domingo, 2 de marzo de 2014

Farmacópolis y la estrategia de Jerjes: nueva visita al tema de las drogas



Nota bene: en ningún momento se hará en este artículo apología de tráfico ilegal de sustancia alguna.



Este texto más bien breve es una ampliación/puntualización respecto de lo ya comentado acerca del prohibicionismo en materia de psicoactivos, visto desde una perspectiva liberal y arqueofuturista según la cual la libertad personal debe ser base de una sociedad sana y que ésta se topará en el futuro con los mismos problemas que tuvo en el pasado, entre ellos la correcta comunión con el entorno, lo que incluye la vegetación y su aprovechamiento.




Cuando hablamos de alcohol y de tabaco, nos estamos refiriendo a dos derivados de origen vegetal ampliamente admitidos por nuestra sociedad. Sólo en los últimos tiempos, cuando sabemos los efectos que producen en la salud y la mala sinergia entre el consumo de alcohol y el manejo de maquinaria, nuestras sociedades han adoptado algunas medidas para restringir su consumo, si bien no han pretendido hacerlo desaparecer, y cuando lo han intentado el resultado ha sido catastrófico. A despecho de los vegetarianos, es obvio que la flora ha desarrollado mucha más toxicidad que la fauna, con lo que la vegetación que (todavía) nos rodea se presenta como un libro misterioso para la mayoría de nosotros, pero dispuesto a ser abierto y entendido por miradas sabias. ¿Hasta qué punto existe una diferencia mensurable entre el remedio y la ponzoña? El término griego phármakon es ambivalente por eso mismo, pues puede significar tanto lo uno como lo otro. Esa ambivalencia quedó recogida en la romana Ley Cornelia, según la cual la problemática no estaba en la sustancia en sí, sino en la dosis empleada.

El Antiguo Egipto se caracterizaba por la horrorosa salud media de su población, incluidos los faraones, así como por el ingenio con que tuvieron que aplicarse al arte de la medicina. De la necesidad hicieron virtud, rastreando en la naturaleza circundante todo aquello que pudiera ser útil como remedio. La adormidera egipcia es a buen seguro de las más acrisoladas del mundo, con un elevado principio activo y un empleo tradicional. El opio extraído de esta herbácea no sólo se hizo famoso en la cultura mediterránea -era un buen alivio de penas como se nos dice en la Odisea- sino que se empleó como fármaco e incluso como somnífero para bebés particularmente llorones. Los egipcios también emplearon profusamente el cáñamo como analgésico (sus vahos adormecían a quien tenía que sufrir una cirugía dental, en la que los médicos egipcios estaban duchos pues pocas civilizaciones tuvieron peor la boca que aquélla) y en ungüentos para toda clase de males, preferentemente inflamaciones, gonorrea y prolapso de útero.

Generalmente tenemos a los egipcios como los más primorosos entre los cultivadores de una saludable relación entre hombre y remedios vegetales, pero sin duda no fueron los únicos. Centrándonos en regiones históricas próximas a nuestra cultura actual, veremos más ejemplos. Uno de los más desconocidos es el de la cultura de los Campos de Urnas, de la que hay datadas agujas con cabeza de adormidera alrededor del 1100 a.C. También aparecen esas cabezas de adormidera en cilindros babilónicos. La cultura sumeria ya hace una referencia escrita a la planta. Los admirados griegos contemplaban sus efectos de un modo enteramente naturalista, que podríamos llamar moderno simplemente. Hay que reseñar que en la Hélade la adormidera era muy apreciada. Simbólicamente representaba a la diosa Démeter y con ella la fecundidad, por lo que abundaba en pequeñas obras de artesanía propiciatorias del embarazo, como diademas, broches, alfileres, engarces, etc. En tiempos romanos, varios emperadores y un sector muy notable de la clase alta consumen opio, habitualmente disuelto en vino tinto. Tanto interés tiene la sociedad romana en el opio que se le llegó a asignar un precio oficial. En general no existe ninguna alarma al respecto en el mundo antiguo, aunque sí conocen los límites del organismo (el opio es también empleado en la elaboración de venenos eutanáticos).

El cáñamo psicoactivo provino de Oriente. La primera noticia innegable de su empleo se encuentra en China, como fibra textil, aproximadamente hace seis milenios. Desde entonces ha realizado una lenta pero segura peregrinación hacia el Próximo Oriente y Nea Talasia atravesando el Turquestán y recalando en India. El cannabis es empleado por brahmanes, escitas, asirios, egipcios, celtas, griegos y romanos. Es interesante el caso celta, pues no sólo tenía un empleo extático y ritual -los druidas disponían de pipas bien cargadas de resina psicoactiva- sino también práctico y comercial, sobre todo manufacturando sogas de cáñamo, muy resistentes a los hongos y muy duraderas, apreciadísimas en todo el mundo antiguo.


