sábado, 15 de febrero de 2014

Jóvenes y findes y viceversa: balance tras medio siglo de juerga




En la Inglaterra de los sesenta causaron sensación dos grupos juveniles difusos, lo que llamamos desde hace tiempo "tribus urbanas", los mods y los rockers, que se caracterizaban por beber de la emergente cultura popular useña -unos seguían el soul afrouseño y otros el r'n'r más del gusto proletario blanco-, por las noches locas y por dirimir sus diferencias a castañazo limpio. Fue famosa la batalla campal de Brighton, el 18 de mayo de 1964, durante la cual se dice que hasta 1300 mods y rockers se dieron los buenos días a puñetazos, patadas y algunos navajazos.

Quince años después, el cine inmortalizaba aquel momento histórico-social. La mala experiencia de la versión fílmica de "Tommy" hizo que la banda The Who se involucrase a fondo en la supervisión de "Quadrophenia" (1979, Franc Roddam), versión para pantallas del disco homónimo de la banda -publicado en 1973-, con justicia considerado uno de los momentos más altos del rock. Todo estaba ya ahí: rabia adolescente, padres aburridos, trabajos decepcionantes, chicas feas disponibles, chicas guapas difíciles de alcanzar, un caribeño con el sombrero lleno de anfetaminas, fiestas en pisos, máquinas de pinball, vespas, lambrettas, anoraks, macarras buscando jaleo, machos-alfa rubicundos ejerciendo de comandantes, viejos poniendo cara de desaprobación, cantantes soul sonando de fondo, peleas, sentimientos extremos y urgencia, mucha urgencia por vivir el momento, por sentirse hermosos y únicos, conectados con el Cielo a través de la música, el sexo ocasional, la lucha cuerpo a cuerpo e incluso paseos -tanto figurados como literales- por el borde del abismo.



No existen movimientos sin gente que los mueva. Gran parte de la energía punk que exuda la moda juvenil occidental de las farras, las peleas y las intoxicaciones proviene de la personalidad excesiva, bipolar y maniática de Pete Townshend, el guitarrista y compositor de The Who, al menos tanto como otras figuras de la revolución musical sesentera. Es por eso que la película no es tan tardía como podría parecer, al glosar vivencias de quince años atrás, pues a finales de los setenta Inglaterra vivía un rejuvenecimiento de esa urgencia precisamente en el movimiento punk. Para entonces Townshend le había dicho adiós a tanta efervescencia -su grupo se había convertido en la típica banda dinosaurio de virtuosismo instrumental, grandes giras, efectos de iluminación y aforos gigantes, algo odiado por los punks-, pues el film y el disco que lo inspira arrancan de la pasión juvenil y terminan en la aceptación de que es necesario madurar. A propósito de la pasión juvenil, los Who se permiten un anacronismo en la peli: en una fiesta se pincha el single "My generation", que saldría un año después pero que contenía la frase punk por excelencia, "espero morir antes que ser viejo", y los chicos comienzan a bailar de modo espasmódico, violento y viril, con movimientos crudos y secos, como preparándose para una pelea, a diferencia del soul feminoide que sonaba con anterioridad. Este mítico himno, por su radicalidad, estaba en las antípodas de la prédica de un Bob Dylan en su no menos mítico "The times they are a-changin", pues mientras Dylan se mostraba razonable y empleaba un vehículo expresivo tradicional -balada folk con imágenes bíblicas- los Townshend y compañía optaban por el hachazo.

La idea de que es horrible envejecer flota en el ambiente. Así, los Rolling Stones en una canción próxima en el tiempo a "My generation", afirman lo mismo en "Mother's little helper", en la que hay una referencia explícita a los barbitúricos como droga social de la generación anterior que pierde el contacto con los jóvenes del momento. Y no digamos cómo se sentía eso a finales de los setenta, cuando los pioneros de la primera hornada se adherían a ese anhelo de inmediatez y de juventud de los nuevos punks. Ésa es la filosofía del mítico "Rust never sleeps" (1979) de Neil Young & Crazy Horse y su lema "es preferible arder a desvanecerse", es decir, gastar toda nuestra barra de energía cual héroes de videojuego en un momento heroico en que nos sentimos conectados con esa otra Energía primordial en vez de dejarse estar mientras los años se acumulan encima y el edificio de nuestro cuerpo se va desvencijando. Todos lo hemos sentido así.


El joven de la época se pone a tartamudear cuando intenta explicarse. Lo único que dice con claridad es "hope I die before I get old".

La apuesta por la madurez hacía terminar la aventura mod estrellando la moto de uno de los suyos desde los pasmosos South Downs. El conflicto está ahí. O lo uno o lo otro. O vivir al límite y dejar un cadáver bonito o feo, eso ya depende de la genética de cada uno, o bien cerrar esa etapa y mirar adelante. ¿Qué hacer? Parece increíble pero no lo es, todo lo que se podría decir sobre sentirse joven y hacer cafradas ya quedó expuesto hace 50 años, ya fue vivido, ya fue contado y ya fue concluido como una experiencia cerrada. La impresión que se tiene es que la movida juvenil desde entonces es simplemente la repetición de un patrón, la aburrida repetición de algo que ya se vivió y de lo que queda la corteza seca. 

