viernes, 31 de enero de 2014

Arianidad, fervor indoeuropeo y teosofía: un bosquejo



Nota bene: recomendamos y seguimos en parte el hilo propuesto por el erudito Jon Juaristi en su libro El bosque originario sobre el tema de la ariomanía. El presente artículo tiene en ese punto algo menos de original por mi parte -aunque he procurado añadir bastantes cosas de mi cosecha- que de costumbre, sirviendo para "hacer boca" a la espera de próximas entregas más mías, por decirlo así. Con todo, espero igualmente que os guste.




A finales del siglo XVIII, el cristianismo como religión y como doctrina comienza a sufrir un extenso e intenso ataque. Deístas, ilustrados, libertinos, algunos ateos, seguidores de la religión natural, etc se ponen manos a la obra con el propósito de criticar e incluso arrinconar y hasta demoler el fundamento cristiano de la vida europea. Surge el interés por las religiones comparadas y por comprobar todo aquello que aseveraba la Biblia. Este proceso, muy complejo y polifacético, tras el cual se ocultaba la lucha por el poder y la influencia, es algo que daremos por sabido a la hora de ambientar estos breves apuntes. Baste como orientación saber que las nuevas élites racionalistas, que anhelaban apasionadamente ocupar el lugar del sector eclesiástico, presentaban al cristianismo como una especie de obstáculo para el así llamado "progreso" de modo que habría de librarse una batalla -no siempre incruenta- por la secularización de Europa. La solución para acelerar ese proceso secularizador podría venir de Oriente.

Durante la modernidad europea el público cultivado se pirraba por la literatura de viajes. El comercio con Asia crecía y se hacía cada vez más interesante para las élites. También la espiritualidad oriental comenzó a llamar la atención y a cautivar a las mentes occidentales siguiendo una tendencia que todavía hoy no se puede dar por concluida a pesar del descrédito intelectual que han sufrido los orientalismos. Con los portugueses en territorio índico, la Compañía de Jesús tejió su red con la habilidad acostumbrada. De entre los jesuitas surgieron los primeros estudiosos y redactores de gramáticas del idioma sánscrito, como Roth o Hawleden. Otro estudioso, Halneld, preparó una gramática del bengalí, en la que destacó curiosos paralelismos entre palabras del sánscrito y otras latinas y griegas. Las observaciones de Halneld llamaron mucho la atención de un singular personaje, William Jones (1746-1794).


William Jones. Imagen: Universidad de Duisburg-Essen.

Hijo de un eminente matemático, Jones -un auténtico fuera de serie, un superdotado, y sin pelos en la lengua: predicaba el abolicionismo y era favorable a la independencia de Usa- ya tenía fama de filólogo y políglota siendo muy joven. Aprovechando que es destinado como juez a la India, comienza a centrarse entusiastamente en el estudio del sánscrito. Se funda la Asiatic Society en Calcuta, en cuyo seno Jones publica -con el apoyo de la East India Company- regularmente hallazgos filológicos. Como los avances nunca vienen solos, otro gran filólogo -el francés Anquetil Duperron, que había servido como soldado en la India y que había traducido el Zend Avesta- contribuye con Jones a que en Europa comience a existir un runrún de interés hacia la literatura oriental en general y hacia el hinduismo en particular, en el seno de las élites racionales europeas, las mismas que poco a poco comienzan a abrigar la idea de que, sea o no sea histórico el relato de los orígenes según quedó reflejado en Génesis, la humanidad europea bien pudo tener una cuna centroasiática, en el Macizo de Altai o quizá en el Tíbet. La idea de una primigenia irradiación europea de Este a Oeste, de la que la conquista americana sería una especie de continuación, comienza a tomar cuerpo. Un autor alemán dieciochesco, Johann Gottfried Herder -uno de los impulsores del Romanticismo-, creía también que esa Urheimat europea debería buscarse en suelo asiático. El aspecto lingüístico era importante, en ese sentido, pues expresaba el Volksgeist, el espíritu propio e inalienable de cada pueblo, en contraposición al igualitarismo de salón que predicaban numerosos ilustrados. La idea de Herder abría la espita a la distinción de pueblos en función de su lengua tradicional, quedando los calificados como "semitas" diferenciados de los demás.

Que entre las nuevas élites comenzase a prender una especie de "hindufilia" y que, además, se emplease como ariete contra la tradición cristiana continental no entraba en los planes de Jones y de Duperron, según parece cristianos muy piadosos. Pero no adelantemos acontecimientos. El caso es que entre uno y el otro va tomando carta de naturaleza una idea fascinante: la preexistencia de una antigua lengua, a buen seguro ya extinta a esas alturas, que sería germen de muchas otras lenguas occidentales. Jones consideraba que esa lengua original era perfecta, mucho más poética y bella que las modernas. Eso sin duda chocará a quienes se limiten a conocer el mundo tras los prismas deformados del cine californista -que mostraba a los pieles rojas hablando rudimentariamente cuando en realidad disponían de idiomas muy complejos- pero no tiene nada de raro para quien se haya criado en una cultura judeocristiana según la cual Adán ya disponía de una lengua perfecta con la que podía nombrar a todos los seres de la creación divina. Esa perfección y esa poesía tan naturales explicaría, entonces, por qué las primeras creaciones nacionales en el campo literario suelen ser epopeyas, cantares de gesta, leyendas, sagas, etc.


 Friedrich Schlegel (1772-1829).

El maniático filo-hindú más importante de aquella época de cambios fue un alemán llamado Friedrich Schlegel, que durante su estancia en París aprende sánscrito, hacia el año 1802. Schlegel llega a afirmar que todo, todo lo europeo, todo lo occidental que merece la pena hunde su raíz en lo que nos ha venido irradiado de la antigua cultura india. No de la India postrada de ahora, sino de aquella otra India de milenios atrás, cuando se fundó el sistema de castas basado en la varna y se comenzaron a idear los textos sagrados de tan singular civilización. Schlegel añade otra puntualización, que dentro del ámbito geográfico occidental sólo un pueblo parecía haberse resistido con uñas y dientes a esa irradición india: los judíos. De ahí que, por ejemplo, una creencia india tan acrisolada como la reencarnación resulte extraña al mundo judío. También, siguiendo a Schlegel, habría que convenir que el cristianismo podría tener más de indio -de ario- que de judío, a pesar de que obviamente nace de un tronco judío. Con posterioridad un gran escritor y polemista, Ernest Renan, afirmará que en realidad la religión que se consideraría continuadora del judaísmo no debería ser el cristianismo, sino el islamismo (piénsese -añado yo- en determinados puntos legales, como la prohibición de comer cerdo o la circuncisión -no obligada en el Corán pero presente en hadices y en jurisprudencia islámica-, extrañas para un cristiano). Renan parecía estar convencido de que la figura de Cristo era aria, que el cristianismo tenía muchos resabios politeístas y que el propio Jesús era ante todo galileo. De Renan es la sugestiva idea de que un marco natural rico y variado tiende a favorecer cultos politeístas, mientras que un hábitat seco y desértico se presta más al monoteísmo. La más verde Galilea sería "aria", contrapuesta así a Judea.