El icono comiquero de la saga Halloween parece sugerir que los inocentes productos de la vegetación son una arma de doble filo, remedio y veneno, solución y amenaza.


Para hacernos una idea más completa hay que tener en cuenta además los potingues típicos de las brujas. Obviamente los alucinógenos y extáticos del continente americano nos eran desconocidos, y los hongos visionarios estaban básicamente en manos del chamanismo siberiano. Pero conocíamos la mandrágora, la belladona y el beleño (que incluso bautizó al dios Belenos), propios del continente. Con el tiempo su empleo se convirtió en residual por quienes todavía estaban en el secreto de la vegetación, los brujos y brujas que la Iglesia combatió a fondo.

El asunto de la brujería es de los que más han fascinado a nuestro mundo. La lectura que nos dice que fue el afloramiento de una religiosidad tradicional, vegetal, de terruño, opuesta a la religiosidad oficial y de clase blindada por sus privilegios me parece correcta en líneas generales. Ya el Roman de la Rose afirmaba, alarmado, que un tercio de las mujeres francesas eran brujas, nada menos. La practicante de ritos extáticos se untaba con pomada de planta visionaria determinadas partes de su cuerpo e incluso las paredes de la vagina -habitualmente con el extremo del mango de una escoba-, y tenía visiones que en aquel ámbito cultural necesariamente estaban relacionadas con la presencia de una personificación de la maldad, el Diablo, y con ritos orgiásticos  similares a los practicados por un paganismo muy devaluado y corrupto para cuando comenzó a sufrir persecución cristiana. La aplicación de la madera en el vestíbulo vaginal hacía que el supuesto coito con Satán fuese siempre gélido y escasamente placentero.

El cristianismo europeo oficial perdió la fuerza revolucionaria de los inicios convirtiéndose en un culto que podía ayudar a la vertebración de una sociedad pero que se revelaba despótico y engreído, con el resultado de un apartamiento de la pecaminosa naturaleza y el olvido de los secretos de la vegetación. Todo lo que fuese visionarismo no surgido en el seno de la práctica religiosa respetable se convirtió en pecado. Fue el primer gran prohibicionismo que vivimos, con el corolario de miles de europeos y especialmente europeas víctimas de torturas y ejecuciones, amén de que sirvió para exacerbar los odios vecinales -fuente de la mayoría de las acusaciones de brujería- y desarticular al pueblo llano, no fuera que enfocase su odio hacia las castas que lo mangoneaban. Ese carácter disgregador de la droga prohibida es una constante histórica.

Pero lo que son las cosas, el vino y la cerveza no causaban esas alarmas en las mentes calenturientas de los inquisidores de la época. El alcohol impide el vuelo mental y la visión extática. Es espiritualmente empobrecedor. Pero no pecaminoso en sí. Sin embargo, los antiguos sí recelaban notablemente de las bebidas embriagadoras. Griegos y romanos contemplaban desconfiadamente al vino, lo que fue objeto incluso de disputas filosóficas.

El alcohol está en el meollo de numerosos accidentes de tráfico, pérdidas de empleo, violencia doméstica, peleas absurdas en locales, ruina física, psíquica y económica, etc. Sin embargo, su presencia es continua en nuestra vida sin que nadie parezca alarmarse en exceso. De vez en cuando resurge la polémica del botellón -jovencitos degradando un espacio público pagado por el pueblo trabajador- o se difunden leyendas urbanas absurdas como los tampones embebidos en vodka, pero no pasa de ahí. A lo largo de los siglos ha sido habitual pagar al bracero con bebida, o hacer correr el alcohol entre una masa alterada para manejarla a antojo -así fue la "heroica" toma de la Bastilla-; últimamente parece haberse moderado un poquillo la cosa, la gente ya no desayuna solisombras sino café, aunque en contrapartida las farras juveniles nocturnas parecen ir a peor con cada año que pasa. Con todo, sinceramente, ¿existe alguna psicosis social acerca del alcoholismo? Si es lugar común, y en buena medida cierto, que la heroína -ilegal y adulterada- desarticuló a toda una generación de jóvenes europeos entre los años 70 y 80, ¿a cuántas generaciones ha desarticulado el alcohol? Pero nadie pide su erradicación.

