jueves, 24 de octubre de 2013

Made in China: engranajes humanos y globalización





Como todo el mundo sabe, China se está postulando como gran potencia desde hace dos décadas. Ese carácter de gran fuerza internacional es predominantemente económico, comercial, en mucha más medida que si consideramos otros aspectos: el poder militar, el desarrollo sostenible, el rejuvenecimiento poblacional, la cohesión territorial, la irradiación cultural, etc, exponentes de la realidad china mucho más atrasados y donde el actual model chino acusa serias debilidades. Sea como fuere, desconociendo todavía lo que nos deparará el futuro, se hace obvio a todas luces que hay que contar con China sí o sí, para lo bueno, lo malo y lo regular. Por tanto, no está de más conocer mejor el modelo chino.

Las noticias del mundo hacen ya hincapié en China. Si uno observa la sección internacional de los periódicos (para los menores de veinte años: son esas agrupaciones de hojas impresas y dobladas por la mitad que se exhiben en los expositores de los quioscos) verá que siempre hay una noticia de China. Aunque sea pequeñita y "de interés humano", siempre hay alguna. Por tanto, nos vamos acostumbrando a la presencia china en nuestro mundo mental, de igual manera que también vamos interrelacionando unas noticias con otras. Estos días atrás, a raíz del shutdown o apagón federal en Usa, los medios han vuelto a insistir en la importancia crucial del bono useño como forma de garantía global de los pagos y de cómo la economía china se ha hecho con una cantidad astronómica de deuda useña, convirtiendo la amenaza de default -finalmente conjurada hasta dentro de unos meses: muchos lo han leído como debilidad de Usa, mientras que en mi opinión es un exponente saludable de un gran principio liberal de organización política, la división de poderes- en un peligro serio de regreso a la recesión -si es que hemos salido ya, cosa que dudo, y no me refiero sólo a España-. Otra noticia que me ha llamado la atención últimamente, no por sorprendente sino por recurrente, es la de la elevadísima contaminación en las urbes chinas, con la inevitable Pekín al frente. Las autoridades chinas se han despertado del letargo medioambiental y llevan ya un tiempo preocupándose por el tema. Además, el gusto chino por presumir de estatus mediante la adquisición de un coche -lo que muchos llamarían aburguesamiento y que es una tendencia bastante universal-, despreciando la bicicleta -tenida por muchos de ellos como signo de atraso o como una frivolidad occidental- ha acrecentado el problema, hasta tal punto de que si según el código de colores a implementar (rojo, ámbar, amarillo y verde) es día de alta contaminación, sólo circularán la mitad de los vehículos, alternando según la primera cifra de la matrícula sea par o impar. Y ya que hablamos de coches, un estudio encargado por la patronal francesa de la automoción, publicado estos días, apunta a nuestro país como una potencia altamente competitiva en la fabricación de automóviles de gama media en virtud del salario medio del operario, marcadamente inferior al de otras naciones europeas, con lo que España parece -según comentan- seguir los pasos de China, arrojando un mayor margen de beneficio vía bajas retribuciones, lo que crea un efecto dumping denunciado en incontables ocasiones -ese efecto no siempre se fundamenta en los bajos salarios, pues también hay que tener en cuenta la generosidad de las subvenciones gubernamentales, como es el caso de los paneles solares de fabricación china, lo que generó en el sector una confrontación Pekín-Bruselas acerca de las barreras a la importación que parece haberse zanjado a favor de la producción china-. Obviamente, es una visión reduccionista de un tema bastante complejo -hay que tener en cuenta otros factores, y más desde que se ha anunciado la ampliación del Plan Pive-, pero sirve para hacernos una idea de un exponente clave del modelo chino, modelo al que podríamos llamar hanización del país, siendo la etnia Han la mayoritaria.


EN POS DE UN PUEBLO HOMOGÉNEO

Este proceso está íntimamente ligado a la homogeneización social, si bien no en lo que toca a la equiparación de rentas (que sería lo esperable en un país regido por una ideología igualitarista) sino a la igualación antropológica, por medio de la difusión general en todo el territorio de la etnia mayoritaria. El proceso de hanización se aprecia considerablemente en Xinjiang ("nueva frontera"), amplio territorio al este llamado también Turquestán Oriental, donde se acantona la etnia Uigur. Se trata de una zona mayoritariamente desértica de valor geopolítico incalculable, no sólo por su carácter fronterizo y relativamente baldío (que hace las funciones de "zona cuña" separadora entre potencias) sino también por la riqueza de su subsuelo, fundamentalmente carbón, petróleo y uranio. Curiosamente, se ha convertido en un solicitado destino turístico interior. Al principio del maoísmo, había en Xinjiang unos trescientos mil chinos han, mientras que ahora rondan los ocho millones, casi empatados con los nueve millones de uigures, de religión musulmana, factor espiritual que ha sido (y está siendo) también factor de inestabilidad, alimentado por Usa y su hoy enfurruñado aliado Arabia Saudí. A tener en cuenta el factor de Turquía, país que se considera hermano de la etnia uigur, y la presencia no muy abultada pero sí interesante de otras minorías (más de un millón de kazajos, además de tártaros, hmong, tayicos, tibetanos y rusos étnicos, entre otros muchos grupos humanos). Usa apuntó en 2002 al ETIM (el yihadismo uigur) en su lista de organizaciones terroristas en una época en que la confrontación con buena parte del mundo islámico parecía crecer sin control, y confinó a una veintena de yihadistas uigures en Guantánamo (tengo entendido que allí siguen tres de ellos). Ahora bien, como uno puede imaginar, la problemática uigur favorece los planes atlantistas pues supone la permanente desestabilización de un flanco crucial en la fortaleza china y la puesta en jaque de recursos imprescindibles para que la voraz máquina devoradora de energía creada por el Paradigma Han no detenga su acelerada marcha.

Una de las tendencias observables en la globalización actual es el esquema triangular de producción y consumo que se ha generalizado a nivel mundial, que tiene tres patas: el dinero a invertir, la empresa y la tecnología, y la demanda. Tal como está funcionando el mundo desde el arranque de siglo, cada uno pone lo suyo. El dinero viene de los fondos soberanos, siendo arábigos la mitad de los más importantes. El capital viene de Occidente, entendiéndose como capital la empresa, la tecnología y el personal formado (y formador). Y se espera que el consumo provenga de los países emergentes, entre ellos y de manera predominante las 4 R, los países del BRIC, tanto por su potencial como por su situación estratégica y su peso demográfico, más de dos quintos de la población mundial.. Ése sería el esquema general grosso modo de la globalización actual, un esquema claramente insatisfactorio y que no está funcionando, aunque sí que lo hace a efectos de las ganancias de un conjunto de inversores que se dedican a mover dinero. Por eso se mantiene, porque hay a quien le interesa que se mantenga, y esa gente es influyente. La paradoja de que en un país en crisis crezca el número y porcentaje de millonarios es en realidad una paradoja aparente. La crisis puede ser un gran negocio. De ahí lo equívoco que resulta que un país celebre a bombo y platillo que aumenta la inversión extranjera. ¿Es inversión productiva o es un fondo que se hace con gangas que un día fueron empresas potentes y que "hacían país"? También es tramposo esperar que los países emergentes revitalicen la maltrecha economía mundial aumentando su consumo, por la sencilla razón de que una gran parte será consumo energético, un peaje imposible de evitar. El consumo energético alto implica, por puro coste de oportunidad, menos dinero para otras cosas y además inflación sustanciada en el recargo sobre el precio de todo lo demás. Eso lo sabemos bien los españoles, o deberíamos saberlo, porque cualquier cosa que compres paga hidrocarburos, y por partida doble. Un chicle de cinco céntimos paga hidrocarburos porque está recubierto de un envoltorio de origen petroquímico y encima paga IVA destinado a sufragar nuestra dependencia energética. De ahí la fascinante convergencia de países desarrollados y emergentes: se aproximan en función de su creciente dependencia exterior. Para completar la jugada, la dependencia energética redunda en el éxito de la primera pata, el fondo soberano qatarí, kuwaití, etc que ha olido negocio, y que sigue sabiéndose imprescindible hoy por hoy.

Romper esa dinámica, de manera que el proceso circular antes descrito suceda no a lo largo y ancho del mundo sino dentro del propio bloque geopolítico, en el seno de cada potencia emergente, forma parte nuclear del Paradigma Han y en ese sentido se han estado orientando las inversiones chinas, pues su masa inversora no proviene de las regalías de petróleo abundante sino que, muy al contrario, China es el principal demandante mundial de energía exterior, y estamos hablando de una demanda que los nuevos mandarines quieren satisfacer por la vía de una urgente diversificación que no haga tan vulnerable el abastecimiento.