Como vemos ya, el antisemitismo empieza a querer colarse por los poros de lo que en principio no pasa de ser una pesquisa cultural, filológica y teológica. A pesar de eso, el filohindú Schlegel no era antisemita en absoluto. De hecho, se había casado con una hija de Moses Mendelssohn -padre de la Haskalá o versión judía de la Ilustración y abuelo del compositor Felix Mendelssohn, éste ya cristiano-. Lo que Schlegel sí ve con más agrado es algo parecido a una sociedad de castas en Europa. Esa idea rígida, estamental, en principio chocaría con la visión rosa que se tiene de los ilustrados; ahora bien, recuérdese que la Ilustración fue, entre otras cosas, la sustitución de una élite por otra que no tenía intención de dejar de ser élite.

Para cuando otro auténtico genio inglés, Thomas Young, bautizaba a la protolengua de Jones y Duperron como indoeuropeo, el filohinduismo ya estaba haciéndose sentir en Alemania. No tiene nada de chocante que ese filohinduismo algo maniático prendiera en Alemania y no en Inglaterra. Muy sencillo, los ingleses -potencia marítima- dominaban la India y conocían el percal de primera mano, sobre el terreno, mientras que los autores alemanes -es decir, de un país cuyo poder militar y económico era fundamentalmente terrestre- de la época fantaseaban en los escritorios de sus casas, allí en sus ciudades natales, imaginándose una India de cuento (I). En fértil suelo alemán prendió la idea, al menos en lo que toca a varios de sus intelectuales del ala romántica -desengañados de la casta ilustrada y muy opuestos a los nacientes socialismos-, de que el sistema estamental de castas era no ya una perspectiva interesante para Alemania sino incluso una tendencia natural, a la que se oponían los igualitarismos disolventes y plebeyizantes que ganaban cada vez más simpatías en el sector obrero de la industrialización. Según esa perspectiva, que alguien perteneciese a determinada casta no se debería a una serie de circunstancias más o menos imprevisibles sino a una especie de fatalismo biológico, contrario a la idea izquierdista clásica -un fatalismo social debido a la injusta correlación de las fuerzas de producción, o algo así- o a la idea liberal clásica -una confluencia de razones que no viene a cuento detallar aquí-.

Es interesante ver otra diferencia con el modelo inglés. Según los filohinduistas alemanes, la casta de los mercaderes debería estar, como en la India aria, por debajo de los sacerdotes y los guerreros -esto es, de las élites de poder e influencia de la Europa continental-. Los ingleses nunca llegaron tan lejos, pues conocían el poder enriquecedor y globalizador del comercio, y dependían intensamente del mar abierto a la navegación y al librecambismo -un geoestratega de talento sabe que el golpe a Inglaterra debe dársele en el comercio, y no directamente en la isla: ésa había sido la base de la idea napoleónica del bloqueo continental-. Como vemos, la enemistad hacia el comercio en la "fortaleza europea" no viene de ayer. Schlegel, todavía en tiempo de Napoleón, afirmaba que no sólo la civilización india había irradiado Europa sino que además esa civilización era marcadamente sacerdotal. Por una parte, imagino que su insistencia en el aspecto de la casta clerical tenía importancia en su cosmovisión, amenazada por el jaleo que dejaría Napoleón tras su caída, con todas las dinastías trastocadas, y en cuya recuperación de un statu quo se empleó la Santa Alianza y la visión geopolítica de Metternich, grandes piedras de toque del tradicionalismo decimonónico europeo en un tiempo en que los cambios se estaban acelerando. Por la otra, resulta muy interesante apreciar cómo la idea de "casta" en sí, sacerdotal o cualquier otra, implica una separación tajante entre personas, con lo que la élite dirigente necesariamente debía estar divorciada de la "plebe" y, en buena medida, gobernar para sí misma en un ciclo aristocrático permanentemente renovado por la prole de casta y no por advenedizos "levantados" del seno social en virtud de su éxito económico -unos Rothschild, por ejemplo-. Poco a poco se va hilando la madeja.

Alemania será, sin duda, donde pegue más fuerte la moda de ensalzar lo indoeuropeo. Es más, algunos hablan incluso de "lengua indogermánica" o "civilización indogermánica", o "pueblo indogermánico", de modo claramente abusivo y nacional-ombliguista. El término ario se extiende entre la intelectualidad casi como moneda de uso corriente, para identificar lo propio, lo que Unamuno llamaba intrahistoria, aquello que pervive en el seno del pueblo por mucho que pasen las vicisitudes históricas, las batallas y las dinastías, y que sólo puede desaparecer si el sustrato étnico, incluso biológico, se desvirtúa por influencias externas -semitas o eslavas, tenidas como amenazadoras-.

Como hemos comentado, esa identificación nacional no consigue calar en la más viajada y liberal Inglaterra. Tampoco lo hará en los países europeos todavía imbuidos de espiritualidad tradicional, sea ésta católica u ortodoxa. Donde sí lo hará también -aunque menos que en Alemania- será en Francia, país bastante dado a ser laboratorio de ideas progresistas sin dejar de ser en muchos puntos una sociedad aún bastante conservadora. De allí surge Joseph Arthur de Gobineau.

A nivel personal, lo más interesante que encuentro en Gobineau, autor de ese mítico Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, es cómo se enlazan en él una serie de pesimismos. Frente al optimismo iluminista típico, Gobineau insiste en una situación de decadencia, producida por un exceso de mestizaje. El mestizaje es considerado por él en sí mismo deletéreo, degenerador, hasta el punto de que a base de mezclarse la humanidad se dirigía a la extinción -le daba incluso tres o cuatro milenios de existencia nada más-. La puerta por donde entrarían los males sería, por supuesto, el mercado, el comercio. Al abrirse las fronteras comerciales, no sólo pasan los productos sino también las personas, afluyendo al corazón de las naciones, mestizándolas y desvirtuándolas. Late en sus páginas la idea hinduista del Kali Yuga o Edad de Hierro, la época final y decadente del ciclo de vida en el mundo.