Aquí se produce uno de esos típicos fenómenos curiosos que tanto me gustan. La gente que dice que prohibir el alcohol provocaría un efecto rebote como lo provocó durante la Ley Seca useña es la misma que no se plantea que la prohibición de las drogas pecaminosas está hoy provocando su propio efecto rebote, pero ampliado y mundializado. ¿Qué pasa, que somos tan linces para extraer conclusiones del período entreguerras de Usa pero no las extraemos de la actualidad española, europea, occidental y mundial? ¿Es que necesitamos que un período histórico quede cerrado y acotado para atrevernos a aprender de él? También se dice que el alcohol en sí no es malo, pero se ha de consumir "con cabeza". Bien, ¿y por qué no se aplica el mismo criterio para las drogas pecaminosas?


 El mundo anglosajón personificó el cereal fermentado, y después el mismo alcohol, como John Barleycorn, protagonista de una lejana balada inglesa versionada mil veces, incluso por grupos de la era hippy como Fairport Convention o Steeleye Span. Esta  versión abreviada, tosca como la homebrew, me gusta más.


Una serie de factores han hecho de la autocontención personal una especie de reliquia calvinista, pero hay que destacar dos: las ideologías blandiprogres que intentan igualarnos por lo bajo al resultar imposible hacerlo en las virtudes, y el Estado-beneficencia mamá Pato que alienta la irresponsabilidad personal. En esto, alcohol a partir de determinadas dosis y autocontención son enemigos irreconciliables. ¿Nadie ha pensado que pudiera haber relación entre que nuestros jóvenes se emborrachan y tienen sexo a edades cada vez más tempranas?

La génesis del prohibicionismo ya ha sido vista con anterioridad. Es innegable que procede de un reaccionarismo antiliberal galopante, que considera al ciudadano como un bebé perpetuo al que una solícita casta de arcangélicos y desinteresados benefactores públicos atienden amorosamente. Pero también procede del desconocimiento o del olvido de nuestra historia. Las drogas pecaminosas siempre han estado ahí, forman parte del diálogo que la Naturaleza quiere establecer con nosotros. Y como es acostumbrado que ocurra, darle la espalda a la Naturaleza es un acto de estúpida soberbia que siempre se paga.

Hoy en día vivimos lo que el estudioso del tema Antonio Escohotado califica como la Era del Sucedáneo, pues en los tiempos presentes la gente se droga con profusión pero con sustitutivos de los recursos vegetales de otro tiempo. Va por oleadas, como todo negocio absurdo. Las drogas van y vienen. Tenemos una sociedad occidental alcoholizada, pero hubo sociedades anfetaminizadas -la Usa obesa y a dieta de hambre en los 70, o el Japón en guerra de los 40-, heroinizadas -la RFA setentera y ochentera- y cocainizadas -nuestra España antes de la crisis-. Los negocios: es lo que tienen. Y el tráfico de sustancias ilegales sigue un patrón.


Christiane, Natja, Bowie, Berlín, jaco, prostitución y muerte. Fotograma de "Yo, Cristina F." (1981, Uli Edel).

El vendedor encuentra compradores. Pero ya han dicho siempre las abuelas que los vicios son caros, y el comprador debe costearse ese género tan prohibitivo. Tiene tres opciones: o atraca, o se prostituye, o se convierte en vendedor. Ese vendedor encuentra compradores que tendrán esas mismas tres opciones. La tercera, como buen sistema piramidal, llegará a quebrar pues en un determinado momento no habrá compradores que consigan vender. Entonces el tráfico en sí se deprime, pero eso no importa porque si el primer vendedor, el del vértice superior de la pirámide, es avispado hará de quienes eligieron las otras opciones (atraco y prostitución) su negocio alternativo, haciendo que entre las pandas de tironeros y los clubes de alterne siga rulando su mercancía, manteniendo al personal bajo su control. Las tres opciones tienen un alto coste humano, sin duda, pero también económico: el atraco confisca poder adquisitivo a cambio de nada, la prostitución es una entrega pacífica de poder adquisitivo a cambio de un acto sexual que será muy importante para el cliente pero que a fin de cuentas tampoco es nada pues no genera riqueza, y el menudeo camellil neutraliza a un sector de población activa que sería muy útil ganándose la vida de otra manera.

Y la aparición de esa pirámide ha sido suscitada por el sistema prohibicionista actual. Antes no existía. Es habitual que cuando una conversación deriva a este tema los partidarios de mantener el prohibicionismo siempre hacen la misma pregunta: "¿te imaginas qué pasaría si la gente pudiera comprar drogas a buen precio en la farmacia de la esquina?" Y yo siempre respondo: "sí, pasaría lo mismo que en el siglo XIX". Es decir, muy poquita cosa. Las drogas sólo dieron un problema serio a un país, y fue la China de la dinastía manchú, a causa de la prohibición sobre el opio. Y no se olvide otro aspecto: el psicológico que nos lleva a sentir una curiosidad imbatible por las drogas pecaminosas que prometen placeres sin cuento y un estilo de vida alternativo asociado a la euforia perpetua y la despreocupación.