Los sesenta fueron llamados la década prodigiosa por algo. Posiblemente por primera vez en la historia humana, una manifestación artística no tarda siglos en llegar a su plenitud sino unos poquitos años. Eso fue lo que pasó con la música rock y pop. Es algo incomprensible para la gente que sólo escucha música de hoy -lo que es un decir: todo lo que suena ahora se hizo ya en los noventa, y llevan dos décadas repitiéndolo, encima con menos gracia-, música que suena toda igual, enlatada, sin ingenio, sin nada especial, música por la que nadie moriría, música que es incapaz de hacer revivir, pero los sesenta lograron cotas gloriosas con muchos menos medios y muchas más cosas que contar.

La revolución rock dejó clara una cosa: cuanto antes, mejor. Por lo general los mejores discos de los grandes grupos suelen ser los primeros. Con frecuencia es el primero. También habitualmente esos primeros discos eran grabados de tirón, en una atmósfera de improvisación y hasta de caos. Asimismo, el rock exigía víctimas. Dudo que haya existido un movimiento artístico con tantas muertes en su haber, tanto que se hacen incontables. Se aplicaba a fondo la máxima de vivir rápido.

Básicamente hay tres etapas: la improvisación exitosa, el cuidado maniático y la producción ratonera. En los sesenta era entrar en el estudio, grabar y a otra cosa. El caso más extremado fue el de los neoyorquinos The Velvet Underground, un grupo que se limitaba a giras locales. Andy Warhol les impuso una vocalista, la alemana Nico, y les ayudó a grabar su primer disco, lo que hicieron en un solo día quedando las grabaciones muertas de la risa en algún rincón. En 1967 sale con un plátano firmado por Warhol en la portada. Sus ventas son ínfimas. Y hoy es el disco más influyente de la historia. No falta de nada: arrogancia ovárica, visitas a los barrios negros por drogas, sadomaso, poetas beatniks, niñatas que no saben qué ponerse, chutes de caballo, simbolismo delirante y mucho ruido desquiciado, en un disco que empieza con Lou Reed imitando la voz de Nico sobre un fondo de glockenspiel y termina con una jam cacofónica totalmente ida de olla. Eso sí, como estrambote también nos dejaron una de las más bellas y perfectas baladas pop de siempre, sugiriendo la necesidad de delicadeza y pureza en el seno de una generación que no sabía a dónde iba:


 Cuando la gracia original desbordante se va perdiendo con el paso del tiempo, es el momento para la generación de shoegazers, de vida mucho menos festiva que la de la gente sesentera y mucho más volcados hacia su mundo interior, allí donde pueden reinar. Grupos noventeros como My Bloody Valentine o Spiritualized se hicieron famosos por pasarse hasta un año remezclando una y otra vez las tomas de sus obras maestras hasta dar con el sonido perfecto y único: máxima perfección, cero improvisación. Eso sí, musicalmente funcionaba.


La tercera época es la actual. Las sucesivas olas de Napster, Audiogalaxy, Kazaa, eMule, etc etc a principios de siglo convirtieron el esmero de productores e ingenieros en un gasto inútil, lanzando al mundo pop a la masificación mimética de continuos lanzamientos de "artistas" exactamente iguales a los anteriores, vía MTV y similares, en una ceremonia de la continuidad más aburrida y más previsible. Por otra parte, los músicos más inquietos optan por la autoproducción y autoedición digitales, consiguiendo estar en mínimos históricos de repercusión estética y social. Pero la victoria total de las Rihannas de hoy no es algo que haya surgido de la noche a la mañana. Casi todo lo que hoy se baila vino de los setenta.

Siempre ha habido grupos prefabricados. De toda la vida. Desde los Monkees. Pero hoy en día no es que haya grupos prefabricados sino que todo está prefabricado, no hay nada dejado a la improvisación, todo está medido, todo suena a plástico. No son invectivas de abuelo cebolleta, sino la pura verdad. El ejemplo perfecto es el de la canción del verano. Vale que nunca fueron gran cosa, pero hoy en día simplemente son una fórmula, parece que algún software improvisa una melodía cutre a la que unos avispados intermediarios trufan de versos idiotas en los que están obligatoriamente las palabras "amor", "corazón", "fiesta", "calor", "latino", "pasión", "verano" y "bonita". Luego hacen un vídeo rodado en el yate de algún amigo forrado, y a cobrar que son dos días.

A pesar de haber sido parida por las élites progres que ya conocemos, la banda sonora de Occidente se revela ferozmente conservadora en lo artístico y espiritual -y eso cuando hay algo artístico o espiritual que rastrear, cada vez menos-. A nivel personal, prefiero un millón de veces el californismo soñador y buenazo de aquella época a la horrenda dictadura antiartística y antimusical que sus élites pretender convertir en banda sonora no ya de Occidente sino de todo un mundo mezclado, masificado y homogeneizado. Unos pocos universitarios vibraban de aquéllas con Nick Drake; hoy todo quisque conoce a la Beyoncé de turno y ve sus huecos vídeos de autobombo -temática única: "qué buena estoy y qué bien me queda este modelito"- iPhone en ristre, en Manchester, en Mumbai, en Tokio o en Rio de Janeiro.


