sábado, 15 de marzo de 2014

Aproximación a la Síndone





Hecha de lino y custodiada en la catedral de san Juan Bautista de Turín, la Sábana Santa o Síndone es el lienzo que más polémicas ha generado en toda la historia humana, y no es para menos al haberse alegado que en él ha quedado impresa la imagen de Jesús de Nazaret. Lo cierto es que, si bien la aparición de la tela en Lirey -en la diócesis francesa de Troyes- hacia 1357 ya supuso una notable polémica en la época, se ha quedado pequeña tras los océanos de tinta que ha suscitado desde que en 1898 un abogado, político y fotógrafo aficionado turinés llamado Secondo Pia le sacó unas imágenes a la Síndone con motivo de una ostensión. La Síndone resulta bastante decepcionante para quien la vea con los ojos desnudos, pues la figura que aparece en ella está muy desvaída. Sin embargo, el negativo de la imagen que obtuvo Pia resultó tener una fuerza estética inesperada:


Imagen en negativo del rostro sindónico.

Esto ya era otra cosa. Parecía muy real. De todos modos, el revuelo que se armó fue serio. Ya por entonces se estaba produciendo una pugna entre defensores del cristianismo y los "progresistas" de la época, que deseaban sustituirlo por las que un afilado Papini denominaba "iglesias de las mesas parlantes, del triángulo y la llana, y de los miles de profetas en calzones y basquiñas que nos llueven de Asia y América". El hallazgo de Pia fue discutido hasta la saciedad, y un primer examen forense llevado a cabo poco tiempo después de esa imagen en negativo dio como resultado que bien podría ser verdadera reliquia de Jesús, pues se correspondía correctamente con lo que se sabe de su suplicio, sin entrar en ningún momento en el tema de si la impresión en la tela es sobrenatural o totalmente natural. Pero todo esto no fue -ni es- sino una excusa en el marco de una pugna más ambiciosa entre cosmovisiones, algo que va mucho más allá de la historicidad o falsedad de una determinada reliquia. 

Todavía hoy la polémica continúa, con más ardor que nunca, a pesar de que la mayoría de los interesados en el tema a buen seguro pensaron que habría quedado enterrada tras la datación por Carbono 14 que se le aplicó en 1988, y que había arrojado la horquilla de segado de las plantas de lino entre 1260 y 1390. A ojos profanos, que la polémica continúe no puede sino ser un exponente del cerril empecinamiento de unos "fanáticos" que siguen aferrados a la falsa reliquia medieval para así encontrar un sentido a sus vidas. Visto el tema con algo más de atención, ya no se puede zanjar con tanta facilidad.

El contenido de este miniensayo no pretende pegar ninguna campanada ni presentar exclusiva alguna, algo bastante lejos de mis posibilidades dado el pasmoso rastreo que la tela ha sufrido y la cantidad realmente monumental de bibliografía que atesora. Personalmente, le he dedicado bastante atención al tema, he leído unos cuantos libros y artículos sobre la Síndone, y he intentado hacerme una idea personal de su importancia, sea auténtica o falsa. Los datos que voy a presentar son sabidos y presentes en numerosas fuentes. Digamos que son el "abecé" de los aficionados al tema. Si alguien desea puntualizar algo más, indicaré la fuente precisa.


Momento de la Resurrección. No me consta el autor de la imagen.

UN TRAZADO HISTÓRICO

Los evangelios sinópticos indican que el fiel José de Arimatea reclamó y consiguió que le fuera entregado el cuerpo de Jesús ya muerto, al que envolvió en un lienzo de lino (así, Mateo 27: 59 -quien añade que era un lienzo "limpio"-, Marcos 15: 46 y Lucas 23: 53). Hay varios matices en el cuarto evangelio canónico. Así, en Juan 19: 40 hablan de telas de lino en plural -tal vez parte de esos lienzos fuese empleado para fajar el cadáver-, que se vuelven a citar en Juan 20: 5-7, así como un sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús -es de suponer que para evitar el espectáculo de su rostro desfigurado-. Algo vieron Pedro y Juan en aquellas reliquias -relicto: "lo que ha quedado"- que les hizo creer en la resurrección.

La tela que envuelve el cadáver de Jesús es citada igualmente en varios evangelios apócrifos. Así, en el incompleto Evangelio de Pedro y en el Evangelio de Nicodemo, en el cual se hace hincapié que era "muy blanca". San Jerónimo afirmó haber traducido al griego y al latín otro evangelio apócrifo perdido, el Evangelio de los Hebreos, que podría ser del siglo I, y cita un fragmento que dice así: "mas el Señor, después de haber dado la sábana al criado del sacerdote, se fue hacia Santiago y se le apareció". Desconociendo el contexto por faltarnos la obra completa, se podría suponer que correspondería a la rueda de apariciones de Jesús una vez resucitado -una rueda muy nutrida, que Pablo cifra en más de quinientas personas-, de modo que la cercanía del sepulcro y del ropaje mortuorio tendrían sentido. Téngase en cuenta que Jesús le da importancia al lienzo. El misterioso sacerdote pudiera ser -es nuevamente una elucubración mía- el Discípulo Amado, un miembro del Sanedrín llamado Juan, devoto de Jesús, al que pudieran deberse tanto el contenido del evangelio de Juan como la composición del Apocalipsis, y en cuya casa posiblemente se celebró la Última Cena. 

Una cita también bastante antigua es la de santa Ninó, evangelizadora capadocia que predicó el cristianismo en la Iberia caucásica, más o menos lo que hoy es Georgia, a principios del siglo IV. Ninó recoge una tradición que afirma que fue Simón Pedro el primer custodio de la tela que cubrió el cuerpo de Jesús cadáver. Desde entonces un cierto manto de misterio comienza a extenderse sobre el tema, de acuerdo con una época en que Europa sufrió un eclipse cultural. Con todo, las referencias a ese singular lienzo siguen produciéndose, incluso desde la otra Iberia, la nuestra. Al parecer, consta una carta fechada en el año 632 escrita por san Braulio y destinada a Samuel Tajón, en la que asegura que el lienzo está a buen recaudo en un lugar secreto. También se puede interpretar una alusión a la Síndone en una anáfora del rito hispano-mozárabe toledano, según la cual Pedro y Juan, tras haber corrido hacia el sepulcro, encontraron huellas recientes de la Resurrección. Sea como fuere, durante casi todo el primer milenio la pista que parece más prometedora es la del llamado Mandylion de Edesa. Interpretaciones artísticas del Mandylion que he visto comparten las mismas características: muestran sólo la cabeza de Jesús, los ojos son "de lechuza", la barba está partida, los pómulos parecen grandes o hinchados, y el cabello es muy abundante, de cuya raya al medio pende un discreto caracolillo. Guardan, por tanto, cierta familiaridad con el rostro sindónico.

Una bonita leyenda -a la que no le han faltado valedores de su posible historicidad, pero ése es otro tema- afirma que existió correspondencia epistolar entre Jesús y Abgaro, rey de Edesa, aquejado de una terrible lepra. Abgaro, sabedor del poder taumatúrgico del Galileo, le pidió que fuese a su ciudad para curarle; lo que hizo Jesús fue enviarle a un hombre de confianza llamado Tadeo, investido del poder de curar. Con el tiempo se le añade un singular elemento, un pequeño paño llamado mandylion en el que había quedado impreso el rostro del Mesías, y que tenía propiedades milagrosas. Ese paño nos recordará al de la Verónica, otra leyenda también referida a la impronta de la faz del Salvador durante el viacrucis, y más popular en nuestra cultura.