El cambio de paradigma dentro del sistema parece haberse asentado. Mientras en los ochenta la Eta emprendía una cruzada contra el tráfico de caballo -que arrancó con una bomba en un pub donostiarra en abril de 1980 y costaría una veintena larga de muertes- sin preocuparse gran cosa por el alcoholismo, en los noventa la gente en general era ya mucho más permisiva con el porro y comenzaba a triunfar la cocaína, droga que hasta un par de décadas antes estaba asociada minoritariamente al mundo bohemio-artístico y al cruising elitista pero que en tiempos del Tratado de Maastricht, el Nuevo Orden poscomunista, el tecno alemán (que contribuyó también a expandir las drogas-cristal) y el aznarismo simbolizaba la nueva España veloz, motorizada, modernísima y convergente con Europa, aparte de que su consumo era compatible con el trasiego de alcohol.

Hoy Ex-paña es uno de los líderes europeos en consumo de cannabis -sólo superada por Francia y curiosamente Polonia- y coca -tras Reino Unido-, si bien con unos números algo más bajos que en su cenit, que como supondréis fue en 2008, al arranque de la crisis. Si para que el problema de determinados consumos se alivie muy ligeramente es necesario meter al país en recesión, apaga y vámonos. Menos mal que no tenemos los problemas que tienen en América con el narco; aun así, nos llega ya con lo nuestro. 


Imagen: FOX. Uno de los mejores capítulos de la mítica serie californista fue sin duda aquel en que Bart se volvía adicto al Focusyn.

¿Qué consideraciones se pueden extraer de este tema? Veamos:

-Antes de la prohibición no había mafias. Los precios de las sustancias eran razonables. La prohibición convierte lo prohibido en un verdadero tesoro por el que se estafa, se engaña, se mata, se violan fronteras y casi cualquier cosa.

-Antes de la prohibición no tenía sentido delinquir para pagarse esos vicios. De hecho, hoy en día dudo que alguien dé un tirón o pegue un palo para pagarse un brik de peleón del súper. Tarda menos pidiendo a la puerta. Es más, incluso dentro de las drogas pecaminosas,  ¿cuántos casos conocéis de atracos para financiarse un canuto de maría?

-Antes de la prohibición vender una sustancia adulterada con aditivos de similar textura y color para ahorrar materia prima salía muy caro. Los babilonios se cargaban a quien aguaba el vino. Hoy es realmente difícil encontrar un gramo de coca que sea coca en más de un 20%. ¿Alguna cadena de alimentación vende chuleta de cerdo que sea sólo en un 20% chuleta de cerdo y el resto sea paracetamol, bicarbonato, mondas de queso, lactosa, yeso y similares?

-La prohibición ha generado por efecto rebote un engrosamiento sideral del sector farmacológico, algo teóricamente innecesario en el nuevo mundo sano y desdrogainizado. Y ya veis, Occidente es hoy Farmacópolis.

-El mundo vegetal que era un regalo divino para nosotros ha sido condenado por nuestra sociedad. Esa sociedad constituida en ciudades vive de espaldas al campo. Pero no se conforma con eso. Para dar de comer a toda esa gente ciudadana el campo es arrasado y las especies vegetales autóctonas despiadadamente erradicadas para plantar cereal allí donde hubo una rica variedad de flora.

-La idea de cultura ha sido con ello desvirtuada. Se entiende por cultura únicamente la urbana. Es considerado más culto quien se ha leído La conjura de los necios o sabe escribir correctamente "Vasili Kandinski" que quien conoce los nombres y las propiedades de las plantas que se encuentra mientras hace senderismo.

-La guerra contra la droga no se puede vencer. Ya van demasiados ejemplos. Lo mejor es la estrategia sagaz, lo que haría un Sun Tzu. Y lo que hizo la emperatriz Cixí o Tsehu-hi, quien en 1880 legalizó el opio en China: el tremendo negocio para la East India Company que había provocado dos Guerras del Opio desapareció en un suspiro. Pero claro, ¿para qué sirve conocer la historia? No es esencial en el mundo mecanizado y burocratizado de hoy.

-Llamo estrategia de Jerjes a la tendencia que tiene un Estado a fiarse de sus teóricamente inagotables recursos humanos, logísticos y económicos para conjurar un problema a base de volcar sobre él toda esa potencia, en vez de buscar una solución más sabia, distinta de la confrontación directa. La llamo así por la Segunda Guerra Médica, en que un Jerjes arrogante con un ejército inmenso fue vencido por tropas griegas mucho menores en número pero galvanizadas y duras como el diamante. Un Jerjes actual puede derrochar sobre un problema todo lo que tiene, sus súbditos, el dinero que le quita a esos súbditos, los recursos de sus tierras, lo que sea, todo lo suyo y lo ajeno, emperrado en un combate contra un enemigo realmente jodido e irreductible. El tráfico de drogas es irreductible.