Progre, sí, pero serio y digno. Cualquiera de nosotros estamparía su firma junto a la de Joe Hill. Desconfiad de quienes despotrican de la música comprometida de décadas anteriores.

Espiritualidad new-age, pero de gran hondura y con una música de inspiración divina. Van the Man grabó este disco inmortal en dos días cuando era un chaval, y jamás ha vuelto a repetir tanta calidad.

Ahora hablemos del punk.

Para la comprensión de esta historia, hay que entender que hay música espontánea y música planificada, esto es, música inspirada y música reducida a datos y variables que se pueden manejar. Es la misma diferencia entre un jefe guerrillero que vence una y otra vez a un ejército convencional y un comandante de Estado Mayor que se entretiene con gráficas, mapas y maquetas mientras sus hombres se comen los mocos. Un día alguien inventó la dicotomía diabólica entre el cantante guaperas con vozarrón que triunfaba y se llevaba los suspiros de ellas y los aplausos de todos, y el feo sin voz que le escribía unas canciones cojonudas a cambio de cuatro duros. Lo gracioso fue cuando el feo desgarbado se levantó un día con el cuerpo torero y decidió defender él mismo, con dos narices, sus composiciones. Eso es punk. El punk consiste en la actitud. Es ponerse a hacer música e intentar sacar discos sin saber tocar, sin ser un virtuoso ni un producto académico.

A principios de los sesenta seguramente Bob Dylan causó sensación. Un anti-crooner con una voz nasal de lija cantaba sus propias canciones. De algún modo indicó a los demás su verdadero camino, el que tenían que recorrer por sí mismos. Con su propia voz, ayudaba a los de su generación a encontrar las suyas propias. La música se democratizaba, salía del círculo monopolizador que la controlaba y alcanzaba una emocionante pureza nacida de la sinceridad. Todo el mundo podía tener su banda.

La música popular de este último medio siglo cumple una ley pendular: de lo puro y sencillo a lo recargado y aparatoso. Ya a finales de los sesenta, con la aparición de gente como Cream o Led Zeppelin, el virtuosismo comienza a exigir atención. Los años sesenta son los del hard-rock, el prog y las bandas petulantes que petaban el escenario con infinidad de instrumentos, gadgets, efectos más de guardarropía que de otra cosa, inaguantables solos de guitarra o de órgano, vestuario decadente, maquillaje, permanentes .... La gente cumple años, con lo que aparece el AOR, rock orientado a adultos, es decir, pop aburrido, tipo Fleetwood Mac o Steely Dan. Y precisamente contra todo eso aparece el estallido punk, fundamentalmente en Inglaterra. Un grupo que no sabía tocar ni componer ni nada, cuatro desastrados hábilmente manejados por Malcolm McLaren -que les puso el estúpido nombre Sex Pistols-, comenzaron a llamar la atención de la sociedad inglesa y de la nueva juventud, infectada de la nueva versión post-68 del marxismo cultural. Gracias a una entrevista-desastre televisiva se ganaron un inmortal titular a toda página del Daily Express: "Punk? Call it filthy lucre". El caso es que aquellos muchachos sin nada que decir -y sin nada que tocar: a Sid Vicious le desenchufaban el bajo en los conciertos para que no estropeara más aún los ya de por sí cochambrosos temas musicales- manifestaban nuevamente esa urgencia, esa desazón, ese no-sé-qué tan poderoso que lleva a cometer locuras, a saltarse las normas sociales e incluso las biológicas de la propia autoconservación. Supongo que ser joven significa ponerse en peligro a uno mismo, y que el rock ayuda a ello. Lo que había compuesto Townshend tiempo atrás volvía a ser el lema de una nueva hornada de inglesitos dominados por el desasosiego.

Lo cierto es que, para cuando se publicaba su refrito de singles, Sex Pistols ya no existían. Sid Vicious se quita la vida y Johnny Rotten apuesta por el crossover. Inmediatez y víctimas: el patrón se repite. La escena musical, sin embargo, había captado el mensaje. Había que tocar con lo que fuera, agarrar la guitarra aun sin tener ni idea, grabar en plan guerrilla y hacer circular las cintas, por si suena la flauta y un John Peel os llama para que toquéis en la tele.

Sin embargo, lo que ya arrasaba por entonces era la música disco.


Visto en imgur.com

A lo largo de los setenta surgieron dos alternativas al rock como vertebrador de las emociones juveniles. Una fue determinado underground íntimamente relacionado con la ideología de la subhumanidad, rápidamente apartado por el sistema, y la otra fue la música disco. Hoy en día la gente se toma a coña aquellas discotecas con la bola pixelada girando, la peña tomando cubatas como si no hubiera un mañana y meneándose en la pista entre lucecitas llevando las ropas más absurdas. Pues yo no me río, porque casi la completa totalidad de música comercial de hoy es simplemente un derivado de aquélla, pero puesta al día -y tampoco mucho-. El disco supuso no sólo la muerte artística de la música negra en Usa, tragándose como un embudo la creatividad de aquella gente, sino también la alternativa feminizante al rock. 

