, cincuenta flamantes T-26 que no tardarían en usarse en el frente madrileño-.

Hablemos ahora de la ayuda humana.


Mítico póster mundialista de la Olimpiada Popular.

Es poco conocido que la República boicoteó los míticos Juegos Olímpicos de Berlín. Pero no se contentó con esto sino que además organizó unos juegos alternativos, la llamada Olimpiada Popular, a celebrar en Barcelona y que contaría con representaciones "nacionales" de catalanes, vascos y gallegos diferenciadas de la representación española, así como de una delegación palestina compuesta sólo por deportistas judíos, y que estaría  sufragada en buena medida por un aporte económico del gobierno francés de León Blum. Teóricamente este despropósito evento deportivo habría dado comienzo el 19 de julio, pero día y pico antes comenzó otro evento bastante menos deportivo en España, de modo que la olimpiada no se celebró. Eso sí, parece ser que una parte muy considerable de los aproximadamente 4000 deportistas "antifascistas" que habían llegado a territorio nacional se quedaron en Barcelona para combatir en el bando republicano. Fue ese 19 de julio cuando se produjo la que parece ser la primera muerte de un voluntario extranjero en nuestra guerra, un obrero austríaco apellidado Mechter del que nada más sé.

La presencia de voluntarios pro-República no se circunscribe únicamente a las BBII. Célebres voluntarios fueron el gran escritor George Orwell y el futuro canciller Willy Brandt, en la órbita del trotskista POUM. Entre los anarquistas también abundaron. Fue muy famosa la llamada Centuria Malatesta, una columna de anarquistas italianos que se habían exiliado en Francia, y que causaba más impresión por su estética que por su rendimiento en combate, pues quedó hecha trizas tras unas breves escaramuzas, reintegrándose parte de sus componentes en la División Ascaso. En buena medida el anarquismo en el frente de Aragón fue tenido por algunos historiadores como una especie de aventura catalana, en el marco de un esfuerzo de guerra republicano escasamente o nada unificado los primeros meses -de hecho la famosa columna anarquista fue armada y financiada directamente por la Generalitat-. Una anarquista extranjera célebre fue Emilienne Morin o "Mimí FAI", compañera de Durruti. Mención aparte merece el singular aventurero André Malraux, buen novelista malmetido a estratega del combate aéreo y que hizo de su capa un sayo mientras estuvo en España.

Pero el grueso de la tropa extranjera se encuadró en las BBII. Según un antiguo brigadista llamado Andreu Castells, ya hubo en julio reuniones de la Komintern y de su brazo sindical la Profintern, concretamente los días 21 y 26 de julio en Praga, cuando estaba recién planteada la guerra civil. Posiblemente no fuesen más que tanteos, pero ya el 3 de agosto la Komintern decide organizar la arribada de voluntarios. El 5 del mismo mes llega a España el bávaro Hans Beimler, veterano de la Gran Guerra y miembro del PC alemán, que había logrado escapar de Dachau. Rápidamente Beimler se dedica a organizar una columna, el Batallón Thaelmann, en honor del famoso comunista alemán -coincidieron en el tiempo dos columnas con el mismo nombre-, y la adscribió al PSUC, partido comunista catalán federado al PCE. Beimler encontraría la muerte en Madrid finalizando 1936, generándose con posterioridad un notable culto a su personalidad sobre todo en la RDA. Y ya el 7 de agosto el PC alemán realiza un llamamiento generalizado a "antifascistas que tengan experiencia militar". El proceso comienza a acelerarse.

El 27 de agosto llega a Madrid el embajador soviético Marcel Rosenberg con varios objetivos. Uno es vehicular el comercio armamentístico entre la República y la Urss. Otro es el de organizar institucionalmente las BBII, darles un empaque de ejército serio, bien organizado y prestigioso -una de las maneras de adquirir prestigio será el de postular a las BBII como fuerza de choque, lo que solía garantizar bajas más elevadas que las de otras unidades-, bajo un estricto control comunista. Y por último mangonear e influir en España, algo que le granjeó antipatías. Al año siguiente fue requerido a Moscú y su apellido se unió a la lista de apellidos judíos de las víctimas de purgas ideológicas stalinianas de la época.