Y aunque no lo fuese, siempre puede volver a empezar. Si un país sigue enfrascado en una guerra total -guerra que suele llevar aparejado un profundo deterioro de la libertad personal, de la seguridad jurídica y de la paz social, amén de un gasto astronómico-, puede que la gane. Pero temporalmente. Al día siguiente de la paz estatista el negocio de la droga podría volver a arrancar, porque contaría con los mismos ingredientes para reconstruir su extraordinario poder y los tentáculos que de él emergen: corrupción política, redes de prostitución, tráfico de armas, inmigración ilegal por oleadas y quebranto de generaciones enteras de jóvenes. La omnipotencia estatal es un espejismo.

¿No existe alternativa?

Pensémoslo.


13 comentarios:

  1. Si estando prohibida la droga, España es de los líderes mundiales en consumo, si la legalizaran dudo mucho que aumentase el problema, seguramente se mantendría igual con la ventaja de un aumento de ingresos para el estado.


    Erradicar un fenómeno al 100% es casi imposible, y más cuando hablamos de países grandes y geográficamente conectados, pero reducir el problema al mínimo no es nada difícil, eso si, pasándose los dichosos derechos humanos por la entrepierna a lo Charles Bronson (narco que se pillase ,pena capital, y cadena perpetua para trapicheros de poca monta) . Ésto no acabaría con la droga, pero reduciría bastante su popularidad.


    Al putrefacto estado democrático occidental actual le interesa que la droga sea ilegal, pero a su vez no luchar realmente contra el problema salvo puntualmente.
    Mantener en la ilegalidad una sustancia aumenta el precio y el negocio, y en España(en mi ciudad mismamente) la policía sabe perfectamente donde se distribuye droga y no hacen nada, incluso por informaciones de primera mano sé que hay incluso comisiones por hacer la vista gorda. Con los encargados políticos supongo que pasará igual.
    Que nadie se engañe, España no es México o Colombia, pero aquí hay policía corrupta ,y me parece que bastante más de la que creemos...
    Por otro lado la doble moral y la permisividad para que abunde la narcosis social tampoco es una idea descabellada.

    Con esto pasa lo mismo que con la inmigración masiva: ¿Alguien puede pensar que en 12 años entran 8 millones de tíos por aeropuerto , tren y carretera sin que al poder le interese?
    La Policía no es tonta, pero se lo hace.

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  2. Yo he creído siempre en todo esto que expones, influido por mis lecturas de Escohotado, pero últimamente soy algo escéptico y contemplo a ese escritor como un gran embaucador nietzscheano.

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  3. Por cierto, se agradece enormemente que hayas quitado los "captchas". Mediante esos "captchas", Google nos utiliza como mano de obra gratuita para GoogleMaps y otros proyectos con los que construye día a día su imperio mundial californiano.

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  4. ola k asen hamijos

    F., en este tema realmente Escohotado es autoridad total, su historia de las drogas es una enciclopedia oceánica. Más allá del tema, no me resulta tan interesante. Con todo, también es admirador de Thomas Jefferson.

    A.J, me temo que el método Bronson ya se ha aplicado, lo hizo Calderón en México, costó más de cien mil vidas y ahora los narcos han penetrado en todo el continente hacia abajo. Además han abierto una gran industria de drogas sintéticas, como si no bastase con las vegetales.

    Un narco que no tiene miedo de que le troceen sicarios rivales con una motosierra mientras es grabado no tendrá miedo de las fuerzas del orden. Con Mëxico pasó igual que con Italia en los ochenta y Colombia en los noventa, que la mafia no se arrugó y aplicó tácticas terroristas. Y conforme pasan las décadas cada vez esas tácticas son más amplias y abarcan más territorio. Eso sin contar con el factor corrupción.

    España tiene relativa "suerte", lo digo irónicamente. A pesar de que vivimos en una gangrena moral atroz, el alcohol está tan extendido en nuestras costumbres que apenas deja sitio para muchas otras sustancias, sólo las compatibles.