El interés francés y especialmente el alemán alientan nuevas oleadas de estudios de religiones y culturas comparadas. Dentro de ese conjunto abundará, como también sigue sucediendo hoy, la subliteratura y el razonamiento superficial. En general, tal como lo veo el siglo XIX supone una gigantesca explosión de ese tipo de razonamientos someros, fáciles y analógicos que ha llegado hasta el momento presente en la subliteratura de nuestros días. Por el lejano parecido entre un par de términos de dos culturas alejadas cualquiera con la suficiente imaginación podía fabricarse entelequias mentales en las que englobar todo aquello que le sonaba en aquella época romántica de idealización burguesa del pasado -cuando comienza la moda de visitar castillos semiderruidos y adquirir muebles viejos como símbolos de espiritualidad y estatus-, templarios, la Atlántida, duendes del bosque, aquelarres, leyendas artúricas o de cualquier signo, y la fascinación por Egipto. La hindumanía insistió también en rendir la plaza egipcia, en ganarla para la causa. La egiptomanía, relacionada con todo culto  que quisiese sustituir al cristianismo -que todavía conserva en ese suelo una interesante variante con millones de practicantes-, fue una auténtica mina para la fabulación de la época, entrando en la fabricación de la mitología ocultista y masónica del momento, trufada de referencias faraónicas.

En este punto es de justicia reseñar que la razón para tanta explosión de subliteratura bien pudiera ser que el siglo XIX implica la democratización de la cultura, de modo que el conocimiento no pertenece a una determinada casta -señaladamente el clero, sobre todo el de clausura- sino que se difunde gracias a un magma de periódicos, panfletos y libros de pobre edición, pulp lo llamarían en el siglo XX, que permite a la gente con inquietudes e intereses culturales, la gente con hambre de saber y de entender el mundo, un cierto autodidactismo. Eso, como todo en este mundo, es bueno y es malo. Y el razonamiento superficial florece, ayudado por las interpretaciones cada vez más enloquecidas del evolucionismo de Darwin y Wallace, así como por los enjambres de sesudos profetas de la revolución y por cada vez mayor número de yoguis falsos que se instalan en suelo europeo para "epatar al burgués" y darle tema de conversación. En el siglo XIX, por primera vez, se cumple antes de tiempo la máxima warholiana que afirma que cualquiera tiene derecho a quince minutos de fama. Es una democratización por abajo, una igualación necia, que ayudó a la propagación de las ideas igualitaristas pero también, como compensación, prestó atención a voces que suspiraban por un nuevo aristocratismo que pusiera orden en el corral. Ese aristocratismo encontró su horma con el ocultismo.

El ocultismo es radicalmente diferente de las religiones tradicionales, pues éstas se predican con generalidad, salen a tu encuentro, mientras que aquél nos promete un saber secreto, sólo apto para unos pocos escogidos, ya lo dice su nombre: es el mundo de lo oculto. Quizá porque no todos, pobres plebeyos, estamos en condiciones de desentrañar esos prodigiosos misterios que los gurús conocen. O quizá porque con luz y taquígrafos esos presuntos misterios se diluyen sin piedad.



En 1875 se funda la Sociedad Teosófica en Nueva York -en California sólo había de aquéllas oro y cardos rodantes-. Europa y Usa arden de interés por lo paranormal, y del combate -en parte novelesco, pero con una indudable base histórica- entre cristianismo y masonería ésta va dejando su prole. No es de extrañar que Henry Olcott, pieza clave de la teosofía, fuese masón, y que la carismática germanorrusa Helena Petrovna Blavatsky fuese iniciada con posterioridad en la masonería. Parte de su ideología teosófica podría tener raíces en las páginas de la Royal Masonic Cyclopaedia (1877) de Kenneth MacKenzie. A lo largo de su agitada vida, Helena viajó mucho, y pretendió también haber realizado viajes que probablemente nunca hizo. Es posible que fuese común a su alrededor la manifestación de fenómenos paranormales, si bien es de esperar que los alegados en su etapa de gurú espiritista fuesen nada más que burdos trucajes. Y de las obras-fuente de las que dice beber, poco o nada hay, mientras que son otros sus inspiradores. Recordemos que Usa estaba en ebullición ocultista gracias a las hermanas Fox y al autor Albert Pike, masón de alto grado. Un patrón que se repite es aludir a un texto arcano antiquísimo y depositario del saber perdido al que el gurú tuvo acceso. En eso el llamado Pergamino de Dzyan, sobre el que Helena afirmó haber edificado su famoso libro La doctrina secreta (1888- ) y del que no se sabe nada hasta hoy, recuerda a las famosas planchas que un ángel reveló a Joseph Smith Jr., fundador de la iglesia mormona, en las que etaba grabado lo que sería el Libro de Mormón, y de las que nunca más se supo. Smith también estaba relacionado con la masonería.

En el segundo tomo de su obra magna, Helena expone la antropogénesis, es decir, de dónde viene el hombre y el porqué de su situación actual en función de ese origen. Nos encontramos con cinco razas radicales, derivadas de una fuerza eléctrica universal llamada fohat, tomada de los cultos tibetanos.. La primera sería astral, la segunda hiperbórea -relacionada con una patria polar-, la tercera andrógina -relacionada con el "perdido" continente de Lemuria, en el Índico-, la cuarta atlante -cuya patria sería la Atlántida y cuya piel habría ennegrecido con el pecado, otro rasgo que recuerda la doctrina mormona- y la quinta la aria. Las razas modernas restantes que pueblan el mundo actualmente serían residuos de los andróginos y los atlantes, y pregonarían la llegada del Kali Yuga con su presencia. Helena también consideraba la existencia de una alma universal, colectiva, al menos para las primeras razas radicales, y la necesidad de un universalismo humano que en esencia es indistinguible de la globalización progresista. Y se ha de hacer notar su antisemitismo, no sólo por lo derivado de la antropogénesis sino por considerar que el verdadero Yahvé bíblico era nada menos que Caín, y que Satán era el verdadero benefactor humano, tesis que respira luciferismo al estilo de Pike. La raza radical de los arios estaría a la espera de un salto evolutivo que les llevaría a un estadio de superhombres, amén de recuperar los poderes que una vez desempeñaron. Aparece Nietzsche en este pisto manchego en que se arrevoltija todo.