Lo dicho tiene una importancia directa para nosotros, y no diferida, como se podría pensar. España ha mejorado mucho su balanza comercial de dos años hasta ahora, en buena medida gracias a la alta consideración que tiene nuestra producción de bienes de equipo -algo que la propia opinión pública nacional desconoce, pues ésta prefiere autoflagelarse diciendo que somos "un país de albañiles y funcionarios", como si eso fuese obligatoriamente malo-. A China le interesan nuestros productos, como a otras economías-enigma (Brasil, Sudáfrica, Indonesia ....) cuyo futuro está por definir, que forman parte de rutas marítimas, que pueden devaluar su moneda y que cuentan con el factor demografía. Por tanto, España no debe descuidar el factor China ni de broma a la hora de establecer los patrones de actividad durante las próximas décadas. Somos cabeza europea de Norteáfrica e Iberoamérica, conformamos el cierre occidental del peculiar bloque geopolítico de la cuenca mediterránea y contamos con un idioma con pretensión de universalidad.

Nosotros también tenemos que cambiar de paradigma. La globalización ha llegado para quedarse. Es así. Los países que no contaban antes cuentan ahora, y mucho. La cultura useña puede permitir reírse de Canadá y Australia, y atribuirles un espíritu naïve, incapaz de competir. Pero eso ya se está acabando. Dos grados Celsius más de temperatura global y Groenlandia emergerá como otro actor imprescindible. Alemania y Japón hicieron los deberes después de 1945 mientras Usa recurría al dólar-deuda. El resultado: los dos derrotados ahora marcan la pauta, mientras la gran nación del Águila ha perdido peso específico a nivel económico global, a cambio de engordar inflacionariamente los mecanismos burocrático, militar-industrial y penitenciario. Es un pecado de inflacionismo, pero lo es también de etnocentrismo. Éste es un muy mal consejero. El planeta se ha ensanchado mucho.

La cultura popular de Occidente no siempre ha manifestado fascinación por lo oriental. Fu-Manchú y el emperador Ming son buenos ejemplos de cierta desconfianza hacia un posible despotismo asiático -contrapuesto a la libertad personal occidental-, teñido de desconsideración hacia el sufrimiento humano. Con el tiempo, China pasó a ser foco de irradiación ideológica, una variante del marxismo llamada maoísmo que nutrió buena parte de las consignas de mayo del 68 y de los movimientos indigenistas americanos, muchas veces armados. Y ahora China irradia otro tipo de ideología, no ya de un modo directo sino por persona interpuesta, en la figura de determinada mitología impresa en la literatura de mercadotecnia.

La nueva clase ascendente de la "última revolución capitalista" son los managers. En contraposición al capitalista clásico, éstos no arriesgan su dinero y se comportan como asalariados (muy bien remunerados, eso sí), copando los directorios de las grandes empresas, blindando sus despidos, llevando vida aparte de la realidad económica productiva (nada que ver con los visionarios que trastean con ordenadores en un garaje familiar o el ingeniero industrial que llega a casa a las tantas y con grasa hasta las cejas), relacionándose entre lo de su clase (gracias a los tickets-restaurante, los puentes aéreos en primera -cuando el empresario clásico iría en turista por ahorrar algo- y el fomento de cierto consumo cultural elitista, como la asistencia a la ópera o al ballet -estilos musicales ya muertos, de consumo fetichista culturaloide- o el mecenazgo de arte moderno) y llevando una existencia que no tiene nada que ver con el capitalismo industrial del XIX y sí con el cortesanismo palaciego del XVIII. La revolución de los managers, quienes guardan concomitancias con algunos responsables del agujero negro de las Cajas de Ahorro españolas (por donde se irá el Estado del Bienestar como por un sumidero), ha generado su propia literatura, algo así como la extensión de los libros de autoayuda -en principio relacionados con los salesmen y con el buenismo californista- a un terreno distinto, el de la toma de decisiones en un mundo donde las personas ya no son como antes posibles clientes potenciales, sino manpower fungible. Y en esa literatura de la revolución interior, el poder está en ti, quién te ha afanado el queso y similares, China es hoy una realidad generadora de mítica empresarial. Tanto es así que El arte de la guerra de Sun Tzu se ha colado en las estanterías de literatura empresarial de las grandes superficies.

 Pastelillo de luna hecho de oro macizo. 

El modelo chino que se nos ha presentado tiene una serie de características muy interesantes. Es un híbrido entre la planificación pública y el capitalismo desaforado. Muestra como dato fundamental, a partir del cual hay que interpretarlo todo, el crecimiento del PIB (y, siguiendo su crecimiento, la entronización de China como primera potencia mundial hacia el año 2050) . Proclama también una serie de valores básicos: el pragmatismo, la paciencia y la prudencia de los empresarios y políticos, así como la integridad, el trabajo duro y la abnegación de los operarios. Defiende un modelo holístico de interrelación, fundamentado en el Guanxi, término que expresa la relación fructífera entre unos y otros con independencia de su nivel de renta, lo que crea una red de favores y asistencia mutua, haciendo permeable la dinámica social. Postula el éxito refiriéndose a las inversiones estratégicas. Así, las plusvalías conseguidas se orientan a invertir en el resto del mundo. La economía china ha adquirido así gran cantidad de deuda pública, convirtiéndose en el gran acreedor de Occidente, algo que es presentado por la mítica empresarial como sinónimo de preeminencia. También con ello ha entrado en Iberoamérica y en África como gran inversora. Un millón de ingenieros y obreros chinos están trabajando ahora en África. Su modelo colonial es eficaz, pues han aprendido de la experiencia europea. No tiene sentido el expansionismo clásico (modelo Roma) para esquilmar los recursos de un pueblo, cuando resulta mucho mejor que éste se endeude y se autoesquilme, o bien permute el petróleo, oro, coltán, etc a cambio de obras públicas a mayor gloria del presidente de turno, obras públicas hechas por chinos y empleando materiales chinos. El revés sufrido en Libia hace dos años (obra pública paralizada y decenas de miles de operarios de vuelta a casa) tiene como telón de fondo el desasosiego del bloque pro-Usa ante el expansionismo adquisitivo chino. Otro punto: el crecimiento de una clase media casi inagotable, venida del ámbito rural con ansias de insertarse en la mecánica productiva y de ponerse a consumir, y de una clase alta deseosa de lujos europeos. Énfasis, por tanto, en el consumidor. Y, sobre todo, la sensación de cohesión, de que China va a una, al contrario que los divididos occidentales, sumidos en el egoísmo, el letargo de siglos de ventaja y la lucha de clases en vez de la cooperación entre ellas.

Observadas más de cerca, las características de la hanización esconden otras realidades. Veamos.

-La naturaleza híbrida resulta muy atrayente tanto para la casta política como para la empresarial. Los primeros saben que así pueden "tocar dinero" mientras que los segundos ven la oportunidad de florecer bajo el paraguas estatal (o autonómico, o local). La ausencia de un cortafuegos eficaz entre las esferas pública y privada es uno de los talones de Aquiles de nuestro sistema, además de fomentar la corrupción.

-Los datos del PIB dependen mucho de cómo se interprete, y no expresan verdades absolutas. Por ejemplo, teóricamente el aeropuerto-fantasma de Ciudad Real sumó al PIB español, a pesar de terminar siendo un desastre económico. Téngase en cuenta que China ha afrontado en las últimas décadas la más impresionante política de obras públicas de la historia humana, y ese volumen tan astronómico de gasto no significa necesariamente riqueza.

-Cuando te hablen de "trabajador abnegado", deberías escamarte. Se trata de un eufemismo por cadena de producción manufacturera que hace más hincapié en el trabajo humano, extensivo e intensivo, que en la tecnología empleada. Es decir, la competitividad basada en los bajos costes laborales. Jornadas eternas de trabajo, sin apenas descansos, en urbes-fábrica a cambio de un salario decimonónico.

El carácter no-democrático de China favorece esa situación. Los sindicatos y las manifestaciones, las medidas de presión lógicas y esperables en una sociedad capitalista y que favorecen el progresivo encarecimiento de la hora de trabajo, son sin duda algo complicado en esa situación dictatorial. Además, la afluencia de campesinado ha creado un dumping laboral interno que no se puede desdeñar. Si alguien no quiere continuar siendo explotado, no se le echará de menos pues hay unos cuantos a la cola para ocupar su puesto.

Eso ha tenido como corolario, en la mitología empresarial, que la clave para Occidente si quiere sobrevivir a la competencia china es olvidarse del sector industrial y centrarse en el sector servicios (en lo que se nota el carácter cortesano, preindustrial, de los managers), así como dar a entender que los trabajadores occidentales tienen que renunciar a algunas cosillas para así aumentar la competitividad general de nuestras economías.