El reclutamiento como tal de las BBII se produjo básicamente en París, en la calle Lafayette -aunque hay que citar otras ciudades como Marsella, Lille y Orán como puntos significativos a la hora de reclutar brigadistas-, y la orden oficial de la Komintern de reclutar a obreros antifascistas, haciendo siempre hincapié en que mejor con experiencia militar, se puede datar el 18 de septiembre. La Komintern, la Profintern y grupos como los Amigos de la Unión Soviética, los laboristas independientes británicos, la CGT francesa o el Socorro Rojo Internacional organizaron redes de afluencia de voluntarios desde todas partes de Europa, aunque no sólo vinieron europeos. El bastante misterioso PC useño lo hizo a su aire, partiendo el primer contingente desde Nueva York en fecha relativamente tardía, el 26 de diciembre -el célebre Batallón Lincoln recibió su bautismo de fuego en la áspera Batalla del Jarama, en febrero de 1937-. El PC argelino organizó la llegada de un contingente significativo de compatriotas, alrededor de 800, que llegaron directamente desde Orán gracias a las gestiones de un miembro del PC francés, Jean Chaintron, embarcados en un buque de la Transmediterránea. 

Singular fue el camino de los voluntarios de la Europa oriental. Para evitar el tránsito por zonas de influencia del Tercer Reich, dieron un rodeo por Yugoslavia para luego embarcar y cruzar el Mediterráneo. En alguna isla griega camuflaban el barco haciéndolo pasar por embarcación de recreo, con algunos voluntarios paseando por cubierta vestidos de turistas -sic-, para evitar encontronazos indeseados o denuncias de intervencionismo. En la organización de esa ruta humana se destacó un personaje realmente escurridizo y peculiar, Josip Broz Tito. Hijo de croata y de eslovena, y con la friolera de catorce hermanos, Tito no se mostró demasiado bolchevique alistándose en el ejército austrohúngaro, donde destacó como excelente esgrimista. Hecho prisionero por los rusos, tras el armisticio en el Este se hizo comunista, lo que le llevó a combatir contra antiguos compañeros de armas y de cautiverio, que se habían agrupado en la Legión Checa. Su iniciativa le hizo escalar puestos y ser encargado por la oficina de reclutamiento parisina de algo menos de 2000 yugoslavos, entre los que hay que destacar varios cientos de emigrantes en terceros países. 

Toda la organización estaba supervisada por Georgi Dimitrov, secretario de la Komintern. El otro personaje clave era Walter Krivitski -de origen judío, apellidado Ginsberg-, quien desde La Haya controlaba y movía todas las redes soviéticas de inteligencia en la Europa occidental. Krivitski y su estrecho colaborador Ignace Reiss -también de origen judío- se enteraron de las purgas estalinianas, que se cebaban particularmente en los comunistas hebreos. Reiss se borró del sovietismo, siendo asesinado poco tiempo después. Krivitski puso tierra de por medio exiliándose en Usa y denunciando por escrito los planes y las atrocidades de Stalin, lo que puso de los nervios a los progresistas useños, para muchos de los cuales el bigotudo georgiano era una especie de epifanía divina.

Bajo Dimitrov se encontraban personajes importantes, cuya función parecía ser más la de hacer una purga paralela en España que la de ganar la guerra. Palmiro Togliatti, del PC italiano, fue uno de los encargados de mantener la obediencia comunista en las BBII y contribuyó a la caída en desgracia del POUM y de los anarquistas en Cataluña, lo que generó una absurda miniguerra civil en el bando republicano. En eso se aplicaron especilamente el cónsul soviético en Barcelona Antónov-Ovseenko y dos siniestros individuos  llamados Alexander Orlov -en realidad Felbing, de ascendencia judía-, jefe del NKVD en España, enlace directo moscovita y señalado como responsable del martirio de Andreu Nin, y su subordinado Erno Gerö Pedro, también de origen judío, organizador de las checas en la Ciudad Condal. Orlov, sabedor de lo que se estaba cociendo en Moscú y de cómo la gente descendiente de la minoría cultural hebrea se llevaba la peor parte, hizo como Krivitski refugiándose en Usa y publicando con posterioridad una denuncia contra el estalinismo. Por cierto, el croata Tito recibió llamadas del Kremlin para que regresara a la Urss, pero sabedor de que volver a Moscú solía ser malo para la salud, se hizo el loco.