Uno no sigue del mismo modo con el cuerpo un buen rock de guitarras o un pop bailable. En el primero, lo sigue con movimientos crudos, casi marciales, afirmativos de la propia personalidad: es el anticipo de un combate. A pocas mujeres verás moviéndose así. En el segundo caso, incluso los hombres se mueven oscilando y bamboleando las caderas, como en los bailes caribeños: es el anticipo, o el sucedáneo, de un acto sexual.

El acto de la danza ha tenido muchas connotaciones en nuestro mundo. Tiene un carácter galante, de cortejo. También de preparación para la caza. O de propiciación de la fertilidad. Sin embargo, si observamos el panorama actual veremos que el baile como tal en nuestra sociedad se ha polarizado, pues existen tres tipos de bailes:

-El baile regional, una simplificación hecha por etnólogos de escritorio, válido únicamente para celebrarse durante una recepción institucional o un espacio de variedades de las televisiones autonómicas.

-El ballet o baile elitista, género musical también muerto y cuyo consumo es mero signo de estatus entre los nuevos cortesanos urbanos.

-El baile tribal revuelto de las discotecas. Hay que hacer notar que es la esperpéntica parodia de los bailes de la fertilidad y del cortejo, reducidos a la mínima expresión -en los últimos tiempos la simbología de la fecundación se ha visto "enriquecida" con el perreo-, precisamente en una época de crisis fecundatoria occidental, ironías de la vida.

En el baile tribal de la disco la individualidad que concede el rock desaparece gracias a la disolución del sujeto danzante en una masa que toma vida propia y cuya dinámica circular describe también círculos internos en la psique de los intervinientes, deslizándose cada vez más hacia abajo hasta llegar a una inconsciencia que no alcanza el éxtasis tribal de los pueblos primitivos por lo que ha de ser ayudada con apoyos químicos, empezando con el alcohol y terminando con cualquiera de los cristalitos de droga que se sintetizan cada semana. 

En el mundo del disco la tribalidad se refuerza por su matriarcado. Es el mundo de la mujer.


Nocturnidad, luna y formas curvas por doquier: la música disco, o la alternativa femenina al rock. Promo de Donna Summer, que en gloria esté.

Cuarenta años después de que el Hollywood sonoro expandiese la mitología de las hembras-alfa, el disco las recupera con entusiasmo. El mejor ejemplo sigue siendo Donna Summer, sin duda. El productor Giorgio Moroder creaba un colchón musical enteramente sintético, robótico incluso, al que se superponía la voz orgásmica de la Summer, quien explotaba a conciencia el tópico de la mujer negra hiperultrasexualizada. Volvíamos a la situación previa a la democratización del rock -productor y compositor por un lado, vocalista por el otro-. La intérprete de talento abandonaba el góspel y el musical para hacerse figura mundial con una música sin raíces, artificial, tecnófila pero también entretenida y resultona.

La mujer se convierte en una diosa. El matriarcado de la disco lo dicta así, al igual que en las viejas religiones, la diosa en el centro y una muchedumbre de patéticas divinidades masculinas menores, revoloteando a su alrededor esperando que a uno de ellos le sea concedida la gracia de consumar la hierogamia. A nivel simbólico resulta bastante apropiado en una sociedad que adopta formas de colmena o de hormiguero -pero sin su magnífica organización-. A nivel biológico, esa confluencia circular -la idea de curva es fundamental en el matriarcado disco- favorece la feminización del hombre y la mitificación de la mujer. El dimorfismo se atenúa. Un caso llamativo de lo dicho fue el de ABBA, reyes del disco.


Una década después del grito desesperado de Pete Townshend, el panorama había mutado completamente. El varón con hambre de autenticidad ha dejado paso a la chica bailonga rodeada de pagafantosos. La canción es inolvidable, y yo bailaría con Agnetha por toda la eternidad, pero no se nos puede escapar que el cambiazo que nos han metido ha sido de consideración. Desde 1976 todo sigue más o menos igual.

La feminización en el disco se aprecia en:

-Alejamiento de la intemperie: se practica en locales cerrados.

-Presencia de símbolos femeninos: la bola que lanza destellos es metáfora de la luna llena. El disco es de práctica ritual nocturna.

-Ropa de fiesta que tiene reminiscencias de las vestimentas cortesanas.

-Empleo de voces en falsete o tratadas con filtros.

-Sobreabundancia de colonias, desodorantes y demás enmascaradores del sudor necesarios en locales. El maquillaje y los cuidados embellecedores comienzan a interesar a los hombres.

-La sexualidad se reduce a la simulación del coito. La mujer no necesita más para sentirse deseada y para irse a casa pensando que ha sido una buena noche. Sin embargo, para el hombre es causa de frustración.

En ese sentido, puede decirse que el rock era música realmente popular en la que el varón tenía un peso importante, incluso preponderante, y además música que hundía raíces en necesidades e insatisfacciones muy profundas, relacionadas con el sentido de la vida y las relaciones con la generación anterior. El disco ofrecía una alternativa cibernética, estéril, desarraigada, consumista, gastona, exclusivamente nocturna y orientada machaconamente al público femenino, que se ha llevado el gato al agua.