Ese salto evolutivo generaría una nueva forma de humanidad, superadora del homo sapiens, cuyo alumbramiento se produciría en los inicios de este milenio, es decir, hoy mismo. Las doctrinas new-age hablan abiertamente de ese homo noeticus, que gobernaría el mundo -Helena hablaba más bien de desaparición de las demás razas en un gesto de justicia "kármica"- en función de una religión universal. Llegados a este punto, prefiero no continuar puntualizando, pues no hace falta luchar contra todos los detalles de las fabulaciones teosóficas, porque creo que todos estamos familiarizados con el mundo ocultista siquiera a "nivel usuario", porque la información es fácil de conseguir, y porque todo lo referido al homo noeticus (eugenesia, transhumanismo, extropianismo, nueva religión mediático-universal, newagismo tecnófilo y niños índigo), íntimamente unido a cierto estado muy soleado de Usa, será analizado en una futura entrega de la saga californismo.

Contrariamente al siglo XXI, en el que hablar de racismo en humanos -el racismo en perros, por ejemplo, es continuo y sus dueños no paran de hablar y hablar de lo diferentes que son una raza canina de otra mientras los pasean por el parque- es algo socialmente mal visto, en el XIX encontraba justificación para muchos no sólo biológicamente -el darwinismo- sino también espiritualmente -el arianismo-. Algunos puntos que acusan la influencia ariómana:

-Comienza a imponerse la idea de una migración creadora, europeizadora, de Norte a Sur, del paraje helado al cálido, complementando o directamente sustituyendo la migración Este-Oeste como mito fundacional.

-Odio a los Habsburgo, al catolicismo, a los jesuitas y a los inmigrantes eslavos en Austria.

-Utopías ruralistas, con ciudades pequeñas y folclóricas. En eso compartían visión con determinados igualitarismos de la época.

-Culto a la naturaleza y a la vida al aire libre, ensalzadas desde un escritorio mientras al autor le engorda el culo.

-Abusivo empleo del enfrentamiento presuntamente milenario entre "arios" y "semitas" como entidades-bloque.

-Preconización de prácticas espiritualizantes propias del sacerdocio oriental, o de como se entendía el brahmanismo, incluidas la abstinencia sexual y el vegetarianismo. Empieza a extenderse la calistenia.

-Convicción de que se está viviendo una Edad de Hierro al borde de un cambio traumático, quizá extintivo, quizá renovador.


La diosa Ostara, Easter o Eostre, bella imagen.

En el mundo germánico surgen variantes, cada vez más nacionales, de la teosofía. Rudolf Steiner funda la antroposofía, que presenta una variación del árbol evolutivo de los teosofistas. Un antiguo católico llamado Guido List -se autoañadió el "von" con posterioridad- se conjuró en su juventud a recuperar la antigua religión de los dioses nórdicos y de Odín, según parece en una visita a la catedral de san Esteban en Viena, donde reparó en un antiquísimo altar pagano medio desportillado y junto al cual tuvo una revelación. Durante el solsticio de verano del 1875, entre los restos de la célebre fortaleza romana de Carnutum, en el limes danubiano, tras haber dado buena cuenta con sus amigos de ocho botellas de vino, lanzado como estaba dispuso los ocho cascos en el suelo formando con ellos una esvástica. Según afirmaba, esta cruz omnipresente en medio mundo desde hace milenios -yo la he visto personalmente en cerámica china del 2000 a.C. y en los restos de un ger mongol igualmente precristiano- le había "perseguido" desde que tenía uso de razón, algo que sigue el patrón de las visiones y revelaciones que nos están acompañando en este bosquejo del ocultismo. Otro antiguo católico, ex-monje del Císter, Lanz Liebenfels -también se autoimpuso el "von" con el correr del tiempo-, insistió en la lectura esotérica del arianismo, lo que ya se llamaba "ariosofía", sobre todo mediante la revista Ostara -que un joven Adolf Hitler leía con fervor- y su ocurrente teoría teozoológica, que supongo que el lector conoce.

No es mi intención hacer una disección de las corrientes ocultistas de modo panorámico, sino mostrar una vertebración de ideas que condujeron de una hipótesis filológica valiosa, un hallazgo científico en sí, a la explosión de numerosas hipótesis que de científico no tienen ni el nombre y en las que, a pesar de contener algún fondo de verdad, no se preconiza casi nada que no sea desorientador, contraproducente y a ratos perverso.


ALGO ASÍ COMO UNA CONCLUSIÓN PERSONAL

Con la obra de buena parte de la gente que ha fundado las ramas ocultistas y neo-espiritualistas de los últimos 200 años me pasa siempre lo mismo. Sobre el papel, explicado en unas pocas frases, suena sugerente, imaginativo, todo lo que comentan. Pero cuando te pones a leer a la Blavatsky te pasa como cuando lees el Libro de Mormón, o al Cioran más gnóstico, y podría poner muchos ejemplos más, que es todo muy, muy aburrido, pesado, plomizo, decepcionante y con menos gracia que un notario en coma carente de chispa para atrapar a un lector del siglo XXI que ya ha visto pasar mucha agua bajo el puente.

No digo que no merezca la pena. Necesitamos saber. Necesitamos conocer las raíces de los errores que nos circundan, nos invaden y nos exigen su tributo. Poco a poco nos damos cuenta de lo que hay: todo está interrelacionado. Una cosa lleva a la otra. Una doctrina genera su opuesto pero ambas cooperan para cargarse la tradición que ya estaba antes de ellas y que había demostrado su validez durante siglos.

Concuerdo personalmente con lo que hubiera de cierto en aquello que late debajo de tanta exageración ariómana y filohindú. Concuerdo también emocionalmente con aquellos autores en el deseo de infinito, en las ansias de saber y en la decepción respecto de la época que les había tocado vivir. Incluso concuerdo en la afición al esoterismo y lo insatisfactorio que es incardinar lo sobrenatural en un marco demasiado rígido como ha sido el cristianismo como realización histórica -así, he dejado claro que la Señora de las Alturas, si bien identificable doctrinalmente con la Virgen María, es una entidad sobrenatural muy anterior a la madre de Jesús-. Pero no concuerdo con gran parte de lo demás.