El más célebre de todos, y el de más abolengo revolucionario, fue sin duda el comunista francés André Marty. Hijo de un communard fusilado en 1871, se creó su leyenda personal cuando destinado en el torpedero francés Le Protée de la flota del Mar Negro durante la guerra civil rusa -recordemos que varios países del mundo capitalista apoyaron al bando de los rusos blancos, el famoso "cordón sanitario", y ése fue el caso de Francia-, se amotinó, y trasladado a otro buque de la flota volvió a amotinarse, retrasando así el esfuerzo bélico pro-blanco, lo que le confirió un halo de revolucionario importante. Indultado por un presunto brote de demencia, comenzó a escalar posiciones en el PCF. Ya en el marco de nuestra guerra civil, fue designado inspector general de las BBII, con la colaboración de otros destacados comunistas europeos, como otro francés llamado Vital Gayman Vidal, los italianos Longo, Vittorio o Vidali Carlos Contreras, el alemán Kahle o el polaco Swierczewski Walter. Los reales de las BBII se sentaron el 14 de octubre del 36 en Albacete, ciudad que curiosamente se había alzado contra la República, alzamiento reprimido con brutalidad. Antes la sede se encontraba en la calle madrileña de Francos Rodríguez. Marty se ganó el muy conocido apodo de carnicero de Albacete en varias lenguas.

Las crueldades fueron justificadas por él mismo, a requerimiento del comité central del PCF, dado el contexto con el que se encontró. Las primeras oleadas de brigadistas fueron de bajísima calidad, no sólo por el mal desempeño como combatientes -al fin y al cabo estaban recién llegados a otro país y no eran profesionales- sino porque según el propio Marty entre aquella gente proliferaba de un modo exagerado la criminalidad: asesinatos gratuitos, secuestros, estupro, robos de toda clase y una total anarquía. También Marty apunta que algunos se hicieron espías franquistas, opinión en la que influyó la paranoia stalinista de encontrar espías, "facciosos", trotskistas y saboteadores por doquier. Por eso ordenó unas 500 ejecuciones, una cifra realmente terrible. Otro factor de desintegración moral y disciplinaria fue el impacto de las enfermedades de transmisión sexual, para las que apenas había antibióticos disponibles.

Las oleadas de brigadistas vinieron por tres rutas, básicamente, la de Irún -prontamente cortada por Mola-, la de los pasos pirenaicos catalanes -en la que se encontraron con un inesperado obstáculo en los propios anarquistas, para quienes era obvio que el reclutamiento brigadista era de cuño kominterniano, y que en varias ocasiones impidieron la entrada de contingentes, obligándoles a dar media vuelta- y la marítima, de Marsella hasta Barcelona, Valencia y Alicante. Esta última fue la más fructífera de todas. Y hacia el 25 de octubre de 1936 se constituye la primera BI, la número XI. La comanda un judío alemán de la Bucovina llamado Manfred Stern, Emilio Kléber, que posteriormente sería purgado por el stalinismo -qué sorpresa-, muriendo en el Gulag, incapaz de soportar los trabajos forzados. Se formarían cinco BBII, hasta la número XV, más otras tres brigadas, todas ellas según el esquema organizativo de las brigadas mixtas, y en las que se incardinaban los distintos batallones, agrupados generalmente por nacionalidades. Ya que aparecen a menudo gentes de la minoría judía en este relato, destaquemos que hubo una unidad estrictamente formada por hebreos -al parecer fue idea de los mismos Marty y Longo-, la Compañía Neftalí Botwin, de unos 150 combatientes venidos sobre todo de Polonia y que editaba el que creo que es el único periódico en yiddish que conoció nuestra contienda civil, asimismo llamado Botwin. Hay poca información sobre esta gente. Encuadrados en el Batallón Palafox, fueron prácticamente aniquilados como unidad durante la titánica Batalla del Ebro.

No es mi intención hacer una recensión histórica de las andanzas de las BBII. Lo que interesa es el relato de su conformación, de su origen, de las ideas-fuerza que las vertebraban. Por eso no voy a comentar nada sobre sus acciones de combate. Me atrae más hablar de su naturaleza.