-La competitividad china se basa en el bajo precio de la hora de trabajo, y poco más. Por una parte, eso pudiera ser insostenible incluso a medio plazo; por el otro, los bajos salarios implican bajo consumo interno, así como baja demanda de importaciones. Así que no es exactamente como nos lo pintan, como una gran oportunidad. Quizá sí para determinados inversores, pero no para Occidente en su conjunto.

En el otro lado de la balanza, Occidente se ha visto inundado por producción china de calidad a menudo deficiente y con cierta tendencia a la vulneración de la propiedad industrial, a la falsificación de productos. Una noticia que dio la vuelta al mundo hace dos años: en la ciudad de Kunming aparecieron 22 tiendas piratas de Apple. Eso sin duda favorece al consumidor occidental (y oriental) que quiere comprar barato aunque la calidad sea fulera. Cosa distinta es que favorezca al tejido productivo de su propio país.

La ideología neoliberal dicta que hay que competir y que si alguien hace las cosas mejor que otros debe llevarse el gato al agua. Desde mi punto de vista, que es el punto de vista de un liberal que suele desconfiar de los proteccionismos, pienso que esa afirmación neoliberal esconde una falacia. Es cierto, en igualdad de condiciones el que lo haga mejor que triunfe, y todos contentos. Pero no existe esa igualdad de condiciones. Cuando los trabajadores chinos cobren lo que los españoles, tengan nuestra seguridad social, dispongan de derechos análogos, con condiciones laborales homologables, entonces sí nos lo podríamos plantear (y quien lo dice por las manufacturas chinas, también lo dice por las conservas tailandesas). Pero claro, ese escenario genera escalofríos al sistema.

-Las interrelaciones personales suenan sin duda muy modernas, pero pueden terminar siendo focos de corrupción. Ésta se ha convertido en una de las grandes amenazas para el modelo chino. La condena a perpetuidad del antiguo dirigente Bo Xilai por corrupción es señal de un golpe de timón de la cúpula al respecto. La costumbre reciente de regalarse, entre los nuevos millonarios chinos, los típicos pasteles de luna de la fiesta de Medio Otoño pero hechos de oro macizo (I) también ha alarmado a las autoridades, que ven en ello pagos solapados por favores, una especie de Guanxi que se les ha ido de las manos (hay que recordar que la alta capacidad adquisitiva de los nuevos ricos chinos influyó notablemente en la guerra por los paneles solares: el Partido amenazó con hacerle la guerra al mercado del lujo europeo, muy solicitado en las esferas empresariales chinas, lo que ablandó el proteccionismo de la Unión Europea).

-China no es ni de broma un país cohesionado y que va "a una". Tiene problemas de articulación territorial (ya hemos comentado el asunto de Uiguristán), crece el malestar por las diferencias sociales, se basa en un modelo político hoy en día en extinción a nivel mundial (dentro de dos generaciones sólo habrá democracias en el mundo, o eso espero al menos), y otro día hablamos de los desafíos mediambientales que se le presentan, que son muy serios.

El proceso globalizador de las últimas décadas ha supuesto una reordenación de las funciones y expectativas de cada país y de cada bloque geopolítico dentro de una nueva estructura económica, algo así como si interpretasen su parte de la partitura en el gran concierto -a menudo desafinado- del panorama actual. A eso nos referíamos en la primera parte con el flujo triangular fondo soberano / tecnología / mano de obra repartido entre grandes bloques de decisión. Tal proceso puede darse no por acabado pero sí por plenamente asentado desde diciembre del 2001, cuando China entró en la Organización Mundial del Comercio. El presente sistema globalizado sigue sus ritmos, sus pautas, como si fuese la obra de un compositor o quizá un organismo con vida propia. Eso no debe llevarnos a una falacia típica, la de antropomorfizar la realidad. Esto sería pensar que determinado bloque geopolítico es la cabeza, otro los brazos, otro el aparato digestivo (ano incluido), otro el sistema inmunitario, etc. Es sugestivo pensarlo así, pero puede conducirnos a errores, uno de los cuales sería imaginar que la situación actual proviene de un plan maestro admirablemente bien cumplido, idea básica del conspiracionismo. Personalmente no lo creo así, pues diría que el sistema actual es más bien errático, lo que no quita para que muchas de las cosas que hoy vivimos provengan del impulso dado desde determinadas terminales con capacidad para decidir o, cuando menos, para influir en las decisiones ajenas.

Ahora bien, con independencia de si el sistema actual ha surgido espontáneamente o fue planeado en un cenáculo por conspiradores, me da la sensación de que a alguien, a un grupo de personas, a una casta en concreto, les están saliendo las cuentas, de igual manera que estoy convencido de que a nosotros no nos están saliendo.


MAQUILANDO LA REALIDAD

Si uno quisiera dar una definición exprés de globalización diría que consiste en que todo el planeta esté estructurado (en cuanto a trabajo y producción) de la misma manera en que lo está un país, cualquier país. Según la región se le asigna una o varias actividades dentro de un Estado, de cada bloque mundial se espera que cumpla su papel respecto de un conjunto que se pretende armónico. El mundo funcionando como un solo país, el sueño del universalismo más ingenuo, un país a lo grande y con las distancias y barreras geográficas lo bastante considerables como para que las desigualdades globales, que serían insoportables para nuestra óptica actual si se diesen en nuestro país, pasen desapercibidas o al menos se sobrelleven sin mayor preocupación. Y como todos somos un gran país y -se nos dice- el mundo es de todos tan sólo porque un buen día hemos aparecido por aquí, no tenemos por qué contar con todas las actividades económicas en nuestra región particular. Se pueden deslocalizar hacia otros horizontes, otras tierras, otras gentes, otras manos (las que trabajan: las que cuentan los billetes bien podrían ser las mismas o parecidas).

La deslocalización de actividades es el primer paso de la globalización (declaraciones altisonantes aparte, claro). Ese cambio de suelo se aplica primeramente a actividades de escaso valor añadido, basadas en el ensamblado de piezas, y en las que el margen de beneficio depende mayoritariamente del escaso coste de la hora de trabajo efectivo, sea por las muchas horas de trabajo, por hacer éste a destajo, o por estar mal pagado, o por la baja calidad del local donde se desarrolla o, a ser posible, por todo eso junto. Dado que vivimos en el mundo de la igualdad y está feo eso de discriminar, no se deben despreciar las manitas de las mujeres y de los niños.

Esa deslocalización es idónea en zonas económicas con un estatuto particular, zonas francas volcadas al mar donde rige una relajación de las condiciones que regulan las relaciones productivas y laborales. Ese sistema comenzó a aplicarse en los sesenta en lo que serían llamados tigres asiáticos (¿hay algún tigre que no lo sea?): Corea del Sur, Hong-Kong, Taiwán y Singapur. El ejemplo de estas economías -por cierto, bastante intervenidas y proteccionistas en general- sirvió de altavoz para quienes predicaban que el modelo capitalista era mejor que el comunista. Y tenían razón, pero no por esos casos. Este sistema ofrecía mucha producción a precios bajos, lo que convertía de hecho a la mano de obra en el verdadero negocio, y no otro.

No sólo cundió en el Lejano Oriente. También en México, bajo el nombre de maquila. En la franja fronteriza con Usa se aplicó un programa de industrialización basado en las concesiones a empresas useñas, por el cual la fábrica maquiladora recibe materia prima ajena y la ensambla, bajo un régimen fiscal franco. Cerca de millón y medio de mexicanos, sobre todo mujeres, han llegado a estar empleados en la maquila antes justo del arranque de la presente crisis-recesión. Mientras los varones probaban suerte emigrando al norte, las mujeres sostenían el intensivo sistema de deslocalización, padeciendo unos estándares de salud laboral pésimos y estando expuestas a la contaminación industrial, pues sólo una pequeña parte de los residuos tóxicos han recibido el tratamiendo adecuado.

A pesar de que este tipo de explotación permite un empleo muy amplio de la mano de obra (Ciudad Juárez tenía, en el año 2000, menos de un 1% de paro), a la larga ha sido un negocio desastroso para México, pues ha supuesto apostar por un modelo productivo que no favorece la necesaria modernización de éste -el resto del mundo no se ha detenido, mientras tanto-, tiene que recurrir a materias primas foráneas -con lo que no tira de otros sectores nacionales- y ha hundido los salarios -desde 1982 hasta el 2000 lo hizo en un 75%, un factor que ha dado razones extra a mucha gente humilde para ingresar en el sicarismo de los cárteles-. Y desde el cambio de milenio el tema ha ido a peor, porque Usa lo estrenó con crisis surgida del descalabro de la burbuja tecnológica y, desde luego, por las exportaciones chinas. Hoy las tornas han cambiado y China ha manifestado un creciente interés en invertir en México, potencia petrolera, país muy poblado, y mercado puerta con puerta de Usa de igual manera que México ha dejado bien claro que la inversión china le interesa y mucho. Al inicio de la actual crisis ya había casi 400 empresas chinas en suelo azteca, algo que ha ido a más teniendo en cuenta que el gigante asiático es el principal prestamista de Occidente.