Es cierto que Edesa se convirtió prontamente al cristianismo, quizá hacia el año 170. Con posterioridad, recayó en el paganismo, con lo que se comenzó a rumorear que la Santa Faz había sido previsoramente escondida en un nicho al pie de la muralla de la ciudad, quedando a salvo de cualquier posible arrebato iconoclasta de los apóstatas, y que allí quedó hasta que en el año 525 una gran riada sacó a la luz la reliquia. Desde entonces existen algunos testimonios, incluido el de un papa, refiriéndose al mandylion e incluso afirmando haberlo visto. La relación de esta reliquia con la Síndone no es pacífica, si bien numerosos especialistas -entre ellos autoridades mundiales en la tela, como Ian Wilson- las identifican como el mismo lienzo. Según esto, la Síndone habría sido doblada con cuidado para que resultase más sencillo custodiarla, dejando a la vista sólo el rostro, o bien para poder enmarcarla con comodidad y así evitar el contacto con un despojo mortuorio, algo mal visto en la cultura judía. Si nos fijamos en la imagen del rostro en negativo puesta al principio del artículo, observaremos dos rayones que parecen enmarcarlo. Las marcas del doblado aparecen atestiguadas en la revista del CIELT, organismo que estudia la Síndone, y publicadas en el 2003. En ese punto, sí tendría sentido la alegación. Otra prueba de esa doblez sería una cita del historiador Teofilacto, quien afirma que el mandylion fue extendido -"ostensionado", palabra que no sé si es correcta- ante los soldados para infundirles valor antes de una batalla.


Moneda de Justiniano II (669-711), que ya recoge algunas características iconográficas sindónicas: ojos de lechuza, muchísimo pelo, caracolillo. Recuerda mucho al Pantocrátor del Sinaí.

La caída de Edesa en manos islámicas no supuso la destrucción de la reliquia. El fundamentalismo iconoclasta era todavía raro entre musulmanes, para quienes Jesús (o Isa) es una figura altamente valorada, y no hay más que leer el Corán. Con todo, el Imperio bizantino se propuso recuperar la tela. Lo consiguieron en el año 944, al imponerse a las fuerzas del sultán de Edesa. Era por entonces Romano Lecapeno el basileos del Imperio, y Gregorio el archidiácono de Santa Sofía, quien el 16 de agosto de aquel año toma posesión de la reliquia en el formidable templo. Se conserva el discurso que dio Gregorio aquel día, en el que describe la imagen y se muestra especialmente emocionado por la herida del costado, atribuida tradicionalmente a un centurión llamado Longinos. Desde entonces aparecen regularmente noticias de que, efectivamente, la Síndone está en Constantinopla. Así lo asegura el mismo Alejo Comneno en una epístola.  La reliquia no estaba oculta, sino que se exponía cada viernes en Santa María de Blanquerna. Así también lo confirma el cruzado Robert de Cléry sur Somme, quién además de guerrero fue cronista de la Cuarta Cruzada, pues llega a ver el lienzo. Fuera del ámbito bizantino hay algunos registros. Así, consta una alusión a la Síndone con motivo de la visita de una delegación húngara a Constantinopla para arreglar un matrimonio de Estado, en una joya de valor incalculable, el Códice Pray (codificado hacia finales del siglo XII), que contiene también los primeros textos en magiar que se conocen entre otras muchos tesoros culturales. Dos de las miniaturas de la citada codificación han sido interpretadas como representaciones de eco sindónico, si bien resulta algo dudoso. También tenemos una curiosa imagen en España, la llamada miniatura Skylitzes (del manuscrito del mismo nombre, siglo XII), que presuntamente ilustraría la recepción de la reliquia por Romano Lecapeno:

Fuente: Biblioteca Nacional de Madrid. El emperador besa el rostro de la Síndone.

En el año 1204 se produjo uno de los mayores desastres del Medievo: el bestial saqueo de Constantinopla. Semejante insensatez, aparte del coste humano que supuso, hizo que la Síndone se esfumase de donde estaba. Consta una epístola de Teodoro Ángel Comneno al papa Inocencio III el 1 de agosto de 1205 en la que denuncia el expolio de las riquezas y de las reliquias. Según Teodoro, los francos se llevaron la Síndone, que en esos momentos estaría en Atenas. Es más, afirma que los expoliadores pueden quedarse con el oro y la plata, pero no con la reliquia (no cita ninguna otra), que debe ser restituida.

A partir de aquí se abre una brecha de tiempo que historiadores de categoría, como Barbara Frale y el ya citado Ian Wilson entre los más destacados, han querido llenar siguiendo la pista templaria. La Síndone habría estado custodiada, quizá, en San Juan de Acre hasta su caída en 1291, siendo trasladada a París. Frale encontró un documento que recoge el testimonio de un templario llamado Arnaut Sabatier durante los juicios que se suscitaron con el objeto de destruir la Orden del Temple, en el que asevera que al entrar en la Orden al iniciado se le llevaba a una cámara secreta donde se le mostraba una gran tela de lino con la imagen impresa de Jesús. Eso estaría en consonancia con la acusación de que los templarios adoraban a un ídolo de barba rojiza -llamado Bafomet- (I). También, con la relación entre la iglesia de Lirey -donde aparecerá la reliquia hacia 1357- y la viuda de Geoffroy de Charny, uno de los jerifaltes templarios ajusticiados junto con Jacques de Molay -hay quien defiende que la imagen de la Síndone es en realidad la de Molay-. Otra hipótesis, menos aventurera, sitúa a la Síndone en Besançon apenas dos años después del Saqueo, en poder de Ponç de la Roche, padre del cruzado Otto, señor de Atenas y posible expoliador de la reliquia. Al parecer esta tesis tiene apoyos: cartas, inscripciones, imaginería e incluso un documento de donación de la tela en favor del arzobispo de Besançon.

Curiosamente, parece ser un hecho que la Síndone volvió a estar en Constantinopla hacia 1238, en tiempos del llamado Imperio Latino (proclamado tras el saqueo de 1204 y que duraría hasta 1261), cuando se le hizo un recorte a la tela -para obtener una "minirreliquia" que se conservó durante siglos en París-. Aunque todo esto parezca un galimatías, no me parece descabellado pensar que la presión de Inocencio III sobre los francos para que devolvieran la Síndone a los bizantinos pudiera haberla llevado de vuelta, tras lo cual se activaría la pista templaria, que la habría llevado a Chipre y después a Acre -hoy Israel-, para regresar nuevamente a Francia.

El caso es que desde Lirey ya tenemos una línea histórica indiscutida, pues a partir del siglo XIV tanto los partidarios de la autenticidad de la reliquia como sus detractores están de acuerdo. La última representante de la casa Charny, sin hijos, dona en el muy simbólico año 1453 la Síndone a la esposa de Luis de Saboya. Desde entonces hasta 1983 la casa Saboya sería la propietaria. La Síndone comienza a ser custodiada en Chambery, dentro de una urna de plata que en 1532 salvará la reliquia de ser pasto de un incendio, aunque la plata fundida atraviesa el lienzo, dejándole unos muy característicos "tomates". En 1578 se traslada a Turín, de donde no se ha movido hasta hoy. Desde las fotos de Secondo Pia el tema no ha dejado de engordar continuamente, hasta que cuatrocientos años después de la llegada a tierras del Piamonte se celebra un gran congreso multidisciplinar en el que se reúnen varias decenas de especialistas en varias áreas con objeto de estudiar la Síndone. Es el famoso STURP. Durante cinco días de octubre de 1978 la reliquia es examinada a fondo.