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  5. hola hombre lupa, muy bueno el artículo; aquí en argentina hay un avance muy grande del narco, dado la proximidad con bolivia (coca) y paraguay (marihuana). Hay muchas muertes entre las bandas narcos por territorio y las policías provinciales están totalmente infiltradas por la corrupción. Vos decís que allá no hay delito por dosis de droga, pero acá los muchachitos consumen algo llamado paco, el acrónimo de pasta base de cocaína; y es letal, salen a matar, a lo que sea por eso. En la ciudad del rosario, una de las más importantes de nuestro país, a un barrio lo han bautizado la ´pequeña medellín'. Coincido con vos en que el problema de las drogas se reduce a educar para la libertad, y a ser responsables con ella. Acá estamos mirando lo de uruguay con la marihuana, y cada vez se alzan más voces pidiendo la despenalización; pero los gringos presionan mucho, en esto no son liberales. Saludos

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  6. Hola. No me extraña que Usa no esté por la labor de despenalizar, porque así conserva casi intacto su poder de influencia sobre la mayoría de países. Ellos saben de sobra que la prohibición es un dislate, lo sabe todo el mundo de siempre, pero no van a renunciar a toda su red de inteligencia e intervención.

    Lo del paco es escalofriante, un libro muy bueno publicado en España hace dos años, "La solución" de Araceli Manjón, le dedica un capítulo. Y es verdad que Argentina -por su notable población, su geografía y sus lazos internacionales- es sin duda uno de los grandes objetivos de la agenda narco. Para ellos Venezuela es un fruto que está más "maduro" (nunca mejor dicho) y Brasil es la gran consumidora, pero también van a ir a por vosotros. De ahí la importancia del experimento uruguayo para poner las cosas en perspectiva. Un saludo.

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  7. Yo no puedo estar de acuerdo con vosotros en este tema. Estáis pasando por alto un factor muy importante: el psicocultural. La prohibición de las drogas no solo tiene el efecto de poder dificultar su comercio, es que además crea un rechazo psicológico en la población.

    Las drogas más consumidas son el acohol y el tabaco. Sabemos que matan (sobre todo el tabaco) pero ahí se siguen consumiendo y entre las mujeres cada vez más. cuando una droga se prohibe se crea un tabú sobre su consumo. Empieza a ser considerado algo underground, como algo que tienes que esconderte para hacerlo. Y salvo unos cuantos marginales, la mayoría de la población adquiere rechazo psicológico y no la va a querer consumir, o por lo menos lo hará menos que las otras incluso aunque esté disponible. En cambio cuando se legaliza, se pierde ese tabú y la gente aunque sepa que es mala, al no haber tabú ya no le tienen miedo. No hay miedo a perder la salud, hay miedo al tabú. El tabaco está dicho por activa y por pasiva que mata y ahí lo tenéis. Y el caso es que desde que se prohibió fumar en los bares ahora se hace un poco menos.

    ¿Dónde se cunsume más cannabis en Europa? Pues lógicamente en Holanda, el país más permisivo.

    Si, vale. Ya se que en España hay consumidores de coca a patadas. Pero si se legalizase seguro que habría el triple.

    Por lo tanto el mejor argumento para mantener su ilegalidad no es el policial, es el psicológico.

    Saludos.

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  8. No estoy muy convencido de lo que dices ;-) aunque te agradezco que lo hayas aportado al debate. Si fuera como dices, antes de la prohibición habría colas y altísimo grado de drogadicción (con alcaloides más puros, sin adulterar, y un precio bajo) en las droguerías, y no había nada de eso. Y durante la prohibición del alcohol durante la Ley Seca el tabú habría erradicado su consumo, pero no ocurrió así.

    Yo lo veo de otra manera: la prohibición no crea tabú sino que es el tabú el que lleva a la prohibición. Ejemplo: el tabú anti-aquelarre llevó a poner fuera de circulación cualquier práctica o ungüento con alucinógenos. El tabú anti-mexicanos contribuyó a prohibir la marihuana (se decía, para conseguir aterrorizar al pueblo, que los mexicanos violaban useñas tras haberse inyectado (sic) maría, y que su consumo provoca agresividad animalesca). La leyenda urbana de que el consumo de coca-cola cuando aún tenía coca hacía que los negros violasen blancas ayudó a la prohibición de ese otro alcaloide. El tabú antipapista llevó a la Ley Seca, pues así jodían a los irlandeses e italianos, en cuyas ceremonias religiosas se empleaba vino (luego a aquellos WASP aprendices de brujo les dio un síncope al ver que también se prohibían la cerveza, el whisky y todo lo que tuviera alcohol, mientras que el vino para las misas era permitido).

    De todas maneras, lo de poner toda la drogaína a plena disposición de la noche a la mañana en las farmacias, y a un precio muy reducido, sería una medida de choque muy radical. Habría que ir haciéndolo con prudencia, poco a poco, que el pueblo actual es muy poco dado a la autocontención, primero con el cannabis por ejemplo. El cáñamo tiene un impresionante aprovechamiento industrial, así que no es sólo hacer unas risas. Y supondría una gran mejora de la moralidad social: es ultrajante que el Rajoy de turno meta el hocico en tu propiedad por ver si tienes una plantita de ésas, es algo impresentable.