¿Cuántos eran? Las cifras generalmente aceptadas son de alrededor de 35000 efectivos, provenientes de 53 países -de ellos habría unos 9000 franceses, sin duda el contingente nacional más nutrido -la proximidad ayudaba a ello-, unos 3000 italianos y otros 3000 polacos, unos 2300 useños, 2200 alemanes y casi 2000 británicos; hemos citado antes cerca de 2000 yugoslavos-. Hay que añadir algo que mucha gente no sabe, y es que en las BBII, a pesar de su nombre, había combatientes españoles, cuya proporción fue creciendo hasta ser mayoritarios para cuando los voluntarios extranjeros fueron repatriados, proceso que concluyó en el otoño de 1938, quizá esperando que en reciprocidad Franco también hiciese repatriar a los cuarenta mil italianos con los que aún contaba.


Valioso documento gráfico, poco conocido, de los 13 puntos de Negrín, como mínimo dos o tres de ellos políticamente incorrectos hoy en día. El segundo punto -también el undécimo- "obligaba" a prescindir de las BBII.

Algunos autores han apuntado que la cifra de efectivos de las BBII fue mucho más alta, quizá frisando los 100000, basándose para afirmarlo en los números correlativos de carnés de brigadistas, que se acercan a esa cifra. Teóricamente, en el Ejército Popular se llevaba una correlación rígida a la hora de enumerar, de modo si algo llevaba un número 50, por ejemplo una 50ª compañía, era seguro que existían unas 49 previas. Con todo, esa cifra final parece demasiado grande, aunque hay que contar enlaces, sanitarios, asesores, intendentes, burócratas, etc, que no combatían.

Las BBII, vistas con la que perspectiva que da el paso del tiempo, deben ser consideradas "una fuerza soviética en España", como las llamó un respetado especialista, David T. Cattell. Ésa es su naturaleza, en cuanto a organización, encuadramiento e intenciones. Eso sí, hay que puntualizar que lo dicho no significaba que el cien por cien de los brigadistas fuesen de militancia o de ideario comunista. En realidad entre ellos había notable variedad. El carácter "antifascista" era lo que les homologaba. Una anécdota interesante dice que Negrín sopesó la idea de convencer a contingentes marroquíes del protectorado español, prometiéndoles la independencia una vez concluida la guerra; desde París al parecer se le dio el toque de que ni se le ocurriese, pues ello podría desestabilizar el protectorado francés.

Ahora no recuerdó quién les llamó por primera vez "hijos de la crisis". Eso fueron. Hablamos de una gran masa de mano de obra que el atascado engranaje industrial europeo occidental, gripado por la depresión, no podía hacer funcionar, y que marcharon a ese frente abierto en el sur continental dispuestos a insertarse en otro engranaje que prometía un mundo nuevo. No podemos entenderlo desde la mentalidad californizada de Occidente, según la cual el mundo nuevo se puede comprar. La Komintern quería que transmitieran una imagen de gallardía, de pureza, de autodisciplina, de solidaridad en la lucha. Por eso tantas veces fueron fuerza de avanzadilla, de choque, para dar ejemplo. Si las primeras remesas de brigadistas fueron lamentables, poco después ya eran combatientes muy dignos. Además se acostumbraron psicológicamente mejor al frente que los españoles, pues éstos venían mayoritariamente del medio rural y aquéllos estaban hechos al ruido, al manejo de maquinaria fabril y a la omnipresencia del cemento y del metal.

Hasta aquí, la realidad de la forja de las BBII. Hablemos ahora de la leyenda.



Aquél fue un tiempo florido para el propagandismo. Un brillante ejemplo obra del gran cartelista Renau.