La geopolítica es la geopolítica. Y Alemania está "condenada" a ser el centro de Europa, el centro terrenal, el centro neurálgico -próximamente publicaremos un miniensayo al respecto-, de igual manera que lo mismo le pasa a Inglaterra, pero de un modo opuesto: obligada geográficamente a ser un peculiar satélite europeo, a veces rémora, a veces amorcillo fecundador, a veces salteador de caminos. Inglaterra está volcada al mar. Y el mar acelera todos aquellos procesos que la tierra parece querer congelar. Ya hemos comentado algo de eso en la primera entrada del blog, la de la plata española, y basta ya de autocitas. La ariomanía tenía que cuajar en Alemania, casi obligatoriamente, y no en Inglaterra, porque para los ingleses lo indio no puede ser idealizado al conocerlo bien, mientras que Alemania -para quien las colonias estaban semivedadas por lo menos hasta entonces- necesitaba una espita imaginativa para soltar la presión de una nación que convergía hacia sí misma en pos de la unificación tras la impresionante atomización westfaliana, y que quería un lugar en el mundo.

Hay que admitir que la historicidad del cristianismo ha estado por debajo del tremendo potencial de la Palabra y del Reino. Hay que admitir que secularmente ha creado un molde excesivamente rígido que no permitía el vuelo imaginativo de las gentes más o menos leídas y con hambre espiritual. Pienso en la reencarnación, por ejemplo, algo que sí satisfacía el hinduismo. Hay que admitir que lo que habitualmente se ha entendido como moral religiosa no era sino moral burguesa, y de la mala y cutre, distinta de la moralidad medieval -bastante más natural- y que ha sido motivo de burla desde hace generaciones -la palabra "ursulina" refleja la facilidad para escandalizarse por tonterías o, peor, por cosas puramente naturales y humanas-. Hay que admitir que el cristianismo se apartó de la naturaleza, sobre todo de la naturaleza humana. Hay que admitir todo eso.

Es por eso que una convergencia de factores generó una corriente que, buscando la liberación de un pueblo -de unos grilletes reales o imaginarios, es otro tema-, preconizó el miedo a la libertad. Que la ariomanía triunfase por todo lo alto durante el período de entreguerra, justo cuando el comunismo -otra doctrina antiliberal- se postulaba como aspirante a dominar el planeta, y cuando sufría el mayor descrédito el mundo  liberal de la Belle Époque, el parlamentarismo, el comercio, el patrón-oro, la división de poderes, etc etc, es decir, aquello que había convertido a Europa en el centro indiscutible del mundo y en la sociedad más avanzada jamás vista, rebosante de natalidad, de inventos, de obras artísticas, de hallazgos científicos, de expediciones a los polos y a las montañas más altas, no deja de ser un síntoma. El síntoma de una sociedad europea como la actual, desacralizada, descristianizada pero supersticiosa, antilibrecambista, intervencionista, burocratizada, partitocratizada y con una natalidad completamente hundida.

Por tanto mirarnos el ombligo y darle la espalda a la realidad, de indoeuropeos hemos pasado a indios europeos.

Sin ánimo de insultar a los indios, por supuesto.




(I) - Esa pasión hindú en la RFA se prolongó durante el siglo XX en el cine -las películas y seriales ambientadas en la India, muy del gusto popular- y la corriente musical del krautrock, que arrojó una notable cantidad de discos influidos por las sonoridades hindúes.

16 comentarios:

  1. De más está decir que como nacionalista católico me repugnan todas estas tendencias nombradas y su manifestación en el Nacionalsocialismo. Estoy a favor del Eje pero no del racismo y tampoco creo en nórdicos blancos, rojos, azules y verdes. Somos todos seres humanos aunque es verdad que existen diferencias entre las personas. Saludos.

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    1. hola, el nazismo jamas fue racista, admitia como miembros, a todas las razas,y condiciones, habia, negros, judios, asiaticos, hindues, todos eran bienvenidos, a las teorias del nacionalsocialismo, flacos, gordos, altos, bajos, lo unico que se pedia, que tuvieran dos dedos de frente, que no fueran fanaticos religiosos, que amaran a la humanidad, y a la naturaleza. Todo lo que se ha dicho, insultando al nacionalsocialismo, son patrañas, hay que documentarse primero, para conocer la verdad y no caer en los embustes, de los enemigos del nazismo, las cosas son asi, cristian, documentate, hay mucho material al respecto en internet. Un saludo.

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    2. Di que sí, tío. Los únicos requisitos para hacerse NS eran tocar el djembé, bailar capoeira, dejarse dreadlocks, darle abrazos a los árboles y a la Pacha Mama, tatuarse un garabato tribal en la rabadilla y jugar al corro de la patata entonando cánticos a favor del multicultismo.

      No me jodas rufino, ¿qué es eso de mucho material en Internet? Y fuera de Internet: yo llevo desde los once años leyendo tochacos sobre el NS, de los reales, de los que pesan en las manos. Igual te venía bien leer alguno.

      A seguir bien.

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  2. Es un excelente artículo y seguramente la mejor introducción que haya en la internet española, que no acostumbra a tratar estos temas con seriedad y rigor. ¡Mi enhorabuena! Como en otras ocasiones, me gustaría comentar alguna cuestión tangencial, así como ciertos puntos en los que discrepo, lo que no impide mi acuerdo fundamental con el artículo.

    Aunque no he estudiado el tema todo lo que me gustaría, creo que Juaristi minusvalora el papel de los ingleses en el origen y propagación de la ariomanía. Puede que los alemanes llegaran más lejos en este delirio, pero la ariomanía también prendió la mar de bien en tierras inglesas. En las bibliotecas de archive.org se puede comprobar que los ingleses dedicaron también grandes esfuerzos a la difusión de estos mitos. Quizá el principal inspirador de los ideólogos nazis en cuestiones de "arianidad" fuese el inglés Houston Stewart Chamberlain, que influyó también en sus compatriotas, incluso en progresistas como George Bernard Shaw y H. G. Wells.

    Me da la impresión --quizá lo haya entendido mal-- de que Juaristi atribuye la recepción de ariomanía casi en exclusiva a sectores conservadores influidos por el romanticismo. Creo que esto no se ajustaría del todo a la realidad, pues también adoptaron estos mitos ciertos sectores progresistas. Sirvan como ejemplo los dos escritores ingleses antes citados o el socialista francés Vacher de Lapouge, quizá el más disparatado de los ideólogos de esta corriente.