Me resulta imposible comentar punto por punto la enorme cantidad de pruebas que se le practicaron a la tela durante aquellos frenéticos días. Hay que tener en cuenta que el culto sindónico no era meramente italiano, pues en la misma Usa los interesados por la reliquia católica se contaban por decenas de miles, y algunos de sus mejores estudiosos vinieron de aquel país predominantemente protestante. Pero una cosa quedaba clara: la Síndone no era una pintura, tal como la entendemos. Las fibras en que está impresa la imagen tienen una coloración muy superficial, que apenas penetra en la fibra, y no quedan grumos entre fibra y fibra. Tampoco hay direccionalidad de trazo. Lo que sí hay es sangre, o la hubo. Los coágulos sí penetran en la tela y la atraviesan. Según el estudioso John Heller, la porfirina y el porcentaje de óxido de hierro son netamente humanos; posteriores investigaciones de Heller han confirmado la presencia de numerosos ingredientes de la sangre humana. Además, mediante una prueba estándar se puede apreciar el espectro de metahemoglobina muy degradada por el tiempo. Baima Bollone, un célebre especialista en la Síndone, ha llegado a afirmar -y no es el único- que se trata de sangre del grupo AB. Con posterioridad, en 1981 el estudioso S. F. Pellircori amplía el tema concluyendo que la "coloración" de la imagen es una oxidación, o deshidratación, extremadamente superficial y no pintura en modo alguno.

Son sólo ejemplos, de entre las muchas curiosidades sindónicas, en los que no me quiero enredar porque no es éste el objetivo del presente miniensayo -recientemente se ha encontrado abundante presencia de partículas de creatinina unidas a hidrato de hierro, propias de la sangre de quien ha sufrido torturas o politraumatismos-. Pero todos estos ejemplos generaron una corriente en favor de la autenticidad de la reliquia -o, al menos, de que no era una pintura medieval- de tal calibre que la Santa Sede torció el brazo de la casa de Saboya, entregando ésta la Síndone a aquélla en 1983. Curiosa y extrañamente, la Santa Sede no tardará en rastrear la posibilidad de hacerle una prueba de datación mediante la técnica del Carbono 14. Una primera opción es desechada, pues costaría eliminar una séptima parte de la tela. Pero finalmente en 1988 tres laboratorios (en Oxford, Zurich y Arizona) la llevarían a cabo, concluyendo en la datación medieval del lino.

Cualquier observador mínimamente malicioso podría preguntarse por qué la Santa Sede, tras adquirir esa reliquia de valor incalculable cuya autenticidad estaba apoyada en numerosos estudios pormenorizados, la somete rápidamente a una prueba que parece la menos indicada, toda vez que la Síndone no ha estado custodiada en un estanco hermético, sino que ha sido baqueteada, movida, quemada, atravesada con plata fundida, besuqueada, toqueteada, frotada con réplicas pintadas a las que conferir respetabilidad mediante ese contacto, etc etc. ¿Qué ganaban con ello? ¿Desde cuándo la Santa Sede corre como el rayo para hacer ese tipo de comprobaciones, cuando en el mundo católico hay infinidad de milagros, licuefacciones de sangre, etc etc, que no son sometidos a ese tipo de comprobación? Mi opinión, y creo que no soy el único que lo piensa, es que la Santa Sede se hizo con un tesoro y, cuando ya lo tiene en su poder, hace creer que es una mera falsificación y aquí se acabó el tema. Dentro de la elaboración del protocolo y de la toma de muestras se produjo una serie de movimientos palaciegos, y quien iba a encabezar el proceso -una autoridad mundial en tejidos antiguos, Mechthild Flury-Lemberg, quien dirigió la restauración de la Síndone en 2002 ( cinco años después de un extraño incendio que la habría devorado de no ser por la rápida actuación de un bombero)- fue sustituida por gentes próximas al cardenal Ballestrero, partidario de la falsificación medieval en aquel momento -si bien años después se desdijo: no es raro en el mundo sindónico-. A otro cardenal, Bertone -muy próximo a quien sería Benedicto XVI-, se le escapó en televisión que el resultado estaba decidido de antemano. Además, los tres laboratorios escogidos han tenido errores de bulto en varias dataciones. No cabe duda de que hay gato encerrado, y quizá tuviera que ver con el peligro que ya se rumoreaba acerca de la clonación humana. Antes de Dolly, el danés Steen Malte Willadsen había logrado en 1984 un gran avance al respecto. Es posible que la Santa Sede lo hiciese así para asegurarse la propiedad de la Síndone sin que nadie intentase nada -ni destruirla, ni robarla para extraer posible ADN: como curiosidad, existe una misteriosa oenegé llamado Second Coming Project cuyo objetivo es precisamente acelerar la Segunda Venida clonando a Cristo .... no hará falta decir que esa peculiar organización es californiana-, pero también para no tener la necesidad de devolver un trapo falso -¿para qué lo querría la casa de Saboya?-. Supongo que nadie pensará que la Santa Sede aprobó la prueba del Carbono 14 para complacer las peticiones de los "escépticos".



Bueno .... Supongamos que damos como correcta la datación de la prueba de Carbono 14. Es decir, que asumimos la posición del Promotor Fidei o "abogado del Diablo" en este asunto y partimos de la base de que el lienzo custodiado en Turín es una falsificación. Es el argumento más poderoso que tienen los detractores de la presunta reliquia. Hay más, desde luego. La imagen está muy lejos de ser tan perfecta como dicen quienes consideran que es un reflejo impecable de un verdadero humano, Jesús. Por ejemplo, los brazos son demasiado largos. El efecto frontal del cabello es antiestético y parece pender, algo imposible para un cadáver teóricamente echado de espaldas. No se aprecian los pezones. Y las dos imágenes impresas en la tela, frontal y dorsal, tienen distinta longitud (difieren unos 5 cms). Por otra parte, el interés por conservar las reliquias durante los primeros siglos era bastante escaso, algo que no debería extrañarnos pues el cristianismo nació de seno judío (cultura que tenía horror religioso al contacto con despojos mortuorios) y sus primeros seguidores contaban con una cercana Parusía que no se verificó.

Hacia 1389 consta un memorándum del entonces obispo de Troyes -que englobaba la parroquia de Lirey-, Pierre d'Arcis, en el que se dirigiría al antipapa Clemente VII afirmando que su antecesor en el cargo, Henri de Poitiers, se había olido la superchería de la tela de lino y había encontrado a su confeccionador, quien lo habría confesado. Aunque no sabemos si realmente llegó a comunicárselo al antipapa -el memorándum está sin firmar y sin sellar-, y que su contenido es bastante dudoso, es tenida como prueba de cargo en contra de la autenticidad sindónica. Pero sí es cierto que el texto cae dentro de la horquilla 1260-1390 indicada por la datación radiocarbónica, así que no protestaremos. Supongamos que la Síndone es una falsificación de esa época.