La propaganda en general afirmaba -y sigue afirmando: el progresismo ambiental de nuestra época es un residuo muy persistente de tiempos pasados- que los brigadistas eran "espontáneos, demócratas y antifascistas". El brigadista inglés Esmond Romilly, sobrino político de Churchill y después casado con una de las irrepetibles hermanas Mitford, afirmó que estaba prohibido dar vivas al Soviet para no levantar la perdiz de que el brigadismo era básicamente una tramoya de la Komintern y del Kremlin. Buena parte de los brigadistas eran obreros manuales de las fábricas de la época, es decir, pertenecían a un sector muy machacado por el paro que la Gran Depresión había generado, y que veían en España una oportunidad de probar fortuna, empezar otra vida y sentirse unidos a una empresa que según la propaganda soviética no quebraría jamás. Ese factor psicológico fue sin duda esencial. Esa misma propaganda insistió en el carácter intelectual de la mayor parte de los brigadistas, algo así como si en las BBII se hubiera reunido la flor y nata de los gafapastas europeos, algo lisa y llanamente falso. Los autores ingleses hicieron mucho por cultivar esa mítica intelectualista -así Hugh Thomas en su lejano monográfico sobre nuestra guerra, trufado de poemas de brigadistas de lengua inglesa-, algo que no es de extrañar dado cierto paternalismo anglosajón hacia lo ibérico -recuérdense los libros de viajes del siglo XIX- y el interés en presentar la guerra española como antesala de una muy probable conflagración europea -la polémica sobre Guernica fue alimentada por ingleses próximos al partido tory, con el propósito de animar el rearme ante Alemania; el bombardeo de Durango fue también espuriamente atribuido a la Legión Cóndor por algunos de estos propagandistas-. Sin embargo, seguramente el 80% de los brigadistas ingleses eran obreros manuales, la mayoría parados, lo que no es ningún desdoro. Os lo dice un obrero manual.

Presentar a las BBII como "un ejército de intelectuales" no tiene ningún sentido, salvo que se quiera hacer propaganda. Quizá el más destacado haya sido Gustav Regler, comisario de la XII Brigada, que recreó sus vivencias en una novela de gran predicamento crítico, Das grosse Beispiel (1940), que no he leído aunque tengo entendido que hace poco ha sido traducida al castellano como La gran cruzada. Sin embargo ni Malraux ni Hemingway ni Arthur Koestler, ni el católico Bernanos, ni Orwell estuvieron -que recuerde- en las BBII, y aquí sí estamos hablando de intelectuales de mucho interés, alguno imprescindible.

La espontaneidad corresponde al espíritu de cada brigadista, que se dirigió libremente hacia España, si bien recordemos que la situación de desempleo y de persecución ideológica -unida a, seguramente en algunos casos, el enfado con el propio país de origen, demasiado "aburguesado" en contraste con la revolución española en curso- pesó en el ánimo de muchos de ellos. Pero una cosa es que espontáneamente mucha gente quisiera jugarse el pellejo en un frente lejano por las motivaciones personales que fuesen, y otra es que la organización de todo ese flujo y su posterior encuadramiento fuesen también espontáneos. No lo fueron. Se trató de una operación orquestada desde la Komintern y organismos adyacentes, con Moscú al fondo. Considero que eso ha quedado claro. Por otra parte, es cierto que solamente una parte de los brigadistas era efectivamente comunista. Pero eran comunistas la amplia mayoría de los mandos.

Las BBII eran obviamente antifascistas, pero no se puede decir que fuesen democráticas, de igual manera que no lo eran sus alentadores prosoviéticos. Un brigadista useño de origen húngaro, Sandor Voros, afirmaba que el PC de Usa no veía en la guerra española una lucha entre democracia y reacción sino simplemente el enfrentamiento de dos formas de capitalismo. A buen seguro eso influyó en la relativa tardanza de los brigadistas useños en arribar a España. La lectura de la guerra no era democrática -ni "progre" del año 2014- ni nada así para los responsables de la idea, de los cuadros, de los centros y de la canalización de voluntarios, de asesores y de logística.

Otro exponente legendario fue el de que las BBII fueron recibidas con los brazos abiertos, con júbilo, porque eran combatientes por la libertad. No eran combatientes por la libertad; pero además tampoco experimentaron ese júbilo por parte de los anfitriones españoles, a quien nadie había avisado. De hecho a Largo Caballero, presidente del gobierno desde principios de septiembre del 36, no le hacía ninguna gracia tener esa fuerza de intervención que tenía todas las trazas de ser un tentáculo moscovita con todo lo que eso suponía de intervencionismo y de monitorización ideológica de media nación. Pero eran momentos en que el Ejército de África quemaba etapas rápidamente hacia Madrid y la situación de la República no pintaba bien, de modo que no era cuestión de rechazar una ayuda militar. En cuanto a la población nacional, el comportamiento asilvestrado de buena parte de los primeros voluntarios les dejó una huella anímica muy traumática. Es más, ni siquiera las BBII colaboraban de buen grado con el resto del esfuerzo bélico republicano.