    En los sectores conservadores de los pueblos latinos apenas tuvieron impacto estas ideas, ya que tienen muy presente el elemento católico. Me refiero especialmente a Italia y España. Es verdad que en Francia están Gobineau, Vacher de Lapouge y algún otro, pero siempre he pensado que Francia tiene también una importante alma germánica, predominante en la región norte del país. Sin embargo, un nacionalista francés como Maurras jamás enarboló ninguno de estos mitos y de hecho fue de los críticos más ácidos. Y eso que Maurras tenía algunos aspectos paganizantes. Lo católico, lo latino, aun con tics paganizantes, es un buen antídoto de la superchería aria y de la divinización de la raza.

    En cuanto a Alemania, pienso que en la recepción y redifusión de estas teorías es importante el papel de Schopenhauer y Nietzsche, siempre tan interesados en la India. Siempre me ha parecido curioso que los maniáticos de la raza conecten tanto con la India, que en mi opinión es paradigma de sociedad "multicultural", aun con todo el sistema de segregación de castas, que es posiblemente lo que les ponga cachondos. Por no hablar de la erosión de la cultura occidental que supone la continua propaganda de estas religiones y culturas en el ámbito europeo.

    Según lo que tengo observado, la caracterización de Jesucristo como ario (en lo que destaca H. S. Chamberlain) lleva casi siempre al rechazo radical del cristianismo. Si escuchamos a alguien argumentar que Jesús no era judío porque era de Galilea, tierra de los galos, etcétera, nos encontramos muy probablemente ante el primer paso de una futura apostasía.

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  3. ola k asen

    -Alan, yo tampoco creo en nórdico-verdes ni nórdico-azules ;-) pero en los otros sí, aunque yo los llamaría nórdicos y altaicos a secas. Esa clasificación es entre otras cosas un instrumento interesante para desentrañar el pasado; el futuro es cosa de Dios.

    -F., te agradezco el piropo aunque sea exagerado. Es cierto que en Inglaterra lo hindú-ario-brahmánico-oriental etc etc también prendió en la imaginación de mucha gente, y más en un país altamente masonizado, pero la gran diferencia con los alemanes es que Inglaterra no necesitaba lo ario como mito fundacional de la nación, pues ya tenía varios sin necesidad de apartarse de la tradición cristiana, empezando sobre todo por el rey Arturo. Por contra Alemania ni siquiera era Alemania sino unos trescientos miniestados, principados y demás, y si tenía que recurrir a un mito fundacional -como Teutoburgo o los Nibelungos- ya se salía de la órbita cristiana. El interés por lo ario les venía como un guante, no sólo por curiosidad de burgués ocioso, sino como vertebración nacional para una nación totalmente invertebrada. El Primer Reich no servía, pues no era enteramente alemán en absoluto.

    Los sectores más orientados al progresismo sin duda encontraron interesante la ariomanía, pero no creo que llegasen a aprovecharla del todo. Vacher era ariómano, o si quieres mejor nordicista, pero también era ateísta y la intelectualidad atea tiene ahí de raíz cortado el acceso a la reivindicación plena de una religión, para más inri politeísta. También el sentido cíclico del hinduismo chocaba con la fantasía de la historia lineal del progresismo. Para el progresismo la ariomanía es ante todo un instrumento para intentar demoler al enemigo por excelencia: el cristianismo. Ahora, que las estratificaciones raciales más o menos caprichosas sean recogidas por autores socialistas, pues sí, bastante de eso hubo. Y más si servían para justificar la eugenesia.

    Sin duda el catolicismo sirve como freno para las novedades, por llamarlas así. Tiene mucho poso tradicional, una simbología muy rica y un fuerte apego al territorio. Por eso también fue infiltrado por el progresismo (más tarde, eso sí).

    Pienso que sobre todo fue Nietzsche el más importante de los difusores, porque sus obras han servido incluso como literatura de ocio. Con todo, se trata de autores a posteriori. No habría aparecido un Nietzsche sin un Schlegel, o sí habría aparecido pero sólo en su faceta de crítico musical ;-)

    Totalmente de acuerdo con el último párrafo. Eso sí, decir que Chamberlain era un inglés bastante peculiar, germanófilo hasta la médula y -según parece- panfletista antiinglés durante la I GM.

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  4. Estoy muy de acuerdo de acuerdo con tus matizaciones. No obstante, pienso que entre Alemania y Gran Bretaña existe un vínculo profundo, racial y cultural, que se manifiesta en un continuo flujo de ideas en ambos sentidos; un flujo que es muy evidente en todos estos temas que de alguna manera están relacionados: hindufilia, racismo, darwinismo, eugenesia, reforma sexual, feminismo, ocultismo, teosofía, neopaganismo, naturismo. Cuando Hitler se para en Dunquerque y envía a Hess a hacer las paces es porque considera a los ingleses como una especie de primos hermanos con los que preferiría repartirse el mundo.

    Dejo un par de enlaces que creo que pueden resultar interesantes, aunque no sé cuánto de cierto puedan tener. Los he encontrado por casualidad en estos últimos días.

    Un artículo de la prensa india en el que se viene a sostener que lo de la raza aria sería una construcción interesada de los ingleses para justificar su dominio colonial:
    http://indrus.in/articles/2012/06/06/europeans_and_indians_divided_or_united_by_dna_15923.html

    Curiosa publicidad en la prensa de la época, en la que, además de presentarse como un divertido juego familiar, se alude a la Ouija como el "tablero hindú de la suerte":
    http://onemixedbag.com/2011/05/wordless-wednesday-24/

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  5. El tal Juaristi parece querer criticar y desmontar-seguramente por su ideología progresista o liberal, ambas internacionalistas en la actualidad- los mitos fundacionales étnicos o nacionales.
    Este señor ha escogido un título para su libro ya existente y anterior,y no sé que me da que quizás no sea casual y si, me refiero a"El bosque originario" de Knut Hamsun(desde luego, me quedo con éste últmo)
    Hay entre la"intelectualidad" actual una incesante labor de desprestigio a todo lo tradicional,étnico y nacional y no me parece casual, son mercenarios conscientes del nuevo orden globalizado (que insisto, en muchos aspectos se ha impuesto de manera totalmente autoritaria y antidemocrática, ha sido una imposición tenocrática en toda regla)

    Sobre el arianismo, creo que hace mucho que quedó claro que el concepto "raza aria" es difuso y está desfasado.