    Poco a poco se iría abriendo la mano, abaratando precios y tal. Y con esa gradual transición los desesperados narcos, gángsters y mafiosos tendrían tiempo para cambiar de actividad, poniéndose a trabajar como la gente normal y no trapicheando, asesinando, secuestrando, proxenetizando, adulterando, corrompiendo y extorsionando a inmigrantes ilegales.

    ¡Salud!

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  9. (continuando)

    Soy consciente de que las cosas están mal, y que una opción liberal es muy difícil hoy en día. La irresponsabilidad se ha socializado de tal manera que una legalización de golpe exhibiría unos números tremendos los primeros años. Por eso creo que una legalización paulatina -primero el cáñamo- vendría bien para acostumbrarnos. Se dirá que fumar porros no hace bien y que su exceso es perjudicial. Prohíbase el azúcar, cuyo exceso es malo. Nueve de cada diez dentistas recomiendan un chicle sin azúcar: es que es malo. Pero no se prohíbe. El exceso de salsas sienta mal: no se prohíbe. Sobreentrenar es malo: no se prohíbe. Caerse redondo de tanto beber, potar la cena ahí donde te pille la arcada, etc etc, como mucho te multarán por ser un guarreras, y dudo mucho que haya casos.

    El urbanita de hoy trabaja un número de horas que aterrorizaría al "atrasado" cromañón, se atrofia viendo la tele, paga impuestos, se cruza con miles de rostros extraños cada día, cierra con llave la puerta al salir de su piso-litera donde vive bajo desconocidos y sobre desconocidos, tiene cuidado de que no le pille un coche, y puede beber y beber para soportar un desengaño, un problema laboral o la simple desidia de vivir. Eso puede hacerlo. Hay dos cosas que según Mamá Pato no puede hacer el urbanita: meterse drogas no-alcohólicas y poseer armas de autodefensa (ésas sólo las tienen, listos para emplearlas, los traficantes de esas drogas y los consumidores desesperados y empobrecidos).

    Hay que enseñar un poco de responsabilidad. ¿Que si es legal y alguno con el cerebro vacío se dedica el resto de su vida a visitar la farmacia para conseguir su dosis y no hace nada más en el resto del día? Pues se le concede entre aplausos el Premio Darwin y a otra cosa. Es su vida. Oye, o se le ayuda. Se destinan fondos públicos para echarle una mano.

    Esos fondos públicos saldrían (si se produjese la legalización) de ahorrar dinero en perros rastreadores, dotaciones en aduanas, brigadas de estupefacientes, gasto carcelario, atención hospitalaria (intoxicaciones por adulteración, gente herida por resistirse a un atraco, inmunodeficiencia), reurbanización de focos de venta, contaminación lumínica para que no haya zonas urbanas en penumbra, etc etc.

    ¡Salud!

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  10. Añado de paso que yo no voy a decir que las drogas son buenas, que curan y todo eso. En ese debate prefiero no meterme. Pero como suprimamos todo lo que es "malo", acabaremos como en "Demolition man", a merced del primer macarra que no vaya de nuestro palo.

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  11. La tolerancia al alcohol - una de las más corrosivas y destructivas drogas existentes-, es realmente alarmante.Nos hallamos ante un fenómeno social asumido desde tiempo inmemorial y donde la gran mayoría de las comunidades civilizadas lo han consumido sin impedimentos. Basta asomarse a la historia para comprobar el grado de aceptación y alta consideración que los "caldos espirituosos" tuvieron desde los tiempos bíblicos. Basta tomar el ejemplo de la liturgía católica con la consagración del vino como sangre de Cristo.

    La embriaguez, en general y sin exageraciones, cae bien, hace gracia, y da una imágen muy diferente a la del "drogata con mono", con pinta patibularia, rostro descompuesto y aspecto enfermizo.


    El Estado, ha sabido utilizarla astutamente en cualquier época con infinidad de objetivos -desde enriquecerse con su venta hasta utilizarlo "militarmente" para "dar valor" a la tropa en situaciones difíciles-. Salvo en periodos históricos muy específicos (ley seca en USA), siempre le ha proporcionado pingües beneficios, y a diferencia del tabaco nunca se ha estigmatizado con tanta dureza.