Los citados Walter y Voros lo destacaron en numerosas ocasiones. Los mandos brigadistas no se molestaban en aprender castellano, recurriendo a traductores, con lo lioso y poco práctico que resultaba eso en el frente. Casi toda la oficialidad era extranjera. Demasiado a menudo no compartían medios con las tropas españolas, ni siquiera de botiquín. La unidad sanitaria de Albacete se ocupaba solamente de extranjeros. Walter afirmaba no recordar ni un solo proceso de deserción si se trataba de extranjeros -y eso que en el mitificado Batallón Lincoln hubo como unas 120-. Entre los propios brigadistas no eran raros los roces y los brotes de antisemitismo. Los oficiales extranjeros desoían las indicaciones del mando español, hacían la guerra por su cuenta, se daban aires absurdos y confiaban básicamente en la práctica del terror.

Por lógica, los mandos españoles tenían una jerarquía superior a los cuadros soviéticos de las BBII, pero lo habitual en éstos fue el de tomar decisiones por su cuenta e ir por libre. Yákov Smushkiévich Douglas, jefe de la aviación soviética en el bando republicano, no atendía las indicaciones de Hidalgo de Cisneros y sólo reconocía como superior a Indalecio Prieto, ministro del Aire por entonces, pero aún así ese reconocimiento era más teórico que real. Con todo, el mejor ejemplo de fantasma fue el de Maté Zalka Lúkacs, judío húngaro que había servido en el ejército austrohúngaro durante la Gran Guerra, que en la nuestra comandaba la XII Brigada y que parece ser que pensaba terminar la guerra él solito. Tan a su bola iba que durante la Batalla de Guadalajara en marzo de 1937 desesperaba a Miaja porque hacía estrictamente lo que le daba la gana. Destinado a Valencia, se le envió de nuevo al frente, esta vez el de Aragón, donde perdería la vida en un ataque artillero.

Y como es acostumbrado en todos los procesos históricos mínimamente complejos, éstos se vuelven contradictorios y algo erráticos. La Urss poco dada a exportar la revolución organiza toda una red para exportarla, y mientras condena el cosmopolitismo de fronteras adentro no tiene problema en imponer la estrella de tres puntas internacionalista en su invento de las BBII como si fuese la divisa de una ganadería. Por otra parte, la propaganda más intensa dirigida hacia los brigadistas, y en buena medida la que loa al bando republicano, vendrá del mundo anglosajón. Los intelectuales británicos y useños serán fundamentales para glorificar el espacio mitificado del Jarama, los olivares donde la juventud europea arriesgó y en parte perdió la vida. También lo serían en el caso de Guernica -gracias sobre todo a G. L. Steer-, en el de las matanzas de Badajoz -ampliadas de un modo absurdamente novelesco por el useño Jay Allen en el momento en que empezaban las sacas de presos en Madrid-, o en general de todo el conflicto -desde el peculiar Herbert Matthews, uno de los corresponsales más influyentes del siglo, hasta la plétora de hollywoodienses progres que financiaron "Tierra de España" de Joris Ivens-.

Llegados a este punto, ¿qué fueron las BBII? Pues lo dicho desde un principio: una fuerza de intervención e influencia soviética en España, que sirvió para fortalecer las redes de inteligencia y captación kominternianas por toda Europa y focalizando el fin de trayecto en un país donde no se ventilaba el preámbulo de la II Guerra Mundial sino más bien el epílogo algo tardío de la ola guerracivilista y de odio intestino que sacudió Europa desde 1917, cuando la terrible pugna entre los ejércitos rojo y blanco en Rusia, el estallido espartaquista en Alemania, la experiencia bolchevique de Hungría o la breve pero espantosa guerra civil finlandesa, con decenas de miles de muertos por represión o por confinamiento inhumano en campos de concentración.