El resultado es que el rock ha casi desaparecido desde hace tiempo de la parrilla televisiva, sustituido por la música de baile descafeinada, un soul-pop completamente blanqueado y tecno baratillero incapaz de superar lo que se hizo dos décadas atrás. En realidad el neo-disco en que vivimos pretende ser la música de fondo de la nueva humanidad global programada por las élites californistas, una música a buen seguro muy entretenida pero sin capacidad de hacer pensar. Toda sociedad se puede definir y juzgar en función de su música más característica. ¿Qué calificativo se merecerá la sociedad actual?

A estas alturas se puede entender por qué a Michael Jackson se le llamó el Rey del Pop. Era un ídolo multirracial porque a su modo también lo era físicamente -con los años, como sabemos, se fue "convirtiendo en blanco"-, y su música sin raíces derivaba del disco setentero, del que el propio Jackson había sido vocalista infantil-. Muchos de sus vídeos parecen programaciones mentales mundialistas. No es de extrañar que sentara sus reales en California (el rancho Neverland está en Santa Bárbara, CA).

Cuando me hablan de esa institución intocable y sagrada que es el fin de semana, me entran ganas de reír. Para mí es básicamente gente enlatada en un local, dando saltos como peces fuera del agua, trasegando alcohol y demás sustancias, meando por la calle mientras esquivan los cascos y cubatas rotos, niñatas que lloriquean, grupos de chavales envalentonados por ir en grupo, malas copias de Cristiano Ronaldo, diosecillas bailarinas con aspiración a convertirse en tronistas, peleas absurdas y gratuitas de las que sale el juicio entre tres y cuatro años después, conversaciones a gritos por el móvil, contenedores volcados, colas en la parada de taxis y música mala por doquier. Bueno, que cada uno se divierta a su aire, a mí me gusta salir, pero lo que vivimos desde que unos mods y unos rockers se hostiaron en Brighton hace la friolera de cincuenta años es un ritual no sólo vacío sino además fraudulento. Estamos buscando donde no hay.

Ok, no pasa nada. Los domingos por la mañana la ciudad da más asco aún que de costumbre al estar alfombrada de vidrios, vómitos y demás restos de la batalla musical (porque sin música no hay Dios que aguante en un sitio de ésos por mucho que beba). No importa. Los jóvenes viven la noche y los mayores descansan en sus casas. Porque ése es el intríngulis: quienes salen son los no-propietarios. De ese modo la institución fin-de-semana sirve de sedante mientras no sientas la cabeza y realizas ese gran acto que te convierte en respetable: firmar la hipoteca. Pero mientras tanto sigues perteneciendo a la Gran Rueda.



¿Qué resultado han tenido cincuenta años de experiencia? ¿Qué han dejado de bueno? Ni siquiera son un buen negocio en temas de hostelería. Bueno, sí son un negocio, la copa vale siete veces más que los dos dedos de licor + hielo + refresco de batalla que te sirven. Pero los 50 euros que tres amigos se funden en copas no crean puestos de trabajo ni tiran de proveedores. Es alguien que les sirve las copas, nada más. Si esos 50 euros se gastasen en un restaurante, además del camarero pagas cocina, y la cadena de proveedores se mueve más porque el producto es perecedero. A pesar de ello, el sacrosanto finde sigue presentándose como una especie de gallina de los huevos de oro para el sector hostelero. Lo será a efectos de valor añadido, no de empleo.

Curiosamente, para paliar el matriarcado disco la patronal hostelera ha montado un local que es la inversión de la discoteca: el puticlub. Ahí el hombre es el que es centro de atención de la mujer, eso sí, sin dejar de ser en ningún momento el paganini, y hasta pagando bastante más. Estrategia win-win.




 Yo voy a seguir saliendo. Pero no pertenezco a esta sociedad ni a sus trampas. ¿Condenado a la soledad de lobo estepario por ello? No. No creo que ninguno de los inglesitos de las playas de Brighton se sintiera solo.




12 comentarios:

  1. Vangelis o Pink Floyd fueron los precursores(o más bien pioneros) de la música e ideología New Age y también fueron bastante influyentes en esos años.


    Dentro de la dinámica feminizante de la música Disco y sus sucedáneos posteriores(house, tecno ...) surgió algo así como una variante masculina deformada:
    el hardcore y "el bacalao" de principios y mitad de los 90 con sus marrullerismos, su extasis y sus coches estampados los sábados por la noche.


    Leyendo parte de este artículo me ha venido a la cabeza "El mundillo de las discotecas" de NT...

    Yo mismo(ya hace bastantes años por suerte) he participado en ese absurdo ritual de divinización de"la diva"-divas- en garitos y discotecas, aunque jamás roce siquiera el pagafantismo .Siempre fui consciente del absurdo de babear a una individua o individuas movidas por el ego y que fuera de un tugurio no se las miraba ni su madre.



    El grupo inglés multiracial me recuerda al grupo dance"Vengaboys" sólo que con toque actualizado al incluir gafapastas frikis en vez de mariquitas de discoteca...