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  6. ola k asen

    F., hay que tener en cuenta que en el siglo XIX las grandes capitales europeas estaban bien comunicadas y los intelectuales ya se leían fluidamente entre ellos. Pero sí, obviamente ingleses y alemanes tienen cierto hermanamiento.

    Pero más lo tienen los alemanes con polacos y rusos, a pesar de que la historia ha dictado otros caminos. Siguiendo la teoría de linajes, el nórdico-blanco puro es un alemán, mientras que el nórdico-rojo es un inglés, llamado Simon Cheetham, por tanto la fraternidad étnica alemana debe buscarse con escandinavos y sobre todo polacos y rusos, donde hay tipos humanos análogos en abundancia. Yo vi hace meses NB puros en un documental sobre Chernobil que no he podido localizar de nuevo. Eso es raro de ver en Inglaterra, aunque gente bastante NB sí hay.

    Y es que Alemania e Inglaterra no tienen territorio fronterizo. Eso fue algo que seguramente Hitler tuvo en cuenta a la hora de querer buscar una solución de compromiso con los ingleses. No había territorio donde batirles. En ese punto la barrera marítima, aunque -es cierto- salvada muchas veces, impide que Inglaterra y Alemania converjan como pueblo. Sin embargo, en el Este, quizá lleve mucho tiempo, y el factor católico polaco haga de freno -como en general todo catolicismo más o menos sano-, pero con el paso de los siglos se tenderá a considerar todo el este como un gran país a efectos prácticos. No hay barreras demasiado jevis entre esos pueblos.

    Gracias por los links. La chica hindú tiene bastante parecido con gente maya de hoy, y sé de lo que hablo porque las he visto y tratado. En cuanto a que la Ouija es un juego divertido .... Por favor, de la gente que lee esto: que nadie acuda a la Ouija a divertirse.

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  7. (continúo)

    A.J., el tal Juaristi es todo un personaje. De la Eta pasando por todos los espectros de la izquierda hasta hacerse del PSOE, y luego tendiendo a cierto centroderechismo. Últimamente se ha convertido al judaísmo. No le veo yo muy Volkisch a Juaristi.

    Con todo, el libro es interesante, más que nada critica las exageraciones y resulta bastante ecuánime. Es muy importante "El bucle melancólico", que machaca las ocurrencias peneuvistas y similares, y que considero una lectura importante. Supongo que en el "bosque" quiso hacer una especie de extensión a los nacionalismos europeos decimonónicos, en general, lo que hace menos exhaustiva su propuesta.

    La crítica a todo lo tradicional y popular -en el sentido sano de popular-, es verdad, no tiene nada de casual, es toda una campaña que dura décadas y que no sé cuándo amainará. Ahora mismo no le veo "la luz al final del túnel".

    En mi opinión, y por ahora es sólo mi opinión, la élite tecnocrática del Estado Eureka está interesada en generar tres estratos sociales:

    -Una masa de miles de millones de humanos mezclados y desarraigados, bajo una religión común sincrética, y con una expectativa de vida de 50 años.

    -Unos pocos millones de europeos y extremo-orientales, viviendo en ciudades-chárter autónomas, bien retribuidos y ateizados, con una esperanza de vida de 90 años.

    -Unos centenares de blancos radicados en California, viviendo en urbanizaciones inalcanzables, hipermillonarios e inmortales, sin fecha de caducidad.

    Si California se mexicaniza en exceso, se irán nuevamente al Oeste. A Hawai, por ejemplo. Obama es de allí, así que no es de extrañar que cuando deje la presidencia monte una fundación o algo así en Honolulu y los californistas acaben allí.

    Lo que he dicho es conspiranoico, pero no bromeo.

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  8. Un saludo, Hombre-Lupa,

    me gustaría puntualizar tu conclusión, más que convertirnos nosotros en indios europeos son precisamente los indios los que se han convertido en europeos, después de siglo y medio de aculturación británica y después de que el rodillo de la modernidad occidental haya pasado por encima de sus tradiciones milenarias y les haya enseñado a despreciar su cultura y a avergonzarse de ella.

    Con lo que si me quedo de tu conclusión es que hemos pasado de ser una sociedad cristiana y aún imbuida de valores tradicionales, a ser un sociedad secularizada, supersticiosa y desacralizada, y en esa bajada hacia los infiernos hemos arrastrado con nosotros al resto del mundo.

    Lamentablemente de indios, (o de orientales en general) tenemos bien poco, porque la civilización hindú, al menos antes de ser barrida por la modernidad, era una civilización profundamente imbuida de Principios metafísicos y tradicionales, mientras que la Europa moderna, heredera de la Reforma y la Ilustración basa su existencia en negar y combatir a capa y espada cualquier Principio tradicional. ( ver a las Femen, por ejemplo en tetas y pegando berridos, asaltando a curas septuagenarios a la salida de la Iglesia es un buen ejemplo de en lo que se ha convertido Occidente)

    Lamentablemente ese fantasma que recorrió Europa en el siglo XIX bajo el nombre de neo-espiritualismo y ocultismo no fue más que una grotesca caricatura de las doctrinas orientales, y, como bien dices, aunque pueda tener algo de verdad en el fondo, no deja de ser algo desorientador y perverso.

    Difícilmente un intelectual aleman moderno lleno de prejuicios sentimentales y convencido en el fondo de la superioridad de su raza haya podido legar a Europa otra cosa que una visión bastardizada de una civilización opuesta a la suya, los ingleses, a pesar de conocer el terreno de primera mano, no lo hicieron mejor, en realidad todos hicieron lo mismo, que fue básicamente presentar ideas occidentales en un molde "oriental".

    Como bien ha demostrado René Guenon y otros autores, la India (y ninguna civilización tradicional) nunca ha profesado la doctrina de la reencarnación, lo que si se ha profesado es la doctrina de la transmigración de las almas y la metempsicosis, que son cosas radicalmente distintas.

    La idea de la reencarnación fue introducida en occidente por los espiritistas franceses que, a su vez la tomaron de los socialistas, en realidad la reencarnación fue un resultado del clima igualitarista, progresista y evolucionista de la época, decía Allan Kardec por ejemplo, que alguien que fuera un Rey o alguien importante en esta tierra, pasaría a ser el "último de los espíritus" al otro lado, (algo que sin duda satisfacía a los igualitaristas) y que nacer, morir, reencarnarse y progresar, era la ley, esa idea de "progreso", como bien sabemos, tiene bien poco de oriental.