También Krusty deslocalizó la fabricación de parte de su merchandising. 

La demografía es el destino, como decimos a menudo. Y China puede presumir de una cantidad colosal de manpower que, bien aprovechado -explotado: recordemos que la fuerza de  trabajo es, a efectos contables, una mercancía como cualquier otra, lo que obviamente da pie a su deshumanización-, promete plusvalías astronómicas para los inversores. En 1979, a partir del cambio de timón dado por Deng Xiaoping, tenemos ya en suelo continental una primera zona franca industrial. Las primeras empresas, la mayoría useñas, destinaban allí cadenas de ensamblado. El modelo maquila no ha dejado de crecer, como todos sabemos, por toda la cuenca indopacífica, donde si algo no escasea es población.

Creo que todo el mundo está familiarizado con la realidad de los locales llamados sweatshops, con el empleo de mano de obra infantil en la producción industrial, con las infames condiciones de trabajo en que viven verdaderas muchedumbres humanas que por un sueldo microscópico facturan buena parte de los cachivaches que consumimos.


LA SED MORTAL

La estrategia energética es la primera estrategia de todas. Se estima que desde 1950 hasta 1990 se consumió a nivel planetario el doble de energía que en toda la andadura humana previa. Estamos sobreexplotando el planeta. Creo que nadie puede negarlo ya. Se ha abierto incluso la veda a la minería en el fondo del mar, pues hace dos años la canadiense Nautilus Minerals consiguió la concesión de Papúa-Nueva Guinea para explotar el oro y el cobre bajo el mar de Bismarck. Un contencioso llevado a arbitraje internacional paralizó el proyecto, pero el laudo ha sido favorable a la corporación. China ya ha anunciado que está interesada en ese tipo de minería. Incluso España tiene potencial en ese terreno. El mundo no tiene pinta de querer detenerse.

El peso de China como consumidor de recursos no ha parado de crecer, algo que a nivel mundial varios países han tomado como una oportunidad. En el 2009 era ya el primer exportador mundial, y el segundo importador, siendo el 25% de sus importaciones recursos primarios: combustibles y minerales. El crecimiento chino está vinculado, ya hemos dicho, sobre todo a las exportaciones y no al consumo interno, aunque es cierto que éste existe y está creciendo. La dinámica exportadora exige materias primas del exterior. Desde 1998 dejó de exportar energía para pasar a ser importador neto, y diez años después el petróleo que compra fuera supera muy ampliamente ya al que extrae de sus pozos. China es hoy un gigante voraz que busca ansiosamente renovadas vías de paliar su sed de hidrocarburos. Así, últimamente dos corporaciones chinas han entrado en el consorcio al que se ha adjudicado la explotación del inmenso yacimiento brasileño de Campo Libra (también es cierto que sus intereses en Iberoamérica no se circunscriben al petróleo -así, su financiación del desarrollo del sector eólico uruguayo-, si bien las cantidades invertidas son aún mucho menores; cuestión de tiempo, supongo). China necesita diversificar su abanico de proveedores de crudo, pues el abastecimiento por la ruta índica es estratégicamente frágil y sencillo de yugular, así como buscar fuentes alternativas, a ser posible en su patio trasero.

El gigante ha mejorado en lo tocante a eficiencia energética, pues ha venido aumentando su PIB en mucha mayor proporción que el consumo de energía durante el último cuarto de siglo de crecimiento potente y sostenido. Eso no quiere decir mucho, en realidad, toda vez que el gasto energético y el de materias primas en general fluctúa alrededor del PIB de modo que el crecimiento de éste conlleva el de aquél. Hay que contar con el cada vez mayor porcentaje de población urbana, que entre otras muchas consecuencias implica un mayor consumo energético per cápita, pues la economía de ciudad así lo exige igual que las grandes y complejas infraestructuras que lleva aparejadas, mucho más reducidas en el mundo rural.

El modelo chino no parece sostenible a medio plazo. Puedo equivocarme, cómo no, pero creo que hay razones para pensarlo.

-En primer lugar, el paradigma presente se fundamenta en la opresión social. ¿Puede darse una contestación laboral en la misma línea que se da en las naciones con tradición democrática? Es muy posible, dadas las crecientes diferencias de renta y las desigualdades aparejadas, que no pueda mantenerse esa opresión por mucho tiempo más, aunque quién sabe. Tarde o temprano serán muy insistentes las tendencias aperturistas, y me temo que también las secesionistas por parte de las regiones más ricas. Usa lo sabe y espera el momento.

-El segundo, que funciona a partir de la captura de plusvalías que se reinvierten, y que no van ni al trabajador ni al Estado (siendo éste un motor eficaz para que poco a poco "goteasen" mejoras sobre la masa fabril). Tiene algo de círculo vicioso. Destinar parte de la plusvalía a pagar bien a los empleados encarecería el producto, menos vendible por ello en el extrajero, y reduciría la masa monetaria a invertir fuera, con lo que el poder adquisitivo de los demás países se deprimiría e importarían menos. Jaque mate.

-El tercero es la falta de respeto al hábitat. Con el tiempo y el aprendizaje de los errores los humanos somos cada vez más conscientes -aunque no lo suficiente- de que un entorno degradado es mal negocio para todos. Jared Diamond en Colapso ya alertó de los problemas que le saldrán al paso a China en materia medioambiental. De hecho, la desertización está avanzando  tanto que cuando se celebraron los JJOO del 2008 hubo que "vallar" Pekín con masas forestales para que ninguna tormenta de arena arruinase aquel bonito escaparate para el estado de cosas. Las autoridades están reaccionando, con cierta lentitud, optando por curar en vez de prevenir. Ahora mismo se están gastando verdaderas fortunas en minimizar el impacto ecológico de la extracción y refino de tierras raras (incluso aguas radioactivas se han filtrado hasta el río Amarillo, que abastece a 150 millones de personas).

Con todo, el sistema establecido va a resistirse con uñas y dientes a un cambio. No sólo por ellos y el interés de una nueva casta de millonarios, sino también por el propio interés occidental. El grueso de las reservas chinas están invertidas en dólares. Es señal de que Usa, y con ella todo Occidente, depende en demasía del crédito chino. Si los chinos financian y exportan, los países occidentales entran en la tentación de convertirse en economías de adquisición, y no de producción. Por otra parte, eso obliga a China a seguir creciendo, a seguir invirtiendo, a seguir consumiendo y a seguir extendiendo redes, todo ello sin perder de vista que la era de la energía barata no es eterna, salvo posibles giros copernicanos de producción, todavía sobre papel.

Nosotros compramos relativamente barato a China. Y cuando éstos se suben a la parra, como fue el caso de la burbuja de las tierras raras desde el 2009, ponemos el grito en el cielo. Esa adquisición a precios razonables nos resulta favorable en términos macroeconómicos, aunque castiga con dureza a nuestro sector productivo, que encuentra una competencia favorecida por su sistema productivo lesivo para sus trabajadores. Y esas plusvalías chinas nos han surtido de liquidez. Es por eso que un proteccionismo severo nunca ha sido realmente una opción para nuestras cancillerías. En buena medida, China nos ha hecho el "trabajo sucio" que ha permitido a Occidente soñar despierto con economías de nueva generación, de sector servicios, que supondrían un peldaño superior de desarrollo económico por encima de la "vulgaridad" de las fábricas, un sueño de obvio sello californista apoyado y aplaudido por la casta de los nuevos cortesanos, quienes abarrotan los directorios de las multinacionales y que no han visto un tornillo ni en fotografía. Son los aspirantes a entrar en la versión 4.0 del Versalles dieciochesco previo al capitalismo pretendiendo ser post-capitalistas.

Occidente se equivoca. Occidente confunde que el valor añadido de, ejemplo sector servicios, una defensa jurídica -y nadie dice que no sea útil y que no deba estar bien pagada- sea mucho mayor que el de, ejemplo industrial, una junta de desagüe con una superior creación de riqueza por parte de aquel sector. China necesita reconvertirse, y es de suponer que lo hará en la presente década, pero también nosotros, como lenta y dolorosamente estamos haciendo ahora.