    Lo cierto es que sí, que los fenómenos sociales-todos o casi todos- de hoy en día no tienen nada de nuevo y no son más que sucedáneos y réplicas cada vez más disolutas- de algo que comenzó hace ya más de 50 años.
    La élite economicopolitica conoce perfectamente- y además influye y moldea- la mente humana, al menos de la mayoría de ellos. Saben perfectamente como el mundo de los bajos instintos son un pingüe negocio y, de paso, sirven como buen narcótico social.
    Algún día el ciclo se parará y habrá un cambio de plato, lo que pasa es que los ciclos y dinámicas, a no ser que haya un incidente realmente traumático y generalizado, son muy largos, duran décadas o incluso siglos.

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  2. Muy buen artículo Gardner.

    El asunto de las discos y su esencia femenina es bastante definitorio de la cultura de esta época.
    Un verdadero drama eso que has comentado del hecho que las mujeres son las que tienen el sarten por el mango en ese mundo discotequero de lo más decadente. El hecho es que son las mujeres las que se sienten totalmente dominantes en ese submundo de las discotecas, donde las babas de los hombres llenan todas las salas de los clubes del mundo. Y al final ¿Para qué? para como dices, irse en la mayoría de los casos frustrados a sus casas y con 50€ menos en el bolsillo. Ellas, sin embargo, se van con su ego por las nubes.

    No obstante el hecho de que la mujer "triunfe" en las discotecas y demás ambientes de "ligue", no quiere decir que estas sean más felices. Ese ego subido con el que se van a sus casas es suplido con creces con la creciente neurosis que al menos en mi caso noto en buena parte de ellas; aparte de frigideces y traumas mentales varios. Se podrán sentir "hormigas reinas" por una noche pero en la soledad de sus casas, y a pesar de la independencia financiera y liberación de las que presumen hoy día, pueden sentir el dolor de verse perdidas.

    En lo más profundo de su ser saben que están más solas que nunca.

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  3. Rubén, estoy convencido de que no son más felices, pero no cabe duda de que el halago es no sólo agradable sino también adictivo. Seguro que muchas siguen saliendo, apurando los años, para experimentar nuevamente esa sensación, ya más atenuada. Y luego que no vengan diciendo, dos décadas después, que no encuentran al hombre adecuado. Ya me dirán cómo pretenden encontrarlo. Si un hombre está interesado en ese tipo de mujer, para qué va a comprometerse cuando cada finde hay setecientos millones de ellas.

    Una cosa está clara: el ego es un buen negocio. E inflar su apetito no es casualidad ni sucede porque sí. Sucede porque se le hace suceder. La noche lo favorece, por algún motivo el dinero parece menos dinero por las noches, y se gasta con más alegría y con menos motivo.

    Y a pesar de todo estoy convencido de que hay muchas mujeres que merecen la pena, pero si quieres encontrarlas en la noche posiblemente tengas que mirar en el otro lado de la barra, poniendo copas. Conozco el percal y no miento. Esas chicas son de otra pasta, serias y de actos nítidos (con excepciones, claro).

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  4. Muy interesante tu explicación de cómo pasamos del rock y hasta el salvajismo punk (y te has olvidado del metal, te voy a perdonar que no hayas mencionado a Slayer o a Venom :-) a esa música tan matriarcal que tenemos hoy y con la consiguiente influencia sobre la juventud. De un exceso de salvajismo y una especie de "no future" hemos pasado a enlatarnos al estilo conformista y baboso pagafanteo, meneando las caderas como bailarinas bajo una luz redonda y curva en el techo. ¿Cómo han podido convencernos de eso? Por la promesa del sexo. Estaría bien hacer el experimento social de dejar engañados a un montón de tíos heterosexuales una noche entera en una fiesta sin poder salir hasta acabar la noche, a ver cómo reaccionaban sin ellos saber nada.

    Es increíble el borreguismo de la gente, si la publicidad dice cuál es la moda, van todos como ovejas. Los publicistas son muy listos y van a por las mujeres. Una vez que las convencen, ejercen su influencia sobre los hombres. Pocos anuncios van dirigidos a los hombres, aunque ahora se ven más porque saben que el hombre ya empieza a ser así también. Mejor no opino sobre la psicología femenina porque no quiero convertir el espacio de Hombre-Lupa en una caverna machista. Pero realmente son muy predecibles y los listos lo han sabido explotar de maravilla.

    Muy de acuerdo con todos vosotros. paradójicamente ahora son más desgraciadas que nunca y en el fondo muchas están hasta destrozadas. Se basan en posar y aparentar, por eso son adictas a las modas y a lo superficial. Pero al no obtener nada realmente de ello, se sienten solas y desgraciadas.

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  5. Hola a todos,

    el mundo de las discotecas y de la noche finalmente es una estafa para los dos sexos: para los hombres, que hacen de burros a los que se le pone el palo con la zanahoria delante en forma de promesa de sexo esporádico y sin compromisos que la mayoría de las veces nunca llega y en cuya persecución derrochan estúpidamente el tiempo y el dinero teniendo que apiñarse unos con otros en zulos nocturnos y bailar al son de sucedáneos de músicas enlatadas y feminizantes.(al final uno cae en la conclusión de que hubieran salido más las cuentas yéndose de putas).