    En toda época se ha bebido, por hoy se bebe más que nunca y desde edades más jovenes.Una sociedad empobrecida de valores,volcada hacia el consumo y sumida en una alarmante vaciedad moral, buscará con ahinco, modalidades de embriaguez que le permitan alcanzar -en mayor o menor grado-, ilusorios estados de "plenitud" que intenten calmar su zozobra existencial, y cuyas consecuencias serán; sumirle en un progresivo estado de deterioro hasta hacerle perder la conciencia de su realidad como hombre, y así continuar ayudando a girar la rueda del poder con su, cada vez, más insensata colaboración.

    Un cordial saludo. Lucman

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  12. Hola Lucman. Como dice este peculiar filósofo de la playa

    https://www.youtube.com/watch?v=x-u_ccicc1I

    el personal se mete cosas porque no está a gusto. La gente no está a gusto, en general. Vivimos de acuerdo a un determinado esquema que nos hemos encontrado. Ha habido esquemas mucho peores que el actual, sin duda, y todavía los hay en el momento presente en otros lugares, pero eso no deber servir de consuelo.

    Las religiones tradicionales han prometido mucho para el más allá, aunque el más acá pueda ser duro, un valle de lágrimas. Pero los marxismos prometieron un paraíso en la tierra tras una revolución, paraíso que no llegó. Y luego el californismo prometió dicha eterna, felicidad y sonrisas perpetuas en un mundo color de rosa lleno de juventud y consumo despreocupado, y ya vemos que el consumo no da sentido a la vida. Se consume para vivir, y no al revés. Por eso una gran cantidad de gente tiene la impresión de que se les ha prometido mucho y se les ha dado más bien poco. Como decía la prota del clásico californista "Pretty woman": "quiero el cuento de hadas". Y éste no llega.

    Imaginar el mercado de sustancias, o el mercado de lo que sea, como una fuente continuada de placeres siempre renovados no es realista, porque el verdadero placer sólo es el del principio. Nunca vuelve a ser como la primera vez. Las euforias pasajeras son cada vez menos eufóricas. Uno vuelve una y otra vez a intentar sentir de nuevo aquello que sintió, pero a cada intento el logro es más modesto, nada puede igualar aquella primera vez, y se insiste y se insiste hasta que el placer deja de existir y se consume para evitar el dolor. En todos los ámbitos.

    Es posible que tengamos una cantidad tope de "unidades de placer" para nuestra vida, y como las gastemos llega un momento en que el organismo ya no siente placer y consume simplemente para tranquilizarse o para sustraerse al dolor. En la biología no es como en la sociedad nuestra de los bancos centrales, en que le das a la imprenta y fabricas dinero, no podemos crear más unidades de placer, o quizá sí pero muy modestas y con esfuerzo, purgando nuestro organismo.

    De ahí lo complicado que resulta ser verdaderamente un epicúreo. Es de las doctrinas filosóficas más rígidas que hay.

    ¡Salud!

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  13. Bueno, tenemos a un dirigente que está aplicando la Estrategia de Jerjes. Se trata de Rodrigo Duterte, ese hombre. El dirigente filipino se ha hecho famoso por su peculiar forma de entender la diplomacia, pero lo más destacado es lo que está haciendo de puertas adentro, un ataque frontal contra el narco que desde julio ha podido costar unas 3600 vidas, de las que dos tercios son de autor no identificado. De Duterte se cuentan, y se están investigando en el Senado, muchas cosas escabrosas de cuando era alcalde de Davao, según parece no sólo el hampa era objetivo de sus políticas de "escuadrones de la muerte" sino también rivales políticos. Es peligrosa la gente que se cree imbuida de no se sabe qué "misión especial" llegada de lo alto, como algunos miembros de esos escuadrones han declarado, se consideran arcángeles como san Miguel o san Gabriel.

    Sobre Duterte alcalde existe el informe "You can die any time" de HRW y los escuadrones que se formaron para combatir frontalmente el crimen, al menos de manera nominal. Indican que la policía señalaba los objetivos a los escuadrones y después se rezagaba a la hora de investigar las "limpiezas" que los escuadrones realizaban. Según el informe, también cayeron "niños de la calle" en esas operaciones. Todo está siendo investigado ahora.

    Hace poco se comparó con Hitler y se mostró dispuesto a matar a tres millones de drogadictos. Curiosamente, o no tanto, tiene un gran nivel de popularidad ahora mismo en el país. Seguiremos su caso, por fortuna de lejos.

    Mientras, está en negociaciones con la guerrilla comunista para conseguir un alto el fuego permanente, en una posible solución a la colombiana. Con ellos no sirvió el choque frontal, o no fue lo bastante eficaz. Y desde medios como Bloomberg se avisa de que sus políticas pueden erosionar la confianza de los inversores y gripar la economía filipina, para lo que el mandatario ya está tentando bajo cuerda a China y Rusia, socorridos refugios no sé ya por cuánto tiempo.

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