GLOBALIZACIÓN INTERIOR Y DESIGUALDAD

El salto de China ha sido un salto de gigante. Eso sí, los saltos de gigante se llaman así por ser enormes, ciclópeos, no por ser buenos ni malos. El aspecto valorativo ya depende menos de los datos y más de las apreciaciones personales, que esconden prejuicios y creencias así como axiomas irrenunciables, o eso creemos que son. El salto chino ha convertido al Dragón en segunda potencia económica mundial, al menos sobre el papel, en actor principal de nuestro tiempo y en promulgador de un modo de hacer las cosas que ha hecho más ancha y profunda la globalización de los mercados y las sociedad, modo de hacer que hemos llamado Paradigma Han. Para tanto crecimiento hemos visto la favorable posición de las empresas, cuyos beneficios son los que han financiado los procesos de inversión, y con ellas aludimos tanto a las multinacionales que han deslocalizado sus plantas de producción hacia las zonas especiales como, sobre todo, a las propias empresas chinas. Tengamos en cuenta, además, que no sólo es ahora la segunda potencia, sino también una sociedad donde se nos dice que 500 millones de personas han salido de la pobreza. No son poca gente. Visualizadlas haciendo cola en la panadería.

Actualmente el comité central del PCCh afronta una sesión plenaria con objeto de, en este punto del camino, tomar las medidas que regirán el destino de China, y en parte de  todos, para la próxima generación. La idea central era la que muchos nos imaginábamos. China no puede depender tanto del mercado exterior, una variable que no pueden controlar, ni seguir pisando el acelerador de la desestructuración interna, que puede resultar una amenaza larvada para el régimen. Urge un aumento del consumo interno, que es por donde tienen que pasar todos los países que realmente están en condiciones de considerarse prósperos y desarrollados. Urge, además, una suavización de las desigualdades. Y urgen más cosas, como una eficaz política medioambiental y demográfica, pero nos quedaremos con la copla de la desigualdad.

La desigualdad ha sido siempre motor de progreso, de emulación, de avance en el seno de las sociedades abiertas. En una sociedad cerrada ha sido causa de revolución, de trastocamiento del orden. En los tiempos modernos la igualdad se ha convertido en una de las palabras mágicas de nuestra sociedad, que se enfurece cuando encuentra desigualdades microscópicas pero se rasca pensativa la cabeza cuando son enormes. Pienso que el hombre sano y libre lucha por desigualarse, y que el resultado de esa lucha suele ser positivo. Eso no significa creer en una mano invisible. Hablaría de cien manos, como el gigante Briareo, para dar una imagen mínimamente aproximada a la realidad. Una sociedad perfectamente igual es invivible. Sólo tiene lugar en la ficción. Una sociedad de humanos distintos parece que tiene que ser desigual. O lo acepta y lo va llevando, o se proclama puramente igualitaria, con una masa popular depauperada y famélica -igualada por abajo- y una élite de gerontócratas con gorra de plato y el uniforme repleto de medallas a pesar de no haber ganado en su vida ni una pelea en un puticlub, viviendo en castillos "de la antigua burguesía reaccionaria capitalista" perfectamente acondicionados para que allí posen su augusto culo libres de todo trabajo y toda preocupación (aparte de las intrigas y conspiraciones por el poder, se entiende). Si eso no es desigualdad, no sé yo qué lo será.

De todos modos, y ya centrándonos en China, la desigualdad social es un hecho más que notable allí, tanto que ya no hay manera de ocultarlo. El PCCh lo sabe, y sabe que por ahí se puede ir todo si no saben atajarlo a tiempo. Existe un método para el cálculo de las desigualdades en un país, llamado el Coeficiente de Gini, según el cual China no está para ir presumiendo de cohesión y armonía social. Ya existía desigualdad en tiempos de Mao, pero ésta se ha acentuado mucho en la segunda etapa, la reformista, la marcada por Deng Xiaoping y su giro de apertura al mercado. El cálculo según el coeficiente nos dice que ha pasado de 28 puntos desde finales de los años setenta hasta 47 puntos tres décadas después. Eso es mucho, y parece chocar con la tendencia mundial (una leve bajada de 3 ó 4 puntos en ese período) así como con la masiva salida de un contingente poblacional enorme de chinos de la pobreza (lo que no es necesariamente así, pues si por ejemplo antes todos teníamos 1, que era el umbral de la pobreza, y después la mitad tiene 2 y la otra mitad 3 todos hemos salido de pobres pero la sociedad ha pasado de igual a desigual: depende de muchas más variables para hacernos una idea mejor).

Antes del aperturismo que siguió a la muerte de Mao y del procesamiento de la banda de los cuatro, el PCCh aplicaba un sistema de planificación centralizada que puede considerarse más o menos ortodoxo, el esperado en un régimen comunista. El proceso de industrialización era real, pero lento, basado en el freno a los ingresos del campesinado y los salarios del sector fabril. En el campo, las comunas rurales proveían de una serie de servicios básicos, de igual manera que las empresas estatales, lo que suavizaba un tanto la vida de las gentes. Es la clásica estrategia paternalista que suele venir asociada a otros parámetros laborales, como la fijación a un determinado lugar geográfico y  un pack vital que suponía pertenecer a una empresa toda la vida, a cambio de -aparte de la seguridad de tener el puesto de trabajo- un aporte extra aparte del salario: escuela para los niños, servicio postal, cobertura sanitaria, etc, lo que podemos llamar salario indirecto y que para los chinos está resumido en el término danwei.

El proceso de crecimiento urbano no se había disparado. El proteccionismo mantenía bajos los sueldos de todos. Poco a poco, los indicadores de desarrollo iban mejorando y tirando hacia arriba, y en la economía  se apreciaba un desarrollo razonable, superior a su vecina y también pobladísima India. Eso sí, China no podía ni compararse con las nuevas potencias económicas emergentes de la zona de Extremo Oriente: Japón, la rebelde Taiwán y Corea del Sur. Hay que darse cuenta de que estos tres Estados no eran sólo unos competidores por entonces imbatibles. Eran algo más que eso: eran tres amenazas geopolíticas en potencia. Alineados tradicionalmente con Usa, conformaban un arco de prosperidad pero, sobre todo, un arco geográfico. En sus mismas barbas el Dragón podía ver que estaba perdiendo la carrera hacia el siglo XXI si se comparaba con sus tres bulliciosos vecinos. Deng Xiaoping leyó con agudeza la situación y se propuso un cambio de tendencia.

Según La doctrina del shock (2007, Naomi Klein) la implantación del capitalismo desregulado a nivel mundial, con el sello legitimador de Milton Friedman y la Escuela de Chicago a efectos intelectuales y académicos, ha venido siguiendo a crisis, guerras, momentos traumáticos, etc, puntos de ruptura de una sociedad con la guardia baja que los agentes globalizadores aprovecharon para implementar sus propuestas más radicales y osadas. Por tanto, la globalización no sería un proceso natural propio de un organismo sano sino algo así como una infección de las llamadas "oportunistas" con motivo de una enfermedad o de un estado puntual de debilidad.No es por llevarle la contraria a la Klein, analista muy lúcida, pero pienso que el caso chino, uno de los germinales en este proceso general, no fue así.

Veamos. China vivió una transición económica que en principio parecía limitarse a unas necesarias reformas en materia de gestión. En el mundo rural, se primó un sistema de responsabilidad familiar. En la ciudad, las empresas estatales comenzaron a gozar de mayor autonomía. La vida en el agro experimentó una mejora. Los precios de los productos agrícolas se incrementaron, quizá con la visión estratégica de ganarse la simpatía de un sector que poco después vería revertida esa situación. El apoyo a las reformas crece, y la desigualdad campo-ciudad se atenúa en esta primera etapa de reformas. Además, se permitió a los campesinos vender en el mercado el excedente de producción superior al cupo de venta obligatoria al Estado. La producción creció, claro. China comienza a dar señales de que la apertura al exterior no es un brindis al sol, y la idea de comenzar a pensar según la lógica del mercado toma peso. La producción industrial va dictando la pauta, se relaja la protección laboral (las empresas pueden ya despedir a trabajadores) y la clave de la competitividad empieza a depender sobre todo de mantener los salarios bajos. El desarrollo industrial pivota hacia las zonas costeras, enfrente de los competidores económicos y geopolíticos del Dragón.

La situación del campesinado chino no es halagüeña. La desaparición del sistema de comunas implica que los instrumentos de protección social que procuraba a las gentes se esfuman, lo que es un duro golpe para las economías familiares. Ahorrar en previsión de futuras eventualidades se convierte en imprescindible. Eso mantiene el consumo interno bajo mínimos y refuerza la rueda del Paradigma Han, que preconiza la huida hacia adelante de fabricar barato y venderlo fuera para con las plusvalías abrir nuevas naves donde seguir fabricando barato y volver a vender fuera. Las gentes del campo ven que en la ciudad la vida se mueve, hay oportunidades y no falta trabajo. En cambio, la vida rural es dura, sobre una tierra que no les pertenece y en la que tienen un derecho de explotación similar a nuestro usufructo, pero que no es de duración indefinida sino que se renueva cada treinta años, una generación, con lo que siempre tienen encima la espada de Damocles de quedar desposeídos si su derecho no se renueva.