    Las mujeres: el mundo de la noche con su alcohol,sus drogas y sus músicas idiotas acaba también por embrutecerlas, volverlas egocéntricas, narcisistas y matar poco a poco su espiritualidad y el sentido de su existencia como mujeres. Desgraciadamente para ellas, se pasan los años y el arroz y cuando se dan cuenta de que no pueden ser eternamente "las reinas del baile" sobreviene la frustración vital, he visto a mujeres de cuarentaypico años apoyadas en la barra de una discoteca, solas, pintarrajeadas, y con expresión de hastío y frustración, y la verdad es que resulta un espectáculo bastante triste.

    El establishment conoce los puntos débiles de ambos "géneros", al hombre se le manipula básicamente con un bombardeo diario de sexo hasta en la sopa, y a la mujer se le ha manipulado y estafado con una supuesta "liberación" que lo que ha hecho en realidad es exacerbar su egocentrismo hasta niveles insospechados manipulando su complejo de víctima y destruyendo su verdadera espiritualidad, y sin espiritualidad no puede haber liberación posible.

    un saludo

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  6. Estamos bastante de acuerdo en general ;-) Parece que caminamos por la infernal ruta de lo irreversible. Si finalmente triunfa la Idiocracia -no sé si habéis visto la peli, no tiene desperdicio-, el discotequeo no sólo no entrará en decadencia sino que empezará los miércoles.

    Por eso la gente emparejada no sale, o sale de otra forma. Las discos son plantas carnívoras, o panales de rica miel a los que mil moscas acudieron. Son también puertas al Inframundo.

    Este vídeo lo colgó un colega en VNN, y se lo agradezco porque no tiene desperdicio:

    http://www.youtube.com/watch?v=0KGW8CL1NcE

    Todo un profeta XD

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  7. Que tal, muy bueno el artículo y las opiniones. Coincido prácticamente en todo, sólo apuntaría esto: nadie es ingenuo con lo que está pasando, todos los que alguna vez hemos pisado una disco sabemos que para nosotros es un lugar de levante explícito, para la mujer de exposición y ampliación del ego. También hay que reconocer que, a un costo alto, te expande las posibilidades de conocer a la mujer de tu vida y que quizás bailando esa música ridícula que no te gusta y haciendo el payaso, des con una hembra de verdad y construyas una relación linda fuera de la noche y su estupidez. En la disco hay que estar muy alerta, muy perceptivo, y aceptar las reglas de juego, sino no vayas. A todos nos gustaría conquistar a una hermosa mujer discutiendo sobre los artículos de la iberia futura, tomando una cerveza en un barcito escuchando rock de fondo jaja. En este universo eso no es posible. Por último, he notado que quienes se toman muy en serio durante años la vida en la disco, no salen indemnes, la mujer a pesar de 'sentar cabeza' siempre le hace sentir al hombre que tiene al lado que es pobre boludo y que hay decenas de tipos disponibles a reemplazarlo, como dentro de una disco. Al hombre, a aceptar relaciones asimétricas, o amo-esclavo con naturalidad y a ser gobernado por la mujer. Saludos

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  8. Anónimo, no sé si será muy efectivo intentar ligar hablando del exceso de glutamato en la dieta XD

    Es verdad que las buenas chicas salen también. Cuando empecé a salir y me encontraba con antiguas compañeras de cole que sí merecían la pena -pienso que eso es algo que uno sabe rastrear, quién la merece y quién no, aunque luego la carne sea débil-, no por eso dejaban de ser buenas, incluso así además parecían "divertidas", pero siempre me dio la sensación de que estaban fuera de lugar y de que su presencia en aquellos sitios era algo así como un peaje que se tenía que pagar.

    La época en que se forman las parejas suele ser durante la universidad, o una vez insertado laboralmente, con una compañera. Ves a la chica sin focos, sin música pegajosa, sin apretujones, pudiendo hablar sin tener que gritar y sin necesidad de impresionar con la primera frase. Y compartes una misma realidad, unas mismas preocupaciones y todo eso. Me valen también las páginas web de buscar pareja, ¿por qué no?, algunas están más orientadas al folleteo-colegueo pero otras sin duda son más eficaces.

    Una ventaja que le veo a lo de salir es que es bastante transversal. Quitando los locales muy decantados socialmente -fumetas de ultraizquierda, canis, etc-, puedes conocer chicas de distinta vida social a la tuya. Yo soy obrero manual y la gente que me conoce opina que estoy, por decirlo con una palabra, "sobreculturizado" para mi trabajo por lo que durante las noches puedo conocer y hablar sin meter demasiado la pata con chicas que fuera de ese ámbito me quedarían muy lejos por mi horario y mi uniforme. Es quizá la mayor ventaja que le veo. Todos los gatos somos pardos ;-)

    ¡Salud!

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  9. Por cierto, muy bueno el tema de closure ese...no conozco ese tipo de grupos..

    y como no, el Astral Weeks da Van Morrison...voy a desempolvar ese cd....que exquisitez. En aquella época Morrison estaba tocado por los dioses. No es que ahora no lo esté, de hecho un amigo mío lo prefiere en su última etapa, pero yo me quedo con el Van más de antes

    Saludos

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  10. De rollos metaleros no estoy demasiado puesto, la verdad, me gusta el rock de guitarras pero no tan geométrico, lo prefiero más embarullado por decirlo así.