Por tanto, al pertenecer a ese trecho histórico, es de imaginar que la representación de Jesús estaría constreñida por los usos, los estilos artísticos, las ignorancias y las obsesiones de aquel tiempo concreto. Es de imaginar que el Jesús sindónico debería corresponderse bien con los Cristos que el arte de la época representaba continuamente. Eran tiempos en que los artistas se volcaban en la imaginería religiosa, con resultados mejores y peores, de modo que no deberían faltar ejemplos para establecer una comparación. Sugiero que el lector emplee su motor de búsqueda favorito y rastree ejemplos de Cristos góticos, del gótico internacional y también románicos si así lo desea, tanto en pintura como en escultura. Verá que comparten una serie de características muy repetidas. Búsquese también una buena imagen del negativo sindónico, por ambas caras. Por otra parte, ¿se corresponde la imagen sindónica con lo que sabemos de las normas judías y romanas? Todo eso es lo que empezaremos a ver ahora. 


-Las referencias de los Evangelios, tanto los canónicos como los apócrifos, hablan de la tela de lino. Esas referencias son de pasada, si bien hemos visto que en algunos casos testimonian la Resurrección y que incluso el propio Jesús le da importancia a la reliquia. 

-Las medidas son de 4'36 x 1'13 metros. Eso no nos dice nada a nosotros. Pero según la medida del codo judío, equivale a 8 x 2 codos.

-Se han encontrado restos de áloe y de mirra en la tela. Eso estaría en consonancia con lo afirmado en Juan 19: 39. También se han encontrado pólenes y trazas oleicas de matas empleadas en ritos funerarios en la cuenca mediterránea y el Próximo Oriente durante la Antigüedad.

-El tejido es de sarga, conocido desde la Antigüedad. En tiempo de Jesús la ciudad de Palmira se había hecho celebérrima por sus sargas de lino. Por otra parte, el estudioso Gilbert Raes encontró trazas de algodón. Es decir, la Síndone se confeccionó en un telar donde también se empleaba algodón, pero éste no entró voluntariamente en su composición, en consonancia con la prohibición judía de mezclar lino y algodón en la misma pieza textil. Hay que indicar que el algodón tardó bastante en hacerse un hueco en Europa. En el siglo X ya se conocía en Iberia, vía musulmana, y en Italia en el XIV pero hilado en la otra ribera mediterránea. No he podido precisar si ya era conocido en Francia en aquel siglo.

-Si bien el funeral judío es muy elaborado, en el que se lava, afeita y engalana el cadáver, existe la costumbre de que si un judío moría en determinadas circunstancias -por ejemplo, ejecutado por gentiles- no se llevaba a cabo ese rito, sino que se le envolvía sin más ceremonia en un gran lienzo llamado sobeb y se procedía a su entierro, prácticamente tal como se encontrase el cadáver. Esa costumbre quedó codificada en un texto muy importante de la Diáspora, el Sulchán Aruch, codificación legal tardía que quedó definida acabando el siglo XVI pero que recogía usos muy antiguos.

-La posibilidad de que un deudo pudiera reclamar y recuperar el cadáver del ajusticiado estaba aceptado por un texto romano, De cadaveribus punitorum, recogido en el Digesto. Este detalle, poco conocido, me lo encontré en el aparato de citas de un clásico muy leído, la Vida de Jesús de Renan, con lo que sorprende que mucha gente siga discutiendo que José de Arimatea no tenía apoyo jurídico para reclamar el cuerpo de Jesús.

-La flagelación romana no tenía un número máximo de latigazos. Pilato había ordenado que efectivamente se flagelase a Jesús, pero respetando su vida. Los latigazos sufridos por Jesús son más de un centenar, y según el ángulo de las marcas se ha llegado a la conclusión de que fueron dos los que, uno a cada lado, se encargaron de tan vil proceder. La imagen sindónica ostenta marcas por doquier, glúteos incluidos, si bien la zona izquierda del torso parece poco castigada, lo que concordaría con el propósito de no ocasionar al ajusticiado una parada cardíaca.

-Las marcas de la flagelación se corresponden con un tipo concreto de látigo romano, el llamado flagrum taxillatum, que solía estar rematado en un par de bolitas metálicas. Ignoro si en el Medievo se dedicaban a la arqueología y conocían ya ese peculiar instrumento.

-Las marcas de la flagelación en la imaginería gótica no se corresponden con el impacto de las pesitas del flagelo recién comentado. Generalmente son como arañazos, rayas rojas, o llagas informes. Y muchísimas veces, la mayoría incluso, el Cristo en la cruz no tiene marcas de flagelación. Quien busque imágenes puede comprobarlo. He preferido no atiborrar el miniensayo con Cristos escogidos por mí.

-Respecto de la concordancia con el viacrucis, el análisis microscópico del lienzo (1986, Kohlbeck & Nitowski) ha encontrado restos de tierra con aragonita, un cristal de carbonato cálcico, en la zona de los pies, las rodillas y el rostro. Se corresponderían correctamente con el contacto de un cuerpo cayendo al suelo sin poder ampararse con los brazos (ocupados llevando la cruz).

-Los dedos pulgares están retraídos. Eso es francamente difícil de encontrar en la imaginería de la época (pero sí en miniaturas del Códice Pray, antes aludido). Se ha argumentado que los clavos producen una retracción de los dedos, de lo que vendría ese ocultamiento en las palmas. Aun pareciéndome razonable, se puede buscar otra razón, una superstición judía -citada en El hombre de la Sábana Santa de Maria Grazia Siliato- llamada señal de Daleth, con la que se ahuyentaría al Maligno. Tiempo atrás encontré de casualidad un ejemplo de esa señal con pulgares retraídos leyendo por encima un tratado de Enrique de Villena que versaba sobre conjuros. Parece ser, según ese ejemplo, que la señal de Daleth era también empleada en la Diáspora.

-Las heridas de los clavos no están en las palmas de las manos, sino en las muñecas o en un punto intermedio. Eso parece tener sentido pues ofrece una sujeción mayor al ajusticiado. En cambio, si observamos el arte de los siglos XIII y XIV prácticamente el 99'99% de los Cristos tienen la incisión del clavo en la palma, con muy pocas excepciones.

-El hombre está totalmente desnudo. Eso choca con el arte de la época alegada como originaria de la falsificación, en que Jesús era mostrado con una especie de pareo llamado paño de pureza, y eso cuando no se trata de Cristos completamente vestidos del cuello hasta los pies, que también hay ejemplos. Es verdad que hay Cristos desnudos en el arte occidental (pienso en los mosaicos de Rávena, por ejemplo), pero son muy pocos, al menos los que yo conozco (además todos referidos al bautismo en el Jordán, pero ninguno a la Pasión), y casi todos muy alejados en el tiempo.

-Como resulta obvio, la imaginería de la época medieval no se adornaba con sangre humana. Era pintura. Sin embargo, se puede dar como totalmente cierto que la Síndone contiene rastros de sangre de una persona. Eso no tendría sentido si se tratase de una falsificación, pues ésta podría haber pasado con sangre de algún animal de granja, o simplemente con un tinte. De aquéllas no había microscopios.

-Las heridas que corresponderían a una corona de espinas parecen conformar un casco. Eso choca completamente con casi la totalidad de la imaginería del Trescientos, que muestra la folclórica diadema circular, pero estaría en armonía con el casco típico de los déspotas orientales, en forma de capacete, a los que se quiso asimilar a Jesús para hacerle burla. Téngase en cuenta que el texto evangélico habla de una corona sobre la cabeza, no a su alrededor.

-Y el rostro.


Ampliación del rostro.