Existía la posibilidad de ir a las ciudades, sí. Pero el maoísmo había implantado una figura llamada hukou, que fijaba a la población en un lugar determinado del país y exigía que si alguien se quería mover del agro a la ciudad necesitaba un permiso de residencia urbano, en general difícil de obtener. Si un campesino iba a la ciudad sin el permiso, se quedaba sin cobertura legal para disfrutar de derechos básicos como la sanidad o la educación, algo así como un sin papeles dentro de su propio país. Eso les convertía en "carne de cañón" fungible y nada protestona en las cadenas de montaje de los cada vez más obesos emporios industriales chinos.

Curiosamente, a pesar de que el maoísmo quedó ya muy atrás, el hukou sigue vigente, aplicado a las migraciones irregulares así como a los segundos hijos que se tengan en el ámbito urbano (que si quieren acceder a muchas prestaciones sociales tienen que usar "de estrangis" la documentación de su hermano mayor). En la actual sesión plenaria del comité central del PCCh se está debatiendo acerca de si esa institución tan peculiar del hukou es suprimida o no. Una óptica reformista no tendría ninguna duda al respecto, y más si se quieren suavizar las desigualdades y acallar los rumores de malestar social en un país en que la población urbana ha superado en número a la rural recientemente, en el año 2011; ahora bien, según parece el gasto necesario para cambiar el sistema de padrón sería absolutamente astronómico, pudiendo ser ésa la razón de fondo por la que el Estado todavía no se ha animado a dar el paso de liberalizar el tránsito dentro del territorio nacional.

Uno de los indicadores más importantes de la prosperidad popular e incluso de la felicidad general de un paíes es la participación de los salarios en el PIB, que en una nación desarrollada suelen estar por encima del porcentaje de beneficios empresariales. Un buen indicio de que es así: en España, según datos del INE, en el presente año 2013 éstos han superado en ratio a aquéllos, por primera vez desde a saber cuándo. Cuando el telón de fondo de una sociedad es un sordo rumor de ahogo y depresión, siempre es por algo. 

En el caso de China, el peso de los salarios en el PIB ha descendido desde el inicio de la reforma, en un porcentaje total del 5%, un dato en principio chocante si admitimos que el país ha avanzado mucho y casi la mitad de su población ha superado el umbral de la pobreza. Mientras, los beneficios empresariales se han mantenido por encima del 35% del PIB durante nada menos que tres décadas, mucho tiempo y mucho porcentaje para un país menos adicto a la especulación bancaria que los occidentales. Más de la mitad del ahorro total chino proviene de los beneficios empresariales, a despecho del mito de que se debe a que los orientales son muy ahorradores y previsores. Seguramente lo serán, pero no es ésa la verdadera razón de tanto superávit año tras año. 

Los salarios han crecido por debajo de la productividad, lo que no debe extrañarnos sabiendo cuál ha sido el sistema chino hasta hoy. Su crecimiento ha estado basado en la desigualdad. Desigualdad entre campo y ciudad, trabajador y empresa, interior y costa, producto barato y comprador occidental rico. El crecimiento ha generado desigualdad, sin duda. Ahora bien, lo interesante del caso chino es ver cómo la desigualdad ha generado crecimiento, y cómo. La desigualdad no ha sido sólo de poder adquisitivo, sino también de estándares básicos de calidad de vida y según el entorno geográfico de actividad. En ese sentido, puede decirse que antes de favorecer la globalización mundial, China ha creado dentro de sus fronteras algo así como una globalización interior. Como si fuese la caída sucesiva de incontables fichas de dominó, el estancamiento rural chino ha presionado sobre los salarios industriales y éstos a los mundiales, llevando a todo lo demás que vemos lejos de sus fronteras, incluido lo que ocurre ahora en España. Algo así como el aleteo de una mariposa generando huracanes, si bien las alas de la mariposa son billetes de curso legal.


QUÉ SERÁ, SERÁ

Si hoy se está escribiendo el futuro para que lo habiten las gentes del futuro, en el cual seguiremos estando nosotros o, en todo caso, estará el fruto de nuestro esfuerzo cuando nos hayamos ido, deberemos abrir bien los ojos, sean éstos redondos o rasgados. No sólo el sistema es inviable ya, como sabe bien el PCCh al intentar sentar estos días las bases para reformarlo en profundidad, sino también un modelo lesivo para el pueblo. No sólo para nosotros, Europa Occidental, convertido en una especie de parque temático que se cae a cachos -y está bien que así sea: debemos despertar, y quien no despierta por las buenas ya lo hará a hostias-, sino también para el pueblo chino. Alemania y Japón renacieron del desastre de 1945 con la mirada puesta en el porvenir, logrando convertirse nuevamente en potencias industriales y tecnológicas sin por ello tener que machacar a sus gentes, que experimentaron una gran mejoría en su nivel de vida. Hoy en día tienen serios problemas estructurales. Pero ¿quién no los tiene? ¿Qué país no los tiene, Andorra y similares aparte? No son mayores que los que desafían el porvenir chino.

Se puede mejorar sin hurgar en la llaga de las desigualdades. Se puede mejorar sin necesidad de crear compartimentos estancos en la masa popular. Una sociedad abierta es lo contrario de lo que hemos visto. Es el caso de Usa. Allí, curiosamente, todavía existe la posibilidad -atenuada, porque a ellos también les ha calado hondo la propaganda estatista- de que alguien que haya llegado como quien dice metido en una caja pueda prosperar, salir adelante a base de trabajo duro y de formación, empezar en Arizona y terminar en Rhode Island tras haberse pateado Illinois, haber desempeñado mil oficios, haber empezado mil planes, sin desistir, hasta triunfar. Ése es el verdadero sentido del dinero. El dinero está mal visto porque venimos de miles de años en que mandaban siempre los mismos. Un país que valora el dinero es un país en el que cualquiera puede conseguirlo por méritos propios. Un país en el que el dinero, las riquezas, los bienes raíces, los títulos, la formación, etc sólo es accesible para una dinastía de monarcas jorobados, gotosos, cojos, contrahechos, con el belfo caído y un ojo pipa, no es un país que le dé valor en su cultura al dinero. Le da valor a otras cosas, como "honor", "patria", "jerarquía", "sanas costumbres", etc, que tienen gran importancia pero que son empleados como biombos para que la masa social se entretenga mientras el dinero sigue en las mismas manos de siempre sin que aquélla se dé cuenta y experimente un lícito cabreo de consecuencias imprevisibles. En esas sociedades del Antiguo Régimen, la mercancía por excelencia es el hombre y la mujer, como esclavos, siervos de la gleba, artesanos sujetos a la rigidez gremial, lacayos, soldados y trashumantes.

Con la llegada del capitalismo, se rompe la baraja. El sistema no quiere esclavos, pues le resultan enojosos e inútiles. Quiere gentes libres que tengan progresivamente una capacidad adquisitiva mayor. Ése es el acierto nuclear del capitalismo. Un país con obreros bien pagados es un país pacífico, próspero, ordenado y pujante. Un país con elevado consumo interno es un país sano. Todo aquello que impida que un país sea incapaz de consumir lo que produce, o de producir lo que necesita, debe considerarse un agente distorsionador intolerable que debe ser embridado y sometido. Así, la inflación, el mejor ejemplo. Pero hay más. Uno de ellos es el propio sistema chino.

Las empresas chinas establecieron una gran línea de producción y se la vendieron a los obreros más o menos bien pagados de Occidente, y no a sus propias gentes. La globalización fue el paso necesario para que el capitalismo como tal lo entendemos aquí no llegara a ser todavía una realidad en el territorio del Dragón. El capitalismo genera clases medias. De ahí que la globalización como tal la hemos conocido se ha convertido en un estadio precapitalista en China, al no haber generado aún la suficiente capa de clase media -pero sí mucho millonario y ejércitos enteros de braceros pésimamente pagados- y postcapitalista en Occidente, al estar cargándose la clase media, que en España está soportando el peso más agobiante de la salida de la recesión, de la que sólo se saldrá con clase media.