Para entender la dimensión del intervencionismo, Pavel Sudoplatov -entonces importante agente del NKVD, persona de confianza de Stalin y posteriormente jefe de operaciones especiales de la inteligencia soviética, crucial en las tareas de eliminar a los exiliados Konovalets y Trotsky, así como posteriormente la de robar el "secreto atómico" a Usa- consideraba que España era algo así como un "jardín de infancia", un gran banco de pruebas, una academia de guerra como recordemos que dijo Prieto. Como es obvio, no fue éste el único intervencionismo que hubo en nuestra guerra. Ya no era lo bastante trágico matarse entre compatriotas sino que tuvo que venir gente de fuera para animarnos y azuzarnos más. Pero negar que las BBII eran un tentáculo soviético carece de sentido, a la vista de los hechos.

¿Pervive la leyenda? En realidad hoy en día se hace imposible hacer leyenda de la guerra civil. El franquismo desapareció hace décadas, y el sovietismo se agotó también hace mucho tiempo. Conozco muy pocos films "heroicos" sobre el conflicto desde 1975, básicamente el acercamiento del cine español -muy izquierdista en general, a mi entender- es cínico, como el clásico "La vaquilla" de Berlanga y Azcona, o reivindicativo republicanista. Siempre hay quejas de que en España sólo se hacen pelis de la guerra; sin embargo, de un tiempo a esta parte no se hace casi ninguna, hace no mucho tuvimos el jaleo de "La mula" (2013, anónimo -en realidad Michael Radford-), film maldito que pasó un calvario antes de ser estrenado, con nula repercusión, tal vez debido todo ello a su carácter al parecer apolítico -no la he visto-. Da la sensación de que el pueblo español no es que haya recuperado la memoria de los vencidos republicanos tras mucho tiempo de propaganda franquista, sino que se ha olvidado total y despreocupadamente de lo uno y de lo otro, hasta el punto de que nuestra guerra más terrible es un misterio para quienes nacieron después de abril de 1939. Pero eso es culpa más bien "de la LOGSE". O bien de que el guerracivilismo expresado en libros tuvo una pequeña edad dorada durante el tiempo de Aznar, en que había una pugna entre "progresistas" y  "revisionistas", mientras que las guerras de libros no parecen tener lugar hoy, en tiempos de Internet, TDT, e-books y Rajoy. Fin de la cita.


12 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Viendo el cartel de la olimpiada frustrada, parece que lo de la xenofilia en el izquierdismo español viene de lejos(quizás sea por influencia krausista..).por el contrario en los carteles propagandísticos de la URSS se ven mujeres, hombres y niños de tipo nórdico y eslavo en plan familia obrera y luchadora.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La foto de mi avatar es de mi primo Alfredo... un chaval un poco macarra la verdad...

      Eliminar
    2. Sí jeje, es un cruce entre Fredo Rub-al-Kaaba y el mítico "cani bizco", dos personajes que simbolizan toda una época histórica para Ex-paña.

      Eliminar
  3. Bueno, en el frentepopulismo se cocía de todo y el influjo marxista clásico no tenía aún tanta fuerza, había de todo, progresismo de mil clases, trotskismo, anarquismo, republicanismo, en general ideologías basadas en buenas intenciones fácilmente enunciables y exportables mientras el sovietismo se focalizaba en su país, era más práctico. Significativamente, la calidad estética de ese cartel -muy de catequesis- es bastante miérder en comparación con la de Renau, que está más currada y transmite vigor.

    Lo curioso es que respetasen la cruz de Sant Jordi del escudo. El Barça cuando vende merchandising en países árabes le ha quitado el travesaño horizontal.

    ResponderEliminar
  4. A.J. ¿dónde ves la xenofilia en ese cartel? Si te refieres a la presencia de una figura que podría interpretarse como de raza negra, y descartando que no se trate de un simple recurso gráfico, he de decirte que no tiene nada de raro, ni de xenófilo, que se represente a un negro en un cartel olímpico. Por otra parte, la URSS editó propaganda donde aparecían negros y personas de otras razas. Ya desde la época zarista había minorías negras perfectamente integradas en territorio ruso, sin que hubiese -que yo sepa- ningún movimiento a favor de su segregación.

    La propaganda del bando republicano se caracterizó precisamente por ser bastante xenófoba, con frecuentes llamamientos a exterminar al "invasor extranjero", burlas y desprecios hacia los moros, representados con rasgos negroides. Por no hablar de la legislación eugenésica con tintes raciales aprobada por el ministro de sanidad anarquista, aunque eso ya nos llevaría a a otro terreno.