Frente a los rostros de Jesús del arte de aquella época, el rostro sindónico resulta chocante, pues introduce muchos elementos que no contemplaban los artistas de entonces. La nariz está inflamada, tajada y torcida. Los pómulos -especialmente el derecho, que parece invadir la cuenca ocular- están muy inflamados. A destacar el detallismo de la imagen, con los potentes arcos ciliares, la línea superior de dientes, la barba partida, el cabello muy abundante -algunas fuentes tardías dicen que Jesús nunca se había cortado el pelo y lo llevaba recogido en una trenza esenia a la espalda- y los regueros de sangre, uno de los cuales -el que le surca la frente- forma un 3 invertido, lo que se correspondería con un posible ceño fruncido por el dolor de la tortura. De ahí, tal vez, el caracolillo de tantos Cristos que parecen inspirados en el sindónico.

Siempre que observo este rostro, me invaden sentimientos muy hondos. Y como a mí, también a mucha gente, no necesariamente "creyentes" ni mucho menos "beatos". Ni "supersticiosos".

La imagen sindónica ha permitido que los estudiosos se hayan hecho una idea sobre cómo era aquel hombre. Hay que subrayar en este punto que entre esos especialistas no es rara la presencia de expertos en ramas de la medicina, cirugía y ciencia forense. Aquel hombre de la Síndone tendría entre 1'81 y 1'86 de estatura, una óptima y fibrosa constitución física, y una edad de treinta y tantos. Presumiblemente rubio. Todo ello estaría en consonancia con lo que nos dicen las fuentes escritas. Abundan y abundan las reconstrucciones de Jesús a partir de la Síndone, en dibujos, pinturas, tallas y todo tipo de imaginería, incluidas las proyecciones en 3D.


El simpático experimento de Leo Vala, en su momento fotógrafo de la familia real británica, dio la primera imagen tridimensional del rostro sindónico.

 Llegados a este punto, concluyo la entrada. Lo que he presentado al lector es una aproximación, no una especie de tratado exhaustivo, algo que no era la idea de entrada y para eso ya hay gente mucho más versada que yo, obviamente. Quedan infinidad de cosas en el tintero, desde los dichosos pólenes de Max Frei hasta la polémica acerca de la datación de 1988 y la posibilidad de que se hubiera hecho sobre un remiendo tardío, pasando por infinidad de cosas. No me resisto, eso sí, a comentar una muy simpática: la de las monedas sobre los párpados.

En 1979 un jesuita llamado Francis Filas afirma haber apreciado monedas en los ojos de Jesús, algo en principio bastante dudoso (¿monedas romanas, con el nombre de Tiberio o la efigie de un dios pagano, acompañando la sepultura del Mesías?). Se trataría de dos leptones, moneditas de escaso valor fraccionario, en una de las cuales se apreciaría un cayado y en la otra un símpulo, algo así como un cucharón usado en ceremonias religiosas. También se llegaría a leer las letras "U CAI". Eso podría corresponder al nombre semiborrado "TIBEPIOU CAICAPOC", o Tiberio César. Lo más divertido del tema es que teóricamente no puede ser, porque no es ésa la forma correcta de escribirlo, por lo que se tenía que esperar unas letras "Y KAI" en todo caso. A pesar de ello, se han encontrado leptones con esa doble errata. ¿No es curioso?

Concluyendo esta aproximación, he de decir que en mi modesta opinión de aficionado la Síndone concuerda con las normas judías y con la logística romana, pero está en desacuerdo completo con lo que se esperaría de una representación de Jesús en el Trescientos. Es más, dado que en la actualidad no se ha podido reproducir la Síndone, ¿por qué habría de poderse hacer 700 años atrás? El intento más serio fue el del escéptico Luigi Garlaschelli en 2009, y aun así su aspecto es el de una chapuza. El mismo Garlaschelli afirmó que en realidad no era una reproducción sino una "representación" y que su experimento tenía serias carencias, como la falta de esfumadura (el delicado efecto difuminado que tiene la Síndone) en los contornos.

No es mi intención decir que la Síndone es auténtica. Ni ése, ni el contrario. Mi propósito, como en todos los de las entregas dedicadas al esoterismo -y en las demás del blog-, es animar a reflexionar cada uno por su cuenta. Yo he optado por centrarme en determinados aspectos de la polémica, y he evitado colgar imágenes medievales, pues prefiero que el lector interesado las busque por propia iniciativa. Me he limitado a formular una pregunta para la que no tengo respuesta. Y quizá sea ésa la verdadera razón de existir de la Síndone, a fin de cuentas (y no si es auténtica o falsa). Algo que nos empuje a razonar, a investigar, a ponderar puntos de vista, a ser sinceros con nosotros mismos, a atrevernos a decidir, y tal vez a acertar. A vivir, en suma. Un lienzo mortuorio que anima a vivir. Tal vez sea eso.



(I) - Así luciría Bafomet, hipotéticamente:



La imagen que vemos, restaurada, corresponde a un panel de madera de roble hallado en Templecombe, Somerset, Inglaterra, en un anexo a la iglesia de Santa María del lugar, regido por los Caballeros Templarios desde 1185 hasta su caída en desgracia en 1312, y que ubicaron allí la capitalidad administrativa de sus tierras en la comarca. Tras esa fecha las instalaciones donde estaba el panel pasaron a propiedad de los Caballeros Hospitalarios hasta que, en 1540, fueron absorbidas en el erario de la Corona de Inglaterra, pocos años después del comienzo del cisma anglicano.

Este panel ha sido convencionalmente datado en los siglos XII-XIII. El marco ornamental que circunscribe al rostro es similar al que se puede apreciar en joyas medievales inglesas como el Salterio Oscott (iluminado hacia 1270). Al parecer se aprecia un sello masónico en la madera (los masones eran, por aquellos siglos, un gremio católico de constructores). La cabeza representada bien pudiera ser lo que los enemigos de los Templarios llamaban Bafomet, un ídolo pelirrojo del que sólo se conocía la cabeza (como en el Mandylion, sin ostensión de la pieza de lino en toda su longitud).

El color y la disposición del cabello, la barba partida, los pómulos hinchados y la boca entreabierta pudieran remitir a inspiración sindónica. Téngase en cuenta además el realismo de no añadirle un halo o coronilla de santidad a la cabeza, como tampoco aparece en la Síndone.

Teniéndose en cuenta más o menos, no deja de resultar interesante el caso de esta vieja imagen -anterior, en todo caso, a la primera ostensión en Lirey-.

23 comentarios:

  1. hola hombre lupa, muy buena la entrada; me quedo con tu último párrafo de reflexión para adelante. La mística...la respeto, pero:¿siempre sus propagadores juegan con cartas marcadas? me figuro que en 1300 un falsificador no iba a representar a un judío del año cero con rostro 'godo'; no los subestimemos; sé que sos cultor de los simpson, acordate del capítulo en el cual encuentran el 'ángel'. Que el rostro es terrible y potente, sin duda; ¿acaso hubiera sobrevivido en el tiempo si no lo fuera? Celebro el misterio, la fantasía; pero no le hagamos el caldo gordo a los mistificadores. Saludos