La globalización y el capitalismo histórico no se han encontrado. De ahí que el sistema no funcione, no sea viable a largo plazo. Es así. Ya quieren cambiarlo, prudentes que son. La apropiación de rentas por parte de quienes detentan los procesos productivos se parece a la explotación humana pura y dura que todas las épocas han conocido, no sólo el siglo XIX. China asumirá como uno de sus motores para la próxima generación basar su estabilidad social y económica en clases medias de consumo creciente y mayores demandas de aperturismo ideológico. Se reconvertirán, y nosotros con ellos. Occidente deberá aprender a ser menos dependiente de la inversión china. Usa tendrá que seguir otra política de impresión de billetes, y Europa se jugará la baza definitiva de convertir el euro en la moneda de referencia mundial.

China será tal vez una democracia con un fuerte porcentaje de población cristiana, enmarcada en una política de bloques más orientada a colaborar que a dividir. Pienso que será así, o puede que no, dependerá de hoy, de ahora mismo, y es apasionante pensar que merece la pena. Cerraríamos así el ciclo de la plata que, desde el descubrimiento de América, ha globalizado el mundo de un modo tan eficaz como sustancialmente imperfecto, y restableceríamos la salud y el equilibrio entre los dos extremos de la gigantesca y prometedora Eurasia, lo que definirá el futuro de toda la Humanidad como especie. Merece nuestro esfuerzo.


Hasta ahora nunca lo hemos intentado.





(I) - El pasado 2012 Venezuela y China (a través de CITIC Group) llegaron a un acuerdo por la explotación de Las Cristinas, a buen seguro uno de los mayores auríferos a nivel mundial, durante cinco años. La nación "bolivariana" se ha convertido en crucial para el colonialismo adquisitivo chino y no sólo por su petróleo. China es hoy el principal prestamista foráneo de los venezolanos.



12 comentarios:

  1. Con el tema de los países emergentes, cada uno piensa una cosa:
    Según Santiago Niño Becerra ,los países emergentes son un bulf, en palabras suyas,"No se puede esperar gran cosa de ellos" mientras que "la blue banana"(corredor de Hamburgo, Rotherdam etc) seguirá siendo la zona económica fuerte y creciente en el futuro.

    Sobre Arabia Saudí y demás países golfos hay algo está bastante claro: su petroleo se agota y esta gente sólo vive de eso y de especulación en forma de rascasielos fracasados e islas artificiales con chalets vacíos.

    ¿Puede desbancar China a EE UU como potencia económica y militar?, por poder ,puede, la cuestión es si los yanquis van a estar por la labor.La unión estratégica de China-Rusía si que puede hacer frente a los yanquis ,y parece ser que hacia eso se decanta el futuro.

    España, de seguir así(y el pueblo español no da mucho de sí que digamos) jamás saldrá de la crisis(los millonarios, el Santander, el BBVA y demás ni siquiera saben que es la crisis), obviamente el efecto de dumping social debido a la devaluación puede atraer inversiones incluso industriales, pero poca cosa.
    No confío en el pueblo español ni en su criterio, mucho menos en la gente a la que ese pueblo-masa vota.

    Europa y EE UU(el pueblo no se entera de nada, los que mandan y deciden no son votados por nadie, si acaso son votados sus representantes-títeres) ha cometido los mismos errores al incrementar población vía inmigración masiva mientras su economía real y productiva se"reconvertía"(eufenismo para liquidar o deslocalizar a trust del sudeste asiático), y las consecuencias de ello se arrastran y se arrastrarán.


    La globalización(eso que a muchos les recuerda a aldea global, multiculturalismo y demás bobadas) es un juego de vasos comunicantes. Todo lo que no crecemos aquí, se crece en otro lado ya que el movimiento de capital está liberalizado y es transnacional.
    El crecimiento como potencia económica de China nos lleva a una convergencia en la cual China aumentará su nivel de vida mientras nosotros descendemos, aumentarán sus derechos laborales mientras aquí los perdemos, todo ello hasta que nos juntemos en la intersección. Por este dato tan simple- y por otros- la globalización es una desgracia para el europeo(por supuesto directivos, puestos medios/altos de algunos sectores, sector financiero , especuladores internacionalesetc, no sólo no suelen estar perjudicados, sino que les beneficia )


    (No me trago el cambio climático causado por el hombre. SI de verdad existe cambio climático natural-como otras veces ha pasado en la historia- en subir la temperatura dos grados se puede tardar siglos, pero vamos, que no creo que tales predicciones se cumplan)

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  2. Bueno, los regímenes petroleros parecen haber despertado. Hace tres o cuatro años te daría la razón, pero la impresión que tengo a juzgar por buena parte de las inversiones que los fondos soberanos han llevado a cabo es que las están diversificando y escogiendo mejor que antes, aunque siguen siendo aficionados al lujo absurdo e incluso ofensivo, si tenemos en cuenta cómo vive el árabe medio. Su poder adquisitivo se basa en un recurso finito, eso sí.

    El "clásico" futbolero de mañana tiene como patrocinadores en sus camisetas a dos aerolíneas árabes. Cuidado. Y la gente viéndolo y agitando banderas.

    No necesariamente si un país se enriquece y mejora su nivel de vida hace que empeore el de otros. Si China está en condiciones de comprarnos más bienes de equipo, eso es bueno para nosotros. No existe una cantidad fija de riqueza en el mundo. La riqueza es creada por la actividad humana. El mundo puede entenderse como confrontación pero también como sinergia. La Banana Azul es un buen ejemplo de sinergia. Sin esfuerzo humano, sin trabajo, sin creatividad, uno se puede estar muriendo de hambre mientras mea petróleo y caga oro. Por tanto, si la vida es un estado mental, también lo es la prosperidad, con todos los peros y todas las precisiones que se le puedan hacer a la idea de prosperidad.

    Lo que pasa es que mucha gente tiene una idea heredada del imperialismo romano: yo tengo porque se lo arrebaté a otro. Es normal, Roma se hizo poderosa así.

    La globalización, a mi entender, y dentro de una óptica estrictamente europea, no fue una desgracia para Europa sino una bendición. No veo a los turcos asediando Viena, ni a los tártaros arrasando Moscú. Es más, veo países de etnia mayoritariamente europea en todas las latitudes. Sí fue un desastre para China. Es algo que procuré explicar tiempo atrás en el artículo "Balas de plata".

    Lo que tienen que hacer los europeos (lo que tiene que hacer todo el mundo, en realidad) cuando se les presenta un reto de envergadura, como lo es la actual globalización, no es mearse encima y suspirar por el regreso al bosque originario vestidos todos como en "Braveheart". Es aceptar el reto y doblar la apuesta.

    ¡Salud!

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  3. Confieso que China es un enigma para mí y que este artículo ha arrojado luz sobre el misterio que es la cabecita del oriental promedio. Como argentino soy hijo de España y de Italia e incluso de sociedades preexistentes en mi suelo y por eso comprendo la mentalidad de cualquier occidental porque formo parte de todo esto como cristiano pero al amarillo no lo comprendo en lo más mínimo. Nuestros cerebros fueron programados por los griegos y egipcios hace miles de años y bueno, todos nosotros nos conocemos por más que finjamos ser distintos los unos de los otros. Perdón si soy simplista pero las particularidades de nuestros pueblos son poca cosa en relación a la distancia que nos separa de un chino.
    Acá en la Argentina ellos, los chinos, tienen muchos supermercados, tiendas de objetos innecesarios, restaurantes e inversiones varias. Sin embargo los inmigrantes que están en mi país no son los más calificados. Hay muy pocos que de verdad se integren a nuestra cultura y costumbres. Por eso los argentinos solemos mirarlos con mucha desconfianza.
    Aprovecho para decir que no coincido con el amigo A.J. al cual respeto y aprecio mucho: los países mal llamados "emergentes" tenemos mucho para dar, muchísimo en comparación con una Europa vieja y resignada (somos hijos del Viejo Continente pero conservamos la inocencia, creemos en Dios y todavía nos damos el gusto de tener sentimientos y vivir el amor como algo natural).
    A propósito, aprovecho y le pido al autor que a futuro, cuando pueda, quiera y se sienta inspirado, escriba un artículo sobre la Argentina. Me parece que la visión del administrador de la página es muy interesante y original. Reconozco mis diferencias con él pero no puedo negar su estilo y lo atrapante de los temas que toca, ¡y qué bien los aborda! Los lugares comunes abundan en la internet y aburren. Es fácil decir que Europa es lo mejor y que todo lo demás es una porquería. Pero está bueno dejar cualquier etnocentrismo de lado y ver al hombre como creación de Dios y no como un producto del azar.
    Mis saludos a todos.

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  4. Alan, te agradezco los elogios. Lo de la Argentina lo veo un poco complicado, aunque tengo lazos familiares con ella. Leí "Martín Fierro" siendo niño, tendría 8 ó 9 años, y me ha dejado sobrecogido hasta ahora. En general lo argentino me interesa, y me alegra que podáis presumir de Francisco, aunque sé que no todos lo hacen.