    ResponderEliminar
  5. ola k asen Es posible que en la psique del autor del cartel se colara la tradición figurativa de los tres Reyes Magos pero sin barba ;-)

    Bueno, estoy convencido de que si las tropas marroquíes hubiesen quedado en el bando republicano, éste las habría empleado a conciencia como fuerza de choque y se habría ahorrado toda referencia propagandística en su contra :-P

    Como curiosidad, el bando republicano tuvo "internacionales" magrebíes, unos 800, venidos directamente de Orán.

    ResponderEliminar
  6. Comentando unas cosillas extra:

    -No estaba pensado como el inicio de una serie dentro del blog, pero si veo que el tema gusta y tal, las míticas "sensaciones" que no sólo tienen los ciclistas y comerciales, creo que estaría bien dedicar futuras entradas a temas de nuestra Guerra Civil en los que al igual que pasa con las BBII hay mucha hojarasca mítico-legendaria y que todavía ahora inspiran imágenes en la mente, pienso en el Alcázar, Guernica, Guadalajara no es Abisinia y otros así, hay más, nuestra guerra por desgracia estuvo surtidilla de movidas.

    -Hoygan, toma serendipia, hoy cae en mis manos un ejemplar añejísimo de Historia 16 del año 1980. Igualito que las revistas de historia de hoy, fijo. Y viene un artículo sobre los polacos en la guerra civil. "Ésta es la mía", pensé, a ver si dicen algo más de esa misteriosa compañía judía Botwin, y sólo hacen una referencia de pasada, aún más sucinta que la que puse yo :-P

    -Por cierto, los polacos insistieron en ponerle Palafox al batallón para así pedir perdón simbólicamente por la presencia de contingentes polacos durante el asedio a la heroica Zaragoza en la Guerra de la Independencia.

    -Los republicanos perdieron la guerra, pero si ésta se hubiera ventilado entre cartelistas la habrían ganado de calle, hicieron verdaderas maravillas de arte propagandístico.

    Salud y paz entre compatriotas.

    ResponderEliminar
  7. Excelente articulo (como todos los que haces), por cierto ¿has pensado en dedicarle un articulo a la División Azul? seria genial para complementar este, ya sabes devolverle la visita a los soviéticos jeje...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola y muchas gracias, Anónimo. Sobre el tema que propones .... reconozco que no me "tira mucho", no porque no lo considere interesante (tengo libros e info sobre el tema) sino porque no sabría darle el toque personal. Además querría dedicarle un par de entradas más a movidas de nuestra guerra civil, una guerra que no se ganó ni se perdió a base de cambiar nombres de calles.

      No suelo tardar tres días en responder, disculpa ;-)

      Eliminar
  8. ¿Crees que las divisiones sociales y el polarizado panorama político pre-Guerra Civil están en condiciones de repetirse en la España actual? Y,por curiosidad, ¿tienes en mente elaborar algún artículo sobre ese período histórico? ¿Qué autores recomendarías para adentrarse en un estudio serio de aquella época? Muchas gracias por tu blog. ¡Un saludo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo eso ya se ha producido. Todas esas divisiones ya se han fomentado y se han logrado, y la polarización es un hecho.

      Sin embargo, no habrá guerra civil. La jefatura de estado me parece firme. Y, aunque pudiera ser vacilante, no estará vacante, que eso es lo peor que podría pasar. Por otra parte, la polarización no es completa. Sólo se ha producido hacia la izquierda. En las derechas hay un magma difuso. Sin polarización simétrica no hay guerra.

      Y la gente no quiere luchar. El podemismo no quiere tomar las calles en batalla campal. Sí podrá tomarlas con pancartas y sabiéndose protegidos por el halo del estado de derecho, para luego contarlo con Iñaki Sáez. Aspiran a cargos, se consideran profesores mal pagados, todo eso. No tienen el músculo revolucionario del bolchevismo de otrora. Asustan por las demenciales medidas económicas que tomarían en caso de detentar el poder, no por su ardor guerrero.

      Sí tengo en mente un par de ensayos sobre octubre de 1934 y el Alcázar de Toledo. Pero ¿cuándo tendré tiempo para redactar? Dios, tengo material para medio centenar de ensayos pero no tengo tiempo.

      Los mejores autores para el período son los desapasionados. ¡Salud!

      Eliminar