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  2. Hola, gracias. No me cabe duda, los artistas del Trescientos eran capaces de grandes cosas. Tanto es así que la imagen sindónica no se ha podido reproducir. Han pintado, frotado bajorrelieves, encharcado telas con claras de huevo, quemado, etc etc y no lo han conseguido ahora, en la Era Espacial. Por tanto, me quito el sombrero ante el falsificador medieval. Ese falsificador tendría también que conocer las normas y supersticiones judías, haber añadido tierra con aragonita en pies, rodillas y rostro, conocer cómo era el "flagrum taxillatum", recrear unos latigazos como no se recreaban en su época, imaginar un casco de espinas como no se hacía en su época, hacer unas marcas de clavos donde no se hacían en su época, y muchos otros detalles que no he comentado en el artículo, como las abrasiones de hombros y espalda, concordantes con cargar un madero. Es decir, que el falsificador sería un supermán que habría generado una imagen por oxidación extremadamente superficial de las fibras de lino, imagen reproducible en 3d y cuya esfumadura no se ha podido reproducir (tengo entendido que la imagen que hizo Garlaschelli costó 20000 euros que juntó una asociación escéptica italiana, y él reconoce no haberlo conseguido). Y se molesta en recrear un rostro hecho polvo, machacado, muy distinto de los rostros de la época, encima un rostro y en general toda la imagen imposibles de apreciar a simple vista en todo su detalle, pues hubo que esperar a 1898 para apreciarlas mejor, viendo sus negativos -sí sobrevivió en el tiempo sin apreciarse bien-. Y le añade sangre humana. Y lo más gracioso es que va el tío y se olvida de cuadrar el largo de la imagen frontal y la dorsal :-P

    Yo no digo ni una cosa ni la otra. Es más, la imagen sindónica nos pertenece a todos, creamos o no en su autenticidad. Su mensaje va más allá de eso.

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    1. jesucristo es un mito

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    2. También decían que era un mito que Elvis siguiera vivo, y yo ayer le vi en el Mercadona mirando los congelados.

      Cristo, como arquetipo, es una figura mítica, en el sentido de que es ahistórica e incluso intrahistórica pues acompaña a la historia sin variar sustancialmente. Pero eso no le resta ni un ápice de fuerza ni de verdad. Antes al contrario.

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  3. El argumento principal de los detractores de la autenticidad siempre se centra en la prueba de carbono 14, pero está demostrado que las altas temperaturas que sufrió la tela en el incendio pueden alterar su composición y que una prueba de carbono 14 no sería válida.
    Se han empeñado obstinadamente en que la sábana santa realmente era un cuadro hecho con una técnica desconocida, pero tampoco lo han podido demostrar.
    La imagen impresa en la sábana se ha llegado a la conclusión que es fruto de una radiación intensa pero muy corta que"quemó" las capas superficiales del tejido dejando impresa esa imagen.

    En resumidas cuentas: la única prueba realmente de peso es la del carbono 14 pero no es válida y mientras no se demuestre lo contrario, en esa sábana hay plasmada una imagen que no se ha sabido explicar qué, cómo y por qué ha quedado plasmada.
    Hasta que se demuestre lo contrario, la sábana santa es verdadera.

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  4. http://www.youtube.com/watch?v=LVQurYX64_o

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  5. ola k asen

    Unos detalles acerca de la corona de espinas. El texto evangélico dice "epí", le pusieron a Jesús una corona SOBRE la cabeza, no alrededor, como la folclórica diadema de marras. Una cita de Vicente de Lerins, siglo V, dice que tenía forma de "pileus", de píleo, un gorro y no una diadema. Es decir, que se había trenzado formando un casco o capacete que habría ocasionado más de cincuenta heridas en el cuero cabelludo. El cardo con el que se confeccionó sigue estando discutido.

    Está discutido porque el tema de los pólenes, estudiado por Frei y luego por Danin et al., está en revisión. La mayor parte de pólenes son de flor de papel (Helichrysum), pero también hay jara, apiáceas y otras matas, incluido lentisco. Eran habituales -convertidos en ungüentos- en ritos funerarios del Próximo Oriente, también se usaban en Norteáfrica.

    A destacar que, como se podía esperar, en su momento se encontraron áloe y mirra en la Síndone. Compárese con Juan 19: 39.

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  6. Hola Hombre-Lupa

    Simplemente avisarte de que actualices la frase de "(tenemos en el taller un miniensayo futuro dedicado a tan peculiar reliquia)" de tu anterior artículo de pinturas porque supongo que con este otro queda obsoleta.

    Un saludo.

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  7. Hola. Editado, gracias.

    Aprovecho la barra de comentarios para completar un poco el tema con algunas alternativas. Un apunte sobre el "remiendo mágico".

    En el 2000 Benford, Marino et al. observaron imágenes de los fragmentos cortados de la Síndone para ser sometidos a la prueba de Carbono 14, y sugirieron que existían remiendos, es decir, que parte de la tela testada se había añadido mediante un zurcido extremadamente sutil. Con posterioridad publicaron las conclusiones en Chemistry Today, en el 2008. Raymond Rogers recogió el guante y sometió sendas muestras -hebras supervivientes de la datación, cortesía de Luigi Gonella, y un pequeño fragmento sindónico- a una batería de pruebas que arrojaron en 2005 en la revista Thermochimica Acta la conclusión de que los pedazos empleados en la prueba del Carbono 14 no eran originales de la Síndone, sino remiendos muy posteriores. Hay que decir que Rogers, que tuvo un papel importante en el STURP de 1978, era una autoridad mundial en lo suyo. Un estudio posterior de Villareal et al. publicado en el 2008 bajo el paraguas del laboratorio de Los Álamos confirmó básicamente sus conclusiones. Las pruebas aplicadas son avanzadísimas. En el "remiendo" se encontraron compuestos inexistentes en la Síndone, como vainillina derivada de la descomposición térmica de la lignina, así como aglutinantes y colorantes asimismos ausentes del lienzo original.

    Hasta donde yo sé, los resultados no han sido refutados. Sí es cierto que el remiendo es sin duda endiablado, pues pocos lo ven :-P Como curiosidad, Mechthild Flury-Lemberg (quien iba a dirigir la toma de muestras en el 88), considerada una de las personas que más saben en el mundo entero de telas antiguas, no ve ese remiendo, considerando la tela sindónica como un todo. El sector escéptico se ha apresurado a dar la máxima credibilidad a Flury-Lemberg .... sin caer en la cuenta de que ella está convencida de la autenticidad del lienzo.

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  8. Unas palabras sobre la herida del costado. La imagen de la Síndone tiene una herida que se correspondería con la famosa "lanzada de Longinos", y que se le habría infligido ya muerto.

    Una observación forense llevaría a concretar que la herida se infligió entre la quinta y sexta costilla del lado derecho. La dimensión de la brecha sería de cuatro centímetros y medio de largo por centímetro y medio de ancho, levemente curva, como hecha por un sólido lanceolado muy filoso. Parece compatible con la hoja oval de una lancea romana.

    La emanación de lo que sería sangre tiene una coloración menos uniforme que la de otras heridas, pues está veteada de pequeñas zonas blanquecinas, lo que estaría en consonancia con la presencia de una emanación que no es sangre. Según Juan 19: 34 es "sangre y agua", interpretada a menudo como suero de un derrame pericárdico según he podido leer..

    No parece haber señal de rotura de costillas, de modo que habría que entender que en todo caso penetró la afilada hoja, pero no el astil, más grueso. No parece haber señal de inflamación, lo que estaría en consonancia con la muerte del ejecutado. La hemorragia no parece excesiva para la herida, lo que podría interpretarse como que ya había fallecido o que la hoja atravesó el diafragma o bien hirió entre éste y la cápsula de Glisson que recubre el hígado y que puede llegar a la quinta costilla derecha.