    En España también tienen los chinos negocios de ese tipo. Para algunas comarcas el hecho de emigrar a España forma parte del abanico de posibilidades vitales más acostumbradas. Creo que no he cruzado palabra con un chino nunca, y no es por xenofobia, es que no se ha dado el caso. Incluso comprar algo en los chinos me daría cargo de conciencia, porque intuyo cómo se ha manufacturado el cachivache en cuestión y la ganancia de risa que ha recibido el operario. Que no tiene por qué ser siempre así, pero lo que nos llega de China es bastante escamante.

    Las tiendas de los chinos que conozco, lo digo porque todos los días paso por delante de tres o cuatro, siempre, suelen estar muy vacías. Pero por ahora aguantan.

    Aquí ha levantado revuelo la muerte de una niña de doce años, Asunta, de origen chino y adoptada por un matrimonio de Santiago. Los padres son los principales sospechosos. Esa niña era una auténtica superdotada, refuerza el tópico del "asiático espabilado", y además era bonita y muy querida por todos (o casi, según pudiera ser). Vamos, que si yo hubiera sido compañero suyo de curso, con un 99'99% de seguridad me habría enamorado de ella como un idiota, y su origen chino me habría importado un rábano, o un brote de bambú.

    ¡Salud!

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    1. Rectifico. Olvidaba que he ido alguna vez a restaurantes chinos :-)

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  5. Hay asiáticas muy bonitas. Si vamos al caso, somos de un mismo continente técnicamente hablando, ja, ja, ja. Igual las prefiero blancas ya sean árabes, europeas o medio mestizas como Eva Longoria. Saludos y gracias por la respuesta.

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  6. "¿Qué Brasil te mola más?"

    Creo que has sido demasiado simplista. Brasil es un país de dimensiones continentales. Los clichés del primer video también los tenemos en España: canis, chonis, etc

    En Brasil hay ciudades de mayoría de descencientes de alemanes, barrios asiáticos: es un país culturalmente muy diverso.

    Sobre el 2º video, los evangélicos le están ganando mucho terreno a los católicos.

    Sobre el futuro del país: actualmente está viviendo una burbuja inmobiliaria similar a la que sufrimos aquí. Se vende una realidad de prosperidad muy distorsionada. Después del Mundial y los JJOO a ver en que queda. Lo cierto es que Brasil tiene que ponerse las pilas y ser de verdad una gran potencia.

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  7. Hombre, si quisiera hacerlo más representativo de Brasil tendría que haber puesto 500 vídeos, y más cuando en Blumenau han estado celebrando su Oktoberfest. Con el primer vídeo no pretendía sugerir nada peyorativo, me parecen una chicas adorables.

    El crecimiento de Brasil se va a decelerar, eso es algo que dan por sentado, las previsiones de crecimiento se han revisado a la baja, y no se ha aprovechado la oportunidad de entrar a saco en un mercado europeo en crisis, se ha aprovechado pero muy poco. Y eso que Brasil dispone de una entrada cultural europea por Portugal y varias africanas, por Cabo Verde, Santo Tomé y Angola, sin tener que doblar el cabo.

    Es un enigma lo de Petrobras y en general lo del petróleo brasileño. Parte del futuro del país dependerá de cómo se explote el Campo Libra. Tienen la tecnología, y tienen el dinero (éste lo ponen los chinos, esclavos de la dependencia energética; por cierto, Repsol no ha querido saber nada de la subasta). Los Juegos, el Mundial, etc, son la fachada, el espectáculo, a ese pueblo se le da bien, son una sociedad del espectáculo, pero por debajo del espectáculo está la realidad y es que Europa saldrá de la crisis y querrá más crudo. Esa próxima sed de crudo pudiera tener relación, a futuro, con la "reforma" (privatización, aunque no lo quieran decir) de Pemex, que también está dando malos números.

    Brasil tiene otro problema en el horizonte, y no es manía mía con lo del prohibicionismo, el problema del narco. Es puerta para Europa, idónea para lavar dinero, para albergar laboratorios y producir precursores, para que se escondan narcos en fuga, segundo consumidor de coca del mundo, frontera con una decena de países, etc etc.

    Los narcos mexicanos se han infiltrado en todas partes desde la frontera con Usa hasta Bolivia y Paraguay. Pero el premio gordo es Brasil. No cabe ninguna duda.

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  8. Interesante, en China crece el cristianismo a todo trapo. Lo reseña Niall Ferguson en "Civilización", de un millón al inicio de la revolución se ha pasado a, tirando por lo bajo, 60 millones, pero podrían ser 90 millones, los datos por ahora son evanescentes. La proyección para el 2030 será de 120 millones. La editorial que imprime más Biblias está en China.

    En la sociedad china se asocial el cristianismo al éxito económico, a la moralidad y a la armonía social. Si el autoritarismo oficial se suaviza, las cifras tirarán para arriba. Que a ningún terrícola del siglo XXII le extrañe que China sea mayoritariamente cristiana.

    Usa es evidentemente cristiana. En Rusia en veinte años 2 millones de musulmanes se han pasado al cristianismo ortodoxo (ha habido por contra sólo 2500 rusos convertidos al islam). Y lo de China, a saber. Los tres centros geopolíticos claves.

    Y mientras, los musulmanes chinos han perdido su mayoría en Xinjiang. Cuidado. Y ponen bombas. Repito: cuidado.

    En Corea del Sur, el país con media de cociente intelectual más alta del mundo, hay un 41% de cristianos, subiendo como la espuma.

    Da la sensación de que Francisco ha llegado en el momento idóneo para un gran cambio.

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  9. Tengo entendido que en China el catolicismo está prohibido, por lo que el gato al agua se lo están llevando los evangélicos financiados por el globalismo.

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  10. Ahora mismo el protestantismo está subiendo y subiendo sin parar, las cifras son realmente notables, aunque evanescentes. Un importante think-tank cristiano de Massachusetts, el CSGC, ha llegado a aventurar una estimación de 218 millones de cristianos chinos para el 2050, la amplia mayoría protestantes, y de ellos sobre todo pentecostales.

    Hay unos 12 millones de católicos, que han ido creciendo a la par de la población total china. Teóricamente allí rige la libertad de culto, pero con muchísimas trabas, y el catolicismo no se libra. No es lo mismo libertad de culto que libertad religiosa efectiva. Hay una iglesia católica china "patriótica", oficial, en la que hay ordenaciones episcopales sin que el Papa pueda decir nada (bueno, puede decir algo pero como si cantase tangos) y los obispos están, según se denuncia, bastante corrompidos por el régimen. Los seminaristas se escogen en función de la proximidad a la ortodoxia oficial. Ahí late la idea de que ninguna confesión religiosa puede proclamar su lealtad a un poder extranjero, y el Vaticano lo es.

    Hay iglesias muy hermosas en China.

    Luego hay otro catolicismo clandestino, que guarda lealtad al Vaticano y por tanto es antipatriótico. Según observadores extranjeros, las relaciones entre ambos catolicismos son fluidas, y muchos curas "patrióticos" justifican su estatus apelando al posibilismo.

    ¡Salud!

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  11. China esta aplicando el modelo colonial de los liberales europeos de los buenos tiempos que se aplico para colonizar Africa y Asia.

    China esta aplicando la mayor eugenesia de la historia con la politica pro-hombre, la cual el 25% de los hombres defectuosos sera eliminados en un par de generaciones. Lo cual estos machos que sobra son utiles para adquirir nuevos territorios, vease Kenia o Espana...

    O acaso vais a pensar que los Chinos se integran, vease la China town de cualquier ciudad Occidental un gran ejemplo de integracion... Si; integracion significa Colonialismo claro...

    Los Chinos no hacen negocios,ellos tratan de conquistar el mundo ya que su pais se les queda pequeno por ello no tratan de dejar que el mundo les conquiste a ellos, vease Europa.


    ""La democracia triunfara en el mundo en un par de generaciones""

    Espero que tengas por lo menos 10 hijos y que todos tus conocidos tambien, porque la "democracia" mas proxima se va llamar Califato y su constitucion se llama Coran.

    Ese mundo del que hablas esta muerto, lamentablemente Espana aun no se dio cuenta de que como tu dices es una civilizacion muerta. Aunque claro eso no implica que los Arios no conspiremos para hacernos con un Lebensraum al igual que los hebreos, ya que de la invasion a Europa solo quedaran los blancos mas racistas y dado que estos tiene mejores genes ocuparan puestos mejores tarde o temprano por mucha disgenesia afirmativa.


    Asi hablo un hombre del futuro ...






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