    Hay gente pionera que mantiene la "llama sagrada", que bebió del elixir de los bardos en tiempos hippies y lo ha mantenido herméticamente hasta hoy, pienso en alguien como la deliciosa Vashti Bunyan, caída del cielo:

    http://www.youtube.com/watch?v=nhsKZ0quwLM

    En los últimos años me gusta/interesa el folk y poco más, tuve una época de tragar tochos post-rock-drone y de aquéllas tras capas y capas de atmosférico oleaje salvaría lo más agradable de escuchar, cosas como Mogwai, llevo unos cuatro o cinco años casi huérfano de novedades, salvo Swans o gente así que saca algo realmente memorable. Será la edad.

    Que vayan ocupando otros el puesto en el frente de los hallazgos musicales rarunos ;-)

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  11. lei el art. que me parece demasiado acertado en gran parte.

    ya que toma el ej de las batallas entre mods y rockers(que algo habia leido de eso)en la inglaterra de los '60, podria hablar o comentar sobre el movimiento skinhead que surgio en el '69 que derivo del hard-mod y del rude boy jamaiquino.
    yo me pregunto si no seria otro movimiento influenciado o movido por alguien como afirma en esta nota.
    ¿vio la pelicula This is England? ya que nombra a quadrophenia.
    y la naranja mecanica tambien es otra pelicula de culto de naturaleza similar.

    de mi parte me siento bastante cercano al Punk en su inicio en tener una actitud rebelde frente a la sociedad borreguil homogeneizadora..

    con las discos, bueno, varias veces he visto parejas tener sexo en los rincones,de forma disimulada. es una gran verdad lo que dice.
    ir ahi es gastar testosterona al pedo.
    pienso que nadie sale ganando ahi.
    lo de las peleas eso pasa aqui tambien en mi pais.
    una consecuencia de una civilizacion enferma y terminal.

    ¿que opina de la escena swinger?
    no se si es un derivado del ambiente disco, puesto que muchos de esos clubes los hombres solos son los que pagan y el doble mas que las parejas, mientras que las mujeres solas van gratis-o las pocas que puedan ir-.
    a mi me parece una escena elitista y un poco sexista para los solos. lo que mas me molesta es que a veces los swingers se victimizan con que la sociedad o gente normal los critica,y aluden en que la suya es un estilo de vida alternativa...
    pero ellos tambien son elitistas y excluyentes. y nunca me gusto sus reglas.
    ¿tendra algo que ver con el fenomeno del disco "matriarcal" y feminizante?

    por otro lado no me creo que siempre una pareja se forma en ambitos de trabajo o en la universidad, pienso que sera segun el caso,pero no me gusta, lo veo demasiado estructurado...
    yo comparto con ese furor juvenil rockero de saltarse las normas sociales y este tambien es el caso.
    saludos

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  12. Hola, lo de los swingers me pilla muy viejo ya o muy joven aún, no sabría decirte ;-) De todas maneras, todo lo que ocurre en las disco es feminizante y hasta ginecocrático, el macarra más macarra del barrio se somete y desfila bajo las Horcas Caudinas de la mujer triunfante. No me parece criticable hacer el payaso cuando te encaprichas de una mujer, al fin y al cabo lo acabas haciendo y todos hemos caído, pero eso es muy distinto de comportarse como una fiera ablandada y amaestrada pasando por el aro para intentar conseguir unas migajas de atención femenina, algo típico de la disco-sábado-noche y muy deshonroso.

    La pareja de tu vida puede aparecer en cualquier sitio. Pero ojo, lo que hace dos generaciones era un solterón de 40 años que sigue saliendo por las noches "haciendo el calavera", ahora es un chaval de 40 años que sale como los demás chavales, pero ¿qué va a encontrar? Pues su versión femenina, una solterona o chavala (táchese lo que no proceda) de 40 que ¿cómo te diría yo? ....

    Hace diez años me presentaron en las fiestas del pueblo a una chica que vivía en una pequeña población cercana, me la presentaron y crucé dos frases con ella, como no la noté muy "receptiva" desvié mi atención hacia las otras chicas de su grupo, que sí parecían más "receptivas". Y es increíble pero me acuerdo de ella casi todos los días. Me crucé unos segundos en su vida y la recuerdo ahora, como aquella bonita anécdota de "Ciudadano Kane" y más sórdida en "Eyes wide shut". Era una chavala campesina con cutis de campesina y acento de campesina, la típica mujer fuerte de las que cambiaron el rostro de Siberia y el Midwest, rubia de ojos celestes y mandíbula cuadrada. Y todos los días pienso que cambiaría todo, cada tontería que he vivido en toda la década, cada polvo que he echado con desconocidas de todas las clases y todas las etnias que se me han puesto a tiro, cada borrachera y cosas peores, todo lo que he vivido, todas las noches locas, todo, por haberla conquistado en el 2004, haberme ido a vivir a la aldea con ella y haber tenido una legión de hijos con ella y llevar una vida sencilla con ella. Se llamaba Olalla y ahora mismo la sigo recordando y me odio. Es así.

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