    La herida en la derecha obviamente no toca el corazón. No creo que fuese ésa la intención. Según se desprende de Juan, el lanzazo no pretende rematar sino percibir si la víctima sigue viva. Un soldado que intente alancear irreflexivamente tendería quizás a hacerlo por el lado derecho del alanceado por pura práctica en la instrucción militar, pues se entiende que el enemigo cubre la zona del corazón asiendo el escudo con la mano izquierda, reservando la derecha (la mayoría de la población es diestra) para manejar a su vez el arma.

    Un ejemplo clásico de herida en el costado derecho, el Gálata Moribundo:

    http://media.mcclatchydc.com/smedia/2013/12/12/13/59/GE24N.AuSt.91.jpeg

    (foto: Tish Wells / MTC)


    Minirrespuesta redactada mientras levito escuchando a Thomas Newman. ¡Salud!

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  9. Sobre el Santo Sudario y tal. Es un tema que no me tengo muy chapado, la verdad, pero como pilla cerca hay varios estudiosos españoles sobre el tema. Estos días han reabierto las puertas de la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, tras varios meses de restauraciones. Es poco conocido que cuando las izquierdas se levantaron contra el gobierno legítimo en octubre de 1934 -seguramente pensaban que sólo podían gobernar ellas, y si no pues "no vale"-, entre las cosas que hicieron en Oviedo se incluyó la voladura de la Cámara Santa. Por fortuna, los daños fueron menores de los esperados. El Pañolón se salvó, aunque conserva restos microscópicos de la detonación.

    ¿Estuvo sobre la cabeza de Jesús o no? La tela está muy arrugada, a buen seguro debido a que fue anudada, y contiene pequeños orificios compatibles con la incisión de espinas, así como manchas ocres que se han verificado, según los estudiosos, como efusión serohemática, suero y sangre, compatibles por muerte debida a edema pulmonar. Es sangre humana antigua, del grupo .... AB. Igual que el grupo alegado de la sangre de la Síndone.

    Se han encontrado restos de áleo y mirra, así como de lentisco y tamarindo. Compatible con el relato evangélico, la flora palestina y la Síndone. Danin concluye que el polen de la Síndone y del Pañolón son básicamente coincidentes.

    A todo esto, las pruebas de Carbono-14 no mueven al paño de la horquilla de los siglos VII-X. Si coincidió en tiempo y espacio con la Síndone, las conclusiones son fáciles de extraer. Le dedicaré algo más de atención al Pañolón, la verdad es que se trata de una reliquia menos fascinante pues no hay imagen. Constaría su existencia en Iberia según las fuentes -estoy hablando de memoria y puedo equivocarme- desde Alfonso II el Casto, y fue recibida oficialmente con Alfonso VI, según parece el mismísimo Mío Cid rubricó la entrega de la reliquia. Interesante. Tal vez vino de territorio andalusí.

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  10. Qué socorrida es la barra de comentarios, oye, así se pueden añadir y matizar muchas cosas. Bueno, ya había aludido a Luigi Garlaschelli, el que dicen que había "reproducido" la Síndone -extremo desmentido por él-, este buen hombre es inasequible al desaliento:

    http://www.nydailynews.com/news/world/new-shroud-turin-analysis-suggests-jesus-crucified-hands-head-article-1.1744408

    Un curioso experimento. Consiguieron sangre humana y probaron a reproducir los regueros de los antebrazos, llegando a la conclusión de que el hombre que sangró tenía los brazos muy por encima de la cabeza, haciendo el cuerpo una gran Y en vez de una T, que es lo que habitualmente se ve. Según el artículo, el "artista" que consiguió la imagen sindónica -no explican cómo- "imaginó" que Cristo tendría los brazos en una posición realmente dolorosa y que dificultaba mucho la respiración. Este experimento tiene pinta de haber sido más barato que el de la "reproducción" que Garlaschelli había presentado hace unos años, de la que él mismo decía que tenía "graves carencias". Bueeeeeno, a ver, yo encantado de que se hagan todos los quimicefas y cluedos del mundo, y por tanto voy a apuntar algunas cosillas:

    -Con sangre de por medio, Garlaschelli acentúa su parecido con Tom Savini XD ;-)

    -Garlaschelli y el otro señor dan por supuesto que la Síndone contiene sangre humana -¡cuñaaaaaao!-, de modo que realizan su prueba con idéntica sustancia, y no con bermellón ni esas cosas.

    -Si uno comprueba con imágenes de crucificados de los siglos XIII y XIV verá que la mayoría tienden a la figura de T, y más bien pocos a la de Y. Insistiendo en esto, no he visto ninguna crucifixión de la época con una Y tan exagerada como la que hace Garlaschelli en el vídeo del artículo. Eso reforzaría -¡más aún!- la peculiaridad de la imagen sindónica respecto de la de la época de Lirey. ¿Pensaron en ello?

    -Espero que nuestro amigo no se emocione y se lance a flagelar a un voluntario :-P con un látigo romano del que no hay constancia que se conociera en el Trescientos. Aunque con lo crack que nos salió el "falsario" igual tenía un flagrum auténtico a mano.

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  11. Una pequeña reflexión ya que estamos en Domingo de Resurrección. He notado que poco a poco el proceso de secularización se va haciendo más diáfano. Pasa en las navidades, esa patética y esperpéntica celebración de la falsedad social donde la estrella de Belén va haciéndose casi invisible, sustituida por renos y un comercial de la cocacola que aparece encaramado en balcones aquí y allá. Pero que pase en Semana Santa me parece peor. A fin de cuentas en navidad lo más celebrado es el fin de año, una convención que dice que el año acaba a las doce en punto p.m., algo bastante absurdo para otras culturas, y que tras las uvas uno "resucita" prometiéndose buenos propósitos para el año que arranca (yo de momento no he cumplido ninguno). Ahora bien, en la fiesta de Resurrección, en que todos deberíamos renovarnos un poco, y no tras una festividad de turrones y zambombas sino tras la tortura y ejecución del Ungido, debería imperar otra atmósfera, otro recogimiento. Antes ponían muchas pelis "de romanos" en las cadenas, ahora ponen algunas, pero muy tangenciales respecto de la Pasión. Te ponen telemovies sobre personajes bíblicos que pillan lejanos; sobre Cristo poca cosa. Hoy ponían "Ágora": es un síntoma.

    Durante el siglo I las reliquias no parecían necesarias. Se contaba con el próximo fin del estado de cosas, en esa generación. Reliquia es algo "relicto", es decir, algo que queda atrás, algo que no hace falta en una ocasión histórica como la que vivían entonces, llena de hervor espiritual y revolucionario, cuando se vivía todo al instante. Era una época de fundación.