    Salud!

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  9. F dijo:

    "En cuanto a Alemania, pienso que en la recepción y redifusión de estas teorías es importante el papel de Schopenhauer y Nietzsche, siempre tan interesados en la India. Siempre me ha parecido curioso que los maniáticos de la raza conecten tanto con la India, que en mi opinión es paradigma de sociedad "multicultural", aun con todo el sistema de segregación de castas, que es posiblemente lo que les ponga cachondos. Por no hablar de la erosión de la cultura occidental que supone la continua propaganda de estas religiones y culturas en el ámbito europeo."

    El mismo cristianismo es asiático en origen. Socavo y destruyo el legado grecolatino. Véase la destrucción de la biblioteca de Alejandrina, la persecución del legado griego por los primeros emperadores bizantinos, etc.

    Pd: interesante este blog, seguiré leyéndolo.

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  10. Fe de erratas.

    Escribí Alejandrina en lugar de Alejandria.

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  11. ola k asen

    El modo que hemos tenido de arrastrar al mundo ha sido por una inflación de materialismo. El materialismo lo apuesta todo a generar materia, a empeñar nuestra energía en la condensación de materia, hasta que esa masa pesa tanto que deforma el espaciotiempo en que moramos provocando en él un socavón, una hondonada: eso es Europa hoy. La pendiente que genera la deformación hace que la gente de otras regiones llegue rodando hasta aquí.

    Si Europa irradiase energía, en vez de acumular materia, el espaciotiempo europeo formaría una mole, una colina, un kurgán, o una enorme montaña, a la que sólo accederían los más arriscados alpinistas.

    Pero todo conspira en favor de una mayor acumulación de materia y una energía vital más baja:

    -Dieta de carbohidrato basura.

    -Inflaciones encubiertas que no se miden por el kilo de pollo.

    -Apuesta por el hombre-cyborg de baja calidad pero acorazado de toda clase de cachivaches, y lo que nos queda.

    -Atontamiento generalizado a golpe de tele, fúrgol, porno, findes y mieditis de todo aquello que podría salvarnos.

    -Exacerbación de la culpa colectiva de Europa, a la que se hace responsable de crímenes impagables, pero por los que curiosamente se pide un pago.

    -Echar el candado a los cielos y vivir en dos dimensiones. Es el eclipse del espíritu, suavizado con mucha luz nocturna y con -cierto- un emputecimiento de las reglas sapienciales de otros pueblos a las que se desnata, se homogeneiza y se embotella, listas para usar y tirar.

    Si te soy sincero, las diferencias entre reencarnaciones y doctrinas similares me parecen lo menos importante. Hay más diferencias entre cristianismos acerca de la naturaleza de Jesús, por ejemplo.

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  12. (continúo)

    Bienvenido, Claudio. Dado que el cristianismo surgió en Israel, si uno mira un mapa hoy pues está en Asia. Pero en el siglo I aquello era culturalmente Europa, mucho más que otros terrenos geográficamente europeos desde una perspectiva actual.

    En mi opinión, lo grecolatino es un constructo renacentista en el que se apeló a lo que tenían más cerca, la herencia romana. Pero Roma no fue creadora, sino destructora de cultura. Lo argumento aquí:

    http://laiberiafutura.blogspot.com.es/2013/10/la-destruccion-del-mundo-antiguo-manos.html

    (y siguientes)

    Pero bueno, todo es opinable en esta vida ;-) ¡Salud!

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  13. Hola Hombre-Lupa Gardner.

    Sobre si esa region de Asia era europea, bueno, eran dominios de roma, pero culturalmente no podria decirse que era europea. Esa zona en los racial y cultural era basicamente semitica(pueblos dinaricos y preasiaticos).

    Sobre ese articulo de roma, es interesante, lo leere mas detenidamente,

    Pero sobre el cfristianismo, no se puede negar que mucho daño le ha hecho a Europa. Ya sea con la destruccion de la biblioteca de Alejandria, la persecucion a sabioa y cientificos como Hipatia o servet, etc.

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  14. Hola Anónimo.

    Depende de lo que entiendas por europeo y a qué llames Europa. Eso es flexible y opinable, desde luego.

    Por aquella zona había bastante mezcla, todo el Próximo Oriente había sido rojizado por oleadas generadoras de civilización, hubo influjo cromañoide y derivados desde dominios bereberes y desde el Mediterráneo, y obviamente hubo mucho aporte arménido, pero no más que en Egipto, que además estaba más conguizado, y no tenemos problema en atribuirnos lo egipcio.

    Antiguos hebreos según los egipcios:

    http://2.bp.blogspot.com/-8pqItMKWr3Y/Tt9sMkPGDJI/AAAAAAAAFb4/zszFyA9oeek/s1600/200px-Egyptian_execration_doll.JPG

    Una especie de vudú a la egipcia en la hechura de un hebreo. Rasgos masivos y casi griegos.


    http://sarabe3.tripod.com/images/image025.jpg

    Perfil vertical, ojos azules, barba rojiza, constitución vigorosa y piel menos tostada que la de un egipcio.

    Hay que tener en cuenta que en la misma España hay armenización para frenar un tren, entre otras cosillas. Son tan españolas, por ejemplo, Vanesa Romero e Inma Cuesta.

    En mi opinión, para los tiempos de Hipatia la cultura de la Antigüedad era un refrito caduco y sin futuro, que se limitaba a recapitular lo que ya se sabía. Desde Arquímedes -muerto por un romano pagano- se puede decir que la cultura antigua había entrado en barrena, gracias a Roma, nación depredadora e inculta -cada vez que necesitaban un experto en una ciencia lo tenían que traer de fuera, como expongo en el artículo- a la que se ha mitificado por una serie de razones que ahora no vienen al caso. El 99% de la cultura pagana fue destruido por paganos.

    Servet no fue perseguido como cientifíco, sino como hereje teológico. Eso sí, con posterioridad los calvinistas pidieron perdón y le erigieron un monumento. Al parecer, el propio Calvino no quería que fuese ejecutado. En cuanto a la biblioteca de Alejandría, ardió con ganas durante una campaña de Julio César, y después en varias ocasiones más. El último que la hizo arder fue el califa Omar, usando los escritos para la calefacción de los baños públicos de la ciudad. Eso sin contar que de no haber sido por cómo Roma destruyó las naciones ribereñas, Omar jamás habría salido de Arabia como no fuese para vender dátiles.

    ¡Salud!

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