    En la época actual, que es de tibia decadencia, tal vez uno de los principales mandatos históricos sea el mismo que tuvieron los monjes irlandeses que salvaron textos clásico: que nuestra tarea sea la de custodiar lo mejor de nuestra cultura, de nuestro mundo europeo, en espera de futuras generaciones que sean capaces de una nueva refundación. Custodiaremos la obra de Bach, de Velázquez, de Bernini, de Molière, las grandes construcciones y las pequeñas cosillas como ese lienzo de 8 * 2 codos reales. Si es ésa nuestra tarea en el concierto de la vida, cúmplase. Si no podemos experimentar a Jesús, conservemos lo mejor de su legado.

    https://www.youtube.com/watch?v=Ftqlx6-obss

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  12. Este vídeo me parece interesante, una conferencia (ponente Andrés Brito) de hace no mucho tiempo que puede tenerse como un compendio de las opiniones favorables a la autenticidad de la Síndone. Tiene 11 partes, enlazadas las otras 10 en el vídeo. Si a alguien le interesa, es una buena introducción al tema sin tener que estar de acuerdo en todo como me pasa a mí:

    https://www.youtube.com/watch?v=9Mm5h322Dpw

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  13. Una noticia que confirma en sus puntos básicos las afirmaciones de Danin, y que ha sido bastante comentada últimamente, el Edices (los sindonólogos españoles) y la Universidad Católica de Murcia han llevado a cabo una nueva investigación sobre el Pañolón, el famoso sudario de Oviedo. Mediante un microscopio de barrido electrónico de última generación han localizado polen que responde a la morfología del Helichrysum (del que se elaboraba un ungüento empleado en Tierra Santa para las exequias fúnebres, y que no era barato precisamente) en la sangre que impregna la tela, como el que aparece en la Síndone. Además el polen está incrustado en los coágulos, lo que en principio descartaría una contaminación posterior. Es otro indicio muy interesante que apoyaría la contemporaneidad de ambas telas (la temporal y la geográfica). Y eso falsaría, obviamente, la datación gótica de la Síndone pues el Pañolón está datado en como mínimo medio milenio antes.

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  14. Ayer estaba viendo Cuarto Milenio, no lo veo siempre pero me parece interesante y suele inspirarme ideas, y hablaban precisamente de la noticia de la que me hice eco aquí mes y medio atrás, el reportaje confirma lo que ya sabíamos (hallazgo de helichrysum en el Pañolón en coágulos de sangre) pero añadía declaraciones del director de la investigación y del presidente de los sindonólogos españoles, con varias alusiones a la experta Marzia Boi, que sabe bastante de pólenes, y al estudio que publicarán demostrando la coincidencia del Pañolón con la Síndone mediante un modelo tridimensional. La verdad es que no le he dedicado demasiada atención al lienzo de Oviedo, pero con el tiempo resulta cada vez más interesante, no sólo por la sangre y las trazas de áloe y mirra, sino también porque tal vez tuvo su importancia en hacer que tomara cuerpo un posible Protocamino de Santiago, con peregrinos acercándose a Oviedo a ver la tela.

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  15. Bueno, ya hacía cinco años de la última ostensión de la Síndone. Vuelve a estar expuesta en san Juan Bautista de Turín hasta el 24 de junio. Francisco tiene proyectado visitarla el 21 ó 22. Supongo que eso supondrá un reverdecer de la vieja polémica, pasto de artículos en la prensa (diaria, semanal y mensual) y la Red. La postura vaticana es todo lo clara que puede serlo viniendo de la sede más diplomática del mundo, para Benedicto es un icono, es decir, no se trata de una reliquia propiamente dicha sino un "algo" de fondo edificante y ennoblecedor, sin necesidad de que sea históricamente del siglo I. La postura vaticana esconde dos planos ya más complicados de confesar: el potencial confesional-turístico que supone para Turín, para la catedral y para la Iglesia en general, y la reserva a posteriores investigaciones, sobre todo invasivas, dado que al fin y al cabo "es un icono" y no hay nada que investigar.

    Lo primero es algo bastante común, hacer negocio con los aspectos residuales de las epifanías que los arquetipos sagrados han dejado a su paso. Así, si la más documentada manifestación de la Señora tiene su reflejo en las peregrinaciones a Fátima y la del Hiperbóreo lo tiene en la todavía insistente proliferación de negocios ufológico-adventistas que aún subsisten, la epifanía del Ungido en la Judea del siglo I (sin duda también es la más documentada de ellas) no iba a dejar de ser imán de visitas.

    Lo segundo, obviamente, conviene a la Santa Sede. Los resultados de 1988 le quitaron un enorme peso de encima que no tiene intención de volver a echarse a la espalda. Con todo, eso no garantiza que nadie quiera atentar contra la Síndone. El misterioso "incendio" de abril de 1997 aún danza en su memoria.

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  16. no mencionaste a davinci, ni mencionaste la separacion entre el cuerpo y la cabeza en la sabana. muy parcializado este articulo

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    1. No lo creo. Ni siquiera he dicho si la Síndone me parece auténtica o no. Lo que sí me parece es fascinante.

      Creo que el amigo Leonardo llega demasiado tarde a esta fiesta, pues nace casi un siglo después de la primera exposición de la Síndone en Lirey, por lo que en general el mundillo "escéptico" no ha tomado en consideración la hipótesis leonardiana.

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  17. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Danubio no digamos, he añadido una nota sobre el curioso panel -presumiblemente templario- de Templecombe, que apuntalaría la hipótesis templarista, que tiene buenos defensores.

    Mi fascinación por la Reliquia no cesa. ¡Salud!

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  18. Cada poco aprendo una cosa nueva sobre la Reliquia. Fue hace dos años, en la revista "Injury", cuando cuatro estudiosos italianos (Bevilacqua, Fanti, D'Arienzo y De Caro) concluyeron que el hombre de la imagen tenía el hombro derecho dislocado y algo descolgado, con parálisis de la mano, de una manera compatible con el exagerado peso del madero sobre el hombro: recordemos el relato evangélico según el cual un tal Simón de Cirene fue obligado a llevar un trecho la cruz.

    Tal hecho, la asimetría de hombros, es muy complicado de apreciar en la Síndone, ya que está horadada y degradada en los lados de la imagen por culpa del incendio de 1532, cuando estaba custodiada en Chambéry. Las copias posteriores de la Síndone no muestran esa luxación; pero, según he leído, las copias anteriores a 1532 sí la reflejaban, extremo que por ahora desconozco.

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  19. Sobre la datación por Carbono 14. Un sindonista, no recuerdo ahora el nombre, había afirmado tiempo atrás que el Nobel Willard F. Libby, a quien debemos la datación por radiocarbono, había desestimado el resultado de las pruebas de 1988 porque la Síndone no era el objeto idóneo para esas pruebas y que podía dar una resultado distorsionado.

    Eso es imposible, claro, porque Libby murió en 1980. Ese patinazo del sindonista ha sido, por lo que he podido leer, intensamente exprimido por los "escépticos" queriendo dar a entender que los interesados en la Reliquia son unos indocumentados o unos manipuladores, o ambas cosas.

    Sin embargo, leyendo "The Shroud" (2010) de Ian Wilson, sí se revela que especialistas en datación por radiocarbono ya desaconsejaban su aplicación a la Síndone, mucho antes de 1988. Cita Wilson a P. J. Anderson, especialista de los laboratorios Harwell (inmersos en una guerra sorda con otros laboratorios acerca de qué técnica de datación acabaría imponiéndose, un aspecto "humano" que se suele olvidar, ¿os acordáis de la guerra VHS-Beta en los vídeos domésticos de los ochenta?, no ganó el mejor), quien afirma expresamente eso, que la Síndone es un objeto muy inadecuado para la prueba. Cita Wilson a otros especialistas que concuerdan en la misma idea, pero lo más interesante es saber lo que la Santa Sede ya sabía cuando decidió, a toda prisa, someter la Síndone al examen por radiocarbono.

    La Santa Sede, que tiene información privilegiada como ningún otro centro de poder del mundo, sabía DE SOBRA que sometía la pieza de lino al descrédito.

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  20. Novedades. No sólo la Síndone estuvo en contacto con sangre humana, sino además con sangre de alguien que había sufrido politraumatismos o, en palabras de Luigi Fanti, una tortura. La notable presencia de creatinita unida a partículas de hidrato de hierro así parece indicarlo.

    http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0180487

    Seguimos para bingo. ¡Salud!

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